CAPÍTULO 05

Se había armado un gran revuelo en el vestíbulo, donde los empleados del hotel intentaban echar a los fotógrafos. Bella estaba equivocada si pensaba que podía amenazarlo con lo del embarazo . Pero, por otro lado, las fantásticas revelaciones... el hecho de que hubiera sido virgen aquella noche, el hecho de que no se hubiera acostado con el amigo de su hermano... era algo que no podía sacarse de la cabeza, ¿Era posible? Que estuviera diciendo la verdad y el se hubiese comportado como un idiota ….

Justo en ese momento, oyó tras él la puerta giratoria y sintió una mano dándole una palmadita en la espalda. Se giró para ver allí a su amigo.

—Alice está intentando controlar las habladurías ahí dentro. ¿Te importaría decirme quién era esa chica y por qué se ha armado todo este revuelo con la prensa?

Edward negó con la cabeza. Por mucho que admiraba y respetaba a su amigo, no podía articular palabra.

—Una advertencia, amigo mío —le susurró Jasper , - Desde el momento en que vi a Alice, ella puso mi mundo patas arriba.

—Créeme, Esto no se parece en nada a la relación que tenéis Alice y tú.

Mientras Edward se disponía a volver a entrar en el hotel, sintió de nuevo esa extraña sensación en el pecho... aunque esta vez estaba seguro de que se quedaría ahí dentro por mucho tiempo.

La tarde siguiente, Bella regresaba a su casa después de otra infructuosa jomada buscando trabajo. Esa mañana se había levantado con unas náuseas peores de lo habitual, sin duda como resultado de la estupidez que había cometido la noche anterior. Había estado nerviosa todo el día, esperando que Edward apareciera en cualquier parte y la estrangulara. Estaba asustada , se arrepentia de haber aparecido en la fiesta en la que se encontraba Edward tenia que haber seguido adelante ella sola .

Y cuando llegó a su apartamento se le erizó el vello de la nuca al encontrarse la puerta ligeramente abierta. En ese momento supo que preferiría toparse con un ladrón antes que tener que enfrentarse a la persona que sabía que estaba esperándola. Y también sabía que de nada le serviría salir corriendo. Con el corazón latiéndole a mil por hora, empujó la puerta.

Edward estaba junto al sofá. Llevaba unos pantalones vaqueros oscuros que se aferraban a sus poderosos muslos y un polo oscuro y una chaqueta de cuero marrón que lo hacía parecer diabólico e impresionantemente guapo. No pudo hablar al detenerse en el umbral de la puerta. Ni siquiera se molestó en preguntarle cómo había entrado.

Sin dejar de mirarla, él sacó un pedazo de papel y le preguntó:

—¿Por qué te está chantajeando James el amigo de tu hermano?

—¿Cómo te atreves a fisgonear entre mis cosas privadas? —aterrorizada, se acercó para quitarle la carta, pero Edward la agarró fuertemente del brazo y apartó la carta.

—¿Por qué te está chantajeando James Mortimer? —repitió con dureza.

—Porque no me acosté con él — intentó soltarse, pero él no se lo permitió. —Pagó las deudas de Emmet sin que yo lo supiera y esperaba que le mostrara mi gratitud... —tragó saliva— convirtiéndome en su amante —se estremeció al recordar cómo había intentado forzarla.

Edward… te estoy diciendo la verdad por favor créeme dijo con las lagrimas acumuladas en sus ojos que se esforzaban por salir

Edward seguía agarrándola del brazo hasta que se dio cuenta que en sus palidos brazos se empezaban a quedar las marcas

- Edward por favor sueltame me haces daño… decia Bella llorando

—Está amenazándome con hacerme pagar la deuda si no cambio de opinión.

—Pero debía de estar muy seguro de cuál iba a ser tu respuesta si pagó la deuda por adelantado .

Bella se sintió dolida por el comentario. Lo cierto era que James era un engreido arrogante que tenía una noción exagerada de su atractivo. Como confidente de Emmet, sabía lo vulnerable que era ella y había dado por hecho que Bella se iría con él si le solucionaba el tema de las deudas. Al ver que no fue así, se volvió desagradable instantáneamente intentando violarla .

—Bueno, pues no recibió la respuesta que esperaba.

—¿Te hizo daño? —le preguntó Edward volviendo a apretarle el brazo con más fuerza.

Bella contuvo el aliento mientras recordaba lo aterrorizada que había estado aquel día al ver a James acercándose más y más a ella, al intentar calmarlo, al buscar una forma de escapar de él...hasta que no pudo mas y se vio acorralada entre la pared y el intentando besarla pero se despejo de esos recuerdos.

