Advertencia: Personajes un poco fuera de canon (disculpen los dedazos que puedan encontrar por ahí, he intentado editarla para que eso no suceda), en realidad, disculpen la diferencia hacia el canon.
Disclaimer: K on! No me pertenece y ha sido tomado sin el ánimo de lucro, aunque considero un gran beneficio poder escribir algo que me hubiera gustado ver en manga o anime con estos personajes, ¿Será delito ese beneficio propio? xD
El ataque de ansiedad que sufrió por la mañana le costó la administración de sedantes para mantenerla controlada hasta que su médico pudiera irle a explicar la situación, sus padres intercambiaban su puesto vigía sustituyendo a Satoshi que poco o nada le podía prohibir.
Pasaban sus miradas sobre ella con cierta culpabilidad, en sus ojos se leía el sentimiento, aquel regalo infernal le trajo un mal desenlace a la vida de su hija.
Ritsu veía entrar y salir enfermeras de su habitación, tan pronto preguntaba por Mio le desviaban la pregunta o le daban respuestas muy vagas.
"¿Tainaka-san? Soy la Doctora Hashimoto Ayako" pregunto una mujer con bata blanca, siendo la primera que le iba a ver, "Ha estado un poco activa, ¿no es así?"
"¿C-cómo está Mio?" parecía no haber más palabras en su léxico que esas tres.
"No tan rápido, ¿Es usted músico, no? Entonces sabe que una melodía lleva un compas" le sonrió amablemente mientras verificaba su expediente y su cuerpo, preguntándole ocasionalmente si tenía molestias o dolor en el cuerpo. La respuesta era no, quizá si le encontraba bien le diría que sucedió con Mio. "Su hermano me refirió que tenía debilidad en las piernas, ¿siente algo extraño aparte de fatiga?" Ritsu volteo a ver inmediatamente a Satoshi con algo de resentimiento.
"Sólo perdí el equilibrio" repuso a regañadientes, un poco cansada de las incesantes preguntas.
La doctora Hashimoto suspiro, dejando por fin que la chica descansara de la exploración, su pronóstico era favorable a pesar de verse tan magullada tras el accidente.
"Es fuerte Tainaka-san, saldrá de aquí en menos de dos semana si se porta bien, eso si nada de rebeldías" le espetó gentilmente mientras firmaba un par de hojas sobre la carpeta que guardaba su expediente. "De momento, sólo hay que preocuparnos por la evolución de su brazo pero la cosa pinta bien" le guiño el ojo y se dispuso a salir.
"Sensei" le llamó Ritsu.
"No me es posible comunicarle nada al respecto" fue su respuesta a la pregunta implícita.
No sabía qué hacer, si intentaba salir de su cuarto le volverían a tranquilizar con un montón de fármacos raros, si preguntaba y obtenía otro no… empezaría a volverse loca.
¿Dónde estaba Mio? ¿Estaría bien? ¿O sólo querían evitarle el impacto hasta que sanara completamente?
Se quedo mirando el techo por lo que le pareció fueron horas, las sombras provocadas por la decoración le daban un aspecto ligeramente tenebroso al lugar, a su lado, su padre roncaba descansando de la misión que representaba cuidar a su hija en desgracia y se pregunto si se culpaba por lo sucedido… Si alguien debía culparse, sería ella, ella fue quien subió a Mio a ese vehículo inseguro, no se fijo en que un auto venía y tampoco espero para darle la sorpresa, si algo le había pasado a Mio, su corazón no se lo perdonaría jamás.
Una lágrima broto por su ojo, recorrió su rostro y cuello hasta perderse en su pecho, donde el nudo de volvió inclusive más doloroso que respirar con las costillas rotas.
Espero pacientemente por dos días noticias, sin cansarse del no y los recitales de las normas del hospital, con la esperanza calentándole el cuerpo, intentando no darse por vencida con la idea de que en algún lugar de ese mismo edificio respiraba la otra parte de su alma.
Inclusive había utilizado a Sarah para que le obtuviera alguna respuesta, al parecer fue interceptada antes de lograr averiguar algo, así que no lo volvió a intentar. La joven pasaba buena parte de su tiempo haciéndole compañía a Ritsu, intentando animarla para que no se diera tan pronto por vencida, de alguna manera sabía que las cosas estarían bien aunque los ojos de Ritsu parecían a dejar de creerlo, su brillo escaseaba, tal como cuando su primer sueño se le estaba escapando de las manos.
