Oh My Wish!
Disclaimer:
Los personajes de YYH no me pertenecen, sino al genial mangaka Yoshishiro Togashi, este fick es sólo una forma de entretenerme, porque mi cabeza constantemente piensa en imágenes alternativas para esta serie xD
Notas:
Debido a que este mes está bastante ajetreado en mi carrera actualizo unos días antes del 29, puesto que luego no podré subirles nada, espero les agrade la nueva entrega, sé que hay personas leyendo esta historia y como a mí me gusta demasiado esta historia que he escrito, y de paso, gusta de otras personas sigo subiendo las entregas.
Muchas gracias a esas tres personas que me dejaron su opinión, a ellas, este capítulo con amor.
Capítulo VIII
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-Dentro de la sala de entrenamiento-
Kurama le había lanzado el látigo de rosa directo a las piernas, logrando que cayese al suelo porque las espinas de su ataque habían impactado en ambos tobillos. En el piso donde yacía ahora, Hiei le miró mortíferamente. Apoyó su mano derecha en el piso frío de la sala, y se levantó del suelo logrando un impulso con ella. Kurama vio como Hiei retiraba del cinturón de su ropa su espada espiritual, el kitsune no había recaído en el punto de que el pelinegro la llevaba consigo.
Tronó los dedos y sudó, no estaba seguro de poder esquivar la espada espiritual de Hiei.
-¿Vas a enseñarme algo o quieres cortarme en pedacitos?-preguntó, Hiei sonrió notoriamente. Kurama temía le lanzase la espada como venganza por todo el embrollo en que lo había metido, pero en vez de eso vio como el körime la clavó en el suelo.
Bueno, eso le decía una cosa: aún no iba a vengarse de él.
-¿Y bien Hiei?-
-Kitsune, has estado viendo durante creo veinte minutos como hago una bola de fuego. Inténtalo-dijo, Kurama se llevó un dedo a la cabellera rojiza que ahora yacía manchada de tierra por el lugar.
No lograba concentrarse en la pelea y sabía la causa. Mientras peleaban cada uno por su lado tenía su propia lucha interna. Hiei evadía a Kurama, y Kurama trataba de acercarse a Hiei. El zorro no entendía por qué éste parecía querer alejarse de su persona.
-Bueno, ¿y si logro hacerla sacarás la espada del suelo para seguir peleando?-
-Si lo haces, te dejaré usarla, quiero ver si puedes invocar una llama del mundo humano-
-¿Cuál es la diferencia Hiei?-el otro dejó salir un bufido, no quería acercarse al zorro. ¡No cuando se sentía ultra mega nervioso! Levantó la mirada pero recayó en el mismo punto que llevaba mirando durante toda la fatídica pelea.
Los labios de Kurama.
-Las llamas del mundo del mal son negras, de un color casi púrpura, las del mundo humano son verdes o por lo menos tienen ribetes de ese color Zorro. Estas llamas no son tan mortales pero provocan bastante daño- dijo, Kurama se mordió la boca.
-¿Y si me enseñas mejor?, digo, ni siquiera sé cómo se colocan las manos para invocar tus llamas Hiei- él otro ahogó un grito, ¿en qué estaba pensando el zorro? Se llevó una mano a la cabeza, no veía cómo saldría de ésta si se negaba a ayudarle.
¿Qué servía de excusa en ésta situación?
Ojalá tuviese a Youko en su cabeza otra vez, pero supuso, al cambiar de cuerpo Youko había regresado al del kitsune, por ende, no había nadie que le dijese que decir ni qué estaba pensando Kurama.
-Hn-se acercó al zorro, sabía que con cada paso que daba su corazón latía desenfrenadamente y que las piernas temblaban al igual que las manos. Bajó la cara para que el zorro no notase el claro sonrojo que traía en las mejillas.
Su mirada yacía en el suelo y en ese minuto pensó que la sala que Koedma les había entregado sí que era fea, con todos esos esqueletos tirados por el piso y hojas sin archivar.
-Eh Hiei, vas a chocar si no miras al frente-al escuchar eso se detuvo en seco. Levantó la vista, pero cuando se percató de que estaba mirando demasiado cerca otra vez los labios de Kurama se petrificó. Kurama por su parte, además de tener miles de pensamientos rosados en la cabeza y de sentir que de apoco iba poniéndose rojo, sintió como las ganas de aprender se iban al tarro de la basura.
