Advertencia: Personajes un poco fuera de canon (disculpen los dedazos que puedan encontrar por ahí, he intentado editarla para que eso no suceda), en realidad, disculpen la diferencia hacia el canon.

En este capítulo en especial hay mucho OoC de parte de Mio.

Disclaimer: K on! No me pertenece y ha sido tomado sin el ánimo de lucro, aunque considero un gran beneficio poder escribir algo que me hubiera gustado ver en manga o anime con estos personajes, ¿Será delito ese beneficio propio? xD

Pero los poemas si ¬¬' prohibida su reproducción.


El apartamento estaba abandonado cuando llego, parecía llevar así mucho tiempo, ese pequeño y digno testigo de su relación y ese amor, ahora era un simple lugar sin la menor vida, solo, sin rastros de todo lo sucedido ahí.

Como una regresión, imagino a Ritsu el primer día ahí, guiándola con tanta emoción por las pocas habitaciones que contenía, las manos moviéndose como si le presentara algo maravilloso al describirle el espacio y ese Ta-dah, hasta la frase final: Como si fuéramos unas recién casadas.

Ya no había nada de eso.

Cuando pregunto por la anterior inquilina, la casera le comento en forma de broma lo silencioso que se quedo el edificio desde que se fue hacía casi un año, tan sólo regresando por sus pertenencias unas semanas atrás, insistió en el tema pero no le supo dar razón de a dónde se había mudado, le expreso que ella y una chica extranjera entregaron el departamento en condiciones sin dejar indicaciones por si le buscaban, pues estaba bastante segura de que nadie lo haría.

Volvió a cubrir el último ciclo escolar con un mes de retraso, le aceptaron sin grandes reclamos después de revisar su historial académico*, dejando a sus padres y amigas en la búsqueda de esa muchacha idiota que se fue sin exigir una explicación.

Algo en su interior le decía que la encontraría en su casa, esa esperanza indestructible que no quería ni se dejaba flaquear, a pesar de ser notable que Ritsu no lo quería así, aquella despedida lo decía, se iría para dejarla ser, para no detenerla…

Consiguió trabajo en el restaurante en el que Ritsu lo hizo tiempo atrás para mantener su hogar, más por el dinero, lo hacía para sacarle algo a la dueña del lugar, pues en las indicaciones de la mamá de Ricchan, la chica extranjera trabajaba ahí también y era posible que Susumi-san pudiera darle indicios de su ubicación.

"Esos tres jovencitos ruidosos se fueron del país tras una tremenda ambición" era su respuesta, la cual inicio a quebrantar la esperanza de Mio, "Ricchan sólo regreso para dar las gracias, en mi vida nunca creí llegar a ver que perdiera esa chispa…"

"¿Cómo era Ricchan antes del accidente?" se aventuro a preguntar, era algo que nadie le sabía decir pues no existía mucho contacto previo a su regreso a la ciudad.

"Veamos, siempre tenía bastante energía, cuando inicio a trabajar aquí era una faena controlarla, jugueteaba con los palillos aquí y allá pero le prometí a su madre mantenerla a mi lado mientras estudiara… tenía una amiga muy dependiente de ella, recuerdo que llegaba un poco más tarde por ir a recogerla tras la escuela" relataba la historia con mucho cariño, siendo que Ritsu se había convertido en una de esas personas irremplazables para ella, "Poco después de graduarse tuvo ese feo accidente y perdió la capacidad de tocar…"

"¿P-por qué?" interrumpió Mio, nadie le comento nada al respecto.

"Su mano quedo muy mal en el accidente, no lograba moverla el día que se volvió a casa de sus padres" respondió, "Sarah-chan me llego a decir que lo que más le dolió fue perder a su amiga"

…Aquel súbito sopló de tu mente borró mi rostro y de mi mano, el poder de llegar nuevamente a tu corazón, le vino a la mente.

"Sin embargo, Ricchan demostró mucho valor el día que vino a despedirse, lucía triste pero eso jamás le quito la motivación" fue lo último que obtuvo de Susumi-san antes de volverla a poner a trabajar.

Esa nueva pero redundante información le demostraba más cosas a favor de Ritsu y a pesar de tener aún ausentes los recuerdos de la vida a su lado, el sentimiento estaba tan latente que no los necesitaba para saberse enamorada, no entendía el porqué suspiraba con la mención de su nombre o se fugaban lágrimas de sus ojos al ver imágenes. Era una nostalgia constante.

Por las noches la soledad le pesaba, aquella sensación en los dedos no la dejaba dormir, aprendió a ignorarla cuando salió del hospital, no le daba importancia a la ansiedad que formaban en su interior pues tenía mayores cosas en que enfocarse, sin embargo, cuando se hizo presente su relación con Ritsu, volvió.

Era un anhelo por contacto, era parte de la vida a su lado compartir unir sus manos cada noche como su máxima expresión de amor, sólo porque no tenía el valor de llevarlo más allá.

No comprendía por qué se había ido sin una explicación, ella conocía la escena que la hizo huir, sin embargo, no le parecía suficientemente fuerte como para no querer verla y llegar al punto de mudarse a otro país… Poco le importaba el motivo, seguía sintiéndose culpable por el sufrimiento de Ritsu, primero la rechazo en el hospital a pesar de haberle rogado que le permitiera estar a su lado, más tarde su madre se encargo de alejarla más y para acabar de joder la situación, ella le prejuzgó sin ser consciente de toda la verdad.

Algo de razón debió haber en la fuga de su Ritsu, tras tantas heridas a su corazón, tantas caídas y laceraciones, necesitaba tiempo para recuperarse, unir uno a uno de pedazos… quizá con el tiempo sería capaz de volver.


Al tiempo dejo de investigar, esporádicamente llamaba a los Tainaka para preguntar sobre su tema en común, ni siquiera ellos tenían idea de a qué país se mudó, perdieron contacto total con ella o quizá les pidió que no dijeran nada, ya no sabía que pensar.

En el momento en que se permitió vivir sin sufrir la constante culpa, el tiempo transcurrió mucho más rápido, ocasionalmente, al hacer las cosas de una rutina común le venían a la mente nuevas imágenes sobre Ritsu.

Maldecía cada recuerdo que se colaba en la tranquilidad que pretendía, por más fingida que esta fuera, no quería tenerla presente hasta que fuese capaz de soportar su simple evocación sin que le doliera profundamente, por ello aprendió a ignorar el sentimiento y el nombre.

Pero no era misión fácil, sus compañeras de la Universidad le asediaban con las mismas preguntas cada vez que se las topaba, preguntando siempre por la chica alocada que le recogía antes, la del flequillo salvaje y manos impasibles, incluso su mejor amiga de la Facultad se interesaba en saber, después de todo, ella fue la última en verlas antes de que el fatídico accidente les jodiera todo.

La única que en realidad tenía trato con Ricchan era Tamao y sólo a ella le contó todo la situación, desde su despertar en blanco hasta la desaparición de Ritsu.

"Ese día se veían muy felices al irse de aquí, parecía que sería un día realmente especial" comento Tama-chan, "Después de todo ese día te dedico su primera canción, ¿cierto? Todo pintaba para un final romántico"

"Espera, ¿qué canción?"

"La primera canción de su banda, no sé el nombre y sólo sonó en esos días… Lo siento"

"No hay gran problema, quizá llegue a recordarle después"

Las sesiones en el club de literatura eran su mayor tortura, tener que leer libros con romanticismo extremo no era algo que pudiera considerar de ayuda, ni siquiera como distractor, hacía sus deberes dentro porque era el requisito para seguir integrándole.

Lo peor llego cuando se aproximaba la hora de entregar su trabajo recopilatorio final, la presidenta era algo intransigente si se trataba de tareas oficiales y más cuando estos demostraban la elite de talentos que ingresaban a ese club.

"Se acerca cierre de trimestre y debemos entregar un trabajo conmemorativo de la generación" comento al final de la reunión ese día, ella, al igual que Mio, se graduaba en Marzo del siguiente año, "Los temas a escribir son totalmente libres, no obstante, necesito que me compartan los borradores de sus ideas" los apremió, "Veamos, Akiyama-san debería tener algo bueno que ofrecernos"

"Y-yo no, en realidad, no tengo nada" contesto automáticamente, sintiéndose ligeramente avergonzada.

"Debes darnos más que eso para continuar aquí, se hizo una excepción porque Isayama-sensei nos lo pidió" dijo cruelmente la presidenta del club.

"T-tengo una especie de verso" les hizo saber con la voz vuelta un hilo, hacía tiempo que no sentía ese temor. Todos los integrantes se quedaron a la expectativa, Mio comenzó preguntando al aire si habían visto la luna ese día.

Tamao sonrió cuando termino, al igual que otros de sus compañeros pero la presidenta se quedo reacia a dar alguna señal de opinión.

"Es diferente a tu estilo" crítico poco después, "Expresa un insulso enamoramiento platónico, eres capaz de cosas mejores"

"Presidenta, no debería…" terció Tamao.

"No es obra de mi mano" se defendió, "pero si he sido quién lo inspiro y no puede prejuzgar al corazón que lo escribió tan a la ligera, no es para nada un vacio sentimiento"

"Está prohibido utilizar obras que no han sido escritas por nosotras" exclamó la presidenta, "Es motivo de expulsión del club"

"Es demasiado, sólo lo ha hecho una vez" se metieron los demás.

"Me ha pedido que ofreciera algo y lo he hecho, termino ofendiendo a la verdadera autora en el transcurso" dijo entre dientes Mio, que en ese momento tenía en mente por qué demonios se unió a ese club, cogió sus cosas y se marchó.

La rabia domino su ser, lo que sentía no era un insulso enamoramiento ni nada menos, desde el inicio de aquel verso se sintió tan identificada con él, que se animaría a jurarlo.

No era un simple amor de juventud, era algo real, algo que la mantenía en agonía, como aquel poema que dictaba, sólo respirando y con el corazón latiendo, sin la mayor motivación, sólo estando por estar…

Se preguntaba si ella pasó por lo mismo, ese sufrimiento tan consumiente, estado sola, aprendiendo a vivir sin su presencia, consciente a cada momento lo que había perdido sin poder hacer gran cosa más que depositar todo su esfuerzo en palabras, esperando que cumplieran su cometido y llegaran a su corazón.

No tenía la capacidad de comparar las situaciones, no imaginaba siquiera a la Ritsu actual, todo lo que sabía creaba enormes discrepancias entre sus evocaciones y lo que le relataban los demás.


En las vacaciones de verano decidió volver a reunirse con las chicas, Azusa prometió que volvería en esas fechas y eso la incentivo a volver para ver a la única amiga que le hacía falta.

No pasó tiempo con sus padres, aún no asimilaba lo egoístas que fueron con ella el tiempo que su amnesia duro- aún le quedaban lagunas mentales pero las estaba superando- de hecho pasaba las fechas con Mugi, ya que la situación en su hogar no tenía solución pronta y su padre no quería altercados mudos entre ella y su madre.

