Se despertó de madrugada. No había nadie en la habitación, supuso que todo el mundo estaría durmiendo, había sido un día muy duro para sus amigos. Todavía tenía fiebre, lo notaba en todo el cuerpo, pero por lo menos podía moverse sin que la habitación le diera vueltas, que ya era algo, al menos ahora podía levantarse de la cama.
Se acercó a la ventana y miró la calle, estaba demasiado oscuro para saber si el coche de su padre todavía estaba allí o ellos también se habían marchado. Las piernas comenzaron a temblarle, tal vez solo se trataba de una trampa, para hacerles creer que los dejaban en paz y luego ir a por ellos cuando menos se lo esperaran. Su padre tenía muchas formas actuar, pero ninguna era muy sutil.
No lo había sido cuando había matado al mejor amigo de su hijo para darles un escarmiento, ¿Por qué iba a ser diferente ahora con Peter? Los estaba poniendo en peligro, cada momento que pasaba en la casa era un motivo más para que su padre se decidiera a hacer algo contra ellos y Neal no lo podía permitir.
Peter había hecho demasiado por él y todavía no se lo había pagado como debía. Le había sacado de la cárcel, había confiado en él cuando nadie más lo había hecho y le estaba protegiendo, poniendo su propia vida en peligro. No se lo merecía, no se merecía lo que el padre de Neal le haría cuando decidiera atacar, pero sobretodo estaba Elizabeth, que sin conocerle, se había convertido en una de sus mejores amigos; ¿Cómo podía arriesgar su vida de esa forma?
No, no lo haría, porque ahora Clary había entrado también en su vida. Clary era una chica dulce que no se merecía nada de aquello, no se merecía saber quien era su padre o todo lo que Neal había sufrido por su parte. Era el momento de desaparecer, aunque no pudiera hacerlo por su estado físico, aunque tuviera caer rendido en medio de la calle. Le daba igual, tenía que marcharse y dejar de hacer daño a la gente que le importaba de verdad.
Fue hasta el armario y se cambió de ropa, Peter había llevado a su casa algunas de las cosas de Neal. Cogió algo de dinero y bajó las escaleras, asegurándose de no hacer ningún ruido. Era lo malo de vivir en casa de un federal, al más mínimo cambio, Peter se daría cuenta.
Llegó abajo y miró a su alrededor. Había pasado buenos momentos en esa casa, que ya sentái como su segundo hogar y precisamente por eso tenái que marcharse, para dejar de ponerlos en peligro. Se movió lentamente por el salón, ya no tanto por no hacer ruido, sino porque su cuerpo estaba más agotado de lo que esperaba.
Entonces la vio, Clary dormía en el sofá, ni siquiera se había acostado, rodeada de papeles e informes médicos. Se acercó a ella, llevaba preguntándose desde que la había conocido, porque le estaba ayudando tanto. Le acarició la mejilla y ella se removió entre sueños como un gatito. Neal sonrió, le gustaba esa chica, era dulce y parecía frágil pero en el fondo era una de las personas más valientes que había visto en su vida.
Echó un vistazo rápido a los papeles que Clary tenía a su alrededor, los informes médicos eran de Neal, de los últimos días. Seguramente conocería a alguien en el hospital para que se los prestara. Miró uno, era del día que lo habían ingresado. Su estado había sido realmente malo y la cantidad de medicinas que habían tenido que darle, considerable. Otro de los archivos era del día que le habían dado el alta.
En aquel momento estaba demasiado descolocado por todo lo que había ocurrido que no había escuchado lo que había dicho el médico. Su estado ese día era considerablemente mejor, pero el médico había recomendado reposo absoluto y ningún tipo de estrés; Neal sonrió, con un padre como el suyo, eso no parecía probable.
