Capítulo 7: Alimentación.

"Lo que no mata, engorda."

Anónimo.

Sora

-¡Vaya, prima! Aún sigo sin creer que hayas visto a un hombre que conociste hace ocho años.- dije, dándole un sorbo a mi café.

-¡Estoy igual! Pero te lo prometo Sora, era él, el mismo que vi afuera del funeral de mi madre y ahora trabaja con papá.- Yolei empezó a reírse.- ¿Qué es tan chistoso?- preguntó Kari.

-Es que me parecen increíbles las jugadas del destino, ¿a ti no?- comentó la chica de lentes.

Kari nos había insistido muy temprano que fuéramos por un café después de la iglesia, era un cálido domingo y ahí estábamos, sentadas en una pequeña mesita afuera de la cafetería.

-Y que lo digas.- murmuró mi prima, dándole una mordida a su muffin.

-¿Qué sentiste al verlo?- pregunté de pronto, sus grandes ojos me miraron con un brillo que jamás había visto en ellos.

-Pues...- se detuvo para pensar.- No lo sé, hubo una mezcla de emociones, entre los nervios de haber tocado, la vergüenza por los cumplidos que me hizo y la emoción de...

-Espera.- la detuvo Yolei.- ¿Te hizo cumplidos?- Kari sonrió.

-Sí, comentó que la forma en que toqué el piano era mucho más hermosa que el cielo estrellado.- ambas, Yolei y yo, nos quedamos mirando fijamente a Hikari.- ¿Qué?- se encogió de hombros.

-¡Tú le gustas!- exclamé emocionada, y es que era verdad, ¿a poco mi prima era tan ingenua que no se había dado cuenta?

-¡Ay no empiecen!- dijo ella, aventando su cuerpo hacia atrás y cruzándose de brazos.

-Sora tiene razón, Kari. ¿Por qué otra razón te diría algo así? Los hombres no halagan algo que no les gusta.

-Hey, calma. Estás hablando como si yo fuera un objeto.

-No, no, no. Yo sólo digo que si él lo hizo fue porque le gustaste.

Kari se mordió el labio inferior mientras nos veía. Seguramente estaba procesando aquello. Mientras, seguí comiendo mi delicioso pastel de zanahoria cuando mi celular sonó, era un mensaje.

De Matt, mensaje de texto, 4:45pm: Lo siento, Sora. Tengo un compromiso hoy. Luego te veo.

-¿Pasa algo, prima?

-¿Eh? Ah no, nada.- sonreí.

¿Qué le sucedía a Matt? Unos días estaba demasiado cariñoso y otros ¡ni siquiera quería verme! Ya, eso me pasaba por enamorarme de él. Tenía que hacer algo si no quería terminar vuelta loca como una dependiente de ese rubio.

-Ah todo esto, Kari no nos has dicho cómo se llama el "ángel".- preguntó Yolei.

-Cierto. Se llama Yamato Ishida.

-Mmm ¿volverás a verlo?

Kari sonrió como boba.

-No lo sé, dejemos que el destino lo decida.


Kari

Regresé a casa cerca de las 6:00pm con una sonrisa que no había querido irse de mi rostro. Dolores estaba horneando panquecitos, olían delicioso.

-Oh, señorita, qué bueno que llega.- me recibió al entrar, fui a darle un beso en la mejilla.

-¿Está papá en casa o Tai?

-No, su padre se ha reunido con el señor Ishida y su hermano salió hace un par de horas sin decir a dónde iba.

-Genial.- murmuré sarcásticamente. No me gustaba que me abandonaran de esa manera y menos en un domingo que se supone debía ser familiar.

-¿Quiere que le prepare un café? Estoy haciendo sus panquecitos de chocolate favoritos.- sonreí, mi nana sí que sabía cómo levantarme el ánimo.

-Gracias pero acabo de comer hace rato. Quiás más tarde.

-Bien, si no se le ofrece algo más estaré en la cocina.

-Sí.- sonreí.

Dolores se fue y me tiré en el sillón mirando al techo. TK se había ido el fin de semana con unos primos, ¡y pensar que yo quería novio para no estar sola!