Al principio no considero quedarse con Mugi, pues tampoco con ella termino muy bien antes de regresar a Tokio con las expectativas muy altas. Sin embargo, Yui no tenía lugar desde que Ui decidió mudarse repentinamente a su departamento, sin importarle lo mucho que se alejaba del campus donde estudiaba.

No pensó ni un instante en pedirle el favor a Sawa-chan, por temor a las cosas que se le pudieran ocurrir a su ex profesora.

Al final, cedió con Mugi-chan.

Su casa se ubicaba muy cerca del centro de la ciudad, según ella, para estar más cerca de su cafetería-tienda de música. Había renegado de la simple idea de tener sirvientes en casa, por lo tanto, abundaba el espacio en la modesta- si es que se le podía calificar así al gusto de los Kotobuki- residencia.

La ex tecladista la recibió amablemente en su hogar y le dejo instalarse en la recamara de invitados aledaña a la suya -sólo por si los antiguos miedos le habían regresado ya-. Al abrir la puerta se encontró con una habitación tan grande que fácilmente podría cubrir la dimensión de su apartamento en Tokio, la decoración término por llevarla al primer campamento de entrenamiento del Keion-bu con la cama adoselada y los colores tan vivos.

"No suelo tener muchas visitas" dijo Mugi en forma de disculpa.

"Es hermoso Mugi" expreso Mio ensimismada con lo que veía y las sensaciones que le provocaba.

Le ayudo a instalarse en silencio, por más que compartieran el mismo tema en mente poco estaban dispuestas a compartirlo con la voz, ninguna encontraba el valor necesario. Una quería saber si contactaron y la otra sobre lo que encontró al regresar a la capital.

Los orbes azules de Mugi seguían los movimientos de Mio, ir y venir por el lugar, ocultando la inquietud en sus acciones, aunque no de manera adecuada.

"Azusa-chan llegara en un par de horas" anunció Mugi para mitigar la desesperación, sosteniendo su sonrisa cordial mientras guardaba unas prendas en el baúl que se hallaba frente a la cama. "Yui y Ui se nos unirán en el Ho-kago Tea Time para irnos al aeropuerto juntas, creo que es porque Ui no confía en las aptitudes de conductora de su hermana" soltó una risita por el comentario.

"Excelente"

"¿Mio?" alzó las cejas – tanto como se puedan imaginar- sorprendida, la última palabra de su amiga se rompió a la mitad, se acerco para verla de frente.

Sujetaba con fuerza algo en su pecho al tiempo que las lágrimas acariciaban ya sus mejillas. Siendo sincera, Mugi no esperaba verla quebrarse tan pronto.

"No la encontré en Tokio, a pesar de que me aseguraron que estaría ahí" se refería a las teorías de Sawako-sensei, "Y no hay quién sepa a dónde se fue" mascullo, sus ojos parecían grifos abiertos imposibles de controlar

La amargura en las gotas que recorrían su piel y de la que salían impregnadas sus oraciones era la que llevaba reprimiendo desde que se dio cuenta de la ausencia de Ritsu, aquella que no había tenido testigos hasta ahora.

Mugi amago dos veces antes de pensar en la mejor manera de consolarla… Acuno su rostro entre sus manos y empleo los pulgares para borrar las huellas de su lloriqueo.

"Lo sé" dijo tajantemente, "no obstante, la Mio que conozco y se convirtió en mi amiga, llora sólo cuando ve sangre o le juegan una muy mala broma, llora si se le asusta y eso nunca le gusto a Ricchan" supo que toco el punto clave cuando Mio abrió más los parpados, "por más que la causa fuera ella, siempre luchaba por conservar la alegría en los ojos donde se reflejaba" argumento.

"M-mugi" balbuceo atónita Mio.

"Sólo no llores, alguien con el corazón tan cálido no debería hacerlo… Ricchan no derramo ni una lágrima a pesar de que le dolía igual o más que a ti"

Mio asintió con firmeza tras el tratamiento-eleva-moral de Mugi, quizá no la mejor técnica pero si el resultado deseado.

"Debemos irnos ya" dijo al soltarle la cara y cambiando de su modo franco y directo al dulce y afable "Deseo ver a Azusa-chan, después de todo ha sido un largo tiempo"


"¡Azu-nyan!" grito Yui al instante que la chica salió por la puerta de vuelos internacionales.

Por alguna razón desconocida para el universo- o por lo menos para Mio- la chica se dejo envolver por un abrazo adherente e incomodo de Yui, lo acepto con tal gusto que parecía irreal.

Ya no era aquella niña con dos coletas y metas definidas, creció durante los cuatro años en los que no supo nada de ella, era una visión muy cambiada de su antigua kohai, ahora llevaba el cabello corto y alocado, vestía ropa muy a la moda londinense, la única constante era la guitarra en el hombro y el rubor que le provocaba su amiga.

Contrariamente a lo que pudiera creer, se notaba mucho más madura y centrada que el Keion-bu entero, en sus pupilas se leía el júbilo que le embargaba, era la primera vez que se reunía con sus amigas tras irse de intercambio por la Universidad.

"Yui, la vas a ahogar" renegó Ui, separándola con el fin de usurpar su lugar, dándole un breve abrazo, seguido por Mugi y por último Mio.

No parecía esperar a nadie después de su senpai término el gesto.

"Me alegra verte de nuevo" confesó Mio.

"Lo mismo digo Mio-senpai, es reconfortante volver a estar con ustedes" contesto Azusa, por un momento se noto ansiosa pero se le quito al momento de incluir a las demás.

"Azu-nyan, ¿qué te has hecho?" reparo Yui lloriqueando después de inspeccionarla por minutos.

"Es lo usual en donde estudio" dijo avergonzada, "No quería deshacerme de mi cabello, me convenció una amiga, ¿no te gusta?" parecía un poco decepcionada.

Yui hizo el amago de negarse pero Ui intervino justo a tiempo en la conversación.

"Me gusta tu cabello" comento al azar, aun con su rápida intervención, Yui seguía echándole miradas a Azusa cada que podía, al parecer no quería aceptar el cambio de look.

"¡¿Nakano-san, qué te has hecho?" grito Sawa-chan al verle llegar al café de Mugi, a su lado tenía algunos modelos de orejas de gato que ya no quedaban para nada en el estilo de la joven.

"Ya no es la misma" gimoteo Yui, "Nos han enviado otra Azu-nyan"

"Hermana, eres cruel" reprocho Ui, "El que su cabello no sea el mismo, no la hace una persona diferente"

Era momento de la entrada de Mugi, sabiendo que sólo había una cosa que podría calmar los caprichos de Yui.

"Por qué no disfrutamos de un poco de pastel en honor al regreso de Azusa-chan" terció.

Las cuatro amigas se sintieron de regreso en los viejos tiempos del colegio, cuando se sentaban a deleitarse con las golosinas de Mugi, con las intromisiones de Sawa-chan y ocasionalmente el control que representaba Ui para su hermana. Sin embargo, nadie tenía el valor suficiente como para mencionar la clara ausencia de uno de los miembros más característicos… Ya se encontraba ahí la gentileza de Mugi-chan, la seriedad y timidez de Mio, la determinación de Azusa y la distracción de Yui, pero faltaba algo más, un elemento demasiado importante.

Era un tabú, nadie se atrevía mencionarlo frente a Mio, no después de que Mugi les puso sobre aviso del humor de la joven, así que se dedicaron a revivir un poco su pasado, interrogar a Azusa sobre su vida universitaria y los métodos tan liberales de los otros países en cuestión educativa. Básicamente se fueron por la tangente, a pesar de querer tocar ese tema, sobre todo porque la recién llegada mostraba tan poca curiosidad por ello.

Pasadas algunas horas de incesante platica, Yui y Mio desaparecieron para ir al baño, una convencida por la otra que insistía en mirar a su amiga como si ya no lo fuera.

Azusa hizo un gran esfuerzo para ignorar con éxito los crueles orbes de Yui, tenía otra cosa en mente.

"¿Cómo lo lleva Mio-senpai?" pregunto por primera vez.

Mugi sencillamente negó con la cabeza y Sawa-chan alzó los hombros.

"No es un tema fácil, la recordó en el justo instante en que a Ritsu se le ocurrió impacientarse" comentó Sawako.

"En realidad no creo que ese haya sido el motivo de que se fuera" añadió Mugi-chan.

"Ricchan tampoco lo soporta de buena manera" dijo Azusa, sus palabras eran sorprendentes en dos sentidos, había llamado- por primera vez- a Ritsu como Ricchan y segundo, tenía noción de la persona en cuestión.

"La he encontrado en el aeropuerto hace tiempo cuando mis padres salían del país," respondió a la pregunta en los insistentes ojos de la rubia y la profesora, "Sólo la he visto en dos ocasiones, me pidió explícitamente mantenerlo en secreto pero Mio-senpai se ve tan triste"

"…" el impacto de la información era asombroso.

Mio y Yui regresaron en el momento adecuado para desviar un poco la atención de Azusa.

El lugar era totalmente apacible cuando no se encontraba lleno de gente, se percibía espacioso y sobre todo, muy conveniente para tomar el té después de un día lleno de estrés. Sin embargo, la noche empezaba a acecharlas lo que era indicio para planear la siguiente reunión antes de dirigirse cada quien a su casa.

"Azusa-chan, ¿Dónde te quedaras?" pregunto Sawa-chan por mera curiosidad.

Dudo por unos segundos, "Mis padres ya no viven aquí, supongo que podría…"

"CONMIGO" alzó la mano Yui como si alguien más compitiera por el tiempo en hacerlo.

"… En un hotel" termino pasando muy por alto a Yui, un poco molesta por su actitud anterior.

"¿Azu-nyan?"

"No tienes espacio" Aclaro la chica sin lograr su cometido de ignorarle en forma de castigo.

"Podemos compartir mi cama, lo hemos hecho antes" insistió Yui.

Azusa perdió el color en el rostro para recuperarlo tan rápido en el mismo lapso de tiempo, parecía que la sangre le brotaría por los poros de las mejillas en cualquier instante.

"En mi casa hay mucho espacio" ofreció Mugi-chan, dejando pasar la invaluable yuri-visión por cortesía de Yui, "Me fascina tener muchas visitas" aplaudió emocionada.

Azusa le agradeció el gesto y Yui cayó vencida en los brazos de su hermana, soportando de una manera no muy honorifica su derrota.

De regreso en la 'modesta' residencia de Kotobuki, las chicas se dieron a la tarea de ayudar a Azusa a acomodarse en la otra habitación restante, no llevaba demasiadas cosas, apenas lo indispensable para sobrevivir un par de semanas y como algo imprescindible, su guitarra.

