"Con la muerte de los Señores de Bilkskirnir, la esperanza de Asgard pareció agonizar cada vez más. La desolación y el desconcierto que siguieron luego de la revelación manipulada del asesino de Balder, hizo que en los corazones Asgardianos la llama del orgullo se apagara, trayendo sobre todos el oscuro atardecer de la desconfianza y la sospecha.
Cuando tres estrellas iluminaron los cielos de la bella Asgard, haciendo que la luna y los demás astros dejaran de verse, el terremoto que les acompañó encendió aquellos viejos temores de nuestros habitantes sobre el ocaso que parecía cernirse, inevitable, sobre nuestra nación.
Aún a pesar de que los signos parecían indicar que se había perdido todo y que no había razones verdaderas para luchar, hubo valientes hombres que se levantaron orgullosos, llenos de amor por sus Dioses, por su gente y por su nación, que se resistieron a ser barridos por el alud de hielo que había ya matado en vida a tantos Asgardianos.
Haciendo gala de la virtud de lo indómito de nuestra gente desde tiempos ancestrales, ellos decidieron luchar por aquello que muchos daban ya por perdido.
Asgard tendría aún mucho que lamentar y que llorar, pero con estas acciones, los Héroes del Ragnarok sembrarían las semillas de la esperanza que aún esperan, pacientes, germinar en suelo nuevo y fértil, para reencender las llamas del amor patriótico que nuestro hermoso país necesita."
Pollux Dioscuros presenta:
DIE RAGNAROK LIED
Canto III: La Batalla del Final de los TiemposLos cielos sobre Asgard se vistieron de gris con potentes nubes que oscurecieron los cielos.
La bóveda celeste se dibujaba nebulosa y lechosa, mientras que la temperatura descendió rápidamente. La nieve comenzó a caer, lenta pero pertinazmente, haciendo que pronto, las usualmente lustradas calles de Asgard se fueran llenando de una fina capa helada que calaba hasta los huesos.
"Será mejor que regresemos a mi casa, Ull" sugirió Freyr, caballero de noble gesto. "Con la ausencia de Dolbare y en medio de este peligro, Asgard requerirá que alguien haga algo para organizar su defensa."
Alberich de Megrez, el Escribano de Asgard, y Ull, hijo de Rung, escucharon las palabras del alto hombre con el desconcierto aún dibujado en sus rostros.
"Además..." agregó el rubio dirigiéndose al joven Ull. "No has descansado, necesitas hacerlo."
Apretando sus dientes con furia, mostró el hacha doble que había sido el arma insignia de su desaparecido padre.
"¿Cómo puedes decirme eso ahora, Freyr?" preguntó con ira. "¡La sangre de mis padres y la gente de Bilkskirnir aún está fresca y tú me pides que los olvide para descansar! ¡No puedo hacer eso!" Guardando silencio, Ull resalta el eco escuchado por Valhalla. "¿Dónde están los soldados?" preguntó, mirando a Alberich.
"Como Freyr ha dicho, en la ausencia de Dolbare parece ser que la guardia no ha salido. La gente de Asgard es de supersticiosos que esperan la llegada del Fin del Mundo en cualquier momento. Mucho me temo que algunos de ellos hayan dejado Valhalla para irse con sus seres amados." Respondió el joven pelirrojo a la pregunta del hijo de Rung.
"¡Tonterías!" exclama éste, enojado. "¡Hazles saber que deben volver para defendernos! ¡Asgard no ha caído aún!" En el rostro de Ull, la ausencia de sueño parece haber ya dejado marcas en su juvenil cara, la cual muestra signos evidentes de cansancio.
Alberich posó su mano en el hombro de Ull.
"¡Tu padre estaría orgulloso de escucharte hablar así ante las tragedias que han enfrentado tú y Asgard, joven Ull!" dijo con una sonrisa consoladora. "Sin embargo, me parece que Freyr tiene razón al decir que necesitas descansar, antes de que podamos emprender una acción definitiva contra nuestros enemigos."
"¡Pero Alberich!" se quejó el muchacho desesperado.
"¡Por favor, joven Ull!" interrumpió una vez más el Escribano de Asgard. "¡Tenemos que pensar en muchas cosas aún! ¿Quién es nuestro enemigo? ¿Por qué nos ataca? ¿Cuál es su poder? ¿Qué haremos con la gente?" cuestiona el joven de ojos verdes. "¡No descansaré hasta poder responder estas preguntas! Pero para ello, necesito tiempo. Lo mejor que pueden hacer es prepararse para mis noticias. Reorganizaré las cosas aquí tanto como pueda, pero tú, Ull, necesitas descansar si en verdad quieres defender Asgard."
Las palabras del Señor de Megrez son escuchadas con un gesto de derrota por Ull, el cual, a pesar de que siente que su sangre hierve y que su furia lo inunda, va cediendo ante el reconocimiento real de que su cuerpo necesita descansar.
Freyr se pone delante del joven para agregar.
"¡Ull, no te detendremos más una vez que sepamos contra qué luchamos!" Sonriendo paternalmente, agregó. "¡Ven por favor! ¡Vamos a mi casa, donde podrás descansar seguro!"
Bajando sus manos y su cabeza, casi con tristeza, Ull dejó claro que ha cedido.
"Bien. ¡Freyr, los veré en Tyr tan pronto como termine de hacer lo que necesito!" dijo Alberich con decisión. "¡Salvaremos a Asgard!"
Ambos hombres se ven con resolución. Sin más palabras que decir, Freyr agregó.
"Comenzaré la evacuación de Tyr y mi gente, Alberich. No pienso exponer a los más débiles tampoco a que sufran una suerte similar a lo que ocurrió en Bilkskirnir" concluyó. "Para mí, el descanso aún no es una posibilidad, a menos que sea el eterno cayendo defendiendo mi residencia."
"¡Que los Dioses te acompañen, Freyr!" dijo Alberich asintiendo con seriedad.
"Sí, los Dioses..." respondió a la frase Ull con un suspiro irónico lleno de amargura.
