"Una Oportunidad para Cambiar"
Un fanfiction de Ranma ½ por Pia-san.
Advertencia:
Me imagino que si ya has llegado hasta este capítulo, la advertencia sobre la temática de la historia y lo que me demoro en publicar está de sobra. Lo que sí quiero intentar es publicar más seguido. Una difícil tarea, pero creo que puedo conseguirla si es que logro traducir y publicar secciones más cortas que las que he publicado originalmente en ingles. Espero que esto sea del agrado de los lectores. Pero tengan en cuenta que significara que quizá algunas secciones se lean algo más inconexas. Esperemos que el resultado no sea muy terrible.
Y a la lectura!
Capítulo Tres: De Chicos y Chicas – PARTE I. (Revisión 10 de Marzo del 2011)
Akane caminaba en silencio junto a su hermana mayor. Podía sentir la mirada de Kasumi sobre ella… su sonriente mirada. Akane estaba agradecida de que su hermana siempre hubiera sido sensible y atinada, lo que ahora significaba que se guardaría comentarios por lo menos hasta llegar al Dojo.
Además, y en mayor medida, se sentía decididamente estúpida por lo que acababa de ocurrir. Akane no podía entender qué había estado pensando, comportándose como lo había hecho. 'Casi como una actuación', pensó Akane, mientras alzaba el brazo para mirar la flor que Ranko le había entregado.
´Quizás Ranma la envió…´ La sola idea la sobresaltó, y del mismo modo que al recibir un susto a un ruido sorpresivo, por ejemplo, sintió un golpe de adrenalina que le acelero el corazón inesperadamente. No supo qué hacer con la sensación y el exceso de energía. Así que apuró el paso.
´Quizás Ranma la envió…´pensó de nuevo. Pero ahora su corazón se alivianó y se sintió más algo más tranquila, algo más feliz con lo que acababa de ocurrir. Tanto mejor, puesto que no había duda que el interrogatorio comenzaría muy brevemente.
Akane divisó las puertas del Dojo. Recorrieron la distancia restante en silencion. Durante todo el familiar proceso de abrir y cerrar la pesada estructura de madera, ninguna de las hermanas dijo una sola palabra. Los movimientos, que Akane podía hacer con los ojos cerrados, la calmaron aún más. Sin duda, en la vida había cosas mucho peores que conversar unos minutos con su hermana. Además, hacía bastante tiempo que no compartían de un momento de estos.
Akane se adelantó a su habitación, mientras la voz de Kasumi se arrastraba por el jardín.
"¡Papá! ¡Ya estamos en casa!"
Y como siempre, el único sonido a continuación del saludo, fueron los pasos de ambas sobre el empedrado mientras recorrían la distancia entre el pesado portón de madera y el corredor que rodeaba la casa.
Akane cambió el uniforme de la escuela por algo más cómodo, y se dirigió a la cocina en busca de Kasumi. Tenía que admitir que a estas alturas estaba anticipando el interrogatorio con algo de impaciencia. Explicar a su hermana las cosas que se le estaban pasando por la cabeza haría todo un poco más real. Eso le parecía muy atractivo. Y de nuevo podía sentir esos pequeños golpes de emoción inesperados. Pero Kasumi no estaba en la cocina. Akane cogió una manzana y salió a sentarse en el corredor, sus piernas colgando por el borde, con la idea de refrescarse hasta que Kasumi decidiera aparecer, y continuar con la casi siesta que había sido interrumpida en el parque.
El corredor estaba sombreado. Akane podía sentir en sus pies una tenue brisa fría que se movía por debajo del piso entablado, dando la sensación de frescura, porque aunque el alero la protegía de los fuertes rayos del sol, el aire estaba quieto y tibio alrededor suyo.
Sí. Continuar esa siesta sonaba de maravillas.
Akane suspiró y mordió la manzana.
Su mente se volcó a sus nuevas responsabilidades escolares. A las antiguas. Sintió una pereza indescriptible. Sus ojos se cerraron un poco. ¿Desde cuándo que se tomaba todo tan en serio? Le pareció que no estaba nada bien sentirse así de exhausta después de un día normal de clases.
