Advertencia: Personajes un poco fuera de canon (disculpen los dedazos que puedan encontrar por ahí, he intentado editarla para que eso no suceda), en realidad, disculpen la diferencia hacia el canon.

Disclaimer: K on! No me pertenece y ha sido tomado sin el ánimo de lucro, aunque considero un gran beneficio poder escribir algo que me hubiera gustado ver en manga o anime con estos personajes, ¿Será delito ese beneficio propio? xD

Pero los poemas si ¬¬' prohibida su reproducción.

NOTA: Hay intercalaciones de trama un poco bruscas que le dan sentido después a la historia, no se desesperen.

El capítulo va dedicado a esas mis dos lectoras más asiduas (Uds saben quiénes son)


"Hoy probaremos algo nuevo" informó Haruhi cuando llego para su sesión, "No me quejo de los adelantos que has tenido pero me gustaría apresurar un poco más cosas, ¿Te parece?"

Mio asintió, era algo que no se preguntaba, por ella cualquier cosa que la regresara a la normalidad sería excelente, aún si implicaba volver a golpearse la cabeza.

"¿Estás lista? Bien, respira profundo y piensa en algo que te tranquilice, deja que domine tu mente…" susurro lenta y claramente, siguió usando ese tono de voz para darle indicaciones, le pedía que se imaginara en un lugar donde fuera feliz, los minutos pasaron como horas, hasta que Mio cayó en el trance que Haruhi estaba buscando.

Le animo a que le platicara lo que veía y no lo hizo, estaba observándose a sí misma con no más de 10 años, leyendo en su lugar, apartada de todos los niños, enclaustrada en sus pensamientos.

"Estoy yo, leyendo, fuera de la realidad que me rodea, todos están haciendo barullo a mi lado pero yo sólo leo" comento al fin, "Alguien me mira con detenimiento, parece que quiere hablarme"

"¿Cómo es esa persona?" dijo el analista, anotándolo en una libreta.

"Pequeña, con unos ojos muy vivos y el cabello suelto salvo por una diadema amarilla, nunca se quita la diadema" farfullo un poco fastidiada, "Me ha dicho que soy genial sólo por un cuento que escribí pero me ha asustado tanto el que me hablara que estoy llorando… ahora tiene cara de piña, se ha sujetado el cabello de forma rara" se rió profundamente, debía ser una visión agradable.

"¿Algo más?" indago, "¿Cómo se llama? ¿Cómo viste?"

"Ricchan, me ha pedido que le diga Ricchan porque le parece muy alzado que use sólo primer nombre… extiende su mano, estamos corriendo, no sé a dónde vamos pero me alegra ir con ella, vuelve hacía mi…esos ojos, me veo en ellos, son tan profundos y tan bonitos"

Él siguió anotando, Mio hablaba sin parar, hablaba de esto y aquello, cambiaba el escenario de la nada, el común denominador seguía siendo la joven que respondía al nombre de Ricchan, era como si parte de la vida de Mio, una gran parte, se enfocara en recuerdos con ella.

Se preguntaba porque los Akiyama no le comentaron sobre eso, era uno de los requisitos de la terapia, él debía saber lo más importante para poder guiarla correctamente por sus recuerdos, registraba cada simple detalle que le dictaba Mio, en partes reía, en otras lloraba pero la más sorprendente reacción fue cuando le extendió la mano, inconsciente de ello.

La puso en si cuando su desesperación por el contacto con su mano se incremento, sentía un gran alivio por todo lo que descubrió en esas tres horas, si Mio seguía así, era posible que recuperase la memoria en menos de lo establecido. Aunque primero debía averiguar quién era la tal Ricchan.

"Por hoy ha sido suficiente, has hecho un gran adelanto y me alegra tu veloz progreso" expreso cuando Mio fue capaz de incorporarse tras el trance, "Me gustaría si me pudieras comentar algo, por mínimo que sea, ¿Quién es Ricchan?" se aventuro, después de toco quizá aquellas amigas suyas le habrían informado algo al respecto.

"¿Una amiga?" buena respuesta, tampoco sabía, "Yui me ha dicho que es de mis mejores amigas, creo"

"Entiendo, bien, lo dejaremos así esta sesión" le guiño el ojo tras los lentes, Mio le agradeció su esfuerzo y atenciones pero estaba tan emocionada con la nueva adquisición mental que no tenía ganas de acompañarle a la salida. El joven psicoanalista guardo con cuidado la libreta, un poco apresurado porque aún debía pasar con sus padres para explicarles la relevancia que tenía él que supiera cosas como las amistades de Mio, más si se trataba de una tan antigua como esta. "Casi lo olvido," dijo al aire cuando se apresuraba por la puerta, "He pasado por una librería y esto me ha recordado a ti" le entrego un libro pequeño con la pasta negra, "Estoy seguro de que te podrá servir cuando regreses a la Universidad"

"G-gracias" ojeo el libro sin mucho detenimiento, se trataba de tankas tradicionales que eran algo así como poesía ligera.

"Espero que sean útiles en medida de tu desesperación" respondió a su agradecimiento, cruzando un poco la línea profesional.

Descendió las escaleras en búsqueda de la señora Akiyama, revisando la bitácora de la sesión, planteándose si en verdad era necesario interrogarle con respecto a la amiga de Mio, saber si se podía contactar con ella pues parecía ser la parte del rompecabezas que unía todas las piezas, creyendo que era Ricchan la persona adecuada para auxiliar a Mio en la ausencia de su memoria.

"¿Cómo ha estado hoy?" fue la pregunta automática cuando le encontró en la cocina.

"Ha tenido adelantos grandes" respondió, "Akiyama-san, ¿Recuerda los requisitos de la terapia?" la mujer dejo lo que estaba haciendo para enfrentarlo con las cejas alzadas, "La psicoterapia, en casos como el de su hija, necesita del apoyo moral y emocional de las personas que le rodean, familia, amigos, etc"

"Claro, claro" lo tomó como una de las peroratas típicas de alguien como él.

