Mis buenos amigos;

Una vez más, tras tanto tiempo de tener abandonado el fict, debido a que mi musa se había suicidado, al comerse ella sola 20 kilos de chocolate de una sola sentada, les traigo nuevamente otro capítulo del fict…espero que a pesar del tiempo, la distancia, y la tragedia, aún deseen leerlo.

Con especial cariño a Zoe, la mujer que amo…

Vos eres la música de mi vida, princesa…

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Capítulo IV

Abbot y Malfoy

El ambiente estaba particularmente frío aquella mañana. La audiencia había sido bastante sencilla. El abogado de la contraparte sucumbió totalmente ante el poder de mi argumento; y ni que decir de las mujeres entre el jurado; mi sonrisa impecable y misteriosa, de seguro me ganará este juicio. Y es que defender a mafiosos en juicios millonarios, haciéndolos parecer hombres probos y correctos de la sociedad, continuaba siendo tan aburrido como antes de comenzar mis exilios.

Tenía la mirada perdida, mientras bajaba los peldaños de la larga y vetusta escalinata del Palacio de Justicia. El frió arreció de pronto.

i ¿Regresar a la oficina o regresar a casa? /i me debatía en mi fuero interno. Un debate que no se prolongó demasiado.

--¿Desayunaste?— preguntó Hannah, con una media sonrisa— vamos, te invito. Conozco un lugar cerca de aquí. —

Sopesé un momento mis opciones, cavilando.

--No veo por qué no— respondí, a la vez que ella se tomaba de mi brazo.

--Yo invito— recalcó— pero tú pagas.

Caminamos en silencio rumbo al automóvil de ella. Una agradable ráfaga de viento jugó con nuestros cabellos, alborotándolos ligeramente. Agradecía momentos como ese. Tranquilidad. Agradecía haber conocido a Hannah Abbot.

HL

Sollozos. Sollozos y llanto. El ambiente en la Madriguera se hallaba absorto en un mutismo absoluto; un mutismo que comenzaba a desquebrajarse con los lamentos de la señora de la casa, Molly Weasley. El patriarca de la familia, Arthur Weasley, caminaba errático por la estrecha sala. Ginny, su única hija, consolaba entre sus brazos a la señora.

Su máscara de mujer segura y autosuficiente se derrumbó, y es que no era para menos. La situación de su hija se había vuelto insostenible: acusada falsamente, sin empleo, y ahora, obligada a comparecer a juicio.

--Tranquilos, mis tesoros— el tono amoroso de Arthur Weasley, pareció confortar el compungido interior de su esposa y su hija— conseguiremos un buen abogado y todo se solucionará, ya lo verán.

Ginny condujo su madre por un corredor que lleva a los pisos superiores, esperando que pudiera descansar.

Al poco rato, su padre la escuchó bajar las escaleras, provocando que las tablas de madera crujieran bajo sus pies.

--Mamá está durmien…--

De pronto, un estruendo luminoso de llamas verdes y negras se hizo en la estancia, interrumpiendo a la mujer.

Tosiendo algo acalorado, el primogénito de la familia Weasley, Bill Weasley, se materializó a través de las lenguas de fuego. Dio un par de largos pasos sobre el piso de madera que infinitas veces había albergado sus pisadas, y buscó a su hermana con la mirada.

Ahí estaba ella.

--¡Ginny!— Bill, el mayor de los hijos de Arthur y Molly Weasley, era un hombre pelirrojo, alto, de mirada atenta y semblante amable. Era como estar en presencia de Arthur Weasley, pero con varias décadas menos. Se acercó a su hermana, la tomó de una mano, y la condujo hacia el mueble, donde ambos se sentaron. Luego lo hizo Arthur, en completo silencio.

--Fleur y yo acabamos de venir de la morgue Muggle— comenzó a hablar él, con tono compungido. Ginny y su padre se mantenían en silencio— hoy viajamos a París en un avión Muggle; para evitar sospechas de los Muggles con respecto a esto.

--¿Un avión Muggle?— preguntó con candidez Arthur— perdón, soltó luego apenado. Su infinita curiosidad por los objetos Muggles estaba de más en esta ocasión.

--¿Cómo está Fleur, Bill?— inquirió ella, buscando aliviar la tensión en el aire.

Se hizo entonces un extraño silencio, que duró sólo hasta que Bill volvió a hablar. Se aclaró la garganta, permitiéndose un momento recorrer con la mirada la pared vetusta que albergaba decenas de retratos de la familia, y volviendo su vista a los ojos circunspectos de su hermana, continuó:

--Destrozada, Gin. Así es como está— largó un profundo suspiro— lo único que quiere ahora es enterrar a su hermana en su tierra natal, en Lyons. Aún no sabe que tú has sido acusada por su homicidio—

--Pero tú— dijo Ginny, remarcando la última sílaba— estás consciente de que yo no tuve nada que ver en eso. ¿Verdad?