Akane dio otro mordisco a la manzana, y se reclinó lentamente sobre sus antebrazos, no dispuesta aun a ceder la batalla contra la horizontalidad que la llamaba a gritos, pero definitivamente tentada con la idea. Estaba realmente perfecto para dormir…
"¡Akane-chan! ¿Por qué no me habías contado que tenías novio?" Kasumi preguntó dulcemente, mientras se arrodillaba con un vaso de jugo en cada mano.
Akane casi se ahogó con el pedazo de manzana que intentaba tragar, tanto por lo abrupto de la llegada de su hermana, como por la pregunta que acababa de hacer.
"¿Co-cómo dices?" Akane tartamudeó mientras sus mejillas elevaban su temperatura.
Kasumi rió de una manera que a Akane le pareció muy diferente de lo que estaba acostumbrada en su hermana.
"¡Oh!" Kasumi bromeó, "¿Tenía razón entonces?"
"Oneesan…" Akane murmuró algo mortificada.
"¿Qué?" preguntó Kasumi con un aire de inocencia absolutamente falso, "Entonces, ¿no es tu novio?"
"Claro que no, y lo sabes perfectamente…" dijo Akane, incorporándose una vez más y retomando su manzana.
Kasumi, que aún se encontraba arrodillada, dejó los vasos en el suelo e imitó a su hermana menor, sentándose al borde del corredor y dejando sus piernas caer hacia el jardín.
"Bueno… no es tu novio. ¿Quién era el chico?" preguntó Kasumi intentando sonar desinteresada. Akane podía sentir la curiosidad apenas contenida en su hermana. Ella era muy correcta, y no se atrevería a poner en una situación incómoda a nadie, ni mucho menos a intentar extraer información clasificada. Pero Akane tenía la sensación de que Kasumi estaba a punto de estallar por obtener algo más al respecto.
"Ni la mas remota…" Akane murmuró casi automáticamente, pensando al mismo tiempo lo cierto de lo que acababa de decir, y que aunque era una respuesta muy simple, se sentía a la vez algo ahogada por la profundidad de la ignorancia. Se sorprendió de lo mucho que ésto había influenciado su día hasta ahora.
Akane sonrió cuando Kasumi inhaló sorprendida.
"¿Amor a primera vista, entonces?" pregunto Kasumi.
Akane sintió sus ojos agrandarse mientras su mente, siempre practica, le rogaba que tomara conciencia de lo absurdo de la pregunta. Pero luego se sorprendió a sí misma al tomar el tono liviano de su hermana y hacerlo propio. Hasta tuvo que ahogar una risita.
"Quizás… ¿Quién sabe?" contestó.
Kasumi sonrió.
Estuvieron juntas en silencio. Akane se sentía realmente a gusto, y en paz consigo misma, que era una tremenda novedad. Kasumi parecía satisfecha con esperar a que Akane ofreciera algo más de información.
"¿Y?"
" Y, ¿qué?"
"¿De dónde es? ¿Lo conociste en el parque?" Kasumi estaba realmente emocionada.
"Pues… no. En verdad no lo conozco en lo absoluto…" Akane suspiró. "Nunca hemos hablado."
Akane vio algo en la mirada de Kasumi. Su hermana estaba intentando sacar conclusiones con la poca información que tenía.
"Entonces… ¿de dónde?"
Akane suspiró nuevamente, intentando encontrar la manera correcta de expresar las impresiones que habían estado ocupando su mente el día completo.
"Sólo es un chico de la escuela—"
"¡Qué bien!" la interrumpió Kasumi, "¡puedes verlo todos los días!"
"No por mucho tiempo", Akane añadió con un toque de decepción. "Está en su último año. Y la graduación es en un mes. Está bien, en verdad no me importa… es sólo que…" y su voz se apagó gradualmente mientras su mirada se desenfocaba hacia el jardín.
Akane podía sentir los ojos de su hermana, continuando su análisis. Se sintió momentáneamente incómoda. Porque ésta era la medula del asunto, después de todo.
"Es sólo que no creo…" Akane inhaló profundamente, "No creo que nunca haya habido… Creo que esta es la primera vez que me he sentido tan atraída a alguien…" Akane admitió.