Sin embargo, sonreía, se forzaba a hacerlo, a seguir las bromas, burlándose un poco de sus padres que se veían cada vez más preocupados pero cuando esa chispa se iba, quedaba todo lo que ella no era.
Ya no preguntaba nada, se resignaba a las esporádicas visitas de su doctora y sus negaciones más allá de lo afable.
"Creo, hoy es un grandioso día para que salga de la cama" le comento el quinto día en su estadía en el hospital, "Un poco de sol para esas pálidas mejillas"
No le hizo la mayor gracia, se levanto de la cama y se dejo caer en la silla de ruedas que había llevado uno de los enfermeros, dejándose llevar por su madre hasta el jardín, realmente no era un buen día, las nubes cubrían buena parte de la luz y los rayos que se escapaban no servían en lo absoluto para calentarse el rostro.
Su pequeño paseo finalizo rápido, tan pronto dieron una vuelta por el jardín le rogó a su madre la devolviera a su cuarto, esperando que a Hashimoto-sensei se apareciera con la noticia de que al fin podría irse de ese lugar.
La señora Tainaka quiso debatirle su poca disposición para que las cosas fluyeran más positivamente con su salud pero no le vio caso, sabía que su problema más grande no lo guardaba su cuerpo.
Regresaron al interior, viendo la interacción del hospital en otros pisos, el chismorreo en la cafetería de los parientes que iban a visitar a sus enfermos, los comentarios entre colegas, algunos rostros tristes salir y entrar del lugar, si lo veía desde esa perspectiva, no le sentaba tan mal ser objetivo de visita y no estar del otro lado.
Entraron al ascensor, mientras Ritsu intentaba imaginar la ansiedad de tener que entrar y salir de ese hospital hasta que la incertidumbre se calmara, negó lentamente, en búsqueda de despejar sus ridículos pensamientos. Se detuvo, miro el piso, no era su parada…
Y de repente, cuando se abrieron las puertas para darles paso a nuevos ocupantes, vio algo que le permitió recuperar un poco el semblante.
Se levanto de la silla y se interpuso entre las puertas para que no se cerrara, saliendo casi corriendo en dirección de aquello que le robó la atención, ignoro olímpicamente la molestia de caminar, y el yunque que llevaba por brazo.
Su objetivo era una mujer a la que no había visto desde que se mudo a Tokio, a quién conocía bastante bien y le sería fácil reconocer en cualquier lado sencillamente porque era casi idéntica a Mio, salvo con algunas arrugas en la cara y una actitud más confiada.
La madre de Mio dio la vuelta al finalizar el pasillo.
Ritsu la siguió, aún forzándose por seguirle el paso y no ser alcanzada por su propia madre o peor, por algún enfermero que le reconociera ajena a esa planta. La mujer se adentro en uno de los cuartos, Ritsu continuo hasta posicionarse exactamente frente la puerta en la que había desaparecido la mujer.
Dentro, en medio de varias maquinas y sonidos, estaba la otra mitad de su vida, respirando, con un corazón que delataba vida con cada latido que se dibujaba en una de las pantallas… Mio estaba viva.
Por primera vez desde que despertó, se sintió exactamente igual, como si la energía le volviera al cuerpo.
No se detuvo ahí, observo una y otra vez, sólo en caso de que sus ojos le estuvieran jugando una pésima broma. Estaba ahí, intacta, con tan sólo algunos moretones en la cara y las manos raspadas, luciendo bellamente dormida.
Se dispuso a entrar, quería tocarla, hacerle saber que estaba ahí y que siempre lo estaría, necesitaba decirle al oído lo tonta que se sentía por creer que podría haber dejado de existir, confesarle lo mucho que le dolió la mala jugada de su desesperación, sin embargo, lo que más anhelaba era sujetarle la mano mientras dormía.
Dio un paso y fue detenida en el acto.
"Está en la planta equivocada, Tainaka-san" la voz usualmente amable de Hashimoto sensei le paralizo hasta el más pequeño de los cabellos.
"Es Mio," se limito a decir, como si fuera la más valida de las explicaciones.