Para matar el tiempo en lo que guardaban su ropa e iban y venían, siguieron interrogando a la joven sobre su vida en Inglaterra, investigaron desde lo usual hasta otras que hicieron presente el rubor de Azusa-chan.

La escuela no la llevaba tan mal, bajo su propia definición, las cosas eran mucho más fáciles en aquel país, no existían los clubes después de la jornada académica, eran relativamente menos horas de estudio y las tareas eran sencillas. Una vida para relajarse, definió a la ligera.

También les compartió sus quejas sobre las costumbres y todas las discrepancias, lo mucho que le costó adaptarse, a pesar de que sus padres se mudaron cerca para apoyarla, aunque su motivo real era poder seguir con su carrera en la música en un campo comercial más asequible.

Sus dos amigas le escuchaban completamente abstraídas en sus palabras, imaginando como era ese mundo fuera de Japón y negándose a la barbaridad de cambiar la rutina que les llevaban implantando desde pequeñas. Ni siquiera Mugi fue capaz de aguantar la universidad en el extranjero y por ello pidió cambio antes de terminar.

Mio rompió la atmosfera al soltar un bostezo, llevaba dos días sin dormir bien, no conciliaba el sueño con facilidad por esa maldita sensación de vacío en su cuerpo, más en sus manos. Intento por todos los medios quedarse hasta que todas estuvieran a punto de irse a descansar pero sus amigas sólo le alentaron a irse en ese momento.

Mio se despidió deseándoles eso que ella, de igual forma, anhelaba.

"Dulces sueños" comento al salir de la recamara, Mugi y Azusa esperaron hasta que la puerta de Mio se cerrara.

"¿Qué sabes de Ricchan?" atacó Mugi con su primera cuestión relativa a Ritsu, era la manera más brusca de iniciar aquello, pues espero hasta que Mio dejo de dar señales de actividad.

"No mucho, ciertamente nada" fue su respuesta, se notaba nerviosa, había prometido a Ritsu no mencionar absolutamente nada sobre ella, "Ni siquiera sé porque la encontré en Londres y no aquí" Decía la verdad, no se tomo la molestia de ponerle al tanto y la curiosidad estaba calándole a Azusa ahora que advertía tanto misterio alrededor, siempre le gusto ser discreta en cuestiones de amistad pero esto rebasaba su nivel, "¿Ella y Mio-senpai pelearon?"

Mugi negó apesadumbrada por segunda ocasión, le contó lo que ella sabía acerca del tiempo en que Ritsu estuvo en la ciudad, no tenía todos los claros los detalles pero poseía una proyección en general, y ésta apoyaba la decisión acelerada de su mejor amiga.

Azusa se mordió el labio cuando Mugi culmino con el trágico relato, estaba al tanto de que sufrieron un accidente pero Yui no fue tan explícita al explicárselo, sólo le aclaro que estaba bien, tratando de evitarle una preocupación.

Le parecía muy triste el panorama actual, toda una desdicha en la extensión de la palabra, no obstante, consideraba las acciones de Ritsu una tontería sumamente apresurada, aunque no saliera de su boca, sabía que la intención de la castaña fue mostrar un sacrificio en vano por una felicidad ficticia que le invento a Mio, y no se jactaba por ello, prefería sufrirlo en silencio.

Se sintió contrariada, ahora que sabía todo, ¿Valía la pena faltar a su promesa?

"¿Cómo está?"Volvió a preguntar Mugi, la preocupación invadía su rostro, al igual que la expectativa de volver a saber de Ritsu.

"Ya lo dije, no lo lleva del todo bien" repitió reacia a dar información. La mirada de Mugi instaba por una respuesta decente, "Me ha pedido, casi ordenado, que no mencionara ni su nombre y mucho menos si Mio-senpai se presentaba…" Mugi seguía sobre ella, no la dejaría hasta saber más, "Su banda tiene una grandiosa oportunidad en Europa, actualmente se está esforzado para curarse lo más rápido posible" resumió casi todo conocimiento que poseía, "No parece ser feliz"

"¿Por qué no vuelve?" indagó un poco más Mugi, sobrevalorando la fuente de información.

"No lo sé" negó Azusa.

"¿No quiere o no puede?" continuo Mugi.

"Supongo que ambas" emitió su opinión personal, "Sólo sé que desea dejar a Mio ser feliz"

La frase bloqueo por completo a Mugi, esperaba algo similar a eso de parte de Ricchan, después de todo siempre tuvo un espíritu noble, no obstante, en esta ocasión pensaba que su razón era más egoísta que nada, algo cobarde y desesperado. Sólo se dio cuenta de que se lejanía para permitirle vivir una esa nueva vida donde- según ella- no representaba un papel importante, consciente de que le recordaría siempre por ser esa mala persona que no se preocupo por su mejor amiga cuando ésta le necesitaba. Decidió tirarlo todo por la borda con tal de llegar a ese fin o quizá era tan estúpida como para intentar castigarse privándose de Mio.

Al final sólo era un error sobre otro.


Las vacaciones estaban pasando demasiado rápido, la primera semana la utilizaron para ponerse al corriente de sus vidas, o más bien, sólo enterar a Azusa de lo movido que estuvo el tiempo durante su ausencia. Fueron muy cuidadosas en mencionar cualquier cosa que pudiera alterar a Mio, aunque fuere el simple nombre de su problema.

Lo malo era, que para evocar sus años de instituto, Ritsu era un requisito. Aunque lo negaran, siempre hubo algo que ella proporcionaba para estar juntas.

La siguiente semana, bajo lamentos de la rubia, decidieron viajar en tren por las ciudades que circundaban, sólo para que Azusa disfrutara de la cultura japonesa antes de regresar al mundo occidental del que tanto renegaba.

Al final, una de las grandes casas de veraneo de los Kotobuki fue su destino para terminar las vacaciones, estaba precisamente en la costa y era una de las que usaron en el instituto, justamente para hacer que Azusa regresara en el tiempo. En esta ocasión, Mugi se tomó la libertad de dejar que los sirvientes estuvieran en la casa y, aún más sorprendente, que las chicas navegaran en el yate por la playa.

Al subirse, prefirieron dejar de lado pasar una buena experiencia y se tendieron bajo el sol para broncearse, la más necesitada de un poco de Sol era Azusa que vivía bajo el eterno cielo gris de la Gran Bretaña, la única exenta de esa silenciosa diversión era Mio que se cubría en el fresco interior de la nave.

Yui invadió la privada atmosfera de la que estaba gozando Mio, cayendo victima de la insolación y la deshidratación que causaba el abrasador sol de Japón.

"Mio-chan… ¿Mio-chan?" la llamó.

"…"

"¿En qué piensas Mio?" se aventuró, bebiendo mientras esperaba una respuesta.

"Sólo recordaba" contesto.

"Eso es bueno" dijo Yui pensando que sólo se trataba cualquier tipo de recuerdo.

"…Y me preguntaba, ¿Qué absurda situación se habrían inventado Ritsu y tú esta vez? ¿O cuál hubiera sido su reacción al ver el barco?" sus palabras fueron hundiéndose paulatinamente en gimoteos hasta caer al sollozos, sus lágrimas empezaban a cubrir su rostro y a sobrepasar la capacidad de Yui para consolarla.

"De seguro hubieran sido cosas de lo más tontas" intervino Azusa que había ido a ver el porqué de la tardanza de Yui.

"Me hubiera gustado vivirlas, t-tan sólo ver esa reacción" balbuceo, levantando apenas el rostro, "Ritsu idiota, siempre actuando sin pensarlo ¡Idiota, idiota, idiota!" grito.

Mugi se unió a sus amigas, observando la agonía que pasaba Mio.

"Tranquila" le indico, "Ya lo hablamos, ¿cierto? Ella volverá cuando sea momento de hacerlo"

"Mugi-chan…" susurro Azusa, pensando que ese comentario no era ni lo más acertado ni lo más adecuado para reanimarla.

"Además, ¿Quién necesita de sus bromas, cuándo estamos todas aquí?"

"Perdónenme" dijo entre lloriqueos, "Estoy arruinando las vacaciones de todas"

El trió negó al mismo tiempo, Mugi le tenía entre brazos, escudándola con un abrazo protector, tal como lo hubiera hecho Ritsu cuando Mio lloraba al sufrir algún susto o decepción. La acuno en su hombro, eso le había dicho su amiga que hiciera cuando necesitara de consuelo, así como le menciono como calmar a Mio de manera tajante pero indolora. Sólo seguía sus consejos, en un intento para que Mio extrañase un poco menos a la otra mitad de su corazón fragmentado.

Sabía cómo hacer esto, estar ahí para Mio pero jamás se entero como consolar a su mejor amiga cuando mostraba su triste sonrisa.

"Estoy segura de que Ricchan no querría que te deprimieras de esta manera" añadió Azusa sin premeditarlo. Yui asintió pero hasta ella, se dio cuenta del error que cometió.

"¿Ricchan?" inquirió en un hilo de voz Mio.

Era conocido por todo el Keion-bu que Azusa y Ritsu llevaban una relación, por lo menos de la primera, muy formal de Senpai hacia Kohai y que desde su graduación hasta donde su mente le permitía revivir, nunca escucho 'Ricchan' de los labios de la pequeña guitarrista… Hasta ahora.

Mugi alzo las cejas y Yui miraba de reojo a Azusa, había dado un traspié algo absurdo pero muy difícil de pasar por alto.

"¿Desde cuándo le dices Ricchan a Ritsu?" indago, como si quisiera evitar un juego de su mente.

"To-todas le dicen así, se me hizo fácil imitarlas" tartamudeo.

"Pero a Yui no le pones el –chan y a Mugi y a mí aún nos agregas el -senpai" observo Mio con perspicacia.

Azusa la hizo en grande, no contando con esos pequeños detalles que sólo alguien como Mio podría captar.

"Pero si nosotras le decimos así todo el tiempo, es natural que Azusa-chan lo hiciera algún día" intercedió Mugi, Yui asintió nuevamente, sentía que si decía algo sólo ahogaría más a la chica.

Mio siguió pensando en ello, por más que forzara su memoria, no existía atisbo alguno de que Azusa usara ese apelativo para Ritsu.

"La casera dijo que se había ido al extranjero, Susumi-san también, Sarah es inglesa" sus conjeturas estaban muy cerca, era inevitable. Quizá era mucho más beneficioso decirle la verdad, sin embargo, ¿Qué haría Ritsu si la encontraban antes de cumplir con sus propósitos? ¿Qué si arruinaban algo con ello? "Ritsu está en Inglaterra" era más una afirmación que una pregunta.

"¡No!" exclamó Azusa, no quería perder la amistad de Ritsu cuando le había costado tanto conseguir la relación que actualmente llevaban, "Estás en un error"

"NIEGAME QUÉ LA HAS VISTO" la histeria de Mio ataco a la chica, la tomo por los hombros en un intento desesperado de intimidarla, "DIME QUÉ NO ESTÁ EN INGLATERRA"

Azusa temblaba, sin saber cómo responder a los alegatos bruscos de Mio, se reflejaba perfectamente en sus pupilas, podía ver como temblaba pero también el profundo dolor que en ellos se guardaba.

