He vuelto a la escuela y ¿saben qué? Estoy cargada de tarea T_T de hecho pensé en no subir este capi porque no lo había terminado pero gracias a Dios tuve tiempo ayer y aunque casi me da un resfriado por estar en una banquita con mi laptop y sin chaqueta, lo he hecho! :D jajaja para que vean cuánto los quiero ^^

Anyways, disfruten de éste precioso fin de semana! :D y pues a echarle ganas, la vida es maravillosa, ¿no creen? :)


Capítulo 2: Salidas.

"La casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiere ocurrido pedir."

Alphonse de Lamartine

TK

-Este libro es excelente.- exclamé, sintiendo la presencia del abuelo en mi espalda.

-Lo sé, es por eso que te lo he obsequiado.- puse el separador en la página que iba y lo cerré dejándolo en mis piernas.

-¿Hace mucho que lo leíste?

-Hace un par de años.- se sentó en el sillón de junto.

-Es que la manera de narrar, la trama... jamás me había llamado la atención una historia de fantasía.- y era verdad, en mi poco tiempo de vida apenas y había leído cosas que me ordenaban en la escuela.

-Cuando comencé a leerlo, Laura Gallego se convirtió en mi autora favorita.

-Creo que será la mía también.- sonreí.

Se trataba de una saga, cuatro libros llamados Crónicas de la torre, hacía una semana el abuelo me los dio y ya había terminado los primeros dos e iba a mitad del tercero. No podía parar, casi no dormía y al despertar todo lo que hacía era seguir leyendo.

En ese momento una brillante o alocada idea cruzó por mi mente: quería ser escritor.

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El día estaba de lo más aburrido. No tenía absolutamente nada qué hacer.

En lo que iba de esa semana había terminado de ver todas las películas de mi hermano y todos sus videojuegos. Deseaba ya entrar a la escuela y poder entretenerme en algo.

Matt no se había dignado a tomarse tiempo de platicar conmigo. Digo, no es que lo necesitara, pero como hermano me hallaba algo ansioso por contarle sobre mis futuros proyectos y escuchar su opinión.

Cuando me encontraba en Francia pasé por una terrible presión al no saber qué sería de mi vida, a qué me dedicaría y es que se me antojaba estudiar un montón de cosas. Por un momento pensé en Arquitectura pero al ser tan mal dibujante desistí de ello. Además, el verme encerrado en una oficina como mi hermano hacía, usar ropa elegante todo el tiempo y codearme con gente importante no era mi pasión.

Yo quería un trabajo práctico. En donde pudiera mostrarle a las personas quién soy. Mis creencias, mis costumbres, pensamientos, en fin. Siento que tengo mucho que expresar y sólo a través de la escritura puedo hacerlo, por lo que así decidí: Licenciatura en letras.

Busqué en cada universidad esa carrera y sólo estaba en la universidad de Tokio y de Odaiba. En la primera, me agradaba la idea pero si me iba allá tendría que quedarme en un dormitorio y probablemente compartirlo con algún perdedor con el que saldría en bronca. No. Me gustaba ser independiente y que la gente no se metiera tanto en mi vida o me cuestionara por qué hago las cosas a mi manera.

Opté por la segunda y le pedí a mamá que me dejara regresar a casa. Después de todo me llevaba bien con su esposo Damián y Sophie, la niña que adoptó.

No sé qué fue lo que la llevó a negarme la oferta.

Creo que, al revivir su vida amorosa, mamá no quería entrometidos para, al igual que Matt y yo, hacer lo que le viniera en gana sin ser cuestionada.

No es que yo lo hiciera, pero dado el parecido que mostraba con mi hermano supuse ella temía que fuera a reaccionar como él.

En fin, en lugar de ofrecerme su casa le pidió a Matt que me dejase estar ahí y éste aceptó sin discusión.

Ahora aquí estaba yo, hacía una semana que había llegado y mi vida se estaba volviendo monótona como la de él, quien llevaba horas pegado a su laptop trabajando.

Desee tanto tener un miserable amigo a mi lado o una novia.

Sonreí.

Como si conseguir novia fuera difícil para mí.

Si estaba solo en ese momento era porque las mujeres con las que había salido terminaban siendo unas interesadas o usándome para levantar su estatus social.

Me harté de ello. Quería algo diferente, una relación seria.

Y un propósito que tenía para cuando entrara a la universidad sería buscar a una señorita con quien valiera la pena estar.

Caminé por todo el cuarto, dándole vueltas. Me moría de desesperación. Fui a la estancia y encendí la televisión, nada interesante.

