CAPÍTULO 02

Un chofer los llevaba hacia el hotel. Al instante de subir al coche, Bella se había puesto nerviosa porque el accidente aun estaba muy reciente en su cabezaNo obstante, aún tenía manos apretadas bajo los muslos y un ligero sudor le había cubierto la frente. El silencio los envolvía dentro del lujoso vehículo y ella podía sentir el calor que desprendía el cuerpo de Edward, pero no lo miró. No podía hacerlo. Aunque, por alguna razón que no podía entender, estar a su lado la hacía sentirse bien. A medida que el coche avanzaba entre el tráfico, su miedo se iba disipando. Se sentía segura.

Cuando el coche se detuvo ante la puerta de un exclusivo pero discreto hotel, ese detalle se sumó al halo de misterio de Edward porque se habría esperado que estuviera alojado en un lugar más ostentoso. Ese hotel era conocido por proteger la privacidad de sus famosos y poderosos clientes.

Edward bajó del coche y le tendió la mano a Bella, que después de cerrar los ojos y respirar hondo, la aceptó. La llevó hasta el vestíbulo, donde el conserje lo saludó en italiano. Cuando subieron al ascensor seguían sin dirigirse palabra; ni siquiera hubo un intercambio de miradas.

Cuando se abrieron las puertas, se adentraron en un lujoso pasillo con una única puerta al fondo. Edward abrió la puerta de su suite y Bella lo siguió hasta dentro, con los ojos abiertos como platos ante la espléndida habitación disertada como una biblioteca victoriana.

Él le había soltado la mano para quitarse el abrigo y la chaqueta y se dirigió hacia la mesa sobre la que había distintos tipos de bebidas. Al verlo de espaldas, con ese corte de pelo que tanto le favorecía gracias a una forma de cabeza perfecta, volvió a temblar y no pudo creerse que de verdad estuviera allí.

—¿Te apetece una copa?

Negó con la cabeza y vio a Edward servirse algo oscuro y dorado que se bebió de un trago antes de dejar el vaso sobre la mesa.

Se volvió para mirarla y el corazón de Bella se aceleró. Sin haberlo tocado siquiera, se sentía como si conociera a ese hombre, como si ya hubiera estado con él... lo cual era una locura.

—Ven aquí.

Bella estaba muy nerviosa tenia ganas de estar con Edward pero algo la decia que tenia que irse de esa habitación…..

Edward recorrió el espacio que los separaba y le quitó el abrigo, que cayó al suelo. Ella lo miró a los ojos y lo que vio en ellos casi la derritió. Eran de un verde oliva y brillante y la miraban con intensidad. Sintió deseo, sintió pasión. Un torbellino de sensualidad inexplorada se había apoderado de ella y estaba lanzándola a ese nuevo mundo,

—Edward, yo...

—Shh —le puso un dedo en los labios para hacerla callar, y en el fondo ella lo agradeció porque no estaba segura de lo que iba a decir. Por alguna razón, esa noche estaba marcada por una enigmática y silenciosa comunicación.

Él alzó las manos y rodeó con ellas el rostro de Bella, mientras enredaba los dedos en los sedosos mechones de su cabello. Se acercó más todavía y sus cuerpos se rozaron. Agachó la cabeza y ella cerró los ojos, incapaz de seguir manteniéndolos abiertos. El primer roce de los labios de Edward fue fugaz. Bella comenzó a respirar de forma entrecortada e, instintivamente, alargó los brazos para agarrarlo por la cintura. Él le echó la cabeza atrás con delicadeza y ella abrió los ojos para mirar directamente a esos dos pozos dorados moteados de verde.

Tras un largo momento, él volvió a bajar la cabeza, pero en lugar de besarla donde ella más lo deseaba, en la boca, rozó con sus labios la delicada piel de sus sienes, de sus mejillas y más abajo, hasta donde el pulso latía aceleradamente bajo la piel de su cuello, que también saboreó.

- Edward…. para …. No estoy segura de querer seguir , estoy bastante nerviosa

- Bella no vamos hacer nada que tu no quieras

Los ojos de Edward la beso tal y como ella deseaba, posó una mano sobre su trasero y la llevó contra sí, haciéndole notar su excitación. En ese momento ella se olvidó de los besos y todo su deseo se concentró más al sur, en el centro de sus ingles.