"La señorita Akiyama tiene prohibidas las visitas para personas ajenas a su familia" le dijo amablemente, intentando que diera la vuelta y dejara la idea de entrar.
"Soy más que su familia" le espeto Ritsu.
"Debe volver a su habitación, ha estado atentando contra su estado desde que se levanto de la silla"
"Estoy bien, sólo quiero hablar con ella" rogó Ritsu aún sin apartar los ojos de Mio.
"Eso es imposible" sus palabras no tenían ningún dejo de autoridad o prohibición, su tono era similar al de la pena, "Debemos volver, tiene que descansar"
"¿Qué tiene Mio?" inquirió Ritsu sin dejar pasar la oportunidad.
"Si regresa a su habitación quizá le comente algo al respecto" prometió la médico, esta vez consiguiendo que la joven la siguiera.
Aguardo con paciencia mientras veía prenderse y apagarse cada número al pasar por los pisos, era la primera vez que un elevador le parecía tan lento, sentía las miradas de Hashimoto-sensei sobre su nuca, en dos ocasiones soltó dos bufidos, quizá pensaba lo mismo que ella o estaba ligeramente enfadada por el hecho de que al salir disparada contra su suegra había dejado caer su brazo y se deshizo de manera poco ortodoxa del suero. A decir verdad, después de tan maravillosa visión no se percato de que su mano sangraba, su pecho le molestaba y su brazo metálico le cansaba bastante.
Qué era ello en comparación de saber que Mio estaba –relativamente- bien, nada, absolutamente nada, sabía que le tocaría un regaño y otra repetición de las normas del hospital, y no le importaba porque Mio estaba viva.
Antes de entrar en su habitación, Hashimoto-sensei le hizo partícipe de la condición de Mio, se aclaro la garganta y le dio su esperada llamada de atención.
"…No quería que te enteraras de la situación, en parte porque ser amiga de Akiyama-san no te da grandes meritos," respiro después de darle aquella perorata, "Es una total ironía que siendo ella quien portaba el casco resultara más grave que tú… Su salud es delicada, físicamente no tiene gran daño más que ligeras heridas que cicatrizarán incluso más rápido que las tuyas, no obstante, lleva más de dos semanas inconsciente, dos semanas en las que su actividad cerebral ha estado casi nulamente activa"
"¿Se pondrá bien?" pregunto Ritsu sin que la alegría de saberla viva le permitiera comprender las palabras de la médico.
"Recuerda que hay que seguir un compas" metaforizo, era evidente que no sabría más de Mio ese día o por lo menos no de parte de la médico. Se acostó y dejo que hiciera su trabajo, volvió a canalizarla, le reviso el brazo con el mohín inescrutable preguntándole si el haberlo movido de manera tan brusca y sin el mayor cuidado estuviera ocasionando molestias o dolor, lo negó, "No quiero enterarme de que te vieron rondar por neurología, ¿eh?" se despidió con seriedad, anotando cosas en el expediente y llevándoselo de ahí.
¿Cómo evitaría que se reuniera con el amor de su vida? Con simples palabras no le prohibirían reencontrarse, no señor.
A lo que sabía había durado casi una semana inconsciente, ya que sus lesiones radicaban en un corte profundo en la frente, algunos raspones en su rostro, tres costillas rotas y su mano llena de metal, la cual tuvieron que intervenir de urgencia sin su consentimiento por el riesgo de perderla, aunque realmente le tenía sin cuidado el estado de su extremidad, su atención estaba en Mio y la maquina que pitaba en un rincón de su habitación.
A pesar de haber sido dada de alta varios días atrás, pasaba buena parte de su tiempo en el hospital, preocupándose por velar el sueñoininterrumpible de su bella durmiente, esperando ser la primera que se reflejara en el gris de sus ojos, aún si para eso tenía que soportar el crudo trato del personal de salud o la actitud distante de la madre de Mio.
Escuchaba todos los días lo mismo, repetidas veces y sin lograr comprenderlo.
Esperamos que la inflamación baje.
Depende de ella.
Se paciente, sucederá cuando menos te lo esperas, Hashimoto-sensei era la única que le prestaba un poco más de su tiempo y apoyo, siendo la única que comprendía la angustia de permanecer ahí, atada a una situación que podría suceder en ese instante como en varios años. Tras el tiempo como su paciente, por lo menos había aprendido a tenerle confianza.
