Mi semana ha sido, resumida en una palabra: Interesante. ¿Y la suya? ^^
Éste no es el capítulo que originalmente tenía planeado y lo borré todo xD o casi todo, gracias por sus reviews ^^
Intenté hacer un mmm... lemmon en el capi pero xDD sinceramente yo reconozco que no soy nada buena escribiendo ese tipo de escenas jajaja así que les pido me hagan saber si les gustó o no y qué creen que debería mejorar ^^
Btw cheuqueen entre semana mi canal en youtube: paola959 subiré un video para que mi prima Aussy-chan se burle de mi acento mexicano ¬¬' jajajajajajajajaja... y pues más delante les tendré una sorpresita ahí 8D
Excelente fin de semana! :D
Capítulo 3: Casualidades.
"La casualidad es quizá el seudónimo de Dios, cuando no quiere firmar."
Jaques Anatole.
Matt
El despertador seguía sonando: 6:00am. Ugh. No quería levantarme, no tenía que hacerlo... bueno sí tenía. Luego de haber holgazaneado todo el fin de semana, era mi deber cumplir con los mil pendientes que dejé.
Perezosamente lo apagué. La cama me tentaba a seguir ahí, el edredón parecía posesionarse de mi cuerpo y atraparme en su suavidad y calor no dejándome despejar el sueño que aún sentía.
Disciplina.
Fue lo que vino a mi mente al casi caer preso de Morfeo otra vez.
Ese año especialmente estaba trabajando en mi disciplina personal, tenía reglas, que yo mismo me establecí para cumplir con algunas metas y una de ellas era: hacer ejercicio.
Sin ya pensármelo dos veces me levanté, me sentía cansado, mareado y con dolor de cuerpo. Pero era mi responsabilidad, me había desvelado anoche y me lo merecía por no respetar la hora que me había asignado para dormir.
Entrando al closet, agarré un pantalón y sudadera deportiva y dejando la playera blanca que llevaba, salí a correr.
Hacía ya tiempo que no lo hacía en el vecindario, casi siempre me iba a un parque o al club deportivo. Había olvidado lo bien que se siente andar escuchando No longer fun mientras saludo a algunos vecinos, cuyo nombre no recuerdo al pasar por sus casas.
Di varias vueltas a la cuadra hasta que el cielo empezó a aclarar. Supe entonces que era hora de volver.
TK aún seguía durmiendo y mi sirvienta ya había llegado y estaba por aspirar la sala.
-Buenos días, joven Ishida.- me saludó. Fui a la cocina por algo para beber.
-Buenos días, Michaela. ¿Qué hora es?
-Las 7:12am.
-Genial. Voy a bañarme.- dejando el vaso de agua sobre la barra, me dirigí a las escaleras.
-¿Cuánto tiempo estará el joven Ishida?- preguntó curiosa.
-Takaishi.- aclaré, pero sin más.- Por tiempo indefinido.- me miró sorprendida.- No te preocupes, Michaela. Te doblaré la paga por encargarte de la cocina.- sonrió.
-No es necesario, joven. Lo hago encantada.
-Bien. Recuérdame darte dinero para que vayas por comida antes de irme.
-Claro.
Subí las escaleras a toda marcha, aunque mi hora de entrada era a las 8:00am, quería llegar antes y poder hablar con mi secretaria para pedirle que buscara algún contador.
Me di una ducha rápida y me vestí con lo primero que encontré. No me gustaba andar formal, pero siendo un ejecutivo, mi trabajo lo requería. Podía escuchar los ronquidos de TK por todo el pasillo.
Bajé haciendo mucho ruido al chocar los zapatos con la madera. Entré a mi despacho, ordené unos papeles que había sobre el escritorio y los guardé en el portafolio.
-¿Le preparo algo de desayunar?- preguntó Michaela al verme salir. Miré el reloj, las 7:43am.
-No, gracias. Toma.- le entregué $100 dólares.- Compra lo que creas es necesario.
-Sí, señor.
-Si mi hermano se pone fastidioso puedes correrlo.- dije seriamente, la mujer, obviamente, pensó estaba bromeando y se rió.- Aunque sabe que no debe darte lata.
