"Las palabras escritas en este documento son testimonio del dolor de un pueblo y una nación que se vio traicionada por el que se decía ser el mayor de sus hijos, y las ambiciones de un Dios extranjero que osó posar sus ojos codiciosos en ella.

La desgracia de nuestro pueblo comenzó al cumplirse los tres inviernos: el que se posó en el corazón de su dirigente al intentar perpetuarse en su silla de poder, prostituyéndose a otro Dios; el invierno que se sucedió en el corazón de Rung, noble Guerrero, tras los trágicos acontecimientos que resultaran en la muerte de su primogénito, el grandioso Balder, el de corazón valiente; y el tercero y definitivo, que traería la oscuridad a nuestros cielos.

Como lobos hambrientos, los enemigos de Asgard atacaron en conjunto para devorarle. ¡Pero Asgard no cayó sin antes ofrecer pelea! La gloria y el valor de aquellos que ofrecieron sus vidas para salvarla de la destrucción definitiva jamás serán olvidados. Es por ello, que se escriben estas palabras, para que nunca se olvide que, ¡sobre la faz de La Tierra, alguna vez, nosotros fuimos un pueblo de grandes!"

POLLUX DIOSCUROS presenta:

DAS RAGNAROK LIED Canto II: La Muerte del Héroe

Grande fue la conmoción que causó la muerte del joven Balder, valiente hijo de Rung, a causa de la traición de un gran amigo. ¡Jamás en tiempos pasados se registró un acto tan ruin y cobarde!

Bilkskirnir, hogar del fallecido, apagó sus luces para sumirse en su propio dolor ante la irrecuperable pérdida de su primogénito. La gente en el pueblo también lamentaba el deceso, ignorantes que los acontecimientos que se cernían sobre ellos, causaría aún más dolor entre los habitantes de toda Asgard.

En la Casa de Tyr, donde el valiente Freyr y su bella hermana Freya habitaban, no se apagaron las luces, incansable en sus pensamientos, el hombre que era ahora líder de su familia se debatía en conjeturas que repasaban el momento de la partida de Erik luego de que Alberich, Escribano de Dolbare en Valhalla, le sometiera al arresto.

"¿Qué afecta tu corazón, hermano?" preguntó la bella joven al alto rubio, sentado ante un escritorio con candiles encendidos. "¿Tan triste estás por la muerte de Balder?"

El joven de cabellos rubios cenizos observó la delicada figura de su hermana, graciosa y de finas maneras.

"Freya, tiempos oscuros azotan hoy a Asgard" declaró el hombre con voz grave. "La muerte de Balder y las circunstancias alrededor de su crimen, me hacen sospechar que algo muy grave está sucediendo desde las entrañas de nuestro propio país."

El gesto del hombre y sus palabras pesaron grandemente en el corazón de la noble Freya, quien se aproximó a su hermano con lentitud.

"Ciertamente ha sido una revelación terrible descubrir que Erik fue el asesino de Balder" declaró la bella mujer. "Lord Rung estaba deshecho luego de tan terrible conocimiento. ¿Por qué piensas que Erik habría hecho algo tan funesto, hermano"?

Freyr meditó en las palabras de su hermana, observándola en silencio. Las llamas de las velas se movieron trémulas haciendo que las sombras de los hermanos parecieran estremecerse en las paredes.

"¿Hermano?" preguntó nuevamente la joven, ansiosa ante el silencio prolongado de Freyr.

"¡Freya, yo no creo lo que se dice de Erik!" respondió finalmente el hermano mayor a la doncella. "Yo estaba ahí cuando se lo llevaron, pude percibir la conmoción en su rostro... la ira de hallar a Balder, a quien quería como su hermano, muerto ante un acto cobarde. Pude ver el momento en que su corazón se destrozó al ser reprochado con desprecio terrible por Rung, hombre que siempre lo trató de una manera generosa."

"Pero entonces, Freyr, ¿por qué se encontraba el nombre de Erik escrito con la sangre de Balder?" preguntó Freya sin comprender nada.

"Lamentablemente eso no lo sé, Freya" indicó el joven poniéndose de pie. "¡Pero es algo que pienso averiguar si es verdad!"

Freya observó a su hermano, quien lucía su gesto decidido. El Señor de Tyr se dirigió hacia fuera de la estancia, donde se habían encontrado.

"¿A dónde vas, Freyr?" preguntó la hermana con angustia.

"¡Pienso ir al lugar donde se encontró el cuerpo de Balder!" dijo con firme determinación.

"¡No!" exclamó la doncella de cortos cabellos. "¡No vayas por favor!" rogó, poniéndose frente a su alto hermano. "¡Si vas ahí te puede ocurrir algo malo!"

Freyr tomó la mano de su hermana con tranquilidad y la besó.

"No temas por mí, Freya. Balder fue asesinado porque fue seguido con ese funesto objetivo, no creo que en estos momentos ahí haya nadie que ponga en peligro mi vida."

"¡Freyr, por favor!" rogó la hermana una vez más, saliendo detrás del noble, quien ordenó le llevaran su caballo. El alto Señor de Tyr montó llevando su espada y una antorcha. "¡No salgas de aquí, Freya!" ordenó. "Duérmete, yo necesito hacer esto."

Lágrimas corrieron por los ojos de la dulce mujer. Los pasos de un trote acelerado que se aproximaban a ese lugar interrumpieron a los hermanos. Montado en el caballo que fuera de su hermano, Ull, hijo de Rung, llegó con ellos cubierto por una capa.