—No... el... el conserje apareció en la puerta y pude librarme de él mientras James estaba intentando abusar de mi . Edward se que piensas que soy lo pero pero no es cierto todo lo que me dices. Yo de ti no quiero nada solo que supieras que estoy esperando un hijo tuyo.

Edward miró a Bella y, para su sorpresa, no tuvo duda de que el terror que veía en el rostro de la joven era real, Creía en ella, y eso era porque finalmente había tenido que admitir que también la creyó la noche anterior cuando le dijo que era virgen el día que se conocieron. Las señales que había ignorado aquella noche eran algo que no se podía negar.

Pero entonces, ¿por qué Bella había aceptado lo que James le había dado? ¿Y qué hacía en el club aquella noche? Seguramente estaba buscando un pez más gordo al que engatusar y él, como un tonto, había mordido el anzuelo...

Bella estaba temblando, el modo en que su cuerpo había reaccionado al ver a Edward resultaba perturbador. Finalmente logró soltarse y dio un paso atrás. Retrocediendo hasta quedarse pegada en la pared con los brazos alrededor de su cuerpo como intentando protegerse de algo.

—Y antes de que me acuses de eso, tengo que decirte que yo no tuve nada que ver con el circo mediático que se organizó anoche en el hotel.

Edward enarcó una ceja con gesto de incredulidad y dio un paso al frente, ante lo que ella respondió dando un paso más atrás.

—Lo siento, pero no me lo creo. Tú lo orquestaste todo porque ahora has encontrado el modo de reclamar tu gran premio. Después de todo, si Rosalie se hubiera casado con tu hermano, su herencia era sólo una parte de lo que yo tengo. Eres una chica lista. Debes de haberte felicitado por haber logrado reservar tu virginidad para el mejor postor... ¿o es simplemente que James no te gustaba físicamente? Tal vez estabas pensando volver al lado de James si no encontrabas antes un protector más atractivo y más rico.

A Cara le dolieron esas insultantes palabras y, por un instante, se sintió tan mareada que pensó que se desmayaría.

—Eres un...

—Ah, ah —la detuvo, acercándose un poco más.

Su presencia resultaba enorme y amenazadora, y aun así Bella se dio cuenta de que se sentía físicamente amenazada... no del modo que James la había hecho sentir. Ésa era una clase de amenaza muy distinta, y tenía mucho que ver con el modo en que su cuerpo parecía estar lleno de diminutos imanes que querían irse.

—La historia de un heredero Culle ya se ha extendido entre la prensa de aquí y la italiana. Va a ser imposible negarlo sin crear una tormenta aún mayor.

—¿Y por qué habría que negarlo? Es verdad —dijo ella con amargura.

Edward apartó la mirada un instante y se pasó una impaciente mano por el pelo, dejándoselo alborotado. Cuando volvió a mirarla, sus ojos eran absolutamente despiadados, absolutamente fríos.

—¿Tienes pruebas?

- aun sigues dudando de todo lo que te he contado ….

Eso la dolió, pero sí que las tenía. Había guardado el informe del doctor en el que decía cuándo nacería el niño aproximadamente, la lista de comidas que tenía que evitar, qué vitaminas tomar, y la fecha de su próxima cita en el hospital. Sacó el papel de su bolso y se lo entregó.

A Edward no le fue difícil calcular que las fechas encajaban con aquella noche en Londres. El informe parecía auténtico y, aunque tenía la posibilidad de contactar con ese médico para verificarlo, no le pareció necesario.

Bella se cruzó de brazos y dijo:

—¿Lo ves? A menos que después de estar contigo me fuera directamente a la cama con otro... cosa que no hice... el bebé es tuyo.

Bella le había hablado con voz temblorosa y se sentía extraña, mareada. Le oyó decir algo inteligible, a lo lejos, y antes de poder darse cuenta, estaba sentada junto a la mesa mientas Edward le servía un vaso de agua.

—Bébetelo —dijo él con una actitud que indicaba claramente que le disgustaba estar allí.

Esperando que no notara el temblor de su mano, Bella tomó el vaso y dio un sorbo antes, de dejar el vaso sobre la mesa. Al alzar la vista lo vio de pie, demasiado cerca de ella, y no pudo soportarlo. Se levantó y deprisa se situó en un extremo de la habitación, de pie tras un sillón.

Edward se metió las manos en los bolsillos y dijo:

—Podrías haberle mentido al médico con las fechas. ¿Cómo puedo saber con seguridad que es mi hijo?