Los ojos de Hiei se veían muy bonitos desde esa corta distancia.
-¿Y bien?, ¿qué quieres saber zorro?-escuchó a Hiei hablar, se percató que giró la cara para no mirarle.
-¿Cómo haces las llamas?, no entiendo, por más que pienso en una no resulta, mucho menos logro que surja alguna y eso que usé el mismo procedimiento que con mi látigo cuando tuve que aprender a usar el reigun de Yusuke- Hiei volvió a mirarle, claro que esta vez buscó un punto que no fuese su rostro, porque el rostro conllevaba mirar su boca, o sus ojos. Así que se quedó mirando parte de la cabellera del kitsune.
-¿Qué pensabas para crear el reigun?-
-Bolita de energía- estuvo a punto de tirarle la espada a la cara-si es que la tuviese en la mano- pero se resistió a esa idea.
-Kitsune, en primera no debes de pensar en nada, estás haciendo lo contrario. Para invocar una bola de fuego debes de tener la mente en blanco, piensa en nada-dijo, Kurama volvió a morderse la boca al escuchar aquello. ¿Y cómo rayos, en esta situación-véase-Hiei súper cerca de él- podría no pensar en nada?
-Haré el intento- dijo, Hiei percibió como de las manos del zorro parecían comenzar a surgir pequeñas flamas rojizas. Eso era un buen inicio.
-Estas creando el corazón de una llamarada zorro- dijo, pero la llama se le salió de control al escuchar eso, porque la pequeña habitación blanca que había imaginado se llenó de imágenes de Hiei. Entonces el fuego salió despedido en contra de la pared de la sala, rompiendo varios estantes y candelabros que había en ella. De paso, la oficina de Koedma que se encontraba sobre ellos comenzó a moverse como si estuviese ocurriendo un terremoto en el exterior.
-Ups-dijo, Hiei arqueó una ceja.
-Perdiste la concentración-
-Es difícil pensar en blanco Hiei- el otro sólo bufó. No quería, pero temía que si no le ayudaba ahora Kurama terminaría quemando a ambos en esa sala.
-Olvida la nada, concentrémonos en cómo colocaras tus manos para que puedas mantener su forma-dijo, y a Kurama casi le da un paro cardiaco cuando experimentó como las manos de Hiei le tomaban las suyas.
Como respuesta las alejó de inmediato.
-¿Qué?-
-Na…nada- volvió las manos a donde las tenía. Kurama sentía como el corazón quería abandonarlo y cómo, lentamente, su rostro se acercaba peligrosamente al de Hiei.
-Dile que lo quieres, ¡dile Kurama!- la voz de Youko. Rayos, ¿acaso se llevaría toda la vida diciéndole qué hacer?
-Cállate Youko, vuelve a tu caja-
Del otro lado Hiei se percató de que Kurama se acercaba demasiado a su rostro, bajó la mirada.
-Escucha, tus manos deben de estar apuntando al techo, siempre tenlas así- le mostró con una como debería de tenerla, la mano que Hiei le había sostenido parecía estar tratando de tomar algo, pero no alcanzaba a cerrarse. Hiei le miró y prácticamente la concentración se fue al drenaje.
El corazón le palpitó con demasiada velocidad, y sabía, estaba sonrojado frente al zorro y no tenía excusa que decirle.
-Kitsune-dijo, un poco choqueado, petrificado, asustado y otros derivados que sirviesen en una situación así, cuando sintió el roce de las mejillas del zorro en su rostro.
-Dime-escuchó el sonido de la voz del zorro, y como éste, le aferraba las manos para que seguro, no escapase de su lado. Hiei supo que el zorro no lo soltaría, no hasta que hiciese su pregunta.
-¿Puedo darte un beso?-
-Tienda "la magia del Olimpo"-
Estaba ordenando la sala donde guardaba las pociones de amor y otras cosas que vendía en su local de magia cuando uno de sus espejos comenzó a brillar incandescentemente, al acercarse hasta el cristal vislumbró como una imagen en particular comenzaba a tomar formar. Del otro lado del espejo visualizó el templo de Zeus, el espejo siguió la trayectoria de los pasillos del recinto, hasta llegar al cuarto del Dios que compartía con su esposa Era. Se mordió los labios, Zeus descansaba en una silla color rojo con ribetes de oro, traía una túnica blanca, la cual, se mantenía unida por un sello con el clásico rayo del Dios.
