Advertencia: Personajes un poco fuera de canon, historia escrita con relativa prisa (disculpen los dedazos que puedan encontrar por ahí, he intentado editarla para que eso no suceda), en realidad, disculpen la diferencia hacia el canon.
Disclaimer: K on! No me pertenece y ha sido tomado sin el ánimo de lucro, aunque considero un gran beneficio poder escribir algo que me hubiera gustado ver en manga o anime con estos personajes, ¿Será delito ese beneficio propio? xD
Lo supo cuando se sonrojo la primera vez que se acerco a ella hacía más de una década y lo sabía ahora que sus mejillas estaban inundadas en el rubor más tierno del que podría ser testigo, la amaba, la amaba tanto que se desbordaba de su cuerpo.
Al sentirse observada por ella y hacía que se equivocara al intentar escribir aquel ensayo tan largo. Era algo que Ritsu no entendía ni extrañaba, hacia tanto que los deberes no eran escritos, no más tareas, no más estudio pero eso sí, mucha práctica, la banda era el proyecto final, una última presentación y obtendría algo que podría ser llamado carrera.
Las actividades escolares de Ritsu estaban por consumarse, era cuestión de algunas semanas más y sería libre de dedicarse a la música, a la banda y buscar uno de sus más ambiciosos sueños.
La chica tenía la mitad del cuerpo sobre la mesa donde Mio intentaba en vano concentrarse. Llevaba buena parte de la tarde suspirando, jugando con la mirada, coqueteando con Mio como aquella vez hacia años, era su juego personal, algo que sólo hacia cuando necesitaba llamar la atención de Mio a toda costa, jamás obtendría la respuesta que deseaba pero le hacía feliz que aquella joven tan dedicada le pudiera brindar por lo menos dos minutos de su tiempo de estudio, extrañaba bastante las tardes en las que pasaban su tiempo tiradas en el cuarto de alguna de ellas haciendo absolutamente nada, cuando podían dedicarse sus momentos de amistad sin el loco ajetreo del trabajo o la escuela. Cuando eran Mio y Ritsu, sólo eso.
"¿Sucede algo Ritsu?" pregunto la ojigris dejando el montón de hojas y al intento de progresar con su tarea bajo la mirada fija de su increíblemente calmada novia.
"Nada, sólo pensando…"
"Eso es nuevo" contesto Mio sonriendo amablemente, Ritsu, al contrario de su personalidad sólo rodó los ojos y suspiro, estirándose sobre la mesa, "¿En qué piensas?"
"En ti y en mí" contesto automáticamente soltando otro suspiro apagado, la chica le miro extrañada, sonaba demasiado seria, ¿Había algo que no sabía?, "Hace tanto que estamos juntas y me preguntaba, ¿Cómo será nuestro futuro?" Mio frunció el entrecejo, "Me refiero a que estoy por terminar lo mío en la universidad y quisiera progresar en la música"
"Lo vienes repitiendo desde que tenías como doce años" dijo Mio volviendo a lo suyo, lo único que tenía Ritsu era la típica ansiedad pre graduación.
"Tú no me has dicho que vas a hacer tras tu graduación" se quejo Ritsu, "Hay cosas que, estando así, tendríamos que postergar"
¿A qué se refería con eso?
Era cierto que Mio no compartía ese sueño con Ritsu, no temía a su burla, estaba demasiado acostumbrada a vivir con esa parte de la chica pero por esa única vez le gustaba quedarse con ese pequeño anhelo de su corazón.
"Mi sueño es seguir a tu lado, como ahora y para siempre" se limito a contestar sin levantar ni un milímetro la mirada, siguiendo con su ensayo.
Pasaron unos instantes sin respuesta, Ritsu se había levantado de la mesa para hacerse de sus cosas y dirigirse a su trabajo.
Era una típica rabieta de la castaña cuando no obtenía lo que quería escuchar, al principio le había sobrehalagado esa visión de Mio pero con el tiempo se dio cuenta de que le estaba ocultando algo, demasiado pequeño quizá, pero todo absolutamente todo lo que le sucedía a Mio le importaba y al parecer, ésta no lograba darse cuenta de eso.
"Volveré algo tarde" dijo antes de salir del pequeño apartamento y cerrando detrás la puerta.
Mio no se inmuto, revelarle aquel deseo era detener el sueño de Ritsu y ella jamás haría eso.
El trabajo de Ritsu quedaba a tan sólo quince minutos de su departamento, era un restaurante concurrido cercano al centro de Tokio, le pertenecía a una vieja amiga del instituto de su madre y era por ello que le habían aceptado como mesera cuando iba a entrar a la universidad. Actualmente tenía un papel más activo y mejor pagado en el lugar, no obstante Ritsu reflexionaba mucho acerca de seguir ahí cuando se graduara para mantener la estabilidad o bien, emprender el precario camino en la búsqueda de seguir su más grande sueño.
Tenía claro que al terminar su carrera el apoyo de sus padres se le retiraría porque Satoshi también generaría gastos universitarios o por lo menos eso le entendió a su padre cuando se inscribió. Por otro lado, estaba Mio, ¿Qué sucedería con las dos? La quería, cada mañana al despertar y tenerla frente a ella se lo hacía presente, era una bonita manera de iniciar el día.
Pero las metas que aspiraban estaban un poco divididas…
Ritsu se dio un par de golpes en la cabeza, tenía que alejar eso de su mente, cuando llegara el momento vería como resolver el nuevo reto, por ahora sólo debía lidiar con un montón de personas en el trabajo.
