Advertencia: Personajes un poco fuera de canon (disculpen los dedazos que puedan encontrar por ahí, he intentado editarla para que eso no suceda), en realidad, disculpen la diferencia hacia el canon.
Disclaimer: K on! No me pertenece y ha sido tomado sin el ánimo de lucro, aunque considero un gran beneficio poder escribir algo que me hubiera gustado ver en manga o anime con estos personajes, ¿Será delito ese beneficio propio? xD
Pero los poemas si ¬¬' prohibida su reproducción.
Miraba el techo sin el menor de los detenimientos, llevaba parte de la tarde pensando en lo ajeno que era ese espacio para ella, evidentemente sabía que no lograría recordarlo con sólo verlo o explorarlo pero no negaba que le provoco un atisbo de esperanza segundos antes de pasar por la puerta.
Era como si una niña hubiera dejado la habitación, en las paredes aún pegados se encontraban posters de algunos grupos de música que-creía-en algún tiempo le agradaron; sobre la cama, algunos peluches un tanto extraños y en el escritorio algunas hojas en blanco al lado de un lápiz.
No podía creer que tras tres semanas ocupando el cuarto, no lograba familiarizarse con él, como si después de ese, hubiera tenido otro. La sensación era intrigante e indescriptible, sentía que no era el lugar al que debió regresar, a pesar de saber que no tenía ningún otro.
Su madre le aseguro en varias ocasiones que durante su estadía en Tokio compartió un departamento, después se ponía algo reacia a seguir con el tema, se exasperaba y le decía que no era la manera en la que su salud regresaría, siendo que físicamente estaba en óptimas condiciones.
La madre de Mio temía que su hija tuviera la intención de abandonarla, volver e intentar esclarecer el porqué de su negativa a que viviera sola en la capital, siguiendo con sus estudios, continuando al lado de aquella salvaje e impulsiva chica que no le traería ningún bien a largo plazo. Intento convencerla dándole un sermón sobre los peligros que correría en su estado, cuando no era capaz ni de recordar su nombre, haciéndole ver que podría ser engañada o que caería ante la frustración de no recordar a pesar de esforzarse tanto.
Así que, tras tres largas semanas, se encontraba con tantas preguntas en la cabeza que ya no sabía a cuales darles prioridad.
Antes de dejarla salir del hospital le habían explicado que tendría que ser paciente, dejarse guiar por los detalles que le dijeran sus padres y personas allegadas pero sin hacer la mayor presión por corroborar interiormente si era verdad, debía seguir una psicoterapia y tomar algunos fármacos que inhibieran la ansiedad.
Por otra parte, estaba aquella chica a quién le negó que se quedara a su lado, cuando lo hizo pareció trastornarse tanto que tuvo que ir su médico por ella, al final, su madre le dijo que también era una enferma y que se escapo de su cuarto, por un momento le creyó, sin embargo, la genuina tristeza en sus ojos le hacía preguntarse si no era una persona importante para ella antes del accidente, su madre afirmaba no saber cómo era su vida en Tokio, ¿qué si la joven era su amiga?
Lo peor era que no tenía ninguna de sus pertenencias de los últimos años, todo era tan impersonal en aquel espacio, sólo quedaban cosas que pocas pistas le otorgaban, las pocas fotografías que existían eran de su época de bebe, en el fondo de su closet tan sólo se encontraban viejos cuadernos y libros de la escuela, no creía que le fueran de ayuda.
Su padre le prometió que mandaría pedir sus cosas de su departamento, pero hasta la fecha no obtenía respuesta de la dirección.
Entonces, tal como le habían dictado que hiciera, se resignaría a que sus obstinados recuerdos se hicieran presentes solos, no existía un apuro real.
Cambio de postura, el techo dejaba de ser tentador cuando se recorrían sus cuatro recovecos una y otra vez, así que se dispuso a mirar la ventana, el clima era magnifico, un buen día de primavera para salir y divertirse, pasear con algunos amigos, platicar de nada importante.
El problema constaba en que no recordaba a sus amigas y si salía, en realidad no sabría a donde ir.
El timbre de la casa sonó.
Por alguna extraña razón, salto de la cama y fue a ver quién podría ser, empezaba a cansarle el claustro de su habitación.
Bajo las escaleras sin prisa, como si casualmente pasara por la entrada en camino a la cocina o en búsqueda de su madre. En la entrada, un joven de aproximadamente 18 o 19 años le veía sorprendido, entre sus manos llevaba una enorme caja y sobre el hombro una funda larga que parecía contener un instrumento.
"Mio," la voz de su padre le alcanzo mientras inspeccionaba al muchacho, "Han traído tus cosas" la entero indicando la caja que cargaba el chico y otra que ya estaba en el vestíbulo.
"Mio-san, es bueno verla mejor" saludo entre jadeos el muchacho, dejando caer sobre el hombre la última caja, "Debo volver pronto a casa"
"Muchas gracias Tainaka-san" dijo el padre de Mio, secándose la frente con su pañuelo antes de cerrar la puerta.
El joven se despidió con la mano y se marcho.
"¿Quién era él?" inquirió Mio mientras veía a su progenitor volver a tomar la caja entre sus brazos para llevársela a su recamara.
"Es el hermano de Rits…" se calló repentinamente, agradeciendo que su mujer no estuviera cerca, no veía gran importancia en ocultarle las cosas a su hija pero no quería meterse en problemas con su esposa, "Es el hermano menor de una de tus viejas compañeras de instituto"
"Y, ¿por qué ha traído mis cosas?" continuo aún sin la curiosidad satisfecha.
"Supongo trabaja en alguna paquetería, qué se yo…" el timbre de la puerta sonó de nuevo, sus ojos imploraron a Mio para que abriera en lo que él llevaba esa roca a su lugar.
"Lo siento, he olvidado dejar el bajo" se disculpo Satoshi estirando el instrumento con la cabeza hacia abajo, mostrando su arrepentimiento. Mio se rió de la actitud del joven, intentando alcanzar la funda pero no fue capaz, Satoshi retrocedió algunos pasos hasta hacerla salir de la casa.
"Pero qué…"
"Toma" estiro un sobre, le entrego el bajo y desapareció en cuestión de segundos, sin darle la oportunidad a Mio de siquiera articular un agradecimiento.
En ese momento tenía dos cosas bastante claras, él no trabajaba para ninguna paquetería y no leería el contenido del sobre frente a sus padres, sólo por si acaso.
"Está hecho" anuncio Satoshi al volver de la extraña misión que su hermana le encomendó.