Zeus le miraba con una mano bajo el mentón, con una sonrisa de oreja a oreja mientras sostenía con una mano un clarísimo rayo que podría destruir su pequeña tienda. Miró alrededor, las paredes de su local eran de tonalidad pastel, y al medio sólo reposaba un caldero con mezclas de varias pócimas que estaba perfeccionando para diversos clientes.
-Hola jefecito-dijo, a su lado, Hermes se escondía tras del mismo caldero que chorreaba producto de la cantidad desbordante de líquido que comenzaba a rebalsarse de dicha fuente.
-¿Cuánto tiempo más demorarás en entregarme el pendiente Frustración?-preguntó el Dios. ¡Detestaba cuando decía su nombre por su significado! Pero bueno, no podía quejarse en frente del jefe, si no, presentía le arrojaría el rayo directo a la tienda y adiós intentos de volver a enderezar las cosas.
-Poderoso Zeus, sólo falta un cambio en el caso de los demonios, una vez se terminen los efectos de la poción que se bebió Kurama podré devolverle el collar milenario que le entregué a él-dijo, ella sabía que había incumplido una norma. ¡Jamás se debía de entregar el pendiente a un humano!
En especial si era el collar favorito de la Diosa Era, puesto que su poder crece en manos de uno, logrando que tuviese un deseo por día. El problema era que no sabía dónde estaba ahora dicho collar.
Si hacia memoria, lo último que recordaba era haberle dado el pendiente a Kurama cuando Youko iba a aprovecharse de Hiei en el centro comercial, y que el pelirrojo había deseado estar con el pelinegro en ese minuto.
Y luego de ello, el collar se había desvanecido.
-Frustración-
-¿Si poderoso Zeus?- preguntó, sabía que Hermes no saldría a menos que el Dios le llamara o pidiese su presencia, pero como iba la conversación, tal parecía que el reto le llegaría sólo a ella.
-Tú no debías tratar de competir con Cupido, los humanos deben de arreglar las cosas por su cuenta, eres la diosa de los deseos frustrados, no la del amor- se mordió un labio. ¡Odiaba cuando le recordaban ese pequeño detalle!
-Existes con un sólo propósito Frustración. La de conseguir los deseos que la gente no logra. Pero en esos deseos no debes incluir los sentimientos, ningún deseo que se relacione con el corazón te pertenece, ese trabajo es de Cupido y por algo existe en el Olimpo-
-Pero, señor, estoy a punto de terminar el trabajo con los demonios. Nunca he pensado que está en mi poder el trabajo de Cupido –aunque sí lo he deseado- sólo cumplía la tarea de ayudar a alguien. ¿Para eso estamos los dioses no?-
-En cierto punto si Frustración, pero no debías interrumpir, debías dejar que las cosas pasen. Una cosa es vender pócimas para obtener valor, otra es involucrarte, por eso por el poder que tengo sobre todos los dioses del Olimpo seré yo quien escoja el último cambio para ellos, no tú- la otra se llevó una mano hasta el bolsillo de su vestido color rojo, no era bueno.
No era para nada bueno que Zeus se involucrara en algo como esto.
-Escucha, perdonaré cada uno de tus errores y regresarás al Olimpo mañana por la noche-
-Pero, ¿cómo terminaré lo que comencé señor?-
-Ya no tienes el poder para arreglarlo, ahora dependerá sólo de mi mano lo que ocurra- la otra terminó por sentarse en una banca que había tras el caldero, estaba de piedra. ¡Cómo terminaría el trabajo si debía desaparecer del lugar!
-Dentro de tu bolsillo se encuentra una nota que acabo de enviar por este mismo espejo, léela y haz todo lo que te encomiendo en ella. Mañana volverás con Apolo al templo y realizarás tareas más importantes que ayudar a los humanos a resolver sus propios problemas. Se te negará el uso de la magia por unos días y no podrás visitar el mundo humano hasta que el pendiente vuelva al cuarto de Era-
-Ahora entiendo, en el fondo está aterrado de su esposa y por eso se desquita conmigo- La otra suspiró, al meter una mano en su bolsillo encontró el papel con el sello del rayo, entrecerró la mirada y el corazón se le partió en diminutos pedacitos de cristal.
-Pero señor, si hago lo que usted manda en esta carta…-
-Frustración, soy el Dios más poderoso del Olimpo y el más sabio-
-Y el que tiene el ego más grande- pensó la otra.