"Buen día Sa-chii" saludo a su amiga después de cambiarse la ropa, su joven amiga y su bajista trabajaban con ella atendiendo a los clientes. Sou era muy popular entre las chicas que visitaban aquel lugar, quizá por eso le habían contratado.
"¿Qué tal Ricchan?" le contesto llevando una charola en las manos y dejándola sola para entregarla.
Sou paso a su lado aún impregnando la atmosfera de su afamado misterio, seguía a donde fuera a Sarah, silenciosamente y con todo el sigilo del que era capaz, en realidad esa era la razón por la que se le había contratado, insto cada día desde que la dueña del lugar y Ritsu contrataron a Sarah. No hubo desperdicio en la decisión, por lo menos no para el negocio ya que la vocalista no le prestaba ni una mínima parte de su atención.
Eran amigos, le contó lo que le había dicho cuando intento declararse.
Ritsu sonrió, se preguntaba que hubiera sido de ella si Mio optase por decirle eso cuando le dejo aquel poema, ¿Cómo habría reaccionado ante la negativa de su confesión?
Un escalofrió le recorrió la espalda, no le gustaba esa perspectiva de la vida dónde no estaban juntas, peor aún, donde su amistad no tenía como seguir tras algo tan embarazoso como el hecho de que una de las dos estaba loca por la otra.
Su mente empezaba a jugarle sucio, divagando a futuro o torturándola con un pasado ficticio.
Podía ver la lucha que hacía Sou, de hecho, su actual tormento la provocaron ellas cuando Mio mostro un poquito de su personalidad posesiva, era cierto que antes de tan humillante situación para Sarah y para Mio, ambas no se llevaban del todo bien, en realidad, podrían ejemplificar la palabra diplomacia, si se hablaban era porque debían hacerlo, estaba Ritsu de por medio.
Ritsu disfrutaba bastante de la pequeña flama que se reflejaba en las pupilas de Mio cuando Sarah andaba cerca, de alguna retorcida manera, le gustaba ver sus sentimientos en esos celos que poco dispuesta estaba a confesar.
Era por ello que no hacía nada por arreglar el problema.
Pero en aquella ocasión las cosas llegaron demasiado lejos… Tras terminar otro de los ensayos Sarah le procuro una botella de agua y como un detalle extra le enjugo el sudor de la frente y nuca. Mio lo había observado antes, en muchas y variadas ocasiones, no obstante, esa era la última que podría soportar, se levanto y salió del lugar, lo hizo con tanta discreción que nadie lo noto inmediatamente.
Camino un par de minutos pensando y dejando salir algunas lágrimas de coraje, coraje que no era capaz de mostrarle a Ritsu, frente ella debía ser Mio, la chica tímida y con miles de miedos, la que había logrado enamorarla, y no Mio la novia insegura.
"Ritsu idiota" farfullo entre sus suaves sollozos.
"Comienzo a creer que queda perfecto en mi nombre" el optimista tono de la castaña hizo que diera un brincó por la sorpresa, intento secar su rostro antes de hacerle frente pero no hubo tiempo, "Es de mala educación que te vayas de un lugar sin despedirte, qué dirían tus padres ante semejante falta de cortesía" intento bromear aunque su mismo tono se mostraba serio, Mio tembló bajo el tacto de Ritsu.
A pesar de ser varios centímetros más baja que Mio, se las arreglo para acunar su cara cerca de su cuello sin que le importara la resistencia de la chica ante la caricia, casi obligándola a contestar aquel incomodo abrazo.
Suspiro, por fin noto su error, lo que le parecía un lindo gesto era en realidad un martirio. No quería decir lo siento sólo por decirlo, si lo hacía Mio no entendería bien la situación, la amaba mucho más de lo medible y le halagaba que sintiera celos, sin embargo, necesitaba aprender una lección y quizá había mejor manera de mostrárselo.
La tomó por la mano y la dirigió de regreso con la banda.
"Sarah, ¿Sientes algo por mí?" se poso delante de ella, las palabras resonaron por la habitación chocando como flechas hasta dar con la aludida, Ritsu apretó más su mano contra la de Mio evitando que escapara.
La joven se ruborizo tanto que parecía al borde del desmayo.
"Eres mi amiga y te quiero por ello pero no podría quererte más de lo que amo a la mano que sujeto, lo he hecho desde hace bastante tiempo y no le dejaría a ella" Mio abrió los ojos tanto como le era posible, "pero tampoco dejaría una buena amistad"
No tenía mayor elección, estaba entre revelar la verdad y joder las cosas o fingir locura y dejar que su relación siguiera fluyendo.
"Yo…yo en realidad estoy aquí por Sou" se acerco instintivamente al único chico del lugar.
El bajista, que poco tenía que ver, la miro extrañado pegada a su brazo, frunció el entrecejo y se volvió a las chicas dejando el instrumento de lado.
"No era la manera en que lo quería volver publico" se limito a contestar, siguiendo la escena improvisada de la rubia.
A los pocos minutos se despidieron, Sarah no lograba soltar Sou por más que lo quisiera, los ojos inquisitivos de la otra pareja la seguían, sintió un enorme remordimiento aunque le consolaba haber actuado correctamente.
El silencio las acompaño hasta que entraron a su hogar, Mio no lograba aceptar las implorantes miradas de Ritsu, sentía una nueva especie de humillación por su parte, intento huir al baño, evitarla hasta que no hubiera el compromiso de hablarlo.
