Deseaba hablar con Peter, era su mejor amigo y llevaba cuidando de él mucho tiempo, nadie conocía igual al Neal Caffrey. Pero al mismo tiempo, le aterraba la idea de tener que abrir su corazón por completo. Después d casi una semana viviendo en casa de su amigo, Neal sabía que se había vuelto una persona silenciosa y pensativa, algo que preocupaba a Peter. Además por más que su amigo le preguntaba por su familia, porque sus padres no iban a visitarle, porque parecía que no existían en su vida, Neal guardaba silencio o cambiaba de tema rápidamente.
No quería hablar de ello, ya le había costado bastante dejar de pensar en sus padres, en lo que habían significado en su vida, en todo lo que su padre le había hecho, como para ahora volver a revivirlo.
Neal dormía todavía aquella mañana de domingo, aunque se acercaba el medio día, pero ni Peter ni Elizabeth deseaban molestarle. Sabían que se estaba recuperando bien del intento de asesinato, al menos en lo que se refería al punto de vista físico, pues en lo que se refería a su estado de ánimo y a sus ganas de salir de casa, Neal estaba muy decaído.
"Tenemos que hacer algo." Dijo Elizabeth a su marido mientras veían la televisión, aunque ninguno de los dos le estaba prestando verdadera atención.
"Lo se, pero mientras Neal no se deje ayudar…"
"Le conoces bien Peter, Neal no es de los que muestre sus sentimientos, ni siquiera nos ha dicho nunca como se siente realmente sobre lo ocurrido con Kate. Se que todavía lo está pasando mal por eso, cariño." Elizabeth se apoyó sobre su marido. "Le has mirado a los ojos últimamente. Tienes que hablar con él."
"¿Crees que no lo he intentado?"
Peter se levantó casi de golpe del sofá, bajo la atenta mirada de su mujer. No pudo mirarla los ojos, ya habían pasado muchos días y todavía no había conseguido averiguar quien le había ocurrido a Neal, ni siquiera podía hablar con él, porque no era capaz de decirle que las personas que habían intentado matarle estaban todavía campando a sus anchas. Tampoco había conseguido solucionar el caso de Kate, no sabía nada sobre ella y cada vez que miraba a Neal, veía en sus ojos los deseos de saberlo, necesidad de averiguar que le había ocurrido a la mujer que quería.
"No es tu culpa cariño." Elizabeth lo abrazó por detrás.
"Claro que lo es. Soy agente del FBI, tengo que ayudar a la gente y descubrir quien intenta hacer daño a la gente que quiero." Se dio la vuelta y miró a su mujer a los ojos. "Ni siquiera he conseguido dar siquiera con los padre de Neal, es como si no tuviera y daría lo que fuera por poder decirles que su hijo está bien, en nuestra casa." Suspiró con fuerza decepcionado consigo mismo. Si él se sentía a sí, ¿Qué pensaría Neal de él?
"Nunca los encontrarás."
Los dos se dieron al vuelta al escuchar la voz de Neal al final de la escalera.
"¿Se puede saber que haces levantado?" Elizabeth fue hasta él y rodeó su cintura con el brazo. Estaba pálido, sin duda tardaría día en recuperarse. Puso la mano sobre la frente de su joven amigo, no tenía fiebre, ya era algo bueno, pero notó que poco a poco dejaba caer su peso sobre ella. "Vamos al sofá, estarás más cómodo."
Neal sonrió y consiguió no decir lo que estaba pasando por su mente en ese mismo instante, pues de alguna forma, Elizabeth le recordaba a su madre. tragó saliva, no quería llorar, se lo había prometido a la mujer que le había dado la vida hacía mucho tiempo, que no lloraría por haber tenido que separarse.
"Es lo mejor Neal." Le había dicho la última noche que se habían visto. "Sabes que jamás nos dejará tranquilos." Recordaba su beso en la mejilla y siempre le hacía sentirse bien, por muy perdido que estuviera. Si al menos pudiera volver a verla una vez, pero sabía lo que eso significaba y no iba a ponerla en peligro. "Te quiero tanto, mi niño."
"Neal ¿estás bien?" Le preguntó la voz de Peter
Al levantare de nuevo la mirada, estaba de nuevo en casa de Peter y Elizabeth, con sus dos amigos mirándole algo preocupados.
"Si, es solo que estaba pensando."
"Has dicho que no encontraría a tus padres. ¿Cómo lo sabes? ¿Es que acaso conoces su paradero?"
"Peter…"
"No voy a permitir que tus padres no sepan lo que te ha ocurrido. Así que si sabes donde están, espero que no me lo pongas difícil y me digas donde están."
