Hola a todas! Espero que no me odien por no haber actualizado en tanto tiempo, por eso los compenso con este capítulo. Empieza la conexión entre Edward y Bella, y espero que les guste, ya que supongo que este capítulo está mejor escrito que los anteriores.

Disclaimer: en el Amazonas, hay un mono que se tira pedos cada vez que alguien nace. Cuando ese mono deje de tirarse pedos, yo aún no seré dueña de Twilight. :)

- Peque Cullen: hola nueva lectora! :D gracias por leer! Espero que te guste este cap! Besos!

- Pauli de Cullen: que bueno que ames la historia! xD espero que te siga gustando, ya que estoy escribiendo capítulos decentes y mas largos -.- xD! Besos!

- Anna Pautt: hey! Mi amiga Pautt! Tenemos que ponernos manos a la obra, fren! Por ahí me contactas!

- AnaidT: Si, pobre Eddie, pero para algo llegó Bella, no? Espero que te guste el cap :) Besos!

- : jaja! Aquí está el otro cap y espero que no me detestes por no actualizar en tanto tiempo xD! Gracias por leer, besos!

- Meriz21: ya la otra está terminada xD, por si no la has leído… qué esperas! Jaja, mentira :) Besos, espero que te guste el cap!

- MaFery: jaja, aquí empieza el cambio! Ojalá te guste el cap :) besos!

- Diana Prenze: aquí está la actualización! Un par de meses más tarde, pero siempre llega, no? Jaja! Besos, espero que te guste el cap!

- Maiy: gracias por leer! Nuevo cap, y disculpa la tardanza :) Besos!

- TprEtincelle: jaja, sí, el OOC es necesario en esta historia xD, gracias por leer, espero que te guste el cap! Besos

- SimiCullen: la Simi! Espero que te dejes de andar escuchando kpop por un momento y te pongas a leer esta historia! Bueno, yo escribi este cap escuchando a Super Junior *-* xD! Besos, loca!

Bella POV

Estábamos en clase, era mi segunda semana en casa de los Cullen. Esme estaba cada día más demacrada, cosa que no le confiaba a nadie, mucho menos a Edward para no hacerlo preocupar. Cada vez que entraba o salía de la casa, había un doctor nuevo allí, examinándola. Me dolía mucho la situación por la cual estaban pasando, sobretodo porque Alice y Edward se habían vuelto mis amigos, y por ellos ya sentía afecto. Le estaba dando clases de historia a Edward en la amplia y oscura biblioteca de la casa Cullen, la cual le inspiraría miedo a cualquiera, pero con el tiempo me iría acostumbrando a ella. Sentí que Edward no estaba prestándome atención, por lo tanto decidí cerrar el libro que estaba leyendo audiblemente para sacarlo de su trance.

- Edward, ¿Acaso has escuchado una sola palabra que ha salido de mi boca?—Lo reprehendí, aunque no pude evitar reírme al ver su cara de "me atraparon". Para ser una persona ciega, era muy expresivo.

- Pues… no. – Rió con ganas. – Es que de veras estoy cansado de estar aquí adentro. Quiero salir. Extraño el frío del invierno.—Dijo. Hace unos días había ido con él a caminar por las afueras de la ciudad con su perro Holliday, donde la ciudad se tornaba menos acaudalada. Me enorgullecía el hecho de ser la única en haberlo animado a salir de su casa. Por supuesto, sus padres estaban más que felices con eso.

- Bueno… veré qué puedo hacer. Le preguntaré a tu padre.

- Dirá que sí, hacía años que estaba esperando que yo saliera de aquí.—Dijo cuando estaba saliendo de la biblioteca. En su tono de voz noté algo de rabia, que ya estaba notando desde que llegué. El chico sentía mucho resentimiento por las presiones que su padre le imponía.

Salí de la biblioteca y escuché el bullicio que había en la casa. Pasé a la sala de estar, y vi más de un doctor entrar y salir del cuarto donde tenían a Esme (le acondicionaron un cuarto en la planta baja de la casa para no hacerla subir las escaleras de la casa), y vi a Alice sollozando levemente, sentada en el sofá. El corazón se me enterneció, y pensé que mejor que Edward no estaba allí, sino se hubiera puesto muy mal. Aquella tensión que había en el ambiente de la casa volvería loco a cualquiera. Me acerqué a Alice y me senté a su lado. Parecía rehuir mi mirada, pero tenía que preguntarle qué era lo que sucedía.