Ritsu estaba sentada en una de las bancas del parque, casualmente cubierta por unos arbustos y un grueso árbol pero con la vista ideal directamente a la entrada de la casa de los Akiyama.
Dos semanas antes.
La nota de despedida estaba en posición, justo en la entrada del departamento para que cuando Sa-chii llegara pudiera leerla, en ella le pedía una disculpa por irse sin despedirse personalmente y con la hoja parte de sus ahorros para el mantenimiento del departamento. No explicaba a donde iba o porqué, creía bastante evidente que su ausencia ya tenía la perfecta justificación. Dejando esa parte del plan completada, tomó el primer tren a su destino.
No sabía cómo actuaría o qué diría al llegar, sin embargo, tenía plena seguridad en que no se echaría para atrás, aún si era por estar junto a Mio, aprendería a vivir con una mano robotizada.
Ciertamente, el último empujón para realizar tan aventurada acción -aunque lo tuviera en mente y no fuera capaz de llevarlo a cabo- fue la petición del señor Akiyama de devolver las pertenencias de Mio.
Era el pretexto perfecto, pensó, podría presentarme con la intención de regresarle aquellas cosas que revelarían repentinamente todo lo que éramos.
Todo radicaba en que viera las fotos, las cartas 'anónimas' con las que fue conquistada para que saltara a sus brazos y, aunque no pudiese recordar absolutamente nada, ya no existiría la objeción para permanecer a su lado, tendría la oportunidad de apoyarla.
Obviamente el optimismo en sus pensamientos no permitieron que previera el mayor de los obstáculos: la madre de Mio y esas absurdas esperanzas de que su hija volviera a ser 'normal', encontrara un buen muchacho y le diera nietos con él.
Y si, Ricchan no era una persona que se diera por vencida con facilidad pero tampoco era de las que planeaban minuciosamente o idearan un plan de respaldo, por lo menos no cuando sus impulsos eran más poderosos que su sentido común.
"Tainaka-san, ¿Qué hace aquí?" pregunto el señor Akiyama ligeramente sorprendido pero sin reprocho en las palabras, llevaba esperando algo como eso de la chica.
"Verá, yo sólo pasaba por el lugar y quería saber si podría…"
"Mi mujer no tarda en regresar y no le será grato encontrarse con usted" dijo el hombre consciente de las futuras palabras de Ricchan, no se negaría a dejarle ver a su hija si se lo pedía, de igual forma tampoco deseaba que se enterara su esposa.
"Oh, era más divertido cuando era Ricchan y no Tainaka-san" comento Ritsu algo melancólica, aunque jamás lo diría, extrañaba esa parte de los Akiyama, "Quisiera saludar a Mio o verla, sólo eso…"
"Pensaba que su sacrificio sería más largo" la voz tajante de la señora Akiyama golpeo a los dos, el padre de Mio le miro con cierta culpa y se puso en posición de espectador, mientras Ritsu veía como responder eso, "Mi hija ha dicho muy claro que no quiere que estés a su lado"
"Mio no sabe quién soy" interrumpió Ritsu con tono ligeramente grosero.
"Y no debe hacerlo ahora, si a su memoria llegas, podrá buscarte y sino…"
"Si no, ¿qué?" atajo ella, le estaba diciendo que no le permitirían entrar nuevamente a la mente y corazón de Mio, qué debía alejarse, sólo esperar.
"¿Para qué quieres estar a su lado? No puedes cuidarle, dudo que puedas hacerlo contigo misma" indico mirando con desdén su brazo derecho, cubierto por la venda y sin el poder de moverse. Una sonrisa maliciosa se asomo por la comisura del labio al ver el pálido rostro de Ritsu cuando menciono eso, jactándose de haber dado en la llaga.
"Eso no es motivo para…" rogó.
"Sólo no te acerques por algún tiempo, porque no te dejaremos entrar y mucho menos verle" se entrometió el señor Akiyama, arrastrando las palabras ante la incapacidad de ayudar a la joven que por años vio crecer y que ahora le pedía un poco de compasión. No quería que su mujer y su injustificado odio siguieran hiriéndola, "Por favor"
Ritsu asintió con la cabeza, soportando la segunda derrota del mes.
Merodeo algunos minutos más, sin darse cuenta había llegado al parque que separaba las calles en las que vivían y se sentó en la banca que le quedaba más cerca, no recordaba exactamente cuándo fue la última vez que fue a ese lugar, como tampoco lo hacía con la primera vez que su corazón latió por la chica que ni siquiera era capaz de decir su nombre.
No lograría acordarse jamás de eso, sencillamente porque siendo ella, la palabra amor era un terror y expresarlo el mayor de sus temores, lo fue por mucho tiempo antes de que pudiera escribírselo a Mio, por ello era amistad, admiración, esas ganas tremendas de ayudarle y protegerle habían sido su mejor escudo, si lo intentaba, sólo concluiría en que fue amor a primera vista que paso por una evolución bastante lenta.
El día que la conoció no lo tenía tan nítido en su mente, sin embargo, los pensamientos que cruzaron por ella, si lo estaban… Mio era la niña más tímida y temerosa que había conocido en su corta vida, para Ritsu la victima perfecta, pero en esa ocasión no lo fue e incapaz de entender el porqué sólo acertó en acercarse a ella, desde el primer segundo en que sus asustadizos ojos correspondieron su mirada, supo que si alguien debía molestarle sería ella, sólo ella y si no lo hacía, entonces su misión constaba en protegerla aunque fuera del más ridículo de los miedos.
En ese instante se pregunto que hubiera sido de haber decidido lo contrario, de convertirse en su verdugo o sencillamente darle la espalda y dedicarse a lo suyo, de no haber querido jamás estar a su lado y procurarle bienestar, seguramente ambas estarían mejor, Mio a estas alturas tendría la memoria intacta y posiblemente tendría un novio sino es que estaría casada ya y ella, Ritsu tendría la mano sana, probablemente trabajando en lo que pudiera o molestando aún a sus padres por su poca iniciativa con las cosas.
De no haber conocido a Mio, la música no sería su pasión y no lo habría perdido todo.
De no haber conocido a Mio, jamás habrían sufrido un accidente ni estaría sufriendo su abandono.
"Idiota Ritsu" se auto regaño, "Idiota, idiota, idiota" algunas personas que paseaban por ahí o que compartían la paz del parque le miraron con asombro por los gritos cargados de frustración, sin embargo, entre ellos alguien reconoció el tono y nombre.