Entré al cuarto de mi hermano buscando algo que me entretuviera por un rato pero no había nada. Nada excepto un montón de ropa regada y un fatídico olor a pies.

Ahora entendía por qué Matt no quería que Michaela recogiera esa habitación. Le daba vergüenza.

Sin más qué hacer bajé a fastidiarlo. Lo convencería de ir al cine y usaría la mejor arma que poseo. Chantaje.

Lo vi sentado en el sofá. Llevaba horas ahí. ¿Qué acaso no se cansaba? Yo sí, con sólo verlo.

-Hermano. Vamos al cine.- me senté a su lado. Como si fuera un zombie lentamente volteó la mirada hacia mí. Estaba serio, tanto que me asustó.

-No puedo, TK. Tengo mucho trabajo.

-Aigri*.- murmuré en francés, sabiendo que él no lo entendía.- ¡Por favor! Toda la semana te la has pasado metido en la oficina, mereces un descanso.- sonreí. Y aquí venía, mi táctica que nunca falla. Súplica.- Ándale vamos.- haciendo algo de drama me puse de pie y empecé a jalarle un brazo.

-¡Ya te dije que no!- gritó, alejando mis manos con fuerza.- Si quieres ve tú.- suspiré.

-No seas ridículo, no iré solo al cine.- ¿cómo se le ocurría?

-Entonces invita a alguien.- ¡Ja! Ahora sí que era un tonto, ¿a quién? No conocía a nadie. Levanté una ceja, gesto que copié de él cuando quería hacerme ver que mis palabras no tenían sentido, pero no resultó.

-Tonto, no conozco a nadie aquí. Al menos hasta enero que entre a la universidad no conoceré a alguien.

-Mala suerte.- murmuró, volviéndose a la laptop.

-Por favor, Matt. No seas malo y acompáñame al cine.- usé un tono de voz que me había copiado de él. Y creo, ahora sí estaba resultando. Se quedó mirando la pantalla un momento antes de hablar. Sabía que había dado en el clavo. Puse mis ojos de borrego a medio morir.

-Bien, tú ganas.- sí, sonreí, sabía que lo haría. Para chantaje y súplica nadie mejor que Takaishi. Cerró su laptop y se puso de pie para cambiarse de ropa.

-¿Me dejas conducir?- pregunté. Aunque bien sabía la respuesta.

-No.- gritó desde arriba.- No tienes licencia.

-Pero tú vas conmigo.- obvié.

-Aún así, no.

Salimos de casa. Apenas subimos al Volvo encendió el estéreo. Conocía bien a Matt y sabía que no le gustaba mucho platicar, principalmente porque no tenía un tema de conversación para hacerlo. Suspiré resignado. Otro propósito sería ayudarlo a desarrollar sus habilidades sociales.

-¿No me preguntarás qué pienso estudiar?- rompí el silencio.

-Ah, sí. Lo siento es que...

-El trabajo.- acerté. Su excusa favorita. Tan sólo asintió.- Estudiaré Literatura.

-¿Qué?- empezó a reírse, o mejor dicho, burlarse.

-No te burles.- bramé.- En Francia he leído obras maravillosas.

-Entonces estudia otra cosa.- indicó, haciéndome sentir como tonto. Me reí.

-No quiero, Matt. Prefiero ser yo quien esté plasmando mis ideas en cientos de hojas para que en algún futuro alguien que las lea, las adopte y cambie su forma de ser y luego las transmita y de alguna manera, ser contribuyente a mejorar la calidad de vida de las personas.- noté que me miró de reojo.

-Vaya... pues... ¿qué clase de Licenciatura escogerás?- y aquí venía, me sentía tan emocionado con tan sólo pensar en mi futura carrera que sonreí aún más.

-Licenciado en letras.

-¿Qué!- se echó a reír. Sé que era una carrera poco conocida, el número de alumnos que ingresaban a ella por semestre no rebasaba los 20. Pero eso no era pretexto para burlarse.- ¿Eso qué es?- le golpee el hombro para hacer que se callara.

-Pues por lo que vi en el plan de materias, veré los géneros literarios, la composición de textos, latín, etc. Empiezo con textos clásicos e introducción a la filosofía.- sentía emoción con sólo nombrarlo. Imaginarlo. Él asintió.

-Pues buena suerte.- dijo sin más.

No pasaron ni cinco minutos cuando llegamos al cine. Estaba lleno. Vi la expresión de desagrado de Matt al buscar un lugar dónde estacionarse. No le gustaba la gente o la idea de socializar con ella. Era un ermitaño.

Se bajó del auto al igual que yo y entramos. Lo escuché suspirar al ver una larga fila en las taquillas y dulcería.