En contra de sus deseos, sus manos siguieron firmemente agarradas. Ritsu estaba consciente de que la forma de arreglar el asunto rayaba en lo cruel para Mio aunque en el momento parecía ser la mejor alternativa para darle aquella lección, debía aprender a tener mayor confianza en ella, en lo que sentían y lo que eran.
"A veces, sólo a veces, me pregunto quién es más tonta" dijo Ritsu envolviéndola por la espalda en otro más de sus singulares abrazos, "Sí tú por creer que me importas tan poco o yo por no saber cómo mostrarte cuán importante eres para mí" no hubo reacción de parte de ninguna, Mio estaba estática y Ritsu recargaba su barbilla en su hombro estando de puntillas, "Podrán quererme muchas más personas, podrán ser todo lo que tú no eres… después de tanto, no puedo creer que aún no seas capaz de ver que mis ojos son para ti y que mi corazón late a la par del tuyo"
"Ritsu…"
"Como sea, debes hacerte a la idea porque cuando sea famosa tendrás que enfrentarte a miles de fanáticos que se morirán por mí" bromeó rompiendo la atmosfera y aquel golpe que rogaba por ser dado se hizo presente.
Si, en definitiva fueron ellas las que crearon ese nuevo sentir para Sou-kun, pensó Ritsu cuando caminaban por la calle en dirección a la escuela para practicar la última canción, él caminaba a un paso de Sarah procurando poner toda la atención a las palabras sin sentido de la chica. Parecía un perrito rodeando a su dueña, irradiando tantas cosas, dedicación, cariño… amor, una escena bastante enternecedora si no fuera porque Sarah sólo se dedicaba a parlotear con ese hombre carente de experiencia.
"Lo que hay que ver" se dijo internamente antes de incorporarse a la plática y dejar que el chico descansara.
Llego a casa pasada la media noche, estaba parcialmente oscurecida la pequeña sala de estar, en realidad no podían dormir sin una luz encendida, la naturaleza de Mio se lo prohibía.
Se hizo del pijama en silencio y la acompaño por fin, se acomodo en el futón, mirando el techo en el intento de vaciar su mente de las tonterías que le robaban el sueño, colocó una mano bajo su cabeza para ofrecerle mayor apoyo y la otra esperaba pacientemente… los dedos de la mano de Mio se entrelazaron con los suyos. Suspiro, se preguntaba cuando estaría lista para dar el siguiente paso.
"Ritsu" cuchicheo con voz totalmente aletargada y ella volteo por instinto, "Has algo de provecho, si sólo…"gruño dándose la vuelta.
Ritsu entrecerró los ojos, aunque sabía que estaba dormida no iba a dejar las cosas como estaban.
"Percebes, percebes en tu cama" susurro fingiendo la voz, acto seguido se tendió como si llevara horas durmiendo mientras Mio se incorporaba violentamente y revisaba por si era verdad.
Ritsu se rió internamente intentando cubrirlo con un pequeño ataque de tos.
Las miraban con una incredulidad plasmada en el rostro que era para fotografiarse.
Los señores Tainaka se habían presentado para asistir al acto académico de su hija, quien ese día terminaba su formación en música y, aunque no era la proeza que esperaban de un hijo suyo, estaban sumamente orgullosos de que hubiera optado por lo que más le hacía feliz.
Ritsu los había recibido con un desayuno especial, esperando que los tuviera entretenidos mientras ella y Mio se arreglaban para el evento, sus padres las veían ir y venir por el por el reducido espacio, cambiando las cosas que llevaban en la mano, sujetando otras con la boca, desayunando apresuradamente, entre mucho más.
No era un secreto para ellos que su hija estaba enamorada de su mejor amiga, de alguna manera lo sospechaban cuando le llego la adolescencia y todo para ella era Mio esto, Mio aquello, Mio y la música, Mio y la escuela…
En su tiempo lo tomaron como una fase, otra etapa más antes de madurar, un enamoramiento pasajero, estaban casi seguros de que cierto día su hija llegaría de la mano de un buen muchacho y se los presentaría como su novio, con suerte él sería padre de sus nietos, le daría a Ritsu una casa y la vida feliz que todo padre desea. Ese día llego, ella les prometió una sorpresa antes de salir de casa, el brillo en sus ojos les dio esperanzas, 'le había encontrado' pensaron minutos antes de que la chica entrara arrastrando a su mejor amiga tras de sí, ninguno de los dos mostro alguna señal de asombro, respiraron profundo e intentaron hablar con dos chicas confundidas.
No lograron absolutamente nada, tan sólo la comprobación de algo que ya estaban esperando, su hija no fue capaz de declararse gay, repitió una vez y otra lo mucho que amaba a Mio. Dejaron el tema por la paz, si era feliz así y no le importaba nada más, era libre de hacer su vida a propia complacencia.
Y ahora eran testigos de lo bien acopladas que estaban como pareja, quizá sonara repetitivo pero eran el complemento la una de la otra, no existía definición más adecuada. La señora Tainaka sonrió ante lo que observaba, su pecho no lograría aguantar tanto orgullo, su pequeña creció tan rápido y parte de ese progreso quizá se lo debía a la otra niña ahora vuelta mujer, seco una lágrima rebelde antes de que ambas jóvenes aparecieran en escena vestidas para la ocasión.
"Aún no sucede nada y ya estás llorando mujer" exclamó Ritsu al ver a su progenitora limpiar su rostro, "Espero no se pongan demasiado sentimentales en la ceremonia" los señalo con el dedo en forma de advertencia.
