"Señor." Uno de los soldados de Uther entró en el salón del trono. Allí estaba el rey, cabizbajo igual que los últimos días, con la mirada perdida en la nada.

Hacía días que había dejado de lado sus obligaciones en la corte, pues su hijo había desaparecido y no había señales de él por ningún lado. Lo habían buscado dentro y fuera del reino, hasta estar a punto de entrar en territorio enemigo. Pero Arthur no había aparecido. Nadie lo había visto, nadie había pedido rescate por él, nada simplemente, el príncipe había desaparecido.

"¿Qué es lo que quieres?" Contestó el rey sin levantar si quiera la mirada.

"Lo siento señor, pero la partida de búsqueda ha vuelto y siguen sin noticias del príncipe. Volverán a salir mañana."

"Gracias." Dijo escuetamente el rey, pues ya poco le importaban las palabras que no significaran el regreso de su hijo.

"No perdemos la esperanza majestad, estamos seguros que lo encontraremos."

Uther no dijo nada y el soldado se retiró. El rey no había probado bocado alguno en casi dos días; pero eso ya no importaba, pues su hijo no estaba, no sólo le heredero al trono, sino su único hijo. No sabía cuantas veces le había dicho que realmente le quería, que estaba orgulloso de él o que supiera que iba a ser un gran rey, pero ahora sabía que no habían sido las suficientes, pues empezaba a pensar que no se lo podría volver a decir nunca.

"Señor." Gaius entró en el salón, pero el rey no pareció enterarse

"¿Qué es lo que pasa ahora?"

"Lo siento, supongo que es un mal momento."

"No, yo lo siento Gaius, yo soy el que lo siento, además, ahora ya no hay ningún buen momento para mi. Si al menos supiera lo que le ha ocurrido a mi hijo. Si alguien lo ha matado, si…" El rey no continuó hablando, pues no se sentía con fuerzas para seguir haciéndolo y menos cuando pensaba en todo lo que le había podido ocurrir a su hijo.

"Lo se señor, por eso he venido, quería saber si hay noticias de su hijo y de Merlin, imagino que estarían juntos cuando les ocurriera… quien sabe lo que les ocurrió. El chico es como un hijo para mi y no quiero ni pensar que le haya ocurrido algo terrible."

"Se como te sientes viejo amigo. Pero no, no se nada de mi hijo ni de Merlin. Sea lo que sea que les haya pasado, mis hombres todavía no lo han averiguado."

"¿Podría pedirle una cosa?"

"Claro. ¿Qué ocurre?"

"Si sabe algo, si obtiene alguna información, le rogaría que me lo dijera." El rey asintió y abrió la boca para decir algo, pero la entrada de Morgana, seguida de Gwen, en el salón hizo que interrumpiera la conversación. "¿Qué ocurre hija?"

"Gwen ha encontrado esta sábana manchada de sangre en los aposentos de Arthur." La joven sirvienta acerco al rey la sábana, que Uther no tardó en coger entre sus manos temblorosas.

"Dios mío."

"Señor todavía no sabemos…"

"Podría ser sangre de mi hijo, entonces es muy probable que Arthur se encuentre herido." Uther mantuvo en sus manos, con fuerza, la sábana, como si pudiera sentir que se trataba de su propio hijo. "¿Has encontrado algo más que nos pueda ayudar?"

Sin saber que decir, Gwen negó con la cabeza. Sabía que aquella noticia iba a ser un duró golpe para el rey, pero al menos era precisamente eso, una noticia sobre el paradero de su hijo.

"Gracias podéis retiraros. Gauis, tu también, por favor, necesito estar solo."

Gaius no sabía si el rey era creyente, o si solía rezar con asiduidad, pero se lo imaginó rogando por encontrar a Arthur, ahora que toda esperanza estaba puesta en un milagro, tal vez el rey había empezado a rezar por dar con él sano y salvo. El médico también lo había hecho durante las últimas noches, tanto por Arthur como por Merlin.

No había ninguna duda que estarían juntos, donde quiera que estuviera ese lugar. Esperaba que no hubiera sido nada relacionado con la magia, pues entonces podía haber ocurrido lo peor. Tal vez… había tantas cosas en las que el médico podía pensar, había visto tantas situaciones distintas provocadas por la magia; tan sólo esperaba que la magia de Merlin no tuviera nada que ver con eso.

Se dirigió hacia su casa, todo el mundo en la cuidad estaba entristecido por la desaparición del príncipe, que la poca gene que se movía por las calles, lo hacía en silencio, por respecto la tristeza del rey.