Miró a su hermana mayor, que solo continuaba sonriendo. Akane sintió un tímido alivio, y continuó.
"Es ridículo, en verdad…" Akane sacudió un poco la cabeza, como queriendo reírse de sí misma. "En el recreo del almuerzo… estuvimos mirándonos durante un par de minutos. Nada más. Y ahora no puedo pensar en otra cosa… ¿Y sabes lo que es realmente extraño? Nunca lo había visto hasta esta mañana. No puedo explicármelo… porque es el tipo de persona que destaca en la multitud. Yuka y Sayuri sabían de sobra quien era, y que es muy popular entre las chicas de la escuela. Pero yo nunca lo había visto siquiera. Para mí, es como si… es como si se hubiera materializado del aire."
"Por lo que no sabes nada de él…" Kasumi murmuró como si se estuviera explicando la situación a sí misma.
"Casi nada. Se llama Ranma—"
"Saotome…" Kasumi murmuró de nuevo. Sus labios quedaron abiertos en la última sílaba. Akane vio como Kasumi se llevaba la mano a la boca con sorpresa, mientras sus ojos se agrandaban como platos.
Akane tuvo una reacción semejante. Además de sentir su corazón acelerarse una vez más. "¡Lo conoces!" exclamó Akane un poco ofuscada. Acto seguido se encogió de hombros, avergonzada del tono acusador de su voz.
"No—" Kasumi sacudió su cabeza, "No lo sé…" dijo algo angustiada. "En nombre solo apareció en mi mente". Kasumi se veía tan sorprendida como Akane se sentía.
Y luego toda la paz mental que había sentido hasta ese momento se esfumó. Porque entonces la atacaron las preguntas. ¿Cómo era posible que Kasumi supiera su nombre? ¿Era posible que lo conociera? Akane sintió un abrupto golpe de algo así como celos apretándole el pecho. Tenía que averiguarlo, lo que fuera que Kasumi supiera, porque de lo contrario… Y luego tomo algo de conciencia del giro de sus pensamientos, y se sintió avergonzada una vez más. Obviamente, no había ninguna necesidad de pensamientos tan agresivos, menos aún contra su hermana. Y por algo tan tonto, para rematar.
"Supongo que…" Kasumi murmuró, "debería conocerlo, ¿no?"
Akane asintió con la cabeza, pensando furiosamente.
Estuvieron sentadas en silencio, ambas ahogadas en sus propios pensamientos con la mirada perdida en las rocas del jardín, y los vasos de jugo aun llenos.
El cerebro de Akane seguía en la carrera por encontrar alguna respuesta. ¿Cómo era que Kasumi lo conocía? ¿Cómo? Peor aún, ¿cómo era posible que no lo recordara?
"No te preocupes, que ya lo recordaré" dijo Kasumi, como si hubiera escuchado lo que Akane estaba pensando.
"Gracias, oneesan."
Algunos minutos después, Kasumi había vuelto a la cocina para dejar a Akane sola con su cabezota.
¿Habría alguna diferencia si Kasumi conseguía recordar? Akane se vio forzada a admitir que seguramente no habría ninguna conexión relevante, porque Kasumi no lo había reconocido en lo absoluto. Y Ranma… Ranma tampoco parecía haber reaccionar como si hubiese conocido a Kasumi desde antes.
Y esta sola idea fue capaz de mellar el filo de sus pensamientos, dejándola una vez más con la curiosidad, y con lo que había estado sintiendo durante el día. Sólo que ahora… Akane se sintió liviana una vez más a pesar de su curiosidad. Ahora que lo estaba pensando con un poco más de calma, había la posibilidad de que estuviera conectada a Ranma de alguna forma, y la sola idea era como un bálsamo para sus nervios.
Luego recordó el vaso de jugo que su hermana le había traído, y entretuvo pensamientos inútiles y fantasiosos hasta que lo hubo vaciado.
Finalmente, sus responsabilidades comenzaron a llamarla, y decidida a hacerse cargo, como era su costumbre, se dirigió a su habitación y se sentó frente al escritorio. A excepción de su cabeza, todo seguía exactamente igual.
