La ambulancia tardó en llegar, para Peter siempre llegaban tarde, pues mientras permanecía con Neal, con la cabeza su amigo apoyada en sus piernas y notando como la vida se escapaba poco a poco, no podiá creer que la ambulancia no hubiera llegado todavía.
"Neal." Dijo su amigo tratando de evitar que cayera inconsciente. "Neal, vamos, tienes que aguantar."
Neal asintió en silencio, pues hablar era demasiado difícil, cuando apenas podía respirar. Apenas sentía su cuerpo, ni las manos de Peter rodeándole, como si le estuviera protegiendo, su voz sonaba lejana y la de Moz, que estaba junto a la puerta esperando que llegara la ambulancia no era más que un susurro en su cabeza.
Estaba seguro que estaba a punto de morir, pero no tenía miedo. Sabía que en cuanto cruzara al otro lado, Kate le estaría esperando con los brazos abiertos, sonriéndole, diciéndole que todo estaba bien y que era el momento de olvidar todo lo que había ocurrido.
"Neal, no te duermas, ¿me oyes? No voy a dejar que nos abandones ahora maldita sea."
Peter se había dado cuenta que su amigo estaba cada vez más débil y apenas conseguía mantener los ojos abiertos más de un minuto. Le dio unos pequeños golpes en la cara para llamar su atención, pero Neal apenas reaccionó.
"Maldita sea, Moz, donde está esa ambulancia."
Dicho y hecho, llamaron a la puerta, en cuanto Moz abrió, tres médicos entraron en la habitación. Obligaron a Peter a apartarse, aunque no quería separarse de Neal. Moz se colocó a su lado, observando asustado, como aquellos médicos en los que nunca había confiado, trataban de salvar la vida a su mejor amigo.
"Será mejor que nos lo llevemos ya." Dijo uno de los médicos como si Peter y Moz no estuviera allí. "No creo que aguante mucho en su estado."
Uno de los médicos, una chica de uno veinticinco años se acercó a ellos dos. Sonrió de una forma que demostraba que tenía experiencia hacia eso, tratar de reconfortar a los familiares y amigos en los peores momentos.
"Vamos a tener que llevarle al hospital, siento decirles que no está bien, pero no se preocupen vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para que se recupere."
"¿Qué es lo que le ha ocurrido?" Peter se dio cuenta que su propia voz se había quebrantado al hablar.
La doctora los miró a los, como si no estuviera muy segura de lo que decir. Bajó la mirada un momento; Peter conocía perfectamente ese comportamiento, es forma de no querer dar las malas noticias cuando no había nada bueno que decir. En ocasiones no le gustaba nada ser del FBI.
"Estamos casi seguros que ha sido envenenado."
"¿Cómo que…" Moz no pudo terminar la frase, tan sólo miró a la camilla en la que habían colocado a Neal. Apenas podía reconocer a su amigo, con la mascarilla de oxígeno cubriéndole medio rostro. Estaba tan pálido que si no viera el movimiento de su pecho, podría haber dicho que ya no respiraba.
Se alejó, en ese momento, no le importaba lo que podía decirle la doctora.
"Soy agente de FBI y pocas veces había visto algo así. Los venenos que conozco no trabajan tan rápido, al menos no en todo el cuerpo." La expresión de la doctora, le dio a entender a Peter, que no era la primera vez que ella veía algo así. "Supongo que no es la primera vez para usted."
"No, lo cierto es que este veneno está siendo bastante utilizado últimamente por la magia." Peter se dio cuenta que la chica estaba a punto de decir algo más, algo que por ser demasiado doloroso, no quería decir en voz alta.
"¿Qué ocurre?" Preguntó Peter una vez que bajaban las escaleras hacia la calle.
"Lo siento, pero esto no es fácil. Normalmente la gente no sabe lo que voy a decir, no lee mis gestos; es más sencillo cuando están tan centrados en sus seres queridos que no ven mi cara." La chica sonrió, visiblemente desesperada.
"Como ya le he dicho…"
"Háblame de tu por favor, nunca me han gustado las formalidades en estas ocasiones."
"Como quieras, pero tendrás que decirme que es lo que ocurre." Peter miró la ambulancia en la que metían a Neal y se dio cuenta que su amigo le gustaba con la mirada. Corrió hasta él y cogió su mano con fuerza. "Tranquilo, estoy aquí contigo, voy a ir a hospital a tu lado, no te voy a dejar."
"Kate…" Murmuró Neal en su estado de semiinconsciencia. La veía ahí, junto a Peter, como si le estuviera esperando, preparada para llevarle. "Kate…" Pero ella la ya no estaba allí y Neal perdió el conocimiento por completo.
"¡Neal!"
"No se preocupe, lo tenemos controlado." La doctora, pese a su juventud parecía mucho más madura, puso una mano sobre el hombro de Peter. "Ha cuidado muy bien de él hasta ahora. Deje que a partir de aquí seamos nosotros los que nos ocupemos."
Peter se volvió hacia la chica.
"No has contestado a mi pregunta. ¿Qué es lo que no me has contado?"
La chica bajó otra vez la mirada y su cabello castaño cubrió parcialmente su rostro, por lo que Peter no pudo ver sus ojos azules entristecerse.