"Mis requisitos al tomar a Mio como paciente era que se me pusiera al corriente de cosas importantes, cosas que podría necesitar para llevarla por una correcta y expedita recuperación"

"Le hemos dicho lo que nos pareció apropiado con sus requerimientos" se defendió ella, sin dejar de hacer lo suyo, como si fuese una plática casual.

"Bien, ¿Quién es Ricchan?" soltó de repente.

La mano se le fue un poco cuando escucho ese nombre, dejo caer el cuchillo con el que trabajaba los ingredientes para la cena, ocultando el corte que se había hecho en el dedo. Era primordial enterarse de cuánto sabían sobre ella.

"¿E-ella sabe?" mascullo ignorando el dolor y mostrando toda su preocupación en dos simples palabras.

"Apenas un atisbo de quién es, sin embargo, esa no es la cuestión real" tomó aire, sabía, o por lo menos sospechaba, que soltarle de la nada que esa chica que paso por alto era la posible cura para su hija sería demasiado como para despedirlo, "Sucede que esa persona, por lo que Mio ha dicho bajo hipnosis, compartió gran parte de su vida y…"

"¿Y…?" el fastidio se dejaba entrever en sus palabras, Ricchan quizá era el tabú de esa casa.

"…y me gustaría saber si podría contactar con ella para acelerar la recuperación de Mio" se aventuro, le temblaban las manos y comenzaban a sudarle.

"Le pago para que haga eso usted Hachisuka-san, si no puede, sólo dígalo y ya" fue su respuesta final, estaba completamente seguro de que no podría sacarle más.

Aunque no todo estaba perdido, tal vez el padre opinara diferente…

"¿Señor?"

"Vayamos afuera" le espeto en cuanto lo vio acercarse.

Ya había atestiguado la charla con su terca mujer, no quería que Mio se enterara en base a los gritos de su madre, hizo que lo siguiera fuera de la casa, indicándole que se sentara en uno de los escalones. Sacó un cigarrillo y se lo llevo a los labios, no sin antes ofrecerle uno al muchacho, le prendió fuego y espero un par de segundos por si su acompañante hablaba.

"Mi mujer no es así normalmente" fueron sus primeras palabras, disculpar a la esposa que lo obligaba a permanecer tranquilo, le prohibía fumar en la casa o siquiera enojarse un poco, "Sólo que esta situación con Mio es poco manejable como ella y se está esforzando demasiado"

Haruhi Hachisuka siguió en silencio, percibía esas ganas de desahogo que emanaba el hombre.

"Verás, Ricchan es la primera amiga que Mio tuvo en la vida, su nombre completo es Ritsu Tainaka" inicio, inhalando más de aquel humo, "Mio era, en muchos sentidos, una niña solitaria y le gustaba refugiarse en los libros, en pequeñas historias que se inventaba, lamentablemente fue nuestra única hija y por ello mi mujer la sobreprotegió tanto que termino teniendo desde los miedos usuales hasta algunos bastante absurdos" tiro el cigarrillo y unió sus manos en forma de resignación, "No lograba tener muchos amigos, todos se aprovechaban de su personalidad tan sumisa y desprotegida, se reprimía mucho por eso, no lograba interactuar con otros niños por miedo a que le trataran igual hasta que esta niña, Ricchan, se le acerco… Recuerdo que fue la primera vez que la vi salir de la escuela con una sonrisa en el rostro"

"¿Cambio algo entre ellas? Ella podría ayudar a su hija mucho"

"Siempre lo ha hecho, creo que sería injusto hacer que Mio siga dependiendo de ella, ¿no crees?" la pregunta fue retorica, él sabía que no había sacrificio para Ritsu, "ella le animo considerablemente, la hizo una persona más segura, la introdujo en la música y la hizo fascinarse, la acompaño desde siempre, la defendió y protegió, de cierta forma era su complemento" se rió internamente de una verdad de la que no fue consciente hasta ese momento, "pero no supe cuando su corazón empezó a latir una por la otra y eso es lo que mi esposa quiere evitar, que encuentren de nuevo su compas en los latidos"

"Es muy egoísta de su parte impedirle a su hija tener eso" comento el psicólogo al fin.

"Lo sé, y por más que vea la ignorancia en los ojos de Mio y el dolor en los de Ricchan, no le quitaría eso a mi esposa, la estúpida creencia de que su única hija puede volver a ser normal"

"… el dolor en… ¿Ha visto a Ritsu?" pregunto un poco esperanzado.

El señor Akiyama señalo hacía los árboles del parque, entre los arbustos se vislumbraba el amarillo de la diadema de Ritsu, su rostro se presentaba inescrutable y como distracción, jugueteaba con la mano.

"Aunque se busquen no se podrán encontrar" sentenció apesadumbrado el señor Akiyama, torciendo el labio en una sonrisa pesimista, "no sin que alguna se atreva a luchar, y para mal, la única que sabe de esta realidad no tiene el valor de hacerlo y no está en nosotros facilitarles el camino"

El no puede pedirle Ricchan que le ayude estaba en casa sílaba, no había vuelta de hoja con la decisión y tampoco podía prescindir de la autorización de los padres porque Mio no estaba mentalmente calificada para decidir en su tratamiento.


Se estaba volviendo parte de la rutina la visita de las chicas, una vez a la semana, usualmente los Jueves cuando comenzaba a atardecer, se presentaban con una gran sonrisa de complicidad y una caja con pastelillos de la cafetería de Mugi-chan.

Iniciaban la reunión con cosas de la vida presente, como iba Mio con la memoria, Yui y los niños- que si enumeraban en cuestión de madurez, sería los niños y Yui- y por último el negocio de Mugi, a veces hablaban sobre Sawa-chan y su desesperación por ser la única que no le había visitado aún.