"No puedo" se limito a contestar.

Mio siguió sacudiéndola, importándole nada que su complexión fuese mucho más débil que ya suya, no se daría por vencida, no cuando se trataba de encontrar a Ritsu.

Sorpresivamente, una mano se estampó contra su mejilla y la hizo entrar en razón.

Yui separo a Azusa de Mio y la protegió colocándola detrás suyo, esperando una respuesta agresiva de Mio, no obstante, ésta se quedo pasmada por el impacto.

Mugi se levanto e interpuso por instinto, doliéndole tanto como a ella la bofetada que, aunque la merecía, también le parecía un método muy poco ortodoxo para apaciguar el ferviente deseo de saber más. Miro a sus amigas pero dejo caer su lealtad con Mio, lo prometió y no faltaría jamás a esa promesa, quiso sostener a la bajista y llevarla a sentarse para recuperar la cordura en un lugar seguro pero sólo logro que huyera del barco y se encerrara en la primera habitación que se le puso delante.


El ambiente estuvo bastante pesado después de la pequeña discusión entre Azusa, Yui y Mio, la última evito estar con ellas hasta que cayó la noche y el estómago la traiciono.

Para la hora en que salió de su autoproclamada recamara, supuso que todas estarían en la cama o por lo menos, que el camino hasta la cocina estaría solo. Sigilosamente llego hasta el refrigerador y cogió lo que se le hiciera apetitoso pero no demasiado pesado.

Al cerrar la puerta del frigorífico y darse la vuelta para disfrutar de su muy atrasada comida, casi cae al suelo del susto que le provoco la silueta que se encontraba ahí y de la cual no se percato antes.

"Soy yo" le hizo saber Azusa, "Es algo complicado dormir cuando los horarios difieren tanto" comento con total naturalidad, como si nunca hubiera ocurrido nada.

"Yo, lo lamento mucho, n-no creí que pudiera llegar a actuar así" pretendió disculparse.

"Comprendo muy bien la situación, sobre todo los sentimientos que cruzan por tu corazón, por lo tanto, no creo que sea necesaria una disculpa, yo hubiera hecho lo mismo… Aunque claro, yo no tengo ese tipo de persona especial" dijo nerviosamente.

Mio sonrió amargamente, pensando en lo difícil que era tapar el sol con un dedo y como su amiga quería hacerlo.

"Ella me hizo prometer que no haría ni diría nada si tú estabas" llevaba planeando toda la tarde las palabras precisas que se permitiría emitir si la ocasión llegaba, "No me preguntes si está bien o no, tampoco si está en Inglaterra o la he visto, no hay una respuesta sincera a ninguna de esas preguntas… Lo único que puedo aventurar en decir, es que sería mucho mejor si te permites vivir esa felicidad por la que ella renunció a ti"

"¿De qué felicidad hablas?"

"No lo sé" alzó los hombros, estaba siendo honesta. "Creo que debo ir a la cama, Yui-senpai comenzara a dar vueltas por el piso si no tiene algo que la detenga"

"¿Volverá?" pregunto aún sin la esperanza de una respuesta.

"Dulces sueños, Mio-senpai" fue lo que consiguió.


Las despedidas eran algo que odiaban, lo habían hecho hacía tanto tiempo que no recordaban lo difícil que era agitar la mano, dar ese último abrazo o la sonrisa que ruega por más tiempo pero era algo inevitable, con las dos semanas que llevaban juntas – aún con los altercados- olvidaron que sus vidas ya no iban en paralelo y que cada una se había formado un destino muy lejano como para seguirlo juntas.

Yui, como era de esperar, lloraba desconsoladamente en los brazos de Azusa, implorándole que no se fuera, sin embargo, la joven le seco las lágrimas con su pañuelo y le repitió que volvería tan pronto pudiera.

Su avión estaba por salir, todas se reunieron en el abrazo grupal, tradición del Keion-bu para despedir a sus miembros.

Los sollozos los cubrió Ui entre sus brazos, frotándole suavemente la espalda a su hermana mientras veía a su mejor amiga alejarse poco a poco, Mugi se sonó la nariz y limpió los ojos.

Mio sólo movía la mano, manteniendo la compostura, sabiendo que ahí iba su única y última oportunidad de encontrar a Ritsu, por lo menos era lo que susurraba su corazón con vehemencia aún consciente su mensaje no llegaría a sus oídos.

"Dile que lo intentaré" grito en el momento antes de que desapareciera por la puerta de vuelos internacionales.

Creyó ver un amago de sonrisa en su rostro.

Posteriormente tuvieron que despedirla a ella, las clases se reanudaban en dos días y debía volver para poner en marcha ese nuevo y optimista plan… Si Ritsu la quería feliz, intentaría serlo aún cuando ella faltase en toda esa ilusión.

No se separo de la ventana hasta que sus amigas se perdieron de vista, aún contando las ocasiones en las que se disculpo por su ese pequeño incidente que podría haber afectado las armónicas vacaciones de todas.

Todas se negaron a aceptarlas, alegando la misma comprensión que Azusa, fue entonces que Mio logro entender que no quería que las personas siguieran siendo tan condescendientes con ella y optó por seguir esa visión tan optimista que menciono la guitarrista.

Sonrió conforme, por lo menos lo intentaría.


Se graduó con honores en la primavera, sus padres estuvieron ahí durante el acto académico, vitoreándola desde su asiento y revelándole a quién les prestara atención que ella era su hija, uno de los mayores talentos de la generación y la única alumna con el honor de recitar el discurso final.

Durante los minutos que estuvo hablando, observaba insistentemente entre el público, deseando desde lo más profundo de su alma que se presentaran unos ojos castaños entre tantos pero sólo reconoció a sus amigas.

Había luchado contra ese sentimiento pero era imposible ir contra de él, era como negar su existencia o sus cicatrices, sencillamente se estaba esforzando para nada.

Creía que al declamar su última creación escolar, podría escapar de sus emociones y sólo se engañaba con cada sílaba:

Cuando te miro, el mundo pierde uno a uno los matices hasta envolver bajo un delgado manto oscuro la realidad, fragmentándola… donde sólo estamos tú y yo, el ferviente anhelo de mis ojos y la incorregible indiferencia de los tuyos.
En ese instante, lo único que hace contraste es tu figura alimentando la tentación de poseer imaginada caricia de tu piel.

Y cuando abandonas mi visión, el mundo recupera sus colores, la luz a mis sentidos vuelve ciegos, la cruel tortura retorna su laceración a mi mente, aquello que percibo no existe, te has vuelto mi recurrente alucinación que en la desesperación de un silencio, lucha por regresar ese motivo para sobrevivir.
Eres un espejismo, el oasis de la vida, el ánimo de un alma perdida y un guía en su ceguera.

Cuando te miro, sólo somos tú y yo, de un suspiro el recuerdo pero de un rostro el olvido.

Los aplausos siguieron a sus palabras, dejando plasmadas una a una las emociones que le provocaban el simple recuerdo de lo que ya no era.

Los Akiyama siguieron la costumbre de ofrecerle un premio a su recién graduada hija, lo veían como algo necesario, sobre todo su madre con quién había hablado apenas unas semanas antes para invitarla oficialmente a la graduación por petición de su padre.

"Pide lo que quieras, que lo tendrás" dijo alegremente la mujer.

"Quisiera volver…"

"¡Pues vuelve!" accedió su madre malinterpretando la pausa.

"… un año atrás y no haber sufrido ese maldito accidente" termino.

Ambos padres se miraron, lo previeron desde antes de realizar la pregunta. Sólo ellos sabían cuán delicado era tocar el tema pero mucho más, lo difícil que resultaba buscar ese sueño para su hija.

"Lo siento" dijeron uno tras el otro.

"No importa" sonrió, "Sólo tengo que ser feliz" de alguna manera se había auto convencido de que cumpliendo con ese requisito la haría volver pero sólo había logrado copiar esa triste sonrisa que ya había caracterizado a la baterista con anterioridad.


Era la primera vez que tocaba la batería en público desde el accidente, lo hacía como parte de una audición para la banda tras su rehabilitación.

Al principio le pareció totalmente ajeno el tacto con las baquetas, como si llevara demasiado tiempo sin usarlas pero en el momento de comenzar a tocar, la reconocieron como lo haría cualquier vieja amiga y, aunque no lo hizo excelente, había sido un maravilloso avance para su mano y la nueva técnica que ejercía.

Hubo aplausos por los productores y algunas otras personas que conformaban tan selecto público, el padre se Sarah tenía una sonrisa de oreja a oreja levantando los pulgares para su hija en señal de aprobación.

Lo habían conseguido, por fin tenían el contrato con el que soñaban, costándole sólo un año y medio por la rehabilitación y por supuesto, el amor de su vida.

Pero nadie lo mencionaba, no si podían evitarlo frente a ella.

"Lo hemos logrado Ricchan" celebro Sarah dándole un abrazo para levantarla de su lugar.

Ya no era un secreto que la chica le pretendía ni tampoco se detenía ni un poco al estar su padre cerca, mucho menos le importaba ver como se ponía Sou cada vez que le daba por animarla. Estaba siendo egoísta en muchos puntos de vista pero nadie se lo impedía.

No se negó a recibir la caricia, comenzaba a acostumbrarse a ello, después de todo la única que estaba ahí para ella, era exactamente Sarah, no sabía – y aunque no lo dijera, no quería- si en algún momento todo lo que sentía desaparecería y ese profundo agradecimiento pudiera convertirse en algo mayor a cariño.

Sin embargo, tenía muy presente que alguien como Mio, no podría borrarse tan fácil ni con el paso de los años ni con mil y un amores más. Sería como lograr quitar la cicatriz de su muñeca o los días de inmenso dolor que le provoco volver a darle funcionalidad, nada de eso era posible.

"Es magnífico" contesto finalmente sin imprimirle emoción a sus palabras.

"Oh, vamos, no lo ocultes" la aliento Sarah, "Es por lo que has estado luchando, al fin lo tienes"

Le regreso la sonrisa, la típica mascara que le mostraba exactamente lo que no sentía. Esa felicidad no le pertenecía enteramente, por más cerca que se encontrase de lograr sus propósitos más lejana se veía de ello, siempre hacía falta algo.

"Deja de pensar en eso y sé feliz" le ordeno Sarah, "A partir de ahora ya no será lo mismo"

Dejo de serlo hace mucho tiempo, pensó Ritsu y siguió con la sonrisa más falsa que pudiera ofrecer, la usaba tanto que a estas alturas parecía normal.