"Vamos" invitó Freyr, ayudando al joven hermano de Balder a salir del Palacio.
Esperando a que los dos salgan, Alberich permaneció atento. Una vez que comprobó que ellos se habían ido, comenzó a correr, dirigiéndose apresuradamente al Salón del Trono.
"¡Debo liberar a Erik!" pensó con urgencia. "¡Dolbare parece haber querido engañarnos a todos!" prosiguió, pensando en su encuentro con aquella extraña mujer de armadura esmeralda. "¡Si es así, entonces tal vez su hijo, el Heredero del poder de Odín, sea nuestra última esperanza!"
Alberich repasó en su mente todo lo que tenía que hacer, preguntándose si acaso el tiempo del que dispone será suficiente para todo lo que es urgente resolver... antes de que los temibles enemigos de Asgard volvieran a atacar.
Los choques metálicos aún resonaban en las mazmorras de Valhalla por la batalla de Erik de Odín contra Midgardo, el misterioso hombre enmascarado de armadura naranja y helada mirada. Observándolo todo, desde una esquina, el desquiciado Dolbare espera que la pelea se resuelva a favor del Guerrero de rostro cubierto.
"¡Mátalo, Midgardo!" exclamó Dolbare, con expresión maniática. "¡Extermínalo!"
Ambos jóvenes, de exacta estatura, se mueven a grandes velocidades, mientras que la temperatura del aire alrededor de ellos sigue disminuyendo como sus Cosmos parecen elevarse.
"¡Maldito Poseidón!" piensa una vez más el frustrado Sacerdote, comprendiendo que, desde el comienzo, la intención del Dios griego jamás habría sido perpetuarlo en el poder, sino implantar un control total regido por él sobre Asgard. "¡Malditos Dioses!" Su furia aumentaba, pensando en la restricción de que un poseedor del poder de Odín no puede, a riesgo de perderlo todo, matar a un Heredero de aquella misión sagrada que alguna vez fuera la suya. "¡Todos son unos traicioneros y manipuladores desgraciados!" Siguiendo con precisión los movimientos de la batalla, ruega a las Nurnas porque, por primera vez desde que iniciara esta catástrofe, todo se resolviese a su favor. "¡Jamás podrán perdonar que un hombre intente hacerse del control de su propio destino!"
"¿Es esto lo que es un Señor de Odín?" preguntó el enmascarado con voz torva a su rival. "¿Un cobarde que corre y sólo se defiende?" El tono está lleno de desprecio y odio, lo mismo que su mirada, la cual se clava en su oponente.
"¿Lo dice un hombre que oculta su rostro bajo una máscara?" preguntó a su vez Erik, trayendo a su mirada una decisión que contrasta con el odio de su rival.
"¡Ésta máscara la he llevado puesta por tu causa, maldito!" exclamó el otro guerrero, separándose y respirando agitadamente, observando a su rival, el cual se ha defendido exclusivamente haciendo uso de las largas cadenas que, en sus brazos, aún le sujetan. "¡Tú me condenaste a ser un hombre sin rostro!" grita salvajemente, desgarrándose la garganta y levantando su espada para lanzarse nuevamente contra Erik.
"¿Yo?" interpela Erik, comprendiéndolo todo al fin. "¡Yo soy tan inocente como lo fuiste tú!" La maldición de los gemelos en Asgard parecía convertirse en una cruel explicación, verdadera, ahora que Erik se enfrentaba a su hermano. "¡Si Odín no me hubiese elegido a mí yo, tal vez, habría sufrido tu destino! ¡No fue culpa mía, ni algo que yo hubiera elegido!" Corriendo y usando su Cosmo para acelerar su paso, Erik evita que el golpe de la espada que Midgardo lanzó con tanta fuerza que quebró una parte del suelo rocoso de la mazmorra.
"¡Pues malditos sean Odín y sus poderes!" gritó Midgardo ante esas palabras. "¡Maldito seas, tú que fuiste elegido por un Dios en mi lugar!" La furia de Midgardo hizo estallar aún más su Cosmo, haciendo que Dolbare se cubra con su capa y elevando su propia Cosmoenergía.
La presión es enorme. Erik recibió la explosión del Guerrero cruzando sus brazos delante del rostro y oponiendo resistencia con su cuerpo. La descarga fue tan fuerte que hizo que sus cadenas de acero se moviesen como listones de seda al viento.
Asombrado, Erik concentró su mirada en la figura del Guerrero que emite ese poder desbordado y reconoce, en ella, la influencia de otro Dios, sólo posible por la Sabiduría de Odín que parece revelarle una figura detrás del enmascarado.
"¡Te equivocas!" exclamó en medio de la tempestad cósmica. "¡No has sido abandonado por los Dioses, hermano!" añadió pronunciando por vez primera la palabra, la cual afloró a sus labios con naturalidad. "¡Tú eres otro Elegido!"
Al escuchar la palabra "hermano", Midgardo se sintió descontrolado. La forma en como aquél que tuviese su mismo rostro había hablado, con una urgencia tan diferente y tan alejada del odio implícito en la palabra "hijo" que Dolbare siempre utilizara; y con tal calidez, que sus ataques comenzaron a perder fuerzas.
"¿Qué palabras has dicho?" preguntó Midgardo bajando sus brazos, perdiendo, por instantes, esa calidad de odio que sus ojos hubieran reflejado desde el comienzo.
"¡Imbécil!" gritó Dolbare al observar que su Guerrero ha dejado de atacar. "¿No ves que sólo está intentando engañarte, que está utilizando la Sabiduría de Odín para manipularte? ¡Tú debes odiarle, Midgardo! ¡Tú debes odiarle!"
"¡No lo escuches!" exclamó Erik levantando su voz. "¿Quién te ha traído hasta aquí, para ponerte a luchar contra mí para hacerse de mi poder, hermano? ¡Él mismo, no yo! ¡Ni siquiera sabía que existías, pero él es el que te ha mantenido oculto todo este tiempo!"