Sin embargo, ese día iniciaron con la magnífica noticia de que había recordado algo importante, lo soltó como si fuera lo más maravilloso que le paso en la vida, a pesar de ignorar que le habían pasado muchas otras cosas como esa ya.

"¡Hoy he recordado a Ritsu!" declaro apenas al abrirles la puerta, con ese reaparecido brillo en los ojos y tan emocionada que apenas respiraba, espero un día entero para gritárselos a sus amigas.

Parecía fuera de sí, nunca le habían visto tan alegre y animada. Pese a la sorpresa de descubrir esa faceta tan libre de Mio, les alegraba mucho más a ellas la simple afirmación de que pudiera recordarle, era un sueño hecho realidad, no podían esperar a decírselo a Ritsu, sobre todo Mugi que le empezaban a escasear las maneras de reconfortarla.

"Eso es estupendo Mio-chan" contesto Yui.

"Me alegro por ti, has recuperado algo muy valioso" comento Mugi mientras comenzaba con su típica monopolización de la cocina para preparar té y demás.

"No lo creo" repuso Mio, "Sólo sé que tengo una amiga con ese nombre pero no le veo aquí"

Mugi captó el mensaje y no le agrado demasiado el tono que uso.

"¿Están tus papás Mio-chan?" pregunto Yui inusualmente ansiosa.

"No, mi madre ha ido a hacer las compras de la semana y papá está en su oficina" dijo con normalidad.

"Genial" exclamó sacando ese reconocible sobre de su chaqueta, después rompió el sello y se hizo de la hoja, "Me han pedido que te lo lea esta vez…" Se aclaró la garganta.

Si en tus ojos pudiera reflejarme,

Si con una palabra de tus labios me complacieras

Da por seguro que a mi corazón grilletes pondrías

Y de tu vida jamás me sacarías.

Si de tu mano obtuviera un saludo

Y de tu boca una sonrisa,

Mi vida completa estaría

Y mi único deseo habrías cumplido.

Por un amor como este,

Compondría cientos de canciones,

Escalaría cada montaña

Nadaría cada mar en la tierra

Tan sólo por robar de ti un suspiro.

Renegaba un poco de no haber sido ella quien, en la privacidad de su recamara, pudiera leerlo pero por lo que se veía, Yui practico mucho para poder cumplir con una buena recitación. Quien le impusiera la tarea, sabía lo que estaba haciendo.

"Gracias Yui"

"En verdad no ha sido mucho" se rasco la parte posterior de cuello, un poco apenada.

Mugi llego con el té, calmando el ambiente mucho más con una de sus infusiones mágicas, hacía tiempo que Mio quería visitar su cafetería, sobretodo porque Elizabeth necesitaba mantenimiento y no tenía la mayor idea de cómo hacerlo.

"Cierto, ¿Cómo fue que recordaste a Ricchan?" saco el tema de nuevo Yui, tras un reconfortante trago de té.

"Bajo hipnosis" indicó Mio, "Pude recordar la primera vez que hablo conmigo, si que era una niña latosa" reconoció.

"Ritsu siempre ha sido muy enérgica" expreso Mugi, ligeramente a la defensiva.

"¿Qué más Mio-chan? Debe haber más cosas" intervino Yui.

"Parece ser que le gustaba hacerme bromas pesadas, como decir percebes o ponerse salsa de tomate para asustarme"

"Eran buenos tiempos" dijo Yui, "En el Keion-bu solían pelear todo el tiempo"

"Si, Ricchan es tu mejor amiga" aventuro Mugi queriendo sacar el verdadero sentimiento que estaba ocultando Mio.

"Yo no lo veo así" objeto ella, "Si lo fuera ya me habría venido a ver o por lo menos, intentado saber de mí…"

"No es que no…" interrumpió Mugi, Yui sabía que las cosas no iban bien.

"Una verdadera mejor amiga haría lo que ustedes hacen ahora, estaría aquí. Si en verdad le importara nuestra amistad…"

"Ricchan ha estado haciendo cosas" atino en decir Yui cuando el ambiente se cargo.

"Tenía esperanzas de poder por lo menos recordar su rostro pero me doy cuenta de que no sirve de mucho, no tiene sentido si está demasiado ocupada como para preguntar por mí" continuo Mio, "Pensaba, es tu mejor amiga, vendrá en cualquier momento, debes recordarle para que no se decepcione pero no lo ha hecho, no fue al hospital* ni saber sobre mí, es una mala amiga, no sé cómo es que pueden seguir diciendo que es mi mejor amiga"

Hubo una pausa incomoda los segundos se alargaron tanto que pareció tratarse de horas, Mugi se levanto de su asiento y se dirigió a la puerta, no articulo ninguna palabra, sencillamente porque no podía.

Yui era consciente de que lo Mugi sintió al escuchar aquellas cosas tan crueles de Mio, pero por más que intentara verle el lado malo al asunto, Mio tenía razón a su manera, ella no sabía que Ricchan se sentaba todos los días en el parque con la esperanza de verle por lo menos asomarse, ni estaba al tanto de que era la autora de los poemas y tampoco parecía recordarle en el hospital, leyéndole historias para que no se sintiera sola.

"Ricchan ha pasado por cosas complicadas Mio-chan, si no te ha venido a ver es porque quizá tú tampoco sepas a dónde mirar" dijo mientras cogía su abrigo e intentaba alcanzar a Mugi, "Hasta pronto Mio-chan"

Aquel día Mugi deseo irse directamente a su negocio, porque no sabía cómo enterarla de los pensamientos egoístas de Mio, sabía que desde sus ojos debía verse así, como si Ricchan fuese la persona más desconsiderada del mundo pero no evitaba que el sentimiento de injusticia le dominase. Ricchan no se lo merecía, aunque no tenía la forma de defenderla sin echar abajo el plan.


