Capítulo 13: Feria.
"Divertido no es lo contrario de "serio". Divertido es lo contrario de "aburrido", y de nada más."
Gilbert Keith Chesterton.
Kari
¡Un día en la feria! Era una de las cosas que de mejor humor me ponía. Y qué decir si Sammy y Yamato eran mis acompañantes.
Le atribuyo mi actitud al enamoramiento. No ha habido día, desde que regresé de viaje hace tres semanas, en que me sienta deprimida, triste o fea. Es increíble el "efecto Yamato".
Y verlo ahora... junto a una de las personitas que más adoro en la tierra, es como contemplar un paraíso. Por un momento siento como si fuéramos una familia.
-¡Vamos a los caballitos!- exclamó Sammy.
-Anda, vamos.- le sonreí a Yamato. Llevaba cargando al pequeño sobre sus hombros.
Caminamos hasta el juego. Por ser fin de semana, había muchísima gente y una larga fila delante de nosotros.
-¿No prefieres otro juego, enano?- preguntó Yamato.
-No. Quiero subirme al caballo blanco.- afirmó.
-Pero hay mucha gente.
-Pues nos esperamos.
Sonreí. Ambos eran igual de testarudos.
Yamato bajó a Sammy quien se puso a juguetear con otro niño en la fila. Noté que su expresión se volvió seria y dejó salir un largo suspiro cargado de alguna emoción que desconocía.
-¿Sucede algo malo?- pregunté. Me miró fijamente en silencio.
-No.- habló por fin.- Nada malo.- sonrió.
-Estás muy serio.
-Cansado.- se justificó.- Eso es todo.
Se acercó a besarme, aprovechando que Sammy no nos veía si no, hubiese hecho un escándalo.
-Me alegra que hayas venido.- lo abracé.- Y más saber que Sammy y tú se llevan bien, digo, con eso que no te agradan los niños.
-Él es adorable.- dijo. Ambos lo contemplamos jugar, el pequeño volteó y nos regaló una enorme sonrisa. Llevaba las mejillas coloradas por el calor y el cabello alborotado por el viento. Ahí, en ese momento, sentí como si fuese nuestro hijo.
-Me... me encantaría tener un hijo como él.- susurré.
-Oh, ya lo tendrás, ya lo tendrás.- dijo él, soltándome.
-Contigo.- afirmé dudosa. Me miró como asustado.
Esperaba que dijera algo, al menos un "no, Kari, no quiero" pero nada salió de su boca. Se quedó como pasmado mirándome, tanto que me incomodó.
-¿Yamato?
-Perdón... es que...- sacudió la cabeza.- No... no deseo tener hijos.- tartamudeaba como si sintiera pena de decir eso. De pronto lo sentí nervioso.
-Cariño, ¿qué sucede? De verdad estás muy raro.
-No es nada, preciosa.
Se acercó y me dio un apasionado beso, aún frente a la gente que había alrededor, haciendo que con esto me olvidara del tema.
Nos quedamos abrazados al terminar hasta que noté su cuerpo tenso y voltee a la dirección donde su mirada estaba fija. Todo lo que pude distinguir fue una cabellera pelirroja a lado de una rubia y ambas, me fueron familiares...
Sora
-¿La feria?
-Sí. Anda, Sora, vamos...- TK me seguía insistiendo en que lo acompañara, llevaría a su hermanita allá y quería que yo fuera también.
Pero sinceramente no sentía ganas. Todo lo que anhelo es quedarme en cama acostada y no saber del mundo. Ni si es día o noche. Sólo dormir y no pensar más.
-No te hará bien quedarte sola.- el rubio sonrió.
Matt había salido temprano sin avisar a dónde iba ni a qué hora regresaría. Quizás esa era la razón principal de mi depresión. Desde hacía dos semanas me había mudado a su casa, puesto que con lo del embarazo debía ahorrar y la renta que pagaba por mi departamento era innecesaria.
Pero haberme metido ahí salió contraproducente. En parte lo hice para pasar tiempo con Matt y hacer que nuestra relación volviera a funcionar, pero él no ponía nada de su parte. Se iba a la oficina y a propósito se quedaba hasta altas horas de la noche para que, cuando regresara, me encontrara dormida.
Se la pasaba muy callado. Sólo una vez me acompañó con el ginecólogo para ver una ecografía, pero en ningún momento mencionó si se sentía emocionado por el bebé. Sé bien que él no deseaba tener hijos pero, ¿qué acaso no era hora de que lo hiciera? Digo, yo tampoco deseaba ser madre tan joven pero si el destino así lo decidió, ¿por qué no disfrutarlo?
-Bien, tú ganas.- sonrió victorioso.
Me cambié de ropa, poniéndome algo más cómodo y en menos de media hora salimos rumbo a la feria.
Hacía demasiado calor y el lugar estaba abarrotado de gente. La pequeña apenas vio un tren que recorría todo el parque se encaprichó en subirse. Dimos una vuelta y luego TK la llevó al área de niños.
Veía demasiadas familias jóvenes. Sentí tristeza con el hecho de imaginarme que Matt y yo nunca podríamos hacer algo así, al menos que él quisiera.
Pasada una hora fuimos a los caballitos. Había una fila infernal para poder subirnos pero como la pequeña ya traía la idea no quiso desistir o subirse a otro juego.
-¿Ese es Matt?- preguntó TK, enfocando su vista hacia la gente formada.
-¿Eh?- voltee hacia allá, en efecto, era Matt y ¿Kari?
-Ella es...
-Kari.- completé la frase. Ambos nos observaban, Matt parecía como si hubiese visto un fantasma.
-¿Qué están...?- al acercarnos más, noté que Kari estaba siendo abrazada por el padre de mi hijo pero, ¿por qué?