Detrás suyo, Mio sólo rodaba los ojos.
Absolutamente todos los alumnos próximos a graduarse llevaban un atuendo oscuro y eran separados tan pronto entraban al auditorio adjunto de la Universidad, Ritsu les sonrió a sus padres antes de irse a reunir con los tres miembros de la banda que terminaban junto con ella la carrera, a los lejos, Sarah observaba su festejo preparándose para el concierto final.
El discurso del director fue lacónico, menciono las metas que tenían establecidas para la generación que egresaba, se definió con gran orgullo y prosiguió a entregar los diplomas a sus alumnos ya que eran un número realmente limitado.
Los pocos padres que concurrían el lugar abrazaron a sus hijos cuando les llevaban aquel papel, los felicitaban y llenaban de elogios, todos salvo cuatro alumnos, Ritsu entre ellos.
La pequeña tarima en el auditorio estaba adornada con los instrumentos necesarios, era la 'sorpresa' de la ceremonia, arreglada por alumnos para despedirse de la escuela.
La canción inicio con el típico 1, 2, 3, 4 aunado con el golpeteo de las baquetas antes de comenzar con la estruendosa actuación de la chica, le siguió la guitarra y tras una pausa, los demás instrumentos hicieron su entrada. Las personas presentes se contagiaron por el ritmo de la melodía, acompañándoles con las palmas o sencillamente siguiéndolos fascinados con la mirada.
Mio tenía una noción muy clara del estilo de Ritsu, sin embargo, en esta única ocasión se sorprendió de su manera de tocar, ya no sólo era mover las muñecas en el acto creando un compas para la banda, no, esta vez estaba incorporándose en el espectáculo. La canción termino y en la culminación de Ritsu su baqueta la señalo, guiñándole el ojo, sonriendo mientras intentaba recuperar el aliento.
Era su canción, la que escribieron juntas en cada noche de desvelo.
El concierto siguió, se presentaron otras dos bandas que hicieron un trabajo soberbio en la presentación por la calificación final.
Sarah se despidió de todos conteniendo las lágrimas, todos se iban y ella se quedaba un año más, Sou intento animarla prometiendo que seguirían estando juntos para seguir con su música hasta que conquistaran su sueño y Ritsu se unió a los ánimos.
"Pequeña Sa-chii, la única variante es que ya no tendrás con quien divertirte durante la escuela" comento cargada de alegría, "nos seguirás viendo en el trabajo, a nosotros y a la amargada de la dueña" dijo imitando a una señora que les indicaba con una mano en la cintura algún error.
"¡Ritsu!" la llamó su madre.
"Perdona, a Susumi-san" se corrigió, olvidando por completo que era una buena a amiga de su madre, "¿Qué les ha parecido?" se volvió a ellos repentinamente más enérgica.
"Me alegra saber que no has desperdiciado del todo tu tiempo en la escuela" comento su padre en forma de broma.
"Ha sido algo bonito" aventuro la señora Tainaka.
"¿Bonito? ¿Has dicho bonito?" algo en el interior de la chica se encendió, bonito, las niñas sin talento tocaban bonito, las personas que tocaban por diversión también pero alguien que le quería dedicar su vida a la música no tocaba bonito…
"Tu actuación ha sido asombrosa" se medió Mio antes de que Ritsu dijera alguna idiotez.
"¿Verdad qué si?" contesto con su característica alegría, como si nunca hubiera escuchado la palabra 'bonito' instantes atrás, "Debo ir a recoger algunas cosas antes de partir, pero me aseguraré de dejar mi segundo botón para ti Mio-chan" bromeó señalando su pecho.
"Déjate de tonterías y vete" contesto Mio ligeramente sonrojada, "Esas cosas son de niñas"
Ritsu soltó la carcajada pero no se quedo a armar jaleo con Mio.
Los padres de Ritsu la miraron aún más emocionados con la idea de tener a alguien como ella formando parte de su familia, justo lo que la inmadura de Ritsu necesitaba, alguien con autoridad para ponerla seria cuando se necesitase.
"Muchas gracias, Akiyama-san" dijo su suegro, "Cuando esa niña salió de nuestra casa hace tres años era eso exactamente, una niña con 18 años… Viéndola ahora, no logro evitar ver cómo ha cambiado, no mucho a decir verdad pero lo necesario para que se note que tiene claras sus prioridades" respiro un poco para darle tiempo a Mio de comprender sus palabras, "El merito es tuyo, se ha transformado por ti y eso significa mucho para nosotros"
"Yo no…no realmente"
"No importa que no veas el cambio o lo creas incierto. Es bueno saber que Ricchan encontró alguien que la pueda poner en su lugar y lleve las riendas de la relación" termino su discurso, "No podía esperar nada mejor Akiyama-san"
¿Acaso le estaba diciendo que ella era el chico entre las dos?
Su esposa tras él sólo se dedico a asentir a todo lo que decía, eran dignos padres de Ritsu.
"Nos vemos después de tu reunión en el club" se despidió Ritsu, dejándola en la entrada de la universidad como lo hacía cada mañana.
Mio ya se había saltado un par de clases para poder acompañarla en su acto académico y no podía darse el lujo de faltar todo el día porque su club de literatura no le daba oportunidad de ausentarse demasiado.
Se permitió despedirla con un gesto de la mano y se volvió hacia sus padres.
"¿Has decidido ya que deseas como regalo de graduación?" pregunto su padre al tiempo que se iluminaban los ojos castaños de Ritsu.
Asintió sin mayor retraso.
