Los personajes de Ranma no son de mi pertenencia, son de la excelentísma Rumiko T., y yo los uso sin fin alguno de lucro.

Aprendiendo a ser una dama.
J
anne & Harry. ;)

Go.

Acéptalo.
.

Ranma regresó corriendo hasta el dojo, presa de un presentimiento que no sabía de dónde había salido.

Estaba solo, sentado en un parque de por ahí, pensando. Pensando básicamente en dos cosas que siempre consumían sus pensamientos, y que de una u otra forma se entrelazaban: Su maldición y Akane. En Akane pensaba porque estaba molesto, esa fea marimacho siempre lo estaba peleando, agrediendo y gritándole cosas hirientes, aunque él no era tampoco un santo con ella, pero eso era otra historia. Su maldición era algo que lo hacía mantenerse inseguro de sí mismo. Al pensar que tocando el agua fría se convertía en una mujer se sentía un hombre incompleto.

Se estarán preguntando en qué se entrelazaban, bueno, era bastante fácil, en realidad: No podía casarse con Akane mientras fuera un mitad mujer. Sería algo antinatural.

Por ello pensaba en irse a Jusenkyo y vencer su maldición, regresar y... pues cumplir la parte del acuerdo de sus padres que le correspondía.

Claro, en caso de que Akane aceptara.

Abrió la puerta y vio a Genma, Soun y Nodoka sentados alrededor de la mesa del comedor que Akane más de una vez le había lanzado.

―¿Qué ocurre? ―Preguntó al ver sus rostros turbios.

Fue Soun quien contestó, con una voz inmutable.

―Akane se fue.

¿Qué?

¿Cómo?

―Sí, hijo, lo que escuchas ―dijo Nodoka, impascible.― Akane se fue.

¿Qué? ¿Sola? ¿Así sin más? ¿Sin avisar? No pudo más que sentirse ligeramente culpable. ¿Ligeramente? Más bien decir mucho.

La puerta se abrió y Nabiki y Kasumi entraron bajo un paraguas empapado al interior de la cómoda sala.

―¡Ya regresamos, padre! ―Avisó la mayor. Ver a todos allí parados menos a la peliazul llamó evidentemente su atención.― ¿Qué pasa? ¿Y Akane? ―Preguntó a vistas con preocupación.

El rostro del señor Tendo se oscureció.

―Adelida vino por ella, finalmente ―susurró.

El rostro de las hermanas no tenía precio alguno.

En la mente de Ranma se formulaban pregunta tras pregunta, decidió hacer la más importante de todas.

―¿Quién es Adelida?

Soun suspiró.

―Adelida es la peor persona que podrías tener como un familiar. ―Dijo Nabiki― Es orgullosa, inaguantable, testaruda y todo el tiempo te está corrigiendo. ¡Padre, cómo la dejaste!

―¿Eh? ―Ranma no entendía nada.

―Nabiki no seas grosera ―le reprendió Kasumi―, además, seguro papá tenía buenas razones para...

―¡La metiste en la boca del lobo, literal! ―Gimoteó.

Soun se levantó y golpeó la mesa con un puño, demandando así el automático silencio de sus hijas. Miró a los tres jóvenes que estaban ahí ―sus dos hijas y Ranma― y los invitó a sentarse con un suave movimiento de la mano. El joven pelinegro se sentó al lado de su madre, Kasumi al lado de su padre y Nabiki hizo un movimiento de indignación con la cabeza y prefirió mantenerse de pié recargada en una pared.

El señor se giró a ver a Ranma.

―Hijo, ¿qué quieres saber? ―Le preguntó.

―Y ¿por qué me pregunta a mí? ―Dijo a la defensiva y sobresaltado.

Soun se encogió de hombros.

―Porque supongo que tienes dudas de por qué Akane se fue, ―dijo simple― ya que es tu prometida ―agregó.

Ranma fingió indignación y se giró cruzando los brazos sobre su pecho, cerró los ojos y bufó fingiendo desinterés.

―No me importa que Akane sea mi prometida ―dijo resuelto―, pero quiero saber quién es esa Adela que tanto dicen.

―Adelida ―corrigió Soun y comenzó a relatar― es una tía de mis hijas, gran amiga, casi hermana de mi esposa, que en paz descanse...

―Suficiente ―dijo Nabiki, que no pudo mantener su fachada de indignación―, no me pienso quedar a ver como adulas a esa mujer. Me voy.

Si giró y comenzó a caminar a su habitación. Kasumi le quiso detener, pero fue detenida.

―Déjala, Kasumi. Tu y yo sabemos que es un tema delicado para ella. ―La mayor de los Tendo suspiró.

―No entiendo ―dijo Nodoka, después de unos minutos de silencio.― ¿Por qué se tuvo que ir?

―Si me permiten continuar sin más interrupciones... ―Comenzó Soun.