De reojo vi el piano. Me acerqué y levanté la tapa, las teclas tenían algo de polvo, hacía tiempo que no lo usaba. Me senté y empecé a tocar, nuevamente Kiss the rain era un de mis piezas favoritas. La toqué una, otra y otra vez sin hartarme de la melodía. Escuché que el timbre sonó pero no me quise levantar. Dolores fue a abrir y en menos de dos segundos vi a mi padre y a Yamato parados frente a mí.

-Kari, qué bueno que estás aquí.- dijo papá. Me levanté a saludarlos.

-Buenas tardes.- extendí mi mano para saludar a Ishida y un chispazo saltó al rozar nuestros dedos.- Lo siento.- dije apenada, él sonrió divinamente.

-Hija, agarra tus cosas que Yamato quiere llevarnos a un club de nutrición para cenar.

-¿Eh?- me quedé perpleja.

-Sí...- comenzó a decir él.- Casi todas las noches voy a cenar una malteada, es nutritiva y comentándole a tu padre me ha dicho que quiere ir.

-Tengo que hacer desaparecer estos kilos.- dijo papá apuntando a su barriga. Me reí.

-Bien, vamos.

Agarré mi bolsa y salimos en el carro de Yamato que para mi sorpresa era un Volvo color gris y convertible, ¿simple coincidencia o jugada del destino? Era exactamente el auto que yo quería. Iba sentada en la parte trasera, por el espejo retrovisor miraba a Ishida de vez en cuando, tenía rasgos exageradamente parecidos a TK. No metería mis manos al fuego pero podría apostar en que eran parientes pero eso también sería demasiada casualidad además que tenían distintos apellidos.

Llegamos al lugar, era un local en el que cabían unas 30 personas. Tenía sillas colocadas alrededor de la pared y sobre ésta pósters con las reglas de nutrición, las calorías de cada comida y algunas frases motivadoras. Había unas 10 personas al menos, casi todas mujeres y tres niños armando un rompecabezas en el piso. Ishida pasó de largo saludando con la mano a todos, mi padre y yo lo seguimos. La señora que atendía el lugar le dio un fuerte abrazo al saludarlo, era una mujer delgada, de cabello castaño y ojos grandes que tenía una simpática sonrisa.

-Señora Alice, él es uno de mis socios, Yuuko Yagami y ella es su hija.- noté que sonrió al mirarme.- Hikari Yagami.

-Bienvenidos.- dijo la señora saludándome.- ¿Alguna vez han escuchado de la nutrición celular?

-No.- sonrió mi padre.

-Bueno, tomen asiento y enseguida les explico.

Ishida se sentó en una esquina, mi padre a su lado derecho y yo enseguida de él. La señora Alice de inmediato nos entregó un aloe con sabor a mango y nos explicó los beneficios que tenía, mi padre estaba encantado de la vida haciéndole preguntas. Luego nos preparó dos tés y finalmente una malteada, la mía era de chocolate con galletas y nuez, sabía deliciosa.

Mi padre se levantó para hacerle más preguntas a la señora Alice ya que por el ruido de la licuadora y la gente ahí tenían que gritarse, literalmente. Ishida se corrió un asiento quedando a mi lado, él casi se terminaba su malteada de frutas tropicales.

-¿Te gustó?- preguntó.

-Sabe bien.- sonreí.

Nos quedamos en silencio, mirando a los niños pelearse por una pieza del juego. Estaban haciendo un escándalo espantoso al gritarse y golpearse entre los tres.

-¿Sabes qué me molesta?- dije en voz baja para no ser escuchada por nadie más que por él.

-¿Qué cosa?

-Que los niños hagan esa clase de berrinches en un lugar público y sus madres ni siquiera se dignen a callarlos.- el rubio se quedó mirándome como asustado sin proferir palabra.- Ya sé que pensarás que estoy loca pero...

-A mí también me molesta mucho.- dijo.- Y que encima de todo los premien por lo que hacen.

Nos miramos y sonreímos.

-Por eso no pienso tener hijos.- murmuró dándole el último sorbo a su bebida.

-¿De verdad?- asintió.