"¡Di lo que quieras, Erik!" exclamó Dolbare, emanando energía cósmica por todo su cuerpo. "¡Pero tu hermano tiene años odiándote desde que supo la verdad! Luego de que nació lo arrebaté de manos de tu madre, la cual lo dio por muerto para arroparte cariñosamente entre sus brazos." Con su misma expresión desesperada, el Sacerdote continuó. "¿Y qué le esperó a Midgardo? ¡La condena desde su nacimiento! Pero yo no lo acepté jamás. ¡Yo le salvé la vida!" declamó. "¡Yo lo cuidé y lo entrené para que, algún día, pudiese cobrar venganza en ti!"
"¡Para que me matara y el poder de Odín se volviera a ti y poder seguir gobernando Asgard, padre!" exclamó Erik. "¡Tú no le salvaste la vida porque te importara, sino porque era yo al que odiaste desde que nací, admítelo!"
Midgardo observó el intercambio de palabras entre padre e hijo, intentando aclarar sus pensamientos.
"¡Claro que sabía que si él se vengaba de ti yo perpetuaría mi estancia en el poder!" increpó Dolbare. "¡Todo tiene un precio y es justo que el hijo que salvé desafiando a los Dioses me ayudase llegado el momento!" agregó. "¡Es verdad que tú fuiste el Elegido de Odín! Pero el Oráculo no sólo reveló que tú eras heredero de mi poder, sino que Midgardo había sido enviado aquí bajo el signo de otro Dios que también es poderoso y que podría derrotarte antes de que alcanzaras el máximo momento de tu desarrollo."
Observando con interés a Dolbare, ahora es Midgardo el que enfrentó a su padre con asombro.
"¿Yo?" preguntó sin saber a lo que se refiere el Sacerdote. "¿Elegido de un Dios también?"
"En Asgard existen un total de diez armaduras que serán portadas por guerreros elegidos por los Dioses..." recita Dolbare poco a poco. "Dos de ellas son tan poderosas, que se dice que no pueden cohabitar en un mismo momento bajo la misma era, pues podrían ocasionar la destrucción de la nación al ser utilizadas con toda su fuerza al mismo tiempo. Una de ellas es la de Odín y la otra es la del Dios Loki." Revela el Sacerdote a los hermanos. "Me sería inútil conservando Erik aún la vida, pues el poder de Odín ha sido dividido entre él y yo. El cruel Señor de los Dioses tampoco me permite matar a su futuro heredero o perdería mi propia capacidad, por ello, es que sólo Midgardo y su poder divino serían capaces de hacer lo que yo necesitaba."
"Loki..." exclama Midgardo observando sus propias manos y soltando la espada que hubiera levantado momentos antes. "¡Soy un elegido de los Dioses como Erik!" parece sonreír detrás de la máscara, mientras que su Cosmo sigue brillando, cambiando su calidad.
El plateado Cosmo de Alberich brilla para romper, con una espada, los fragmentos de techo que habrían caído en las escaleras que conducían hasta los calabozos.
"¡Percibo presencias poderosas en las mazmorras!" exclamó alarmado. "¡Debo apresurarme!"
"¿Por qué no me lo dijiste antes, padre?" preguntó Midgardo a Dolbare confundido una vez más. "¡Jamás me revelaste esto! ¿Por qué?"
"¡Yo te diré por qué, hermano!" se escucha la voz de Erik ahora firme, haciendo uso de la Sabiduría de Odín, despierta para condenar a su corrupto Sacerdote. "Dolbare calló porque utilizando tu poder sin sabiduría podría derrotarte después y luego gobernar Asgard haciendo uso de la armadura de Odín" reveló. "¡Dolbare!" exclama el antes prisionero. "¡El Padre de los Dioses te condena por haber cometido tan atroces actos! Cuando se decidió nuestro nacimiento, permitió la llegada de gemelos para poder hacer lo que yo no puedo: Quitarte el poder y permitir que una absurda maldición que ha aquejado a los hermanos en Asgard fuera rota."
"¡El destino vaticinado de Midgardo era recuperar el poder para el verdadero Heredero del poder de Odín!" exclamó Dolbare enojado. "¡Ése soy yo! ¡Eso me dijeron cuando nació!"
"¡Pues estás equivocado, Sacerdote!" respondió Erik, elevando su Cosmo. "¡Odín lo envió para que hiciera eso a mi favor y así, unir para siempre a los hermanos de Asgard con una bendición!"
Midgardo se vuelve hacia Erik, el cual brilla en intensidad de poder para escuchar las palabras de su hermano, que ahora parece otra persona.
"¡Su destino es acabar contigo!"
"¡No!" exclamó Dolbare enloquecido. "¡Odín es un Dios arrogante que cometió muchos errores, pero yo tengo la visión para corregirlo! La armadura de Loki, despertada con mi poder, me permite hacer uso de Midgardo a mi antojo, porque aún... ¡mi poder es superior!" Los ojos de Dolbare brillan, lo mismo que su Cosmo, el cual lanza a través de su mano para hacer gritar a Midgardo con dolor. "Tengo el poder para controlar a los mismos Dioses porque yo... ¡yo soy un Dios!"
Alberich se detiene ante la incontenible energía cósmica que emana del calabozo donde estuviera aprisionado Erik y donde la batalla se lleva a cabo.
"¡Midgardo! ¡Mata a tu hermano y dame el poder de Odín!" ordenó el Sacerdote.
Aún sin haberse hecho del poder de Loki, Midgardo pierde nuevamente el sentido, a pesar de permanecer de pie, volviéndose hacia Erik, quien observa todo en postura de defensa. Lentamente, el enmascarado tomó la espada que hubiera dejado caer.
"¡Te mataré!" exclamó una vez más, lleno de odio.
Elevando igualmente su propia Cosmoenergía, Erik abrió los brazos para brillar con poder y dejar que el poder de Odín llene su cuerpo.
"¡Yo también tengo el poder de Odín!" exclama Erik. "¡Y ahora lo podré demostrar!"
"ANCIENT GOD'S WINTER!" gritó Midgardo, extendiendo sus puños juntos y lanzando una ráfaga de aire frío contra su hermano.