"¡Ull!" exclamó Freyr ante la aparición del joven. "¿Qué haces aquí?"

Freya observó al joven de cabellos rojizos, tan semejante a su padre, pero tan parecido en todo lo demás al hombre que recién habían asesinado. Ambos se miraron por un instante, transmitiéndose esas ansias que sólo existen entre quienes se aman, pero Ull rompió el contacto para responder la pregunta de Freyr.

"¡Freyr, he venido hasta aquí a solicitar tu ayuda!" contestó ansiosamente, con un gesto lleno de una gravedad desconocida para todos aquellos que alguna vez le trataran.

"¿Pasa algo malo con Lord Rung o Lady Sif?" preguntó rápidamente Freyr con temor.

"Mis padres están mal, sí..." dijo Ull bajando su cabeza, con la tristeza dibujada en su rostro. "Pero están tranquilos en casa, procurando descansar o llorando aún la partida de Balder." añadió, tranquilizando. "¡Necesito tu ayuda para saber qué razón tendría Erik para matar a mi hermano!"

Freya observó a su hermano ante esas palabras. Freyr permaneció serio.

"¡Por más que lo pienso, no logro entender por qué habría hecho algo así!" cerrando sus puños y apretando sus dientes, Ull derramó una vez más lágrimas de dolor por su hermano. "¡No lo puedo creer! ¡Sencillamente no puede ser que él hubiera cometido tal acto!"

Freyr acercó su montura a la del hermano menor de Balder para posar su mano sobre el hombro del joven.

"Ull, mi mente tampoco puede encontrar una razón, precisamente en estos mismos momentos me dirigía a buscar respuestas a mi confusión. Creo que has llegado en un buen momento." comentó el hombre. "Aunque en ocasiones somos capaces de llevarnos las más horribles sorpresas de parte de la gente pienso que tu hermano no fue traicionado... Por su mejor amigo." agregó. "No podemos permitir que los ánimos tan exaltados que ahora hay en Asgard, sean causantes de que se cometa una injusticia. ¿Me acompañas?"

Ull observó a Freyr abriendo los ojos esperanzado.

"¡Te acompañaré a donde sea, Freyr!"

"Entonces toma" contestó el Señor de Tyr, dándole la antorcha a Ull. Tomando otra de la entrada de su casa, Freyr añadió. "¡Y vamos ahora mismo, buscaremos el nombre que dicen que Balder escribió con su sangre!"

Los hombres partieron, mientras que Freya cerraba la puerta de la casa con temor.

A las afueras de Asgard, una tropa de guerreros invasores venidos de un Santuario bajo las aguas se ha reunido. Gran número de salteadores, encabezados por un General Marina de Poseidón vigila desde un montículo el terreno a invadir. Su gesto denotó sorpresa.

"Ha sido una sorpresa, saber que el Señor Poseidón ha decidido dividir sus tropas en este momento de guerra contra Athena, para conquistar otra nación. ¿Qué hay aquí que pueda serle de tanto interés?" se preguntó en su mente el que es llamado "el Estratega de los Mares".

"¡Señor Lancelot!" escuchó la voz de una mujer aproximarse. "¡Ya se han reunido todas las tropas! Reportan estar listas, aguardando el momento que dicte la orden." Era Circe, la Marina de Poseidón de cabellos lilas y que ostentaba el signo de la Mantaraya.

"Correcto" respondió Lancelot de Dragón Marino. Un fuerte viento golpeó el rostro del hombre y su capa se levantó al vuelo de la corriente. Mirando a los invasores, habló. "¡Hombres del Santuario de los Mares, estamos aquí para matar y arrasar!" Las tropas de hombres rudos venidos de diversas partes del mundo y cubiertos con armaduras y lanzas escucharon la voz de su líder. "¡Conquistemos estas tierras en nombre de Poseidón!"

"¡Por Poseidón!" gritaron los soldados, mostrando valor y entereza.

A través de la oscuridad de la noche, los soldados de Poseidón se internaron en Asgard, hiriéndola como lo hiciera el más afilado cuchillo, traicioneramente, asestando un golpe mortal.

Sí, esa noche, Asgard dormía con la guardia baja. Como Rung, hombre consagrado a Thor quien después de llorar la partida de un hijo y la traición de otro al que considerara como tal, el cansancio le hizo caer rendido finalmente. Junto a él, su esposa, la bella Sif, no logra conciliar el sueño.

Atormentada por los acontecimientos, su dolor le ha robado la capacidad de descansar. La mujer se levanta, para salir al balcón de su dormitorio. El fuerte frío de Asgard golpea su rostro haciendo flotar las vaporosas telas de su ropa de dormir, para recargarse en la baranda y observar el cielo.

La profundidad del mar de estrellas parece ser tranquilizadora. El rostro de su hijo Balder parece dibujarse delante de ella con una sonrisa, tal como lo recordaría siempre. Llevándose una mano a la frente con preocupación, Lady Sif vuelve a derramar lágrimas que surgen de lo más profundo de su alma.

"¡Balder!" exclama en silencio.

Pero el silencio de la noche se rompe de pronto al escuchar una explosión que ilumina el horizonte de las tierras de Bilkskirnir, lo que hace que la adolorida madre interrumpa su llanto. Observando a lo lejos, puede alcanzar a ver que un enorme grupo de desconocidos se aproxima a la Casa, intentando traspasar los portones destruyéndolo todo a su paso.