Deslizó las manos a lo largo de la espalda de Edward y pudo sentir los músculos que se movían bajo la seda de su camisa. Con impaciencia comprobó que deseaba sentir su piel y comenzó a sacarle la camisa de entre los pantalones, gimiendo suavemente cuando sus manos entraron en contacto con su cálida y suave espalda.

Edward le echó atrás la cabeza para dejar al descubierto su cuello y volver a cubrirlo con la boca. La respiración de Bella era acelerada mientras él la movía las caderas instintivamente contra su cuerpo. Él se apartó y la miró con un fiero brillo en los ojos.

—Eres una hechicera.

—No. simplemente soy Bella...

Los ojos de Edward se iluminaron con algo que ella no pudo descifrar, y él apretó la mandíbula. Se movió ligeramente, haciéndole sentir su poderosa erección. Al instante, la tomó en brazos y la llevó al dormitorio, igualmente suntuoso, con una gran cama con cuatro postes y cuya colcha estaba retirada, como invitándolos a entrar en ella.

La dejó en el suelo y temblando, ella se quitó los zapatos; sus dedos se encogieron sobre la gruesa alfombra. Cuando después de apartar los cojines, él se giró para mirarla. Cara vio deseo en sus ojos y entonces supo que no podía echarse atrás. Era el destino. Estaba destinada a estar con ese hombre y estaba tan segura de ello que no lo dudó ni por un instante.

—Es un vestido jersey.

Él la giró hacia él, con un cómico gesto de impaciencia.

—¿Un qué?

Bella no pudo responder. Simplemente bajó las manos hasta el dobladillo de su vestido y lo fue subiendo, por sus muslos y caderas, por su cintura y su pecho, hasta que lo vio todo oscuro y supo que él estaba contemplando su cuerpo. No podía ver su reacción, pero la sentía en el aire.

Finalmente se sacó el vestido por la cabeza y, mientras lo apartaba, sintió su cabello cayéndole sobre la espalda. No podía mirar a Edward, la timidez se lo impedía. Por otro lado, era consciente de que la ropa interior que llevaba debía de resultar muy aburrida en comparación con el encaje y la seda que suponía que llevarían las mujeres con las que estaba acostumbrado a estar. Lo suyo eran sencillas prendas de algodón blanco y, si no recordaba mal, ésas en particular eran tan viejas que tenían un agujero en la costura. De pronto sintió pánico; tenía los pechos demasiado pequeños y las caderas demasiado estrechas. Su hermano siempre le había dicho con sorna que tenía figura de chico.

Con la cabeza agachada, se cubrió el pecho con los brazos e inmediatamente sintió calor cuando Enzo fue hacia ella y se los bajó. Se sentía ridícula y no quería tener que ver desprecio en sus ojos ante ese cuerpo nada femenino.

Él le levantó la barbilla con un dedo, pero ella seguía con los ojos cerrados.

—Bella...

De nuevo su voz y su sensual acento la hicieron derretirse por dentro. Con reticencia. Cara abrió los ojos y ladeó la cabeza en un inconsciente gesto de dignidad antes de mirarlo a los ojos. La mirada que se encontró fue oscura, profunda y ardiente. Muy ardiente.

—Pero yo... no...

—¿No qué? —le preguntó él al recorrerle el cuerpo con la mirada fijándose en cada curva, en sus altos y firmes pechos y en sus tersos pezones que se clavaban contra el algodón del sujetador.

Cara sintió deseo al ver que no La estaba mirando con rechazo.

—Creí... creí que no me encontrarías...

—¿Atractiva?

Con gran elegancia, Edward se quitó los pantalones. También se despojó de los zapatos y de los calcetines, revelando así unos pies grandes y bronceados. Tenía unas piernas largas y musculadas, las piernas de un atleta. Su mirada finalmente se detuvo en esa parte de él que seguía oculta bajo sus calzoncillos, que se tensaban con la erección que cubrían. Con la boca seca y una libido cada vez más intensa, lo vio desprenderse de ellos liberando lo que para Bella era una impresionante erección.

Él la llevó hacia sí, hasta que quedaron muslo con muslo, pecho con pecho.

Volvió a enredar las manos entre sus largos mechones de pelo mientras ella le besaba el cuello. Tenía un sabor salado y su pecho era como un enorme muro de acero.

Edward deslizó su miembro entre sus piernas. La tela de las braguitas resultó ser una deliciosa tortura y Bella comenzó a mover las caderas impacientemente, en busca de una conexión más intensa, deseando encontrarse con él piel contra piel. Deseando tenerlo dentro de ella. Sabía que deseaba todo eso, a pesar de no haberlo experimentado nunca antes.

