En fin, tengo poco tiempo XD Así que me doy prisa en explicar:
Todo esto es un flash back, aunque no todo es contado por Natsu, pero quería meteros en la situación que vivían en Konoha :D
Por otro lado, mandé el privado a toodos los que pude, en cuanto a los que me dejaron su Hotmail, siento muchichichichichiiisimo decir que no pude verlos
Sin más, el capi ^^
-Ey, Kasumi.—Llamó una voz suave, despertando a la joven de su sueño. Ella se removió, inquieta, y lentamente abrió los ojos, a regañadientes.
-¿Qué pasa, Natsu?—Inquirió la mayor, desperezándose. Su hermana colgaba boca debajo de la cama superior.
-Papá acaba de llegar.—Murmuró por respuesta, Kasumi se arropó más con las sábanas.
-¿Mamá esta muy enfadada…?—Preguntó suavemente.
Natsuki se dejó caer a la cama de su hermana con una voltereta, aterrizando suavemente con un golpe sordo, abrazó a Kasumi.
-Sabes que mamá no se enfada.—Sonrió ampliamente.
-Pero…él se ha pasado esta vez.—Se defendió Kasumi.—¿Qué hora es?
-Las cinco de la mañana.—Informó.
Kasumi se levantó lentamente, colocando sus pies descalzos sobre la madera, comenzó a caminar despacio, apegando la oreja a la puerta de la habitación que compartía con su hermana, la cual se colocó a su lado con sumo cuidado de no ser escuchada.
-¿Todo está bien, Naruto-kun?—Susurró Hinata al otro lado, las mellizas escucharon sus pasos dirigirse hacia el lugar donde debía estar Naruto.
-Todo bien, Hinata-chan, pero ya sabes lo que está pasando últimamente. No hemos logrado encontrar a ninguno…-Suspiró el Hokage.
Natsuki se atrevió a abrir una rendija de la puerta, vio a sus progenitores abrazados en el centro del pasillo, Kasumi colocó su barbilla sobre la coronilla de la menor para poder ver mejor. Según ellas habían averiguado (colándose en el despacho de su padre, pues él no solía contarles nada) se había producido una fuga en la cárcel bastante sospecha por dos razones:
La primera, los ANBUS habían desaparecido sin dejar rastro, no había cadáveres, tampoco señales de lucha. ¡Imposible!... A menos que hubiera habido traición.
La segunda, algunos líderes de clan no hacían nada por ayudar. Extraño, dadas las circunstancias.
-Oh, Dios.—Suspiró la Hyuuga.—Esto va de mal en peor.
-Pero no te preocupes, dattebayo.—Sonrió de forma zorruna su esposo.—Yo os protegeré.
Kasumi cerró la puerta y tomó la mano de su hermana para acompañarla hasta la cama mientras decía:
-Vámonos a dormir, es tarde y mañana los Uchiha vendrán temprano a despertarnos.
Natsuki la miró y sonrió levemente, encaramándose a su cama susurró:
-Realmente, aneue, eres muy buena con papá.
Kasumi soltó un suspiro quedo que su hermana no escuchó. Su padre tenía muchos problemas, mejor no añadirle más.
-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
Kurenai alzó la mirada de su desayuno al escuchar la puerta de la habitación contigua abrirse, una femenina figura salió de ésta, rascándose la cabeza y bostezando sonoramente de forma casi adorable, con el pañuelo que perteneció a su fallecido progenitor ya atado en el pelo, como lo llevaba en muchas ocasiones, de forma que se veía claramente el Kanji del fuego.
-Buenos días, mamá.—Saludó suavemente mientras caminaba hacia la mesa.
-¿Qué tal has dormido, Asuko?—Inquirió la mujer con una leve sonrisa en sus rojizos labios.
-Bastante bien.—Ella se estiró.—Dadas las circunstancias.
-Bueno, ya sabes, me refería a las cuatro horas de sueño que has tenido.—Kurenai se levantó para acercarse a la tetera y servir a su primogénita con una sonrisa.
