Disclaimer: Todos los lugares y personajes conocidos pertenecen a J K Rowling.
Nota: Respuesta a pedido "Oliver Wood y Katie Bell en la batalla"
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Cuando le dijeron a Oliver que uno de los primeros objetivos alcanzados por los mortífagos había sido el Campo de Quidditch, se sintió morir allí mismo.
Pero antes de eso, decidió que lo mínimo que podía hacer era coger una escoba, verlo con sus propios ojos, y darle una soberana patada al primer carroñero que encontrara en el camino.
Su campo, habían osado destruir su campo.
Tal vez fuera ridículo visto por otra persona, una parte de él se lo decía, pero era una muy pequeña. Sabía que estaba allí para luchar por Hogwarts, que si Voldemort ganaba, lo último de lo que debería preocuparse era el Campo de Quidditch, pero aún así…. Era su campo.
Así que no lo pensó mucho, tenía que verlo, al menos una vez más, antes de que no quedara nada en pie.
No creyó al ir hacia allí que iba a encontrarse con decenas de hechizos lanzador por aire y tierra; gracias a Merlín que era tan bueno volando, porque apenas si logró esquivar todo lo que iba en su dirección.
Estaba por retroceder y volver al castillo cuando un mortífago salido de la nada fue contra él, listo para el ataque. No alcanzó a levantar la varita a tiempo, pero antes de que pudiera pensar en lo poética que resultaría su muerte justo sobre el campo, un potente hechizo se interpuso para ponerlo a salvo.
—¡Vamos, capitán! ¿Qué pasó con tus reflejos?
Debería estar sorprendido, pero la verdad era que no. Por supuesto que era ella, con el cabello al viento, un arañazo en el rostro, y esa sonrisa que hasta ese momento no tenía idea de cuánto había extrañado.
—¿Siguiéndome, Katie? Voy a pensar que estabas preocupada por mí.
La chica dio una voltereta en el aire para esquivar otro hechizo, y poniéndose a su altura, lo miró sin dejar de sonreír.
—Yo también te he extrañado, Oliver, pero creo que podríamos hablar de eso luego, ¿qué te parece si ahora defendemos nuestro campo?
Una escoba al lado de la otra, varitas en posición de ataque, y la seguridad de que tal vez no pudieran hacer nada ya por ese lugar que significaba tanto para ambos, pero dispuestos a intentarlo, porque después de todo, no era tan solo el Quidditch lo que los mantenía juntos.