"¡Ricchan, Ricchan!" hacía años que no escuchaba aquella voz tan aguda e infantil.
Yui se le acerco o mejor dicho, se le lanzo para abrazarla tan pronto Ritsu levanto el rostro, era verdad que llevaba años sin verle pero de haber sido ella quien le hablase, jamás le hubiera reconocido. Llevaba el cabello recogido, su rostro se veía más maduro y bueno, la guitarra en su espalda hubiera sido una gran señal.
"¿Dónde está Mio-chan? ¿Qué hacen aquí? No será que terminaron" dijo con tan poco tacto que logro romper el gesto de Ritsu.
"Está en casa, supongo" logro contestar.
"Me alegra verte hace tanto que no sabía de ti, de no ser por Mugi-chan y Ui, no tendría nadie del club" volvió a abrazarla, su celular sonó en el momento exacto que su voz se tornaba chillona, Ritsu no tenía el humor para sobrellevar esto, "Ya es tarde" dijo al mirar el mensaje, "debo irme"
"Me ha dado gusto verte" comento Ritsu volviendo a su estado 'oscuro y sin esperanzas'
Yui la observo con la ceja alzada, no esperaba una respuesta como esa, en realidad aspiraba a una auto invitación por parte de la castaña. La tomó por la mano vendada y la llevo tras de sí, sin notar que le estaba ocasionando verdadero dolor a su amiga.
"Vamos al Ho-kago Tea Time" le animo, mientras a Ritsu le temblaba el párpado por la presión en su delicada mano.
No mentía, existía un lugar con el nombre de su vieja banda no demasiado lejos de la preparatoria y, por lo tanto, no muy lejos de su casa. Yui la llevo hasta el interior, donde sus viejos tiempos en la escuela le regresaron de repente, el negocio era una combinación de tienda de música, cafetería y escenario, en ese momento como música de fondo si no mal recordaba, sonaba Fuwa fuwa time… Era como una conmemoración al Keion-bu, había fotos de la banda en todas las paredes, la música de fondo eventualmente eran sus canciones, inclusive se encontraban las letras originales enmarcadas por ahí.
Parecía ser de algún fanático de la banda que no supero la ruptura del grupo.
"Me alegra que hayas venido" la siempre afable voz de Tsumugi la hizo volver de sus internos ayeres, llevaba un delantal y una tetera en las manos.
"Mugi-chan, no lo vas a creer pero mira" la emoción en su tono era casi palpable, jalo la mano de Ritsu y la alzó para que Mugi pudiera verle.
"Ricchan" la joven le abrazo, compartiendo la legítima alegría de volverle a ver. La soltó y busco por todos lados algo, Ritsu por momentos olvidaba sus problemas, era como volver al antiguo Keion-bu. "¿Y Mio-chan?" pregunto con un brillo en los ojos que encandilaba.
¿Acaso era una regla que dónde estuviera ella, estaría Mio?
"En casa, supongo" repitió la misma respuesta que le dio a Yui.
"Oh, bien, me hace muy feliz que hayas venido hoy" dijo deshaciéndose de su look de Maid, se quito el delantal y el gorro, dejándole ver un vestido original de Sawako-sensei.
Le bastaron poco más de cinco minutos para ponerse al corriente de la vida de sus amigas, el café era de Mugi, algo así como su primer escalón antes de ocupar el puesto de su padre como presidenta de la compañía y después de terminar la Universidad, en pocas palabras era la dueña y administradora del lugar, fusionando lo que más le apasionaba; Yui era exactamente lo que había puesto en su hoja de aspiraciones profesionales en el último año de escuela, una educadora del jardín de niños que actualmente trabajaba asistiendo en una escuela cercana al negocio de Mugi.
Azusa se había ido a estudiar al extranjero pero prometió regresar a Japón para las vacaciones de verano.
Así que sólo quedaba que ella les dijera parte de su vida, intento nombrar a Mio lo necesario, no estaba lista para hablar sobre ella sin el nocivo deseo de volver frente su casa y gritar hasta que saliera que le amaba.
"Entonces, Mio-chan y tú…"
"Nos hemos separado por algún tiempo" sonrió dejando de lado la verdad.
Se hizo una pausa incomoda, el brillo natural de Mugi-chan disminuyo y al parecer Yui no se dio por enterada de sus palabras.
"¿Por los viejos tiempos?" preguntaron las chicas señalando el escenario.
No estaba segura de poder hacerlo, en realidad, no había realizado sus ejercicios en varios días y mucho menos se acerco a su vieja batería. Así que, si aceptaba el reto haría el peor de los ridículos.
"No lo creo" señalo su brazo vendado e intento cerrar el puño pero sólo su dedo meñique se movió apenas unos milímetros de su lugar.
Las chicas se resignaron a no hacer oficial el re-encuentro del HTT.
"Hace tiempo que no te veía Ricchan" dijo la oportuna Sawa-sensei.
"¿Qué haces aquí?" contesto Ritsu con el corazón a punto de salirse de su pecho por el susto.
"Soy la socia de Mugi-chan" dijo cogiendo la tetera que había dejado Mugi cerca.
"¿Eh?" expreso Mugi-chan como si rebajaran su merito de crear ese lugar.
"En realidad soy su cliente más asidua y diseñadora del sitio, yo done buena parte de las cosas de club" confesó, "Me sentía tan sola tras la graduación porque Azusa-chan sólo pensaba en practicar, dejándome sufrir la desaparición de mis alumnas y la falta del elixir de Mugi-chan"
"¿Es eso una arruga?"Interrumpió Ritsu sin dejar pasar la ocasión de calmar la perorata de la mujer, Yui y Mugi se acercaron instintivamente como si fueran a ver algo jamás visto.
"La experiencia deja huellas" refunfuño perdiendo la compostura por algunos segundos. Las chicas sólo atinaron el asentir, "Por cierto, ¿Cuál es el motivo de tu visita?"
"He decidido tomarme unas vacaciones" contesto automáticamente, no parecían estar al tanto del accidente ni de que Mio estaba en casa de sus padres hacia una semana y media.
"Y, ¿qué paso con tu banda? En el último correo de Mio-chan menciono que te iba bastante bien" qué manera más directa de joder la velada, someterla a un interrogatorio.
"¿Se escribían?"
"Hizo falta mucha persistencia para obtener una respuesta suya" Ritsu frunció el entrecejo, ahora entendía porque a Mio le daba miedo acercarse al ordenador.
