Capítulo 15: Sanando heridas.
"El tiempo es la mejor medicina para sanar las heridas"
Anónimo.
Kari
Por mucho tiempo estuve molesta con Matt, con Sora, con TK y conmigo misma.
Hacía dos meses desde la última vez que hablé con Yamato y ahora, el recuerdo de los momentos que pasamos juntos, se veía vago y distante.
-Puedo perdonarte, sí… pero no podemos seguir juntos.- recuerdo fue lo último que le dije. Una tarde cuando dieron de alta a Sora en el hospital y fui a casa de él a verla.
-Pero, Kari…
-Hasta luego.
Ahora no me quedaba mas que enfocarme en mi carrera, en mi vida y hacer que todo volviera a como era antes de haberme cruzado con Matt.
Por supuesto no estaba siendo sencillo y quizás las cosas no volverían a ser completamente las mismas, pero me esforzaba a diario para que así sucediera.
TK, por su parte tuvo que seguir viviendo con Yamato, sé que aprendió a perdonar y estaba en un proceso de olvidar lo que, Matt y yo, le hicimos.
Yo aún seguía sintiéndome culpable por él, a pesar de que nos perdonamos y dejamos las cosas en el pasado, no podía esperar que aceptara ser mi amigo.
Al enterarse mi padre de que Ishida era el padre del hijo de Sora, le pidió que se hiciera cargo de él; por fortuna no deshizo ningún negocio de los que tenía, pero su relación cambió mucho. Ahora cada que Matt aparecía en la casa era para firmar algún papel o hablar de trabajo y nada más.
-Quiero irme de intercambio.- le pedí a mi padre, una noche mientras cenábamos.
-¿Ah sí?
-Quiero ir a Francia o a Australia, a donde sea pero quiero irme.
-¿Y eso?- preguntó Tai, sorprendido.
-Eh…- miré la comida, casi sin tocar de mi plato. La verdad no me gustaba mentirle a mi familia de la forma en que iba a hacerlo, pero de igual manera no les diría la verdad.
-Es que… muchas de mis amigas se están yendo y creo que puedo conseguir una beca.
-Investiga sobre eso y cuando tengas la información hablamos.- dijo mi padre, sonriendo.
Sora
-Matt, ¿podrías bañar a Haru?- pregunté desde la cocina.
-Estoy ocupado.- escuché que gritó desde arriba.
-Yo lo hago.- dijo TK, yendo hacia la sala para cargar a mi bebé.
-Gracias, TK.- sonreí.
-Será de las últimas veces en que los ayude.- espetó seriamente.- Este niño no es mi responsabilidad, ¿escuchaste eso, Matt?- gritó. Yo asentí.
Tenía razón. Él no tenía por qué estar haciendo eso, Matt era el padre y… aunque yo también pude haberlo hecho, la comida no se iba a hacer sola.
Hacía dos meses que Haru nació. Consigo trajo alegría y vida de nuevo al departamento de Matt. Él y yo no estábamos casados y al menos de su parte sé que no tenía intención de hacer su vida junto a mí.
Hacía más de medio año que Kari se fue a Sídney de intercambio y no había tenido noticias de ella. La verdad la extrañaba a montones y no dejaba de sentir pena por ella, la misma pena que sentía por mí. Ambas enamoradas del mismo hombre sin saberlo.
Sé que, aunque me perdonó, no dejaba de sentir cierto resentimiento, después de todo fui yo quien se "quedó" con Matt.
Nada deseaba más que poder irme de aquí, buscar una casa y vivir sola con Haru. Pero era imposible, definitivamente me volvería loca sin añadir todos los gastos que eso implicaba.
-¿Qué harás de comer?- preguntó Matt, bajando. Era domingo así que él seguía en pijama.
-Lasagna.- respondí, sin muchos ánimos. Él se sentó frente a mí, ambos estábamos recargados sobre la barra de la cocina.
-Matt…
-¿Si?
-¿Qué va a pasar con nosotros?- pregunté, deseando de una vez por todas resolver ese asunto.- ¿Pasaré toda la vida siendo solamente la madre de tu hijo…?- él suspiró.- Sé que no quieres hablar del tema pero…
-Está bien, Sora. Tienes razón.- me miró fijamente y, de haber estado en otra situación, me habría aventado a besarlo.- Mira, sé que todo lo que pasó ha complicado más las cosas, pero…- se mordió el labio, mientras pensaba qué decir.- La única mujer que existe ahorita en mi vida eres tú.
Me sorprendí, la verdad no esperaba esa confesión.