-Mejor vamos a otro.- empezó a quejarse.

-Claro que no, yo hago fila en la dulcería y tú compra los boletos.- sabía que si salíamos de ahí el único lugar al que iríamos sería a casa de vuelta.

-Bien.- renegó.- ¿Cuál quieres ver?

-Emm...- miré la pantalla que anunciaba las funciones. No se me apetecía ver una en específico.- No sé, tú elige la que quieras. Pero sólo que no sea comedia romántica.- me desagradaban a montones esas películas. Él asintió.

Se quedó haciendo fila mientras yo iba a la dulcería. Había muchos niños corriendo, adorables. Recuerdo lo inquieto que yo era a esa edad. Es lo mejor, disfrutar sin ser regañado.

-¿Me puede dar el combo 3 y aparte un hot-dog?- pedí, una vez llegó mi turno. La señorita de cabello rojizo prácticamente tiró baba al verme.

-¿Eh? Sí claro.- al darse cuenta de la vergüenza que había pasado se puso toda roja y se volteó para servir lo que le pedía.

Sonreí. Estaba acostumbrado a causar ese tipo de cosas en las mujeres. Lo traía en los genes.

-Aquí tiene.- me entregó una charola que tenía unas palomitas grandes, unos nachos, dos refrescos y el hot-dog.- Son $12 dólares.

-Gracias.- sonreí provocando que la chica volviera a sonrojarse.

Me acerqué a la barra de condimentos para llenar las palomitas con salsa y preparar el hot-dog. Había una persona delante de mí, esperé a que terminara y seguí.

Me encantaba el olor de la mantequilla líquida cayendo sobre los nachos. Vaya, tendría que hacer mucho ejercicio apenas entrara a clases para bajar todo el peso que Michaela, con sus deliciosas comidas, me había hecho subir.

Terminando esto me voltee y sin darme cuenta casi tropiezo con una... una dulzura.

La joven que tenía en frente mío estaba preciosa. Pequeña, blanca, ojos grandes, cabello largo... divina. Casi provocó en mí el mismo efecto que yo causo en las mujeres. Casi.

Se quedó mirándome con la boca abierta. Bingo. Yo había conseguido deslumbrarla.

-Lo siento.- me disculpé sonriendo.- No me fijé...

-Está bien, fue mi culpa.- interrumpió. Sus mejillas empezaron a ponerse rojas y bajó la cabeza, supongo para que yo no me diera cuenta.

Sonreí. Ella se acercó a la barra y yo caminé hasta la entrada de la sala en donde ya estaba Matt esperándome. Por primera vez en mucho tiempo me sentía dichoso. Feliz. Entusiasmado. Con mil ganas de brincar. Es el efecto que causa el poder femenino en un hombre.

-¿Por qué traes esa estúpida sonrisa?- preguntó mi hermano, entre divertido y amargado.

-Relájate, hombre. Es que acabo de ver a una niña divina.- rodó los ojos, seguro pensando en lo idiota que soné.


Kari

Tranquilamente pasó esa semana, dejando que la normalidad volviera a nuestra vida. Papá regresó a su rutina diaria en el trabajo, con Tai como su acompañante y yo a mi búsqueda por la carrera perfecta para poder iniciar la universidad en enero.

Dos días seguidos fui al orfanato, llevando comida de más y ropa. Dolores me había acompañado a comprarla. Hacía años papá me había puesto un chofer para lo que necesitara. Debo admitir que no me gustaba tenerlo, sabía que más que manejar para mí, él se encargaba de decirle a dónde iba y cuánto tiempo tardaba.

Por lo general siempre se lo contaba yo, pero al llegar un tiempo en el que no quise dar muchas explicaciones de lo que hacía, mi padre se preocupó y supongo yo, por eso decidió dejarme a James.

Era sábado, uno muy aburrido debo añadir. Mi tía Ana se había ido de segunda luna de miel con su esposo a París y no volvería hasta navidad. Dolores me había pedido permiso de faltar ese día pues tenía un pariente enfermo en Tokio y quería ir a verlo.

Papá y Tai en el despacho y yo, en la enorme casa, sin nada qué hacer.

En la televisión no había algo que me entretuviera, no quería ir a rentar películas ni mucho menos ir al cine sola. Ayer había ido de compras por lo que nada me hacía falta.

Me sentí desesperada, por primera vez en mucho tiempo las ganas de tener un novio me consumieron. Si lo tuviera ahora mismo le pediría que viniera a hacerme compañía o saldría a donde fuera con él.

Pero claro, al ser la hija de Yuuko Yagami, ningún muchacho se sentía a mi altura. Antes de verme lo miraban a él y mejor se alejaban.

