Neal despertó gritando y envuelto en sudor. Miró a su alrededor, no reconocía el lugar, no sabía porque había máquinas a su alrededor, porque parecía estar en un hospital. La puerta se abrió, alguien apareció allí, pero al estar entre sombras no pudo verlo con claridad. Comenzó a respirar con dificultad, se sentía realmente mal, le dolía todo el cuerpo y lo peor de todo, no tenía ni idea del motivo.

"¿Quién eres?"

"Neal, tranquilo. Creo que has tenido una pesadilla." La sombra se acercó a la cama. Neal trató de alejarse, pero no pudo moverse. "Neal, vamos soy yo, Peter."

La vista se le aclaró en seguida. Era cierto, Peter, su mejor amigo estaba a su lado y él estaba en el hospital desde hacía casi un día entero. Se volvió a tumbar en la cama, sentía que los pulmones le ardían, que su cuerpo en tensión protestaba. Cerró los ojos, tratando de recordar la pesadilla, pero ya no estaba en su cabeza.

"¿Te encuentras mejor?" La mano de Peter sobre su hombro, le hizo sentirse protegido, así que asintió, aunque todavía notaba el corazón latiendo a mil por hora. "Lo siento, no debería haberte dejado solo, he ido un momento a la cafetería, pero no te preocupes, no volverá a ocurrir."

Neal no era de los que daban las gracias fácilmente, sobretodo porque no le gustaba saber que necesitaba a alguien tanto. Sin embargo, pese a todo el esfuerzo que suponía mover su cuerpo, llevó su mano hasta la de Peter y le miró sonriendo.

"No deberías tener que hacer todo esto por mi. Hay un montón de casos ahí fuera que te necesitan más que yo."

Peter cogió una silla, se sentó junto a la cama de Neal y tras beber un largo trago de café, le sonrió a su amigo. "Tienes razón, hay muchos casos hay fuera que me necesitan, pero no me necesitan más que tu."

"Peter…"

"Acabas de despertarte gritando, lo has hecho tres veces desde que alguien te envenenó. Dices que no sabes quien fue y que no recuerdas las pesadillas; pero yo se que lo estás pasando mal y de momento, no tengo nada mejor que pasar unas cuantas horas contigo."

Neal miró a la ventana. No, definitivamente, no le hacía gracia que alguien se ocupara de él y mucho menos que se preocuparan tanto. Durante toda su vida había actuado solo, había tenido que ser capaz de valerse por si mismo y ahora no era capaz de de dormir seis horas seguidas sin gritar.

"No seas tan orgulloso." La voz de Peter le hizo volverse hacia su amigo. "Has pasado por mucho desde lo de Kate y todavía no estoy seguro que lo hayas superado. Y ahora esto… tómatelo con un poco de calma. Además, soy tu amigo. ¿Cómo no iba a estar aquí contigo?"

No pudo evitarlo, hacía años que nadie le veía llorar, pero en aquel momento no pudo evitarlo. Las lágrimas comenzaron a desbordarse por sus mejillas y por mucho que intentaba deshacerse de ellas, aparecían más. No estaba seguro del motivo, por un lado estaba aterrado, no sabía quien había intentado matarle y seguramente volverían a intentarlo en cuanto supieran que estaba vivo; pero también estaba agradecido con Peter, como nunca lo había estado con otra persona. Además había una parte de él, rota, dolorida y con ganas de decirle a su amigo que no podía seguir sin él, sin alguien que le apoyara. Todo ello le hizo llorar, como no lo había hecho en mucho tiempo.

Peter lo observó en silencio. No era lo suyo ver a una persona llorar, pero si además se trataba de un amigo, del mejor amigo, entonces si que no sabía que hacer, como hacerle sentir mejor o que decirle. Volvió a poner la mano sobre su hombro y esperó, dejó que Neal se desahogara y cuando su amigo cogió su mano y la apretó con fuerza hasta apretar sus dedos, no hizo nada, no dijo nada.

"¿Sabes cuando le digo a las familias de las victimas que todo va a salir bien?" Neal asintió. "No lo digo en broma. Estoy convencido que voy a resolver el caso y que nadie más va a salir herido. Así que Neal, te prometo que todo va a salir bien."