Por eso, cuando se dio cuenta que había un pequeño grupo de hombre entre las sombras de la muralla, hablando en voz baja, su instinto después de muchos años de intentos de traiciones y conspiraciones en el reino, le decía que era bastante sospechoso. Se acercó sin que le vieran y cuando estuvo a la distancia apropiada para poder escuchar sin ser descubierto, se detuvo para saber lo que decían.

"¿Cómo que no sabes donde está? Dijiste que sería fácil matarlo. Ahora me dices que has perdido al maldito príncipe. Debería matarte por esto a ti."

"Lo siento, estaba a punto de acabar con él, aunque no fui yo el que le hirió, fue el otro hombre, ese brujo aparecido de nada. Él fue quien se lo llevó."

"Donde se lo llevó, maldita sea."

Gaius no podía creer lo que estaba escuchando; si eso era cierto, aquellos villanos eran los culpables de la desaparición del príncipe y seguramente de Merlin. El príncipe estaba herido ¿y que había de Merlin?

Continuó escuchando y trató de grabar en su mente la imagen de aquellos hombres, para que los soldados pudieran atraparlos una vez le diera la noticia al rey. Pero ahora mismo tenía que saber todo lo que había ocurrido.

"Quiero a Arthur Pendragon muerto de una vez por todas y quiero ver su cadáver. Si no serás tu el que mueras. Llevo mucho tiempo luchando por conseguir esto, como para que ahora perderlo todo."

"Lo siento mi señor."

"No quiero tus excusas, quiero que sigas el rastro y termines con el maldito príncipe de una vez por todas." El hombre que hablaba sujetó a su subordinado de la cabeza. "Me igual que seas mi hijo Morrisey, quiere ese trono y para eso necesito el cadáver de Arthur. Sino, será la tuya la que rodará."

El hombre más joven se estremeció, pese a que su padre debía rondar una edad bastante avanzada, siempre le había tenido miedo.

"Si padre."

"¿Me has oído bien Morrisey? La cabeza de Arthur o la tuya."

El viejo hechicero, había educado a su hijo desde que era mucho pequeño, le había enseñado todo lo que pudo sobre magia y además le hizo uno de los mejores guerreros del reino; siempre había estado seguro que si alguna vez se enfrentara al príncipe, su hijo vencería sin ningún problema. Ahora veía que se había equivocado.

"¿Cómo voy a dar con el príncipe?"

"De eso me encargo yo, tan sólo necesito algo de él, un objeto que pertenezca a Arthur. Por lo menos podrás hacer eso ¿verdad?" El hombre más joven asintió en silencio, pues sabía que decir algo podría ser peor. "Vete entonces, no quiero volver a verte hasta que me traigas lo que necesitamos."

Los dos hombres, más los tres que estaban con ellos, se marcharon, asegurándose que no había nadie que pudiera verlos. Ninguno vio a Gaius; el médico se quedó ahí, todavía sin reaccionar sobre lo que había escuchado.

Así que al menos Arthur estaba vivo, pero todavía no sabía nada de Merlin; conocía perfectamente al muchacho, como para saber que podría interponerse entre el asesino y Arthur, cualquier cosa para ayudar a su mejor amigo.

Decidió volver a casa, tendría que investigar a ese hombre, no recordaba el nombre del viejo hechicero, pero lo había visto, hacía mucho tiempo, no sabía donde pero, se conocían y por algún lado tenía información sobre él y sus capacidades mágicas.

¿Y quien era el hombre que se había llevado a los muchachos? Gaius tenía mucho por hacer y el tiempo corría en su contra, tal vez si tardaba mucho, alguno de dos muchachos podrían estar muertos.

- o -

Ianto miró de nuevo la pantalla del ordenador, bostezó, llevaba todo el día ahí, sólo en la base. Jack estaba comprobando un avistamiento OVNI, que seguramente no sería más que una tontería. Arthur y Merlin llevaban todo el día juntos y prefería no saber que estaban haciendo.

Merlin parecía haberse decidido a dar un paso adelante a por Arthur. Lo que no sabía era como era posible que el príncipe no se hubiera dado cuenta todavía, cuando se le notaba bastante, que el joven mago estaba completamente enamorado. Ahora que se habían dado el primer beso, todo parecía mucho más fácil y por lo que había visto, ahora no había forma de separarlos.

Llevaban todo el día juntos, hablando, cuando Ianto lo había visto; pero no habían salido a comer. Ianto sonrió, le recordaban a él, cuando había empezado a ver a Jack como algo más que como su jefe. Desde el primer momento se había enamorado, pero no hacía un día entero, que había conseguido que Jack se tomara en serio su relación.

"Jack, ¿Por qué no hacemos algo esta noche?" Le había dicho la noche anterior, la primera que Jack había pasado en el apartamento de Ianto.