Todas le observaron, insistían con la mirada, querían saber más sobre la excitante vida de Ritsu y Mio en la ciudad porque lo poco que había dicho antes no le hacía justicia a todos los años de separación.
¿Cómo tocar el tema sin pensar en Mio y todo lo que paso en menos de dos meses? Le estaban pidiendo que se torturara con los recuerdos que ella tenía pero que Mio no.
"Esto, yo… la banda iba muy bien, hasta llegamos a tener una canción en la radio" inicio balbuceando que se convirtió en un lloriqueo porque le era casi imposible menguar el dolor que venía sobrellevando bajo la sonrisa.
Yui y Mugi no sabían que era lo que sucedía exactamente, si le iba tan bien a la banda, no entendían porque el llanto de su amiga, así que sólo fueron útiles para consolarla con un abrazo.
"¿Cuándo paso el accidente?" la última pregunta denotaba la tan afamada perspicacia de Sawa-chan, sabía que en algún momento lo descubriría pero no lo esperaba tan pronto, "Es completamente extraño que no estuvieras derrochando amor frente a los necesitados de él" no cabía duda, se refería a sí misma, "Además tienes unas cicatrices en el rostro y, hasta el momento, tus implacables manos han estado quietas, sobre todo esa" señalo la derecha.
"Lo comente anteriormente" se defendió secándose el rostro sin saber exactamente de qué.
"¿Mio estaba en el accidente también?" esta vez fue Mugi quien pregunto, llevándose las manos a la boca mostrando su preocupación, Yui por otro lado, apenas procesaba la información.
"¿Sabes Sawa-chan? Tus dotes de acoso empiezan a asustarme" respondió Ritsu intentando lucir poco afligida y hasta de buen humor, a pesar de que las lágrimas rebeldes recorrían de nuevo su mejilla y su mano seguía renuente a moverse.
"¿Cómo está Mio?" se incorporo Yui apenas descifrándolo todo.
"¿Acaso TODO lo que tenga que ver conmigo también lo es con ella?" grito fastidiada.
Las tres asintieron, aunque lo quisiera negar, era evidente la respuesta afirmativa.
"Se han peleado" comento una.
"Han terminado" agrego la otra.
"Le has pedido matrimonio y se ha negado" terció la última con un poco más de imaginación.
"NO ME RECUERDA" declaró al fin, "El día de su cumpleaños nos arrollo un auto, yo quede así" saludo con la inútil mano, "Y Mio tuvo una fuga de recuerdos," intento reírse de su propia broma pero lo hizo con tanta desgana que fue un intento vano de desviar el dolor, "Ahora, su paranoica madre no me permite acercarme porque teme que se vuelva a enamorar de mi y no sea lo que ella quiere que sea"
"Pobre Ricchan" cuchicheo Yui mientras aguantaba el llanto, verdaderamente era una historia tan triste.
"Enamorar, ¿eh?" De nuevo la sutileza de Sawa-chan entraba en acción, su complicada mente empezó a idear un plan para ayudar a su ex-alumna.
"Es imposible sin que se le acerque" complemento Mugi.
"Esperen un momento, no es necesario… yo no necesito que…"
"Pero si Ricchan le ha enamorado antes anónimamente" ilustro Yui, haciendo participe su esporádica lógica en el momento adecuado.
"¡Eso es!" exclamó Sawako golpeando en la cabeza a Ritsu en el justo momento en el que daba un sorbo a su té, resignada a que sus amigas divagaran abiertamente.
Bajo la definición de altamente romántico que le dio Mugi-chan al plan para re-enamorar a Mio en el más completo de los anonimatos, esa noche dieron inicio a procedimiento ideado por Sawa-chan.
Primera fase: La intriga.
Debían hacerle llegar sus cosas, sólo aquellas que necesitara de primera mano, aquello que le ayudara a encontrar a su admiradora estaban terminantemente prohibidas. En otras palabras, el primer plan de Ritsu de darle sus fotos, cartas y demás pertenencias estaba descartado.
Esa tarde se cumplió el primer paso, tras una semana de ardua planeación.
"…Gracias" expresó Ritsu, aún sin despegar los ojos del lugar donde Mio aceptó el sobre, era la primera vez que le veía en semanas y era la mejor sensación del universo.
"Debemos irnos" dijo Satoshi algo nervioso.
"Te alcanzaré en casa" le ánimo para irse, al fin que su propósito ya estaba hecho.
Ella se permitiría observar unos minutos más la casa, específicamente, la primera ventana del segundo piso, en el cuál, al prenderse las luces volverían a compartir por lo menos el tacto transmitido en una hoja.
Paso un largo segundo y unos ojos asombrados se asomaron entre las persianas, entre ellas, se coló también una tímida sonrisa.
Corrección del día, la mejor y más maravillosa de las sensaciones era esa, robarse una sonrisa de la persona que más se ama.
Al pasar nuevamente por el marco de la puerta se estampo con el rostro sudoroso de su padre, quién poco feliz tenía que llevar la segunda caja hasta su lugar, pero su hija, muriendo por saber el contenido del sobre, cargo con ella y se fugo con toda la velocidad que le era posible.
Mientras acarreaba con semejante cosa, la pregunta que temía le fue hecha.
"¿Quién ha sido en la puerta?"
"El chico de la paquetería, olvido el bajo" fingió mofarse de la ineficacia del muchacho.
"Oh" contesto el hombre volviendo a su labor frente al televisor.
Casi arrojaba la caja al piso sin el mayor de los cuidados, no le importaba demasiado su contenido, era el sobre lo que le intrigaba. Le abrió con urgencia, la letra era estilizada y limpia, como si hubiese sido una chica la autora del verso.
¿Y qué pasara con este ingenuo corazón cuándo en el cielo no haya ninguna estrella que le susurre tu nombre?...
Cuando mi rostro se ha esfumado de tus recuerdos y mi voz de tu memoria.
Cuando esas ocasiones en las que estuvimos junts* y cruzamos palabras de aparente irrelevancia se han fugando en el olvido… ¿Qué será de mi pobre corazón?
Lo fascinaste sin esfuerzo, lo ignoraste sin motivo, lo enamoraste sin consciencia y le has abandonado sin importarte las consecuencias.
¿Qué era eso?
Una confesión o un reproche, ¿Existía alguien que le amara así fuera de esas cuatro paredes y tan cobarde como para no presentarse ante la amnesia?
Volvió a repasar el contenido, como si en verdad no creyera que fuera posible pero era tan exacto, había olvidado absolutamente todo lo que era en los últimos meses, no sabía los detalles del accidente ni de su vida extendida de los detalles de sus progenitores, no obstante, en base a la carta anónima, ese día descubrió la probabilidad de haber dejado a una persona que le amaba.