Neal sonrió y apretó las manos con fuerza. No había dicho nada al respecto todavía, pero al ver que Peter se levantaba y se acercaba a él, comprendió que Peter se había dado cuenta. el federal, sujetó sus dos manos y le miró a los ojos, como nunca lo había hecho.

"Te ocurría antes de de que te atacaran. Lo vi pero no dije nada porque pensé que era tu forma de lidiar con la muerte de Kate."

"Peter estoy bien, lo de Kate fue duro, pero lo he superado."

"Se cuando me mientes, te he atrapado tres veces, así que puedo decir que soy la persona que mejor te conoce." Sostuvo sus manos todavía durante unos segundos, los suficientes para que Neal se tranquilizara.

El médico se lo había dicho. El veneno que habían liberado en su cuerpo podría matarlo, al menos durante casi un mes. Tenía que relajarse o la mayor parte de sus órganos vitales podrían fallar. Todavía no le había dicho a Neal la magnitud de su delicada situación para no preocuparle más y se había prometido que cuidaría de él bajo cualquier circunstancia.

Sin embargo, ahora se daba cuenta, que lo que le ocurría a Neal era mucho más profundo, más doloroso que haber sido envenenado y haber estado a punto de morir. Neal estaba fatal desde la muerte de Kate y había sido tan cabezota que no había querido hablar con nadie al respecto. Pero ahora todo ese dolor oculto durante meses le estaba pasando factura, en el peor momento posible.

"Se que jamás aceptarás hablar con un psicólogo." Neal estaba a punto de decir algo, de protestar, pero Peter no se lo permitió y continuó hablando. "Pero al menos habla conmigo o con Moz, somos tus amigos…"

Neal dejó de mirarle, no podía hacerlo pues entonces Peter sería capaz de leer sus pensamientos, de descubrir lo mucho que le aterraba volver a hablar de Kate, de su corazón destrozado, de las noches sin dormir, de las pesadillas, que desgraciadamente si que recordaba o de las horas que había pasado pensando si podría haber hecho algo para evitar la muerte de Kate.

"No puedo." Las palabras salieron de su boca como si alguien las hubiera sacado de golpe. Se lo había repetido una y otra vez en el silencio de la noche, sólo en su apartamento. Tenía que hablar, tenía que contarle a alguien lo mal que lo estaba pasando, pero entonces lo escuchaba en su mente una y otra vez. "No puedo, no puedo hablar sobre Kate, porque se que fue mi culpa."

Dejó de hablar al sentir que dejaba de respirar y que un intenso dolor se apoderaba de su pecho. Cerró los ojos y se concentró en que el aire volviera a llenar sus pulmones. No podía, lentamente se estaba quedando sin aire.

Peter lo vio palidecer rápidamente, recordando cuando casi dos días antes lo había encontrado tirado en el suelo de su apartamento. Había perdido compañeros en actos de servicio, amigos incluso, pero jamás se había sentido tan impotente como en aquellos momentos, con Neal entre sus brazos, pálido, tanto que parecía estar muriendo, casi sin respirar.

Ahora estaba ocurriendo otra vez, Neal le miró, no podía hablar, no podía pedirle ayuda, al menos no con palabras, porque sus ojos azules y siempre llenos de vida, estaban ahora aterrorizados, rogándole en silencio que le ayudara. Apenas tenía fuerzas para apretar la mano de su amigo, pero Peter lo hizo por él.

"¡Que alguien me ayude! ¡Mi amigo necesita ayuda!" Grtió por fin, para llamar la atención de los médicos y enfermeras que estuvieran cerca. "Todo va a salir bien." Dijo en voz baja, mientras sin darse cuenta y como si del hermano mayor de Neal se tratara, se sentó en la cama junto a él, apoyó la cabeza de su amigo sobre su pecho y le acarició el cabello. Neal tenía los ojos cerrados cuando los médicos y las enfermeras entraron en la habitación. "Todo va a salir bien."

Una enfermera le separó de la cama, pese a que Peter no quería dejar a su amigo. Tumbaron a Neal, este abrió los ojos y buscó a Peter con la mirada. No podía hablar, pues apenas era capaz de respirar, pero le miró, intentó alejar el miedo a morir, el terror a que todo terminara ya, sin poder dejar te temblar, pero si apartar la mirada de Peter; pues mirarle era la única forma de sentirse algo más tranquilo.