Neal bajó la mirada. Había luchado por todos los medios, durante años por no llegar a ese momento, que por mucho que le pillaran, por mucho que acabara en la carcel, nadie supiera como relacionarle con sus padres. Pero al final había tenido que ser Peter el que lo hiciera, el que le preguntara.
"¿Y si no quiero verles?"
"¿Cómo no vas a querer ver a tus padres?" Elizabeth acarició cariñosamente el cabello de su amigo, le hacía volverse tan maternal cuando lo tenía cerca. No se había percatado hasta esa momento, pero Neal le recordaba a un niño necesitado de tanto cariño. "Seguro que les echas de menos."
"Es complicado." Dijo por fin Neal, acurrucándose en el sofá. Tal vez después de todo fuera el momento de contar la verdad. "Toda mi vida es demasiado complicada."
"No hace falta que lo jures." Peter se sentó al lado de su amigo, con el tiempo había conseguido aprender a comprenderle, a leer entre líneas cuando decía las cosas y sobretodo a leer lo que sus ojos decían. Al mirarlo esta vez a los ojos, vio a un muchacho aterrorizado, herido, dolorido, pero sobretodo alguien que estaba a punto de revelar un terrible secreto. "Supongo que no hace falta que te dija que El y yo estamos aquí por ti, para todo lo que necesites."
"Lo se Peter, pero prometí que no hablaría del tema."
"¿A quien se lo prometiste Neal? Somos tus amigos y queremos encontrar a tus padres. Siempre me he preguntado porque no había porque no encontraba ni una pista sobre ellos." Entonces se dio cuenta, las cosas empezaban a tener sentido, retorcido pero un sentido al fin y a cabo. "¿Prometiste a tus padres que volverías a tener contacto con ellos?"
"Peter…"
La sola idea de hablar del tema, de recordarlo le hacía daño, más que todo lo que había pasado entonces. Se estremeció, no eran recuerdos agradables. La mano de Peter sobre su rodilla le hizo regresar al presente.
"Antes del ataque creía que te conocía, pero ahora Neal, creo que todavía escondes demasiado y creo que lo haces por miedo, no se si a que lo que puedas contarme me asuste o a que te pueda incriminar de algo. No lo se."
"No es algo que yo haya hecho, es algo que me hicieron a mi."
Elizabeth apoyó la mano sobre el hombro de su marido, hasta casi llegar a clavar las uñas, no estaba segura si se trataba del instinto de madre o simplemente del cariño que tenía por Neal, pero creía saber lo que estaba a punto de decir.
"Hace mucho que no hablo de estoy y estaba seguro, hasta estos últimos días que lo había superado. Ahora creo que me está persiguiendo. Creo que se quien me atacó y tal vez sepa también el motivo."
Bajó la mirada, estaba a punto de revelarles a sus amigos la parte más oscura de su pasado, la que más daño le hacía y la que con más ansias había intentado borrar con todas su fuerzas. Sólo tenía cinco años cuando había comenzado, pero no había sido hasta los veintidós en que había conseguido escapar.
Ahora se daba cuenta que el pasado siempre volvía y en su caso, había vuelto para matarle.
- o -
Clary estaba nerviosa cuando se detuvo frente a la casa de Peter. Ni siquiera sabía como se había atrevido a presentarse allí. Respiró profundamente y trató de tranquilizarse, no quería parecer una estúpida niña nerviosa que no era capaz de controlar sus emociones.
Neal le gustaba, lo sabía desde el primer momento en que lo había visto, ya en esa camilla, había decidido protegerle y conseguir que se pusiera bien en el menor tiempo posible. Por eso estaba allí, porque ahora no podía verle, ahora que le habían dado el alta y le echaba de menos. Añoraba esos ojos azules que nunca sabían mentir, esa sonrisa triste, que esperaba ver radiante algún día y echaba de menos todo lo que tenía que ver con Neal Caffrey.
Un coche aparcó tras ella, era un auto negro, sus cristales tintados. Lo miró, sentía que tenía unos ojos clavados en ella y se estremeció. Rápidamente se dio la vuelta y llamó al timbre mientras la puerta del coche se abría. No quería ver de quien se trataba, no quería saber quien se estaba acercando a ella.
Cuando Peter abrió la puerta de la casa, sin decir nada Clary entró y la cerró tras ella.
"¡Clary, que sorpresa! ¿Qué trae por aquí?"
La no contestó, estaba prestando atención a la calle, a la puerta del coche que se volvió a abrir y unos segundos más tarde, el coche arrancó.
"¿Clary cariño que pasa?"
"Creo que me estaban siguiendo."
"No venían a por ti." La chica se volvió hacia Neal. "Os dije que creía saber quien había intentado matarme, ahora estoy casi seguro."
"¿Neal?"
"Ha sido mi padre."