Abrió una libreta de apuntes en una hoja en blanco. La miró por algunos minutos, y comenzó a escribir. Venta de comidas, anuncios y pancartas… ¿competencias deportivas? Una feria… Concursos. Un montón de concursos. ¿Competencias para construir los puestos de la feria? Así no tendría que preocuparse por conseguir ayudantes.
Después de algunos minutos, había sido capaz de apuntar una lista de ideas azarosas más larga y relevante que lo que habían conseguido en dos horas de reuniones con el comité organizador. Akane sonrió. Esta guerra puertas adentro iba a ser toda suya, después de todo.
La tarde avanzaba. Afuera, la temperatura ya no era tan alta como lo había sido hacía unas horas. Una suave brisa comenzaba a soplar por la ventana abierta, meciendo a su paso las pálidas cortinas que se encontraban casi completamente cerradas para evitar que los rayos de sol cayeran directamente sobre los papeles en el escritorio. A esta hora del día podía ser algo molesto. Pero la luz aún se las arreglaba para inundar la habitación, y el movimiento de las cortinas permitía uno que otro rayo pasar ocasionalmente, cayendo sobre la superficie de su escritorio, y calentándole el rostro. Akane se encontró ausentemente contemplando el constante vaivén de las cortinas. Y una vez más se sintió algo atontada, somnolienta, ligeramente hipnotizada.
Algunos minutos después, consciente de que no estaba haciendo nada de nada, Akane observó su cuarto, su cómoda cama en estilo occidental, los muebles, lo ordenado que estaba todo.
Sus pies se movilizaron antes de que pudiera notarlo. Caminó hacia el centro de su cuarto y se arrodilló lentamente, su vista aún clavada sobre la brillantez producida por el juego de las cortinas y la brisa en su ventana.
'¿Qué me pasa?' se preguntó perezosamente mientras su cuerpo continuaba su movimiento hasta estar de bruces en el suelo, sus brazos y piernas extendidos bajo los anaranjados rayos del sol que conseguían entrar en su habitación.
"Mmmm…" murmuró cerrando los ojos. Somnolienta otra vez.
En efecto, el día había acarreado muchas emociones para ella. Y ya había estado tentada de dormir una siesta varias veces. Quizás se encontraba verdaderamente cansada. Física y emocionalmente.
Akane miró el cielo de su habitación, luego las cortinas, volvió la cabeza otro poco hasta que su vista cayó sobre sus pesas, medio escondidas bajo su cama.
´Debería estar entrenando con más ganas…´
En el último tiempo había dejado que la escuela tomara control total de su vida. Ni siquiera sus amigas eran ya tan importantes como sus tareas. Aunque seguían ahí, poco a poco había comenzado a compartir con ellas cada vez menos. Su excusa eran siempre los estudios. No es que estuviera mintiéndoles, pero era verdad que se sentía con un peso tan grande encima que prefería dedicar la mayor cantidad de tiempo posible a sus quehaceres escolares. Su entrenamiento había sufrido del mismo modo. Aún se mantenía en forma. Salía a correr con alguna frecuencia, pero ya no meditaba, y casi no hacía uso del Dojo. Hasta ahora, no lo había notado.
Había sido su padre que la había introducido a las artes marciales, casi antes de que pudiera caminar. Y Akane había amado cada minuto. Durante mucho tiempo, las artes habían sido su vida. Era una lucha contra nadie más que ella misma, volviéndose más fuerte y yendo más allá de sus propias limitaciones. Si hubiera mantenido el ritmo con el que se había iniciado, posiblemente a estas alturas hubiera podido estar cerca de alcanzar a su padre en habilidades, y en camino a derrotarlo para hacerse del título de maestra del Dojo.
Pero luego su madre había fallecido, y papá había dejado de ser el hombre que era. Y conforme los restantes miembros de la familia se desconectaban, a Akane se le había hecho cada vez más difícil mantener el interés. Todos estaban encerrándose en sí mismos, especialmente papá, de quien Akane siempre había esperado aprobación por sus logros. Ahora no era más que un alma atormentaba que se deslizaba silencioso por la residencia Tendo.
La medula del asunto era que cada vez que pensaba en aquellos días, Akane podía llegar a una sola conclusión, y es que siempre había amado las artes. Aún ahora, todavía esperaba convertirse en maestra de la escuela Tendo, y quizá algún día reabrir el Dojo y recibir estudiantes.
