Perdon por la tardanza por cuestiones de tiempo no pude publicarlo antes...paso q esta historia ya la habia terminado hace tiempo pero no me habia gustado el final, asi que volví a rearmar esta ultima parte...Bueno espero que les guste, disfrútenlo n.n .
De a poco iba recuperando su conciencia, abriendo sus ojos rápidamente al instante tras al notar que no podía movilizar sus manos y sus pies. Se encontraba sentado en una silla de madera, reconociendo que estaba atado. Con sus propias fuerzas intentaba quitarse las cuerdas que lo sujetaba de manera intensa, tanto que le producía un dolor persistente en aquellas partes y peor cuando se movía.
En medio de la oscuridad, sus miedos y sus temores retomaban de manera abrupta e intrínseca en su mente y su corazón avasallando como si fuera intensa tempestad. Aun no podía entender por que estaba allí o mejor dicho como fue que terminó en donde esta presente o cuales fueron los motivos de que por que terminó allí. Pero lo que si tenía en claro es que había caído en manos de una persona totalmente obsesiva de él y no era ni nada más ni nada menos que Iván Braginsky.
Fulminantemente se prende una intensa luz blanca a cercanías de él, impidiéndole su visión produciendo a que apartara su rostro a un lado. Aquella iluminación le permitió ver con mejor claridad su entorno, para su sorpresa notó en las paredes los diarios y fotografías pegadas allí, reconociendo que se encontraba en sótano de la vieja cabaña.
Sin más preámbulos y sin tolerarlo más era el momento de llegar a la verdad y ponerle fin a esta locura.
-Maldito desgraciado aru! ¡¿Qué es lo quieres de mi Iván aru?- grita Yao tras su gran enojo, resonando sus fuertes palabras en toda la habitación –Esto es un secuestro no aru?... Déjame decirte algo esto es realmente absurdo Iván aru..Oh! acaso quieres que sea un subordinado, como los Bálticos no aru? Y luego tomar mi país no aru? –tras decir esas palabras comienza afligirse en su interior, sollozando sus ojos- Sabes que..No lo permitiré aru!..No lo permitiré aru!..Podrás secuestrarme, torturarme o matarme aru pero jamás te cederé mi país aru...Me oíste aru? Jamás! – dijo el asiático tras decaer sigilosamente sus lagrimas en sus mejillas.
Retorna nuevamente el silencio, tras no oír alguna respuesta de Iván, realmente le exasperaba todo lo que había ocurrido, esa sensación de incertidumbre por no tener explicación alguna por haber llegado a estas circunstancias. A su vez se acomplejaba a la vez con el cólera y el dolor persistiendo continuamente, sin haber llegado a nada.
Sorpresivamente observa las manos del ruso posándose ligeramente en sus hombros. Yao se sentía atónico ante el fervor del miedo y el temor que comenzaba a perpetrar en él, finalmente Iván se inclina, acercando sus labios hacia sus oídos, susurrándole sus palabras.
- No quiero tu país, tampoco quiero que seas mi subordinado, ni tampoco torturarte ni menos matarte – decía Iván con una nítida sonrisa, acerca su mano hacia una de sus mejillas, acariciándolas suavemente – como dije antes solo te quiero a ti, solamente a ti y que volvamos a ser uno como antes da~
Yao sin poder salir de su estado oía atentamente las palabras del ruso, de cierto modo -le produjo unos intensos escalofríos que le recorría en todo su cuerpo. Sus nervios y sus pulsaciones ascendían galopadamente en él. Aquel estado lo había paralizado, tanto que sus mismas sensaciones no le permitían no le permitían desprender sus palabras de sus propios labios, dejándolo totalmente sin habla. Aun sentía aquella caricia en sus mejilla, pero sin tolerarlo más gira bruscamente su rostro hacia otro lado, dejando que Iván no lo acaricie.