"ODIN'S STORM!" respondió Erik, mientras evadía el golpe de su hermano a gran velocidad y alzándose por el alto entorno, cayendo sobre Midgardo tras juntar sus manos y canalizar la energía de su Cosmo contra él en una especie de martillo que golpea la espalda del enmascarado. Con gran estruendo, Midgardo cae contra el suelo estrellándose en él, abriendo un boquete que levanta una columna de humo y produciendo un temblor que hace que Alberich caiga sobre su espalda.
El humo se disipó para revelar a Erik de pie, ante el cuerpo inmóvil de su hermano que yace inconsciente a sus pies, observando a Dolbare fijamente.
"¡Lo que los Dioses dan, los Dioses lo quitan!" sentenció severamente.
Dolbare lo observa con furia para luego salir huyendo, tropezando con Alberich.
"¡Dolbare!" exclamó Alberich sorprendido. Pero el anciano, contrario a lo que cualquiera esperaría, sigue corriendo lleno de odio, alejándose de ahí.
El Escribano de Asgard corrió hacia la mazmorra para encontrar a Erik, de pie y a otro hombre, el cual tiene el mismo rostro del heredero del poder de Odín. Con la máscara rota, no hay más secreto oculto para el inteligente pelirrojo.
Ambos hombres se observaron en silencio. Alberich miró del suelo hacia Erik con sorpresa, para terminar arrodillándose ante del antes prisionero y decir.
"¡Mi Señor, Asgard lo necesita!"
En la Mansión de Freyr de Tyr, gran movimiento se realiza. A las afueras de sus tierras, una gran hilera de ancianos, mujeres y niños se mueven. Han pasado unas horas, y el rubio no puede dejar de sentir la sensación de amenaza que le acompañara desde la muerte de Balder.
"¡Pobre de ti, Asgard!" se lamentó tristemente. "¡Ahora tenemos que hacer que tus hijos te abandonen cuando más los necesitas!" suspiró.
El sonido de unos cascos resuena. El rubio observa que, aproximándose, Ull, el único hijo vivo de Rung, lleva en su montura a su hermana, la dulce Freya.
"¡Freyr!" exclamó Ull, mostrando preocupación en su rostro, pero también notándose mucho más recuperado que lo que se viera unas horas antes. "¡Ya hemos llegado!"
"Ull" respondió Freyr, ayudando a su hermana a bajarse del caballo.
"¿Qué piensas hacer?" preguntó el muchacho observando a su alrededor, viendo cómo la gente se mueve con dirección a la costa Asgardiana.
"Como sabes, tengo un barco que es parte de mi herencia. Ayudaré a sacar a mi gente de aquí, los llevaré a Bluegraad1 para que pidan refugio" explicó el Señor de Tyr.
"¿Te vas?" preguntó el joven asombrado. Los hombres guardan silencio.
"De hecho, esperaba que tú también salieras con ellos en su camino hacia Bluegraad" dijo Freyr en voz baja.
"¡Imposible!" exclamó Ull, indignado. "¿Cómo me podría ir en estos momentos en que Asgard más me necesita?" preguntó.
"Asgard es su gente, Ull" respondió Freyr, amagando la embestida que, seguramente el hijo de Rung habría de hacerle. "Luchamos por nuestra patria pero más que todo por nuestra gente. Si toda ella muriera, ¿qué ganaríamos? Sí, saldré de Asgard hasta Bluegraad, pero eso no significa que esté abandonando a mi nación" agregó. "¡El viaje durará dos días! ¡Regresaré para defender a nuestro país, pero antes salvaré a la mayor cantidad de gente que pueda!"
Ull permanece callado, sopesando las palabras del hermano mayor de Freya.
"¡Por favor, Ull!" pareció suplicar Freyr. "¡No me condenes!"
Freya observó a Ull con esperanza. El amor por su hermano es tal y el entendimiento entre ambos es tan profundo, que puede comprender lo que para Freyr significa el tener que dejar a Asgard en un momento tan funesto como el presente.
"¡Ull, mi hermano no es un cobarde!" exclamó ella, orgullosa.
El hermano menor de Balder escuchó las palabras de Freya, quien defiende a su hermano con vigor. Finalmente, dando razón a las palabras de Freyr y entrando en razón, comprendió las circunstancias tan diferentes, respondiendo.
"Freyr, te ofrezco una disculpa. No era mi intención ofenderte, ni a tu hermana" sonriendo, añadió. "Pero como te pido que me entiendas igualmente, yo no puedo hacer lo que esperabas de mí. Tú, a diferencia mía, tienes un hogar y gente aún por la cual luchar mientras que a mí... ¡me lo han arrebatado todo!" El viento frío que acarrea nieve sopla haciendo volar sus largos cabellos.
Observándole con agradecimiento, Freyr cuestionó.
"¿Te lo han arrebatado todo, Ull?" hizo la pregunta mirando directamente a los ojos del joven, sabiendo que el Señor de Tyr se refería a la hermosa doncella que escoltara hasta aquel sitio. El hermano menor de Balder se volvió hacia Freya, la cual se sonrojó para no decir nada. "Los dejaré unos momentos mientras termino de organizar la partida. La nieve puede resultar tan mortal como cualquiera de nuestros enemigos." Discretamente, el rubio se alejó.
Ull observó a Freya, quien bajó su cabeza con mirada trémula y gesto de preocupación y dolor. El joven baja de su montura para acercarse hasta ella.
"¡Freya!" exclamó.
"No digas nada, Ull" dijo ella poniendo su mano sobre los labios de Ull quien es acallado por este gesto. "¡No tienes por qué darme explicaciones de algo que comprendí de antemano!"
El hijo de Rung tomó la mano de la hermosa mujer y la llevó a su pecho.
"¡Te juro que no moriré!" exclamó él de nueva cuenta. "¡Viviré para ti, Freya!" afirma con convicción apretando la mano de la mujer, quien corresponde efusivamente a la caricia.
"¡Te creo, Ull!" dijo ella mirándole tiernamente a los ojos, con admiración, con temor.