En las siguientes semanas el brillo alegre en los ojos de Ritsu se fue mitigando, cada mañana despertaba con una sonrisa a Mio, le acompañaba a la escuela sometiéndola a una plática sin la mayor importancia y cuando le preguntaba qué le pasaba, sonreía nuevamente y contestaba con una bisílaba: Nada.
Así paso ese día, el siguiente y el posterior a ese.
Ciertamente no estaba bien, trabajaba el doble desde que se había graduado, practicaban cuando Sarah tenía tiempo libre y buscaban oportunidades cuando el trabajo en el restaurant era poco.
Se estaba topando con un imprevisto en el sueño, quizá todo ese tiempo, entre su feliz ingenuidad no se percató de que con sólo proclamarse graduada no obtendría un contrato al instante y era eso lo que la estaba retrayendo tanto.
De noche, cuando terminaba su turno, llegaba al departamento y se encerraba por largo tiempo en el baño – siendo ése, el único lugar privado de la casa- hasta que apreciada la luna, se iba a acostar, sujetando la mano de Mio como si fuere lo que la mantenía firme en sus anhelos.
Uno de los temores de Mio se estaba presentando, si bien jamás quiso limitar a Ritsu, era exactamente lo que estaba haciendo ahora. La oportunidad no le esperaba en la capital, debía iniciar un poco más abajo o fuera del país pero cada vez que lo mencionaba siquiera, la castaña se negaba rotundamente.
"Mi sueño comienza y acaba donde esté Mio" se limitaba a decir.
Los demás miembros de la banda lo tenían claro, en Tokio no alcanzarían sus metas, básicamente porque muchos otros talentos se mudaban a la ciudad en búsqueda de lo mismo, por más buena que fuera la música, por más maravilloso que tocaran, no lograrían demasiado concentrándose en una sola ciudad.
"Es un viaje corto, tres días máximo" escucho la voz de Sarah por el celular que Ritsu sujetaba firmemente contra su oreja, "Vamos, es una oportunidad nulamente repetible"
"No" repitió Ritsu, "Tengo cosas que hacer aquí"
"Hanto-sensei se ha esforzado en…"
"Pueden ir tú y Sou" contesto Ritsu.
"Sou no es el líder de la banda… y yo tampoco, quieren verte a ti" atajo los pensamientos de Ritsu.
"Tengo planes ese día"
"Estoy segura de que Akiyama-san podrá ir sola a la escuela un par de días" volvió a leer su mente.
"No está en discusión, si hemos de tener éxito será aquí…" su celular le fue arrebatado tan bruscamente que le dolió la oreja.
"Ira" colgó.
"Mio-chan, por favor…" imploro Ritsu en la estación, "No tengo porque hacerlo, sería más feliz aquí a tu lado, puedo hacer cualquier otra cosa…"
Mio ignoro sus palabras, no iba a seguir soportando su fingida felicidad, no si estaba en sus manos curar la melancolía que no se disponía a aceptar.
"Mio," rogó con los ojos, el tren estaba ya esperando a los pasajeros.
"Son sólo un par de días Ritsu-sempai" comento Sarah mientras arrastraba a Ritsu por el andén.
"Mio" volvió a llamarla.
"No comentas tonterías, da buena impresión y por favor, trae de vuelta un sí" fueron sus palabras de despedida, le dio un beso en la frente y le empujó para que entrara en el tren, "Cuida de ella Sarah"
La chica asintió y el tren partió.
Los ojos llorosos de Ritsu le volvieron a la mente, sentía una gran nostalgia por haberla obligado a irse, sería la primera vez en mucho tiempo que estarían separadas, y si obtenían una respuesta favorable, no sería la única.
Pero lo hacía por su bien, le estaba dejando que se acercara a su sueño, no podía detenerla al igual que no podía seguirla, quizá vislumbraba el inicio de su fin.
Todo el día su mente estuvo ausente de lo que pasaba alrededor, cualquier cosa le recordaba los ojos que le rogaban a para no marcharse, y pensar que le había creído más madura en ese tiempo, incapaz de entender a qué se debía ese grado de dependencia o lealtad a su promesa. Se había saltado las clases, pero sin salvarse de las actividades del club, la presidenta era muy exigente con los miembros, siendo que eran los alumnos que más demostraban valía para la literatura, los presionaban para sacar lo mejor de sí.
Se suponía que debían empezar con una serie de ideas para comenzar los siguientes trabajos, entre ellos, un libro.
Mio seguía sin tener la mente en ello, volvía una y otra vez a la escena que protagonizo en la mañana.
"Akiyama-san, ¿alguna idea?" le pregunto la presidenta, mirándole seriamente desde el otro lado de la mesa.
"Sueños" aventuro.
"Demasiado vago, explíquese" pidió.
"Sueños y sacrificios, ¿qué se da por cumplirlos, cuál es el precio?" prosiguió.
"Bastante pesimista" acotó la chica y cuestiono al siguiente alumno.
¿Lo era? Parecía ser objeto de una buena trama, una novela plagada de egoísmo por una parte y sacrificio por la otra, formando un mismo ser, una misma idea, una misma persona.
Basta, se regaño.
Terminada la sesión del club, y con la idea de que Ritsu no estaría al salir para pasarle un poco de su desenfrenada energía, se dirigió sin mayor demora a casa. No le entusiasmaba regresar, porque sabía que se encontraría con un departamento solo y su primera noche sin coger la mano de Ritsu, ni escuchar sus suaves ronquidos o sus balbuceos al dormir.