La cosa con la señora Akiyama era bastante diferente, guardaba una relación cordial, pero no dejaba pasar la ocasión de hacerle ver que era su culpa que Mio estuviera en ese estado, mostrándose poco o nada dispuesta a mantener la visión optimista de Ritsu.
Sabía que ese no era el único motivo de su frío trato, nada parecido al que le brindaba a la niña que pasaba horas en su casa intentando sacar del cascaron a su hija, le miraba despectiva, no disimulaba la impresión de ver los rasguños próximos a desaparecer de su cara, ni los moretones que los acompañaban. Ritsu tenía en claro que le detestaba por haber llevado a su única hija por el camino de un amor como el que vivían, le reprochaba con cada palabra, con el simple gesto, con su presencia la posibilidad de que Mio no encontrara un buen prospecto en otra persona.
Jamás enfrentaron a los padres de Mio con su relación, algo les dijo en aquel momento que no era oportuno, después de todo eran unas niñas que descubrían el mundo y sus sensaciones juntas, ¿qué si era un amor de adolescencia? Era mejor dejar que los Akiyama siguieran poseyendo la imagen de Mio tal cual era. Así, al momento de mudarse, las únicas que sabrían el secreto serían ellas, el club de música ligera y los Tainaka, no necesitaban la aprobación de nadie más, por lo menos no en ese momento.
Y lo dejaron ser… Hasta que la vida de Mio quedo paralizada por un accidente.
Ritsu intento guardar las apariencias, fingió ser la amiga inseparable, pretendiendo que las cosas seguían igual que antes, sería exactamente lo que Mio querría que hiciera, y lo hizo, cumplió su papel, día tras día desde la primera vez que la señora Akiyama le vio fuera de su cuarto, observando la figura inerte sobre la cama y sin reconocerle del todo.
Pero su angustia y desesperación pudieron más, no lograba soportar ver sus dedos desprotegidos cada noche, ni tenerla que abandonar cuando el horario de visitas terminaba, se hinco a su lado y fluyó como grifo abierto, le prometía dejar de ser tan idiota si abría los ojos, no volvería a hacerle una broma, borraría de su vocabulario las palabras que le dieran miedo, no se quejaría nuevamente de levantarse temprano ni la obligaría a ayudarle con las letras de las canciones, no la acosaría con la idea de dar el siguiente paso, todo ello si le concedía el deseo de separar sus parpados.
No fue la manera más sutil de enterar a su futura suegra que lo iba a ser.
A principios de Marzo, Mio dio su primera señal de actividad cerebral, le quitaron la respiración asistida y empezó a hacerlo por sí sola, Ritsu la felicito por estar luchando.
Inconscientemente, en las últimas semanas se vio forzada a madurar un poco más, debía hacerlo si quería ser un apoyo para Mio cuando despertase. Pasaba cada tarde a su lado, no podía trabajar mientras su robotizada mano no fuera dada completamente de alta, era algo que le tenía desesperada.
Las visitas eran escasas, la señora Akiyama iba y venía a Tokio 4 veces por semana, Tama-chan la veía una vez a la semana, algunos miembros del club de literatura se aparecían esporádicamente con la esperanza de que la inspiración de Mio regresara con ellos pronto. Los integrantes de no name asistían en la misión de animar a la líder, usualmente Ritsu no dejaba pasar a Sarah para no "alterar" la situación, menos cuando se encontraba la abominable suegra.
Ese justo día iniciaba otro libro, le estaba leyendo la bibliografía de la que Mio tenía que hacer sus ensayos para el club, era una manera de matar el tiempo y entretener a la señorita voy a despertar cuando yo quiera, el texto anterior fue un cuento infantil que le dio a Ritsu la fantástica idea de intentar despertar a Mio con un beso.
Evidentemente no hubo respuesta.
Así que para deshacerse de la idea de intentarlo hasta que diera resultado, decidió leer uno un poco más serio el único problema es que estaba en inglés y, como bien sabía, ese no era su fuerte.