- Alice… ¿estás bien? ¿Qué sucedió?—Alice sollozó aún más fuerte, y cubrió su cara con sus manos.

- A mí no me pasa nada. Es mamá. Tuvo una recaída fuerte. Por lo poco que pude escuchar, dicen que no volverá a caminar. Sus huesos están muy débiles. Y ¿acaso la has visto últimamente? Se ve muy mal…- Alcanzó a decir entre sollozos. A todo esto, los doctores y enfermeras seguían entrando y saliendo de la casa con frenesí, trayendo máquinas de oxígeno, las cuales tenían un pitido insoportable. Supe que lo mejor sería sacar a Alice y a Edward de aquella casa, pues lo que sucedía allá adentro era de locos.

- Saldré a pasear con Edward. Si quieres puedes venir. No tienes que hacerte la fuerte todo el tiempo, Alice…- Le dije, a lo que ella asintió levemente y sonrió a través de sus lágrimas.

- Gracias, Bella. No sé qué sería de nosotros si no fuera por ti. – Me dijo, dándome un abrazo, el cual le devolví.

- No hay de qué, Alice, yo sólo hago mi trabajo. Buscaré a Edward.—

Entré a la biblioteca, donde Edward estaba sentado justo como lo dejé cuando salí. Al escucharme entrar, miró en mi dirección y esperó a que me acercara más a él.

- Saldremos. Alice nos acompañará. – Él asintió con la cabeza y me siguió fuera de la biblioteca. Supe que al escuchar el bullicio de la casa, se daría cuenta de que algo andaba mal. Él era una persona muy intuitiva. Salimos a la sala de estar, donde la odisea continuaba. De repente, del cuarto de Esme, salió Carlisle. Se veía trasnochado y muy preocupado, pero al vernos intentó disimular su estado emocional.

- Edward, Bella, Alice… ¿Sucede algo?—Preguntó. Edward se acercó a él.

- Te hago la misma pregunta, papá. ¿Qué es todo ese ruido? ¿Le ha pasado algo a mamá?—Lo tomé del brazo para calmarlo un poco, lo cual ayudó, pero no lo suficiente. El interpelado se vio mudo ante la pregunta de su hijo.

- Edward… Esto es algo que tú y yo hablaremos luego. No te lo puedo decir así por así. – Edward bufó con rabia y quitó mi mano de su brazo.

- ¿Qué me tienes que contar? ¿Que mamá tiene cáncer? Eso ya lo sé, y como veo que aquí en esta casa aman los secretos, pues yo no te diré cómo lo supe. Ahora, si no es mucha molestia, ¿podrías decirme que ha sucedido ahora?—Exclamó. Carlisle miró a Edward con una mezcla de incredulidad y sorpresa, como si aún no procesara lo que Edward le había dicho. Entonces, su mirada se transformó a una de completa ira, y la dirigió hacia mí.

- ¿Tú le has dicho? ¡Porque te juro que si le has dicho, no te quiero ver en esta casa un segundo más!—Exclamó. No pude respirar por unos momentos.

- Bella no me ha dicho nada, papá. Tampoco Alice. Yo lo averigüé por mi propia cuenta.—Edward le dijo. Carlisle debió notar que el tono de voz de su hijo era sincero, pues se calmó.

- De veras no sé qué decirte, hijo. Es una lástima que te hayas enterado por otra manera, pero te juro que estaba esperando para decírtelo. – Aseguró Carlisle, acercándose a Edward, a lo que este dio un paso atrás.

- Mientes. Lo sé. Te conozco, esperarías a que mi madre muriera y me dirías entonces que se fue de viaje, o que está visitando a los abuelos. Siempre una excusa barata para el lisiado.—Susurró Edward con una voz llena de dolor. Alice jugaba con las manos, evitando a toda costa mirar la escena frente a ella.

- No digas eso, Edward. Tú no eres un lisiado.—Le dijo Carlisle, intentando acercarse a Edward de nuevo. Este lo dejo acercarse esta vez.

- Entonces deja de tratarme como uno, papá. El que yo sea ciego no me hace menos apto que tú, o que Alice. Tengo la responsabilidad de tomar parte en los problemas, porque soy de la familia. – Le dijo Edward más calmadamente. Carlisle asintió con la cabeza a pesar de que Edward no podía verlo.