-No se preocupe, más. Vaya que se la hará tarde para el trabajo.- me regaló una dulce mirada y sin decir más, salí de mi casa.
Llegué a la empresa, era un despacho fiscal en donde varios administradores trabajábamos. Cada uno tenía a su cargo un hotel, restaurante o tienda departamental. Yo me encargaba de la administración de los hoteles Riu. Empecé siendo asistente del contador, hacía ya más de cuatro años y con mucho esfuerzo logré alcanzar la gerencia.
Debo decir que fue un gran sacrificio.
-Buenos días, señor Ishida.- me saludó Clare. Pasaba de los 30, piel aperlada, ojos marrones y cabello negro. Era secretaria.
-Buenos días. ¿Hay alguna novedad?
-No, ninguna. ¿Quiere que le prepare algo?
-Sí por favor, un café. Tú sabes cómo me gusta. Cuando me lo lleves quiero pedirte un favor.- sonreí.
-Enseguida se lo tengo.- dijo, poniéndose de pie.
Entré a mi oficina. No muy grande pero al menos era privada. Tenía un escritorio con mi computadora. Un sillón de piel en color rojo y dos archiveros.
Dejé el portafolio sobre el escritorio y encendí la computadora. Empecé a sacar unos papeles de una cajonera cuando Clare entró. Traía una bandeja plateada en las manos, donde estaba la taza de café y unas servilletas. Lo dejó todo sobre el escritorio. Yo regresé a mi silla.
-Toma asiento.- le pedí.- Necesito que busques al mejor contador de Odaiba.- dije seriamente. Ella asintió.- Como sabes, Robert renunció dejando todo el trabajo inconcluso. El fin de semana intenté avanzar pero es demasiado. Si no tengo esas nóminas traspasadas no podrá salir la de Diciembre y entonces estaré en problemas.- ella sonrió.
-Ya veo.
-Por favor, Clare, le pido que sea discreta con esto, no quiero que los otros administradores se enteren.- asintió.- Apenas encuentre a alguien avíseme para programar una cita.
-Cuente con eso, señor Ishida.- me sonrió. Yo asentí, dando por terminada aquella pequeña junta.
Salió de mi oficina y yo me dispuse a seguir con lo que dejé el fin de semana.
Pasó más de una hora sin que pudiera sentirla. Lo que me llevó a salir del ensimismamiento fue el golpeteo de la puerta. Sin responder miré el reloj, 9:31am. Y aún seguía llenando las nóminas del mes de marzo. Parecía como si el trabajo no hubiera avanzado. Volví a escuchar el golpeteo.
-Pase.- dije. Clare entró, traía una hoja en las manos.- ¿Sí?- se acercó al escritorio.
-Señor, he encontrado a un contador. Tiene las mejores referencias. Al parecer lleva años ejerciendo y tiene su propio despacho.
-¿De verdad?- pregunté sorprendido.- ¿Quién es?
-Se llama Yuuko Yagami. Trabaja aquí mismo en Odaiba.- me entregó el papel con la dirección.
-Gracias, Clare.
-Me he tomado la molestia de anotar otros dos que aunque no tan buenas, también tienen referencias aceptables.- sonreí.
-Gracias de nuevo.- se dio la media vuelta y me dejó solo.
Antes de marcar, busqué en la computadora a ese tal Yuuko. Había una página, supuse era la de su despacho. Era contador pero trabajaba como administrador. Sonreí. Quizás, él podría ser más que una ayuda para mí. Fui hacia la pestaña que desplegaba la biografía del hombre. La empecé a leer pero sin realmente prestar atención a lo que se decía. Y entonces, hubo algo que llamó mi atención. Una foto que cautivó mi mirada. Estaba él, un joven de cabello castaño y piel morena y una linda muchacha, de cabello lacio y ojos almendrados. Unos ojos que estaba seguro había visto en algún lado. Los tres estaban puestos como para un retrato familiar, con ropa formal y muy sonrientes. No decía el nombre de ellos, sólo que eran hijos de Yuuko. Sonreí aún más, quizás el conocerlo me llevaría más sorpresas de las que esperaba.