"Lo siento" se disculpo a terminar de recitar aquel pequeño fragmento, "Sé que no ha sido lo mejor que has escuchado, me gustaría… Me gustaría" la tristeza le invadió en un instante, no sabía exactamente el origen del nudo en su garganta, "… escucharlo de tus labios, cada palabra, aunque fuere este solo pedazo" descanso su frente en su mano sana, dejando salir esa lágrima que su falso optimismo ya no podían retener.
Se preguntaba cómo había llegado a ese punto, cuando por un segundo la felicidad, sus sueños, todo se estaba sumando, cuando sus oídos escucharon aquel si, cuando oyó por primera vez un te amo, ¿Dónde estaba todo eso?
Reprimió un grito de frustración, sólo uno por día era lo permitido, no más porque al pasar el tiempo perdería la capacidad de callarlos. Se limpió la cara, y salió a despejarse un poco.
"Ricchan" le saludo Hashimoto-sensei desde la central de enfermeras, "Justo en este momento iba a la habitación de Akiyama-san para hablar contigo"
La chica sonrió ampliamente, pretendiendo que nada le estaba afligiendo, tal como lo hacía siempre que no quería que notaran sus problemas.
"Ya va siendo hora de programar el retiro del yeso, ¿no crees?" comento animadamente.
"En realidad no molestan demasiado, aunque si eso me devuelve al escenario, hagámoslo en este momento" bromeo ella.
"¿Has intentado mover la mano?" le cuestiono mientras revisaba los dedos, siendo lo único visible de la lesión.
"Er…no, está tan ajustado que me es imposible flexionarlos" respondió sin el mayor apuro.
"Ya veo… bien, necesito hacerte un examen para programarlo" dijo para cubrir el entrecejo fruncido.
"Perfecto" se limito a decir Ritsu, se animó para dar la vuelta y regresar a la habitación, debía terminarle de leer aquel cuento a Mio.
…Al tocar la manija de la puerta sintió que la piel se le helaba, la presión sanguínea aumentaba y la fuerza de sus pies le abandonaba, todo eso en función de unos orbes sorprendidas mirarle desde la cama.
En el acto, esbozo una sonrisa al tiempo que se arrojaba sobre la cama, la encerró entre sus brazos anhelando ese abrazo incomodo desde el último que fue interrumpido, ya no sabía si lloraba riendo o sólo lloraba, su corazón golpeaba su pecho tan desbocado como su lloriqueo.
"Mio" lloro, apretando más el reacio cuerpo, "Eres muy cruel, has dormido tanto que pudieron haber crecido percebes en la cama y no te darías cuenta" no hubo palabras, "Me has tenido esperándote, eres muy egoísta Mio-chan, muy egoísta"
La chica enclaustrada entre el brazo movible, parecía estar paralizada, sin emitir ningún sonido ni mucho menos una respuesta a las torrenciales lágrimas de la quejumbrosa castaña.
"Disculpa" la voz sonó tan ajena, tan madura pero a la vez avergonzada.
"Dime" no aflojo ni un centímetro la llave inmovilizadora que le estaba aplicando, si esperaba que se separara, lo hacía en vano, no volvería a quitarle la mano de encima jamás.
"Perdona p-pero… ¿Quién eres tú?" su pregunta le cayó como una cubeta de agua helada.
"No te quedan las bromas Mio, mira que eres cruel" la reprendió apenas levantando la mirada para verle los ojos.
Se congelo en ese instante, haciendo visible la cruda indiferencia en las pupilas de Mio, parecía apenada por el abrazo involuntario pero también bastante confundida, el brillo que esperaba ver estaba ausente, no eran los ojos de su Mio, aquella chica tímida que para esos momentos estaría tan sonrojada por el abrazo o con los oídos tapados por la sencilla mención de la palabra percebes, no estaba el mínimo atisbo de la novia que intento protegerle en el accidente ni de la eufórica Mio que le grito que si segundos antes, no estaba, no era ella.
Repentinamente, dos enfermeras la obligaron a salir del cuarto, en realidad sólo le asistieron a levantarse y guiaron hasta dejarle en la banca del pasillo, ¿Qué había sido todo eso? ¿Era cierto que no le recordaba o sólo bromeaba en forma de venganza?
Estuvo en el pasillo sin estarlo verdaderamente, no cruzaba ningún pensamiento por su cabeza, la realidad se interrumpió en el momento en el que vio aquellos ojos tan distantes y fríos.