-No me gustan los niños, no me gusta pensar en la responsabilidad que es criar a uno ya mucho tengo conmigo mismo.- sonrió. Fruncí el ceño, ¿estaba hablando en serio? Siempre fui mala detectando el sarcasmo o cuando alguien me jugaba una broma.- ¿A ti te gustan?

-Sí.- terminé mi malteada.- Aunque yo prefiero adoptar.

-¿Y eso?- sonreí.

-Voy como voluntaria a un orfanato y cuido de los pequeños. Me parte el corazón ver a algunos llorar porque extrañan a los desgraciados de sus padres. Si yo tengo la posibilidad de darles el amor, cuidado y atención que necesitan, ¿por qué no he de hacerlo?

-Vaya...- Ishida se quedó mirándome fijamente como si quisiera decir algo y no pudiera, fue tanto así que me sonrojé.- Me encanta tu forma de pensar, no cualquier muchacha a tu edad anda preocupándose por esas cosas.- sonreí.

-Es que no soy cualquiera.

Él iba a decir algo pero mi padre interrumpió.

-Listo, ¡me ha fascinado esto!- Yamato y yo sonreímos.

-Entonces vámonos.- dijo él.

Nos despedimos de la señora Alice y los demás clientes y regresamos a mi casa. Papá fue tentado por el olor de los panquecitos pero parte de la nutrición era no cenar después de la malteada para no subir de peso.

Tengo que admitir que desde que mi papá empezó a juntarse con Ishida se le veía más relajado y de buen ánimo, quizás le hacía falta algo de compañía juvenil. Por ejemplo ahorita, en vez de llevar un traje o ropa formal como siempre acostumbraba, traía unos jeans, tenis y camiseta polo. Cosa rarísima en él.

-Se hace tarde, mejor los dejo descansar.

-Muchas gracias por todo.- dijo mi padre, dándole un abrazo como los hombres hacen.- ¿Entonces mañana también irás al club?

-A las 7:30am ahí estoy.

-Perfecto. Si me disculpan, tengo que ir al baño.- anunció papá entrando apuradamente a la casa. Yamato y yo nos reímos.

-¿Qué le hiciste, eh?- pregunté.

-Tu padre es fácil de influenciar y necesitaba tomarse las cosas más relajadamente.

-¿Fácil de influenciar?- me reí.- Si supieras todo lo que me cuesta convencerlo de que me compre un carro.

-¡Ay, Hikari! Tienes un chofer, ¿por qué habrías de querer semejante cosa?

-Ah pues déjame pensar, quizás porque quiera algo de li-ber-tad.- hice mucho énfasis en la última palabra y él se echó a reír.

-Eres la chica más libre que conozco. En serio.- se acercó a mí y me puso algo nerviosa. Acarició suavemente mi mejilla y rosó mi párpado con sus dedos.- Pide un deseo.- dijo señalando una pestaña que me había quitado.

-Mmm...- me quedé pensando, aquello era un juego de niños y, sin embargo, ahí estábamos los dos.- Listo.- soplé a la pestaña y ésta voló de inmediato.

Nos quedamos en silencio mientras nos mirábamos, había algo en él que me encantaba, ¿sería su parecido con TK? ¡Oh no! Pensar en mi novio en esos momentos me hacía sentir culpable pero ¿de qué?

-Será mejor que me vaya.- rompió el silencio.

-S... sí.- bajé la mirada.- Nos vemos, Ishida.

-Adiós, Yagami.- se acercó y me dio lo que pareció ser el beso más lento en la mejilla al despedirse.

Me quedé mirando cuando subía a su coche y se iba. Dios, me sentía atraída hacia él como un imán. Salí de mi ensimismamiento cuando mi celular empezó a vibrar en mi pantalón. Era un mensaje.

De TK, mensaje de texto, 10:47pm: Te extraño mucho, mi cielo. Espero con ansia que llegue mañana para verte, te quiero demasiado! :D

Y al leerlo supe que requería aclarar mis pensamientos y al menos, por esa noche, no dormiría.


"I'm tough, I'm ambitious, and I know exactly what I want. If that makes me a bitch, okay." Madonna.