"¡Te amo!" prorrumpió, tomándola entre sus brazos y besándola apasionadamente. El joven Ull, el que según las costumbres Asgardianas considerarían un niño, en medio del dolor y la tragedia se había convertido en un hombre.
Poco a poco, luego de separarse del dulce abrazo, los jóvenes se miran con ternura.
"Y yo te amo a ti, Ull" respondió ella. "Mi corazón quedará contigo" susurró, abrazándose a su pecho rápidamente.
Ambos jóvenes se abrazaron, ignorando todo por ese momento, deseando que todo fuera diferente por un instante. Pero la realidad regresa a sus pensamientos, sabiendo que tendrán que separarse. Ella se apartó y con delicadeza, tomó la daga que el hijo de Rung portaba en su cinturón. Ull la observó asombrado, mientras que ella, cogiendo una parte de su rubio cabello, corta con ésta el mismo y devolver la daga en su mano, para luego abrir un relicario que colgaba de su cuello, depositando los rizos dorados. Luego, quitándoselo, se alzó en las puntas de sus pies para abrazar a su amado, mientras que ajusta el relicario en su cuello.
"¡Esto es para que siempre me lleves contigo!" exclamó ella observándolo, dejando escapar una lágrima de dolor por la separación. "¡Cumple tu promesa, Ull!"
"¡Freya!" llamó él, pero es interrumpido por Freyr, quien ha regresado para llevarse a su hermana.
"Es hora de que partamos. ¡Ull!" exclamó alzando la voz y levantarla por encima del viento que ha arreciado. "¡Diles a todos que volveré! ¡Qué los Dioses nos acompañen!"
"¡Ve con seguridad, Freyr, sabiendo que cuando regreses, tendremos al enemigo en retirada!" concluyó Ull su despedida firmemente.
Freyr asintió aprobando las palabras del hijo de Rung, mientras que inicia la marcha que pone en movimiento a su gente con rumbo al barco que los llevará a Bluegraad, en el occidente.
"¿Hermano, crees que todo estará bien?" pregunta Freya evitando pronunciar el nombre de Ull, aunque su hermano la entendió perfectamente.
"Es un hombre más fuerte de lo que nadie piensa, Freya" dijo él con seguridad. "Él vivirá, no temas."
En su mente, Freyr se pregunta si su plan de poner a salvo a su gente es el correcto, y piensa que... de caer Asgard, Bluegraad sería la siguiente.
A través de la nieve, la gente se mueve con nostalgia de dejar atrás toda su vida y sus hogares. Mientras que el caballo de Ull va en sentido contrario, dirigiéndose a Asgard, al Palacio del Valhalla, para reunirse con Alberich y organizar la defensa.
"¡Mi Señor!" exclamó Alberich a Erik. "He podido reunir de nueva cuenta a tantos hombres como he podido. Sólo espero la llegada de Freyr para poder organizar la defensa como usted lo ordene."
"Buen trabajo, Alberich" dijo el nuevo Representante de Odín ante los ojos de los soldados, quienes han descubierto con horror el rostro de Midgardo, desmayado cerca del trono.
"¿Qué debemos de hacer con él, Señor?" preguntó el pelirrojo señalando al hombre en armadura. "Su presencia ha inquietado a muchos de nuestros soldados, eso no es bueno, lo ven como un mal presagio más para Asgard."
"No harás nada, Alberich. Necesito hablar con mi hermano una vez más, pero no hay nadie quien pueda atenderle en estos momentos en que debemos poner en resguardo a los más débiles" ordenó Erik con autoridad.
Los pasos apresurados de un hombre interrumpen las palabras de los dos. El hombre viene agitado, mostrando una herida en su rostro y en su hombro que sangran profusamente. Su rostro está pálido.
"¡Señores, señores!" gritó angustiado.
"¿Qué pasa?" preguntaron los dos poniéndose alertas al darse cuenta que el hombre viene herido.
"¡Asgard! ¡Asgard será sitiada!" exclamó, respirando agitadamente.
"¿Qué has dicho?" preguntó Alberich, al tiempo que Erik se pone de pie.
"¡La Guardia ha sido derrotada en las cercanías de Asgard! He podido escapar para decirles que nuestros enemigos se aproximan por el norte y por oriente... ¡son muchos y muy poderosos!"
La revelación del soldado cayó como un balde de agua fría en Erik y Alberich, quienes se dan cuenta que la prórroga no pactada ha terminado.
"¿Dónde está Freyr?" preguntó desesperado Alberich, sabiendo que necesitan de un poder más para tener esperanzas de dar una pelea digna.
"¡Él no vendrá!" dijo una nueva voz que los interrumpe, haciendo que los tres hombres se vuelvan para encontrar a Ull, de pie en el marco de la entrada del Salón de Trono. En su mano, porta el hacha doble Mjolnir, el arma insignia de su padre.
"¡Ull!" exclama Erik.
El hermano de Balder le observa con serenidad.
"Verte sentado ahí, Erik, me responde cualquier pregunta, pues sé que Alberich es justo y jamás estaría contigo si tú no fueses digno de ello. De lo contrario, ahora mismo yacerías muerto a un lado del trono" dijo el hijo de Rung. "Y además, siempre tuve confianza en ti."
Casualmente observó el rostro de Midgardo y se vuelve sorprendido para ver a Erik, el cual sonriendo le dijo.
"Sigue confiando en mí, por favor, Ull, y no hagas por el momento más preguntas" pidió Erik con urgencia. "¡Ahora hay cosas más importantes qué resolver!"
"Comprendo" respondió Ull.
"¿Por qué dices que Freyr no vendrá, Ull?" interrogó Alberich, aproximándose a los dos hombres.
El joven explicó rápidamente lo que ocurrió en Tyr.
"Conociendo a Freyr, intentará traer aliados de Bluegraad" ponderó Alberich, razonando luego de escuchar la explicación del joven. "Debe de haberle dolido mucho tener que tomar esta decisión."