Se me ocurrió hablarle a Yolei, hacía semanas que no sabía de ella. Era mi mejor amiga, pero a diferencia mía, ella sí se había matriculado en la universidad y estudiaba Arquitectura. Era su primer semestre por lo que sí la afectó mucho. Ahora se la pasaba despierta por horas para poder terminar sus láminas y tareas. Cuando la llamaba me pedía que fuera breve porque tenía que estudiar o se encontraba en la biblioteca y no podía hacer ruido.

Reconozco que me molesté al principio porque sentía celos de su carrera. Tonto, lo sé. Pero es que sentía como si algo me robara a mi mejor amiga, la atención que siempre me mostraba.

Fue una vez que me pidió que la ayudara a terminar una maqueta que entendí lo agotador que es ese trabajo. Es que todo debía estar perfecto, cada detalle en orden y sin manchas. Yo jamás había sido buena para los trabajos manuales y tuve que hacer un gran esfuerzo porque todo saliera bonito.

Tomé mi celular y le marqué.

-¿Hola?- respondió ella.

-¡Yolei! ¿Cómo estás?

-Hey, Kari.- saludó.- Muy cansada.- soltó una risita.- ¡Al fin he terminado exámenes!

-¡Genial! ¿Entonces, estás libre?- esperaba que así fuera.

-Pues, sólo estoy terminando un ensayo que debo entregar el lunes. Pero no me falta mucho.

-Entonces, ¿es un sí?- escuché se rió.

-Sí, Yagami. Estoy libre, ¿qué tienes en mente?- solté un grito de la emoción.

-Estoy totalmente sola en casa, ¿quieres venir? ¿O prefieres que salgamos?

-En tu casa está bien, sirve que nos ponemos al corriente. Tengo mucho que contarte, amiga.- sonreí.

-Claro que sí, yo también. Entonces aquí te espero, Yo.- colgué el celular y me levanté de la cama.

Fui a mi escritorio y encendí la laptop. Puse música, esa clase de música entretenida y que hacen a las piernas moverse automáticamente.

Después abrí mi closet. ¿Qué iba a ponerme? Siempre era un delirio cuando tenía que decidir. Opté por unos jeans claros, una blusa rosa con manga ¾ y mis tenis rosas. Entré al baño y aún escuchando la música, me di una ducha.

Tallé bien mi cabello, siempre me gustaba que oliera a limpio, a fresas, como mi champú. Me vestí rápidamente y me lo desenredé bien, dejándolo suelto como de costumbre.

Me puse un poco de rubor, rímel y gloss en los labios. Pasaron 20 minutos más hasta que escuché el timbre sonar. Una emoción me llenó por dentro y bajando de dos en dos las escaleras, fui a abrir.

-¡Amiga!- exclamó Yolei dándome un fuerte abrazo.

-¡Yo! Awww ¡cuánto tiempo!- sonreí al verla.- Estás súper cambiada.- y sí, llevaba el cabello más corto, un poco abajo de los hombros, lo había teñido de un color morado, el armazón de sus lentes era nuevo y había bajado de peso.

-¡Ni me digas! Me veo horrible, ¿verdad?- reí.

-Claro que no, te ves tan linda como siempre.- ambas entramos a la casa y fuimos a mi cuarto.- A ver, ¡cuéntame todo!- me senté sobre la cama y ella se tiró en un puff color rosa.

-Gracias a Dios, ya pasé todo. No tienes idea de lo estresante que fue ésta semana. Mis compañeros de equipo no fueron nada cooperativos y casi tuve que hacer toda la maqueta yo sola. No dormí tres días seguidos, me sentía como zombie.- rodó los ojos en un gracioso gesto y me reí.- Tuve que cambiar mis lentes porque me subió el aumento.- señaló.- ¿Y tú, cómo estás?- suspiré antes de responder.

-Excelente. Bueno no es cierto, estoy bien.- ambas reímos.- La semana pasada fui al panteón a visitar la tumba de mi mami y ésta semana fui dos veces al orfanato.

-Oh, es cierto. ¿Cómo están todos?- durante un tiempo, Yolei me había acompañado y conocía bien a los pequeños.

-Están muy bien.- respondí.- Ya están todos muy grandes y Sammy siempre me pregunta por ti.

-¡Awww, Sammy! Los extraño tanto. Espero poder ir la otra semana.- sonreí.

-Sí, sí. Le dará mucho gusto verte. Pues papá está como siempre, encargándose de que haya dinero para comer.- reí.- Y Tai anda con él a todos lados.

-¿Y Dolores?