"¡No!" grita, llena de miedo, corriendo al interior de su dormitorio para llamar a gritos a su esposo. "¡Rung, Rung!"

Sobresaltado, el mayor Guerrero de Asgard se levanta para preguntar.

"¿Sif? ¿Qué pasa? ¿Tienes pesadillas?"

"¡Rung, Bilskirnir!" dice atemorizada. "¡Asgard está siendo atacada!"

"¿Qué palabras has dicho, mujer?" pregunta él, poniéndose de pie de inmediato.

"¡Afuera!" señala ella trémulamente.

Viendo hacia donde señala su esposa, el valiente Guerrero sale para observar que donde había hace unos instantes un fuego, ahora hay múltiples hogueras, y que el sonido de lamentos y sollozos de su gente comienza a levantarse.

"¡No!" exclama Rung, sintiendo su sangre hervir a pesar del dolor. Ingresando rápidamente a la Casa, ordena. "¡Sif, llama a Ull!"

"¡Sí!" responde la Dama, quien sale corriendo velozmente mientras que Rung se viste. Acercándose, toma su casco, típicamente vikingo, de dos cuernos, conjuntamente con su armadura, para terminar tomando las hachas dobles, su arma insignia llamadas Mjolnir, las consagradas a Thor. "¡Rung!" regresa angustiada la mujer. "¡Ull no está!"

Los dos permanecen en silencio ante este descubrimiento.

"¿Crees que se encuentre ya allá combatiendo? ¡No quiero que muera, Rung!" exclama Sif entre sollozos. "¡Es mi único hijo ahora!" la desesperación de la mujer hace doblar sus rodillas y caer al suelo en un gesto dramático, perdiendo totalmente la compostura.

Respirando profundamente, Rung avanza hacia fuera de la cámara.

"¡Es posible que se encuentre allá ya combatiendo, mujer!" exclama el valiente Rung. "¡No permitiré que muera! ¡Iré allá y lo arrebataré de Hela con mis propias manos!" Dice sin mencionar que no siente el cosmos guerrero de su hijo en las cercanías y temiendo que, en su letargo, hubiera ignorado el estallido de energías del muchacho. "Estoy envejeciendo..." Medita.

El enorme Guerrero está por bajar las escaleras cuando, con su mano firme, Sif detiene a su esposo desde el suelo donde lloraba, tocando la punta de su capa.

"¡Rung!" exclama ella.

Rung se detiene para observar el miedo en su esposa. Aparentando una serenidad que no sentía, el gentil Guerrero levanta a su mujer con firmeza, para decirle.

"¡Sif, tú y yo estaremos juntos siempre!" Promete con fervor. "¡Ahora debo irme!

"Sí..." responde Sif, recuperando la seriedad. Bajando rápidamente detrás de su esposo, observa cómo Rung ya es esperado por varios de sus hombres, repartiendo órdenes para organizar la defensa. "¡Vilska!" llama Sif respirando profundamente, adoptando igualmente una postura de mando.

"¡Señora!" de inmediato, aparece la matrona ama de llaves ante ella.

"¡Preparen alimentos, aceite hirviente y saquen a los niños y ancianos hacia Asgard!" ordena la valiente dama. "¡Rung y Ull han partido ya para defendernos!" exclama, aparentando calma mientras su corazón se encogía.

"¡Sí, Señora!" exclama Vilska, para correr a cumplir las órdenes de su ama.

Afuera de Bilskirnir, Rung habla a sus hombres.

"¡Asgardianos, no podemos bajar la guardia! ¡Este traidor ataque por parte de los enemigos de nuestra nación se ha perpetrado en la noche de duelo por la muerte de uno de mis hijos, por eso no podemos perder!" Exclama el hombre consagrado a Thor. "¡Ayudemos a nuestros sorprendidos hermanos y organicemos la defensa! ¡Thor está con nosotros, sus fieles Guerreros!" Una fuerte reacción de los hombres inspirados por la presencia imponente del admirado Guerrero hace que sus voces se alcen con gritos de guerra que provocan que el temor y el dolor se releguen al olvido. "¡Por Asgard y por Odín!" grita Rung, lanzándose hacia el sitio donde el ataque de los enemigos ha comenzado.

Brazos y cabezas cercenadas de sus hombres se encuentran en el camino en medio del despojo que la batalla va dejando. Viviendas destrozadas, mujeres, niños y ancianos muertos ante la fiereza del ataque emprendido durante una noche, hace hervir la sangre del noble con indignación.

"¡Por los Dioses, que si es el mismísimo demonio Surtur lo venceré con mis propias manos!" exclama Rung... pero, lo que encuentra como enemigos era algo que no esperaba. "¿Qué?" pregunta observando extraños soldados portando armaduras de origen desconocido y armas que resultan difíciles de reconocer. Con valor, Rung, valiente y gallardo Asgardiano, se lanza contra ellos alzando a Mjolnir y respondiendo con la misma moneda a los cobardes invasores. "¡Se aprovecharon de la oscuridad de la noche para acabar con inocentes, malditos!" grita enfurecido. "¡Pero por Thor que esta noche mi martillo hará que sean sus cabezas y su sangre la que mojará Bilskirnir!" Su Cosmo brilla como una luz fría en medio de la oscuridad, llenando el aire del dulzón aroma del ozono. "¡Estoy harto de los actos cobardes!"

Los enemigos observan la llegada de los refuerzos y son sorprendidos ante el salvajismo del contraataque. El Cosmo de Rung brilla como una estrella, en medio de la noche y confusión de la batalla.