"¿Algo como que?"

Ianto sonrió y se sentó sobre el vientre de Jack. Le gustaba mucho cuando el capitán hacía eso. El muchacho le besó en los labios y luego en el cuello, hasta escucharlo gemir.

"algo así no suena mal." Ianto volvió a subir hasta su rostro y sonrió.

"No me refería a esto, bueno, no a una hora tan temprana. Prefería dejarlo para cuando pasara la media noche. No, yo me refería a algo más de pareja y sobretodo algo más público."

"¿Quieres que nos vean juntos por la ciudad? Seguro que estarías deseando que tu hermana y tu cuñado nos vieran juntos, de la mano si fuera posible y tal vez besándonos en el muelle." Ianto sonrió ruborizado. "Menudo estas hecho." Jack se incorporó y tomado su rostro entre ambas manos le besó de nuevo. "¿Qué tal entonces, si vamos al teatro y luego cenamos fuera, donde tu quieras, donde mejor nos puedan ver? Aunque siempre podemos ir a cenar a casa de tu hermana, seguro que está encantada."

"Claro, pero primero vas a tener que decir que me quieres y que somos novios, una pareja de verdad."

La mayor sonrisa que Ianto hubiera visto nunca, se dibujo en los labios de Jack. El capitán se incorporó, llevando consigo el cuerpo de Ianto y lo tumbó en la cama, se acercó a su cuello y le mordió débilmente.

"¿De verdad hace falta que te lo diga después de todo por lo que hemos pasado?"

"Aunque no lo creas soy un chico bastante tradicional y me gustaría escucharte decir que me quieres."

"¿Vamos al teatro o no? La obra empieza en una hora."

Jack se levantó y mientras Ianto lo veía vestirse suspiró, el camino para conseguir la relación que el deseaba con el capitán, iba a ser muy largo.

Por eso, sin poder evitarlo y sin saber si lo hacía por celos o por simple curiosidad, Ianto encendió la cámara de seguridad del dormitorio de Arthur, sin quitar el dedo del botón, no fuera a ser que tuviera que apagarlo automáticamente, para evitar ver lo que no quería.

Allí estaban los dos chicos, Arthur acomodado en la cama, pues la herida todavía no le dejaba moverse con normalidad y Merlin tumbado a los pies de la cama, de medio lado, apoyado sobre su brazo, sin apartar la mirada de Arthur.

"Y cuando llegaste a Camelot, el primer día que nos vimos, ¿Qué es lo que sentiste?"

"¿Te refieres al día en que me retaste a un duelo, como un crío de cinco años?" Arthur sonrió, acusando el golpe. "Lo siento, pero tenía de decirlo. Lo cierto es que no se cuando empecé a enamorarme de ti, simplemente pasó."

La sonrisa que veía en el rostro de Arthur, era la más sincera que le había visto nunca, incluso sus gestos; ahora se veían tranquilos de verdad. El príncipe alargó la mano y cogió la de Merlin con fuerza.

"No se como habría podido sobrevivir sin ti."

"Vamos, seguro que has recibido heridas mucho peores."

"No me refiero a estos días, sino a estos últimos años. Se que me has ayudado mucho, incluso cuando no me lo has dicho, se que has tenido que ver con las veces que he estado a punto de morir." Merlin se mordió el labio, mientras sonreía y se ruborizaba.

Si Arthur supiera todo lo que había hecho; si supiera las veces que la magia le había salvado la vida, pero era mejor no decirlo, pues su padre todavía podía matarle si se enteraba, incluso el propio Arthur podría no aceptarlo muy bien.

De repente un ruido les sobrecogió a los dos y una tremenda luz, que les hizo apartar la vista apareció en la habitación. Ianto, que lo estaba viendo todo, salió corriendo, al mismo tiempo que llamaba a Jack, pero el capitán estaba fuera de cobertura.

"Se supone que esto sirve para comunicarse en el espacio. ¡Malditos satélites!"

"¿Qué es eso?" Dijo Arthur en voz alta, aunque ninguno de los dos lo sabían.

Merlin se levantó de la cama y se interpuso entre la figura que poco a poco comenzó a salir de luz y Arthur.

"Merlin apártate de ahí."

"Buenas tardes príncipe Arthur, veo que es más difícil de matar de lo que creía. No se preocupe, no voy a cometer el mismo error dos veces."

"¿Quién eres?"

"Mi nombre es Morrisey y vengo en nombre de mi padre, futuro rey de Camelot, para matarte y así hacer que mi padre suba al trono." El hombre sonrió y dio un paso adelante, desenfundando su espada.