-Se fue a Tokio a visitar a un pariente que está enfermo. Regresa hasta el lunes.

-Ya veo.- nos quedamos en silencio por un momento.- Conocí a un muchacho.- voltee la mirada hacia ella, sus ojos brillaron intensamente.

-¿Ah sí? ¿Quién es?- me acosté boca abajo, sujetando el rostro con mis manos y meneando los pies en el aire, esperando que contestara.

-Se llama Ken Ichijouji, estudia Arquitectura también, pero va en cuarto semestre. Fue una noche en que me frustré tanto porque no podía hacer una fuente y me eché a llorar sobre el material en el restirador. En el Arizona.- éste era el edificio en donde todos los estudiantes de Arquitectura y Diseño Industrial iban a hacer sus trabajos cuando requerían quedarse y trabajar en equipo.

-¿Te vio llorando?- un color carmín llenó sus mejillas y me eché a reír.- No lo creo, Yolei, ¿qué te dijo?

-Se acercó a mí y amablemente me preguntó si necesitaba algo, ¡ay Kari! No pensé en ese momento y le conté lo desesperada que me sentía y lo frustrada porque el tiempo se iba y no podía terminar. Me dijo que estaba acostumbrado, era parte de la vida de un Arquitecto y que no me preocupara. Me ayudó con la fuente, de hecho la terminó en un dos por tres y no sólo eso, trajo sus cosas a una mesa junto a la mía y me hizo compañía toda la noche.

-¡Awww qué lindo!

-¡Lo sé!- se mordió el labio inferior.- Está súper guapo, en serio.- su mirada se perdió en la ventana y no quitaba esa boba sonrisa de chiquilla enamorada.- Tiene 20 años.

-¡Oye qué bien! ¿Le pediste su número o su mail?

-Ah sí, me dio su mail y me lo he topado un par de veces y siempre lo saludo.

-¡Ay amiga, qué padre!- suspiré.- Yo tengo muchas ganas de tener un novio, ¡en serio! Precisamente ahorita me sentía tan sola y dije: "quiero un novio ¡ya!"- ambas reímos ante mis exagerados gestos.

-¿Y Davis? Se veía que le gustabas a ese chico.

-¡Puff! Apenas mi papá empezó a interrogarle una vez que me invitó al cine y se enteró que estudia Psicología, no supe más de él. Además, no estaba guapo.- Yolei rodó los ojos.

-No me digas, no puedes dejar de pensar en tu rubio perfecto. ¿Cómo lo llamas?- sonreí.

-Mi ángel.- afirmé.- Y sí, te digo que no dejo de pensar en él.

-¡Tenías ocho años!

-Sí, pero estaba súper guapo. Awww quisiera verlo de nuevo...- mi amiga negó con la cabeza, sabía que no le gustaba que viviera atada al recuerdo de un perfecto extraño al que sólo había visto una vez y que ni siquiera tenía la certeza de si seguía con vida. Pero me era imposible hacerlo. Estaba en mi mente todo el tiempo.

-Pues aquí encerrada no vas a encontrarlo.- rompió el silencio.- Vamos al cine.- una pícara sonrisa se dibujó en sus labios.

-Ok. Vamos.- acepté.

Tomé mi bolsa y salí de casa con Yolei.

-¿Traes tu carro?- le pregunté.

-Síp.

-Genial.- en ese momento, como lo suponía, James se acercó a mí.

-Señorita...- sabía que iba a decirme que no podía salir, al menos no sin su compañía.

-James.- le corté.- Iré al cine con mi amiga. Ella trae su carro. Tómate el resto de la tarde libre, yo le diré a papá.- el hombre me miró seriamente.

-Usted sabe cuáles fueron las órdenes del señor Yagami, no puedo dejarla ir sola.

-¡Pero no voy sola! Yolei me acompaña.- la señalé y mi amiga sólo sonrió antes de entrar a su Bettle rojo.- Por favor, James. Te prometo que si papá se enoja la culpa caerá sobre mí y le diré que te he obligado a hacerlo.- me miró preocupado un momento.

-Está bien, señorita.- sonrió.- Diviertase.

Le agradecí su comprensión y me dispuse a ir al cine con mi amiga. Encendí el estéreo. Traía uno de nuestros CD's favoritos puesto. The pippetes. Comenzó la primer canción, Your kisses are wasted on me. Ambas empezamos a cantar a todo volumen, dejando que el viento que se colaba por la ventana nos despeinara por completo.

-Awww ya te extrañaba.- me dijo.

-Yo también, amiga. Bastante.- sonreí.

Continuamos cantando hasta llegar al lugar. Había mucha gente, el estacionamiento estaba casi lleno.