Desde su imprevista fuga de Japón se había prohibido pensar demasiado en su decisión, no pensaba si era un acierto o un error, tampoco quería enterarse de nada referente a su antigua vida pues se había ido con el propósito de no regresar hasta demostrarse a sí misma que lograría hacerlo sola. Vivir con la misión de dejarla ser feliz a su manera.

Su amistad con Azusa se había fortalecido en ese tiempo, cuando existía la oportunidad se veían para charlar o sencillamente sentir que no todo estaba perdido. En las últimas reuniones que tuvieron habían terminado discutiendo, desde que la chica regreso de sus vacaciones le insistía cada que se presentaba la ocasión en que debería volver para revisar la situación, instaba en que las cosas estaban cambiando y que todas allá le extrañaban.

Una parte de ella, sabía que la chica no podría quedarse callada pues le tenía un gran respeto y estima a Mio, Yui era mucho más que su amiga y Mugi era tan amable como persuasiva, entonces, la solución era ignorarle por completo, pretender que aún nadie sabía dónde estaba y seguir, continuar así hasta que pudiera demostrar lo capaz que era.

Sarah siguió rondando cerca de ella, alucinada por lo rápido que obtuvieron el contrato y agradecida por la paciencia que les tuvieron, parecía que era la cabecilla de la banda ahora, negociando y presentando a los miembros con total formalidad.

"Y ella es Ritsu Tainaka" dijo tras nombrar al resto los integrantes, "La baterista"

"Esperamos grandes cosas de ustedes" reconoció el nuevo productor, "Sobre todo después del tiempo que esperamos por esto" Miro la mano de Ritsu, cubierta por un guante tras terminar de tocar, "Aguardaré con ansias sus proezas" la oración iba dirigida exclusivamente para ella.

Desvió la mirada a sus viejas baquetas, sin reconocer lo mucho que extrañaba tocar con ellas la batería, aquellas dos piezas de madera la venían acompañando desde su comienzo como novata y eran un preciado tesoro, fueron las primeras que utilizo y un regalo de Mio.

Eran, entre tantos, el único recuerdo que se permitió llevar con ella, pensando qué cuando hiciera su debut y cumpliese ese sueño, ella podría estar ahí…


Dos años después.


La vida le había resultado muy fructífera posterior a su graduación, fue capaz de sacar su primera novela apenas tras seis meses de haberse graduado, fue un éxito entre mujeres por el índole dramático que tanto explotaba por las páginas.

La idea se había llevado buena parte de su propia experiencia como inspiración.

Para apenas tener veinticinco años, llevaba una vida demasiado tranquila y cerrada, siempre fue así en esa ilusión donde no existía el impulso ruidoso que la llevaba por la vida haciéndola sentir nuevas emociones o asustándole cada momento.

Salía de su casa en Tokio cada que era necesario, disfrutaba de la paz que encontraba en la soledad de su interior, no necesitaba que le reconocieran por la calle o atraer tanto la atención de las personas, esos tiempos ya habían pasado.

Por esos días, la secuela de su libro estaba por salir, le había llevado más de lo previsto terminarlo por lo complicado que era buscar ese reencuentro entre los protagonistas, le fue particularmente complejo dar con ello, ya que en la primera parte las ideas fueron fluyendo de su situación y en esta, estaba entrando en un paradigma que no había recorrido.

La expectativa era tan grande para sí misma que se había bloqueado totalmente.

"La firma de libros es en dos semanas, justo el día de salida…" las palabras de su agente le entraban por un oído y le salían por el otro, llevaba mucho tiempo escuchando lo mismo, que podría manejar su agenda inclusive mejor que él, "Hasta ese momento, sería mejor que promocionara personalmente el texto y…"

"Saliera un poco más, permitiera algunas entrevistas y me mostrase mucho más alegre en público, ¿cierto?"

"Cierto," afirmo el tipo.

"¿Qué hay para hoy?" pregunto en el momento que el timbre de la casa sonaba.

"Eso"

Dejo al agente solo para atender a la persona en la puerta, pero al abrir fue casi raptada por Sawako-sensei.

"Recoge ropa cómoda para dos días" le ordeno.

"¿Para qué?" interrogo, estaba siendo empujada hasta su recamara para que cumpliera el objetivo.

"Es un se-cre-to" dijo con el tono característico, "Ahora sólo cámbiate, recoge algo y vámonos que nos están esperando"

"Dame un segundo" insistió Mio cuando su ex profesora se dirigió al armario y la obligo a cambiarse, "Espera, tengo compromisos, cosas que hacer"

"Lo he arreglado, las chicas y yo hemos quedado con tu agente de que te tomes un fin de semana libre para festejar tu futuro éxito"

El agente asintió desde la puerta.

"Efectivamente, han pedido que estos dos días estuvieras libre desde hace dos meses" le dio a conocer, "Y lo hubieras sabido si pusieras mayor atención al repaso de la agenda"

"¿Sabes a dónde me llevarán?" insistió.

"No" se dio la vuelta y salió, "Buena suerte, Akiyama-san"


Cuando salió de su casa, se encontró con el viejo auto de Samako-sensei, ya abarrotado por sus amigas, no sabría como lograrían estar todas hasta llegar a su destino.

"Buen día, Mio" saludo Mugi, lucía muy alegre.

También estaba Azusa y Yui, le pareció una agradable sorpresa encontrase con todas sobre todo con Azusa a quién no veía desde aquellas vacaciones.

"¿Ustedes si me dirán a donde vamos?" Siguió con lo mismo.

"Ya te lo he dicho, es un secreto" contesto de manera tajante Sawa-chan entrando al auto, "Tendrás que esperar hasta llegar para enterarte"

"Oh, vamos, no sean crueles" intervino Azusa, "Por lo menos una pista"

"Bien," accedió Sawako.

"Este es el primer fin de semana de Agosto, ¿Qué se celebra? ¡Has memoria Mio!" dijo Mugi, pero no significaba nada para ella esas fechas.

"No la culpes, lleva 3 años alejada de la música" agrego Yui.

Mio suspiro con frustración, ciertamente no deseaba pasar así un fin de semana libre, siguió la corriente de la conversación, y bromearon buena parte del trayecto hasta el lugar. Mio estaba ansiosa por platicar a solas con Azusa, pero con tanto tiempo controlando su ansiedad, era capaz de ocultarla a la perfección.

Puesto que habían salido algo tarde de Tokio, para cuando llegaron a la sorpresa de Mio, la noche estaba muy entrada. Sólo Sawa-chan y Mugi que iba como su copiloto, estaba despiertas.

Las luces de las casas de campaña alumbraban el lugar, se suponía que todo debería estar listo para su arribo, su lugar para acampar estaría acomodado y con una fogata esperándolas, así lo predispuso Mugi cuando planeo el fin de semana.

Aparcaron y despertaron a las tres chicas, asegurándose de taparle los ojos para que no lo notara hasta que amaneciera. La hicieron bajar con cuidado y la guiaron hasta la tienda, donde sólo le dieron tiempo a solas para ponerse el pijama.

"Buenas noches" susurraron al unisonó, cayendo pronto en el sopor provocado por tantas horas en auto.

A la mañana siguiente, procuraron seguir con el mismo estilo misterioso, le dieron el tiempo preciso para que se pusiera algo cómodo y después la guiaron directamente al área comercial para que pudiera desayunar.

Para ese entonces, ya sabía dónde se encontraba en el tan afamado nacionalmente festival de Rock en Japón pero no entendía el porqué.

"Podemos caminar por ahí hasta que sea la hora" dijo Sawa-chan, ansiosa por poder dirigirse al escenario número uno y ver como tocaba una de sus bandas favoritas.

"Lo mejor sería estar juntas para que no hubiera contratiempos" respondió seriamente Mugi, haciendo un especial énfasis en la palabra final.

"Bien, como digas Ojou-sama"

"No me gustan las sorpresas" dijo finalmente Mio, "¿Podrían hacerme participe de lo que vinimos a hacer aquí?"

"¿No es obvio? Vinimos a disfrutar de la música" exclamó Yui.

"Estoy segura de que la sorpresa no te será tan desagradable para cuando termine el fin de semana" añadió Azusa, "Debemos ir a recoger los programas del festival, ustedes deberían ir por los brazaletes antes de que se aglomere la entrada" comunico Azusa, Mugi y Sawako asintieron, tomaron por ambos brazos a Mio y se la llevaron con ellas.


La hicieron caminar a lo largo de los siete escenarios que contenía el festival, algunos tenían buena música, en otros personas reconocidas y en los más lejanos, se encontraban estilos musicales un poco diferentes a la música que protagonizaba.

"Se hace algo tarde" señalo Mugi.

"Tendrán que ir sin mí" expreso Sawa-chan, "Tengo que regresar al campamento"

"Azusa-chan dijo explícitamente que estuviéramos ahí a las tres de la tarde" indico Mugi, "Debemos estar todas"

"Nos vemos ahí" desapareció la mujer.

"¿Para qué debemos estar a las tres?"

"Espera y verás"

Se reunieron con Yui y Azusa en primera fila -por decirlo así, ya que debían estar de pie- en el exacto momento en que terminaba una banda de tocar, los gritos ensordecían a cualquiera que acabara de llegar y no se hubiera adaptado al ruido.

Las chicas mostraban los estragos de estar ahí desde temprano, bajo el sol y sin alguna especie de protección más que sus manos para mitigarlo.

"Está a punto de comenzar" anunciaron, "Son los siguientes"

Mio frunció el entrecejo, su sentido le había dicho que quizá las chicas habían conseguido un cupo para el HTT en el festival, pero esto cambiaba un poco su deducción.

Sawa-chan llego ahogándose cuando el presentador regreso al escenario y de nuevo el público comenzó con los gritos y aplausos exigiendo al siguiente.

"Mio-chan, ¿Recuerdas la primera vez que venimos al festival?" La chica asintió dubitativa, "En aquella ocasión prometimos que si volvíamos, sería para tocar y no observar, ¿cierto?"

"Fuiste tú quién dijo eso" recordó Mio.

"Si, bueno, no salió exactamente como lo planeado pero una de nosotras tocará hoy y eso es un maravilloso adelanto"

Mio miro a sus compañeras, todas alzaban los hombros y negaban, Azusa le sugirió con un rápido movimiento de la cabeza que dirigiera su atención al escenario.

"Será que…" su corazón se acelero pero no se permitió pensarlo, no quería imaginarlo siquiera, no era posible, no ahora.

"Tengo el placer de presentarles una banda que se origino aquí, en Japón, pero que obtuvieron fama en países europeos, es la segunda vez que se les ha invitado al festival, evidentemente la primera no pudieron venir" grito el presentador, Mugi, Yui y Azusa se quedaron en blanco, Mio estaba prestando atención a las palabras del hombre, sus expectativas estaban muy altas para ese instante, "Los dejo con No name" la audiencia se levanto con algunos gritos y vítores, al parecer no todos conocían a la banda.