Ginny sintió su corazón lastimado cuando le pareció vislumbrar una sombra de duda en los ojos marrones de su hermano. Creyó que un dejo vacilante se reflejaba en el semblante de su hermano. Luego, éste ensayó una amplia sonrisa, mientras le sostenía la mirada a su hermana. El tomó su mano entre las suyas, confortándola.

--Nunca he dudado de ti, Ginny. Nunca.

HL

El edificio Vandenberg, de cincuenta pisos, era imponente y moderno. Ubicado en la zona norte de la ciudad, albergaba en el piso treinta y tres, uno de los estudios jurídicos más importantes y prestigiosos del país. Conocido por defender en los tribunales tanto a los mayores evasores de impuestos, a reconocidos delincuentes, así también porque era bien sabido que nunca perdían un caso: el estudio Abbot & Malfoy.

Las puertas frías del ascensor se abrieron, Hannah y yo salimos. La sonrisa cordial de la recepcionista nos recibió atenta, al igual que lo hicieron los abogados, pasantes y más personas dentro del despacho.

--¿Cuándo quieres que comencemos a preparar el argumento para la audiencia final?— me preguntó Hannah, tomando asiento en el mueble de cuero rojo frente a mi escritorio. Yo continuaba de pie, recorriendo con la vista varios tomos de jurisprudencia en la amplia biblioteca sobre la pared opuesta al ventanal, por donde la tenue luz mañanera se colaba con cierta gracia, iluminando con candidez la oficina en su totalidad.

De pronto, por el ventanal ingresó dando tumbos una vieja lechuza moteada; realizó varias vueltas graciosas y torpes sobre la rubia cabeza de Hannah y dejó caer en sus piernas la edición mañanera del Profeta. Contemplé divertido como haciendo un evidente esfuerzo, el ave continuaba volando por sobre nuestras cabezas con dificultad; hasta que, tal vez impulsada por instinto o costumbre, salió por el ventanal tal como entró: dando tumbos.

--Son las once de la mañana. Cada vez llega más tarde esta lechuza— dijo Hannah, comenzando a ojear los titulares. Por mi parte, tomé asiento tras mi escritorio, a la vez que revisaba varios borradores del argumento que preparaba para mi caso.

--Señor Malfoy, su café— mi secretaria, una mujer rolliza de mediana edad y semblante agotado, entró por la oficina, dejando sobre el escritorio una taza de café, negro, humeante y caliente. — Tal como le gusta, negro y caliente. — Le dedicó entonces una sonrisa atenta a Hannah. — ¿Usted no toma nada, Abogada?—

--Así estoy bien, Clarita, no se pero…--

El semblante de Hannah se vio surcado por una extraña mueca.

--¿Algo interesante en el periódico?— pregunté, mientras soplaba el vapor de mi taza de café, y le daba un sorbo. — Uff, está caliente.

Hannah dobló el periódico, dejándolo frente a mí. El titular ponía en letras grandes: "Hija de funcionario ministerial juzgada por Muggles en caso de homicidio". La foto del periódico la reconocí de inmediato: Weasley, vistiendo un traje largo, negro y ligeramente escotado, saludaba a los lectores. Parecía una princesa.

--Un titular algo largo. ¿No te parece?— solté, tratando de parecer indiferente, luego regresé la vista, leyendo completamente el artículo. — ¿Gabrielle Delacour? Por qué ese nombre me parece tan familiar. El día que estuvimos en la comisaría, aún no habían identificado el cuerpo—

--Tal vez recuerdas a la chica que participó por Beauxbatons, cuando estuvimos en cuarto, en el Torneo de los Tres Magos.— el tono de Hannah me recordó al de la vieja McGonagall, atento pero ecuánime.— Ella es su hermana, Fleur Delacour.

Asentí con la cabeza, en una actitud de total comprensión.

-Claro, claro. Recuerdo pensar que era muy linda, y tenía unas piernas... — me permití perderme en mis pasionales recuerdos de un juventud un momento— aunque su hermana solía dejarla sola. La verdad, es una lástima.

Hannah me miró de soslayo, dudando acerca de los motivos que me llevaban a lamentar su muerte.

--En fin, mejor continuar con nuestro trabajo; este caso no se va a ganar solo.

Y aunque Hannah seguía hablando sobre el caso y el argumento que aún no estaba listo; yo seguía contemplando la foto de Weasley, con la mirada pérdida en su precioso vestido y sus facciones femeninas. Inconscientemente, llevé una mano al bolsillo de mi pantalón, donde enseguida sentí el frío metal de una cadenilla de plata…acaricié el dije en forma de media luna, aún contemplado los infinitos ojos marrones que me miraban desde el diario…

HL

Habían pasado un poco más de tres horas, desde que Bill abandonara la Madriguera. El ambiente seguía siendo pálido y triste. El Señor Weasley estaba ya en el trabajo, viéndose envuelto en otra redada. Ginny, sentada en una desgastada silla del vetusto comedor, contemplaba una vieja edición de Corazón de Bruja; la revista estaba abierta justamente en la mitad, en un artículo que se refería a los mejores métodos para librarse de duendecillos de cornwells. Se sentía vacía. Triste. Quería llorar.