Marqué el teléfono que ahí venía señalado. Timbró tres veces antes de que atendieran.
-Despacho de Contaduría Pública, buenos días.- me atendió una voz femenina.
-Eh, buenos días. Me llamo Yamato Ishida y me gustaría solicitar una cita con el licenciado Yuuko Yagami.
-Espere un momento, por favor.- pasó cerca de un minuto antes de que atendiera de nuevo al teléfono.- ¿Bueno?
-Sí, aquí sigo.- dije torpemente.
-Bien, verá señor Ishida, mi jefe se encuentra algo ocupado. Pero dice que puede hacer espacio para verlo hoy a las 11:00am aquí en la oficina.
-Perfecto. Yo paso a esa hora, puntual. Muchas gracias.
-De nada, señor. Que pase un buen día.
Colgué el teléfono y estiré los brazos dando un largo bostezo. Sonreí, al fin podría deshacerme de ese fastidioso trabajo.
Me entretuve escuchando música mientras seguía, ya sin tanto apuro, llenando las nóminas. Sólo me detuve una vez para ir al baño y otra para pedirle a Clare que me preparara otro café.
10:30am. Sin más paciencia, decidí que ya era hora, aunque sabía que no tardaría ni diez minutos en llegar. Le marqué a TK, esperando estuviera despierto.
-¿Hola?- contestó. Se escuchaba la televisión.
-Veo que te has levantado, enano.- bromee.- ¿Qué tal va tu día?
-Aburrido.- se quejó.- ¿Por qué no vienes y vamos a pasear?
-No puedo. Ahora mismo voy a una cita de trabajo. ¿Ha habido alguna novedad?
-Mmm no, todo tranquilo.
-Genial. ¿Sabes si Michaela ya compró la comida?
-Sí, justo ahora está cocinando. ¿Quieres que le pase algún recado?
-No, no.- suspiré.
-¿Pasa algo, Matt?
-Nada especial. Es sólo que me siento culpable por tenerte abandonado.
-No exageres. Estoy bien. Tú haz tus cosas ya veré cómo me entretengo.
-Gracias, pequeño. Te veo en la tarde.- colgué la llamada.
Me puse el saco y salí rápidamente de la oficina. Le avisé a Clare que regresaría más tarde a lo que ella sólo asintió.
Conduje despacio hasta llegar al lugar. Era una oficina muy bonita. El techo estaba sujeto por vigas de madera resinada y tenía columnas de mármol. Había un escritorio, supuse era de la secretaria que me contestó, pero ella no estaba ahí. Por el contrario, un chico moreno de cabello castaño estaba chequeando algo en la computadora.
-Buenos días.- saludé.
-Buenos días.- me miró con recelo.
-Soy Yamato Ishida, ¿eres tú el señor Yagami?- sonrió.
-Sí, bueno mi nombre es Tai Yagami. Vienes a ver a mi padre, ¿verdad?- asentí.- Ven, sígueme.
Entramos a una oficina muy amplia. Había un tapete de leopardo, la famosa pintura de El grito y varios portarretratos sobre una mesita. Había dos archiveros, parecidos a los de mi oficina. Y un escritorio.
Y entonces lo reconocí de inmediato. Hombre alto, moreno, rasgos toscos y porte elegante. El mismo que vi hace años afuera de una capilla funeraria. Todo empezó a quedarme claro, ahora entendía por qué reconocí esos ojos en la foto de la computadora, ¡era ella! La pequeña que estaba a su lado. Pero claro, era una niña cuando la vi y ahora se había puesto tan bonita.
-¿Señor, Ishida?- preguntó Yuuko, poniéndose de pie.
-Sí, así es. Buenos días, señor Yagami.- el hombre me extendió su mano y correspondí al saludo. Pero qué locura, ¿cómo es que el destino me había llevado hacia ellos nuevamente?
-Tome asiento.- ofreció amablemente.
-Su oficina es muy bonita.- él sonrió ante el cumplido. La verdad, no esperaba que un hombre como él hiciera el trabajo de capturar.
-¿Puedo preguntar a qué se debe su venida?