Las chicas enmudecieron cuando los miembros de la banda salieron al escenario.

…Y ahí estaba, sentándose frente a su batería, sin dejar ver su mirada pues la cubría salvajemente su flequillo, ese flequillo que no extrañaba hasta el momento mismo que lo volvió a ver. Su corazón dio un vuelco muy brusco, queriendo alcanzar a su otra mitad, casi saliéndose de su pecho.

Ritsu señalo a Sarah con las baquetas y en el instante que asintió, golpeo en tres tiempos antes de dirigirse a marcar ritmo para el grupo, su manera de tocar era bastante peculiar, debía emplear mayor fuerza con el antebrazo y su muñeca parecía mantenerse parcialmente rígida, a pesar del esfuerzo que se veía, tocaba incluso mejor que en sus años en el HTT.

"¡Ritsu!" gritaban sus tres acompañantes incesantemente.

"Sawa-chan, ¿Hay manera de tener contacto con los grupos después del concierto?" pregunto Mio sin aplacar la ansiedad que le provocaba el que Ritsu no volteara a ver al público.

"No lo sé, Mio-chan" contesto un poco confundida, "Algunos recorren el festival y otros se van terminando de tocar"

"Vaya…" su desanimada respuesta no inquieto ni un poco a sus amigas que seguían gritando para llamar su atención.

"Vamos Mio-chan, puedo creer de Ricchan la falta de un plan de respaldo pero me extraña de ti, una escritora con imaginación y tan llena de romanticismo" no logro sacar ni un amago de sonrisa de los labios de la chica, "Supongo que no hay opción" dijo sacando una botella de su bolso y dándole un pequeño golpecillo en la cabeza, "Si ya ha servido una vez, ¿por qué no dos?" se la dejo en las manos y le guiño el ojo. "Has llegar el sentimiento" la animo.

Mio cogió la botella, se sentía completamente confundida al respecto, ¿Cómo rayos iba a servir eso? La examino sin perderse ni un solo segundo de la presencia de Ritsu en el escenario. Decía su nombre, contenía algo más pero lo borroso del cristal no le dejaba ver que era exactamente.

"¿Puedes volver al instante en que supiste que Ricchan te quería?" le dio la pista final.

"Espera un momento, ¿cómo sabías de…?"

Sawako echo una mirada rápida a la baterista y sonrió.

"Sólo unas alumnas como ustedes podrían haber sido de lo más interesante" se burló, era cierto que Sawa-chan era tan perspicaz que lograba percibir más que las personas que ni ellas mismas pero jamás creyó que estuviera a tal grado de enterada, "Hazlo ahora, la canción termina"

Mio sintió el frio cristal por última vez, estaba lo suficientemente cerca del escenario como para poder arrojarlo sin herir a nadie, no muy segura de si llegaría intacta a la plataforma, la soltó llenándola de toda su esperanza.

Ritsu hizo un jugueteo con las baquetas antes de dar el final, en ningún momento elevó la mirada.

"Buen día Japón" alzó la voz Sarah, haciendo la típica presentación de miembros al final del concierto, "Como dijo antes Sonosaki-san, nosotros somos No name… Lo sé, es un nombre ocurrente, sucede que nuestra baterista no estaba muy inspirada el día que nos nombró"

Espero una respuesta de los espectadores, sólo obtuvo gritos de admiración en su nombre.

Posterior a su introducción se dio a la tarea de terminar la presentación, conforme los nombraba tocaron el instrumento que les tocaba, la mayor concentración de gritos fue cuando Sou hizo algunos acordes, en su turno, Ritsu demostró la capacidad de tocar sin utilizar la mano derecha.

"Muchas gracias a to…" hizo una pausa, habían arrojado algo al escenario, busco el origen y se topó con unos conocidos ojos grises, "…dos"

Viro en busca de Ricchan pero ésta se estaba yendo ya del escenario, regreso la vista a hacía donde Mio pero no le encontró. Tanto tiempo rogando por una oportunidad así y se le fugaba de las manos.

"Gracias por su apoyo, esperamos volver pronto" grito por el micrófono y salió corriendo en dirección a su compañera, apretando la botella con las manos, "¿Dónde está Ritsu?" pregunto a uno de los miembros del Staff, el tipo negó.


"¿Estás bien Mio?" fueron las primeras palabras que le dirigieron cuando la canción termino y hubo una breve pausa entre las funciones, para ser el debut en Japón de una banda de relativo renombre, había sido muy corto.

La joven no sabía más bien, había olvidado como era su vida antes de verla salir al escenario, no entendía como fue capaz de llegar al punto actual sin ella. Era como hacer una regresión abrupta a ese pasado donde dependía de Ritsu para poder estar y ser lo que era.

"Ven conmigo" la cogió Azusa por la muñeca y la jalo con toda su fuerza, si existía una oportunidad, por pequeña que fuera, la haría aprovecharla.

Entraron a la parte posterior del escenario, se suponía que el público en general tenía prohibida la entrada a esa parte y ni siquiera era posible acercarse. Mio no contaba con que su pequeña amiga había hecho arreglos antes de caer victima de la desesperanza.

Ni siquiera vio la botella, repetía su mente, Ella era lo que su Ritsu no.

"¿Qué necesitan?" pregunto uno de los chicos encargados del mantenimiento y seguridad de la instalación.

"Los miembros de la banda No name, ¿Siguen dentro?"

"Díganle a Ritsu-san que Azusa la busca, por favor" la chica se inclino por el respeto que exigía tal petición.

"Veré que se puede hacer" el muchacho se rasco la nuca, parecían estar desesperadas de una manera muy diferente a la de cualquier fan.

Mio seguía repasando una y otra vez la actuación de Ritsu, evaluando superficialmente la diferencia entre sus nublados recuerdos y la nitidez del cambio al comparar un tiempo con el otro. La manera en que tocaba, el hecho de que dirigiera las baquetas a Sarah cuando esa seña la dedicaba a ella al inicio de cada canción, cada deseo, cada imploración para hacerla volver, todo ese esfuerzo por hacer lo que ella quería que hiciera le estaba cayendo en ese momento.

Su corazón no estaba decepcionado por lo que atestiguo, sino que le dolía haber dado todo de si durante su ausencia pero tan poco cuando la tuvo de frente.

"Tainaka-san se ha ido ya" le aviso el mismo empleado.

"Eso no es posible, la banda acaba de terminar hace menos de cinco minutos" alego Azusa.

"Vino preparada para huir tan pronto se trabajo fuera cumplido" una figura rubia salió para afrontar lo que Ritsu no.

"Sarah"

"Mio, ¿Hace cuánto tiempo ya?" Habló con cortesía, ella también tenía mucho por lo que sufrir con su aparición, pues estaba dando su lucha por perdida.

"¿Dónde está Ritsu?" pregunto armándose de valor.

"Ha traído consigo esa maldita cosa, se ha ido en moto tan pronto la presentación termino" informó.

Mio sintió la puñalada directo en el pecho cuando dijo eso, aunque lo esperaba, no creía que doliera tanto su nueva ausencia.

"No entiendo el significado de la botella" comento Sarah, sacando el artículo en cuestión y revisándolo, "Pero se lo haré llegar"

"Gracias" articulo Mio, renuente a dejarse entusiasmar por esa promesa.

"No sólo tú has sufrido ese cambio," compartió, "También me gustaría regresar ese algo en ella para verla sonreír sinceramente"

Mio le respondió con la misma sonrisa que Sarah veía en la cara de Ritsu cada día, cuando intentaba hacerla feliz y no lograba, estaba harta de no ser lo que ella necesitaba.

Le había llevado mucho tiempo hacerla aceptar una parada en Japón, porque no quería hacer un recorrido en el pasado, no si evitaba con ello, volver a tocar ese dolor para el que ya era inmune.

"Akiyama-san" la llamó justo cuando se daba la vuelta para encontrar al resto de sus amigas, "Ella ha dejado esto en el escenario, es un descuido muy grande siendo que las estima tanto" Mio pudo ver un par de palos de madera, no los reconoció en un principio pero al acercarse y tomarlos con la mano.

Tuvo sentido para ella, aquellas baquetas representaban un sueño realizado en sí y haberlas abandonado significaba que estaba dispuesta a abandonar el otro.


De regreso a casa nadie dijo nada, todas llevaban el espíritu rosando el suelo, habían fallado en la misión, tantas semanas de planeación y se había arruinado por la poca disposición de Ricchan.

Azusa era la más defraudada, sentía que podría haber hecho algo más, decirle a Ritsu que Mio estaría ahí u obligarle a quedarse, alguna acción pequeña pero que pudiera marcar la diferencia.

Sawako-sensei aún no perdía la esperanza, sabía que por muy terca y distraída que fuera Ritsu, tendría que captar el mensaje y regresar.

"Fue un fin de semana fuera de lo previsto" bromeo con tan poca credibilidad Mio que apenas obtuvo algunas risas por educación, "Se los agradezco mucho"

"No fue lo esperado" dijo una.

"Lo intentaremos otra vez, sólo tenemos que saber donde se hospeda y…" exclamó Azusa recuperando un poco el ánimo.

"A veces, sólo a veces, debemos dejar ir los sueños" la interrumpió Mio.

"Eso no es verdad" la contradijo Yui, "Tú no quieres que eso pase, tú quieres que Ricchan vuelva y nosotras deseamos que lo haga"

"Exacto Mio, una vida donde los sueños se sacrifican por una causa u otra, no es…"

"¡Basta!" profirió Mio en tono cansado, "Les agradezco profundamente lo que han hecho por mí pero ya basta, ella no quiere estar aquí y es hora de que vaya imitándola, creo que es momento de cerrar este capítulo"

"Mio idiota" fue la expresión uniforme de todas, no obstante, ninguna siguió. Al parecer, comprendían el cansancio de la antigua bajista.


Al pasar el festival volvió a su encierro, tan sólo escapando de él para promocionar su última novela, muchos fans del género la esperaban ansiosos, estaba segura de que aquellas personas melosas con gusto por lo cursi y dramático quedarían fascinados.

A estas alturas de su escritura, empezaba a preguntarse cómo fue que llego a escribir algo con lo que ella no contaba desde tres años atrás.

No tenía la menor intención de salir de su apartamento, era un día gris y ya amenazaba con lluvia, el mejor ambiente para sentirse exactamente así, sin ánimos ni energía, dejándose en casa, con el objetivo de no hacer nada más allá que auto-compadecerse por no haber hecho más cuando tuvo la oportunidad.

La botella en sí, no obtendría respuesta y por más que Sarah hubiese prometido ayudarle, no tenía claro si fue o no sincera en el momento, quizá haría lo contrario, poner mayor distancia entre las dos… Ya lo había hecho antes.

Colocaba toda la esperanza que le quedaba en un pequeño recuerdo y la mujer que estuvo secretamente enamorada de Ritsu por varios años.