Clary se dio la vuelta, acomodándose mejor en el sofá, Neal temió que se despertara, en cuyo caso no podría marcharse sin ser descubierto y no tendría tiempo para esconderse antes de que Peter volviera a encontrarlo. Uno de los informes cayó del sofá. Neal lo recogió y se dio cuenta que no era un informe médico, sino que se parecía más a los que Peter tenía en el FBI, solo que no llevaba ningún sello o símbolo gubernamental.
Al empezar a leerlo, se le heló la sangre. Hablaba de él, de toda su vida, incluso de cosas que ni Peter ni ninguna otra persona sabía. Hablaba de su padre, de cierto estudio psiquiatríco que le habían hecho la última vez que su mujer le había denunciado. Neal, jamás había oído hablar de ese informe.
"Conducta agresiva severa, muy propenso a la violencia como ya se ha visto en la denuncia de su mujer… posible trastorno psicológico… necesidad de hacer más pruebas al paciente… alejamiento de su familia por peligro de nuevas agresiones, peligro de agresiones a su hijo mayor… se recomienda su internamiento en una instalación psiquiátrica."
¿Hijo mayor? ¿Desde cuando había que distinguir entre hijos cuando Neal era un hijo único?
"su esposa alega que tuvo que separar a su hijo menor de su padre por miedo a una nueva agresión por parte de su progenitor. El hijo se encuentra en lugar seguro, desconocido para el individuo."
Neal se dejó caer en el suelo, aquello no tenía sentido, no tenía ningún hermano, nunca lo había tenido y cuando había preguntado a su madre porque no le traían un hermanito, la mujer siempre contestaba lo mismo. "No es un buen momento, además tu padre dice que…"
No lo recordaba, le dolía demasiado la cabeza para recordar lo que decía su padre. Estaba todo tan confuso en su cabeza. No podía tener un hermano, no podía enterarse en ese momento que tenía un hermano y que se lo habían arrebatado. Se puso en pie, pero la habitación volvía a moverse bajo sus pies; caminó dos pasos, pero pronto tuvo que apoyarse en la pared para no caer al suelo.
No sirvió de nada antes de poder hacer nada, las piernas le fallaron y todo su cuerpo es estrelló contra el suelo.
"¿Puedo tener un hermanito?" Su madre se acercó a él, estaba tan guapa y joven. Le acarició la mejilla sonriéndole tan encantadora como siempre y el niño se acurrucó entre sus brazos.
"Ya sabes lo que dice papá. Cuando seas mayor, quiere darte lo mejor y que seas muy feliz."
"Pero yo quiero un hermanito." Neal hizo unos pucheros, aunque todavía no tenía los tres años, sabía perfectamente cuales eran sus prioridades y ese momento, tener alguien con quien jugar mientras sus padres trabajaban, era lo más importante. "Los niños de barrio tienen hermanitos."
"Neal cariño, tu padre quiere lo mejor para ti." Pero eso para el niño no era suficiente. "Te voy a contar un secreto, cuando seas mayor y empieces a trabajar, tu padre te dará el mejor puesto, trabajando a su lado; pero para eso tendrás que hacerle caso en todo lo que te diga, ser un buen chico y sobretodo un estupendo trabajador."
El niño todavía no sabía lo que significaban la mitad de aquellas palabras, pero le gustaba escuchar la voz cálida y tranquilizadora de su madre.
"Neal." El niño miró a su alrededor al escuchar que le llamaban, pero no encontró a nadie. Volvió a mirar a su madre, pero de repente, el gesto de la mujer había cambiado, se había entristecido de repente, algo estaba pasando por su mente que trataba de ocultar a su hijo.
"¿Mami?"
"Venga Neal vete a jugar."
El niño la vio levantarse y encerrarse en su dormitorio. Fue hasta la puerta y se detuvo allí, sabía muy bien que si un puerta estaba cerrada no se podía entrar bajo ningún concepto. Pero podía escuchar la voz de su madre entre sollozos, hablando con otra persona por teléfono.