En lo que las chicas estaban con Mio, Ritsu pasaba su tiempo sentada en la banca del parque, unas veces meditando y otras con su terapia, al paso del tiempo lograba mover completamente el dedo meñique e incentivaba un poco el dedo que le seguía, el dolor se convirtió en algo más soportable.

Akayo-sensei le especifico que cuando eso sucediera, necesitaría de nuevos ejercicios y técnicas para que la mano comenzara a desarrollar sus viejas actividades, tendría que viajar a Tokio pronto para verle y darle la noticia, si las cosas seguían tan lentas con Mio tendría la oportunidad de hacerlo.

Algo vibró en su bolsillo, llevaba haciéndolo buena parte del día, sabía de quién se trataba y no quería contestarle, sencillamente porque no sabría que decirle.

Saco el pequeño aparato sólo para corroborar que era Sarah quién quería comunicarse con ella nuevamente, rechazo la llamada y siguió con lo suyo.

No tenía la menor idea de que quería, era posible que el dinero que dejo para el apartamento hubiera sido insuficiente o que sólo quería saber de ella.

El celular insistió tres veces más, hasta que se dejo de tonterías y enfrento a su amiga.

"Hola, Ricchan, ¿cómo estás?" la voz de la rubia se escuchaba excitada, "No sabía si te llegaría a contactar pronto"

"¿Sucede algo?" pregunto Ritsu queriendo que la chica fuera al grano.

"Primero me gustaría saber cómo te encuentras y si las cosas van bien con Akiyama-san" le iba bien irse por la tangente.

"No hay novedades al respecto, a menos que te interese saber que al fin puedo mover un dedo" su tono era tan sarcástico como emocionado.

"Me hace muy feliz escuchar eso" contesto Sarah y se percibía, "Ricchan, sé que actualmente te enfocas más en estar allí" se torno seria repentinamente, "Sin embargo, hay algo que necesitas saber…"

"Suéltalo" la incitó a continuar.

"Hay interés en la banda, un amigo de mi padre tiene una compañía independiente de música en mi país, Sou y Saeko están de acuerdo con intentarlo, Ann ya ha conseguido otra cosa pero no debe ser difícil dar con otra tecladista… sólo faltas tú y nos dan luz verde" no tomó aire mientras la ponía al tanto.

"Mi mano apenas da señales de utilidad" señalo.

"Es inusual esto pero eres la baterista que quieren, vieron una de nuestras presentaciones, además eres la líder" refuto Sarah, "No tocaremos sin ti"

"Mi mano no puede tocar" repitió un poco fastidiada.

"Lo he oído ya, están dispuestos a esperar lo que duré la rehabilitación, ¡Es una oportunidad única!" exclamo.

"Entonces cógela, ustedes tres pueden hacer grandes cosas, yo no soy imprescindible"

"Ritsu, sé que estás pasando por algo difícil pero no te niegues la oportunidad que siempre has esperado, estoy consciente que tu vida va adjunta a la de Mio-san, a pesar de ello, sólo te estoy pidiendo que lo pienses"

"…Excelente, lo haré" dijo después de una pausa algo sostenida.

"Muy bien, estamos en contacto" podría jurar que sonreía sin tener que verla.

Estaba por guardar el móvil cuando vio aproximarse a Mugi-chan, lucía un poco enfadada, era algo totalmente nuevo en ella, creería que jamás llegaría a verlo en esta vida. Se sentó a su lado, respirando agitadamente y haciendo el intento de relajarse, Ritsu la observo con los ojos entrecerrados, era bastante intrigante esa forma no conocida de Tsumugi Kotobuki.

Instantes después apareció Yui, se quedaron en silencio por minutos.

"Mio te ha recordado" dijo Yui al fin, haciendo que Mugi se levantara y emprendiera camino al Ho-kago Tea Time.

"¿Qué le sucede a Mugi?" escudriñó Ritsu siguiéndola.

"Mio-chan y Mugi-chan tuvieron una pequeña discusión" informo Yui, "Mio está muy molesta porque no has sido considerada ni un poco con ella, cree que no quieres verla ni hablarle… Por ello, Mugi se molesto y salió corriendo"

Ritsu dirigió una mirada de agradecimiento a Mugi, quien prefirió defenderla con su silencio que arruinar el plan, no creía haber hecho nada para merece tanta solidaridad de su parte pero estaba segura de que se lo retribuiría algún día.

"Lo siento Ricchan, no quería decir nada pero Mio-chan fue tan cruel" se disculpo tras hacerle saber el problema.

"En verdad no importa Yui, era parte de lo que debía pasar"

En la cafetería-tienda de música-escenario se encontraba Sawa-chan, era ella quién cubría a la jefa cuando se ausentaba, aunque por respeto a su amada reputación como buena profesora sólo cumplía el papel de administradora, estando en la caja con una taza de té que no dejaba vacía ni por un instante.

"¿Y bien?" inicio la sesión del club hagamos que Mio se re-enamore de Ricchan con poemas con esa pregunta, Mugi seguía renuente, de hecho, estaba atendiendo el lugar en lo que ellas se ponían al corriente.

"Mio ha recordado a Ritsu pero se siente enojada con ella" dijo Yui.

"Sabía que tanto molestarla tendría frutos algún día" bromeó Ritsu sosteniendo aquella falsa sonrisa, Mugi no logro desviar la mirada a tiempo sin que su amiga se diera cuenta.

"Esto es una buena oportunidad y nos ha llegado antes de tiempo" dejo saber Sawako, "Ahora que siente eso tan negativo podemos usar las cosas cursis escritas por ti para que se dé cuenta de que Ricchan es en realidad su admirador, así sentiría cierta culpa y volvería con ella"

"No creo que sea la mejor manera Sawa-chan" debatió Yui, "No queremos que sea por remordimiento que Mio regrese al lado de Ricchan"

"Hirasawa-san, algo que mi vida llena de rechazos me ha enseñado es que del odio al amor, hay un tramo muy corto"

"¿Mio-chan odia a Ricchan?" se preocupo Yui.

