Los personajes pertenecen a J.K. Rowling. Nada de lo que leerán a continuación es real, solo ficción.

Chapter 11: Gracias, Draco.

El mismo destino que le sonreía a algunos, le aguaba el día a otros como Hermione. Hoy por fin había decidido contestar la extraña llamada de Draco. El rubio la citó cerca de un parque, estaba algo nervioso. La curiosidad mató al gato, en este caso a ella, por lo que aceptó ir.

-¿Qué sucede? –preguntó ella luego de caminar unos minutos por el parque hasta dar con el aristocrático hombre. Él se encontraba en una barandilla que cerca que daba hacia el río Támesis.

-Estoy en problemas –dijo con voz aterciopelada.

-¿Legales? –se notaba tranquila, curiosamente él le inspiraba algo así como… tranquilidad. Era difícil de describir.

-Sí –susurró el blondo.

-¿Tengo otra opción? –ella estaba dispuesta a ayudarlo, al fin de cuentas era su amigo. O algo parecido a un amigo. Pero le gustaba esa complicidad que existía entre ambos.

-Eres una de las pocas personas en las que puedo confiar… ya lo sabes, te lo había dicho antes –respondió simplemente él, ella le miró por el rabillo del ojo. Parecía sincero.

-¿Por qué dejaste de llamarme después de lo sucedido, Draco? –él se sorprendió ante la pregunta de la castaña, atónito se volteó para mirarla. Sonrió de medio lado y de su bolsillo sacó una pequeña cajita de terciopelo. La castaña miró el objeto confundida.

-Porque viajé en busca de esto –dijo él acariciando la caja –es para ti –concluyó entregándole la cajita con una sonrisa. Ella no se movió, Draco soltó una risa algo nervioso. –No te preocupes no estoy pidiéndote matrimonio ni nada por el estilo. Es solo un simple regalo por lo que hiciste por mí –aclaró él. Ella soltó un ligero suspiro de alivio al escuchar las aclaraciones del rubio. Tomó la cajita entre sus dedos y la fue abriendo lentamente. Era una hermosa pulsera, de oro con unas pequeñas incrustaciones de alguna piedra que ella desconocía. Había una plaquita que no estaba tallada. El hombre tendió la mano para que ella le pasara la joya, ésta lo hizo, y él levantó suavemente la muñeca de Hermione. Le puso la pulsera donde correspondía y sonrió satisfecho.

-Es muy linda, Draco. Gracias –dijo ella con una sonrisa. Se acercó al joven y ocurrió lo menos esperado. Acercó sus labios lentamente hacia los de él hasta quedar unos centímetros. Podía sentir el cálido olor a menta rozando sus labios. Él selló lo que ella había comenzado. La acercó hacia él con sumo cuidado. Luego de unos segundos se separaron. Ella tenía las mejillas levemente sonrosadas. Y él una sonrisa seductora en el rostro.

Unos cuantos metros de ahí se encontraba un pelirrojo con una pequeña bolsita en sus manos. A su izquierda había un bote de basura, tiró sin ningún remordimiento el paquete. Había ido en busca de Hermione pero al ver la imagen que tenía delante todos sus deseos de hablar con ella y aclarar sus sentimientos se había ido a la basura junto con el regalo. Un pequeño ardor en su pecho hizo que él emprendiera paso en sentido opuesto a la pareja.

-¿Qué quieres que haga, Harry? ¿Tirarme como un bebé a sus pies y decirle cuanto la amo? –preguntó azorado.

-Quizás eso es lo que tienes que hacer, Ron. Deja el orgullo de lado y di lo que sientes –

-No me vengas con los cuentos de doctora corazón. Que no te queda, por cierto. –murmuró tristemente el pelirrojo. Su amigo le dio unas pequeñas palmadas en la espalda.-Ese rubio engominado parece ser bueno para ella.

-No digas eso, Ron. Lucha por ella, lucha por lo que realmente sientes.

-Ese es el problema, Harry. Soy un imbécil que aún no sabe lo que siente. Quizás si no hubiese visto como se besaban hubiese dicho lo contrario, pero ahora miles y miles de dudas rondan por mi cabeza, amigo.

-Tú eres el hombre ideal para ella –aseguró el pelinegro.

-¿Quién lo dice? ¿Santa Claus? ¿Shrek?. Ella está feliz, Harry. Quizás es mejor dejarlo así –respondió.

-Es preciosa –Hermione y Ginny se encontraban en un café cercano al río Támesis. Los británicos pasaban y pasaban de un lado a otro realmente exhaustos, la vida en Inglaterra era algo aburrida y trabajólica. Para ser día viernes había poco movimiento en las calles.

-¿Y dices que te la dio sólo por agradecerte por el caso? –la castaña asintió con una sonrisa -¿Qué pretendes con forrado en dinero? –

-Me estoy haciendo la idea de quizás… quien sabe… -

-¡A no! –Interrumpió su amiga pelirroja –no me digas que ese brabucón… -

-Me gusta –concluyó algo avergonzada Hermione. Ginny soltó un resoplido algo molesta.

-¿Y qué hay de mi hermano, Casanova? –

-Ron es un idiota, toda la vida me la lleve babeando por él y nunca se dio cuenta. Ahora que está solo me imaginé que… tuve la leve impresión de que se acercaría a hablar. Pero nada, Ginny –

-Es que… -

-No lo defiendas, Ginebra –reprimió con autoría la castaña.

-Tienes un poco de razón –reflexionó- es un idiota.

-¿Ves? Ahora el único hombre que me hace sentir bien es Draco… espero que no me equivoque -Luego de unos minutos de silencio en que la castaña se limitó a mirar al río y la pelirroja a observar a los transeúntes, ésta última rompió el silencio

-Luna me ha llamado esta mañana –

-Hace varios días que no la he visto, a Nev tampoco –

-Se fueron a Brasil con Neville, esos tortolitos están muy enamorados.

-¿Brasil? –preguntó divertida Hermione, su amiga asintió con una leve sonrisa –Déjalo ¿si? –la pelirroja la miró y asintió en silencio, sabía a qué se refería.

-Supongo que no puedo decidir en tu vida –la castaña le tomó las manos, ésta las tenía frías.

-Eres mi mejor amiga eso no lo olvides nunca… y no importa lo que pase de aquí en adelante, seguirás siéndolo para siempre –Ginny le miró con los ojos ligeramente aguados, sonrió sinceramente y abrazó a Hermione.

-Las hormonas me traen algo sentimental –explicó con una sonrisa.

Hola a todos mis lectores, bueno este capítulo es algo corto en comparación con los demás pero es que me da un poco de pena saber que no me dejan sus comentarios (así como voy terminaré llorando como Ginny por cualquier cosa). Bueno me dejo de lloriqueos y nos vemos en el próximo capítulo.

Besos y abrazos

Daarsy o DDMO