- Lo sé. Discúlpame, hijo. Verás, tu madre está en un estado difícil de la enfermedad. Todos debemos darle el apoyo que necesita. En este momento, ni siquiera yo sé que tan avanzada es su condición.—Nos explicó Carlisle a todos.

- Entonces, ¿Por qué no dejas que Bella se quede a vivir aquí? Hay muchos cuartos desocupados. Que esté aquí la semana y que el fin de semana regrese a su casa. Aliviaría la carga para ti, y mamá estaría más tranquila.—Ofreció Edward. Carlisle alabó la idea de su hijo, como lo hizo Alice. Me miraron expectativamente.

- Eh… Supongo que podría hacerlo… No tengo compromiso con nadie en estos momentos, estoy sola. – Edward sonrió, al igual que su padre y Alice.

- Perfecto entonces. Le diré a los criados que te preparen una habitación de las grandes. Tú ve a buscar tu ropa a tu casa. – Asentí y después me fui de ahí. Como la casa Cullen solo quedaba a pocas cuadras de mi condominio, decidí irme caminando. En la trayectoria de llegar a mi casa, no pude evitar preguntarme si había hecho una buena decisión al decidir quedarme en la casa Cullen. Una vez mi amiga Angela, de Forks, me dijo que consideraba que la carrera que estaba escogiendo no sería buena para mí. Recuerdo haberle preguntado por qué, y ella me dijo porque me "encariño muy fácilmente, y eso podría trabajar en contra mía". Quizás tendría razón. La verdad no sabía, lo único que tenía sentido en mi cabeza era la conexión que tenía con Edward, la cual no podía abandonar. Me aferré a eso, concluyendo que de hecho, si había tomado una buena decisión.

Más tarde esa noche.

Edward POV.

Toda esa tarde me la pasé en mi cuarto, ya que en el segundo piso de la casa, el ruido de los doctores se hacía menos fuerte. De vez en cuando, Alice pasaba por ahí y nos quedábamos en un cómodo silencio, apreciando la compañía. Esperando a Bella. Cada día sentía una fuerte conexión con ella, y añoraba hablar con ella temas más profundos que la historia o el álgebra. Era como si con ella, de repente olvidara que estaba ciego, u olvidara lo enferma que estaba mamá. Cuando tenía que irse porque nuestras lecciones habían terminado, yo siempre buscaba la manera de retenerla, inventando que no había entendido muy bien, o que necesitaba que me explicara un tema un poco más. La encontraba verdaderamente fascinante y misteriosa. La noche había caído y era hora de dormir. Mi padre me había ayudado a cambiarme a ropa de dormir ya que Bella no estaba allí. Luego, cuando escuché los ronquidos de mi padre desde el cuarto contiguo, salí a tientas de mi cuarto, bajé las escaleras y di con la ventana de la sala, la cual abrí un poco para dejar pasar el aire frío de la noche. Era mágico como el sonido de las abarrotadas calles de New York y la brisa en la noche me transportaban a otro universo. Justo cuando iba a levantarme porque el sueño se estaba apoderando de mis sentidos, escuché una suave voz que me llamaba.

- ¿Edward? ¿Eres tú, cariño?—Reconocí la voz de mi mamá. Me exalté y pensé que era solo mi imaginación. Mi madre no podía estar aquí abajo, su cuarto está en el segundo piso. Escuché la voz llamando mi nombre un par de veces más y me convencí de que era mi madre. Seguí la voz lentamente hasta que di con una puerta. Asumí que era la puerta de una habitación de huéspedes en la planta baja de la casa. La abrí lentamente.

- Ahí estás, Edward. Ven, siéntate aquí junto a mí.—Dijo mi madre. Seguí su voz hasta que di con una cama. Tanteé un lugar vacío y me senté allí. El leve pitido de una máquina de oxígeno podía ser escuchado también en el cuarto. Sentí una mano acariciar mi mejilla. La mano estaba temblorosa y huesuda. Me costaba pensar que esa era mi mamá. – Ya te he dicho muchas veces que no me gusta que bajes en la noche a la sala, y sin tu bastón. Podrías caerte.—Reí levemente, sostuve la mano de mi mamá con suavidad y le di un beso en la palma.

- No me pasará nada.—Hice lo imposible para disimular que mi voz iba a quebrarse, y tragar el nudo en mi garganta. Las lágrimas amenazaban con bajar de mis ojos.