"No pero por ahí va la cosa, es nuestra misión hacer que se amen de nuevo y las cosas se nos están desviando" dijo elocuentemente Sawa-chan, "Ha llegado el momento de reunirlas nuevamente"

La conversación entre esas dos siguió, Ritsu miraba el exterior pensando en las últimas palabras de la mujer, ¿Mio le odiaba o sólo estaba contrariada con lo que debería ser? ¿Tan malos eran sus recuerdos adquiridos como para estarlo?

No sabía que pensar pero tampoco como seguir, las chicas le habían ayudado todo este tiempo para actuar sin imprudencias, la refrenaron, la aconsejaron y apoyaron, inclusive se arriesgaron a darle aquellos poemas tan melosos.

¿Y si se presentaba en su casa diciendo que era la autora de los versos… creería que ella, una molesta y latosa niña, los escribió para entregárselos?

"Ritsu, queremos tu poema más romántico jamás escrito" fue en lo que termino aquella acalorada discusión entre Sawako y Yui.

"Creemos que al leer algo con lo que la enamoraste antes, podría recordarte como su otra mitad" compartió Yui.

"No estaban prohibidos los objetos que le dijeran quién soy" intento burlarse de ellas.

"Ahora eso está arreglado, ya no estamos encubiertas, ya es capaz de asimilarte como pareja"

"Bien, lo traeré mañana" prometió.

No volvió al siguiente día ni el posterior a ese por una semana.


Normalmente no le gustaba estar enclaustrada en su habitación, no le gusto de adolescente y no le gustaba ahora que no tenía edad para esas cosas, cuando llego a casa de sus padres, re-descubrió su espacio decorado para ser destinado a visitas, no tenía su toque personal, las pegatinas, las fotos y demás artículos se los había llevado a Tokio, sus planes eran volver así, justamente como una visita casual.

Ahora le servía como refugió de las miradas de todos, la pena que suscitaba la volvía loca, no quería verla a donde quiera que fuera, si bajaba su madre se ponía en plan cariñoso, su padre se portaba más comprensivo y Satoshi no lograba acercarse porque no sabía cómo reaccionar; Si se dirigía al parque, las personas pasaban susurrando cosas sobre ella, pues todos los días sin falta se le podía ver ahí; Sí pensaba en el Ho-kago Tea Time, la imagen de Mugi le regresaba a la mente.

Así que no le quedaba mayor lugar donde estar que ese, para reflexionar su siguiente paso.

Las chicas conciliaron una cita con Mio en el café justamente ese día al atardecer, para que la madre no se pudiera entrometer, ella no tenía ni idea de que le esperaba, la engañaron con una supuesta disculpa de Mugi.

Por primera vez en varios meses estaría cerca de ella y le podría dirigir la palabra, le emocionaba como nada en el mundo a la vez que le intimidaba, Mio ya tenía una noción preformada de lo que ellas eran, temía no estar a la altura de sus expectativas.

Ya no se mostraba como la Ritsu de ocho, doce o diecisiete años, aquella que le hablo en la escuela, ni la que le obligo a formar una banda, tampoco la que la enamoro con versos… esa Ritsu ya no estaba ahí, maduro, ni siquiera tenía la capacidad de sonreír sin transmitir la emoción que, se supone, debe ir en ese gesto.

El teléfono sonó, como suponía, era Sarah.

"¿Ricchan?"

"¿Cómo van las cosas en casa?" pregunto Ritsu.

"Bastante bien, Susumi-san a preguntado por ti" comento.

"Oh, sí, ya ha tenido la amabilidad de llamarle a mi madre para ver si podré volver pronto al trabajo"

"Contrato a otra persona"

"Lo sé, no esperaba que siguiera guardándome el puesto después de casi seis meses sin asistir" dijo Ritsu aguardando a que tocara el punto crucial.

"¿Y Mio-san?" ahí iba el tema principal, "¿Hay avances?"

"Me recuerda" fue su lacónica respuesta.

"Eso es magnífico," su tono no era del todo alegre pero apreciaba el intento, "¿Ya se han visto?"

"No,"

"Es lo que has estado prorrogando, ¿no? Sólo querías que te recordase para presentarse frente suyo y decirle quién eres" le llamó la atención, ciertamente ese era el plan.

"Lo tengo presente Sa-chii" se defendió, "Estoy a nada de hacerlo"

"¿Qué esperas?" era la pregunta del millón.

"Mejor dime como vas con Sou" le redirigió el tema.

"No hay un cómo vas con él, nunca lo hubo" titubeo, Ritsu lo sabía desde el origen mismo de la mentira.

"Te llamaré después, cuando haya algo que contar" se despidió.

"Estaré esperándote" fue lo último que escucho antes de cortarse la llamada.

Si debía seguir soportando la situación hasta que obtuviese una señal, definitivamente no llegaría jamás, una llamada más como esa y no tendría manera de contestar, ya no existían pretextos, le recordaba y no seguiría dejando correr las oportunidades.

Si se limitaba a seguir planes, no tendría ocasión de recuperar eso que se perdió cuando aún veía la parte brillante de la vida, así que era en ese momento o nunca.

Recorrió todo el cuarto en búsqueda de ese pasado y salió


Al diablo la cita en el Ho-kago Tea Time, llevaba esperando por esto demasiado tiempo, entraría ahí y le diría quien era ella, al demonio con su sobreprotectora madre y su indiferente padre, le haría frente a la vida. Ahora no había nada que las separara realmente de estar juntas, todo por lo que lucho, aquello que sacrifico, tendría su recompensa.