-¿Y Kari…?- pregunté, temiendo incomodarlo.
-Ella ya no es parte de mi vida.- respondió melancólico.- Y si tú lo deseas, podemos intentar que lo nuestro funcione.
-¿De verdad?- ahora sí, me estaba dejando sin palabras.
-Si quieres podemos empezar por casarnos.
No podía creerlo. Aquello que anhelé por mucho tiempo, eso que rogaba que sucediera ahora estaba ocurriendo frente a mí y me sentía incapaz de hablar. Sentía tanta emoción…
-Formemos una familia junto a Haru.- siguió hablando.- Y dejemos de una vez y para siempre el pasado atrás.
Matt
Hacía un mes que Sora y yo contrajimos matrimonio y las cosas parecían marchar bien.
A la boda sólo había asistido su familia y mi madre. Tai fue su testigo, ya que Kari no había regresado de Australia y TK fue el mío.
Ahora, luego de todo lo que pasé, puedo decir que caí en aquello que yo juraba jamás hacer: casarme. Jamás me había sentido ni había vivido tan responsablemente como en este tiempo; ser padre, esposo, trabajador y hermano, todo al mismo tiempo era, a veces, abrumador.
-Matt, cariño… ¿llevas los pañales?- preguntó Sora por enésima vez.
-Sí, ya los llevo.- cargué a Haru y la pañalera y bajé para ir al carro.
Ese día el plan era ir a comer a algún centro comercial y pasear un rato a mi pequeño.
-Sora, ¿quieres darte prisa?- pedí, ella bajó rápidamente.
-Ya, ya voy.- se subió al carro y acto seguido, tras cerrar el departamento, arrancamos a la plaza comercial.- ¿Apagaste la estufa?
-Sí.
-¿Cerraste el patio?
-Sí.
-¿Le dejaste dinero a TK?
-Sí.
-Bien.- sonrió.
-Deberías relajarte más, ¿sabes?
-Oh, claro… para olvidar a mi hijo en la guardería, ¿verdad?- se rió. Bufé al recordar cuando olvidé recoger a Haru una tarde en que ella saldría tarde de su trabajo.
-Nunca me lo perdonarás, ¿verdad?- Sora me acarició una mano con cariño y me dio un beso en la mejilla.
Una vez dentro del centro comercial, que estaba lleno de gente, fuimos al área de comidas para ordenar algo. Yo llevaba a Haru en su carreola.
Nos acomodamos casi al centro del lugar y Sora pidió comida china mientras yo ordené un coctel de camarones.
Comimos tranquilamente, mucha gente, en su mayoría señoras, se nos acercaron para halagar la bebe.
-Se parece mucho a usted.- me decían.
-Está precioso.
Y como no, el niño era rubio y había sacado los mismos ojos de TK y míos.
Terminando de comer, fuimos a dar una vuelta por el lugar. Había un show de payasos y Haru se entretuvo mirándolos.
-Iré a comprar un café, cariño.- dijo Sora.
Se perdió entre la multitud y yo me quedé mirando el show por un rato. De pronto, algo captó mi atención, algo me hizo levantar la vista y cuando fijé mi mirada no pude creer lo que mis ojos veían, era ella…
-Kari…- murmuré quedamente.
Se quedó pasmada mirándome, y sentí en ese momento como si el mundo se hubiese detenido y sólo estuviéramos nosotros.
-Te he traído uno, descafeinado y sin azúcar, como te gusta.- dijo Sora, dándome un beso en los labios, lo que me sacó de mi ensimismamiento.
Cuando notó que estaba viendo a alguien, volteó la mirada hacia esa dirección.
-¿Kari?- se quedó igual de sorprendida que yo.- ¿Es…?- asentí.
Cuando Hikari nos vio juntos, desvió la mirada hacia Haru, quien seguía entretenido en su carreola. Y sonrió, dándose luego media vuelta.
Fin.
Ante todo, una disculpa por haberme tardado tanto en actualizar.
Sé que muchos se quedarán de: "WTF, esto es el final? D:" pero les informo que desde un principio en mi mente estaba que así fuera. Cuando recién comencé la historia no estaba de ánimos de hacer algo "feliz" o de amor y advertí desde un inicio que así sería xDD
Creo que lo más prudente es que las cosas terminaran así.
Quiero agradecer a todos los que siguieron desde un inicio la historia, a todos aquellos que estuvieron siempre al pendiente de la actualización y a quienes no dejaban de pedirme que actualizara pronto, gracias de verdad... :)