"¡Acábenlos!" gritan los enemigos extraños, los cuales se arremolinan alrededor del varón de gran poder. "¡Si acabamos con él podremos continuar!"

La oleada de Guerreros que Rung habría organizado se incorpora haciendo que la batalla comience un momento difícil en donde los pocos números de los Asgardianos parecen igualar el numeroso contingente de los invasores. ¡La fuerza, fe y coraje en su líder hicieron que aquellos valientes se convirtieran en héroes que Asgard recordaría por siempre!

A lo lejos, observándolo todo junto con Circe, Lancelot de Dragón Marino entrecierra sus ojos observando que el, hasta ahora, fácil avance de sus tropas se ha detenido.

"Algo está mal" declara. "¿Qué puede ser?"

En medio de la batalla, Rung destroza cráneos y junta enemigos, rompiéndoles las caras entre sí.

"¿De dónde han venido, malditos?" pregunta el Guerrero consagrado a Thor. "¿Qué hacen aquí?"

"¡Circe!" exclama Lancelot a la Marina de la Mantaraya. "¡Lleva al otro grupo de hombres directamente a destruir la Casa!" ordena. "Pensé que no sería necesario, pero estos malditos se saben defender."

"¡Sí, Dragón Marino!" exclama la mujer de cabellos lilas, moviéndose ligeramente.

"¡Atrás!" ordena Rung en un momento al observar el número de sus enemigos incrementándose y viendo que sus hombres han comenzado a caer poco a poco. En su mente hay temor de que alcancen finalmente Bilskirnir, y su corazón se debate también en la duda de saber el paradero de su hijo Ull. "¡No permitiré que nos acaben y lleguen hasta mi casa!" se promete a sí mismo haciendo arder su Cosmo cada vez más, mientras que el cielo claro sobre Asgard parece nublarse.

Dragón Marino observa al cielo, percatándose de cómo las nubes parecen taparlo todo y los truenos se anuncian furiosos. Mirando hacia abajo, le queda claro que un Guerrero instruido en el uso del Cosmo ha hecho su aparición.

En el fatal claro donde encontrara a su hermano, Ull y el honrado Freyr, buscador de verdades, buscaban las pruebas que se han dicho acusan a Erik, hijo y heredero de Dolbare.

"Aquí fue donde encontré a mi hermano" dijo Ull con serenidad, lograda por coraje y dignidad ante el Señor de Tyr.

Aproximándose rápidamente, Freyr pudo observar cómo en el sitio aún se podía percibir el olor a muerte y los signos de una batalla, e incluso la hierba oscurecida tras haber sido regada con la sangre del joven Balder.

Con simpatía, Freyr de Tyr posó su mano sobre el hombro del hijo de Rung pidiéndole, con muda cortesía, que se haciera a un lado para observar mejor el lugar. Agachándose e iluminando con su antorcha, el alto hombre escudriñó el suelo, buscando la prueba acusadora que confirmara lo dicho por Alberich. Sin embargo...

"No hay nada, aquí" exclamó Freyr finalmente. "La sangre de Balder no se ha borrado, pero el nombre que dicen es la prueba de la culpabilidad de Erik no está aquí."

"¿Eso qué quiere decir?" preguntó Ull, confundido. "¿Acaso nos han mentido?"

"No lo sé" concluyó Freyr gravemente. "Tenemos que ir a Valhalla el día de mañana para continuar con esto, Ull. Ya es de noche y no nos recibirían ahora." En su mente, la sombra de la sospecha y el alcance de lo que parecía ser una conjura maligna hizo que su corazón se lamentara.

"Es verdad" respondió Ull, acordando lo mismo que el noble Freyr.

El sonido de nubes formándose sobre Asgard se escuchó. Los hombres observaron los limpios cielos, notando que un viento poco natural se había levantado y que las nubes parecían viajar con dirección a Bilkskirnir.

"¡Ése es el Cosmo de mi padre!" exclamó Ull con asombro. "¡Algo está pasando en mi Casa!"

Freyr subió a su caballo rápidamente concediendo la razón a su compañero.

"¡Vamos, Ull!" exclamó Freyr. "¡Voy contigo!"

Ambos hombres emprendieron el galope, saliendo del Bosque de los Espíritus a gran velocidad.

"¡LORD OF THUNDER!" exclamó Rung en medio de un caos de lucha, iluminado por su propio Cosmo. Un rayo cayó en él, incendiándole aún más pero asombrosamente, permaneció vivo. Tomando a Mjolnir, el Guerrero de Asgard lanzó sus hachas, las cuales, se vuelvieron incandescentes al contacto con la descarga celeste.

Lanzando su martillo, las hachas dobles emprendieron un viaje veloz que recorrieron una larga distancia acabando poco a poco con esos enemigos que creían que vencerían fácilmente en la batalla. Corriendo con molestia, Dragón Marino se dirigíó hacia el sitio en donde percibiera la emanación de Cosmoenergía que acabara con todos sus hombres.

Con todos, menos con aquellos liderados por Circe, los cuales se aproximaron hasta Bilskirnir, en medio de la confusión que espera ansiosamente recibir a los triunfantes Guerreros de Asgard.

"¡Acaben con ellos!" ordenó Circe lanzándose contra la mansión.

Adentro, Lady Sif escuchó los gritos de algunos de los hombres que habrían quedado al resguardo y los lamentos.

"¡Señora!" gritó la mujer, Vilska. "¡Nos atacan!"