"Como te he dicho, se trata de un veneno muy común últimamente entre la mafia, porque afecta rápido y a todos los órganos vitales del cuerpo." Al volver a mirar a Peter cuando la ambulancia se puso en marcha, la doctora se dio cuenta que el federal se había puesto tenso. "No tiene porque ser mortal si se coge a tiempo, pero la recuperación es lenta."
"Cuidaremos de él." Dijo finalmente Peter fijando la mirada en la figura de Neal, tumbado en aquella camilla.
La sola idea de pensar que el último caso podría acabar con él. Sabía perfectamente los riesgos que había corrido su amigo al pedirle que entrara en el caso, incluso había tratado de impedir que lo hiciera, pero pedirle que se mantuviera fuera, más conseguía atraer su curiosidad.
- o -
"Peter"
El federal levantó la mirada al escuchar la voz de su mujer. Miró el reloj, no se podía creer que hubiera pasado casi media hora desde que había llegado allí. Elizabeth le abrazó con fuerza. No había pensado en ello, pero eso era lo que más necesitaba, un abrazo de la persona más importante de su vida.
"¿Cómo está?"
"No lo se, todavía no me han dejado entrar en la habitación." Por más que intentaba sonar tranquilo, no fue capaz de hacerlo.
Cogió con fuerza la mano de Elizabeth en cuanto los dos doctores salieron de la habitación de Neal. Los miró en silencio y esperó a que terminaran de hablar, antes de preguntarles por su amigo. no tuvo que hacerlo, los doctores se dieron la vuelta y fueron hacia él.
"Supongo que usted es la persona más cercana al señor Caffrey." Peter asintió, pues en realidad no sabía como contestar a esa pregunta.
En todo el tiempo que había estado persiguiendo a Neal, Peter no había sabido nada de sus padres, ni siquiera había llegado a saber si tenía hermanos. Nada que tuviera que ver con familiares cercanos. Así que, tal vez el médico tuviera razón y Elizabeth y él eran las personas más cercanas a Neal.
"¿Cómo está Neal?" Dijo Elizabeth, dando un paso adelante.
"No les voy a mentir, hemos estado a punto de perderle." Elizabeth contuvo el aliento y apretó la mano de su marido. Hacía unos pocos meses, Neal no era más que un nombre, uno de los casos de Peter, una caso que le había mantenido alejado de su matrimonio.
Pero ahora Neal, era un miembro más de su pequeña familia, alguien demasiado importante como para pensar en poder perderlo ahora. Miró a su marido, Peter no solía estar tan callado, ni tan tenso, ni tan pálido como lo veía ahora.
"Pero no se preocupe, hemos conseguido estabilizarle y estamos seguros que se recuperará." Peter no podía quitar de la cabeza las palabras que había dicho la doctora sobre la larga recuperación. "Tal y como habíamos supuesto desde el principio, se trata de una caso de envenenamiento, uno que parece estar de moda en la cuidad estos días."
"El que se usa en la mafia." Quiso corroborar Peter.
El médico asintió. Peter y Elizabeth volvieron a mirarse en silencio, buscando la inexistente tranquilidad en los ojos del otro.
"Miren, se que están preocupados y es normal, Neal ha pasado por un mal momento y si, como le he dicho ha podido morir; pero a partir de ahora tan sólo puede mejorar; sabemos como hacerlo, no se preocupe."
"Pero han perdido a muchos de los pacientes que ingresaron igual que Neal."
"Peter." Dijo asustada Elizabeth
El médico fulminó a Peter con la mirada, no había duda que el federal se había leído el informe sobre aquel caso. Lo que no sabía el médico era que el propio Peter había llevado el mismo caso.
"Si eso es cierto, pero las cosas han cambiado mucho y como supongo que habrá leído en su informe, las últimas víctimas de este ataque sobrevivieron y están perfectamente."
Peter no dijo nada más, no quería seguir discutiendo sobre el tema, lo único que le interesaba era entrar en la habitación y asegurarse que Neal iba a recuperarse realmente.
"Neal necesita descansar, así que les pediría que la visita fuera corta y una cosa más." Peter escuchó sin decir nada." Cuando le demos el alta, en el mejor de los casos, su cuerpo estará excesivamente débil y necesitará alguien para que cuide de él."
Así, en silencio y acompañado por Elizabeth, el federal entró en la habitación. Neal estaba dormido o al menos lo parecía pues cuando dieron un par de pasos en el interior de la habitación, él abrió los ojos.
"Hola." Dijo Elizabeth de la forma más cariñosa que pudo.
"Hola." Neal no contaba más que con un hilo de voz y una diminuta sonrisa en sus labios.
"Menudo susto nos has dado."
"¿Alguien ha intentado matarme verdad?"
"No te preocupes por eso ahora." Peter se sentó en la cama a su lado. "Lo único importante, es que te recuperes y sabes que." Miró a Elizabeth aunque le hacía falta para saber lo qu pensaba. "Cuando salgas de aquí, pasarás una temporada en casa con nosotros."
"Peter…"
"Nada de Peter, si estás aquí es por que yo te metí en el caso, así que lo menos que puede hacer es ayudarte a que te recuperes cuanto antes." Peter sonrió cálidamente e impidió que dijera nada. "Además, ¿Qué prefieres, que nosotros cuidemos de ti o que lo haga Moz?"
No había mucha elección.
"Muy bien, iré a vuestra casa, pero prometo ser un buen paciente."
