Neal despertó en la cama, ni siquiera sabía como había llegado allí. Miró a su alrededor, era el dormitorio de Peter. Se incorporó. Sentía la cabeza a punto de estallarle y cualquier movimiento parecía que podía acabar con él.

"Por fin te has despertado."

Siguió la voz hasta la ventana, allí había una sombra, pero no podía ver bien sus facciones. Intentó fijarse, pero aquella figura no tenía rostro a simple vista. Quiso ir hasta allí, aunque arrastrándose por la cama, pero no fue capaz, estaba demasiado casando.

"¿Quién eres?"

"¿Es que ya no me conoces? ¿Tanto te ha cambiado trabajar para el FBI?" Neal se estremeció, aunque le había costado, reconoció sin problemas la voz. "Neal, me has defraudado."

"¿Papá? ¿Qué estás haciendo en casa de Peter?"

"Ese maldito agente de FBI te ha lavado el cerebro. Incluso cuando decidiste dedicarte a esa tontería de las falsificaciones y los robos sabía que estabas conmigo, pero ahora… ahora persigues a mi gente, a mis amigos y pronto vendrás a por mi. ¿Cómo crees que tengo que tomarme eso? Me has defraudado mucho Neal y ya sabes que eso tiene consecuencias."

"¿Dónde está Peter?" Neal se arrodilló en la cama y miró a su alrededor, tenía que haber alguna señal de su amigo, no podía ser cierto lo que se le estaba pasando por la cabeza en ese momento. "¡Peter!" Nadie contestó en la casa. "No, no le has hecho nada, no has podido hacerle nada."

Su padre se echó a reír, su voz sonó horrible, tanto que volvió a hacer estremecer a Neal como cuando era un niño. Tantos recuerdos juntos, tantas pesadillas guardadas en su mente durante años. No podían salir todas de golpe, las había dejado en lo más profundo de su mente para no volver a verlas. No podían volver a él ahora.

"¿Qué le has hecho a Peter?"

"Tu amigo del FBI se estaba entrometiendo demasiado en mis negocios, eso no era nada bueno."

"Sólo intenta ayudarme. Has tratado de matarme, me has envenenado papá. El sólo…"

"Da igual ya lo que intentara hacer o no tu amigo."

"¿Qué le has hecho?" La voz de Neal se quebró al intentar imaginarse lo que su padre le había hecho a sus amigos. "¿Qué les has hecho? ¡Peter! ¡El! ¡Clary!"

"Es inútil. Hace un rato que me encargué de todos ellos. ahora estamos solos tu y yo hijo."

"¡Nooo!"

Neal despertó de golpe. De nuevo estaba en el mismo dormitorio, pero no estaba solo con su padre, había más gente en la habitación. No pudo distinguirlos, estaba demasiado nervioso para hacerlo. Tan sólo veía figura que no conseguía reconocer. Sintió una mano sobre su brazo y escuchó una voz, pero no fue capaz de distinguir las palabras.

"¿Qué le ocurre?"

"Es normal cuando se tiene un shock muy fuerte en sueños, el paciente suele estar desorientado, confuso. Tenemos que darle tiempo y dejar que sea él quien reconozca donde se encuentra y con quien. Lo normal es que con la fiebre que tiene, tarde un par de minutos.

"Peter, estás bien." Dijo Neal casi más como una pregunta que como una afirmación.

Clary sonrió al federal, que le devolvió otra sonrisa.

"Claro, ¿Por qué no iba a estar bien?"

Neal negó con la cabeza, su mente todavía no tenía claro que parte de lo que había visto era una pesadilla o la realidad. Volvió a mirar a la habitación, buscando a su padre, pero el hombre no estaba allí.

"Neal, voy a traerte la medicación ¿de acuerdo?" Clary había aprendido que tenía que atraer la atención del enfermo, para que su mente localizara lo que era la realidad, por eso acaricio su brazo y luego su mejilla, esperando a que le mirara a la cara. Luego le sonrió. "Estás en casa, con Peter y El."

"Y contigo."

Por más que intentó evitarlo, Clary se ruborizó, pero mantuvo la serenidad todo lo que pudo. Se levantó del lado de Neal y salió en busca de la medicación, se sentía extraña. Le gustaba Neal, lo sabía perfectamente, pero hacía mucho tiempo que no le gustaba alguien de ese modo. Sentía que tenía delante de ella un enorme abismo, que podía dar un paso adelante sin miedo a caerse, pero algo le decía que no estaba bien. Tal vez fuera porque Neal era su paciente o por el peligro que le rodeaba. No estaba segura y eso era algo que no le gustaba nada.

Clary era una chica que siempre tenía las cosas claras, desde pequeña sabía a lo que se quería dedicar y cuando consiguió su primer trabajo en un hospital, se sintió la mujer más feliz del mundo. Cuando le gustaba alguien, ponía todo su empeño en que él se diera cuenta, pero con Neal era diferente.

"Peter lo siento. Ahora mi padre…"

"Déjalo, no tienes la culpa de nada de lo que haya hecho tu padre." El federal se sentó en la cama junto a su amigo. "Te conozco y no tienes nada que ver con tipo de gente con la que se relaciona tu padre."

"Pero…"

"Neal no… sea lo que sea que nos quiera hacer tu padre, lucharemos contra él, además estás en mi casa, eres mi invitado y todavía no sabes la estupenda anfitriona es El, así que espero que no pretendas llevarle a contraria porque no te va a servir de nada."