El fuego se extendió a las afueras de la noble mansión ante la furia de los invasores. Sif respiró y se da cuenta que la llegada de aquellos hombres ahí no pueden sino significar únicamente que su amado esposo y su otro hijo han fracasado.

"Rung... Ull..." susurró, mientras parecía moverse ajena a su voluntad toma una espada con gesto ausente. Los vidrios se estrellaron por la acción opresora del fuego y la entrada de aquellos Guerreros que eran comandados por una mujer de aspecto extraño que se hizo presente. "Hijos, Esposo mío..." dijo ella. "¡Voy con ustedes!" exclamó. Fue alcanzada por el golpe de Circe, el cual ultimó su vida de inmediato. Sif sostuvo la espada que levantara unos momentos antes, para morir en pie de guerra, pero ya rendida de antemano. Lágrimas salieron de sus ojos mientras caía, pensando en su esposo y sus hijos sobre sus caballos acariciados por el sol de una mañana que le pareció muy lejana.

"¡Rung!" pareció escuchar al noble Guerrero la voz de su amada mujer.

"¿Sif?" preguntó, distrayéndose momentáneamente el valiente Asgardiano. Volviéndose con dirección a Bilkskirnir, observó llamas que incendiaban la noche antes tranquila. "¡Sif!" gritó aprensivo, comenzando a correr hacia esa dirección.

"¡Alto!" escuchó una voz imperante que lo obligó a detenerse. Delante de él, un alto hombre vestido en armadura naranja y dorado le observaba. Su gesto era frío y altivo, de tez blanquísima, iluminada de rojo de los fuegos que les rodeaban y cabello negro que volaba ante el viento, lo mismo que su capa blanca. "Se me había dicho que Asgard ya no tenía a un Guerrero tan capaz como vos."

"¿Quién eres tú?" preguntó Rung mirando a su enemigo. "¿Qué ganas al atacar a Asgard y matar inocentes?"

"Yo soy Lancelot de Dragón Marino, un General Marino del Santuario de Poseidón." respondió tranquilamente el extraño, elevando su Cosmo que dibujó, detrás de él, la figura de, lo que le pareció era una temible serpiente marina gigante.

"¿Poseidón?" preguntó Rung, ignorante lo que significaba aquella palabra.

"Tranquilo, no es necesario que sepáis más al respecto, Asgardiano. ¿Quién sois vos?" preguntó Lancelot finalmente.

"¡Yo soy Rung, Guerrero de Thor!" exclamó el héroe Asgardiano.

"Sois muy eficiente matando, reconozco vuestro trabajo. El hecho de que continuéis viviendo a pesar de que Dolbare había informado que los colmillos de los Guardianes de Asgard habían sido destrozados me huele a traición."

"¿Dolbare?" preguntó Rung extrañado. "¿Qué estás diciendo?"

Lancelot elevó su Cosmo para acallar preguntas. Pedazos de suelo se levantaron a su alrededor, mientras que su capa pareció flotar impulsada por su fabulosa energía.

"¡Muere, Rung de Thor!" gritó Lancelot, lanzándose contra su enemigo con una fuerte sacudida de golpes a gran velocidad que golpearon contra el cuerpo de su enemigo sin hacerle nada de daño.

"¡Eres muy débil, extranjero!" se burló Rung a su vez, quien elevó igualmente su Cosmo para cargarse de energía. "¡LORD OF THUNDER!" gritó lanzando a Mjolnir contra su enemigo. Las dos hachas, antes de chocar incendiaron con electricidad para salir disparadas ambas contra Lancelot quien, sorprendido, movió sus manos invocando su poder psicokinético.

Los martillos parecieron chocar contra una barrera que los hizo regresar rápidamente a las manos del Guerrero de Asgard.

"Un truco impresionante, pero inútil ante mí" gritó Dragón Marino, extendiendo sus manos elevando su Cosmo. "¡TIDAL WAVE!" gritó elevando la velocidad del aire contra sí. Un fuerte ataque salió de sus manos contra Rung de Thor, quien fue embestido, siendo elevado por los aires por varios metros. La fuerza del ataque apagó algunos incendios, llevándose consigo a guerreros muertos y heridos que terminaron pereciendo ante la fuerza del extranjero.

El héroe de Asgard se levantó, para observar como el aire de la muerte recorría sus tierras. Aquella tierra que antes fuese un hermoso paraíso se había convertido en un paraje yermo que mostraba tierra desnuda, la hierba arrancada de su lugar y las flores desechas. Unos pasos se dejaron escuchar, de otros enemigos que se reunían desde dirección de Bilkskirnir, notando a una mujer que encabezaba ese grupo de hombres.

La mujer se adelantó para arrodillarse ante Lancelot y decir.

"No ha quedado nadie con vida en esa Casa, Lancelot. ¡Vuestras órdenes han sido cumplidas!"

Las palabras calan en Rung quien confirmó, mediante su Cosmo, que en su casa no había nadie vivo. Su respiración aumentó de velocidad.

"¡Sif!" exclamó, sintiendo las lágrimas luchando por salir. "¡Ull!"

"Bien hecho, Circe" felicitó el Dragón Marino. "Sin embargo aquí hemos perdido mucho más de lo que se suponía que sería, id con Dolbare y decidle a ese apóstata que Poseidón no perdona una traición como ésta que ha intentado. ¡Nuestro Señor ya ha hecho mucho soportando a una rata como él, así que decidle que la Alianza está rota y que desde hoy, Poseidón tomará Asgard como propia, sin su molesta presencia en Valhalla!"