-Claro.- desabotoné el saco.- Verá, trabajo como administrador de empresas. Estoy encargado de la administración de los hoteles Riu.- sus ojos se abrieron al escuchar esto.
-Ha hecho un excelente trabajo en ello, señor Ishida.- asentí.
-Hace una semana, el contador que trabajaba para mí renunció.- él cruzó sus manos apoyándolas sobre el escritorio. Gesto que me puso algo nervioso.- Por imprudencia de mi parte no noté que dejó el trabajo de llenar nóminas inconcluso.
-¿Inconcluso?
-Sí. Por desgracia su computadora fue formateada y olvidó hacer un respaldo de todas las nóminas del hotel situado en Cancún, México.
-Ah, ya veo...- se recargó sobre la silla, agradecí que habláramos el mismo idioma.
-Él me aseguró que había terminado de pasarlo todo de nuevo pero al darle una chequeada al archivo me di cuenta que no es así, ni siquiera había vuelto a abrir la empresa en el sistema y a dar de alta a los empleados. Me la he pasado haciéndolo pero es demasiado y dudo mucho poder terminar.
-Sí, entiendo.- se quedó pensando un minuto.- Y ha venido aquí porque...- sonreí.
-Porque leí referencias suyas. Es, hasta donde supe, el mejor contador de la ciudad y necesito su ayuda para poder pasar las nóminas de manera rápida y sencilla.
-Comprendo. Bien, señor Ishida...
-Matt.- le interrumpí.- Llámeme, Matt.
-Bueno, Matt, espero esté enterado que no hay otra manera de hacerlo más que a mano.- suspiré, eso me temía.- Pero, sin embargo... puedo ayudarle.- sonrió.- ¿Qué tanto le falta?
-Aún voy en marzo.- dije.
-Ah, entonces no es mucho para cuatro manos.
-¿Cuatro?
-Sí, Tai trabaja como mi asistente y tengo a otro muchacho encargado. Yo también me pongo a su disposición.- un alivio me invadió.
-¡Vaya! Muchas gracias, señor Yagami...
-Yuuko, llámame Yuuko.- sonreí.
Hablamos durante un rato más, sobre cómo nos repartiríamos el trabajo y cuánto le pagaría. Él amablemente me dijo que lo haría por el hecho de ayudarme, sin cobrarme algo a cambio. Pero lo justo es justo y trabajo es trabajo, así que no se lo permití. Le ofrecí cierta cantidad, que para él pareció ser mucho, pero al verme tan obstinado aceptó.
Incluso me invitó a un proyecto que estaba por probar sobre facturas electrónicas, pero quedamos en hacer otra cita para que me hablara sobre esto.
-Mire la hora, le he quitado mucho tiempo.- dije apenado.
-Para nada, ha sido un placer tenerlo aquí.- sonrió amablemente.
-Entonces así quedamos, mañana a primera hora le traigo las carpetas para que comiencen.
-Así es.- Tai sonrió.
-Muchísimas gracias por todo, señor...- él levantó una ceja.- Yuuko.
Kari
He tenido la semana más loca, divertida e interesante del año, aún no puedo reponerme de tantas sorpresas que me he llevado.
Y es que todo comenzó el domingo en la noche. Yo me había decidido a estudiar Literatura en letras en la universidad de Odaiba. No me importaba ya si tenía que irme de casa como Sora para cumplir mis sueños, eso era lo que quería.
Durante el fin de semana estuve pensando en cómo se lo diría a mi padre. Él siempre terminaba convenciéndome de que eso no me convenía pero ésta vez era distinto, ésta vez debía mantenerme firme en mi decisión.
En la cena del domingo aproveché la oportunidad.
-Cariño, me he informado que ésta semana son las inscripciones para la universidad, ¿ya te has decidido?- preguntó él mientras cortaba un pedazo de su carne.
Tomé aire profundamente y asentí.
-Sí, papá, ya sé lo que quiero.
-¿Y bien?- sonrió, instándome a seguir. Voltee a ver a Tai quien se llevó un vaso con su refresco a la boca.
-Voy a estudiar Licenciado en letras.- una carcajada se le escapó, fruncí el ceño, me molestaba que actuara de esa manera en cuando a mis gustos se refería.