-Es mejor que regreses todo como estaba antes de que te compraran la poción, obviamente no tenemos el poder para retroceder el tiempo, pero con ese conjuro, que sé puedes hacerlo, al menos ya habrás encaminado el curso del deseo. Toma- enseguida, la diosa recibió a través del espejo un anillo con el símbolo de la diosa Artemis, en el, una luna se dibujaba en el centro, junto a pequeños símbolos que seguro, significaban algo en un idioma que ella jamás aprendió a leer.
Nunca fue buena para leer griego.
-Odiosa de Artemisa-pensó, Zeus desapareció de la pantalla, y el espejo volvió a mostrar el reflejo de su rostro.
-Hermes, deja de esconderte, tenemos cosas que hacer-exclamó, poniéndose el anillo en un dedo mientras comenzaba a sacar pócimas del estante para comenzar la misión que Zeus le había encomendado. Y por más que pensase que era un verdadero error aquello ya no podía cambiar el curso que tomarían las cosas.
Hermes salió de detrás del caldero cuando la otra comenzaba a poner diversas especias sobre una mesa con la nota de Zeus.
-Dentro de la sala de entrenamiento-
Estaba estático, Hiei había pronunciado algo que en su vida esperó escuchar. El corazón le saltó como si estuviese cayendo de un edificio de casi diez pisos de altura. Al mirar sus ojos, el color rojizo de estos pareció congelarse en su mente, grabarse de tal manera que sabía, jamás podría olvidar el brillo de ilusión que portaban los ojos del koorime. Se mordió la boca, y con una mano comenzó a rozar las mejillas del otro, Hiei sentía como las piernas parecieron congelársele, paralizarse en medio de la sala mientras percibía las manos de Kurama rozarle las mejillas. Kurama con la otra mano, una vez hubo soltado las del demonio comenzó a rozar la carne del labio.
El kitsune sabía que para su corazón no sería la primera vez que probaría los labios de Hiei, pero en la mente del pelinegro sería la primera vez.
Al acercarse más hasta su rostro Hiei cerró los ojos, esperando por un beso que había provocado que sudase de pies a cabeza y estuviese con el corazón en un hilo por no saber si el zorro le aceptaría dicha propuesta. Esperando por un beso que quería supiese a chocolate o al menos lograse que las pequeñas y revoltosas mariposas que sentía en su estómago y en su pecho dejasen de moverse.
-Shh-escuchó, y al sentir la piel de los labios del zorro sobre sus labios no pudo más que llevar una mano hasta atrás del cuello del zorro, cuando percibió la lengua sobre la suya, cuando percibió el aroma de la colonia de la piel de Kurama.
Y en ese segundo, Hiei pensó que ese momento era demasiado perfecto, incluso para él.
-En la tienda "La magia del Olimpo"-
Se acercó al espejo que anteriormente le había mostrado el rostro del Dios Zeus, una mano en la cadera, miles de botellas con distintos brebajes estaban sobre la mesa. En su mano, el anillo de la Diosa Era brillaba con un color tornasol, mientras pequeñas descargas eléctricas parecían adueñarse de la pequeña sala donde se encontraba. Pues del anillo parecían querer salir algunos relámpagos, no entendía la razón de que Zeus le hubiese dado aquella orden, pero lo atribuía a la lucha constante que llevaba ella teniendo con Cupido.
-¿Por qué ahora?, ¿por qué cuando al fin los dos están juntos?- se preguntó la Diosa al ver la imagen que el espejo le estaba mostrando, y al hacerlo el corazón le comenzó a doler. ¡Odiaba tener que destruir un deseo, más cuando al parecer éste ya se había cumplido!. Pero era una servidora de Zeus y ella era sólo un instrumento del Olimpo mismo. Se mordió un labio cuando comenzaba a retirar el anillo de su mano, sobre el dibujo del rayo que portaba apareció una letra griega, olvidó la imagen de Kurama, olvidó el sentimiento que le embargó el corazón.
Al acercarse al caldero y ver las burbujeantes mezclas de brebajes no pudo más que tomar la nota que había dejado sobre la mesa de su sala. Bufó, Zeus la había acorralado entre la espada y la pared, especialmente porque ella detestaba al ególatra de Apolo.