"Sin embargo..." interrumpió Erik. "Aún tenemos muchos problemas. Tendremos que afrontar a nuestros enemigos, tenía la esperanza de que mi hermano pudiera revelarnos más acerca de los planes de Dolbare, sospecho que habrá hablado un poco más con él al respecto, pero ya no hay tiempo."
"¡Erik!" exclamó Ull acercándose hasta el nuevo Representante de Odín, y para su sorpresa se arrodilló ante él. "¡Hoy será el último día que me dirija a ti por tu nombre! ¡Te ruego que me des la oportunidad de servirte a ti, a Odín y a Asgard defendiéndola como uno de los Guerreros de nuestra nación!"
Alberich y Erik se miraron entre sí y asienten.
"¡Que así sea, Ull!" pronunció Erik. "¡Organiza a los hombres y llévalos al ala oriente de Asgard para impedir que la ciudad sea tomada! Toma en cuenta que dentro de la ciudad estarán refugiados todos los habitantes que no tuvieron la suerte de partir de aquí, a diferencia de la gente de Tyr."
"¡Sí, mi Señor!" dijo Ull poniéndose de pie con gesto serio, pareciendo haber dejado atrás al niño que había sido todavía hacía un par de días. "¡No entrarán! ¡Por mi vida se lo juro!"
"Alberich, dale a Ull una armadura" señaló observándole al otro. "Y tú, por favor, encabeza la defensa por el norte."
Arrodillándose ahora Alberich, asiente tras recibir las órdenes de su nuevo Señor.
"¡Que Odín le guíe, mi Señor!" exclamó el pelirrojo poniéndose de pie y saliendo junto con Ull.
Lejos de ahí, al occidente de Tyr, la gente de Freyr ha subido ya al barco que los llevará a buscar refugio a la nación vecina de Bluegraad.
"¿Está todo listo?" preguntó Freyr al capitán del barco.
"Sí, mi Señor" respondió el aludido. "¡Partiremos de inmediato!"
"¡Bien!" aprobó Freyr.
El barco se aleja poco a poco de la orilla, para comenzar su recorrido sin internarse mucho en el mar, el cual se encuentra picado a consecuencia de la misma tormenta que cae sobre Asgard.
"¡Asgard!" exclamó Freyr. Su hermana se aproxima para abrazarse a su hermano y sentirse segura.
Lejos, sobre un acantilado, un hombre enfundado en una armadura dorada y cobriza, les observa fijamente con malvadas intenciones.
Erik se aproximó a la figura caída que reposa en el suelo del Salón del Trono, sin dejar de asombrarse que se tratase de su hermano gemelo: Midgardo.
"Hermano... ¡todo esto debería ser diferente!" se lamenta el nuevo Representante de Odín.
De pronto, el que yacía inerte abrió los ojos sorprendido para encontrarse, delante de él, a su hermano. Su mirada, perdida, parece no haberse recuperado desde que Dolbare le hechizara de nuevo, por lo que su Cosmo se enciende al recordar el golpe que el hombre que le mira de pie le diera hacía unas horas.
"¡Midgardo!" exclamó Erik al percibir el Cosmo helado de su gemelo incendiarse mientras que retrocede con cautela un paso. "¡Hermano!"
"¡Muere!" grita Midgardo poniéndose de pie y lanzándose al cuello de Erik con fuerza, mientras lo aprieta con frenesí fraticida.
Erik trata de resistirse pero la fuerza de su hermano parece crecer. Incendia su propio Cosmo para defenderse del efecto congelante del toque del gemelo en armadura naranja.
"¡No, Midgardo!" alcanzó a murmurar, aunque la falta de aire comienza a hacer que su cara se coloree de rojo. "¡No quiero pelear contigo!"
"¡No te dejaré vivir, maldito!" exclamó Midgardo sin entender las palabras de su hermano, con la misma mirada vacía de calidez y llena de un odio absoluto. "¡No te dejaré vivir!"
Cerrando su puño, Erik decide golpear con fuerza el abdomen del enloquecido Elegido de Loki. El golpe no traspasa del todo la armadura, pero es suficiente para hacer que éste afloje su presión, permitiéndole lograr zafarse por completo. El nuevo Señor de Asgard retrocede, levantando su mano.
"¡No luches contra mí, Midgardo!" pide. "¡No debemos hacerlo!"
Mirando a su alrededor, el joven en armadura se vuelve para todos lados mostrando la lucha que parece gestarse en su interior. Parece desorientado.
"¡No permitas que el veneno de nuestro padre te ciegue ante la verdad, hermano!" Exclama Erik. "¡Reacciona, por favor!"
Midgardo eleva su Cosmo explotando en una cápsula de poder enorme que parece generar aire dentro del Salón del Valhalla.
"¡Es tu hermano!" pareció decirle una voz.
"¡Ódiale!" le gritó el rostro de Dolbare en su mente. "¡Mátale! ¡Recupera lo que él te ha arrebatado!"
Una vez más, Midgardo gritó con dolor, para lanzarse contra Erik, quien ahora lo recibió más preparado, tomando una espada que rechaza el puño envuelto en armadura, asemejando aquella escena en la que el hombre de naranja comenzara su lucha contra Balder el valiente. Aquél mismo que asesinara por órdenes de su propio padre y al que odiara por verle en compañía de su hermano, protegiéndole, queriéndole.
"¡ANCIENT GOD'S WINTER!" exclamó Midgardo juntando sus manos encima de él, haciendo que su Cosmo ardiese con furia, lanzando una nueva ráfaga de aire helado dirigida a Erik, el cual la evade apenas, elevando su Cosmo una vez más y alterando la velocidad de sus pasos.
En un despliegue impresionante de energía, Midgardo continuó su ataque por más de unos instantes, canalizando su odio por medio de su puño helado, siguiendo a Erik, el cual se mueve alrededor del amplio Salón del Palacio. Las llamas azules del altar del Valhalla se extinguen ante el ataque helado del hombre en armadura naranja.
"¡No se detendrá hasta matarme!" pensó Erik con urgencia. "¡Debo detenerlo sin matarle! ¡Odín, muéstrame una forma!"