Asuko rió suavemente mientras cogía el té de hierbas que su madre había preparado y soplaba, alejando el humo que indicaba que el líquido hervía. Notó los brazos de su progenitora abrazándola y sonrió, apoyando su cabeza en el pecho de Kurenai. En realidad, y pese a su avanzada edad, siempre la había tranquilizado estar cerca de la mujer, como si un aura de paz y sosiego rodeara a su madre.
-Mamá…-Susurró Asuko, cerrando los ojos.-¿Crees…crees que papá hubiera estado orgulloso de mí?
En todos sus años de vida, la Sarutobi jamás había dejado esa pregunta deslizarse entre sus labios, aunque varias veces había acudido a su mente, se había obligado a sí misma a no interrogar a su madre sobre Asuma, sin querer presionar a Kurenai para sonsacar recuerdos dolorosos. Para su sorpresa, la kunoichi sonrió tiernamente y le acarició el pelo con cariño.
-¿Orgulloso?—Le dijo muy bajito a su hija.—Claro que hubiera estado orgulloso de ti, Asuko, eres la mejor hija que podría haber pedido.
Al darse cuenta de las lágrimas que amenazaban por derramarse desde los ojos de Kurenai, Asuko sintió un súbito deseo de protección. Se dio la vuelta para abrazar la cintura de su madre y sonrió levemente.
La mujer alzó la vista, aún acariciando el pelo de su hija, y movió los labios, formando unas palabras sin llegar a decirlas.
"¿Puedes verla, Asuma? ¿Verdad que también te sientes tan orgulloso como yo de nuestra hija?"
-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
-¡Papá!—Chilló Haruto, correteando hacia el susodicho a toda prisa. El Hokage alzó los ojos de los documentos que releía por décima vez en ese momento.
-Dime, hijo.—Sonrió él mientras le tomaba en brazos, colocándole en su regazo.
Haruto hizo un adorable pucherito, su padre supo lo que vendría a continuación, el día anterior le había prometido al joven Uzumaki entrenar con él, y había mentido de nuevo. Últimamente, cada vez era más común, y todo porque estaba ocupado.
-Ayúdame a entrenar.—Pidió Haruto con una leve sonrisa.
Naruto sonrió de forma zorruna.
-Lo siento, Haruto, pero ahora estoy ocupado.—Se disculpó, rascándose la nuca.—Prometo que mañana…
-¡No!—Cortó el niño, bajando de un salto del regazo de su progenitor y alejándose de él como si quemara.-¡No!—Repitió, Naruto le miró sin entender.—No mientas de nuevo, papá, ¡odio que me mientas!
El Hokage le dirigió a su hijo una mirada dolida, y Haruto se la devolvió, dándose la vuelta para salir de la habitación, el Uzumaki susurró:
-Entrena conmigo cuando tengas tiempo, pero por favor, no me hagas promesas que no puedes cumplir.
Y, sin más, los pasos del pequeño se alejaron por el pasillo, seguido de los pensamientos de Naruto, que trató inútilmente de centrarse en el documento, pero una y otra vez su mente volaba hasta los ojos azules dolidos de su hijo menor, y en su pecho notaba una punzada de dolor, porque él nunca había mentido a su hijo, y de verdad no quería empezar ahora. ¿Pero qué podía hacer? Lo que ocurría era importante, era posible que se planeara una traición a gran escala hacia él y la villa entera, no podía perder tiempo, y mucho menos dejar a un Kage Bushing con eso (como hacía a menudo para librarse del papeleo) pues el resultado podría ser desastroso, tratándose de algo tan delicado.
-Dobe.—Saludó Sasuke entrando en la sala, cargado de más documentos. La mirada del Uzumaki se volvió de desesperación.
-Teme, no puedo con tanto papeleo…-Lloriqueó tirándose (jalándose) del pelo.
-Vamos, dobe, tú querías ser Hokage.—Refutó Sasuke, dejando los papeles.