Aquella noche le costó conciliar el sueño.
Por la mañana un ruido familiar le despertó repentinamente, era como si alguien estuviera cocinando y se oía tan cerca… no podía creerlo, se suponía que no debía volver hasta el día siguiente.
Se levanto con prisa, con las palabras de reprocho en la punta de la lengua y la mano preparada para darle su merecido en el caso de salir con alguna idiotez pero se topó con el televisor encendido, la alarma que utilizaba Ritsu cada mañana para poderse levantar.
"Tonta" se dijo a si misma y regreso a la cama.
Y como si el día anterior se repitiera, su mente se separo de su cuerpo esperando el retorno de lo que le hacía sentirse infeliz en ese momento. En sus vagos pensamientos, la pregunta se repetía una y otra vez: ¿Qué si le decían que si? ¿Si tenía que dejar Tokio e irse a Kyoto o a cualquier otro lugar?
Estaba segura de que no era la manera en la que querría vivir el siguiente año antes de poderse reunir con ella nuevamente de ser un si la respuesta.
El sueño le venció rápido esa noche, sujetando entre sus brazos la almohada de Ritsu, pretendiendo que era ella quien le devolvía el abrazo.
La situación de la mañana anterior se repitió casi en forma de deja vu, el ruido en la cocina era reconocible del programa que estaba sintonizado para la alarma, recordaba haberlo apagado.
"Lo que hay que soportar" salió del futón a regañadientes, arrastrando los pies para ir a desconectar el infernal aparato.
"Mio" la sonrisa de Ritsu se estrello contra su recién adquirida realidad matutina.
No fue consciente de cómo termino tirada sobre Ritsu, presionándola en un abrazo tan ansioso que parecía estar a punto de asfixiar a su novia ya fuera por la presión o la prometida rotura de costillas.
"Un poco menos fuerte" rogó forzadamente Ritsu, sin evitar el gesto de Mio.
"T-te extrañe" balbuceo mientras enjugaba sus lágrimas en el pecho de Ritsu, y ésta le daba algunas tontas palmaditas en la cabeza, "Perdona, ¿Cómo te ha ido?" inquirió deshaciendo el abrazo- que a esas alturas ya parecía una llave de inmovilización sobre Ritsu- e incorporándose para lograr sentarse y verle a los ojos.
Ritsu evito su mirada.
"Quieren que probemos suerte en el mercado extranjero, un disco, algunos conciertos" comento como quien no quiere la cosa. Algo dentro de Mio se rompió en ese momento, no obstante, Ritsu prosiguió, "Así que he dicho que no"
"Pero es lo que siempre has querido, es tu deseo, tu sueño…" lo decía con tanto fervor que parecía no dolerle más de lo que le asombraba.
"Ya lo había dicho antes: Mi sueño comienza y acaba donde esté Mio" musito mientras jugaba con uno de los mechones del cabello de su chica, "Si no estás a mi lado, qué más da todo lo demás que obtenga" no lo decía para autoconvencerse, lo estaba diciendo en serio, "Aparte, el inglés no es lo mío" sonrió volviendo a ser ella.
"Tonta" susurro Mio jalando levemente el despeinado flequillo que sobresalía en la frente de Ritsu.
"Pero por ti" contesto ella.
Hacia un Enero algo frío pero no lo necesario como para deshacerse del calor que brinda una profunda pasión, apagar el candente deseo de ver la suma de todos los sueños por fin realizarse, ni tampoco para mitigar la esperanza en la vida de alguien.
Y ese alguien llevaba por nombre Tainaka Ritsu.
Ese día se cumplía un año más en todo sentido, un año más de vida en la persona que le daba vida a ella, un año festejando su mismo sentir, un año más en que su corazón llevaba una sincronía.
Por el cuerpo de la joven la energía recorría cada lugar, tocando cada rincón de su ser, escuchaba el sonido de sus movimientos, cada melodía del toque de sus baquetas en el instrumento, la sinfonía unida de toda la banda, aún con la conmoción del momento podía imaginarse a los miembros moverse alocadamente por el reducido espacio cantando la misma canción que acababa de sonar por la radio.
Una gota de sudor resbalaba hasta acariciar su mejilla y caer en su pantalón, respiraba agitada por la emoción, era la primera vez que le sucedía algo como aquello, estaba viendo el inicio de su más grande sueño ponerse frente a ella.
"Ricchan, ¿Cómo ha estado?" inquirió Sarah-chan cuando la música cambio bruscamente, tenía la cara colorada por contener el sentimiento de logro en su espera a que Ritsu fuera la primera en celebrarlo.
"No podría ser mejor" se limito a contestar.
Lo habían escuchado sólo ellas dos, los otros miembros de la banda no pudieron asistir a su estreno en la radio como se había planificado desde antes.
"Eso no ha sido lo que esperaba de ti" dijo en tono quejumbroso Sarah cambiando su exasperada emoción por una tremenda desilusión.
"Sa-chii, días como hoy, justamente hoy, no hay mayor lugar para la felicidad que el compartir otro año de vida" recito con una seriedad tan poco creíble para alguien que en el paso de los años le conocía tan bien, "Hoy es un día de muchos, pero único entre tan pocos" estaba actuando con tanta madurez para cubrir su ataque de euforia.
"Ya veo, hoy es el día" se limito a decir Sarah encontrando la causa de la poca emoción que le producía su éxito en la radio.