Al bajarme, noté un Volvo, convertible, color gris muy bonito.

-Quiero éste carro.- lo señalé, ambas caminábamos a la entrada.

-Está precioso, pero ¿no crees que es muy masculino?

-Quizás por eso me gusta...- sonreí.- Porque soy muy masculina.- hice un ademán que provocó que Yolei se partiera de risa.

Entramos al lugar. La taquilla y dulcería estaban llenas.

-Yo hago fila y tú compra las palomitas.- me dijo.- ¿Qué película quieres ver?

-Cualquier comedia romántica.- sonreí.- Quiero reírme y llorar contigo.

-Hecho, tú compra unas palomitas y nachos.

Me dirigí a hacer fila. Había unas diez personas delante de mí.

Noté a varios niños corriendo por el lugar y haciendo mucho escándalo. La verdad, me desagradaba que las mamás le permitieran a sus hijos hacer eso. Era una falta de educación.

No pude evitar el prestar mi atención a un niño, de unos cuatro años, que gritaba muy fuerte y hacía un berrinche, jalando el pantalón de su madre. Una señora joven que platicaba animadamente con otra mujer mientras se comía unos nachos.

Ugh. Desee tanto ir a encararla y reclamarle su actitud. ¿Para qué traía hijos al mundo si no les daba la atención que necesitaban? Me enterneció mucho el pequeño.

Finalmente llegó mi turno en la fila.

-Buenas tardes, señorita. ¿Qué puedo ofrecerle?- me atendió amablemente un joven, pasaba de los 20, de cabello negro y ojos verdes. Sonreí.

-Me das el combo 3, por favor.- pedí.- Y un chocolate.

-Claro que sí, ¿algo más?

-No, nada más.

-¿De qué sabor sus refrescos?- no dejaba de sonreírme, me sentí algo intimidada.

-Manzana, por favor.- enseguida puso mi orden en una charola y me lo entregó.

-Son $10 dólares.- le di el dinero.

-Gracias.

A paso torpe caminé hacia el niño, se quedó mirándome. Estaba precioso, tenía el rostro manchado por las lágrimas ya secas, sus enormes ojos color avellana estaban enrojecidos y su labio se movía en un puchero. A como pude me incliné, dejé la charola en el piso y le entregué el chocolate.

-Aquí tienes.- sonreí. Dudó antes de agarrarlo. Pero una vez sus manos tocaron la envoltura dejó ver un hueco que tenía en la dentadura con una encantadora sonrisa.

-Gra...cias.- le acaricié el cabello. Adoraba a los niños. Su madre, quien se había percatado ya de lo que hice, se aclaró la garganta, como esperando a que yo dijera algo. Me puse de pie, tomé la bandeja y sin sentir miedo o vergüenza, la encaré.

-Su hijo pedía un poco de su atención, señora.- reprendí amablemente.- Dísculpeme si estoy siendo entrometida pero si hay algo que no tolero es ver cuando un niño reclama atención y no se le es dada.- los amielados ojos de la mujer se abrieron ante la sorpresa.

-¿Disculpa?

-Que pase una linda tarde.- sonreí.

Me di media vuelta para ir a la barra donde estaban los condimentos para las palomitas.

-Muchacha insolente.- escuché que murmuró, pero no hice caso y seguí caminando.

Estaba acostumbrada a hacer cosas así. Era una cualidad que saqué de mamá. Siempre que se me presentaba la oportunidad de hacer algo bueno lo hacía.

Gracias a Dios aprendí a disfrutar la vida sin sentir vergüenza por mis acciones. Si la gente hablaba de mí, para bien o para mal, era su problema. Era lo que ellos pensaban de mí y no me afectaba.

Me conozco bastante bien, sé quien soy y los motivos por los que hago lo que hago, ¿para qué darle importancia a comentarios de gente que no conoce eso?

Sin darme cuenta pisé un chicle, ¿a quién se le ocurría tirar un chicle en la alfombra? Levanté mi pie pero éste sólo se estiró más. Sin alcanzar a notar quién estaba delante de mí, pensando que se había movido di un paso pero me topé con alguien.

Y entonces lo vi. Era idéntico a mi ángel. Un chico rubio, de piel blanca, ojos grandes y azules. Un Adonis.

-Lo siento.- me dijo sonriendo. Dios, qué sonrisa tan más linda.- No me fijé...

-Está bien, fue mi culpa.- lo interrumpí. Sintiendo cómo mis mejillas se ponían rojas. Agaché la cabeza en un estúpido intento de esconderlo y me acerqué a la barra. Llenando de salsa mis palomitas. El rubio se alejó hacia el pasillo.