La mañana era lluviosa y, dentro del Dojo sólo se escuchaban los gritos de una mujer que daba a luz. Los gritos de ella eran mezclados con los truenos y relámpagos de afuera.

―Vamos, ya casi ―alentaba un Soun mucho más joven.

―N-No puedo más ―y volvió a gritar, siendo escuchado, finalmente, el llanto de una pequeña bebé.

―Es... Es una niña ―dijo el hombre mientras la lavaba y envolvía en una manta― y muy hermosa ―agregó.

La sonrisa de la mujer se hizo increíblemente hermosa cuando su esposo le entregó a la pequeña en sus brazos. La niña hizo un puchero y luego dió un grito. Frunciendo el ceño se acurrucó en el pecho de su madre y, cuando su padre le quiso tocar, soltó un chillidito.

La mujer rió.

―Creo que el mejor nombre para ella será Akane. ―Su esposo levantó una ceja.

―¿Quieres que nuestra hija se llame Niña Enojada? ―Preguntó.

Ante eso Ranma soltó una carcajada, pero se calló al ver las miradas asesinas de todos los ahí presentes. Carraspeó e hizo una seña con la mano para que continuara con su relato.

Soun se volteó.

―No, tontito ―dijo la señora con una sonrisa― Akane es una flor que, aunque se ve... diferente por fuera ―no quiso usar ningún calificativo despectivo hacia su hija―, es un tesoro por dentro.

El hombre no dijo nada y se dedicó a abrazar a su esposa. Sus dos hijas anteriores estaban arriba, dormidas, por lo que no habían escuchado nada del escándalo que se había llevado a cabo abajo. Todo era perfecto, un cuadro digno de ser pintado, hasta que se abrió la puerta del dojo y una figura alta ―y temeraria― entró y se dirigió derecho a la mujer que acababa de alumbrar.

―¡Hermana! ―Gritó la mujer feliz― Te presento a tu sobrina Akane.

La mujer miró por sobre el hombro a la bebé que dormía, entonces su semblante se relajó.

―Es muy hermosa, querida. ―Se giró hacia el hombre y asintió― Muy buen trabajo, Tendo.

―Gracias ―dijo simple.

El relato del señor Tendo se vio interrumpido por un joven con trenza.

―Oe, oe, no entiendo nada. ¿Esa tal Adelida es tía de Akane? ―Preguntó.

―Si.

―Ah, bueno, prosiga.

―Creo que mejor me adelantaré un par de semanas, eso no es muy relevante que digamos ―dijo el señor Soun,― bastaría con decir que Adelida, de la nada, le agarró un gran cariño a Akane. Se quedó con nosotros partir de ese día ya hasta que se consumó la promesa...

―¡Que promesa, Tendo! ―Gritó exasperado Genma.

―¡Querido! ―Le reprendió Nodoka.― ¡Se paciente!

―Para allá voy, Saotome...

Había pasado ya, exactamente, una semana del nacimiento de Akane, y su madre, de la nada, había tenido una grave caída de salud. Al parecer, sin razón aparente.

―¿Cómo está, doctor Kenjitsu? ―preguntó Soun.

―Pues, ―comenzó a decir mientras guardaba sus aparatos― su mujer está muy débil, al parecer en el parto algo salió mal y acarreó alguna enfermedad. No puedo saber la gravedad hasta hacer más pruebas. ―Concluyó.

―Entiendo, doctor. ―Dijo serio.

Una suave mano se posó en su mejilla y comenzó a acariciarle con un infinito cariño. En la sala sólo estaban Soun, su esposa y Akane en brazos de su tía Adelida. Esta última estaba atenta a todo lo que pasaba con respecto a la enfermedad de su amiga/hermana.

Las niñas ―Kasumi y Nabiki― entraron a la habitación en cuanto el doctor se marchó.

―Papi, ¿cómo está mami? ―preguntó la pequeña Nabiki, sentándose en el regazo de su papá.

―Oh, pues, ―dudó― mami está bien, se va a recuperar muy pronto.

La señora le sonrió a sus hijas para dar validez a sus palabras.

―Pequeñas, ¿les molestaría ir por una taza de té por mí a la cocina? ―preguntó la señora.

Sus hijas salieron disparadas.

―Me hubieras pedido a mí, amor ―dijo el señor Tendo, la mujer negó.

―No, querido, te necesito aquí. ―Sentenció, se giró a ver a la mujer del otro lado de la habitación, que admiraba a la bebé como si fuera una gran pieza de oro― Adelida, acércate por favor. ―Le llamó.

La mujer caminó hasta ella y se arrodilló para quedar más cerca de su rostro.

―Escucha, hermana, en caso de que algo me llegue a pasar yo... quiero que tú te hagas cargo de Akane ―le pidió.