Echo un vistazo por la ventana, con algo de suerte aquel muchacho seguiría por ahí aunque no podría saber si era él o sencillamente era el mensajero. Sonrió, era bello comprobar que había alguien fuera que le quería.
Aún sin creerlo, volvió a leerlo- por vigésima vez- y noto una pequeña anotación al final de la hoja: Has caso omiso de los mensajeros, porque estas palabras provienen de un corazón anónimo que plantea re- enamorarte antes de dejarse ver.
Parecía que le leyeron la mente en el momento apropiado o sencillamente que aquella persona le conocía bastante bien.
Algo dentro de ella se animo, esas esperanzas retornaron a ella, quizá, sólo quizá en las cajas encontraría algo más, posibles recuerdos o pistas para sobre su enamorado.
Que decepción tan grande cuando sólo encontró su ropa, sus libros, algunos cuadernos y su computadora… era otra pista, le encendió tan pronto dio con el botón, otra mala jugada, tenía contraseña.
El destino era cruel con ella, al fin daba con algo de su pasado, algo particularmente importante y se esforzaban para volverlo a cubrir.
Segundo paso: Rotar el mensaje.
Según Sawa-chan, no debían usar el mismo interlocutor dos veces seguidas porque eso le crearía confusión por lo que, en esta ocasión, Yui fue la elegida para pasar la nueva entrega, apenas tres días después del primero.
Ritsu no estaba muy convencida de dejar que su distraída amiga fuera la responsable de tan importante misión pero Mugi era el arma secreta y Sawa-chan no podía dárselas de Cupido porque no soportaría ver a su chica Moe sin querer probarle uno de los muchos trajes que le prometió por correo.
Repitiendo la escena, se sentó pacientemente en la banca y observo como Yui se aproximaba a la casa Akiyama.
Yui jugueteaba frente a la entrada, con hacer sonar una vez el timbre sería suficiente le habían dicho, no debía transmitir esa ansiedad ni tampoco dar señales de saber sobre su amnesia, por lo menos no demasiadas. Mientras esperaba, tarareaba la canción que estaba practicando para enseñársela a sus alumnos la siguiente semana, aunque no estaba muy segura de podérselas tocar cuando la directora estuviera cerca.
Se abrió la puerta.
"Disculpe la interrupción" dijo automáticamente, bajando la cabeza y dejando que el instrumento le pegara en la nuca.
La persona que abrió le sonrió ampliamente, no era ninguno de los integrantes de la familia Akiyama, era un joven con el cabello desarreglado y unas inmensas gafas rectangulares, estaba guardando una libreta en su mochila al tiempo que luchaba con las mangas de su sweater. Yui devolvió el gesto, siguiéndolo con la mirada una vez que se despidió.
"Hasta pronto, Mio-san" dijo animadamente.
"¿Hola?" susurro Yui al entrar, nadie le recibió en la puerta ni tampoco le negaron la entrada.
"¿Quién eres tú?" interrogo Mio apareciendo de la nada frente a la chica.
No lo pudo evitar, llevaba años sin verla y parecía tan diferente, algunos centímetros más alta y mucho, mucho más madura… se le lanzó a su vieja amiga lloriqueando sin control, no sabía cómo pero se las arreglo para rasguñarse al tropezar cuando Mio se quito, impidiendo que Yui pudiera mostrarle su cariño.
"Auch" gimió sujetando su rodilla, se había estrellado contra el primer escalón antes de entrar al vestíbulo.
"¿Estás bien?" pregunto Mio, ignorando por completo las pequeñas gotas de sangre que se exhibían en el rasguño.
"Los pastelillos" gimoteo al ver la caja aplastada bajo su pierna dejando pasar por alto la reacción indiferente de Mio antes su sangre pero bueno, siendo ella, las prioridades apremiaban.
"Aún no me has dicho tu nombre" le recordó Mio minutos después, cuando logro apaciguar a Yui con una taza de té.
"Que cruel eres Mio" reprocho Yui, hipando de vez en cuando.
"Yo, lo siento… N-no puedo recordar mucho de mi pasado, mis padres me están contando lo básico y…"
"Chsst" la interrumpió Yui, levantándose ceremoniosamente de la mesa y acatando una postura en la que parecía estaba jurando, "Hirasawa Yui, miembro oficial del Keion-bu- primera guitarra-, compañera de la preparatoria Sakuragaoka y amiga tuya desde" paró un segundo para hacer cálculos, "hace seis años"
"Entonces, ¿somos amigas?" pregunto con recelo Mio, era un poco increíble que alguien tan distraída como lo era Yui fuera su amiga.
"Claro," se sentó buscando en su bolsa algo, removió todo el contenido hasta que dio con su cartera de mano y se le entrego a Mio, "están Mugi-chan, Mio chan, y Ric…Yo" se trabó por un segundo, era una de las cosas que no debía mencionar, "falta Azu-nya"
"¿Azu-nya?" Mio frunció el entrecejo, dejando pasar a las personas en la foto.
"Ella" Yui saco otra foto, una un poco más especial para ella porque Azusa llevaba puestas sus orejas de neko, "Se fue a Inglaterra a estudiar pero prometió volver en el verano" sonrió.
"Vaya"
"Aunque no están ni Nodoka-chan, ni Ui, tampoco Sawa-chan" comento dubitativa Yui.
"¿Todas ellas son también amigas mías?" inquirió Mio.
"Mio-chan tiene grandes amigas, Sawa-chan sensei era nuestra profesora en el instituto y Nodoka era la presidenta del club de fans de Mio" siguió Yui.
"¿T-tenía un club de fans?" balbuceo, era demasiada información para un simple minuto transcurrido.
"Oh, sí, Mio-chan era muy famosa en el instituto pero su corazón sólo latía por…" se detuvo abruptamente, era la primera regla y la estaba rompiendo por lo alto, no nombrar a Ricchan, "¿Sabes? Mugi-chan abrió un café y ahí hay cosas del club, yo llevo a Gitah a todas partes porque no concibo la vida sin ella"
"¿Gitah?"
"Mi guitarra," señalo el bulto enorme que no dejaba separar de su espalda, "¿Cómo está Elizabeth?"
"¿Elizabeth?" empezaba a sentirse ignorante de sí misma, cosa realmente usual en esos días.