Pero no existía alternativa, si huía de nuevo no tenía la menor idea de a donde seguirla y tampoco sentía que debiera hacerlo, quizá, ya era momento de empezar a pensar en una vida sin su compañía.

"Akiyama-san debemos irnos ya" dijo su agente, el único con la suficiente persistencia como para obligarla a salir de su enclaustro voluntario.

Justo ese día, entre todos los que podrían ser, debía cumplir con un compromiso en una librería del centro, un pequeño evento para celebrar la salida del libro y agradecer su compra, Mio firmaría algunos ejemplares durante toda la tarde.

Su agente le prometió que no dudaría más de dos horas… dos horas de aburrimiento y sufrimiento desproporcionados.

Inicio fingiendo una sonrisa y mostrando gratitud, en algún lugar profundo de su ser, quizá si sentía un poco de alegría por el éxito que estaba alcanzando pero el panorama actual no le permitía disfrutarlo como debía ser. Lo cierto era que no le complacía estar ahí, pidiendo y escribiendo un nombre junto con un mensaje potencialmente falso, repitiendo una y otra y otra vez gracias, tanto que ya había perdido sentido.

El enfado y frustración la estaba cazando como la presa más fácil, su agente sólo le presionaba el hombro y le incitaba a continuar, decía números, le prometía que pronto terminaría, inclusive llego a comentar que se soportar lo necesario obtendría una maravillosa sorpresa…

Seguía porque no quería escuchar las vacías promesas del tipo, también porque entre más rápido firmara, la muchedumbre se terminaría en poco tiempo y aunque lo negará, no quería defraudar a todos los que creían en ese romántico mundo imaginario.

Pero por más que se esforzase, el día seguía limitándola en ánimos.

Veía el reloj entre libro y libro que llegaba a sus manos, por más que lo deseara, el 21 de Agosto no pasaba tan rápido ni tampoco tenía la capacidad de olvidar por un corto segundo lo que significaba.

"Bien, tendremos un pequeño receso" anunció su agente, los que concurrían la librería se levantaron en quejas, "Akiyama-san está un poco cansada"

Mio le miro con un poco de desprecio, le estaba arrebatando la oportunidad de irse lo más pronto posible de ahí.

"Podríamos seguir, llevan mucho tiempo esperando" respondió ante la tentativa de seguir ahí por más tiempo del previamente concebido, "Siguiente" pidió.

De repente se comenzó a formar revuelo, al parecer venía de la entrada, eran pequeños murmullos entre las personas, gradualmente fueron subiendo de tono, sonaban emocionados. Esto solo servía para fomentar el fastidio de la joven autora.

"¿Me permite?" oyó que preguntaron pero no puso demasiada atención.

Un ejemplar fue puesto en la mesa, Mio se abstuvo de levantar la mirada, estaba decidida a terminar su trabajo ahí.

"¿Para quién va la dedicatoria?" mascullo intentando sosegarse, extendió la mano para cogerlo pero le fue imposible, un silencio recorrió el lugar, parecía que toda la atención la estaba recibiendo Mio y eso, aparte de molestarle, la estaba poniendo sumamente nerviosa.

"Para Ricchan…" Súbitamente el libro cedió ante su tacto, una corriente le recorrió el cuerpo tan bruscamente que la hizo incorporarse de inmediato, su mirada se estrello con esos ojos castaños cortésmente descubiertos gracias a una diadema que entonaba perfecto con la ropa.

Su corazón empezó a latir tan fuerte que le era posible escucharle golpeando en sus oídos, sólo dos palabras bastaron para que se quisiera escapar de su pecho y reunirse con esa parte que le robaron cuando ella desapareció.

A pesar del tiempo y corto olvido, su voz le resultaba demasiado familiar, su mente no le hizo justicia alguna, ahora que le veía a tan pocos centímetros de ella advertía como los años maduraron sus rasgos e inclusive lucía mucho más atractiva que en sus últimos recuerdos.

Llevaba puesta una gabardina hecha a medida de color claro y en el cuello una bufanda que le protegía del gélido clima nipón, se veía sencillamente radiante, hasta se notaba un poco más alta.

No supo como logro firmar la primera página o que había escrito, su mente era dominada por pensamientos desordenados: "ahí estaba, frente a mí, sonriendo y lo único que puedo hacer es regresarle el libro temblando, grandioso"

Se lo dio como quien no quiere la cosa, su poco discreta mano la delato cuando hizo vibrar el objeto en poder de Ritsu, su atención fue captada por el hecho de que portara un solo guante.

"Muchas gracias Mio-chuan" volvió a sonreír, dio media vuelta y salió del lugar, varias personas fueron tras ella, mientras Mio sólo atinaba en seguirle con los ojos hasta desaparecer de su capo de visión vista.

De alguna manera su alma se había ido a seguirla pero su cuerpo no, sólo se quedo estático, pegado a esa silla y a esa pluma, sin dar el amago de siquiera levantarse a gritarle que volviera o que aguardara.

"Espera…" susurro tan bajo que ni el aire a su alrededor se altero.

"Faltan pocas personas y han estado esperando su autógrafo desde hace tiempo, sólo esfuérzate un poco más" le dijo el agente en la oreja, Mio saltó de su asiento y se dio la misión de salir corriendo de ahí, ignoro el grito de ese molesto hombre o las miradas inquisitivas de las pocas chicas que quedaban en el recinto.

La calle se mostraba apacible, como si no hubiera pasado por ahí una multitud de curiosos persiguiendo a una joven estrella del rock, no existía señal alguna de que en realidad pasara por ahí.

"Volvamos dentro" le ordeno su agente, tomándole por el hombro y redirigiéndola.

Las habladurías no se hicieron esperar, pero por primera vez en su vida, poco le importo, había tenido la oportunidad de verla, hablar con ella, regresar a ese pasado y evocarlo con su versión, el volver a ser tomada de la mano cada noche al dormir acompañado de ese constante y sincero te quiero.

Se perdió en la incertidumbre de su visita y el resentimiento que negaba dejar salir, pronto resurgió en rabia.

¡¿Para qué volvió si no se quedaría?

¿Qué ventaja tenía el mostrar su estúpida sonrisa e irse inmediatamente?

"Akiyama-san" le llamo la niña que veía con terror como Mio clavaba la pluma en la primera hoja y rayaba con total coraje.

"Se repondrá con otro" intercedió el odiado agente. Mio lo miro con furia, era culpa suya que no se reuniera con Ritsu.

"Lo siento" expreso Mio honestamente, se hizo de otro, lo dedico y se lo entrego. La niña lo agradeció infinitamente mientras le compartía lo mucho que amaba la manera en que se plasmaba en sus historias.

Era la última del día, sintió una mezcla desagradable de alivio y desconsuelo, seguido por un hueco en el pecho, un vacio que no había sentido anteriormente.

Salió antes de que el imbécil de su agente le invitara a celebrar el éxito obtenido o se pusiera a sermonearla por la manera insensata que actuó.

El día por fin cumplió su amenaza, las primeras gotas empezaron a estrellarse en su ropa, se obligo a emprender camino para evitar mojarse más pero en cuestión de segundos su ligera chaqueta ya estaba escurriendo, se regaño por ser tan cabeza hueca y coger lo primero que estuvo a la mano.

"¡Nada para mejorar el día!"Emito sarcásticamente alzando salvajemente los brazos y dejándolos caer de la misma manera, casi haciendo una rabieta, "Ritsu Idiota"

"Hay cosas que nunca cambian" se escucho esa voz en su espalda.

Permaneció un tiempo sin moverse, antes de virar 180 grados en su mismo eje, respirando lentamente para mitigar el agresivo palpitar que su corazón estaba llevando a caso, cerró los ojos, presionándolos con toda su fuerza pensando en que si había sido una jugarreta de su imaginación por lo menos tendría la sensación de estar preparada para soportar la desilusión al abrirlo nuevamente… parpadeo dos veces antes de enfocarle correctamente, increíblemente se encontraba ahí, mostrándose mojada de pies a cabeza, Mio ni siquiera era capaz de creer su suerte.

Espero tanto por ese instante, lo planeo en su cabeza variadas ocasiones, lo repaso dialogo por dialogo para recitarlo correctamente cuando, lo que estaba sucediendo exactamente ahora, fuera perfecto.

No obstante, no hacía absolutamente nada salvo seguir respirando, recordándose que debía hacerlo, sólo porque no lograba encontrar en sentimiento que más la estaba atacando.

Observaba la flamante sonrisa que le demostraba esa vieja chispa en ella, sus ojos eran la viva imagen de ese intacto recuerdo de juventud, mucho muy ajeno a su actitud en el escenario de días atrás.

"Yo… er, quería conseguir algunas flores pero el clima no me ayudo y tampoco el número de gente que me seguía" se disculpo ofreciendo una caja de pockys al tiempo que se rascaba la nuca avergonzada, no lograba mirarle a la cara directamente, sobre sus mejillas se dibujaba un rubor difuso.

Mio se arrojo, literalmente, a sus brazos, la golosina salió volando mientras la lluvia camuflageaba las torpes lágrimas.

"Ritsu, Ritsu" gimoteo.

"Estoy aquí, he vuelto" le acarició el cabello, Mio sintió por segunda vez aquella corriente pasar pos su cuerpo, "Aunque me sorprendió mucho la manera en que me recordaste que yo seguía estando ahí… en tu corazón" Mio la miro con detenimiento, Ritsu se sonrojo más al ver la moe-xpresión, "Después de todo, estabas con ese tipo y lucias tan…"

¡Zas!, el golpe la noqueo al instante.

"¡Duele!" gritaba, Mio seguía dando pequeños golpes en la coronilla de la castaña, "Maravillosa bienvenida, es el perfecto regalo de cumpleaños Mio-chuan" comento un poco irritada, "No esperaba menos de ti, estuviste conteniéndote por años, así que supongo debías aprovech…" unos labios taparon el reprocho, era la sensación más hermosa del universo, por ello privarse de la misma había resultado el peor castigo.

Sus labios se tocaron, reconociéndose una vez más, impacientes por unirse pero tan tímidos como la primera vez que se besaron realmente.

El tiempo se paralizo, era como si la gente que pasaba o las gotas que cubrían el ambiente se detuvieran para que ellas se pudieran mirar así, pendientes la una de la otra por su alocada respiración.

Se estaba convirtiendo en el mejor de los reencuentros, todo lo que mil justificaciones y pretextos no lograban decir, se lo hacían llegar a la otra en cada suspiro.

Pasó su mano lentamente por su rostro, quería volverlo a reconocer hasta sin tener que verla, deslizó sus dedos por su húmedo cabello, sonriendo dichosa por lo que pasaba por su mente: Había vuelto, estaba ahí sólo para ella.

Le quito la diadema sin previo aviso, dejando que el alocado flequillo invadiera su cara, dándole un aspecto completamente diferente, provocando otro vuelco de su –ya de por sí- eufórico corazón, recordándolo mucho que la derretía a los diecisiete años y percibiendo como lo hacía ahora.