"Nada más que este magnífico día" le brillaron los ojos con tal intensidad que cualquiera empezaría a vislumbrar su intención, saco un pequeño artilugio de su mochila y se lo enseño a su amiga.
"Ricchan, es impresionante" se admiro mientras observaba el objeto que Ritsu sostenía con orgullo entre su dedo índice y pulgar, seguramente ahí estaba su primer sueldo directo de la banda, "Estoy segura de que le va a encantar"
"Por esta ocasión no hay duda de que mi regalo lleva mayor intención que valor" rió internamente, por lo menos no la haría gritar de miedo… esta vez, "Aunque cabe decir que me suena egoísta, es un regalo para las dos"
Sarah rodó los ojos por la actitud de fingido egoísmo de parte de su mejor amiga y líder de la banda. Llevaba algunos meses esperando esta ocasión, era realmente inevitable, algo como lo que tenían esas dos chicas sencillamente no se podía menguar y, como en toda relación, el paso más lógico lo estaba por dar Ritsu.
Aunque lo negara le traía un poco de melancolía saberlas a tan poco de su felicidad, de cierta forma les tenía un poco de envidia, desde la primera vez que conoció a Ricchan algo en ella le había fascinado, qué más podía ser, era la clase de persona que quieres tener a tu lado por lo enérgica que es pero al mismo tiempo evitas porque no le puedes seguir el ritmo.
No es que estuviera enamorada de su senpai, no, era algo diferente pero a la vez parecido.
En realidad, no había mejor complemento que Mio para Ritsu, eran la representación de la palabra, verlas juntas discutiendo sobre el tema de una canción mientras una escribía y la otra corregía o mejoraba la idea, aquellas risas, sus comentarios…
Estaba segura de que serían aún más felices, aunque eso le empezaba a sonar imposible.
"Sa-chii" le hablo Ritsu frunciendo el entrecejo al tiempo que pasaba su mano frente el rostro de la chica, Sarah despertó de su divagación abruptamente, "Tengo que irme, por más famosa que se vuelva la canción en la radio, sigo teniendo que mantener un hogar y para ello tengo que cumplir con mi turno en el restaurant, ¿Vienes?"
"Claro" sonrió, tomó su bolso y siguió a la castaña fuera.
Tal como dictaba la rutina, la espero fuera de la escuela a la hora justa en que salía, con una flamante sonrisa y recargada en la motocicleta (regalo de su familia por la graduación)
Mio, también como dictaba la rutina, apareció platicando con su mejor amiga de la universidad sobre la última tarea que les habían dejado, rodó los ojos en cuanto le vio con aquel monstruo mecánico.
"Hola Tama-chan" saludo animadamente Ritsu a la compañera de su novia.
"¿Qué tal Tainaka-san?" respondió poco extrañada de la familiaridad de la chica, "Hasta mañana Mio-chan, espero que sigas pasando un bonito día"
"Lo festejaremos en grande" interrumpió Ritsu, como de costumbre.
"Gracias Tamao" se despidió para evitar más información de parte de la castaña.
Volteo a ver a Ritsu, la idea de subir en esa cosa no le tentaba en lo más mínimo, desde que se la había comprado evitaba tener contacto con ella, rogándole para que caminaran a sus respectivos destinos. Generalmente así era, Ritsu era consciente del miedo que le generaba e iba caminando para recogerla y dejarla, sin embargo, desde su graduación la veía con mayor frecuencia montada en la motocicleta, alucinada por la rápido que se podía desplazar.
Ahora, cada vez que la banda tocaba, era de esperarse ver ese demonio…
"Vamos Mio" le estiro la mano para ayudarle a subir.
"Me niego" refunfuño.
"No, no lo haces, llevo planeando este día por meses como para que tengas un capricho ahora" respondió Ritsu llena de autoridad, colocándole el único casco a Mio casi a la fuerza.
"¿Qué puede haber de planeado en un cena casera?" espeto Mio muy inconforme con pasar así su cumpleaños.
"Me subestimas cruelmente, cielo" contesto muy divertida, "sujétate" Indico prendiendo la moto y acelerando un poco brusco con una sola intención.
"¡Ritsu!" los gritos de Mio invadieron el espacio pero sus manos firmemente presionaban a la conductora, cortándole sutilmente la respiración.
Lo repitió sólo dos veces más, estaba dispuesta a dejarla en paz tan pronto notara que no se dirigían a casa para una "simple cena casera"
"Hoy ha sonado por primera vez nuestra canción en la radio, a la banda le ira de maravilla tras eso, inclusive hemos recibido una invitación al festival de rock de este año" comento alegremente reduciendo la velocidad de la moto, sintió el casco recargarse en su espalda, intentando imaginar que la respiración de Mio chocaba contra su nuca, no podía postergarlo más, suspiro "¿Sabes Mio? He notado que eso no es lo que más me hace feliz, hay algo más, algo de lo que jamás podría prescindir…Durante todo este tiempo juntas me he demostrado lo mucho que me gusta estar a tu lado, a pesar de todas y tantas cosas que hemos vivido, tus celos, tus miedos, absolutamente todo de ti han logrado una única ambición en mi vida…" calló un par de segundos, "Lo único que deseo de la vida, es pasarla junto a ti"
Se detuvo al final de la calle, esperando la señal verde. Saco una pequeña y bien dimensionada cajita de su bolsillo delantero pero antes de mostrársela, decidió que aquella cara de un SI prometido necesitaba la impresión de primera mano.
Soltó la sortija sobre su palma de la mano…
…Sólo hicieron falta dos parpadeos y un latido para ver todo su mundo destruido.