"¡Sí, Lancelot!" exclamó la mujer sonriendo maliciosamente.

"¡Que vuestros hombres se retiren al campamento para esperar el arribo de los refuerzos de Nuestro Señor!" concluyó la orden Dragón Marino.

"¿Y vos?" preguntó Circe, observando a Rung tirado a lo lejos.

"Yo terminaré esto y me reuniré con ellos para lo mismo" replicó el General Marina. "¡Haced lo que os digo!"

"¡Sí!" respondió Circe volviéndose a los hombres. "¡Ya escucharon!"

"¡Espera!" exclamó Rung, pero la mujer lo ignoró.

"No, Rung, nadie esperará más" interrumpe Dragón Marino caminando hacia él, quitándose la capa. "Ya hemos perdido mucho tiempo lidiando con Asgard y sus necios habitantes." Su Cosmo se iluminó amenazante. El Guerrero consagrado a Thor observó cómo éste se aproximaba, elevando su propio Cosmo.

"¡Lancelot!" exclamó Rung poniéndose de pie, sintiendo su cuerpo deshecho ante la fuerza del ataque de su enemigo, y con su corazón roto ante la pérdida de toda su familia. "¡No moriré sin intentar siquiera terminar contigo!"

Brillando en furia, Rung de Thor se lanzó contra el Estratega de Poseidón, el cual sin tiempo para erigir la Defensa de Ondas que detuviera al poderoso Mjolnir minutos atrás, recibe el castigo de el encolerizado enemigo asgardiano. Los golpes para un hombre tan grande como Rung eran muy rápidos, pero parecía estar todavía en su poder el evitarlos.

"¡Sois un guerrero formidable, Rung de Thor!" gritó Lancelot lanzando un golpe contra su enemigo hacia el rostro, que evitó el Asgardiano agachándose, Rung abrió sus brazos para golpear al General Marina el cual fue rechazado hacia atrás y fue, una vez más, golpeado por la punta de la bota del héroe que, elegantemente, concluyó su ataque con un patada que lanzara desde su posición. La fuerza del Guerrero de Thor arrojó a Dragón Marino contra las ruinas de una casa, la cual se derrumbó rápidamente.

Respirando agitadamente, Rung observó el sitio donde se levantó una columna de humo que atestiguaba la destrucción de la casa en donde cayera el invasor. Pero una nueva manifestación de Cosmo se hizo evidente y los despojos de la casa fueron disparados con una explosión que mostró al Dragón Marino de pie. Sangraba de la cara al haberse golpeado y su gesto era de furia.

"¡Habéis logrado lastimarme, Rung de Thor!" exclamó. "¡Ahora probaréis la furia de mi golpe definitivo!" Una vez más, el aire alrededor de Rung pareció agitarse. El Guerrero de Asgard levantó sus hachas para chocarlas sobre su cabeza, elevando su Cosmo igualmente y recibiendo un estruendoso rayo.

"¡Éste es el final, maldito extranjero!" gritó Rung de Thor, héroe de muchas batallas. "¡LORD OF THUNDER!"

"¡VIDA PRIMIGENIA!" vociferó Lancelot magnificando su Cosmo a través de su boca, por la que escapó un ataque de energía enorme que devuelvió al magnífico Mjolnir por los aires. Lancelot observó cómo su ataque envolvió a Rung, elevándolo por los aires en una tormenta que azotó el cuerpo del héroe y que destrozó su armadura poco a poco. "¡Es inútil que te resistáis, mi ataque os dejará sin vida mientras que vuestra fuerza se irá haciendo mía!"1

En el aire, el noble consagrado a Thor pudo observar cómo el cielo pareció acercarse poco a poco conforme se elevaba, se supo cercano a la muerte. Sus pulmones ardían, comenzando a dejar de respirar. Cuando su cuerpo aterrizó contra los picos de las montañas que rodeaban a Asgard, ya casi no había vida en él.

"¡Odín...!" Intentó hacer una última plegaria preocupado, más que nada por su amada Asgard.

Rung de Thor, Señor de Bilkskirnir, había perecido. Mjolnir, el arma doble cayó delante de Lancelot, quien se dio la vuelta para reunirse con los supervivientes al primer asalto y continuar con el ataque.

Varios minutos pasan. El galope apresurado de dos caballos se escuchó. Eran Ull y Freyr quienes habían llegado al lugar para encontrarlo desolado.

"¡Padre!" gritó Ull buscando al héroe de Asgard en ese lugar evidente de combate. "¡Madre!"

Para Freyr todo es claro, cuando el hermano menor de Balder encuentró a Mjolnir, cayendo de rodillas para llorar con dolor y desesperación.

"¡No!" gritó Ull con rabia. "¡No!"

"¿Qué palabras has dicho, mujerzuela?" gritó Dolbare indignado, poniéndose de pie rápidamente. "¿Quién ha traicionado a quién? ¿Qué clase de juego perverso es este? ¿Así es el honor del Dios Poseidón a quien le he extendido una mano de ayuda?"

Circe observó al Sacerdote de Odín trémulo de ira.

"Una rata como tú no tiene moral para invocar algo como el 'honor', Dolbare" respondió ella. "Poseidón no trata con traidores como vos, que comienza con su propio hogar con tal de conservar el poder."

"¿Pero por qué Poseidón dice esto? ¡Hice todo lo que se me ordenó!" respondió Dolbare sin comprender.

