Capítulo 8: Pensamientos.

"Siente el pensamiento, piensa el sentimiento."

Miguel de Unamuno.

Kari

-¿Por qué eres tan terco?- refunfuñé por enésima vez ante la actitud de mi novio.

-Porque así nací.- intentó molestarme con su comentario añadiendo una pícara sonrisa.- Anda preciosa, no te cuesta nada aceptar.

Suspiré. Toda aquella discusión se debía prácticamente a que TK quería ir a patinar y yo no. Pero es que mañana tendríamos un examen importantísimo y no me sentiría a gusto perder el tiempo de estudio de esa forma.

Me quedé pensando en mis pensamientos, ¿les ha pasado? A mí sí, muy a menudo. La causa real por la que quería regresar a casa de inmediato era Yamato, oh vaya que eso era. Él se había puesto de acuerdo con Tai de que pasaría a recogerlo para que fueran juntos al gimnasio y por razones confusas mi ser entero anhelaba verlo nuevamente.

-Kari, ¿estás escuchándome?- de pronto las palabras de Takeru provocaron que me saliera del maravilloso mundo que es mi mente.

-¿Eh? Sí, sí.- lo noté quejarse y negar con la cabeza.

-Has estado muy distraída últimamente, ¿sucede algo que quieras contarme?

Lo miré detenidamente. En efecto era un hombre guapísimo y me gustaba, no lo niego, pero... en mi cabeza se había metido alguien más, fue como un intruso que llegó a robarse el lugar de TK... ¿o será que nunca le di un lugar en mi mundo? ¡Dios! Esta clase de drama es el que me fastidia y lo peor del caso es que no hallo la forma de manejarlo.

-No, nada.- sonreí.- Será mejor que me vaya.

-Eso quiere decir que no irás a patinar.- se cruzó de brazos, enfadándose de inmediato.

-Lo lamento.- me acerqué a acariciar su mejilla.- No deseo reprobar mañana y sí requiero el tiempo para estudiar.

Soltando un largo suspiró, dejó caer los brazos.

-Preciosa, eres la chica más inteligente de todo el universo, conoces a la perfección cada regla gramatical, es obvio que no reprobarás.

-No supongas el futuro que es incierto.- apliqué una frase de mi abuelo.

-Pero...

-Estaré estudiando en casa por si quieres ir de rato.- me paré de puntitas y sin dejarlo reaccionar le di un pequeño beso en los labios.

-Espera.- me detuvo del brazo antes de irme.

-¿Qué?

Acto seguido, me jaló de la cintura y me atrajo hacia él para besarme con más pasión. Sentí mis mejillas arder al separarnos.

-Te quiero mucho.- susurró en mi oído mientras me repartía caricias por la frente con su nariz.

Me aferré de su cuerpo y lo abracé como queriendo fuera interminable. Aspiré su adorado aroma a masculinidad y sin quererlo vino Yamato a mi mente...


Matt

Llegué minutos antes de lo acordado pero la desesperación de querer verla no me dejaba en paz.

¿Por qué diablos esa chiquilla se me había metido en la cabeza?

Hikari Yagami podía ser todo menos un ángel. Con su encantadora sonrisa, su brillante cabello y ese cuerpo de modelo había revolucionado mi mundo entero. Ahora el despertar lo único que quería era verla. Pasaba más tiempo a diario de lo normal con Yuuko para poder acercarme pero siempre se encontraba en la universidad.

¿En qué momento permití que esto sucediera?

Y sin dejar de quejarme aquí estoy, ansioso por respirar su dulce aroma, por perderme en sus brillantes ojos color avellana y conocerla.

Dolores abrió amablemente la puerta y me invitó a esperar a Tai en la sala.

La casa estaba en total silencio, quizás Hikari aún no regresaba y todo mi apuro había sido en vano.

Cuando la esperanza empezó a venirse abajo escuché que alguien saltaba por las escaleras, sin levantarme esperé encontrarme con Tai pero ¡vaya sorpresa la que me llevé! Cuando el primer rostro que mis ojos captaron era el que más anhelaban ver.

-Buenas tardes, Ishida.- con algo de gracia se paró detrás del sillón que estaba en frente mío.

-¿Cómo estás Yagami?

-Excelente.- sonrió.- He tenido un día perfecto.

-La perfección no existe.

-No para ti.

Silencio. No supe qué decir.

-Dime una cosa, ¿quién ha dicho que la perfección no existe? Y ¿qué es eso, de todos modos? Para mí el hablar de perfección implica disfrutar cada segundo de mi existencia.

Rayos, no sólo resplandecía de una belleza única sino que además ahondaba en temas tan profundos como la relatividad y misterios de la vida. Oficialmente, Hikari Yagami me encantaba, es el tipo de chica que me vuelve loco y mejor aún, es mucho menor que yo, lo cual conquistarla sería todo un reto que ni de loco dejaría pasar.

-Eres una soñadora.

-Lo sé.- afirmó jactándose de sí misma. ¿Cómo podía mostrar tanta seguridad sin sentir pena?- ¿Por qué llegaste antes, Yamato?- preguntó de pronto.

-¿Disculpa?

Se dio media vuelta para quedar frente a mí, en un acto por inercia me puse de pie rompiendo la distancia entre nuestros cuerpos.

-Viniste 20 minutos antes de lo acordado.- se cruzó de brazos.

-¿Te molesta que lo haya hecho?- sonreí. Empecé a sentir como sus brazos se movían con el temblor de sus manos, ¿acaso estaba nerviosa? ¡Ja! Sólo hay una forma de saber.

-Eh... tanto así como molestarme no pero...

-Quería verte.- bajó los brazos y abrió sus ojos ante la sorpresa de mi respuesta.

-¿Por qué?- fue todo lo que pudo articular.

-¿Acaso no es obvio? Tú me...

-¡Ishida!- escuché la gruesa de voz de Tai y ambos nos giramos para verlo, recién bañado y con el cabello aún escurriendo, entrar a la sala.- Llegaste antes, eh.- me guiñó un ojo.- Bien, estoy listo, vámonos.

-Tú también puedes venir, Hikari.- la chica permanecía inmóvil frente de mí.- En el gimnasio hay una sección para mujeres que...

-Oh, no.- interrumpió Tai.- Ella tiene que esperar a su novio, ¿verdad, hermanita?- vi como el rostro de la chica se desencajó totalmente y sus ojos se aferraron a los míos. ¿Novio? ¡Pero claro! ¡Qué idiota soy! Una muchacha así de linda no iba a estar sola.

-S... sí.- tartamudeó y bajó la mirada.

Me limité a asentir y salí junto con Yagami de la casa, sintiéndome como el rey de los tontos. Una sola pregunta permanecía en mi cabeza: ¿quién era el maldito bastardo que gozaba el privilegio de tener a Hikari como novia?


Capítulo corto, escrito en una hora más o menos xD espero que les guste, dejen review por favor ^^