En cuanto habló, esas palabras tuvieron un extraño efecto en él: «su hijo», una afirmación de su maternidad. Y, por mucho que quisiera negarlo, en ese momento creyó que era cierto, aunque no sabía por qué y eso lo irritaba. Odiaba el hecho de no poder basarse en hechos concretos, pero el instinto era abrumador.

—Esa pregunta no es digna de respuesta. Si te sirve de consuelo, te diré que no puedes imaginarte lo mucho que lamento habértelo contado. Yo sólo... Voy a tener un bebé como consecuencia de lo que sucedió... de lo que hiciste...

Él dio un paso adelante.

—¿De lo que hice? En aquella habitación estábamos los dos. ¿Tengo que recordarte que te fuiste y que después viniste derecho a mis brazos? Yo no te forcé a nada.

Dio un paso más, y Bella lamentó haberse situado en un rincón de la habitación,

—¿También tengo que recordarte que usé protección? Y digamos que no recuerdo que... funcionara mal.

Bella se sonrojó, ¿Cómo iba a saberlo ella? Estaba claro que carecía de la experiencia que tenía él. De pronto recordó ese exquisito momento, cuando lo había sentido brotar dentro de su cuerpo.

—¿Estás seguro? Quiero decir, ¿cómo puedes estar tan seguro...?

A él le dio vergüenza recordar que en el apogeo de su orgasmo había sentido un placer demasiado intenso y que, después, ni siquiera había comprobado si la protección estaba intacta porque estaba demasiado indignado consigo mismo por haberse dejado llevar por la pasión.

Y sin embargo ahora, con la evidencia en un pedazo de papel en la mano, finalmente tenía que admitir que esa noche no había tenido el más mínimo cuidado.

Prácticamente lo mató la posibilidad de poder haber engendrado un hijo. Su determinación a no tener familia había sido fruto de un juramento hecho hacía mucho tiempo. Incluso su padre sabía que eso era algo que no podía pedirle después de todo lo que había pasado en su familia. Pero después se recordó que su padre había esperado que Rosalie lo hiciera abuelo...

Y ahora esta mujer, Bella Swan... Tenía algo contra lo que no podía luchar. Era diferente al innumerable número de mujeres con las que había estado, era más peligrosa.

—Ni siquiera has tenido que ir a buscarme, yo he venido a ti. Qué oportuno, ¿no?

—Descubrí que estaba embarazada la semana pasada y después vi el artículo en el periódico diciendo que ibas a venir a Dublín.

—Pero no hay duda de que me habrías informado de mi inminente paternidad tarde o temprano.

—Sí... Te lo habría dicho.

—Por supuesto que sí—respondió él, furioso.

A juzgar por su expresión, Bella entendió que había interpretado mal sus palabras. Ella se lo habría contado porque, independientemente de lo que hubiera pasado, creía que él tenía derecho a saberlo, y no porque quisiera obtener un beneficio económico. Pero él no la creería, y por eso no dijo nada y se limitó a alzar la barbilla.

Edward la miró, vio su determinación en su gesto y en sus ojos verde oscuros. No iba a echarse atrás, y no admitiría que ese bebé era de otro hombre. Eso le dejaba a él sin ninguna opción y, por mucho que odiara decirlo, tenía que hacerlo.

—Bueno, entonces, no tenemos elección. No puedo marcharme de aquí sin ti.

Bella lo miró con recelo,

—¿Qué quieres decir?

Durante un desesperado momento, ella deseó poder fingir que había mentido, que el bebé no era suyo. Pero no podía. Su moral y el respeto por su hijo no se lo permitirían.

—Esto es lo que quiero decir.

A Bella la recorrió un escalofrío.

—Podrías haberte acostado con alguien más después que conmigo, pero supongamos que estés embarazada de mi hijo. Eso lo cambia todo. No dejaré que intentes amenazarme o chantajearme con esto.

Bella apretó los puños y le dijo entre dientes:

—Es tu bebé, pero puedes alejarte de su lado. Siento habértelo contado.

Edward se rió fríamente,

—¿Alejarme? Oh, seguro que sí, Y en cuanto te quedes sola venderás la historia a los periódicos para intentar manipularme. Si no me responsabilizo del bebé, puedes demandarme y manchar el nombre de mi familia —sacudió la cabeza. —No, de ninguna manera.

Bella se estremeció y se aferró con fuerza al respaldo del sillón que le estaba ofreciendo poca protección contra el hombre que tenía delante. El miedo corría por sus venas.

—¿De qué estás hablando?