"Tu bajo" recalco Yui como si fuera la cosa más obvia del mundo, "Si yo me olvidara de Gitah, me pondría realmente triste, ¡Lo siento Gitah, yo jamás, me oyes, jamás lo haría!"
"Cá-cálmate Hirasawa-san" pidió Mio un poco asustada por el drama de la chica.
"Yui" corrigió ella "Pobrecilla, Mio-chan, no recordar nada es tan…tan… triste" ahí estaban de nuevo, esas lágrimas que no se esperaban demasiado a salir.
Mio le ofreció el primer pañuelo que encontró en su cuarto, no reviso demasiado, era la oportunidad perfecta para enterarse de cosas de la preparatoria, sabía que tocaba el bajo pero no tenía la menor idea de que tuviera un nombre o que perteneciera a un club, aprendía de cierta forma, que su vida antes era bastante emocionante.
Bajo casi corriendo las escaleras, tanto como el peso de Elizabeth se lo permitiera y encontró a su madre charlando no muy amablemente con Yui.
"Bien, Hirasawa-san sólo quería dejarle claro ese pequeño detalle" sentenció la mujer.
"Por supuesto, Akiyama-san" sonrió Yui, le estaban pidiendo lo que ya le ordenaron con antelación. "¡Elizabeth!" grito al ver el viejo instrumento, abrazándole a través del plástico, como si también se volviera a reencontrar con él.
"Hirasa…"
"Yui" recalcó.
"Yui-san, ¿Podrías tocar algo de la banda?" pidió un poco avergonzada.
"Claro pero quita el –san que me siento como una completa extraña" expreso, aunque desde la perspectiva de Mio, eso era.
Bajo las miradas inquisitoriales de la mamá de Mio, Yui saco a Gitah de la funda y toco la canción más emblemática del HTT, si no por su letra, si por la actuación final de la vocalista, para bien o para mal, Mio no lo recordaba.
Las primeras notas hicieron que Mio sintiera esa sensación que de tener algo en la punta de la lengua y no saber cómo decirlo, se dejo llevar por la acústica de la canción, la había escuchado en otro lugar, estaba segura, no era una jugarreta de la mente, en verdad lo estaba recordando.
Sus dedos se pusieron sobre las cuerdas y comenzaron a moverse ávidos de aquel tacto con la rugosa textura de las cuatro cuerdas.
"Fuwa Fuwa Time" recito al final, "lo he recordado"
"Es maravilloso Mio-chan" le felicito Yui.
"¿Podrías… una vez más?"
"Veamos, si ésta te viene a la mente" exclamo Yui.
La tonada le era indiferente, no volvió la sensación ni tampoco otro recuerdo.
"Supongo una canción, aunque no recuerde el momento, es un gran adelanto" se reconforto.
"Hirasawa-san, ¿Se queda a cenar?" pregunto la señora Akiyama, recobrando su parte amable al ver que no era ningún peligro.
"Muchas gracias pero tengo un compromiso después" respondió educadamente, pensando internamente en lo cruel que había sido con Ricchan, "Debo irme" le anunció con pesadumbre a Mio.
Por primera vez desde que regreso a casa de sus padres, había disfrutado tanto de una visita tanto como saber un poco de su pasado, estuvo a nada de pedirle que se quedara un poco más.
"Gracias por todo" dijo al salir, se despidió guiñándole el ojo a Mio.
"Espero vuelvas pronto" contesto Mio interesada en los datos que le pudiera dar.
Yui viro a ambos lados y observo tras de Mio, era esa la oportunidad para terminar con su parte.
"¡Chsst!" dejo un sobre sus manos repitiendo el guiño y se marcho, no sin tropezar un par de veces hasta perderse en el parque.
Lo abrió sin mayor contemplación y saco un pequeño papel que rezaba:
Compartamos el cielo esta noche, mirando la misma luna.
¿Eso era todo?
Menuda desilusión, sin embargo, no todo estaba perdido… Yui conocía la identidad de su admirador.
"¿Qué tal te ha ido con Hachisuka-kun?" pregunto su padre, refiriéndose a la primera sesión con el psicoterapeuta.
"No ha sido gran cosa" reconoció secamente, no lograba superar la decepción de ese recado.
"Espero no te hagas ilusiones de recuperarte rápidamente sin poner de tu parte" le regaño su madre, "Hachisuka-san es joven y distraído pero saber hacer su trabajo"
"He recordado algo hoy" declaró, "Nada importante, aunque es algo particularmente emocionante"
"Eso es bueno Mio" dijo su padre pasándole fugazmente la mano por la cabeza en señal de reconocimiento.
"Cosas que no he han comentado aún" dejo salir.
"Intentamos instruirte en lo más relevante de tu vida"
"Pase tres años en ese club" reprochó Mio alzando la voz ligeramente, hubo una pausa, su madre no tenía planeado responder y su padre no lo haría si eso la molestaba. Empezaba a creer que sus padres no querían que se enterara de algo.
Levanto su lugar, cogió el bajo y se refugió en su recamara.
"¿En serio crees que haces lo correcto?" cuestiono su padre tan pronto se perdió en la escalera.
"Lo será mientras no vuelva con ella"
"¿Y si esa fuera su cura?" continuo él.
"Prefiero que siga así"
El coraje le zumbaba en los oídos, no soportaba la sola idea de que sus padres, en quienes debía confiar ciegamente y sin el menor de los recatos, estuvieran dejando de lado cosas cuando le contaban los acontecimientos de su vida.
Quizá no lo hacían con el afán de ocultarle algo y era su mente desesperada la que se formulaba tan incoherente hipótesis, pero la duda le carcomía por dentro.
Arrojó el bajo a la cama, era mucho para un solo día.
Descubrió cosas buenas aquel día, así como su talento por la música y esa letra que, por lo poco que dijo Yui, era de autoría propia.
Debía ser sincera, la letra era demasiado cursi, su yo anterior debía estar sumamente enamorada como para escribir algo como eso.
Se tendió al lado de la cama, y saco el instrumento para verificar que las notas no se hubiera escapado del todo. Otra vez sus dedos se regocijaron con tocar la fría superficie, extrañaban hacerlo, toco una vez antes de convencerse que estaba lista para escucharlo con el amplificador.
Era una sensación formidable, como volver a casa tras una larga temporada fuera, no sabía cómo definirlo.
"Lo dicho, demasiado dulce"… tanto como la persona que escribió el verso debajo su almohada y esa frase tan carente de sentido, romántica pero poca cosa.
Se dejo ver por la ventana, después de todo, alguna razón tendría para haberle mandado algo así.