Edward se sentó en la cama, frente a ella, y la llevó hacia sí. Bella pudo sentir cómo le desabrochaba el sujetador, que cayó para dejar al descubierto sus pechos y unos pezones que se endurecieron más todavía ante su mirada.

Le cubrió un pecho con la mano; una mano grande y bronceada contra una piel pálida y cubierta de pecas. La acercó más y ella tuvo que agarrarse a sus hombros. No estaba preparada para lo que vino a continuación, cuando él cubrió con su ardiente boca uno de sus pezones. Bella contuvo un gemido y respiró entrecortadamente sin dejar de aferrarse a sus hombros.

Entre sus piernas podía sentir su erección e instintivamente las cerró ligeramente, atrapándola. Él apartó la boca de su pecho.

—Hechicera —repitió.

Como si le leyera el pensamiento, Enzo comenzó a quitarle las braguitas, pero ella, movida por una repentina timidez, lo detuvo. ¿Y si lo que estaba sintiendo no era normal? Sin embargo, y con una sorprendente delicadeza, él terminó de desnudarla.

Estaba completamente desnuda. Expuesta.. Los dos respiraban entrecortadamente y su piel ya empezaba a brillar con una ligera capa de sudor.

Cuando notó la otra mano de Edward entre sus piernas, se le cortó la respiración—Dio. Eres increíblemente receptiva...

Cara echó la cabeza hacia atrás y, con una desinhibición que no pudo controlar,

Levantó la cabeza y lo miró, verdaderamente perpleja ante todas esas sensaciones que parecían concentrarse alrededor de su vientre y entre sus piernas. Sus movimientos se volvieron más instintivos, más desesperados. Perdió el control de su propio cuerpo. Estaba literalmente en sus manos.

Se agarró a sus hombros y después, de pronto, quedó suspendida a una altura que desconocía que existiera. Con un solo movimiento del pulgar de Edward contra ella, cayó en un cúmulo de sensaciones espasmódicas mientras todo su cuerpo se tensaba. El placer resultó tan exquisito que no pudo creer que hubiera esperado tanto tiempo para experimentarlo.

Ligeramente adormecida, le vio abrir un pequeño paquete plateado y sacare! preservativo que desenrolló a lo largo de su erección. Agradeció que no hubiera olvidado ese detalle porque eso era lo último en lo que ella habría pensado en ese momento y sabía que el hecho de no haber tenido protección no habría logrado echarla atrás en ese momento. No, cuando ya apenas podía recordar quién era.

Cuando él se tumbó a su lado, Cara sintió un deseo aún mayor recorriéndola y volviendo a despertar su cuerpo. Hacía un instante, se habría quedado dormida, pero ahora el deseo volvía a tomar forma y con más insistencia que antes. De algún modo sabía que lo que había experimentado no sería nada comparado con lo que estaba a punto de experimentar, pero... ¿podría soportar un placer más intenso?

Abrió los ojos de par en par cuando él deslizó una mano sobre su cuerpo, sobre sus curvas y sobre las cumbres de sus pechos, antes de bajar la cabeza y cubrir con su boca uno de sus pezones. Cara gimió y le sujetó la cabeza contra sus pechos con un movimiento desesperado. Él movió su cuerpo hasta quedar entre sus piernas.

—Paciencia... —le dijo al alzarle las caderas y apartarle las piernas con unos poderosos muslos. Cara pudo sentir su pene contra los todavía resbaladizos y sensibles pliegues de su sexo. —Dime cuánto deseas esto — le pidió Enzo con cierta brusquedad haciendo que la excitación de Cara se disparara.

—Como no he deseado nada nunca —respondió. En ese momento supo que estaba allí porque sentía mucho más que una simple conexión física con ese hombre,

—Dime que lo necesitas —le dijo, y con un diminuto y sutil movimiento Cara lo sintió deslizarse en su interior.

—Oh... —Él se adentró un poco más.

—Dímelo —le pidió con la voz entrecortada.

Obedeciendo а sus instintos más primarios, Cara alzó las caderas ayudándolo a deslizarse más adentro,

—Necesito esto. Te necesito a ti.