- Quiero que le tengas paciencia a tu padre… Él está haciendo lo que puede. – Me dijo. Cómo deseé en ese momento poderla ver a los ojos.

- Lo sé… Pero es difícil. Te quiero mucho, mamá. – Le dije, acariciando la parte de arriba de su mano con mi dedo pulgar.

- Sé que es difícil. También te quiero mucho, mi Edward. Resiste, porque tú eres muy fuerte…- Me dijo. – Ve a dormir… y la próxima vez que bajes, usa tu bastón, por favor. No quiero que te pase nada.—Dijo. Yo sonreí levemente.

- Lo haré, mamá. Adiós.—Le dije, y le di un beso a su mano. Me levanté con mucho cuidado de la cama y salí de aquel cuarto. Cuando iba saliendo, escuché que otra puerta (en ese mismo nivel) se cerraba. Me pregunté si era Bella. Seguí el sonido, hasta que di con la puerta de otro cuarto. Para asegurarme que era esa, descansé mi oreja sobre la puerta, y pude escuchar sonidos que venían de adentro.

Me pregunté si esa era, de hecho, Bella, pero no había manera de darme cuenta, a menos que abriera la puerta, cosa que no quería hacer.

- ¿Hay alguien ahí?—Definitivamente, era la voz de Bella, provenía de adentro del cuarto. En ese momento me debatí entre entrar a aquel cuarto o simplemente huir. Decidí afrontar mis miedos y abrir la puerta. Escuché un jadeo por parte de ella. – Oh, Edward, eres tú. Me asustaste.—Dijo. Yo caminé en dirección de su voz.

- Disculpa… Es que no podía dormir.—Le dije, sin ánimo de contarle de mi extraño encuentro con mi madre, cuyo recuerdo estaba quemando mi corazón.

- Es peligroso que bajes a estas horas de la noche, y sin tu bastón.—Reí a su reprehensión.

- Eso mismo me acaba de decir mi madre… Fui a su cuarto.—Bella se quedó callada por unos segundos. – Noté que está muy enferma…- Concluí.

- No sé qué decir, Edward…- Empezó ella. Me acerqué aún más en dirección de su voz, tanto, que podía escuchar e incluso sentir su respiración.

- No digas nada… Quiero olvidar eso. – La interrumpí. – Vine aquí porque quería verte.—Le dije. El nerviosismo se instaló en mi pecho, haciéndome dudar de mis acciones.

- ¿Ve-verme?—Tartamudeó ella. Tal vez el nerviosismo también se había apoderado de ella.

- Sí… Sólo quédate quieta.—Dije. Entonces, levanté una de mis manos buscando su rostro. Mi mano colindó con lo que reconocí como su quijada, la cual recorrí con los dedos, dibujándola en mi mente.

- Edward… ¿Qué estás…?

- Shh… Déjame hacer esto, por favor.—Le susurré. Luego, mi mano buscó hacia arriba, con la suave piel de lo que reconocí como su mejilla. La tracé hasta llegar a su pómulo, donde sentí una pequeña hendidura.

- ¿Qué es eso?—Le pregunté en un susurro.

- Una cicatriz…- Contestó ella.

- ¿Quién te la hizo?—No me contestó. Decidí no presionar el tema, y seguir con mi tarea a mano. Luego pasé mi mano por su sien, su frente, hasta donde empieza el cabello. Luego bajé mi mano por sus ojos, los cuales estaban cerrados, luego por el tabique de su perfilada nariz, su otra mejilla… Todo mientras la dibujaba en mi cabeza. Una imagen perfecta era lo que se estaba dibujando. Luego, pase mi mano por sus labios, tracé sus comisuras y luego su labio inferior. Definitivamente, sus labios eran su mejor rasgo. Retiré mi mano una vez terminada mi hazaña.

- No eres como creía que serías.—Le dije. La escuché suspirar.—Eres mucho más hermosa. – Le dije, acercándome un poco más a ella. Mi cercanía debió haberle incomodado, pues se retiró de donde estaba.

- Edward… será mejor que te vayas…- Anticipando el rechazo, aunque sabiendo que no sería sincero, me fui antes de que pudiera insistirme. Esa noche, dormí con la imagen de Bella en mi cabeza.

Fin del cap! Gracias por leer, besos!