Sintió una aguja penetrando en su brazo y trató de protestar, de preguntar que era lo que le estaban haciendo, pero no tuvo tiempo. Todo se puso negro, la habitación desapareció a su alrededor.

- o -

"No ha sido culpa tuya. Neal está muy débil y cualquier alteración, los nervios… es normal Peter. Por lo que me has contado, Neal ha pasado por mucho y bueno, está muy débil."

Neal escuchó aquella voz mientras lentamente volvía en si. Tardó en darse cuenta de lo que había ocurrido; no poder respirar, sentir que se moría, Peter sin poder hacer nada. No quiso abrir los ojos, se sentía demasiado cansado para ello, por lo que simplemente continuó escuchando.

"Precisamente por eso, debería haberme preocupado más por él. Le he prometido que todo saldría bien." Peter sonaba realmente agotado.

"Y todo saldrá bien, pero si realmente quieres estar con él y cuidarle, primero deberías cuidarte tu. Vete a casa, duerme un poco y descansa, yo me quedo con él."

"¿Estás segura? No puedes porque hacer esto."

Clary, la joven doctora, se acercó a Peter y tomó su mano.

"Peter, te estás esforzando por Neal y ya es hora de que alguien se esfuerce por ti." Sonrió y tiró de Peter para llevarlo hacia la puerta de la habitación. "No nos conocemos, lo se, pero algo me dice que eres de los testarudos y que por muy cansado que estés no vas a decir nada. Así lo diré por ti. Vete a casa, pasa un poco de tiempo con tu mujer y duerme toda la noche de un tirón."

"Pero…"

"Unas enfermeras muy simpáticas y a las que les caes muy bien del turno de noche, me han dicho que no duermes nada desde hace días." Peter la miró directamente a los ojos y se sorprendió de lo segura y fuerte que parecía al mirarle, pese a su pequeño tamaño. "Soy médico y como tal te voy a recetar dormir unas horas, que te lo mereces. Además, yo estoy libre hasta mañana por la tarde y puedo quedarme con Neal." Peter estaba preparado para decir algo, pero ella siguió hablando. "Si hay algún cambio, te avisaré."

Neal escuchó que la puerta se cerraba lentamente y el silencio se adueñaba de la habitación. Tal vez estaba solo, no podía saberlo, para eso tendría que abrir los ojos y fijarse, por mucho que le costara hacerlo.

Fue difícil y doloroso, jamás se había sentido tan cansado, pero jamás le habían envenenado anteriormente, pero al final consiguió hacerlo, abrió los ojos y voy a alguien con él en la habitación. Era una chica, joven, seguramente no tenía más de veinticinco años. Leía tranquilamente un libro, acurrucada en el mismo sofá que durante dos días había utilizado Peter.

"Hola." Dijo por fin Neal para llamar su atención.

La chica levantó la cabeza y sonrió. Neal se fijó en sus ojos negros, del mismo color que su cabello, ondulado y largo.

"Nos has dado un buen susto, pero me alegra ver que te estas recuperando."

"¿Dónde está Peter?" No deseaba parecer posesivo, ni celoso ni nada parecido, pero durante esos dos días se había dado cuenta que se sentía más tranquilo sabiendo que su amigo estaba cerca.

"Se ha ido a casa, estaba agotado." Se acercó a la cama y cogió una de las manos de Neal, estaba fría. "Debes hacerle caso, tu amigo se preocupa mucho por ti, porque te quiere. No quiere decirte que estás muy débil, porque teme que eso te preocupe todavía más," Apretó más la mano de Neal. "Pero es cierto, estás muy débil y Peter me ha contado algunas de las cosas de las que te han ocurrido." Neal se puso tenso. "Tranquilo, no me ha contado ningún gran secreto. Solo digo que tienes que cuidarte y que para eso vamos a estar nosotros."

"¿Nosotros?"

"Bueno, si no te importa que una doctora metomentodo cuide de ti." Clary sonrió e hizo que Neal sonriera por fin. "¿Ves? Creo que nos podemos llevar bien, siempre y cuando nos dejes ayudarte."