En sus manos llevaba todas las pruebas de ese juvenil amor, las cartas, los poemas, las fotos, su vida entera estaba en ese pequeño espacio, esperando a ser abierta otra vez.

"Muy bien" se dijo, lo haría en ese momento, sólo tenía levantarse de su banca cómplice y caminar menos de 20 metros, "Lo haré… ahora" era tan fácil como empuñar la mano.

Empezaba a oscurecer y aún no lograba separarse de la banca, dejo la caja a su lado haciendo sonar sus dedos en la superficie, no lo medito mucho antes de salir casi volando de casa, se preguntaba dónde estaba esa seguridad tan característica.

"Pelea Ritsu, pelea" se auto animo impulsándose a sí misma para caminar y llegar a la entrada.

La luz se extendió de la puerta hasta el final de los escalones cuando se abrió


Estaba tan hastiada de tener que permanecer en casa, no veía forma de escaparse de la sobreprotección de sus padres, cada vez que sugería su deseo de salir e irse a divertir o por lo menos sentir el aire fresco, su madre se invitaba sola o le prohibía hacerlo, las contadas ocasiones en las que salía de casa era para acompañarle a hacer las compras o porque su papa notaba el fastidio en sus ojos y la llevaba a caminar cerca.

En sus largas horas de soledad en casa- ya que su madre no era la mejor compañía- había tratado de volver a sus tiempos de escritora, intento componer alguna canción o reunir ideas para crear un poema pero le fue imposible, no encontraba eso que cualquiera requiere para plasmarse en una hoja.

Se pregunto cuál habría sido su fuente de inspiración antes de caer en coma y perder la noción de su imaginación, quería encontrar esa niña que escribió las canciones dulces.

Fue en ese momento que decidió leer los tankas que le regalo Haruhi, retándose a comprenderlos, pues en sus boletas universitarias parecía ser que les entendía perfectamente, al igual que a la literatura inglesa y demás asignaturas que cubría en el tiempo del accidente.

Los libros fueron acomodados en un pequeño librero que instalo en su recamara, hizo el intento de leerlos pero en cuanto les ojeaba tenía el presentimiento de haberlo hecho antes, sobre todo uno que se quedo con un separador después de un trágico relato aunque no pudo evocar bien cuando lo hizo. Por ello cada noche con el fin de que se pudiera relajar un poco después de que sus amigas le abandonaron y mucho más cuando inicio la batalla campal de miradas con su madre, leía uno o dos tankas, olvidando la terquedad de su madre que se empeñaba en no decirle absolutamente nada sobre Ritsu, para ella, ya sabía exactamente cuando debía saber, si quería más era cuestión suya.

Las sospechas retornaron, siendo qué no querían hablarle de su amiga, emprendió una serie de conjeturas entre las cuales las más repetidas eran que Ricchan hubiese ofendido a la familia y no quisieran que se le acercara, fuera una mala influencia y se la prohibieron o sencillamente que no valía la pena ni mencionarla.

Cuando llego la siguiente cita con Haruhi ese fue su tema, la única ocasión en la que no quería ser evaluada como una amnésica, sino como una persona con problemas familiares.

Al término de la hora, en el momento en que abría la puerta, se le ocurrió agradecerle de la manera más sincera que se le vino a la mente… Le dio un beso en la mejilla.

"Te quería dar las gracias, l-los versos estaban hermosos Haruhi" vaciló, "Podrían hacerme enamorar otra vez…" lo decía en referencia a revivir su pasión por la profesión que cursaba.

Se escucho el caer de algo demasiado cerca, se separo de él automáticamente y como algo borroso, el ocre de aquellos ojos desapareció en lo profundo de la oscuridad que se extendía por la calle.

Algo en su pecho sintió morir.

"¡Tainaka-san!" grito Hachisuka-san a su lado e intento seguirle el paso.

¿Tainaka-san?... pensó.


Hacía lo correcto, se dijo otra vez, es lo correcto.

Subió la última maleta al taxi, dejando apenas una pequeña mochila consigo y la arrugada hoja que contenía su despedida.

En casa no se encontraba nadie lo cual le facilito las cosas, no quería preguntas innecesarias ni sentirse aún más deshecha con sus palabras de supuesto consuelo, no quería enfrentarse a nadie ahora, ni sonreír, ni fingir, sólo quería desaparecer de ahí.

"¿Estás bien?" cuestión el chofer al verle llorar.

"…"

Siguió su camino, sólo hicieron una parada antes de continuar.

Saludo por la ventana a Mugi, cuando obtuvo su atención le mostro la hoja arrugada y fue suficiente para hacerla salir del establecimiento.

"Llegas temprano Ricchan, ¿estás bien?"

"Me vuelvo a Tokio esta noche" le dejo saber, "Yo sólo quería… quería que le entregases esto cuando venga" se echo a llorar, su amiga la acogió en sus brazos tiernamente, dándole su apoyo pero Ricchan se separo inmediatamente, "El tren sale en poco tiempo, debo irme ya" señalo el coche, enjugándose el rostro.

"Pero…"

"Dale las gracias a las chicas por mí y pídeles que me disculpen por no despedirme personalmente" ahí estaba de nuevo, aquella Ricchan que se obligaba a ser fuerte con una sonrisa, "Te escribiré" Puso la hoja en sus manos y le dio otro apresurado abrazo, "Muchas gracias Mugi-chan"

Se fue.

Veía pasar las luces a su alrededor, pensando en que era lo mejor, Mio podría ser feliz, sus padres también y ella no lo sabría, pero fuera lo que fuera, deseaba que ese tipo la supiera hacer feliz, tanto como ella no logro.

Sinceramente lo deseaba, quería que cumpliera sus sueños sin ella ahí para detenerla, que se hiciera de un glorioso trozo del mundo.