Le pareció una eternidad el tiempo que pasaron dentro examinándola, haciéndole preguntas, sola, sin la menor noción de nada.
"Ricchan" sintió un roce en su brazo pero no volteo, "¿Estás bien?"
"Eso debería preguntárselo yo de ella, ¿no?" intento esbozar una despreocupada sonrisa pero se rompió al tiempo que la articulaba, "No me ha recordado, ¿quién eres tú? Ha dicho" le tembló el labio en un segundo intento de sonreír, mientras que sus ojos lloraban sin lágrimas.
"Ha perdido la memoria, para ser exacta no recuerda quién es, dónde ha estado o con quienes, no obstante, conserva parte de sus conocimientos intelectuales" le explico pacientemente Ayako, "Era de esperarse tras su lesión"
"¿Se pondrá bien?" la pregunta real era ¿Podrá recordarme algún día? Pero no era la manera correcta de expresarse.
"Es reversible, aunque la evolución no es de fácil pronóstico, pueden ser días, meses o años sin que recupere recuerdos" dijo, intentando dejar de lado que aquella joven era algo así como su amiga, tomó aire y le confesó lo peor, "De momento, es mejor que no entres ni le hables para no alterarle, cualquier cosa que le menciones podría ocasionar que intente recobrar la memoria, se frustre y comience a crear recuerdos que no son suyos"
"Pero yo…"
"Lo lamento, es necesario" se disculpo volviendo a su papel de amiga.
"Bien, ¿puedo verla sí permanezco en silencio?"
"No, es preferible que sea su madre quien le explique y la integre lentamente a su historia personal"
Permaneció sola hasta que anocheció, Ayako le prohibió entrar hasta que hablara con la madre de Mio y decidieran como serían las cosas desde ese momento con respecto a la situación, así que sólo se quedo ahí, esperando, sin hablar, sin moverse… sólo pensando.
Hubo poca actividad hasta que su suegra llego, parecía insistir con cada parte de su cuerpo, rogando por primera vez una oportunidad para hablar con ella.
"Debemos charlar" le espeto al acercársele, parecía estar al corriente de todo, Ritsu asintió con un movimiento de la cabeza, "Considero que es mejor que no tenga contacto contigo mientras no recupere la memoria, es más sano si no hay presión de tu parte"
"No es necesario que sepa qué significo para ella o lo qué somos, sólo quiero estar a su lado" respondió efusivamente.
La mujer la cogió del brazo con algo de fuerza y la alejo de la puerta, evitando que se infiltrara su plática por ella.
"Mio no está bien actualmente, lo sabes. Dudo que pueda llevar la independiente vida que ha llevado hasta ahora" sus palabras sonaban demasiado firmes, "Volverá a casa con nosotros, sus padres"
"Yo también puedo hacerme cargo de ella" aventuro Ritsu, sabiendo que su tono apenas sonaba seguro.
"Pretender ser su amiga no solucionara ser las cosas, no cuando tú aún sabes lo que sientes y ella lo ignora totalmente"
"No me importa, haría lo que fuera por ella" insistió Ritsu, siendo testigo de su propia desesperación al saberse próximamente alejada de Mio.
"Ese tipo de sacrificio es absurdo, no podrás cuidar de ella y llevar esa vida alocada que tienes" agrego la mujer.
"Para mí no lo es, haría lo que fuese por ella, aún si es dejar de lado mi corazón para sanar el suyo"
"¿Quieres hacer algo útil por ella? Sólo aléjate, déjala ser quién decida cuando pueda hacerlo"
Ritsu entrecerró los ojos, era cierto, no era ninguna de las dos quién debía decidir nada, sino Mio. Se deshizo de la mano de la señora Akiyama y volvió a la habitación, si iba a romper su promesa, no sería porque se lo ordenase nadie, sino porque la dueña de esas palabras así lo quisiera.
"Mio…"
"Eres tú, la chica de hace unas horas" dijo como si quiera comprobar que no le olvido, como si fuera un auto chequeo.
"Me llamo Ritsu, Tainaka Ritsu" se acerco lentamente a la cama, desde el sofá el padre de Mio sólo observaba. En ese instante le pareció tan patético preguntarle, sabiendo que no era consciente de que le conocía o peor, de que le amaba.