"¡Percebes!" grito Mugi ver que la puerta se abría.
El chico de gafas enormes y cabello revuelto le sonrió, Yui entrecerró los ojos, ya lo conocía de la otra vez que se presento en la casa Akiyama.
"Mio-san está dentro" les indico, cambiando de lugar, él salía y ellas entraban.
Mugi lo intento otra vez, desde la visita de Yui, le pareció increíble que Mio no reaccionara a sus más temibles fobias como lo era la sangre, sentía que si lo veía por sus propios ojos estaría completamente segura de que estaba viviendo una realidad alterna: Mio sin sus miedos y Ritsu sin su chispeante humor…
La castaña pasaba parte de sus días metida en el café, mirando por la ventana para tratar de inspirarse, a veces soportando a Sawa-chan y sus sermones para animarle, en ocasiones intentando mover la mano al tiempo que su rostro se contorsionaba del dolor, si llegaba a percibir los ojos de Mugi, gesticulaba una alegre sonrisa y lo volvía a hacer.
No engañaba a nadie ya, su sonrisa estaba tan cargada de sufrimiento que no sabían que daba más lastima, si verla sonreír o llorar.
Por ello, Mugi decidió ayudar más a Ritsu, quería recobrar a su alocada amiga, aquella que la chantajeo de una manera poco practica para entrar al club y le instruyó en algunas cosas de la vida cotidiana. Extrañaba a la estruendosa Ritsu y sus chistes malos, a la perezosa pero enérgica Ritsu.
"¿Qué intentas hacer?" pregunto Mio cuando la rubia le brincó enfrente con las manos extendidas y gritando percebes.
"Interesante" contesto Mugi llevándose la mano al mentón, Mio no reaccionaba ante nada.
"Mio-chan" saludo Yui, en esta ocasión no llevaba la guitarra encima pero si una gran caja de pasteles con el logo de la cafetería de Mugi, "Perdona a Mugi-chan, ella en verdad quería venir a verte y corroborar por si misma que no recuerdas nada"
"Bueno, yo no diría nada… he tenido avances" aclaró.
"Lo siento, déjame presentarme correctamente: Kotobuki Tsumugi" exclamó bajando la cabeza en señal de respeto.
"Yo soy Akiyama Mio" se presentó Mio, aún sabiendo lo inútil que era pues se suponía que ellas si le conocían.
"Mucho gusto Mio-chan" rió por lo bajo Mugi, recordándole por un momento a la Mio nerviosa del club.
No habían pasado más de dos semanas en las que la primera integrante del HTT entró en esa casa y Mio ya tenía una serie de preguntas para cuando volviera, algunas importantes y otras tan triviales que parecían más curiosas que necesarias.
Pregunto desde las presentaciones que tuvieron estando en el Keion-bu, en esa pregunta tanto Mugi como Yui se rieron internamente, hasta si sabían si ella había tenido novio o alguna persona especial.
"No es algo que pueda responderte en este instante" manifestó Mugi rellenando las tres tazas de té que se posaban en la mesa en el centro del cuarto de Mio.
"¿Yui?"
"Mugi-chan tiene razón" contestó Yui atragantándose con un pedazo de pastel que acababa de meterse en la boca.
Mio torció el labio en señal de disgusto, había esperando todo ese tiempo para preguntarle a Yui sobre el recado de la Luna.
"Tengo algo aquí que te podría animar" indico Mugi sacando un álbum de fotografías especialmente escogidas para la ocasión, en la primera página estaba la fotografía inaugural del club de música ligera, aquella donde se veían todas menos Ritsu por haber tomado la foto por encima de su cabeza, posteriormente, se encontraban las fotos de Mio- si, habían sido escogidas por Sawa-chan- y sus situaciones menos comprometedoras.
"¿Quién era la chica de la primera foto?" desvió el tema justo al ver la última imagen, su primera presentación y su pequeño resbalón.
"La presidenta del club" se le salió a Yui, Mugi le dirigió una mirada de advertencia.
"No hay más fotografías de ella, ¿cierto?" insistió Mio.
"Era poco fotogénica, en realidad odiaba que le tomasen fotos" contesto audazmente Mugi, fingiendo beber té para esquivar las preguntas.
"¿Es mi amiga también?"
Las chicas se miraron, no creyeron que la sesión de preguntas se extendiera tanto ni que hubiese la oportunidad de llegar a tomar a Ritsu entre los temas.
¿Qué debemos hacer? Era un dialogo entre miradas.
No lo sé, repuso Mugi.
Digámosle un poco, Yui inclino la cabeza.
NO, negó rápidamente Mugi.
"Una de las mejores" dijo Yui al fin.
Mugi sintió que se le caía el mundo encima en el momento en que Yui abrió la boca.
"¿Vendrá a verme?" pregunto y aunque su voz sonara un poco indiferente, era perceptible el anhelo implícito.
"Ni idea" comento Yui, actuando indiferente ante la pregunta. Mugi suspiro, Yui sabía arruinar las cosas pero nadie mejor que ella para repararlas, "Hace años que no sabemos de ella"
Mugi la imitó siguiendo con su negación.
"Me gustaría volverlas a ver pronto" instó Mio cuando las vio levantarse.
"Puedes ir cuando quieras a Ho-kago Tea Time" le invito Mugi dejándole una tarjeta de presentación, "Sólo llama y Yui o yo, vendremos por ti"
"Lo haré" prometió.
"Por cierto, ¿Has visto la Luna hoy?" aquella interrogación fue algo directa pero no tanto como el sobre que le extendía.
Las dos caminaron al parque- dirección contraria del café de Mugi- las siguió con la mirada perdida, viendo sin ver realmente como sus amigas se perdían entre las personas y el verde de las hojas.
Estaba por adentrarse en la casa cuando, sin querer, volvió a buscar a las chicas entre los árboles y por un efímero instante apreció su mirada clavaba en unos profundos ojos castaños, la sensación fue devastadora, tanto que le hizo flaquear sus piernas, levanto los ojos de nuevo y ya no había nadie.
¿Has visto la Luna hoy?
Le he hablado de ti y la manera en que te miro, ha sido testigo de mis soliloquios a media noche y mis suspiros cuando sueño contigo.
Si le dieras la oportunidad, te contaría maravillosas historias, te confesaría como brillan mis ojos cuando antes de dormir imagino tu rostro o como es que se te adjudican mis desvelos.
¿Has visto la Luna hoy?