"Nunca te perdonaré lo que hiciste… Me la arrebataste solo por tu locura y la quiero ver… al menos déjame saber que mi hija está bien… No, no voy a dejar que lo hagas… ya tengo bastante con mentirle ahora que solo tiene dos años y medio… ¿Qué querrás hacer cuando cumpla diez, o veinte o te pregunte porque matas a esa gente? Neal no es como tu, no dejaré que lo conviertas en el monstruo en que te has convertido tu… No, no lo has hecho todavía y antes prefiero morir pos salvarle que dejarte hacerlo."
"¡Neal!"
Alguien agitó su cuerpo y abrió los ojos. Peter estaba sobre él, su mirada asustada, expectante incluso, le sostenía con fuerza y no hacía más que pronunciar su nombre.
"Neal."
"Peter, ¿Qué ha pasado?"
"Eso debería preguntarte yo a ti. ¿Se puede saber que haces vestido como si te fueras a marchar y aquí abajo? Nos has dado un susto terrible."
Con ayuda de su amigo, Neal se puso en pie o al menos lo intentó, pues todo lo que consiguió, fue quedar sentado en el suelo, apoyado contra la pared, respirando agitadamente y mirando a todas partes.
"Neal, ¿Dónde pensabas ir?" Elizabeth también estaba allí y tras ella Clary. "Sabes que esta es tu casa." Continuó diciendo Elizabeth con voz tranquilizadora. "Se que tienes miedo y que nos quieres proteger, pero no estás bien."
"Mi padre vendrá a mataros." Dijo por fin Neal, bajando la mirada avergonzado hasta el suelo. "No es la primera vez que lo hace y no parará hasta que me tiene donde quiere."
"Neal…"
"Peter lo digo en serio, tengo que marcharme, si me quedo aquí, lo único que voy a conseguir es poneros a todos vosotros en peligro y después de todo lo que habéis hecho por mi, es lo último que desearía. Ya he visto morir a demasiada gente por culpa de mi padre y su obsesión conmigo, no podría soportar que vosotros fuerais los siguientes."
"No habrá más."
"No conoces a mi padre."
Neal levantó la mirada hacia Peter, había tantas cosas que no sabía de él y su familia, no estaba seguro que le dejara que darse en su casa si conociera toda la historia. Su padre era un hombre terrible, como no había visto otro en toda su vida.
"No, pero te conozco a ti y se que no eres de los que se rinde fácilmente, que no se deja intimidar por nada y que lucha hasta el final." Neal sonrió, no comprendía cómo era posible que Peter lo tuviera en tal alta estima después de haber visto todo lo que había hecho en su vida. "Pero si de todas formas te quieres marchar, adelante, no seré yo quien te detenga, pero cuando te desplomes en medio de nuestra calle no me llames pidiéndome ayuda."
"Peter…" Protestó Clary desde atrás, el federal era un hombre y desde que lo conocía jamás había hablado así a Neal. Pero al ver la mirada comprensiva de Elizabeth sobre su marido lo entendió. "Neal, acabas de desmayarte, si eso te pasa en la calle, si estuvieras solo… Puede que no te lo creas pero me preocupas."
"Por eso tienes los informes sobre mi." Neal se puso en pie, aunque Peter tuvo que sostenerlo de nuevo al ver que su amigo se tambaleaba. "¿Dónde has sacado todo eso Clary? ¿Trabajas para mi padre?" Notó que la fiebre le subía rápidamente, excitarse no era nada bueno en su estado, pero tal y como estaban las cosas necesitaba respuestas. "¿Quién eres Clary?"
"Te lo puedo explicar."
"Pues hazlo o de lo contrario, le pediré a Peter que te investigue y averigue porque tienes toda esta información sobre mi y mi familia."
Clary se mordió el labio, creía tenerlo todo controlado, pero se había dormido sin darse cuenta, no había llegado a guardar todo el trabajo y ahora Neal le había descubierto.
"¿Quién eres?" Dijo Neal respirando con dificultad.
"Trabajo para tu hermana, me pidió que te encontrara y cuidara de ti."