Tenía presente que no le olvidaría jamás, todavía sus cosas tendrían el olor de su piel y lo que le mataba, era saber que la culpa era suya, ella se busco alejarle cuando la subió en ese monstruoso aparato, cuando la asusto y molesto más joven, era su innegable culpa.

Y si le quedaba un deseo en la vida, sólo era eso, que Mio fuera feliz.

Le gustaría que lo fuera, justo así, como en el momento que la vio tan cercana, sonriendo y con ese brillo en los ojos… ese brillo que ya no le pertenecía y que venía extrañando con el alma.

¿Era lo correcto sacrificar su propio amor para qué tuviera la oportunidad de encontrar su felicidad?

Acababa de ver toda su vida a su lado y cayó en la cuenta de que, por tanto tiempo, el origen de su alegría fue el simple roce de sus murmullos, el brillo de sus pupilas o el torrencial llanto de sus miedo, era consciente cuando volvió en su búsqueda qué había perdido eso pero en su optimismo creyó poder recuperarlo.

Dio un último vistazo a la estación, con la esperanza muerta de quizá ver algo que le hiciera detenerse… no había nada.

Puso un pie en el vagón y el tren comenzó a moverse, sin despedidas ni las pasadas bromas de aquella única ocasión en la que partió, cuando llevaba todo con ella y esta vez partía con absolutamente nada.


Examino las cosas que contenía la caja que había dejado caer, era como adentrarse a un mundo entero y explorar una vida, dentro se encontraban cientos de fotos, todas y cada una de ella con la otra chica, la chica de los ojos ocres, la chica del hospital, su mejor amiga, una Ritsu que todavía no recordaba.

Las hizo a un lado contra su voluntad, aún tenía mucho que ver, estaba la vieja cámara y varios rollos de película sin revelar, no creía todo lo que podía guardar ese pequeño espacio.

Saco las hojas que se esparcían sin orden alguno, eran canciones, firmadas con sus iniciales y la R.T., debajo un disco y justo a su lado un cofrecito, lo abrió apenas al notarlo, en su interior posaban varias decenas de versos, sólo uno llamó su entera atención, trataba de cómo olvidarle introduciendo sus sentimientos en una botella.

¿Eso significaba qué ella y Ritsu eran…?

¡Qué cruel había sido con ella!

Todo este tiempo la autora de los poemas, la persona que le cuidaba desde el exterior de su casa, a quien le procuraba sus desvelos y cada suspiro, la que le entregaba el corazón en las sílabas escritas era ella, fue su mejor amiga.

Por eso las chicas no la mencionaban tanto, estaban ayudándole a través de sus visitas, por ello se iban al parque cuando salían de su casa, por eso Mugi se enojo cuando hablo sin pensarlo completamente… qué tonta fue, Ricchan estuvo ahí desde el inicio.

¿Qué debía hacer? No sabía cómo encontrarla, ni su dirección, ni su teléfono, porqué no recordaba algo de utilidad.

La cita en el café de Mugi le vino a la mente, ellas sabrían como encontrarle, quizá estaría Ritsu ahí, esperaba que sí.

"¿Mio?" la llamó Yui después de su desesperada llamada, la acompañaba una joven muy parecida a ella, de la cual no sabía el nombre.

"¿D-dónde vive Ricchan?" pregunto apenas salió de la casa.

"Mmm… por allá" señalo con el dedo el parque, "No está lejos"

Mio las siguió sin hablar, teniendo en mente sólo una cosa. Yui y su hermana Ui la guiaron hasta toparse con la casa de los Tainaka, estaba apenas alumbrada, no creyeron que se encontrara nadie dentro.

"Es posible que esté en el Ho-kago Tea Time" Comento Yui, "Ese era el plan"

Mio la ignoro, tocó el timbre y espero con la poca paciencia de la que era capaz, unos pasos poco apresurados se escucharon a través de la puerta.

"¿Si?... ¿Mio-san?" Satoshi se apareció en la entrada, se sorprendió bastante al ver el rostro de la chica.

"Eres tú, el chico del primer poema" dijo como si albergara aún más lugar para las sorpresas. Satoshi se sonrojo tanto que el color le llego a las orejas, "¿E-está R-ritsu?"

"Mi hermana se ha ido" titubeo con la vergüenza latente, "Dejo una nota"

Mio no se dejo derrumbar, le pidió a Yui que la llevara donde Mugi,

Mugi-chan la recibió con una hoja arrugada, un poco sucia por las gotas que habían borrado partes de la despedida, lágrimas de ese adiós tan poco premeditado, a pesar de no tener la anterior belleza en los trazos seguía siendo entendible el mensaje:

Mis ojos, por ti, han perdido su luz

Mi respiración palpitar para hacerme sobrevivir están.

Aquel súbito sopló de tu mente borró mi rostro y de mi mano, el poder de llegar nuevamente a tu corazón.

Ya no estaré ahí, pues no lo necesitas,

Has salido con las alas extendidas y sin que me diera cuenta ya sabías como usarlas.

Vuela alto Mio.

Reescribe nuestra historia,

La otra estrofa de la canción y

En la posición de mi nombre mantén el signo de interrogación.


Para cuando regreso a casa la noche se trago buena parte de su sufrimiento, no era en mucho el reencuentro que las chicas querían para esas dos, Ricchan se había ido sin despedirse de nadie más que de Mugi y había apagado el móvil.

Nadie sabía cómo contactarle en Tokio y sus padres no estaban cuando fueron a pedirles noticias sobre ella, Satoshi les pidió que le dejaran un par de días para que llamara y no quiso darles señales de su departamento en la capital, parecía que él tenía consciencia de que Ritsu se marchó exactamente evitando eso.

Estuvo en la cafetería cursando por el silencio más sepulcral que experimento nunca, Mugi estaba muy triste por ver la manera en que partió Ritsu, Yui no sabía cómo arreglar las cosas esta vez y Mio, reemplazaba a su amiga ausente al mirar por la ventana, sonriendo sin hacerlo realmente.

