Capítulo 3

-¿Qué te ha pasado?

-Naaada

-¿Enserio?

-Siiii

-¡Venga dímelo!

Camino a la biblioteca (cómo no) Ron no paraba de preguntarle a Herms sobre los lloros, a lo que esta siempre respondía negativamente.

-¡Ya te he dicho que no Ronald! –le gritó, parándose y poniéndose enfrente de él con mirada amenazante. Luego se giró y salió pitando hacia la biblioteca, en su camino, se chocó con Draco, y esto hizo que se le volvieran a caer todos los libros.

-¡Joder! –gritó cuando se estampo contra él-.

Antes de empezar a disculparse se fijo en quién era y en que pintas llevaba.

Tenía el pelo más despeinado e iba con camisa blanca y pantalones vaqueros, con la corbata, eso sí, sin la túnica le impresionaba más. Pero lo que le llamó la atención fueron los ojos, hinchados. Intentó fingir enfado.

Draco ya se estaba levantando y había cogido todos los libros, para después dárselos, Hermione aún seguía cabreada por la 'broma' de antes y soltó todo.

-Sí, claro –dijo cuando cogía los libros de los brazos de Malfoy- no querrás que el suelo de tu preciado colegio se manche con los libros de una sangre sucia.

Y se fue, así de ancha, dejando a Malfoy con la boca abierta, pensaba ser amable esta vez, pero ella parecía realmente cabreada. Así que cuando ella se dio la vuelta Draco corrió hasta ella y le cogió del brazo que tenía libre.

-¡Deja de darme la espalda y escúchame Herms! –le gritó-.

Ella se giró, enfadada, y herida, pero a la vez sorprendida, su tono no había sido de desprecio, había sido como de súplica, pero pensó que habían sido imaginaciones suyas. Además de que la había llamado por su apodo. No apartó el brazo.

-¿Qué quieres Draco, insultarme más? Venga estoy aquí, suéltalo todo y no me molestes más.

La miró fijamente, para que supiera que lo que iba a decir era verdad.

-Lo siento. Perdóname.

Soltó su brazo, y se largó, dejando a Hermione plantada en medio del amplio corredor, donde algunos habían escuchado las palabras que no parecía que habrían salido de la boca de Malfoy.

Definitivamente, ahora no podría concentrarse a hacer los deberes, así que se marcho al Invernadero, a pensar… a pensar en esas tres palabras que había oído salir de la boca de Draco.

Casualmente, alguien también pensó igual.

No sabía de dónde habían salido esas pablaras de su boca. No lo tenía planeado, simplemente, las soltó. La veía tan cabreada que no pudo más. Inmediatamente se arrepintió, no porque no fueran verdad, no, era completamente una verdad. Solo que había demasiada gente en el corredor que le había oído decir esas tres palabras a Granger.

Su sitio favorito para pensar era el invernadero, no estaba en completo silencio debido al viento y a los sonido de aquellas plantas, pero eso le gustaba, el completo silencio el agobiaba.

Y ahí se encontraba, sentado, apoyado en una pared, con el aire moviendo su platino pelo y el sol de la tarde reflejado en sus ojos. Se había quitado la corbata y había abierto algunos de los botones del cuello de la camisa, ya que le había puesto el corazón a mil cuando había pronunciado esas pablaras.

No debería haber pedido perdón, debido a la misión que le habían encomendado solo hacia unas semanas. Una misión, en la que él no estaba nada de acuerdo.

-Muy bien Draco… Quiero que me hagas un favor, lo harías ¿verdad? ¿Sea lo que sea?

Draco tragó saliva y asintió. Se encontraba ante la presencia del Señor Tenebroso, le rodeaba, observándole, mientras le decía esas palabras.

-Quiero que me traigas a Hermione Granger a la mansión, mejor, te lo pondré más fácil, cuando ella esté cerca de ti, a solas, iré, simplemente lo notaré… Iré a por ella, tendrá ese magnífico honor, ¿quieres Draco?

Draco abrió enormemente los ojos, trago saliva. No, no quería y sabía que él sabía que él no quería hacerlo.