Al correr, Erik observó en el techo un enorme estandarte con el símbolo de Asgard sostenido por unas cuerdas. Lanzando con velocidad extraordinaria su espada, cortó las ataduras que suspendían el tapete el cual cayó sobre Midgardo, para luego impulsarse rápidamente sobre sus piernas y lanzarse sobre él, asestando una certera patada magnificada con Cosmo que derribó a su confundido gemelo.
El bulto es lanzado lejos para no moverse. Erik esperó a que el aprisionado hombre en armadura se levantase, pero se tranquilizó cuando Midgardo se incorporó quitándose de encima la tela y lo observó calmadamente. Erik y Midgardo se observan fijamente a los ojos, y ambos encuentran en él, el brillo de la justicia.
"¡Hermano!" exclamó Erik, sonriendo.
"¡Hermano!" llamó a su vez Midgardo, sonriendo por vez primera a su gemelo.
Los hombres se acercan para encontrarse. En medio del desastre de Asgard, los hermanos se reencuentran, brillando magníficamente. Sus Cosmos se elevan para dibujar, tras de ellos, las figuras de dos Dioses que parecen verse igualmente entre sí.
¡Odín y Loki se encuentran frente a frente!
"¡Hermano, no hay tiempo que podamos perder!" exclamó ahora Midgardo, la Sabiduría del Dios Loki hablando por sus labios. "Mis acciones, como fueron predeterminadas, han iniciado la batalla del Ragnarok que hoy asola a Asgard."
"No te reproches, hermano" respondió Erik, lleno de la presencia de Odín en su Cosmo. "Ambos hemos cometido errores."
"Hoy más que nunca puedo comprender la esperanza que estos llamados humanos siempre han despertado en ti. En su corazón encuentro virtudes que no experimentaba desde hacía miles de años" reconoció Loki. "En verdad una eternidad de existencia hace que los Dioses olvidemos la maravilla de vivir."
"En su corazón aún hay esperanza, y con ella, la oportunidad verdadera de poder rescatar a esta nación que confió en nosotros para sobrevivir" respondió Odín. "¡Ellos son capaces de crear el milagro! ¡Necesito mi armadura!"
"Pero sabes que, aún nosotros debemos de ajustarnos a nuestras propias reglas. Con la vida de mi avatar y portando mi armadura, es imposible que así sea" señaló Loki. "¡Creo que Asgard está condenada a menos que sea yo quien enfrente a Poseidón!"
"Pero ése no es tu destino, hermano" negó Odín. "Tú mismo has invocado las normas que a los Dioses nos guían y el cual no podemos ignorar."
"¡Mi Señor!" exclama ahora el cuerpo en el que Loki reside. Midgardo ha logrado hablar. "¡Aún eso es posible!" clamó el joven. "Yo sé dónde se encuentra Dolbare, mi hermano no puede luchar contra él a causa del poder del Padre Odín que reside en ellos. Sin embargo, si yo voy y lucho contra él, podemos liberar a su hermano que se encuentra prisionero en su existencia dividida... y despertar su fabulosa armadura."
"¡Pero para despertar la armadura de Odín la mía deberá dejar de existir!" respondió Loki a Midgardo. "Eso sólo ocurriría con tu muerte."
"¡Que así sea!" exclamó Midgardo con decisión.
"¡Hermano!" intervino Erik, mirando al hombre en armadura naranja como si fuese un espejo. "¡No quiero que mueras ahora que nos hemos reencontrado!"
"Erik..." dijo Midgardo. "Tú sabes tan bien como yo que no hay otra alternativa."
Erik le escuchó sin rebelarse a aquellas palabras y comprendió que el corazón humano puede desear a veces muchas cosas, pero que la realidad no siempre está dispuesta a concederlas.
"Lo sé..." concluyó finalmente.
"La armadura de Odín sólo puede ser despertada de dos maneras. Una de ellas es con la muerte de la armadura de Loki. Sal por el Bosque de los Espíritus y dirígete hacia el norte, mientras tu hermano cumple con su palabra. Confía en él y espera el arribo de mi presencia, la cual te cubrirá para iniciar tu ataque contra ese ambicioso Dios de los Mares" instruyó Odín a Erik directamente a través de su Cosmo.
"Mediante las acciones de Midgardo podré restituir el equilibrio" dijo Loki. "Y Asgard podrá ser salvada por su legítimo Señor."
Las presencias divinas parecen desvanecerse en el aire dejando solos a los gemelos, quienes se observan con decisión, aunque en sus corazones, el dolor de la pronta y definitiva separación les atormenta.
"Debo apresurarme" dijo Erik, recobrando la compostura y haciendo de lado sus sentimientos. "Alberich y sus hombres deberán abrirme paso para que pueda llegar a la entrada del reino de ese Dios invasor."
"¡Que así sea, hermano!" respondió Midgardo asintiendo, haciendo lo mismo que su gemelo, pero comprendiéndolo totalmente en su sentir. "¡Yo me apresuraré para mi encuentro con Dolbare! ¡El poder de Odín será todo tuyo!"
Atrapados en esta injusta Guerra Divina, los hermanos saben -con las sabidurías de sus Dioses patrones-, que esta no es una consecuencia de una guerra entre seres superiores... sino las consecuencias funestas de un hombre enloquecido por el poder.
El barco comenzó a agitarse al ritmo de las olas, las cuales parecieron embestirles furiosamente. Los gritos de los pasajeros llenaron el aire, ante el estruendoso crujir de la madera del barco.
"¡El mar parece atacarnos!" exclamó el capitán con asombro, maniobrando el timón con rudeza. Freya cayó, para ser asistida por Freyr.
"¡Freya!"
"¡Hermano!" exclamó ella, atemorizada por tamaña fuerza de la naturaleza. "¿Acaso vamos a morir?"
Poniéndose de pie, Freyr cerró sus ojos. Volviéndose a su hermana, la observó con una sonrisa.
"¿Freyr?" preguntó ella temerosa, presintiendo algo funesto.