Hoy mismo retomaría con su entrenamiento como correspondía. Y se preocuparía más de sus amistades. Si era tan responsable, seguro que si se lo proponía, podría también incluir todo lo otro y balancear algo el asunto.
Si bien en algún momento había soñado con ser la mejor, por ahora sería suficiente con retomar el nivel de destreza que alguna vez había alcanzado para poder valérselas por sí misma, y continuar entornando. Necesitaba ser lo suficientemente hábil… Algo así como… como Ranma. Cómo ella lo había visto hoy en el parque.
´Ran-ma…´pensó Akane por millonésima vez ese día.
Y comenzó a soñar despierta.
Akane cerró los ojos e inspiró profundamente. Se concentró una vez más en los eventos del día; el recreo de almuerzo, y su breve encuentro en el parque.
No necesito esforzarse demasiado para recordar cada detalle, como por ejemplo el brillo de la luz, o si había sentido viento en el rostro o no. Quería… no. Necesitaba revivir las emociones casi desesperadamente; cómo se había acelerado su corazón, lo apretado que se había sentido su pecho, lo rápido que su sangre había subido a sus mejillas, quería recordar la adrenalina que había sentido…
Akane sonrió.
Había pasado bastante tiempo desde que alguien la hubiera hecho sentir algo parecido. No había sido exactamente lo mismo. Mmm.. o en verdad, no era tanto tiempo. Pero como había intentado enterrar esos recuerdos y no pensar en ellos… Hasta hace algún tiempo, pensar en Tatewaki le había generado angustia. Pero ahora… Era curioso. Pensar en su nombre no le generó el sobresalto desagradable.
Tatewaki Kuno era el hijo del director de la escuela. Él había sido gentil con ella, convenciéndola de que se dejara llevar, de que se abriera a él cuando ella más había necesitado la atención. Ahora Akane creía que parte de eso había sido su propio ego. Ella estaba comenzando primer año, y Tatewaki estaba a menos de un año de salir. Hasta ahora, esa había sido su única relación seria.
Aunque tampoco es que se le hubiera podido llamar 'relación'.
Había durado poco. No paso mucho tiempo antes de que Kuno comenzara a mostrar su verdadera personalidad, aquella por la que era mejor conocido, y toda la basura que había llegado con eso. Al final había sido bastante más problemático y doloroso que cualquier otra cosa. Y como resultado, Akane había terminado alejándose un poquito más de su familia y amigos. Y atemorizada de volver a verse involucrada en cualquier tipo de relación. Y entonces la escuela se había vuelto su vida entera. Hasta su entrenamiento había quedado abandonado.
Por lo menos, toda esta experiencia le había dado una clara idea de lo que definitivamente no quería. Tatewaki había sido extremadamente idealista, hasta el punto de simplemente negarse a averiguar si existía alguna conexión entre Akane, y las fantasías de la persona que ella era.
Akane suspiró.
Y antes que Kuno… el chico molestoso ese de su infancia. No es que pudiera contar eso como relación tampoco. No es que lo recordara con mucha claridad, pero el único motivo por el que podía contar como una relación de algún tipo, era porque sus juegos habitualmente giraban en torno estar casados, como practica, para cuando de verdad se casaran. Porque, oh si, estaban 'comprometidos', y ese tipo de compromisos no se podía llevar a la ligera. No importaba que fuera un juego, había que tomárselo en serio. Era un recuerdo gastado, de contornos borrosos, pero Akane lo desenterraba de vez en cuando, porque ahora podía ver que incluso en ese entonces, su personalidad ya había comenzado a parecerse bastante a lo que era ahora. Cada vez que había tenido la tentación en sentir lástima de sí misma, esto le recordaba que no había nada que hacer al respecto, porque ella sencillamente era como era.