-Debes de dejar de sentir debilidad por esos sangres sucia Draco…

Y desapareció, no dándole opción, o se encontraba con Hermione Granger a solas, o sufrirían todos un terrible castigo. Se le empañaron los ojos.

Un sollozo se le escapó al recordar lo que tenía que hacer. Simplemente, verla en secreto, eso era, sin embargo, no quería, no quería, no quería sacrificarla... No… Las lágrimas se le escaparon sin poder evitarlo, era débil, era muy débil desde que se había unido a él…

-¿Draco? -una voz demasiado familiar le hizo abrir los ojos de repente. Hermione Granger, estaba delante de él, y estaban a solas.

-¿Qué te pasa? –normalmente se alegraría de que no estuviera cabreada con él, o confusa, da lo mismo, pero en ese momento, solamente deseaba que se vaya de allí.

-No… -Sus ojos denotaban terror, la marca le ardía- ¡Ah! Se agarró el brazo, se arremangó las mangas y vio que al marca se oscurecía, Hermione tenía los ojos muy abiertos.

-Draco, que…

-¡Corre! ¡Corre! ¡Ahora, sal de aquí rápido, ya viene!

-No te entiendo Draco, que pasa... –Imploraba Hermione, buscando una respuesta, no entendía nada-.

-¡Maldita sea Hermione! –la marca le ardía más y el castillo no estaba protegido, tenía que sujetarse el brazo, ya que le dolía, pero ahora le daba igual, un humo negro se aproximaba por el cielo- ¡Corre!

Le cogió la mano y corrió lejos de allí con ella, iba muy rápido, Hermione casi no podía ir a su velocidad, pero se esforzaba. Se oían explosiones por detrás, cristales rotos y ahora lanzaban hechizos contra ellos. Ambos corrían a la máxima velocidad que podían, pero Voldemort, como una sombra, logró alcanzarlos y se puso delante de ellos. Ambos frenaron en seco.

-Sabes que no deberías haber hecho eso Malfoy.

En su presencia se encontraba Voldemort, y era más escalofriante aún, cuando ambos se encontraban en el Bosque Prohibido. Tenía la varita sujetada en sus dedos esqueléticos.

Draco, siguiendo su instinto, se puso delante de Hermione, no pensaba, simplemente actuaba. Sacó su varita y le apuntó, Hermione hizo lo mismo, saco la varita e intentó moverse de detrás de Draco, pero éste no le dejaba.

-No la tocarás –afirmó Draco-.

Voldemort rió amargamente y lanzó un hechizo que Draco fácilmente interceptó. No contaba con una cosa.

Draco empezó a retorcerse de dolor, y se agarró al cabeza, como si le estuvieran clavando cosas, y chilló, se cayó al suelo, y siguió retorciéndose. Hermione estaba horrorizada. Se arrodilló en el suelo e intentó hacer lo que sea, dejó su varita en el suelo y busco un sitio donde apoyar las manos en Draco, no sabía qué hacer, mientras tanto, Draco seguía chillando y retorciéndose. Por la cara de Hermione resbalaban lágrimas silenciosas.

-¡Pare! ¡Pare! –suplicó. Consiguió agarrar los brazos de Draco y los sujetó.

Voldemort hizo un gesto, como si rompiera el aire, y Draco paró de chillar, pero aun estaba respirando agitadamente, debido al dolor.

Hermione miró a Voldemort a la cara.

-Eres horrible –le dijo, sin temor. Naturalmente, a él le molesto y ésta vez, la maldición fue dirigida a ella, que se retorció, Draco, impulsado, se levantó y fue hacia Voldemort, apra hacer lo que sea. Éste rompió el aire otra vez y la maldición paro, pero gritó un hechizo hacia Malfoy, que se acercaba peligrosamente a él.

Sectumsempra!

Draco salió disparado hacia atrás, cerca de Hermione, y ésta, que sabía los efectos de ese hechizo, rápidamente se incorporó y fue hacia él, que ya comenzaba a sangrar. Le cogió el brazo y se desapareció.