―¡¿QUÉ? ―Dijeron la mujer y Soun al unísono.

―Sí, quiero que ―se agarró el vientre por un repentino dolor― tu seas su madre.

―Querida, lamento decirte que no voy a permitir eso ―dijo Soun―, si algo llegara a pasarte YO me encargaré de criar a nuestras hijas, además que nada va a pasarte.

La mujer negó.

―Yo sé que ustedes no se llevan bien, pero quiero que Adelida le enseñe a mi pequeña como ser una mujer ―sus ojos se enfocaron en los grisáceos de la mujer― yo siempre te admiré, Addie. Quiero que Akane sea como tú...

―Repito, no voy a permitirlo ―dijo Soun.

La mujer volvió a negar.

―Entonces llegaremos a un punto medio. ―Sentenció― Akane vivirá contigo hasta la mayoría de edad, cuando la cumpla, irá con Adelida pra aprender todo lo que no pudo en estos años, ¿de acuerdo? ―Preguntó.

Soun negó.

―Hazlo por mí ―suplicó. Él, suspiró.

―Sólo si no se aparece por aquí en los dieciocho años ―dijo, reacio. Su esposa frunció el seño.

―Eso es imposible, si Akane no le conoce no irá con ella. ―Dijo con un sonrisa― Se aparecerá sólo lo necesario. ―Dijo simple con una sonrisa, al ver las caras de disconfomidad de su esposo y su amiga, suspiró― es mi última voluntad, por favor. ―Pidió.

―Está bien ―dijeron, otra vez al unísono.

―Gracias ―dijo con una sonrisa, justo entonces le dio un ataque de tos. Cuando este hubo pasado, miró a su esposo― te amo. ―y luego a su amiga― Muchas gracias, Addie.

La mujer se dio la vuelta y se dedicó a dormir.

Mas, a la mañana siguiente, no despertó.

Esa es la historia ―dijo Soun, a todos los presentes ahí.

―Tendo... ―susurró impresionado Genma.

Nadie dijo nada, hasta que a Nodoka se le ocurrió preguntar.

―¿Y de dónde salieron los tres años?

―Oh, eso lo acordamos Adelida y yo. Decidimos que serían los tres años que mínimo tendría que hacer por cualquier carrera en la universidad. ―Nodoka asintió.

Y se volvió a hacer el silencio, en el cual, en ese aire, flotaban cualquier cantidad de dudas implícitas.

Pero en la mente de Ranma había una en particular que le trasquilaba las neuronas: ¿O sea que Akane se haría como había dicho Nabiki? Independientemente de si la mamá de ellas le tenía confianza a Addie, él había tenido un mal presentimiento.

Y, llamenlo como quieran ―sexto sentido, radar, o lo que sea―, pero sus malos presentimientos siempre se cumplían.


Todavía no termino de leer Ranma, así que, si hay algo que no concuerda con el final del Manga (porque del animé ni hablemos), me avisan y me aclaran qué, ¿vale? ;)

Agradecimientos.

Izumi Miyu O.O: Jajaj, me alegra que te guste la trama, se me ocurrió un día que no tenía nada que hacer y estaba viendo la de "Legalmente rubia", ¿qué te parecieron las reacciones de Ranma y los demás personajes? ¿Y ya entiendes de qué viene eso de Adelida? Quiero tu opinión. ;)

megumi san: Gracias. ;)

Ame90: Me alegra que te gustara el capi. Aqui tienes más. ;)

Akima-06: Gracias, gracias. ;) Pondré poco de lo de Akane, tal vez dos o tres capítulos, pero quiero centrarme más en QUÉ pasa cuando Akane regresa hecha una DIOSA GRIEGA. :L

alix: Sus deseos son mis órdenes. Ranma... nah, será carcomido por la desesperación de saberse solo :3 Actualizaré lo más pronto posible.

Nefertari Queen: Me alegra que te haya gustado tanto. ;) Acá tienes la entrega de otro capítulo, a ver que parece. Espero no haber tardado tanto.

dragfenix17: Que bueno que te gustara, aquí está el capi dos.

Minigigian: Gracias, gracias, muchas gracias. Claro que seguiré adelante, no pienso abandonar. ;) De verdad, me halaga que pienses eso de mi historia, muchas, muchas gracias. Respecto a la regularidad de la publicación de mis capítulos, pues no puedo decirte a ciencia cierta. Depende MUCHO de como me vaya en mi nueva escuela, trabajo, amor y que mis hermanos me permitan usar el computador. Pero si está todo bien, no pienso tardar demasiado. ;)

Además muchas gracias a los que leen y no comentan, a los que dejan alertas y favoritos. Muchas gracias. ;)

Por último: Harry, ¿quieres decir algo? *Harry saca su dinamita y mira a todos los lectores con una sonrisa maníaca* Creo que lo dejó más que claro. ;)

Los amo.