-¿Creí que ya había dejado más que claro eso, cariño?
-Y así fue, papi. Pero si no estudio lo que me gusta difícilmente podré adaptarme a otra carrera.
-Cariño...- sonreí.
-He tomado una decisión y me apoyes o no, eso es lo que haré.- piqué un poco de betabel con el tenedor y me lo llevé a la boca, él no me quitó los ojos de encima.
-Eres igual de terca que tu madre.- susurró.
-Algo tenía que heredar.
-Papá...- interrumpió mi hermano.- Kari tiene razón, si no estudia algo que le guste jamás podrá desarrollar sus habilidades al cien por ciento.- mi padre levantó una ceja al ver que Tai me secundaba. Negó con la cabeza y exhaló.
-¿Estás segura que eso es lo que quieres, mi amor?- se volvió a mí, de pronto su semblante cambió.
-Completamente segura.- respondí.
Hubo silencio durante unos segundos.
-Está bien. Aunque sabes que no me agrada para nada, te apoyaré. Después de todo eres mi hija y ver que realizas tus sueños es lo que me hace sentir feliz y orgulloso.
¿Pero qué acababa de escuchar? ¿Mi padre aceptaba que fuera escritora? ¡Dios Santo! ¡Se venía un Apocalipsis! De pronto sentí el estómago revolverse y no necesariamente por la comida sino de emoción, de nervios, de sorpresa. Es que me era casi imposible creer lo que me estaba pasando, durante mucho tiempo le rogué que me dejara estudiar eso y ¿ahora? ¡Bingo!
Luego un poco de coraje empezó a brotar en mi mente, si él estaba dispuesto a dejarme cumplir mis sueños, ¿por qué no lo hizo antes? ¿Por qué me hizo esperar casi medio año? ¡Argh! Ya de nada servía que me enojara, después de todo dicen que las cosas pasan por algo y ese algo siempre es bueno...
Con ello empezó mi semana, lo siguiente fue que llevé a Sammy al cine, un día antes de ir a inscribirme decidí salir con él y darle la noticia de cómo si de verdad nos lo proponemos, nuestros sueños se hacen realidad...
-¿De verdad tu papi te dejó hacer eso?- preguntó el rubio entusiasmado, estábamos esperando las palomitas.
-Así es, Sammy.- sonreí.
-¡Qué bueno!- me abrazó la pierna. Adoraba a éste niño.
-Aquí tiene.- el encargado me extendió una charola con el bote de palomitas y dos refrescos.
-Gracias.
Caminé junto a Sammy para ponerles salsa.
-No mucha porque me pica.- dijo él moviendo su dedo índice como si fuera una orden.
-Ya sé.- balbucee.- ¿Y tú, pequeño? ¿Cuáles son tus sueños?- posó sus enormes ojos azules en mí, supuse o que no me había entendido o que lo estaba pensando, me fui por la segunda opción.
Caminamos hacia la sala, él se mantuvo en silencio. La ventaja de que fuera una película para niños es que no había mucha gente y podíamos sentarnos en donde quisiéramos. Escogí en el centro ya que es donde mejor se ve la pantalla.
Aún estaban los cortos que pasan antes de que inicie y las luces no estaban apagadas del todo. Voltee a ver a Sammy, tenía la mirada fija en la pantalla y jugueteaba con sus pulgares.
-¿Pequeño? ¿Estás bien?- asintió.
-Es que...- volteó sus ojitos hacia mí.
-¿Sí?
-Ya sé cuál es mi sueño.- hablaba en voz baja como si le diera vergüenza decirlo.
-¿Cuál es?- sonreí.
-Quiero que tú seas mi mamá.
Y con eso, me sentí la peor persona en el mundo. Preocupada por cosas tan vanas como mi futuro, y digo vanas porque ni siquiera sé si estaré viva para entonces.
El niño anhelaba amor, él quería sentir cariño materno ¿y yo? Tener una licenciatura en letras.
Es increíble como momentos así llegan a cambiar ideas, pensamientos e incluso algunas veces, decisiones.