"El ejército de Poseidón sufrió mucho más bajas de las esperadas ante el encuentro en el sitio donde vos mismo sugeristeis se realizara el primer ataque" respondió Circe, molesta. "Dijisteis que sería pan comido."

"Pero yo..." trató de explicar el Sacerdote, sin saber qué decir.

"¡Basta!" cortó la mujer, haciendo brillar su propio Cosmo amenazante. "¡Puedo terminar con vuestra patética vida ahora mismo!" La mujer tomó una parte de la espalda de su armadura verde, desprendiendo un látigo que azotó con fuerza contra el suelo. "¡Creo que será lo mejor!"

Lanzando un golpe cósmico con el látigo que se incendió con su energía, la mujer observó cómo éste se detenía al chocar contra una espada, también envuelta en un pálido Cosmo.

"¿Quién es?" preguntó Circe, alejándose a la defensiva.

Delante de ella, un hombre fornido, de baja estatura y mirada enmarcada por ojos color esmeralda y cabello rojizo había intervenido.

"Soy Alberich de Megrez" se presentó el desconocido. "¡Y no puedo permitir que alces tu mano contra el Sacerdote de Odín!"

Ambos contendientes se miraron con decisión. Circe sonrió, para guardar su látigo. Llevándolo a la espalda, guardó su Cosmo, sin que Alberich renunciara a su postura defensiva.

"¿'Sacerdote de Odín'?" preguntó burlonamente la mujer. "¡Alberich de Megrez, haríais bien abrir vuestros ojos y vuestros oídos!" advirtió, diciendo casi las mismas palabras que el Escribano hiciera horas antes durante los funerales de Balder. "Quizá estéis salvando en estos momentos la misma ponzoña que ha envenenado a vuestro país para matarle desde dentro" concluyó la mujer para moverse y salir por la ventana del Palacio.

Alberich respiró agitadamente y se volvió al Sacerdote, que se había sentado luego de un momento.

"¿Qué ha querido decir?"

"Gracias, Alberich, pero ahora ya es tiempo de que te vayas" dijo Dolbare con urgencia. "Tengo que meditar."

"¡Pero, Señor!" exclamó el pelirrojo, sin comprender lo que ocurría.

"¡Haz lo que te ordeno, Alberich!" exclamó Dolbare, incendiando su Cosmo de manera amenazante. "¡Retírate!"

Sin entender, el Escribano se dirigió a la salida, deteniéndose un momento para observar a Dolbare sentado. Su mente analizaba, como lo mejor que había hecho siempre, buscando furiosamente la verdad.

Aún las estrellas de la noche eran visibles, a pesar de que el amanecer se encontraba próximo y los llamados de alerta se sucedieron en Asgard. Campanas que llamaban a emergencia, cuando las terribles noticias de lo acaecido en Bilkskirnir fueron reveladas al paso del joven Ull, quien portaba entre sus manos a Mjolnir, y de Freyr de Tyr al arribar a Valhalla.

"¡Ull!" exclamó Alberich recibiendo al joven. "¿Qué ha pasado?"

"Mis padres han muerto, Alberich" respondió con voz cansada el hijo menor de Rung y Sif. "Los enemigos han destruido Bilskirnir, pero seguramente has escuchado eso ya."

Con sorpresa, el pelirrojo observó a Freyr quien acompañaba al joven, con gesto de pesar.

"¿Dónde está Dolbare?" preguntó Freyr seriamente.

"Acompáñenme" pidió Alberich igual de serio, señalando que le siguieran hasta la sala de trono del Valhalla.

Los pasos resonaron por los pasillos del Palacio, el cual lucía extrañamente solitario. Al llegar al sitio donde Dolbare debiera de estar, los tres hombres se sorprendieron de hallarlo vacío.

"¡Se ha ido!" exclamó Alberich. "¡Dolbare no está!" concluyó. Su mente se encendió, trabajando incansablemente.

"¡Solamente tengo una oportunidad!" exclamó el Sacerdote de Odín bajando las escaleras hacia los calabozos, siendo escoltado, en silencio, por un Midgardo envuelto en su armadura naranja.

Abajo, los guardias bajaron sus cabezas respetuosamente al llegar el Representante de Odín ante ellos.

"¡Váyanse!" ordenó Dolbare. "¡Ya!"

Los centinelas se movieron apresurados ante el mal humor del imponente hombre, el cual abrió las puertas de la celda para encontrarse con Erik, encadenado, quien recibió a sus visitas.

"¡Padre!" exclamó. "¿Qué haces aquí?" preguntó, reparando detrás del Sacerdote en la extraña figura de Midgardo, quien lo observaba fijamente. Sus ojos, grises como los de Erik, se encontraron. "¡Esos ojos!" exclamó Erik mentalmente. "¡No puede ser!"

"¡No tengo tiempo ya, Erik!" respondió Dolbare con desespero. "Las cosas no han salido como yo lo esperaba. Asgard está siendo atacada y yo he sido traicionado por Poseidón... ¡Tú eres el siguiente Representante de Odín! ¡El poder del Dios Padre ha sido dividido entre los dos! Con tu muerte podré asegurarme conservarlo para mí y así estar preparado para defenderme."

"¿De qué estás hablando, Padre?" preguntó Erik sin comprender.

Acercándose poco a poco, el hombre de cabellos blancos observó al prisionero. Sus ojos destilan enojo.