Pero aun así para Iván aquello no le importó al contrario le gustaba, ya que desde siempre tuvo en cuenta que Yao era una persona difícil y de carácter fuerte, y realmente disfrutaba verlo así, ya que volvía tenerlo como siempre lo deseo. Aquella mano que había acariciado su mejilla se deslizaba lentamente hacia sus cabellos negros, quitándole bruscamente la gomilla que las sujetaba, dejándolos esparcidos naturalmente. Acariciándolos suavemente a su andar en un vaivén.
-Sabes me gustas más cuando estas con el cabello suelto, te ves más atractivo da~- dijo el ruso aun acariciando los cabellos de Yao, tras su sonrisa nítida.
Acercaba su rostro hacia el de su amado, tratando de reencontrar con su mirada. Yao aun seguía sumergido en sus sentimientos y a la vez tratando de recuperar sus memorias. Fugazmente una sucesión de recuerdos arrasaba fulminantemente en su mente, alza su mirada clavando fijamente ante los ojos violetas de ruso, reencontrando las verdaderas razones que había evadido e ignorado a Iván. Finalmente Yao decide romper el silencio, decidido lo enfrenta de una vez.
-Ahora lo recuerdo aru...tu fuiste quien borro mis memorias y me trajiste hasta aquí aru- dijo seriamente el asiático mirándolo con desdén al ruso –Querías remediar tus errores que habías cometido conmigo no aru?
Tras oír sus palabras, su sonrisa se había desaparecido, bajando sigilosamente su mirada permaneciendo en silencio, dejando a Yao continuase hablando.
-No vas a responderme aru?...Pero igual hay un refrán que dice que el mismo silencio lo dice todo…Cuando estuvimos en la URSS, yo confié en ti Iván aru…Vos sabías que yo estaba mal porque estaba solo y mis hermanos me habían abandonado, en ese entonces vos eras mi única compañía, me hacías sentir bien…A principio desconfiaba de ti, pero a medida que te fui conociendo, vi una persona amigable y quien podía confiar…Hasta llegue a quererte en verdad e incluso amarte aru –dijo el asiático, pero su voz fue acortándose producto de su angustia, comenzando a sollozar –Realmente m-me d-duele q-que me hayas lastimado y t-traicionado.
A medida que pronunciaba sus palabras, Iván aun atenuaba al silencio, apartando sus manos de él. Sin ver sus ojos, Yao notó como sus propias palabras lo habían afectado en su corazón tanto que vio como decaían sus lágrimas en sus mejillas.
-Yo creí que ibas a estar conmigo aru, pe-pero decidiste q-quedarte con él aru…V-vos mismo m-me prometiste q-que ibas a e-estar conmigo, p-pero vos preferiste a Toris y a la codicia de expandir tu m-maldito poder político aru…Pero a vos no te importó, i-igual me d-dejaste de lado –decía el chino, llorando ante el dolor que generaba al pronunciar sus palabras- Y lo p-peor de t-todo es que ahora v-volví a recordar aquel maldito día que te vi tan f-feliz acostándote con Toris aru…Aun así ¡¿Cómo quieres que te perdone por lo que me hiciste aru? –dijo el asiático de manera eufórica, invadido por el llanto y la angustia.
Yao tenía razón en todo lo que decía, Iván lo admitía cometió un error. Pero ese mismo error ocasionó la ruptura de aquel maravilloso lazo que había formado con Yao durante siglos atrás y una simple disculpa no era la solución.
-Y por eso mismo te traje hasta aquí da~ -dijo finalmente el ruso con la mirada baja –Para que me perdones y volvamos a estar juntos de nuevo da~ -dijo Iván entre lagrimas arrodillado a costado de Yao.
-Traerme hasta acá y maniatarme de esta manera aru? Y borrarme de nuevo mis memorias aru?..e-esa es tu manera de d-disculparte aru?- dijo Yao entre lagrimas.
-E-es que n-no tenía otra o-opción, no había manera de que lo entendieras y yo también intente muchas veces disculparme, pero vos me ignorabas o me evadías-dijo el ruso sin dejar de llorar.