"Arroja este papel a un caldero con todas las pociones que haz creado Frustración, una vez lo hagas te abandonará la magia y Apolo se hará presente en la puerta de tu tienda"
Tomó la hoja de extraño papel olivo, el cual traía un aroma conocido del olimpo, seguro al escribir dicha nota, Zeus estaba con Hades, pues el aroma de la muerte y la desesperanza yacían demasiado impregnados en la tinta con la que fue escrita la nota. Arrojó la hoja dentro del caldero, y al hacerlo el líquido anteriormente dorado cambió a un verde oscuro. Tan oscuro como la noche, tan oscuro como lo que siente alguien al ser herido y traicionado.
Tan oscuro….tan solo, como lo que sentiría Kurama luego del proceso.
-Lo siento-dijo, enseguida, el anillo brilló como el oro, mientras una cantidad infinita de relámpagos se comenzaba a dibujar en las paredes de la tienda, y el sonido de rayos cayendo del cielo era todo lo que podría escuchar alguien esa noche.
-Olvídalo- dijo, y en ese minuto, Frustation experimentó el dolor de tener que deshacer un deseo, y la amargura de un corazón cuando se le es arrebatado todos sus sentimientos.
-Dentro de la sala de entrenamiento-
Creyó percibir como un aire helado le recorrió por la espalda, aún podía sentir sobre su rostro como la pequeña nariz de Kurama rozaba la suya. Aún tenía una mano detrás del cuello del kitsune, así como el otro aún tenía una mano sobre su cadera. El corazón bombeaba rápidamente sangre por su cuerpo, al mismo tiempo, Hiei sintió esa sangre fluir hasta sus mejillas. Escuchó como del otro lado, el corazón de Kurama se detuvo por un instante, fue un minuto, uno que le pareció demasiado largo. Uno que provocó que experimentase tal desesperación que estuvo seguro que si no escuchaba el corazón del kitsune latir unísono con el suyo terminaría por caerse al suelo de la sala sobre sus rodillas.
-¿Qué estamos haciendo Hiei?- en la lejanía escuchó a Kurama hablarle, pero es que estaba tan concentrado en sentir los labios del otro que no puso atención a la pregunta. Kurama al notar aquello se separó de su boca. Abrió los ojos, el otro le miraba pidiendo una respuesta, la sensación de los labios desapareció de la piel, la imagen del beso se borró de un momento a otro. El zorro quitó la mano de su cadera, Hiei contempló como en el rostro del pelirrojo se formaba una expresión de desagrado. ¿Pero por qué?
-¿Qué?-dijo, vislumbró como Kurama en un acto reflejo se tocó los labios, por su parte, él aún sentía las mejillas sonrojadas, así como el corazón que seguía palpitando con ferocidad.
Se sintió tan estúpido por haberle pedido ese beso.
-Lo siento-escuchó, Kurama se alejó unos pasos de su persona, enseguida las luces de la sala de entrenamiento comenzaron a parpadear una tras otra, escuchó como algo, parecido a miles de espadas cortaban el aire del lugar, el eco de pisadas de miles de personas transitando sobre la sala, así como el golpe seco, de lo que supuso era lluvia mojando el suelo, comenzando a dar indicios de una futura tormenta.
Miró a Kurama, había algo, pero no sabía qué. Había una expresión extraña en ese rostro que le miraba perplejo. Algo… que no era propia de su persona.
Algo había cambiado en Kurama, pero ¿qué?…¿qué era aquella expresión que veía en ese rostro?…¿qué había cambiado en ese rostro?
-Sólo nos dábamos un beso- dijo, y otra vez contempló la misma expresión de desagrado y asombro. El kitsune con sus manos temblando, la mirada que cayó sobre sus ojos no podía describirla, porque no existía una palabra para lograr tal fin.
El zorro se llevó una mano a la cabellera rojiza, se mordió un labio. ¿Se había dado un beso con Hiei?…¿Y no sintió nada al hacerlo?
-Quiero estar sólo un minuto- Hiei trató de tomarle la mano pero el otro no dejó que el pelinegro le alcanzase alguna con sus dedos.
-¿Qué tienes Kitsune?- el otro sólo se quedó en silencio, al mirar el verde de los ojos de Kurama sintió que estos no expresaban nada por su persona, y así como él los veía de vacíos estuvo seguro que por dentro, el corazón de Kurama se sentía igual.