"Hermana, mis lazos con Asgard son muy fuertes... y parece que ella me reclama mi partida" explicó. "Puedo percibir que este ataque no es natural, sino uno causado por nuestros enemigos. Debo enfrentarle."
"¿A dónde vas?" preguntó Freya asustada viendo que su hermano miraba hacia la costa de Asgard.
Una nueva embestida del océano hace temblar el barco una vez más mojando con sus heladas aguas a la gente a bordo.
"Freya, vive" pidió Freyr a su única familia, arrodillándose ante ella. "Cuando todo esto haya terminado, regresa y busca a Ull para restaurar el orden en Asgard" ordenó. "Y sean muy felices" concluyó. Poniéndose de pie, Freyr se volvió hacia el hombre que dirige la embarcación. "¡Capitán, aleje el barco tanto como le sea posible y no pare hasta llegar a Bluegraad!"
"¿Internarme más en el mar como está ahora? ¡Sería un suicidio!" respondió el capitán de la nave.
"¡Freyr!" exclamó Freya, que es ignorada.
"¡El mar se calmará, Capitán, siga mis órdenes al pie de la letra!" ordenó Freyr alejándose, haciendo brillar su cálido Cosmo. "¡Por favor!"
"¡Freyr!" exclamó Freya intentando mantenerse de pie ante el movimiento brusco del barco que una vez más es alcanzado por una violenta ola. La sacudida hizo que la mujer volviese a caer para rodar un poco, siendo detenida por un mástil. La mujer observa hacia donde viera a su hermano unos minutos antes, para no encontrarlo. "¡Freyr!"
En la costa, el valiente Asgardiano ha puesto un pie luego de impulsarse desde la nave gracias a su fabuloso Cosmo. Se siente agitado y preocupado por el destino de su hermana y su gente. Unos pasos resonaron delante de él, caminando lentamente por la rocosa orilla. Poco a poco el hombre levantó su vista para encontrar, frente a él, un hombre de cabellos largos de color magenta, portando una armadura de color dorado y cobre.
"¿Las ratas comenzaron a abandonar el barco cuando se acerca a la catástrofe?" preguntó el extraño. "¡No me extraña cuando hacen lo mismo al ver perdida a su patria!"
Poniéndose de pie colérico, Freyr hizo arder su Cosmo con fuerza, evaporando el agua que mojara sus ropas hacía unos instantes.
"¡Harías bien en callar tu repugnante boca, extranjero!" exclamó, irritado.
"¿Y quién me hará callar?" interpeló el extraño. "¿Acaso tú, Asgardiano?" se burló con repulsión el General Marino.
"¡Sí!" responde Freyr, mirándole con rencor. "¡Yo lo haré!"
A las afueras de la amurallada Asgard, miles de hombres aguardan. Delante de él, montado en el corcel que fuese de su hermano, Ull observó el avance de la tropa invasora que se aproxima, barriendo con lo que encuentra a su paso como si se trataran de una horda de bíblicos insectos destruyéndolo todo a su paso.
"¡Son unos bárbaros!" exclamó Ull, haciendo arder su Cosmo en medio de la tarde que ya cae sobre Asgard. "¡Asgardianos, ellos han venido aquí para destruirnos a todos!" exclamó mirando a sus hombres. "¡Han matado a nuestros compatriotas y familiares escudados ante los cobardes cobijos de la noche y la traición!"
Todos le escucharon. Del otro lado, encabezando el ejército, Lancelot de Dragón Marino levantó una mano para ordenar que se detengan. Circe le miró sin comprender.
"¿Dragón Marino?" preguntó ella.
"Dejadles que oren una última vez a su despreciable Dios" respondió el General Marino con frialdad. "Su suerte ya está decidida, de cualquier modo."
"¡Asgardianos!" exclamó Ull moviéndose de un lado al otro con su montura mirando a sus hombres reunidos para defender la ciudad. "¡Ahora mismo otros hermanos nuestros rechazan un ataque traicionero entrando por el Bosque de los Espíritus! ¡Pensaban arrasar con nuestra ciudad y con todo lo que se encuentra en ella! ¿Están dispuestos a que Asgard sea destruida?"
"¡No!" gritaron los soldados al escuchar esas palabras.
"¿Están dispuestos a que todo aquello que aman y los ama, sea borrado del mundo en medio de un acto vil y cobarde, cuando somos grandes guerreros acostumbrados a ganar grandes guerras?"
"¡NO!" respondieron los hombres con más decisión.
"¡Entonces, por el amor que sienten por Asgard y su gente, luchemos con furia para demostrarles a los invasores que hay una nación llena de orgullo que no está dispuesta a caer ante enemigos tan despreciables!"
"¡SÍ!" exclamaron las tropas agitándose en sus lugares, sintiendo ahora la urgencia de la lucha recorriendo sus venas, alimentada por la adrenalina y el miedo a morir.
"¡POR ODÍN Y POR ASGARD!" gritó Ull, lanzando su brazo al frente con fuerza e iniciando su marcha al galope contra los enemigos, comenzando sus tropas moverse hacia el frente junto con él, llenos de ira y de sed de justicia.
"¡POR ODÍN Y POR ASGARD!" gritaron todos, detrás del valiente hijo de Rung, líder de hombres.
Al mismo tiempo, Lancelot alzó su mano para hacer que sus propias tropas se moviesen sabiendo que el choque se produciría y ubicando, entre sus ojos, al líder que hiciera brillar su Cosmo.
"Estos Asgardianos, no dejan de sorprenderme" piensa Lancelot con diversión. "Aunque son demasiado ingenuos para mí. Pronto, nuestras fuerzas se nos unirán una vez que terminen de atravesar el Bosque... y el reino de Asgard no será más sino otra tierra dominada por el gran Emperador Poseidón."
"Así comenzó la noche más oscura de Asgard, con una batalla en donde su misma existencia estaba de por medio."
Continuará...
1 El mítico país mencionado en la historia de Natassia y los Caballeros Azules, el cual estoy haciendo una nación vecina de Asgard. - Nota del Autor.-