El dolor y la tristeza reinaba en ambos, tras la agonía de la angustia y la melancolía poniéndolos frente a frente al filo de al verdad. Cada palabra, cada sensación. Cada lágrima se acomplejaba atenuadamente ante los sentimientos que agobiaba en sus corazones.
Con la vista baja, Iván se pone de pie, poniéndose frente a su amado. La luz que alumbraba frente a Yao no le permitía ver con claridad el rostro de Iván. Bruscamente de manera inesperada Iván se arrodilla frente a él y entre lágrimas y llantos, lo abraza de la cintura apoyando su rostro en su vientre. Yao entre lágrimas lo contemplaba, como suplicaba por aceptar su perdón en silencio, una cierta sensación extraña comenzó agitarse en su interior, ya que era la primera vez que vio al ruso en ese estado.
-Perdóname Yao!...Perdóname por favor!...me equivoque…El peor error de mi vida fue perderte da~ -dijo el ruso, llorando en su regazo –Yao te…yo te amo –dijo aquellas palabras al momento que alza su mirada.
Mostrando por primera vez aquel rostro que reflejaba su sufrimiento y dolor proclamando el perdón y misericordia, Yao no podía dejar de contemplar sus ojos, aquellos hermosos ojos violetas que desde hace tiempo no los veía de cerca, que desde siempre los anheló y quien conquistó su corazón. Ahora los veía totalmente rojizos y marchitos de tantas lágrimas derramadas y que aun siguen decayendo, sus mejillas enmarcadas un tenue rubor al igual que sus nariz y sus labios producto de su estado emocional.
Aquellas ultimas palabras resonaban tantas veces en su interior tras sentir galopadamente sus pulsaciones de su corazón, aferrandose por segunda vez consecutiva aquellos sentimientos que prevalecían desde siempre condicionalmente hacia su querido e indiscutido amado.
-M-me encantaría abrazarte p-pero estoy atado aru-dijo el asiático, sin dejar de mirarlo.
Rápidamente Iván lo desata por completo dejándolo libre, Yao se pone de pie. Finalmente frente a frente, mirándose mutuamente después de tanto tiempo. Sin más preámbulos bruscamente Yao lo abraza indiscutiblemente entre lágrimas y llanto, lo mismo Iván ante el fervor intenso de su amor.
-Te perdono aru…te perdono aru…te amo aru…desde siempre te he amado…te amo con todo mi corazón –decía Yao abrazándolo
-Yo también te amo con todo mi corazón y te agradezco que me hayas aceptado mi perdón y darme una nueva oportunidad para volver estar contigo da~…Perdóname por todo esto y por haberte amaniatado- dijo Iván tras una suave sonrisa.
Yao alza su vista contemplando cercanamente el rostro de su amado, quien le dirigía una nítida sonrisa, Yao hace lo mismo. Después de tanto tiempo sus sentimientos hacia Iván volvían a renacer frenéticamente en su corazón, floreciendo tenuemente la felicidad y el amor.
Iván no podía dejar de mirarlo, estaba totalmente hipnotizado, sus ojos permanecían fijos en aquellos ojos marrones enmarcados tras sus rasgos orientales, ya que desde siempre para él le parecían muy exóticos.
-No te preocupes aru. Te perdono todo aru-dijo Yao sonriéndole.
-Todo da~? –dijo el ruso a medida que acercaba sus labios hacia los de Yao.
-Si, todo aru- dijo el asiático, acercando sus labios hacia los de Iván.
Aquella cercanía se finaliza tras un beso prolongado en sus labios, dejándose llevar intensamente por el despertar de sus emociones, sus sensaciones y sobre todo su amor, desapareciendo fugazmente el peso su dolor y su tristeza, por este hermoso momento que jamás olvidaran prevaleciendo para siempre en sus corazones.
Fin.
Bueno que más puedo decir, simplemente espero que les haya gustado ya que este es mi primer fic que publico...aqui asi q please comenten y gracias por leerlo. Hasta la proxima n.n