"Yo soy Akiyama Mio" contesto dubitativa buscando la afirmación de su padre, "Gusto en conocerte"
"Es un placer mutuo" en aquella ocasión su sonrisa se logro pero no llevo más allá de sus mejillas, la tristeza en sus ojos era obvia, "Me gustaría saber una cosa" Mio la miro cual niña pequeña esperando a que le pidieran un favor, "¿P-puedo quedarme a tu lado? Ya sabes, ¿Me dejarías cuidarte?"
"Ni siquiera sé quién eres" era el no con más palabras que hubiera escuchado jamás.
"Es toda una aventura conocerme, sólo déjame estar a tu lado" lo quiso decir en forma alegre y despreocupada, algo natural de ella, pero no salió, era más un ruego.
"Mamá" llamó a la figura de la puerta.
"Mio-chan, ¿Le conoces?" Habló con tanta dulzura que no parecía ser la que le ordeno minutos atrás que se alejara, era de nuevo la madre sobreprotectora que conocía desde niña.
"No lo recuerdo, la he visto hoy por primera vez" dijo Mio, aún sin salir del papel de la niña pequeña.
"En ese caso, podrán hablar más adelante, ahora señorita, ¿No es algo tarde para qué siga en el hospital?" pregunto amablemente, cogiéndola por la mano y llevándole para afuera, se resistió, no sería tan sencillo deshacerse de ella.
"Sólo dime si puedo estar a tu lado… si me quieres ahí" Aquellos ojos carentes de brillo tan desconocidos para ella, recitaron la respuesta antes de sus labios.
"¿Por qué quieres estarlo? No te recuerdo haberte conocido, quizá no lo haya hecho antes de hoy"
A pesar de que no era ella, que la Mio, su Mio, a la que prometió permanecer a su lado y estar ahí por el tiempo que lo deseara y, que no era del todo valido que tomara a pecho su negativa, la respuesta había logrado romper con ese pacto de niñas hecho el primer día de su vida en Tokio.
No pudo evitar dirigir la mirada a ese pasillo cuando pasaba por el área de neurología, debía hacerlo para llegar a la oficina de Ayako, que ese día programo que le retiraran el yeso.
"¿Hace una semana que se fue?" Pregunto erróneamente Sarah para sacarla de sus pensamientos.
"Si" fue su respuesta.
Una eterna semana en la que aprendió como era la vida sin los miedos de Mio, la comida de Mio, la cara sonrojada de Mio, los gritos de Mio con la mención de sangre o percebes… y en menos de 7 días aprendió que la vida así sólo apestaba.
En su rescate, su única amiga en la ciudad fue a ayudarle, incluso llevaba dos días durmiendo en su casa, vigilándola, intentando cubrir la ausencia en el departamento pero sin lograrlo, en verdad sólo hacía que la actitud de Ritsu se opacara más.
Hashimoto Ayako la recibió con una sierra, la sentó y comenzó a quitarle aquella piedra tan pesada, después de eso, retiro algunos de los clavos que sobresalían siendo tan delgados y poco complicados, el tornillo en su muñeca tendría que permanecer ahí por el resto de su vida.
La falta del yeso dejo a la vista una cicatriz extensa, casi cubría la circunferencia de la muñeca y se alargaba algunos centímetros por el antebrazo.
"Bien Ricchan, quiero que muevas lentamente la mano" le pidió tras vendar los pequeños orificios que dejaron los clavos.
Pasaron unos segundos de inmensa expectativa, Ritsu se concentraba en enfocar su fuerza en la mano mientras el semblante de la médico palidecía por momentos. Al final, sólo el dedo meñique logro hacerse presente.
"¿Sientes la mano Ritsu?" pregunto seriamente Ayako.
"Supongo que sí, lleva demasiado tiempo apretada, ¿cierto?" contesto aún sin preocuparse de la poca movilidad de la mano.
"No te voy a mentir ni censurar las cosas" advirtió formalmente, "Cuando se intervino tu mano fue con el objetivo de salvarla y se considero la funcionalidad necesaria… quizá con un poco de fisioterapia recuperes hasta el 60 por ciento de la función de la mano y hasta un 70 de la muñeca pero no lo puedo asegurar"
"¿Está insinuando que Ricchan no podrá tocar la batería?" pregunto Sarah en lo que pareció un grito ahogado.