Durante toda la semana me quedé pensando en lo que Sammy dijo. En mis planes estaba el adoptar, es cierto pero... para cuando lo hiciera él ya estaría demasiado grande, mi pequeñito, ¿qué podría hacer por él?
Y bueno, para ventaja y distracción mía, volví a ver ese par de ojos azules con los que me topé en el cine. Su nombre, Takeru Takaishi. Acababa de llegar de Francia, vivía con su hermano y, mejor aún, sería uno de mis compañeros en casi todas las clases.
Fue el jueves, le pedí a Sora que me acompañara a las inscripciones. Mientras estaba en la fila esperando me entregaran el horario a ella se le ocurrió ir al baño, Dorota se había quedado en casa ayudando con los quehaceres ya que mi padre se había hecho socio de un administrador muy importante y tendrían una reunión esa tarde.
-Señorita, se le ha caído...- escuché una voz masculina hablarme. Me voltee y ¡oh sorpresa! Era él, llevaba un papel en las manos.
-Gracias.- se lo quité, sonrió de oreja a oreja.
-Nos volvemos a ver. Ya sabía yo que estábamos destinados a conocernos.
¿Qué? ¡Lo que me faltaba! Un engreído.
-¿Disculpa?
-Mi nombre es Takeru Takaishi, pero puedes decirme TK.- dijo sin dejar de mostrar esa endemoniada sonrisa que podía derretir hasta un corazón de acero.
¡Dios! ¿Por qué, por qué? Sentí muchos deseos de ceder y caer en su "juego", una abrumadora confianza se plantaba en aquella atmósfera y de pronto quería contarle todo sobre mí, ¿qué tenía éste tipo?
-¿Vas a decirme tu nombre?- preguntó.
-Hikari Yagami.- respondí.- Pero puedes decirme Kari.
Y así sucedió, cuando caí en cuenta ya le había contado todo desde que salí de preparatoria, el por qué dejé de estudiar un tiempo y la reacción de mi padre días antes. Algo vi en TK, algo que me pareció familiar, sentí como si ya lo conociera desde hace años, emanaba tanto encanto que simplemente me dejé seducir.
Y casi podría apostar que él sintió lo mismo. Me contó que sus padres se habían divorciado cuando él apenas era un niño, que por mucho tiempo vivió en Francia con su abuelo y los motivos por los cuales quería ser escritor.
Me parecía increíble que en mi vida se atravesara un chico así. El tiempo voló en nuestra plática, a ambos nos entregaron el horario, el listado de libros que requeríamos comprar y un par de cosas más y como si fuera verdad lo que dijo y estábamos destinados a estar juntos, quedamos en las mismas clases. Lo vería a diario. Increíble ¿no?
-Tengo que irme.- me despedí, guardando la papelería en un legajo.
-Te veré en dos semanas, Kari.- dijo él sonriendo.- Definitivamente va a ser un semestre muy interesante.
-Estoy de acuerdo. Nos vemos, TK.
Caminé hacia el baño y antes de entrar vi a Sora salir del de hombres, se iba arreglando la blusa.
-¿Sora?
-Kari, ¿cómo te fue?- sonrió.
-¿Qué hacías saliendo del baño de hombres?- volteó la cabeza para confirmar lo que yo decía y nerviosamente se echó a reír.
-¡Qué tonta! No me di cuenta que entré ahí.- dijo. Levanté una ceja, ésta chica me estaba ocultando algo.
-Suéltalo.- seriamente dije.
-¿Qué? ¡Ay, Kari! ¡Relájate! ¿Acaso nunca te ha pasado algo así? Ven.- me tomó del brazo y fuimos hacia el coche donde James nos esperaba.- Vamos a comer que me muero de hambre.
Sora
La alarma no dejó de sonar por lo que me parecieron horas. Sentía mucho frío y mucho sueño. Me destapé un poco el rostro, 6:30am. Era demasiado temprano, me cubrí nuevamente y me acurruqué bajo la colcha. Cerré los ojos y lo primero que vino a mi mente fue ese par de ojos azules que mi cuerpo pedía ver. ¡Ay Dios! Extrañaba mucho a Matt, desde que su hermano llegó de Francia no había podido ir a verlo.