-¿Y esa cara de tomate?- se burló Yolei, acercándose a mí. Sonreí.

-Acabo de ver a mi ángel.- frunció el ceño.- Bueno, no era él. Pero se parecía bastante, en serio ¡estaba igualito!- mi amiga comenzó a tocarme las mejillas y la frente, inspeccionando mi temperatura.

-¿Segura no estás enferma, Yagami?- le golpee el hombro y ambas reímos.

-De verdad estaba muy guapo.

-Le hubieras pedido su teléfono o algo.- la miré seriamente, pensé que bromeaba pero no era así.

-Seguramente, como no. Bonita me vería llegando: "hola amigo, ¿sabes? Estás muy guapo, ¿me das tu teléfono?" no seas ridícula.- mi amiga se burló una vez más y, tomando un puño de palomitas en las manos, caminó al pasillo donde le entregó los boletos al encargado.


Matt

Ese día estaba más ocupado de lo habitual. El estúpido contador había echado a perder el trabajo de meses al no hacer respaldo y ahora tenía que capturar todo yo solo. Ya que el muy idiota renunció antes de que lo descubriera.

Por eso odiaba a los contadores, no saben hacer nada bien. No era justo que me hubiera fregado durante años para poder conseguir un puesto en donde no tuviera que volver a teclear cifras enumerativas para que de un día a otro, fuera lo que me tocaba hacer.

Apenas iba en marzo y ya tenía los dedos hinchados. Me ardían los ojos, sabía que debía usar mis lentes pero me desesperaban.

Miré las grandes carpetas que tenían las facturas y nóminas de cada mes, de cada persona en el hotel. No, definitivamente no terminaría.

Di un suspiro y me recargué en el sillón, perdiendo la vista en el techo. El televisor estaba encendido pero no prestaba atención a la película transmitida.

-Hermano.- escuché bajar a TK.- Vamos al cine.- se sentó a mi lado. Lentamente voltee la vista hacia él. Mi expresión era seria. ¿Cómo se le ocurría tentarme con esa idea cuando yo estaba ahogado en trabajo? Idiota.

-No puedo, TK. Tengo mucho que hacer.- rodó los ojos mientras exclamaba algo que no alcancé a entender.

-¡Por favor! Toda la semana te la has pasado metido en la oficina, mereces un descanso.- sonrió. Tenía la misma encantadora sonrisa que mamá.- Ándale vamos.- se puso de pie y me jaló de un brazo.

-¡Ya te dije que no!- levanté la voz, zafándome de sus manos.- Si quieres ve tú.- bufó.

-No seas ridículo, no iré solo al cine.

-Entonces invita a alguien.- levantó una ceja.

-Tonto, no conozco a nadie aquí. Al menos hasta enero que entre a la universidad no conoceré a alguien.

-Mala suerte.- murmuré, volviéndome a la laptop.

-Por favor, Matt. No seas malo y acompáñame al cine.- usó ese tono de voz suplicante que yo, desgraciadamente, le había enseñado para que consiguiera lo que quería. Me quedé mirando la pantalla un momento sin decir más. Él tenía razón, siendo yo el gerente no tenía por qué hacer eso, en todo caso mi trabajo debía ser buscar a otro contador y que lo hiciera. Lo miré. Tenía esa mirada de borrego a medio morir.

-Bien, tú ganas.- lo vi sonreír de oreja a oreja y me puse de pie, debía cambiarme de ropa.

-¿Me dejas conducir?- escuché que preguntó desde abajo.

-No.- respondí, quitándome la camisa.- No tienes licencia.

-Pero tú vas conmigo.

-Aún así, no.

Sintiéndome terriblemente culpable por abandonar el trabajo, salí de casa junto a mi hermano. Quien parecía un chiquillo chiflado al que se le otorga el permiso de comer chocolates y dulces a montones.

Encendí el estéreo, prefería escuchar música antes de entablar una conversación con él. No tenía ánimos de platicar ni un buen tema de conversación.

-¿No me preguntarás qué pienso estudiar?- su mirada se fijó en mí. Es cierto, desde que llegó no había tocado ese tema con él.

-Ah, sí. Lo siento es que...

-El trabajo.- balbuceó. Yo me limité a asentir.- Estudiaré Literatura.

-¿Qué?- me reí. Siempre había pensado que TK estudiaría algo relacionado a los deportes. Después de todo era muy bueno en eso, en cada equipo al que se unía terminaban nombrándolo capitán. ¿Literatura? ¿Qué mosco le había picado al chiquitín?

-No te burles.- dijo.- En Francia he leído obras maravillosas.