Neal observó a su amigo, tenía tantas cosas que decirle, quería agradecerle todo lo que había hecho por él desde que se habían conocido. Todavía no sabía como había sido capaz de confiar en él, pero ahí estaba, protegiéndole, cuidando de él, arriesgado su vida y la de su familia por mantenerlo a salvo.

"Gracias."

La cabeza le ardía, quería dormir durante horas, pero no deseaba volver a ver a su padre mucho menos pensar en lo que sería capaz de hacerle a la gente que le importaba. Sabía que su padre había matado a mucha gente, por mucho menos de lo que había hecho Neal.

"Pero no podría soportar que te pasara con a Jeff."

Ya era la segunda vez que Peter oía hablar de ese tal Jeff y las dos veces se había dado cuenta del cambo de tono de voz de Neal al nombrarlo. Conocía perfectamente el pasado de su amigo y no había leído en ninguno de los informes ese nombre, aunque también era cierto que no sabía nada de su padre hasta esos días.

"¿Quién es Jeff, Neal?"

"También le mató a él por mi culpa." Una lágrima cayó por la mejilla de Neal hasta dar con la almohada. "Estoy maldito Peter, nunca te lo había dicho porque pensaba que mi padre se había olvidado de mi, pero ahora se que estoy maldito."

"No digas eso, nadie está maldito y te aseguro que tu padre no te hará nada. Nos encargaremos de encontrarle y meterlo en la cárcel. ¿Todavía dudas de lo que es capaz de hacer mi equipo?"

"De lo que no dudo es de lo que puede hacer él."

Sin llegar a contestar, peter colocó su mano sobre la frente de su amigo. la fiebre seguía siendo muy alta, la preocupación por su padre y lo mal que estaba descansando por su culpa, estaban destrozando a Peter. Veía a su amigo, siempre sonriente, siempre con la mejor solución preparada y sobretodo capaz de cualquier cosa y ahora estaba hecho polvo, con unas ojeras terribles dibujadas en su rostro y todo él lleno de sudor por culpa del recuerdo de toda una vida terrible.

El teléfono de Neal comenzó a sonar en la mesilla, los dos amigos se miraron y Neal se estremeció. Sin decir nada, Peter alcanzó el aparato y vio que se trataba de un número desconocido, su amigo asintió y finalmente el federal contestó.

"¿Quién es?"

"¿Peter Burke?"

"He preguntado quien es, espero que me conteste." Peter tenía mucha experiencia en aquellas circunstancias, por lo que quien fuera que llamara, no iba a conseguir que perdiera los nervios fácilmente.

"Suponía que ya conocería, o al menos que mi hijo le diría quien soy." Al ver la expresión de Peter, que pudo ocultarla, Neal se incorporó; todo dio vueltas a su alrededor, se sujetó a la cama y respirando entrecortadamente.

"¿Qué es lo que quiere?"

"Esa pregunta es muy fácil, incluso para usted Burke. Quiero a mi hijo, usted ya se ha divertido bastante con él, ahora mi turno de recuperarlo."

"No se a lo que está jugando, pero le aseguro que Neal no es un perro al que pueda dejar tirado cuando le apetezca y luego regresar a por él a la perrera. Además, creo que intentar matarlo no es la mejor forma de recuperar su cariño."

"¿Recuperarlo? ¿Es que acaso mi hijo le ha dicho que no quiere? Siempre fue un pequeño mentiroso. Pregúntele quien cuidó de él durante toda su infancia, quien le enseño todo lo que sabe. Neal fue un gran alumno y precisamente por eso, no voy a permitir que arruine mis negocios ni los de ninguno de mis amigos."

"Ha tratado de matar a su propio hijo."

"Matar, matar… ese es un término demasiado amplio agente. Lo que le di a mi hijo no lo mataría, ya me ocupe de eso personalmente, tan sólo quería que recordara lo que no se le puede hacer a un padre. Siempre y cuando no se excite demasiado claro, después de todo sigue siendo un veneno fuerte y una emoción demasiado grande podría producirle daños irreversibles."

"¿Qué significa eso?"

La conexión se cortó en ese mismo momento. Peter todavía se quedó unos segundos con el teléfono en la mano. No podía ser cierto lo que acababa de escuchar, nadie podía hacer algo así con su propio hijo.

Se dio la vuelta y encontró a Neal junto a la ventana aunque de espaldas, veía perfectamente su respiración agitada.

"Neal."

"Tengo que marcharme."

"¿Qué estas diciendo?" Peter se acercó a su amigo.

"Mientras este aquí soy un peligro para todos vosotros." La mano de Peter sobre su hombro le hizo estremecerse una vez más.

"No voy a permitir que vayas a ninguna parte y mucho menos en tu estado."

"Pero…"

"Tienes mucha fiebre y cualquier sobresalto te pondría la tensión por las nubes." Los dos hombres se dieron la vuelta, Clary estaba en la puerta con las píldoras en una mano y el vaso de agua en la otra. "Además, estoy aquí para cuidar de ti y si tengo que atarte a la cama para conseguirlo, no dudes que lo haré. Así que vamos, vuelve a la cama y tómate las pastillas."

Sin esperar respuesta, Clary dejó las pastillas en la mesilla y esperó a que Peter llevara a su amigo a la cama.