Con un intenso gemido de masculina satisfacción, Enzo sujetó las caderas de Cara antes de tomar uno de sus pezones en su boca mientras se movía dentro de ella. Cara gritó, incapaz de contenerse. Había oído historias sobre el dolor de la primera vez, y podia afirmar con total seguridad que eran ciertas le dolio mucho! Edward se retiró levemente. —¿Te he hecho daño?

Ella negó con la cabeza enérgicamente. ( aguantandose las ganas de llorar no queria mostrarse vulnerable )

—No... Nunca había sentido algo así.

Edward la agarró con fuerza de las caderas y volvió a adentrarse en ella, con más fuerza esta vez.

El peso de Edward sobre su cuerpo resultaba delicioso. Tenía las piernas alrededor de él, y los brazos alrededor de su cuello. No quería soltarlo. Su conexión era tan intensa que resultaba abrumadora. Sus corazones palpitaban a la vez contra sus pechos.

Tras unos largos momentos, Edward se apartó y, abrazados, se quedaron tumbados el uno frente al otro. Por primera vez en mucho tiempo. Bella se sintió en paz. Como si hubiera regresado a su hogar después de un largo y arduo viaje.

Edward volvió a la realidad con una dolorosa claridad. Podía sentir el seductor cuerpo que se aferraba a él, sentir su brazo rodeándola de un modo tan posesivo.

Había perdido el control y todo se le había ido de las manos. Desde el momento en que la había visto en el bar y había mirado esos enormes y misteriosos ojos cafe, todo había cambiado. No había contado con que sólo con verla la deseara como nunca antes había deseado a nadie. Resultaba vergonzoso y esa vergüenza lo consumía.

Bella lo había embelesado; ese rostro exquisitamente claro, parecia tan joven e inocente, pero Edward sabia que eso no era cierto el queria venganza

Con cuidado de no despertarla, se apartó de su lado y forzó a su mente a olvidar lo que había sucedido, a olvidar el hecho de que había ido demasiado lejos.

Se recordó que ya la había visto en acción antes de siquiera conocerla, tirada sobre la barra del bar. Estaba claro que era una consumada seductora bajo una máscara de inocencia. Por un momento había tenido la ridícula sensación de que tal vez era virgen, pero ella pronto había deshecho esa posibilidad al mostrarse tan receptiva, al tomarlo con una confianza que sólo podía ser fruto de la experiencia. No tenía más que ver la rapidez con la que se había dejado tender en la cama, con esa actitud disertada para excitar a un hombre. Seguro que era la tipica chica del bar que se acostaba con todos los hombres .

Al sentarse en el borde de la cama, antes de levantarse, admitió que se habían unido de un modo tan apasionado que no recordaba la última vez que había experimentado eso... si es que lo había hecho alguna vez. Fue hacia el bailo, furioso consigo mismo por lo que acababa de hacer. Sin embargo, pensó que tal vez ésa podría ser la más dulce de las venganzas, porque Bella se había ido a la cama con él sin saber quién era y, sin duda, con la esperanza de que él mantuviera su exorbitante estilo de vida ahora que su hermano se había ido.

Se dijo que la había invitado a acompañarlo al hotel sólo para probarla y no porque la hubiera deseado con unas ganas que rozaban la desesperación. Pero no se dejaría engaitar; de bien pequeño había aprendido la lección sobre lo manipuladoras que podían ser las mujeres. Su propia madre se lo había enseñado. Las mujeres sólo se preocupaban de sí mismas y Bella Swan estaba haciendo exactamente eso... buscando a un hombre que la mantuviera...

Su hermano había seducido a su hermana con la intención do despojarla do su fortuna y luego abandonarla y ahora Edward le haría a Bella algo similar.

Ya no se sentía culpable, enterró en lo más profundo de su ser toda clase de emociones y se convenció de que lo único que había hecho había sido aprovecharse de ella para obtener un intenso placer físico. Y eso no tenía nada de malo. Bella era una mujer bella y bien versada en la vida. Estaba adelantada a su edad y sin duda poseía una astucia de la que su hermana siempre había carecido. Rosalie había sido una presa fácil para alguien tan despiadado y corrupto como Emmet Swan.

Ahora lo que haría sería asegurarse de causarle el mayor dallo posible. Eso era mucho mejor que intentar hacerle admitir su culpa. Podría detestar fácilmente a una mujer que se acostaba con un completo desconocido la noche después del entierro de su propio hermano.

Entró en la ducha y, al salir, se vistió y esperó a que Bella se despertase.

Dejarme vuestra opinion para saber si lo estoy haciendo bien !

un beso muy grande !