—Mi padre ha visto las noticias. Él es un hombre tradicional y quiere conocer a la madre de su nieto —dijo con cara de disgusto, —la mujer que ha logrado cambiar a su hijo. Se está recuperando de un infarto. Tu hermano y tú le hicisteis mucho daño, pero no dejaré que le hagas más daño al no concederle el deseo de conocerte. Sobra decir que no sabe que la mujer que participó en la muerte de su hija es la futura madre de su nieto —la miró de arriba abajo. —Si llevas a mi hijo en tu vientre, como dices, sólo se puede hacer una cosa. En media hora partiremos hacia Roma, y nos casaremos lo antes posible. Aunque la idea de casarme contigo me revuelve las entrarlas, ya que el matrimonio no es algo que valoro, no me supondrá ninguna emoción hacerlo y me servirá para tenerte vigilada y para darle legitimidad al heredero Cullen. Además, salvará mi reputación. Nuestras acciones ya han estado tambaleándose con el escándalo que se está formando.

—Eso nunca. Jamás me casaría con alguien como tú —dijo horrorizada. Edward no puedes obligarme y me niego a casarme contigo… no me voy a mover de mi apartamento y mucho menos te tengo porque obedecer

—Entonces, ¿estás dispuesta a firmar un documento legal negando que el niño es mío y jurando que no volverás a ponerte en contacto conmigo durante el resto de tu vida? Porque ésa es la única alternativa al matrimonio.

Deseó poder decirle que sí, pero en un instante vio un futuro en el que ella estaría negándole a su hijo el derecho a conocer a su padre y no pudo hacerlo. Negó con la cabeza sabiendo que estaba sellando su destino.

Una expresión de inmenso cinismo atravesó el rostro de Edward.

—Lo que suponía. Serás recompensada por ser la madre de un heredero Cullen y a su debido tiempo seguirás tu camino. Yo tendré la custodia completa del niño.

A Bella le fallaron las rodillas y a través de unos labios entumecidos dijo:

—Pero... no puedes hacer eso. Yo voy a tener este bebé. Es mi bebé —se puso la mano en el vientre como para proteger al niño que llevaba dentro.

Edward esbozó una media sonrisa,

—Creo que descubrirás que puedo hacer todo lo que quiera, señorita Swan. No dudo de que con un buen incentivo se te pueda convencer para alejarte de nosotros cuando llegue el momento.

Edward vio cómo el rostro de Cara se quedaba lívido, la vio aferrándose al respaldo del sillón. Ella sabía utilizar muy bien sus expresivos rasgos, era consciente de que con ellos podía manipular a la gente, pero no a él.

—Te doy media hora para recoger tus cosas y salir de aquí conmigo como si estuviéramos felices por habernos reconciliado y estuviéramos embarcándonos en una vida juntos para siempre.

Sabía que Edward era un oponente contra el que no tenía fuerzas para luchar y también sabía con toda seguridad que, si se negaba a ir con él ahora, él no dudaría en sacarla de allí en brazos. El hecho de que su padre estuviera enfermo le tocaba la fibra sensible y lo último que quería era causarle más dolor a ese hombre. No podía llegar a imaginarse lo doloroso que debía de haber sido para él enterrar a su hija, viendo alterado el orden natural de la vida.

Aparte de todo eso, tenía que admitir que se encontraba en una situación precaria y que no podía ocuparse sola de un bebé. Ese sentido de la responsabilidad maternal la invadió y le hizo ver que no tenía elección.

Ladeó la barbilla y con toda la dignidad que pudo reunir, dijo:

—Muy bien.

Nada cambió en la expresión de Edward.

—Entonces, tienes media hora.

Lo cierto era que no tardaría más de diez minutos en recoger todas sus cosas, pero eso él no tenía por qué saberlo. Cuando se dirigía a su dormitorio, él la agarró del brazo para decirle:

—No pienses ni por un segundo que no te haré firmar un acuerdo prematrimonial. Habrá una cláusula en la que se pedirá un análisis de ADN una vez que el bebé haya nacido para confirmar que es mío. Y si no lo es... pagarás caro este engaño.

—El único engaño del que tengo conocimiento es del tuyo, cuando ocultaste tu identidad en Londres.

Según ella se apartaba, Edward recordó ese extraño momento de debilidad, la atracción que sintió por ella y que había resultado en la situación a la que se enfrentaban ahora. Por mucho que la culpara, tenía que responsabilizarse de sus actos, y lo haría, pero que Dios ayudara a Bella si estaba mintiendo.

Os agradezco a todos los que me dejáis comentarios aunque de momento solo tengo 14 no se muy bien si es porque la historia aun no se ha dado a conocer y la gente no sabe que existe que todo puede ser ¡! Un besoooo y darme vuestras opiniones por donde creéis que tirare con la historia. En mi opinión a Edward le va a costar mucho ganarse el perdón de Bella.