Ritsu la tomo por la mano y la obligo a salir de ahí, al parecer, fue la primera en notar que la lluvia no había cedido y que ambas eran figuras fácilmente identificables. Corrieron por la acerca, jugando con el agua como cuando eran un par de adolescentes a las que un resfriado no les asustaba- o por lo menos a una de ellas- disfrutando de ese jugueteo y de la simple perspectiva de que volvían a estar juntas y felices.

"Es hora de irnos" le comento sonriendo sin caber en sí misma.

"¿A dónde?" la pregunta salía sobrando, Ritsu rió sólo de imaginarlo.

"No lo sé"

Mio asintió, no necesitaba de un plan si se encontraba a lado de su mejor amiga, jamás hizo falta. Sujeto su mano más fuerte al tiempo que arrojaba la diadema al aire y corría como ya lo había hecho antes, en el justo momento en que ambas revelaban su mutuo sentir.


NOTA FINAL.

Espero haya sido de su agrado en mayor parte, me encanto escribirla, obtuve mi beso bajo la lluvia (el cliché de mis historias románticas) un final feliz y drama, mucho drama.

¿Cumplió las expectativas?

Lo sé, ha sido un final MUY flojo es por eso que, como enemiga de los finales abiertos, les traigo un pequeño complemento.

Se aceptan tomatazos, yo misma me aventaría algunos porque no es exactamente el resultado que esperaba pero bueno, le echaré la culpa a la Universidad que me seco el cerebro el último mes.

Lo sé, existen muchisimas contradicciones, se repite una y otra vez lo mismo pero mi objetivo era subirlo hoy, así que, es provisional hasta que lo edite ;)

* En Japón los cursos inician en abril y Mio se devolvió a Tokio a mediados de Mayo ;)

Sin más, les dejo el final completo.


"¡No! Arráncame las uñas si así lo deseas pero no me obligues a hacer eso" imploro una Ritsu amenazada.

"¿Has escrito tantas cosas y no eres capaz de recitar en público?" pregunto sarcásticamente Sawako-chan, impregnándole una doble intención.

"Es sumamente distinto, estaban hechos para Mio, se supone que sólo ella los leería pero esto, esto no"

"¿Dirás tus votos o no?" su tono ya era alarmante.

"¿No podemos usar los usuales? Esos de en la salud y la enfermedad, en riqueza y pobreza…"

"NO" sentenció su ex profesora.

Era todo, no había vuelta atrás.

La ceremonia estaba lista, las flores había llegado temprano y los invitados comenzaban a llenar el lugar, inclusive ella ya se encontraba en posición, temblando, sin saber cómo demonios llego a ese punto.

"En verdad, ¿Cómo he llegado a esto? Dime Mugi, ¡¿Cómo?" la ansiedad empezaba a consumirla.

"Al final del día valdrá la pena, confía en mí" contesto la chica ayudando a su amiga con la corbata.

Por primera vez en bastante tiempo, las cinco ex integrantes de HTT se hallaban en el mismo lugar, Yui y Azusa hablaban animadamente en primera fila, Mugi la acompañaba para dominar esos nervios traicioneros y Sawa-chan la contenía con una mirada de advertencia. Tenía prohibido moverse siquiera un par de centímetros de ahí.

Iba a realizar su más grande sueño temblando como nunca lo había hecho.

"Sólo ten en mente decirle lo mucho que la quieres" le guiño el ojo Mugi-chan cuando Mio arribo del brazo del señor Akiyama.

Ritsu se torno roja cuando su suegro poso la mano de Mio sobre la suya e intento voltear a todos lados menos a los penetrantes y tímidos ojos grises.

El juez inicio con la ceremonia, dando el sermón de memoria y sin proveerle de mucha emoción, cuando se acerco el momento de declarar oficial la unión con el típico 'si, acepto' Sawa-chan comenzó a toser, al principio era discreto hasta que se volvió una distracción para todos.

"S-si me permite, qu-quisiera recitar mis propios votos" balbuceo Ritsu ante la sorpresa de los presentes, Mio se sorprendió, ella no había preparado nada especial, ese fue el trato.

"Bien" cedió el juez.

La castaña inspiro hondo y comenzó:

"¡Que poco me ha costado amarte!, inicio siendo un juego de niñas donde mi mayor placer era estar ahí, junto a ti. Cada vez que lo pienso, no consigo dar con el origen, es como si siempre hubiera estado, desde la primera palabra que te dirigí.

Compartimos una amistad antes de un amor, buenas y malas experiencias. Hemos aguantado una a la otra, tú mis bromas y yo tus golpes, ¿Sabes? Me pregunto cómo es que tú perdiste la memoria si yo he recibido más porrazos en la cabeza" bromeo para aligerar un poco tanta cursilería, "¿Eres capaz de notarlo? Te he querido siempre, ni el tiempo ni los recuerdos perdidos lo han logrado cambiar. Eres la luz que ilumina mis ojos, la musa que incita mi inspiración y mucho más que la música que viene para hacer vibrar mi corazón.

Así que dado el éxito obtenido, quisiera seguir así el resto de nuestros días…"

Hubo una pausa, Ritsu escuchaba sus palpitaciones en los tímpanos y sentía el pulso en su cara, casi podía asegurar que sentía un desmayo próximo.

"¿No más motos?" pregunto Mio.

"¡No más motos!" articulo Ritsu.

"Acepto"

Los que observaban a las chicas explotaron en gritos y aplausos, el juez que lo veía justo enfrente, se preguntaba donde estipulaba la recitación de votos pero lo dejo pasar si con ello se podía ir antes.

La joven pareja sello con un beso la boda.

La fiesta empezó en el momento mismo que Mio arrojo el ramo que, casualmente, cayó directamente en las manos de Azusa-chan, Yui se acerco estratégicamente y la chica se sonrojo tanto que tuvo que esconderse tras las flores. Ricchan le guiño el ojo, mientras la otra castaña le mostraba el pulgar arriba discretamente.

Mugi-chan paseaba entre las mesas, verificando que su organización no mostrase ningún desperfecto.

"Si que tardaron en casarse" comento Sawa-chan justo cuando la rubia tomaba lugar en su mesa.

"La boda fue realmente corta" replico Mugi extrañada del comentario pero al pensarlo un poco mejor comprendió, fueron 4 años desde la entrega del anillo hasta el 'acepto' de ambas. "Espero que la otra parejita no nos haga soportar lo mismo" indico señalando a Yui y Azusa, detrás de ellas se encontraba el aura negra de Ui.

"Sólo faltas tú, Ojou-sama" dijo Sawako sin darle entonación especial.

Mugi volteo por el instinto al escuchar el honorifico, hallándose nariz con nariz. Desplazo rápidamente a Azusa en varios matices del color rojo en sus mejillas, escondiéndose tras sus manos, mitigando el retumbar salvaje de su corazón.

"Uno, dos… probando" un zumbido proveniente de un micrófono siendo golpeado por Yui resonó por lo amplio del lugar, logrando así captar la atención de los invitados, "Me siento feliz por Mio-chan y Ricchan, porque tras tanto al fin están juntas y porque Azu-nyan ha venido desde Inglaterra para la boda" Azusa se escudo de nuevo tras las flores, aún asombrada por su suerte, "Esto, bueno me gustaría que este día fuese inolvidable y quería tocar a Guitah que se siente muy abandonada"

Inicio la conocida canción, de manera en la que jamás había tocado durante los años del Keion-bu, pronto se le unió Azusa pidiendo al grupo contratado otra guitarra.

Las cejas de Mugi se alzaron y sus ojos irradiaron alegremente, corrió a su lado con una sonrisa que iba de oreja a oreja, estaba cumpliendo sus únicos dos sueños en el mismo día: Ver a sus amigas juntas y que el HTT se reuniera por lo menos en una canción.

Las anfitrionas seguían disfrutando de la espontanea actuación de las chicas, hasta que Mio cogió la mano de Ritsu y la llevo hasta donde la batería.

"Todo este tiempo, siempre has faltado tú" le guiño el ojo, yendo con el bajista y pidiendo prestado el instrumento.

Ahora sí, con las cinco chicas sobre escenario y unas cuantas decenas de personas en silencio, los tres pausados golpes de las baquetas se hicieron presentes.

"Un, dos, tres…"

Comenzaron dentro del compas, todas acopladas y sin que se notara en ningún instante algún error, era evidente que Ricchan era una artista de talla internacional, que Mugi y Yui le hacían justicia a sus miles de horas practicando juntas, Azusa por fin exprimía el talento que estaba guardando y Mio… Mio cantaba como los mismos ángeles.

Ritsu podía llevar la batería para esa melodía inclusive sin enfocarle toda su atención, la sabía de memoria, era como si sus manos la tocaran por si solas.

Sus pensamientos iban para la vocalista, aquella niña que creció a su lado y con quien ese día se había prometido pasar los días que restaban, la muchacha con quien paso lo mejor en su vida y, si bien fue causa de su mayor tristeza, también era origen de su mayor alegría.

Con ella paso y experimento todo por primera vez… una verdadera amistad, su primer concierto, su primera sesión de práctica, su primer beso, la primera vez que le rompieron el corazón, así como la primera ocasión en que decidió ser cursi, Mio era la primera y la última persona en su vida.

Verla así, dándole la espalda, deshaciéndose de cualquier inhibición pasada y dejando salir todo lo que representaba, reiteraba uno de los muchos cambios que obtuvo en su ausencia pero también uno de los grandes beneficios.

Quizá cometió un error muy torpe cuando huyó desconsoladamente, pero en ese momento, mientras tocaban con tal emoción la batería, creía en el acierto que fue, después de todo, había servido para que en su reencuentro, su amor estallara como no lo hizo antes.

Aunque aún le quedaba algo más por experimentar con Mio.

"Mio-chuan" la llamó con tono insinuante.

"¿Si?"

"Estaba pensando… y no digas que es una novedad" le advirtió, "En que esta noche…"

"¿…Está noche?" pregunto temerosa.

"No sólo nos tomaremos de las manos…" le saco la lengua, guiñándole un ojo. Regresando a su lugar y gritando que el HTT tocaría nuevamente otro éxito.

La joven novia quedo en tal shock, que Yui tuvo que cubrirla al micrófono, mientras Ricchan se reía en sus adentros.


Actualización 03/07/11

¿Es tan malo que sólo amerita 3 reviews?

marianakawaii, aparece y deja tu tan prometido review tipo biblia ¬¬' (No te creas, no hay presión)

En fin, sólo quería volverles a agradecer el que lo leyeran y que dejaran un review.

¡Ah! En vista de que en otro foro donde publico (Coyuhi, para ser exacta) me pidieron algo más 'perver' estoy planeando un pequeño One-shot que será agregado a esta historia.