Los ojos del kitsune ya no tenían esa llama que le había atraído, no tenían esa luz ni el tono entre verde y marrón que al mezclarse podrían lograr que él se reflejase tras esa mirada. En ese segundo Hiei supo lo que era observar a alguien que carecía de sentimientos, y lo que era estar viéndose tras unos ojos que ya no te querían. Y dolió, clavándosele en el pecho una agonía tan martirizante, la cual sabía no tenía cura.
-Kurama, yo, sólo…-
-Aléjate de mí-dijo el otro, Hiei quedó petrificado en aquel cuarto, viendo como el kitsune desaparecía por la puerta de la sala de entrenamiento. Supo que cayó al suelo, irremediablemente sobre sus rodillas. Se mordió la boca con rabia, Kurama era un verdadero, enorme, reverendo idiota.
¿Acaso toda la conversación que tuvo con Frustation fue falso?
¿No le quería, o le estaban jugando una mala broma?
-Yo no estaba jugando cuando te pregunté si podía besarte- exclamó a la vacía sala, percibiendo como el corazón se quebraba y cómo las piernas comenzaban a temblar. Al mismo tiempo se llevó una mano a la cara para que nadie pudiese ver como sus ojos comenzaban a entumecerse.
Pero no lloraría, no por el zorro.
No por un sentimiento que sabía, podía hacerlo desaparecer.
-No lo hagas- en ese minuto, en que pensaba en cómo olvidarse de todo ese amor que sentía por el zorro escuchó una voz en su mente. Era demasiado familiar y femenina para su gusto, una mano en el suelo, cerró los ojos con demasiada fuerza. Vislumbró en su mente como se formaba la pequeña tienda de la Diosa, los brebajes, el caldero y un espejo que al parecer mostraba todo lo que hacían en la sala de entrenamiento.
-Tienes que venir a verme antes que me obliguen a irme de tu mundo, si no, todo el deseo que llevaba realizando habrá sido en vano, y jamás volverán a quererse como antes- otra vez su voz, y esta vez contempló su rostro, el cabello negro atado y el collar que traía en el cuello.
-Jamás quise que sucediese esto, pero el Dios Zeus me quitó mi magia porque según sus leyes incumplí el fin por el que fui creada en el Olimpo, ¡ese que sabe!, ¡ sí jamás pone un pie en la tierra de los hombres! ¿Cree que los humanos son frustrados por gusto?
Si fuera por eso yo no existiría. ¡Sólo hice realidad el deseo de alguien que pidió mi ayuda, y ese bueno para nada cree que puede venir y cambiar mis deseos!-
Decía algo sobre órdenes celestiales, que estaba por sobre ella o alguna patraña de ese estilo.
-Lee el suelo- la voz de la Diosa, al bajar la mirada percibió como la sala era consumida por un calor sofocante, mientras el aire se volvía gris y la luz se perdía por los recovecos de la puerta. Rayos comenzaron a golpear la sala, Hiei tragó saliva, había algo grabado en el piso del cuarto, algo con ribetes dorados y rojizos. Frente de su rostro se formó una frase, la cual, al tratar de tocarla provocó que toda la sala comenzase a resplandecer.
-Último cambio- leyó, a medida que el aire entraba por su garganta y las manos trataban de tocar aquella frase que se grabó en el suelo como la caída de un rayo desde el cielo.
-Ausencia de amor- y al entender esa frase experimentó como lentamente creía ser consumido por una eterna oscuridad, mientras su alma se lastimaba y se perdía a lo largo del trayecto. La sala de entrenamiento nunca le pareció más fría ni solitaria como ese segundo, en que se vio reflejado a través de los vacíos ojos del Kitsune que hace unos minutos había desaparecido por sus puertas.
Lo que le dolió en ese segundo no fue que el zorro le mirase con desagrado, ni que le hubiese dejado solo en el cuarto con un corazón que comenzaba a desgarrarse.
-Te quiero Hiei-
Fue el hecho de darse cuenta que quería compartir su vida con el kitsune, pero ese simple deseo ya no podría tenerlo.
Porque Kurama le había olvidado.
Continuará-
Próximo capítulo: cáp 9
Gracias especialmente a:
, ReScUe-CoLuPtOr y Kitty_Wolf.
…No logré tomar distancia crítica…
…Me vuelvo a equivocar la historia típica…
…En un irracional impulso eléctrico…
…Mi corazón corre en tu dirección…
-Peligro-
Reik