Jugar a estar casados. Sabía que el juego siempre había comenzado bien, pero lo que recordaba eran las peleas, y una sensación de frustración, porque ella no quería hacer lo que una esposa se supone que tenía que hacer, y quedarse en casa. En vez, ella siempre prefería ir con él a hacer cosas de hombres. Aún entonces Akane ya había sido muy independiente, y capaz de ganarle la pelea a cualquiera de su edad, incluso mayor. Y finalmente nunca la había pasado bien con ese juego. ¿Qué acaso ella no podía hacer las mismas cosas que él? Y por respuesta, el se burlaba de ella. Había sido bastante cruel, ahora que lo pensaba. Pero Akane siempre había estado tan molesta por no poder hacer lo que quería que nunca había notado los insultos. Qué relación más sana, ¿no?
Akane también recordaba que el chico ese siempre se salía con la suya. Ahora tenía la impresión que debía ser el hijo menos de una pareja mayor, considerando lo mal que se comportaba. Aunque era encantador con las chicas mayores. Cualquier chica mayor, como colegialas, madres o tías. Hasta el día de hoy, Akane no había podido entender cómo lo hacía. Obviamente, tenía algo. Y parecía haberlo sabido a la perfección. Que chico más latoso… No podía dejar de preguntarse cómo era posible que su madre la hubiera dejado jugar con él.
Y un día había dejado de estar. Akane lo había olvidado rápidamente, y lo recordaba de vez en cuando, por la sencilla razón de que era casi como una personificación de lo que Akane siempre había creído que la gente veía en ella. Aun ahora. De opinión clara, de temperamento corto, violenta. Ninguna de éstas cualidades predilectas para una joven japonesa.
Y ahí acababa el conteo.
Akane parpadeó. Había estado tumbada bastante rato. Se levantó apoyada en los codos y miró a su alrededor nuevamente. Las cortinas habían dejado de moverse, e inmediatamente se había sentido un poco ahogada por la humedad y el calor del molesto verano de Tokyo. Daba igual que ya casi fuera hora de cenar, el calor sencillamente no cesaba. El cielo comenzaba a teñirse de azules y rojos anaranjados.
Suspirando una vez más, se incorporó y se acercó al escritorio, tomó la libreta y volvió a su cama. Tendida de estomago mientras hojeaba sus anotaciones, levanto el auricular del teléfono y comenzó a marcar.
OOOOO
Chop chop chop.
El habitual sonido del cuchillo contra la tabla de madera servía para calmar sus nervios.
Kasumi no era una persona habitualmente nerviosa. Pero el día de hoy había sido muy emocionante, y no podía evitar sentirse algo ansiosa.
Chop chop chop.
Por una parte, era maravilloso que Akane hubiera por fin comenzado a pensar en algo más que en la escuela. Había llevado prácticamente toda una vida negando su corazón. No sólo eso, sino que además no había habido ningún tipo de reacción extrema ante la sugerencia de que quizás Akane se había enamorado a primera vista. Aunque hubiera sido sólo una broma. Y la expresión en su rostro… había sido casi… soñadora.
Kasumi sonrió.
Chop chop chop.
Y eso era precisamente lo que tenia ansiosa a Kasumi. Akane nunca había hecho nada a medias. Y si ahora estaba decidiendo por fin dejarse llevar y exponerse, pues eso solo significaba que si algo salía mal tenía tantas más posibilidades de salir herida. Y este chico… ¿Cómo…?
Un sonido metálico sacó a Kasumi de sus pensamientos. Se demoro medio segundo en notar que había sido ella misma quien había dejado el cuchillo caer sin ninguna ceremonia sobra el mesón en el que trabajaba.
Sus ojos muy abiertos se desenfocaron, fijos en el muro frente a ella y en nada a la vez.
'Saotome…' murmuró una vez más.
Era algo importante, lo sabía. La tenia inquieta. Pero por más que lo intentaba, su mente seguía en blanco.
OOOOO
CONTINUARÁ!
Pronto: y que pensó Ranma de todo esto?
Notas:
Como había mencionado antes, para poder publicar más a menudo, voy a partir los capítulos en pedazos más pequeños. Esto es más o menos un tercio del capítulo, para que se hagan una idea. Puede que por eso se lea algo desconectado, como que falta algo. Es que si, le falta :) Espero que hayan disfrutado. Y dejen sus comentarios ;) Es lamentablemente cierto que cuando se alimenta el ego, pues me dan más ganas de publicar :P