-Entonces estudia otra cosa.- señalé, como si fuera algo obvio. Él se rió.

-No quiero, Matt. Prefiero ser yo quien esté plasmando mis ideas en cientos de hojas para, que en algún futuro alguien que las lea, las adopte y cambie su forma de ser y luego las transmita y de alguna manera, ser contribuyente a mejorar la calidad de vida de las personas.- lo miré de reojo. Parecía entusiasmado con la idea.

-Vaya... pues... ¿qué clase de Licenciatura escogerás?- sonrió aún más.

-Licenciado en letras.

-¿Qué!- me reí. Jamás había escuchado algo así.- ¿Eso qué es?- él me golpeó el hombro con el puño cerrado al ver que me burlaba.

-Pues por lo que vi en el plan de materias, veré los géneros literarios, la composición de textos, latín, etc. Empiezo con textos clásicos e introducción a la filosofía.- asentí. Así que eso era, ¿eh? Sonaba algo loco.

-Pues buena suerte.- dije sin más.

Minutos luego llegamos al cine. Estaba lleno. Debía haber recordado que por ser sábado en la tarde la gente iría ahí.

Me bajé del auto, al igual que TK y entramos. Había una larga fila en las taquillas y dulcería.

-Mejor vamos a otro.- me quejé.

-Claro que no, yo hago fila en la dulcería y tú compra los boletos.

-Bien.- renegué.- ¿Cuál quieres ver?

-Emm...- se quedó viendo a la pantalla que anunciaba las funciones. La verdad a mí me daba igual si era una de acción o de terror.- No sé, tú elige la que quieras. Pero sólo que no sea comedia romántica.- hizo un gesto de desagrado. Yo asentí.

Me formé en la fila, había al menos unas veinte personas adelante de mí y sólo tres taquillas estaban abiertas. Había niños corriendo por todo el lugar. Dios. Odiaba, no a los niños, sino a las madres que los dejaban hacer lo que quisieran. Había uno que llamó mi atención, haciendo un berrinche porque, creo yo, no quisieron comprarle palomitas. Sentí ganas de ir y comprarle una caja con tal de que se callara y después darle una bofetada a su madre. La muy tonta se reía con una amiga y se comía unos nachos sin prestarle la más mínima atención al pequeño, quien le jalaba el pantalón desesperado. Y entonces algo llamó mi atención. Una joven, no alcancé a ver su rostro, de cabello largo color chocolate y una figura de ensueño se acercó al pequeño. Se inclinó dejando la bandeja a su lado y le entregó un chocolate. El pequeño sonrió complacido. La idiota de su madre miraba a la chica con algo de coraje. Vi que la joven se levantó y le dijo algo a la señora que no debió haber sido muy amable porque sus ojos se abrieron y se quedó muda. Bien, se lo merecía. Graciosamente la chica se alejó de ellos, dejando al niño encantado comiendo su golosina. Maldición. ¿Por qué no fui yo quien hizo eso? Odiaba ver que la gente hacía lo que quería, lo que le aplacía sin sentir vergüenza por ser juzgada. Supongo que por mi posición en el trabajo había adquirido la manía que todos los demás gerentes y las apariencias eran algo que cuidaba bastante. Quizás por eso no dejaba a nadie entrar a mi vida.

Yo no quería tener hijos. La sola idea me ponía los pelos de punta. Sora una vez me insinuó que le gustaría formalizar la relación que llevábamos y formar una familia. Obviamente se retractó al ver que la abandoné por semanas.

Yo no necesitaba eso. Estaba bien conmigo mismo. Tenía la casa, el carro y trabajo que cualquiera anhelaba. Estaba, hasta cierto punto, satisfecho con eso. Más no feliz. Sabía que la dicha y felicidad no estaban hechas para mí y por eso hacía muchos años que me cansé de buscarlas.

Por sorprendente que parezca la fila avanzó rápido. Voltee hacia la dulcería, TK ya estaba poniéndole salsa a las palomitas. Fui hacia la sala y le esperé a que llegara para entrar.

Vanidosamente caminó hacia mí con una idiota expresión de felicidad.

-¿Por qué traes esa estúpida sonrisa?

-Relájate, hombre.- me dijo.- Es que acabo de ver a una niña divina.- rodé los ojos, seguro estaba exagerando.


Aigri en español significa Amargado.

Canción: The moment – Yiruma.

Reto: Dar gracias hasta por las cosas más sencillas que me rodean, como una mosca.

Acuerdo: En vez de cuestionar por qué tengo, hago o me pasan ciertas cosas, simplemente agradecerlas y disfrutar.

Versículo: "Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento." Colosenses 4:2.