"¿Dónde has estado?" pregunto bruscamente su madre cuando entro.

"Explorando el pasado" respondió, no tenía fuerzas para pelear con ella.

"¿Has visto a esa amiga tuya?" el tono que utilizo no podía llevar más desprecio.

"…"

"¡Te estoy hablando Mio!" grito la mujer, "He visto la caja, sé que has estado con ella"

Mio la ignoro, se fue directamente a su habitación, ansiosa por llorar esa pena que la venía consumiendo desde el mismo momento que roso con sus labios la mejilla de Haruhi. De no haberlo hecho las cosas hubieran sucedido muy diferentes, por lo menos habría tenido a Ricchan para caminar tomadas de la mano y recuperar esa emoción.

Demonios, cuánto quería recordarlo, saberse consciente de ese amor del que no le quedaba ni la más mínima huella en la mente, por mucho, sabía que le amó… No, le amaba, era un sentimiento que nada borraría de su corazón, si su mente la negaba, sus latidos se lo gritaban por ello al ver sus lastimeros ojos en el parque sintió que su corazón se paralizaba igual que unas horas antes cuando los vio derramar una lágrima mientras se borraban en la oscuridad.

"Ya no puedes seguir ocultándoselo" intervino su padre al poco tiempo que su hija se fue, "Fue tú promesa, ¿recuerdas? Si volvía a la mente de Mio, ella podría tomar su decisión… Y lo ha hecho, no puedes evitarlo"

"Ella ya no es mi niña" balbuceo la mujer arrojándose a los brazos de su marido.

"Dejo de serlo hace mucho, ahora le pertenece a ella desde la primer sonrisa que le robó" agregó el hombre, "Es momento de que lo entiendas"

Después de consolar a su esposa, el señor Akiyama fue a tratar con la otra mujer en su vida no sin llevar un pequeño objeto que mucho le daría a pensar a su hija.

Tocó y no obtuvo respuesta.

"Soy yo, tu madre se ha acostado ya" le hizo saber.

Entró a pesar de que la joven no le dio permiso, dejo la luz apagada para que Mio no se sintiera incomoda limpiándose el rostro, aunque cambió tanto en ese tiempo que quizá le haría frente con las lágrimas y sin la mayor vergüenza, ya no se sabía con ella.

Al verla crecer con todos esos miedos, acostumbrado a que cada noche al arroparla le pidiera que dejara la puerta entreabierta y una lámpara encendida, ahora se quedaba bajo el oscuro de su habitación, sin intimidarse siquiera.

Cuanto ganó y perdió con el accidente, pensó.

"El día que llamaron para decir que estabas en el hospital no había nadie en casa, yo trabajando y tu mamá haciéndose de su rutina sin ti" inicio su espontaneo discurso para justificar la situación, "Al regresar nos topamos con una grabación, no decían tu estado sólo que necesitaban de nosotros para tomar decisiones… tú y aquella muchacha fueron arrolladas al dirigirse a festejar tu cumpleaños, ella casi pierde la mano y tú no respondías a ningún estimulo"

Se escucho movimiento, Mio estaba atendiendo a lo que su padre decía.

"Yo sabía que ustedes tenían algo mucho antes de que se fueran a vivir juntas, era bastante evidente, la manera en que le mirabas y le controlabas, estabas dominando esa parte de tu corazón" continuo, "Ese brillo sólo lo reconocía de los ojos de tu madre en nuestra época de novios, era amor… Lo vi y lo deje ser, eres mi hija, nada en el mundo cambiaría eso, si ella te hacía feliz, entonces a mí también"

"¿En serio?" se integro Mio.

"Más que nada, si buscara alguien mejor para ti, seguiría llegando a la conclusión de que Ritsu lo es… Esa niña nos alegro mucho, te saco de tu caparazón y te dio cosas que nosotros no, te llevo por su pequeño mundo hasta expandirlo cada vez más" cogió su mano y la acerco a él, dejando caer un pequeño aro en ella, "Cuando saliste del hospital me entregaron esto, dijeron que fue complicado quitártelo de la mano porque lo sujetabas con mucha fuerza"

Mio enfoco su mirada en la sortija que le entrego su padre, quizá él no estaba enterado de que Ritsu se había ido ya de ahí y que al decirle todo eso estaba rompiendo en más pedazos su corazón.

"Si hay que luchar por algo, que ese algo sea el amor" le dio un beso en la frente antes de salir.

"G-gracias"


Iniciemos la nota final con un lo siento, ¿Por qué? Sencillamente porque no logre mantener demasiado el suspenso con la amnesia de Mio.

Es capítulo cumbre, si les parece algo corto es porque básicamente es la segunda parte del tercero… Lo sé, mucho drama, mucho OoC pero mucho más que saber para el siguiente.

Si, hizo falta Azu-nya pero no se preocupen que viene con mucho para el último chap. de esta historia.

Ya para terminar les quiero dejar un especial agradecimiento a las siguientes lectoras:

kiddo09.

Marianakawaii (Mala persona ¬¬)

Kurotenshi1825.

AllenAbaddonia.

KatenCrour.

Por sus reviews, por leer... Gracias ;)

Una pregunta, ¿Quién quiere un beso bajo la lluvia? ¿Cuáles son sus teorías para el final?

Nota de Autor:

* Mio no recuerda haberle visto en el hospital porque lo que recordó son experiencias de la niñez y, en dado caso de tener memoria sobre su adolescencia, Ritsu tenía aún vestigios del accidente en la cara (rasguños y una muy fea hemorragia en el ojo)

Nota2: Si no has leído la primera parte de este fic deberías hacerlo pues el final se basa en uno de los poemas que ahí aparecen: La_cursi_y_secreta_admiradora_de_Mio_Akiyama