"Odín, nuestro cruel Señor, te bendijo con el destino de continuar con su ministerio" dijo Dolbare indignado. "Y mientras los años pasan, el Señor resta fuerzas a su antiguo Representante, para ir aumentando la del que será su sucesor" explicó. "¡Pero no me gusta!" exclamó. "¡Eres un niño estúpido, incapaz de gobernar absolutamente nada! ¡Jamás me gustó la idea de tener que renunciar al poder, por lo que me empeñé en quitarte de mi camino!"

"¿Qué dices, Padre?" preguntó Erik asombrado.

"¡Con tu muerte se garantizaría que yo seguiría dirigiendo Asgard!" concluyó Dolbare. "¡Los Asgardianos podrían ser engañados para eso, pero Odín tal vez no, por lo que decidí quitar de en medio a quien me traicionó cediendo mi poder legítimo a mi propio hijo!" Volviéndose hacia atrás observó a un Midgardo de mirada helada, el cual no quitó su vista de Erik. "Y entonces me pregunté: '¿Por qué si Odín se cree con derecho a elegir a su sucesor debería yo de permanecer impasible?'" preguntó al aire el Sacerdote de cabellos blancos. "¡Si yo instaurara el reinado de un nuevo Dios sobre nuestra nación, yo tendría que seguir en el poder para poder dirigir a los Asgardianos en los caminos de un nuevo culto que adore al nuevo Señor de Asgard!"

"¡Blasfemia!" acusó Erik al recibir aquella revelación inesperada y haciendo que todo, de pronto, pareciera tan claro como el agua del Bifrost. "¡Fuiste tú entonces quién mató a Balder!" afirmó el joven enojado. "¡Y me culpaste para cumplir tus planes!"

Dolbare rió.

"¡Sí! Y en estos tiempos desesperados, en los que el cobarde Poseidón me ha traicionado, ¡sólo me resta quitarte de en medio para que la mirada de los habitantes de Asgard se vuelva hacia mí con esperanza!" Dolbare carcajeó como un hombre desquiciado. "¡Siempre supe que cuando tu madre y yo recibimos la maldición de su nacimiento era la oportunidad para poder perpetuarme!"

"¿'De su nacimiento'?" repitió el joven sin comprender las palabras de su progenitor. "¡Padre! ¡Lo que has hecho es imperdonable!" exclamó Erik enojado, poniéndose de pie.

"¡No te preocupes, Erik!" contestó Dolbare al joven riéndose poco a poco. "¡Una vez que hayas muerto y yo me convierta en el salvador de Asgard, nadie reparará en tu ausencia!" Y mirando una vez más al extraño Midgardo, quien debajo de su máscara seguía contemplando con odio a Erik, preguntó. "¿No lo crees así, hijo?"

"¿Qué dices?" cuestionó Erik, sin comprende, aunque con una corazonada enorme del verdadero significado del comportamiento del anciano.

"¡Mátale, Midgardo!" exclamó Dolbare. "¡Descarga tu furia en aquel que te lo arrebató todo y que haría lo mismo conmigo!"

El hombre en armadura naranja avanzó observándole con odio y elevando su Cosmo. El prisionero abre los ojos tras sentir la emanación de energía del misterioso hombre en armadura naranja.

"¡Este Cosmo...!"

Una carcajada comenzó a resonar con eco en el calabozo y Dolbare asintió.

"¡Sí, Erik!" exclamó. "¿Ahora lo entiendes? ¿Ya sabes lo que quiero decir, ahora que reconoces el Cosmo de este hombre?"

El prisionero elevó su Cosmo mientras observó a Midgardo aproximarse con su mirada helada hacia él. La emanación de Cosmo de Erik hizo que el Guerrero en armadura naranja se detuviera para analizarlo. Un frío intenso rodeó las cadenas que sostenían a Erik, rompiéndolas después de un momento. ¡El hijo de Dolbare había decidido luchar!

El joven de cabellos rubios y ojos grises respiró fuertemente pero no se detuvo, agitando las cadenas con las que lo sostuvieran, éste se lanzó contra Dolbare, con intención de matarle.

Dolbare, si tú mueres yo también seré entonces más poderoso!" exclamó. "¡Tú traición será descubierta y Asgard podrá salir adelante!"

Las cadenas chocaron contra la espada que Midgardo sostenía. El aire también se enfrió del lado del Guerrero de armadura naranja.

En aquel momento, por todo Asgard un temblor sacudió la tierra.

Alberich, Freyr y Ull salieron corriendo del Palacio al escuchar gritos de angustia entre los Asgardianos. Al llegar a las escaleras que apuntaban a la ciudad, los tres hombres miraron al cielo para observar tres estrellas fugaces con dirección al mar, la incandescencia de los meteoros eclipsó por completo el brillo de las estrellas, dejando detrás de sus ominosas estelas, oscuridad y congoja.

"¡Por Odín!" exclamó Freyr al observar el prodigio en el cielo, percibiendo Cosmos agresivos detrás de aquellas presencias.

"¡Más enemigos que llegan a Asgard!" respondió Alberich haciendo lo mismo que el Señor de Tyr. "Una maldición ha caído sobre nosotros."

Como si se trataran de lobos hambrientos acosando a una víctima herida, Asgard se encontró en su momento más oscuro.

El conocimiento de que el fin de una era fue revelado así a los tres héroes reunidos.

Continuará...

1 Un ataque similar, por parte de otro Dragón Marino puede ser encontrado en la CRÓNICA ZODIACAL DE GÉMINIS: REVOLUCIÓN.- Nota del Autor.