"Si se esfuerza en la terapia cabe la posibilidad de que vuelva al escenario relativamente pronto, aunque no puedo afirmarlo totalmente" dijo en el característico tono de promesa indiferente de cualquier profesional de salud, ese en el que se intentaba animar al paciente aún sabiendo que el pronóstico no era del todo favorecedor.
Salió del hospital con la idea de no tener que volver a pisar uno en mucho tiempo, Ayako le explico los primeros ejercicios que tendría que hacer y le proporciono el número de alguien que le ayudaría con ello, le indico que si sentía cualquier cosa volviera a verle.
Ritsu oculto su mano vendada en el interior de la sudadera que llevaba, evitando recordar la marca en la piel que le dejo el accidente.
"Estoy segura de que mejoraras pronto Ricchan," comento Sarah, quitándole la oportunidad de dejarse caer en su actual situación, "Cuando eso suceda, la compañía sacara el disco y podremos iniciar una gira" añadió impregnando de falsa alegría el plan.
"¿Sabes? Necesito estar sola un par de horas, ¿Qué tal si nos vemos donde Susumi-san a las ocho?" la chica sintió.
En verdad no lograba dar con el momento en que su vida se partió en dos y el equilibrio se altero tanto que ahora sólo se veía la parte negativa de él.
Si en los pasados días, había aprendido que vivir sin el amor de su vida era realmente horrible, ahora que sabía que tendría que vivir sin lo que más le apasionaba, ciertamente se preguntaba si una maldición le cayó de la nada.
Camino sin pensar demasiado las cosas, sin rumbo, ni ganas de hacerlo, no tenía a donde ir y querer permanecer, no le quedaba mucho en la ciudad, podría trabajar en el restaurante de Susumi-san por algún tiempo más, ser la manager de la banda, dejar pasar las oportunidades que fueron para ella.
No, eso no era lo que deseaba.
Lo que más anhelaba en el mundo lo sabía bastante bien…
"…He notado que eso no es lo que más me hace feliz, hay algo más, algo de lo que jamás podría prescindir…Durante todo este tiempo juntas me he demostrado lo mucho que me gusta estar a tu lado, a pesar de todas y tantas cosas que hemos vivido, tus celos, tus miedos, absolutamente todo de ti han logrado una única ambición en mi vida…" calló un par de segundos, "Lo único que deseo de la vida, es pasarla junto a ti"
Tras recitar lo que debió ser la propuesta de su existencia, se dio cuenta que nada, absolutamente nada, ni unos ojos distantes y completamente desconocidos le iban a quitar lo que le daba sentido a su respirar.
Si bien perdió el ritmo, aún no le quitaban la inspiración.
Hola,
Siento la demora, la inspiración se me estaba yendo a otra historia y deje por momentos ésta pero bueno, no hay excusas.
Esta vez Ritsu si se fue a dar la vuelta a un Universo Alterno, espero no haya sido incómodo leer a este personaje madurando a pasos grandes porque no hay vuelta atrás, en este fic maduro y cambio para siempre (Jojojo) y vaya que le toco, pues le quitamos lo mejor de la vida en menos de 6 mil palabras =S aunque como verán, Ricchan no es de las que se deje desanimar tan fácil.
En este capítulo hubo más drama que nada, el siguiente tiende a ser más romántico (o por lo menos así lo he planeado) un poquito triste... pero vuelve el club de música ligera, yay!
Em... antes de terminar e irme a seguir con el siguiente capítulo, quisiera dejar un especial agradecimiento a:
kiddo09 y marianakawaii (Tú muy bien, la oyes, la lees y me sigues soportando con las divagaciones) Por seguir la historia desde el inicio y dejar reviews =)
Favor de dejar un review en forma de crítica, comentario, sugerencia / Favor de NO spam.
Es broma, el spam es admitido y bien recibido (por lo menos es muestra de que fue leído)
Siguiente episodio: El regreso de la cursi y secreta admiradora de Mio Akiyama.
Nota: Si no has leído la primera parte de este fic (cof-no te perdes de nada-cof) deberías hacerlo: .net/s/6786127/1/La_cursi_y_secreta_admiradora_de_Mio_Akiyama