Me parecieron segundos los que estuve así hasta que escuché la puerta abrirse de golpe y enseguida el pesado cuerpo de mi prima caer sobre mí.
-¡Levántate, floja! Quiero que me acompañes a inscribirme para la universidad.
-Mmm...- me di la vuelta, sin destaparme y haciendo caso omiso a lo que escuchaba.
Anoche me había quedado a dormir con ella, nos pusimos a ver películas, perdí la noción del tiempo y mi tío insistió en que era muy tarde para que regresara a mi casa.
-¡Vamos, Sora!- empezó a brincar sobre mí, estrujando mis costillas. Luego una onda fría recorrió mi espalda, abrí los ojos. Kari estaba de pie y me había quitado la cobija.
-¡Déjame dormir!- grité. En ese momento Dolores entró al cuarto.- Dolores, dile a la cabezota que me deje en paz, por favor.- supliqué como si fuera una niña pequeña.
-Me temo que no puedo, señorita. Debe hacer caso. Su prima espera que se aliste para que la acompañe.- abrió las cortinas, dejándome cegada por la luz matutina.
-No quiero.- balbucee.
-Usted lo prometió anoche.- Kari sonrió de oreja a oreja, lanzó el cobertor sobre mí y salió, aún en pijamas, del cuarto.
-¿Por qué quiere que vaya?
-No lo sé, sólo me ha pedido que venga a despertarla.- me senté en la cama, aún intentado despejarme de la pereza.
Dolores iba y venía sacando algo de ropa y preparándola en una silla. Me puse de pie y me metí al baño.
-Mejor que se dé prisa.- dijo antes de que me encerrara.
Me metí a bañar, intentando no tardarme mucho. Salí en mi bata rosa, la cama ya estaba tendida y mis zapatos guardados en el closet. La ropa, que yo había dejado de la noche anterior sobre el escritorio, estaba en el cesto de ropa sucia.
Una ventaja de ser pariente de los Yagami es que su casa era mi segundo hogar y aún conservaban mi antigua habitación y parte de mis cosas.
Dolores había elegido un pantalón de mezclilla azul oscuro, ligeramente entubado. Una blusa de tirantes color verde aguacate y un suéter de estambre negro con botones. Vestí también unos converse verdes. Ese día no iba a trabajar así que también descansaría de la formalidad y los tacones. Me puse algo de perfume antes de salir del cuarto.
Kari y Tai ya estaban desayunando, eran las 7:36am. Mi tío siempre salía de casa a las 8:00am.
-Buenos días, prima.- dijo Tai, me acerqué a darle un beso.- Lamento que hayas tenido que despertarte tan temprano pero requiero tu presencia.
-¿Por qué?- pregunté, sentándome a un lado de él y en frente de mi prima. Dolores vino enseguida y puso un plato con unos tres hot-cakes.
-Papá tendrá una aburrida reunión de ejecutivos y por un rato quiere la casa sola así que serás mi niñera.- dijo Kari.- Antes de que digas algo, te pagaré.- sonrió.
-Bien, te ayudaré.
Desayunamos tranquilamente.
Salimos de casa poco antes de la hora acordada y en menos de lo que canta un gallo llegamos a la universidad. En el estacionamiento me pareció ver el carro de Matt, aunque era imposible, ¿qué estaría él haciendo ahí a esa hora?
Kari fue a pagar primeramente la colegiatura y luego se formó para que le entregaran su horario y demás. Había una enorme fila, unos 20 muchachos aproximadamente adelante de ella.
Bostecé, seguía sintiendo sueño.
-¡Estoy tan feliz!- exclamó.- De verdad por un momento me pareció imposible que papá me dejara estudiar escritura.- sonreí.
-En la vida no hay límites, sólo los que tú misma creas.- frase de Matt, lo había escuchado por no exagerar unas cien veces decírmelo.- Kari, eh... voy al baño.
-Sip.
En realidad no tenía ganas, sólo quería caminar por el campus y pensar. Tenía muchas cosas en que pensar y para colmo la única que me venía a la mente era esa: Matt.
