Capítulo 11: Confesiones.

"Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas."

Proverbio árabe.

Matt

El evento había sido muy emotivo, lleno de sorpresas, alboroto y gente hipócrita que pretende alegrarse al verte sólo para cuidar su imagen.

Pero sin duda alguna quien se llevó la noche fue mi preciosa Hikari. Con esa ternura que la caracteriza subió a recibir el reconocimiento de su padre y nos deleitó con unas cuantas palabras cargadas de agradecimiento.

Algo tenía Yagami que me enloquecía, no sabía si eran sus ojos almendrados, su suave cabello, la textura de su piel o su inocencia, entusiasmo y dulzura o quizás todo en conjunto que la hacían ser una mujer bellísima.

-Aún no tengo sueño.- comentó ella cuando abandonamos el auditorio.

-¿Quieres ir a caminar?- su rostro se iluminó regalándome una linda sonrisa.

-Sólo me cambio de ropa.- dijo.

Entramos a la habitación, rápidamente sacó su cambio y se metió al baño. Me quité los zapatos, la corbata y el saco, pensaba quedarme con la camisa y el pantalón que llevaba pero al ver que Hikari se tardó más de lo esperado decidí mudarme por completo de ropa.

Dejé todo sobre la cama, quedando en paños menores y revolviendo mi maleta en busca de alguna camisa y jeans cuando la puerta del baño se abrió.

-¡Ups!- como por inercia Yagami se cubrió los ojos con las manos dejando caer el vestido. Tuve que reprimirme para no estallar a carcajadas, se veía muy chistosa.

-¿Qué pasa, bonita? ¿Acaso nunca has visto a un hombre en ropa interior?- me acerqué a ella, quien seguía en la misma pose.

-N...no.- tartamudeó al sentir mi presencia.

Sin mucho esfuerzo le quité las manos del rostro y la obligué a mirarme. Tenía las mejillas coloradas. Me incliné un poco para besarla, sentía una necesidad de estar con ella en todos los sentidos, me encantaba.

Me dejé llevar por el momento y olvidándome de quién era deslicé mis manos por debajo de su blusa tocando su piel, acariciándola. Se estremeció en mis brazos pero no se quitó, sin dejar de besarnos la conduje hasta la cama donde lentamente fuimos acomodándonos.

Una voz en mi interior me gritaba que no siguiera que tenía que detenerme pero una segunda voz, gritando aún más fuerte me decía que continuara.

Obedecí a ésta última hasta que, finalmente, una tercera voz me detuvo.

-Eh... Yamato.- Hikari respiraba con agitación mientras yo repartía besos sobre su cuello y hombros.- Creo que... debemos...- levanté el rostro para verla, parecía un ángel, con sus cabellos regados sobre la almohada, sus mejillas rosadas y sus ojos brillantes.

Asentí al comprender lo que quería decir. Y entonces caí en cuenta de la realidad, sería su primera vez y no estaba lista.

-Lo... lo siento.- me sentí como un animal guiado por sus impulsos.- Me dejé llevar...- sonrió.

-Y yo también, lo admito.- soltó una risita nerviosa.- Mejor vístete y nos vamos.


Kari

¡Pero qué noche! Jamás, ni con TK había vivido un momento tan intenso como con Yamato. En cuestión de segundos hizo que todo se me olvidara elevándome a un paraíso totalmente nuevo para mí.

No podía permitirme que eso volviera a suceder, tuve suerte al no llegar más lejos.

-¿Aún no tienes sueño?- la voz de Ishida me distrajo de mis pensamientos. Me voltee a él, tenía las mejillas rojas y los labios secos y levemente se estremecía de frío.

-No, pero si quieres ya regresamos.

-Es que pasan de las 4:00am... luego no querrás levantarte y el vuelo sale a las 11:00am.- sonreí. Era tan lindo, perfecto. Dejaría todo por estar a su lado siempre incluso renunciaría a mi herencia si fuera necesario.

-Vámonos.

Caminamos en silencio un par de cuadras, Yamato me agarró la mano y se apegó más a mí. Me recargué sobre su brazo y seguí así.

-Bonita, hay algo que he querido pregunte.

-Ajá.

-Verás, hace años me ocurrió algo muy curioso.- nos detuvimos frente a una pequeña plaza y nos acomodamos en una banca, al parecer la noche no terminaría pronto.- Yo había escapado de mi casa e iba...- se quedó perdido, mirando a nada.

-¿Ibas?- acaricié su mano, evidentemente se perdió en algún recuerdo. Sonrió al verme.

-El caso es que pasé por una calle en donde hay unas capillas. Esa noche estaban velando a alguien...- bien, omitió una parte que luego le preguntaré, lo importante es que sé a dónde quiere ir, quiere saber si yo soy la niña que estaba ahí.- Entre tanta gente pude distinguir a una pequeña...

-Era yo.- dije sin más rodeos, Yamato se sorprendió.- El funeral era de mi mamá.- asintió en silencio.

-¿Cómo...?

-Desde que te vi aquella vez me cautivaste, incluso me dije que el hombre perfecto para mi vida debía ser alguien como tú.- me sentí apenada al confesar tal cosa.- Después cuando volvimos a vernos no me quedó la menor duda de que eras tú.

-¡Vaya! ¿Tú crees...?- sonrió antes de seguir y apretó mi mano juguetonamente.- ¿Crees que haya sido cosa del destino?

-Totalmente, ¿qué más sino eso?- sonreí y acaricié su mejilla.- ¿Qué vamos a hacer, Ishida?- suspiré melancólica.

Me miró por unos segundos sin decir algo. Tengo que admitir, siempre dije que el amor es un decisión y que no basta con los sentimientos pero... Yamato me gustaba demasiado y sin importar el poco tiempo que llevábamos tratándonos, estaba muy ilusionada, tanto que me atrevo a admitir que quizás me estoy enamorando.


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