A pesar de que la señal de alto estaba ahí, de que las chicas estaban sumidas en la pregunta implícita del momento, de que después de tanto para que ese sueño se viera realizado, el conductor de aquel auto no fue capaz de frenarse a tiempo.
Mio envolvió en un fuerte abrazo a Ritsu por la sorpresa y el instinto de ver venir un precipitado final a su inmensa felicidad, sus brazos le bloquearon la visión al tiempo que los notaba ausentes, cerró los ojos una vez y los abrió al instante…
Giro abruptamente antes de caer al suelo, buscando con la mirada desesperada a Mio entre el pánico que se empezaba a formar en la calle, un líquido cálido le recorría el rostro y le nublaba la vista, no podía encontrarla, se movió cuanto pudo pero el esfuerzo le provocó una aguda punzada en los costados, algo como eso no le impediría seguir en la búsqueda de la otra mitad de su alma, volvió a intentarlo pero esta vez sintió la agonía en su mano. No logro ver la causa, la energía estaba abandonando su cuerpo en el mismo momento en que veía venir la imagen de su amor tan cerca de ella.
"Ricchan, Ricchan, anda tenemos que ir" una voz conocida estimulo su despertar, la reconocería donde fuera aún cuando habían pasado varios años desde que la escucho así por última vez.
"Mio-chan mala, estaba soñando tan bonito" contestaba con una voz infantil cargada del típico resentimiento de una niña de aproximadamente 8 años.
"Vamos, apresúrate Ricchan, tienes que verlo es maravilloso" le animo una pequeña Mio Akiyama, tendiéndole la mano a la somnolienta Ritsu.
Se talló los ojos para desperezarse e hizo caso de la invitación de su amiga.
Y corrieron, corrieron con la energía que sólo poseían de niñas, como si nada en la vida les pusiera un obstáculo, corrieron para alcanzar algo que Ritsu desconocía pero que a Mio había hechizado.
"Te va a encantar Ricchan, es tan bonito" exclamo emocionada, "Vamos, más rápido Ricchan"
"Espera Mio" le pidió Ritsu, fuera lo que fuera, no estaba segura de querer enterarse ahora de que era aquella cosa tan bonita.
Su mano se soltó…
"¡Espera!" grito con angustia.
Intento seguirla pero sus piernas eran tan cortas que no pudo, tan pronto como le soltó la mano, le había perdido de vista.
La luz empezaba a incomodar sus ojos a través de sus parpados, intento bloquearla con la mano pero algo sumamente pesado se lo impidió.
"Mio, apaga la luz, es sábado" gruño con una voz que parecía no haber sido usada en días. No hubo respuesta, "Maldita sea, hasta hoy tengo que levantarme temprano" refunfuño.
En cuanto tuvo noción de lo que veía, se encontró con un lugar completamente ajeno a su departamento y por supuesto, Mio no era la causante de la atosigante luz, todo era demasiado blanco, lleno de flores y globos que tenían como leyenda recupérate pronto.
Empezó a observar con mayor detenimiento, intento levantarse pero algo en el cuello se lo impidió, lo jaló con fuerza usando su mano derecha y fue cuando se pudo incorporar.
En su mano derecha había un inmenso yeso de donde sobresalían varios tubos de mental, estaba acostada y le dolía terriblemente el cuerpo.
"¿Mio?" pregunto un poco confundida.
"Hermana" Satoshi salto del sillón en el que dormitaba al escuchar su voz y marcando lo obvio comento, "Has despertado"
"¿Dónde está Mio?" pregunto de nuevo.
Hubo un silencio incomodo, Satoshi no sabía cómo contestar eso.
La luz de unos faroles le golpearon como recuerdo, estaba con Mio en dirección a festejar su cumpleaños, le estaba recitando el discurso que llevaba planeando desde semanas atrás y entonces, entonces…
"¡¿Cómo está Mio?" grito embargada por la angustia en la intención de salir de esa cama y buscarla. Descolgó su brazo derecho y estaba a punto de saltar de la cama cuando su hermano menor la empujo.
"Déjame, tengo que ir a buscarla, debo saber si ella está… Si ella está" no lo podía decir, ni siquiera lograba pensarlo.
"No, tienes que estar en cama" le espeto con autoridad, "por lo menos hasta que alguien venga y te revise"
Sin importarle la preocupación de su hermano menor, salto nuevamente pero sus piernas no le respondieron al instante y cayó directo a los brazos del muchacho.
Lamento la demora de actualización, me celan terriblemente las tareas y demás deberes de la Universidad, apenas abro Word para escribir y… bueno, no viene al caso.
Les reitero que Ritsu se sale del canon ligeramente pero me gustaría aclarar que después de algún tiempo los personajes tienden a madurar un poco y es exactamente lo que quería plasmar (Aunque quizá no tuve éxito con ello) por lo menos me alegro de no llevarla a una personalidad de realidad alterna.
De cualquier forma una disculpa.
Espero el grosor del capítulo haya compensado la espera (No estoy segura de que alguien lo estuviera esperando del todo, mmm) lo sé, dramático, cursi, idiota tal vez pero quise explorar el cliché de las historias yuri, dónde sin drama no hay trama.
Les pido amablemente que dejen una opinión para saber que les ha parecido, recuerden que el número de comentarios es inversamente proporcional al tiempo de espera.
Bueno, sin más les dejo, porque la nota final podría volverse más larga que el capítulo mismo.
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Y para aclarar: En esta historia, la única que muere es la moto xD