Regresé al estacionamiento, James no estaba en el carro, supuse habría ido a comprar un refresco o algo y al posar mi vista en ese Volvo gris lo vi. El estómago empezó a revolverse, las manos a temblar y el corazón a palpitar descontrolado. Respiré profundamente y a pasos lentos me acerqué. Estaba recargado contra la puerta fumando.
-Hola...- saludé. Fue golpeado por el asombro al verme y sus ojos se abrieron de par en par.
-Sora... qué... ¿qué haces aquí?- le dio un último toque al cigarro y lo apagó. Sonreí.
-Vine a acompañar a mi prima a que se inscribiera, ¿y tú?
-Traje a mi hermano a inscribirse también.- dijo.
Y entonces se formó ese mágico silencio que siempre nos acompañaba. Me acerqué y le acaricié una mejilla. Estaba helado.
-Te extrañé...- susurré. Poniéndome de puntitas me acerqué a besarlo.
-Cuando te vi pensé que me estabas acosando.- dijo engreídamente.
-Ni que fueras tan importante.- mentí, la verdad sí lo era.
Se inclinó para besarme con demasiada pasión y desesperación que me mordió el labio.
-¡Oye!- me quejé. Lo noté ansioso.
-Lo siento.- se sonrojó.- Es que...
-¿Qué?- fruncí el ceño, tenía una mirada traviesa que no me daba confianza.
-Mientras esperamos deberíamos...- comenzó a acariciarme el brazo, el cuello, la cintura... ¡iba a ceder! ¡Lo sabía! Sabía cómo tentarme para que hiciera lo que quería.
-Matt...
-Vamos, no creo que haya gente en el baño.- sin darme tiempo de protestar me jaló de la mano y me condujo hasta el baño de hombres, efectivamente estaba vacío.
Aquello era una locura. Una completa y total mala idea pero qué más daba, vale la pena arriesgarse por las cosas que queremos y estar con Matt era lo que yo más quería en ese momento. Así que me dejé llevar por la adrenalina, la emoción que sentía al pensar que podía ser atrapada en cualquier momento.
Tiré hacia atrás la cabeza, disfrutando. Introduje las manos bajo la camisa y la camiseta que él llevaba puestas y me aferré a su espalda, apretándolo más contra mi cuerpo.
Matt desabrochó mi pantalón, rozando mis muslos, separándome las piernas, poniéndose entre ellas. Quería tenerme entre sus brazos la mayor cantidad de tiempo posible, quería demostrarme ¿que me amaba? No lo sé, él sólo quería ser dulce conmigo y acariciarme y besarme hasta que su cuerpo le ordenara ir al grano de una vez por todas, hasta que el más insignificante tacto se volviera una tortura agridulce de placer.
Me acarició íntimamente, con la mano bien apretada en la entrepierna, pero sin quitarme la ropa interior. Eso hizo que encloqueciera.
Se acomodó entre mis piernas y, lentamente, fue hundiéndose en mi interior. Era uno de los instantes que más disfrutaba de hacerle el amor: cuando se escurría dentro de mí de una manera calculada y perezosa, mientras veía como yo me aferraba a lo que tuviera a mano, deshaciéndome de placer. Tan lento que era eterno... soltando el primer gemido ahogado.
Sólo de dos o tres veces de repetir ese movimiento, Matt comenzaba a hacerlo más y más rápido, hasta que sentía como las paredes, el lugar entero temblaban a nuestro alrededor.
Y entonces soltó algo que no me esperaba... algo que creí jamás, jamás en la realidad escucharía.
-Sora... te amo. Te amo, te amo tanto... Sora...- gimió él, cuando estábamos ya alcanzando una plenitud asombrosa, entre temblores y caricias.
Yo ya no era capaz de articular palabra. Solo atiné a abrazarlo más estrechamente, hasta que nuestros cuerpos se sacudieron violentamente durante el clímax.
Canción: Every rose has its thorn – Poison.
Reto: Ponerme en el lugar de otros antes de criticar.
Acuerdo: No hacer suposiciones.
Versículo: "No juzguen, y no se les juzgará. No condenen, y no se les condenará. Perdonen, y se les perdonará." Lucas 6:37.