Entre su brillo te podrías enterar de cuantas veces mi corazón ha palpitado por ti, te diría que las miles de estrellas en el cielo están ahí porque quiero que me susurren tu nombre tanto en la noche hasta que comience un nuevo día
¿Has visto la Luna hoy?
Quizá no, se ha escondido porque le apena verme llorar. Ha observado mi mudo lamento y no lo puede evitar, tampoco es que pueda ayudar, tan sólo se ha ocultado en la esperanza de que cuando retorne, su brillo haga a mi razón volver y así darme cuenta de que viene un nuevo amanecer.
¿Has visto a la Luna hoy?
Me pregunto qué te tanto te ha confiado y cuanta atención le has prestado, si le miras con intención te permitirá sentir lo mucho que has hecho a mi corazón latir.
Recitaba la hoja en cuanto le abrió, con las manos temblorosas y el corazón alborotado.
Había algo en esos orbes castaños, algo imposible de descifrar.
Le rondaba la idea de usar viejos poemas para seguir con su plan, después de todo, no sentía la inspiración correr por sus venas cuando se concentraba ni la invadía el sentimiento, no sin tener a Mio cerca. La primera vez que uso la técnica fue bastante sencillo, su musa estaba a su lado siempre, inalcanzable, irradiante e ignorante de su amor, si se preguntaba que cambió, no encontraba respuesta porque realmente Mio seguía cumpliendo con los requisitos.
Aunque no estaba ahí para animarle.
Durante toda su amistad y su relación, Mio fue su consciencia y su conforte cuando las cosas empezaban a ir mal, si sentía el pesimismo apoderarse de ella sólo faltaba un apretón de su mano al dormir para que el siguiente día fuera perfecto o si se pasaba del límite, siempre estaba el incorregible golpe que la haría comprender.
Eso es lo que había cambiado.
Mio no estaba y por más que enfocara su esfuerzo en ello, no estaba convencida de lograr enamorarle nuevamente con palabras en el papel, no cuando el espíritu de la Mio que cayó ante su poesía no yacía en ese cuerpo.
De alguna manera, sentía que experimentaba una situación similar, después del accidente y tras tanto desgaste en la búsqueda de su motivación, Ritsu tampoco se sentía ella misma. Aunque tenía la mente intacta y su memoria guardaba hasta las peores experiencias, si volteaba a contemplarlas el vacío en el pecho se volvía pesado porque ya no existía esa parte de ella que veía anteriormente, se perdió al igual que su mano, al igual que el brillo en los ojos de Mio…
Ese día se dio un descanso, le parecía bien dejar a Mugi trabajar cómodamente sin tener sus ojos preocupados rondándole a cada segundo, además de que los ejercicios que Hashimoto-sensei le había recomendado hacían que su mano y parte del antebrazo le dolieran hasta el punto de sacarle las lágrimas y no quería dejarse ver cuando sucediera.
Tenía que ayudar a su muñeca para flexionarse, una y otra vez, hasta que la rigidez se perdiera, posteriormente hacer lo mismo con los cinco dedos, uno por uno, hasta que pudiera empuñarse por unos segundos, era cosa de todos los días dividido en tres tiempos.
Le parecía irónico que cuando aún podía mover los dedos, renegara de los instrumentos donde era necesario tenerlos activos para todo, ahora simplemente los quería para coger un par de palillos y llevarse la comida a la boca o para realizar algo tan fácil como escribir.
Lo hacía sin quejarse, debía luchar por lo que quería y por más que la prioridad fuese Mio, muy en el fondo de su corazón se ocultaba el deseo de volver a alocarse en la batería.
Y pensar que llevaba ya dos meses proviniendo de poemas a la bajista, dos meses en los que su máxima presencia fuera que por fin se acordase de ella, como su primera amiga de la infancia pero sin el atisbo de que supiera su nombre. Se lo habían dicho las chicas el día que dejo ese último poema en sus manos, no le dijeron todo lo que paso, Mugi estaba particularmente alterada cuando se reunieron en el parque.
Yui tuvo la destreza para decirle que Mugi se había molestado con Mio por un comentario, si bien, no malintencionado si un poco fuera de contexto.
Mio había recordado por medio de la terapia parte de su infancia, donde conoció a Ritsu y estaba un poco irritada porque presentía que Ricchan era su mejor amiga y a pesar de haber estado grave en el hospital y un poco rezagada en su casa, no había sido ni siquiera capaz de mandarle un mensaje de texto preguntándole por su estado.
Les pregunto que si una verdadera amiga haría eso, si le importaría tan poco su relación como para ignorar por completo a la otra.
Yui no quiso ser detallada con esa parte, tan sólo dijo que Mugi se había levantado bruscamente y desaparecido del lugar.
"Ricchan ha pasado por cosas complicadas Mio-chan, si no te ha venido a ver es porque quizá tú tampoco sepas a dónde mirar"
"Lo siento Ricchan, no quería decir nada pero Mio-chan fue tan cruel" se disculpo.
"En verdad no importa Yui, era parte de lo que debía pasar"
En dos meses de hacer las cosas correctamente, ya se había ganado el resentimiento de Mio sin tener que molestarla siquiera, era un record para alguien como ella. Ser tan irritante como para fastidiar a alguien que apenas comenzaba a recordarle.
Aún y con ese pequeño inconveniente, Mio por lo menos le tenía presente.
¿Qué tal?
Les traigo el capítulo un poco antes de lo previsto e irónicamente me ha costado bastante terminarlo… no por falta de inspiración, sino porque mi beta se fue de vacaciones y necesitaba de quien lo leyera.
¿Alguna voluntaria? Sólo pido que le lean de reojo y me digan si hay incoherencias en la trama, de la ortografía me encargo yo.
No está terminado, falta la mejor parte del este capítulo pero creo que ya está lo suficientemente largo como para subirlo.
Espero entiendan las pequeñas regresiones que llegue a poner o que el capítulo no haya sido muy tedioso (En lo personal siento que está muy repetitivo)
Reviews por favor, son gratis y ayudan mucho. No importa si es por decir que les gusto, son un incentivo necesario para seguir.
*En el poema se muestra este signo para indicar la ambigüedad ahí, Ritsu no pone si es ella o él.
PD: Si alguien le interesa ser mi beta por los dos capítulos que le quedan a la historia, puede mandarme un mp, agregarme a facebook o mandarme un correo. Se los agradecería bastante.
Nota: Si no has leído la primera parte de este fic (cof-no te perdes de nada-cof) deberías hacerlo: La_cursi_y_secreta_admiradora_de_Mio_Akiyama