Justo ahora…justo ahora…se repetía a si misma.

En un arrebato de impotencia y frustración, se levantó iracunda de la silla. Su respiración le rasgaba el pecho, era demasiado, creía que se iba a romper, a deshacer. Sentía quemarse, lacerarse por dentro. Lo primero que vio fue la alacena, que se alzaba sobre el mesón de la cocina. La vajilla de la Señora Weasley brillaba tenuemente con los destellos que se colaban por la ventana sobre el fregadero. Ginny se abalanzó sobre los platos, y con ambas manos los arrojó violentamente al suelo. Su respiración se agitaba aún más. La desesperación la consumía. Continúo tirando los platos al suelo, luego los vasos. El ruido de éstos estrellándose contra el suelo, rompiéndose en cientos de fragmentos, mitigaba el sonido de su alborozada respiración…respiraciones que le suponían un terrible y tortuoso dolor. Una atroz impotencia.

Justo ahora…justo ahora…continuaba sonando en su cabeza.

Giró sobre sus pies, y descargo su ira contra las sillas. Haciéndolas volar cuando las arrojaba con fuerza tan lejos como podía. Se escuchaba el impacto de éstas, al chocar contra las paredes, contra el suelo…trató entonces de levantar la mesa del comedor con las manos, pero sencillamente no pudo. La madera de cedro era demasiado pesada. Lo intentó de nuevo, absorta en un estado total de ira, de rabia. Pero no lo consiguió en esta vez tampoco.

De a poco, las sensaciones que la embargaban comenzaron a abandonarla. La ira, la impotencia, la rabia comenzaba a diluirse entre sus dedos…a través de sus lágrimas. Se dejó caer al frío suelo, sobre sus rodillas, mientras le daba iracundos golpes con sus manos a la mesa. Histeria. Su respiración se hacía más pausada, más acompasada…se estaba tranquilizando. Se vio entonces anegada en lágrimas. Gotas de confusión y amargura brotaban de sus preciosos ojos marrones, que ahora eran tan sólo faros de tristeza e incertidumbre.

HL

Paredes blancas y grises. Un ambiente frío y recargado, alfombras de pared a pared, muebles Luis XV, y una pequeña mesa de cristal en el centro de la sala, sobre la cual había tres tazas de porcelana china. Sólo de una se había bebido, las otras dos, estaban intactas.

--A mi no tienes que convencerme, Ginny. — El rostro de la pelirroja perdió la expresión en su semblante, al igual que el de su hermano Ron, quien la había acompañado aquella tarde al estudio jurídico, tras recibir la llamada de Hannah. La inesperada llamada de su ex compañera de colegio lo tomó por sorpresa, pero mucho más lo hizo el hecho de que ella se ofreciera a patrocinar su caso. — Ahora soy tu abogada, tu amiga, tu madre y tu confidente. —

--Soy inocente, esa es la verdad, Hannah. — sentenció terminantemente la pelirroja, enfrentando la mirada inquisitiva de la mujer frente a sí.

Ronald Weasley se movió inquieto sobre el mueble largo de cuero italiano que compartía con su hermana, tomando entre sus manos las de ella, brindándole su apoyo inquebrantable en absoluto mutismo. El rostro impasible e inalterable Hannah los estudiaba a ambos, en medio de profundas cavilaciones. Se permitió beber de nuevo la infusión de su tacita, para luego pronunciar una perfecta sonrisa; este particular gesto le recordó sobre manera a la pelirrojas las maneras y actitudes de Draco…

Y como si lo hubiera invocado con el solo pensamiento, la puerta de caoba pulida se abrió en un lacónico rechinido.

Di varios pasos, con actitud desenfadada y arrogante, como no lo hacía hace ya tanto tiempo. Me puse detrás de Hannah, y mientras dejaba mi mano sobre su hombro, en un gesto de marcada confianza, contemplaba el infinito marrón en los ojos de la pelirroja; luego, sólo pude sonreír:

--Ahora está en buenas manos, Señorita Weasley.

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Y así, mis buenos amigos, llegamos a otro inesperado y sensual final () de La Rosa y la Serpiente. Esperando que les haya agradado tanto como en antaño, me despido de vosotros, no sin antes recordarles que dejen RR…por os viejos tiempos!!

Un review, un par de palabras, sencillamente echan a volar la imaginación del autor, permitiéndose alcanzar cielos cada vez más azules, y descubrir los paraísos más vírgenes y maravillosos…

Atentamente,

Eduardo Monar – HermioneLover

Patriarca de la Familia Malfoy

Desde el Séptimo Círculo del Infierno.

PD.- Espero en verdad que hayan disfrutado leerlo, tanto como escribiéndolo.