-¡No a este precio!—Gritó Naruto, segundos antes de que su mirada se volviera seria.—Pero si eres tú el que está aquí, y no el vago de Shikamaru, eso quiere decir que algo importante ha ocurrido.
El Uchiha asintió con la cabeza, tomando asiento frente al Hokage y dirigiéndole una fría y seria mirada, comenzó a narrar.
-Itachi, otros cuatro ANBUS y yo hemos ido a investigar una aldea a las afueras que parecía idónea para ocultarse, según teníamos entendido, no eran más que unas cinco casas colocadas cerca unas de otras para facilitar la comunicación e intercambio de productos entre ellos. Cuando llegamos, todo estaba silencioso, demasiado silencioso, así que procedimos a intentar comunicarnos con los habitantes. Tocamos un par de puertas, sin respuesta alguna, y al fin nos adentramos en una casa, llevándonos la puerta por delante.—Se quedó unos momentos en silencio, esperando a que Naruto asimilara los datos dados, antes de proseguir.—La familia que había residido allí…-De nuevo, guardó silencio, esta vez para buscar las palabras.—Esos cabrones les habían matado a todos, buscamos por todas las casas algún superviviente, y en todas las viviendas fue el mismo sangriento espectáculo, hombres, mujeres, ancianos y niños, todos muertos. Los niños… gracias a los jutsus médicos que Itachi sabe, pudimos averiguar que ellos habían vivido unas horas más que el resto, lo cual quiere decir que…
Sasuke calló, pero Naruto pudo averiguar sus palabras.
-…Que vieron morir a todos.—Completó el Hokage en un susurro asqueado y furioso, el Uchiha asintió, dándole la razón en silencio.
Sasuke aún recordaba la escena, en una de las casas había encontrado a una niña, abrazada a un conejo rosa de felpa, que había intentado con sus últimas fuerzas arrastrarse hacia su madre, el horror y desconcierto previo a la muerte aún estaba pintado en los ojos inertes de la infante, que había logrado abrazar a su progenitora antes de que la muerte se la llevara.
En otra, mucho más humilde que la primera, un niño de diez años a lo mucho había logrado escapar de los captores y llegar hasta su habitación, donde había subido a su cama para huir por la ventana sobre esta, donde al parecer le habían atrapado y asesinado cruelmente, apuñalándole en un pulmón primero y en el estómago más tarde, seguramente dejando que se desangrara. Cuando Sasuke llegó, la mano del pequeño colgaba a un lado de la cama, pálida y muerta, con la sangre fluyendo por el brazo desde la herida de su pecho y goteando por sus dedos. Un perro, seguramente de la familia, estaba lamiendo la mano, buscando la reacción de su dueño, el fiel animal quería despertarle de su eterno sueño, sin saber que era imposible.
También había podido observar a lo que debían ser dos hermanos, estaban el uno junto al otro, el mayor más cerca de la puerta y bastante más herido, según sospechó Sasuke, seguramente para proteger a su hermano, sin embargo todo había sido en vano, pues el más pequeño tenía una katana clavada de parte a parte en el estómago, de forma que había sido clavado al suelo, sus ojos vidriosos fijos en el rostro del otro, las manos aferradas en un mutua e inútil protección, la sangre manando de ambas bocas, en la del primer nombrado con una leve sonrisa, como si hubiera muerto feliz al saber que lo hacía para salvar a su hermano. En las mejillas del segundo, se podían apreciar rastros de lágrimas.
Y todo ello llevaba al Uchiha a la misma pregunta, ¿esos niños habían sufrido tanto como lo hizo él al ver muerta a toda su familia? ¿Habrían buscado venganza, de haber sobrevivido? ¿Lo habrían superado? ¿Habrían encontrado a alguien que les ayudara a salir de la oscuridad, tal y como él halló a Sakura?
-No está bien.—Dijo suavemente Naruto, con el flequillo (fleco) rubio cubriendo sus ojos, Sasuke le miró fijamente, sin entender muy bien a cuál de todas las atrocidades contadas en esos días se refería su amigo, aunque sin duda la última era la peor, en opinión del Uchiha.
También era la opinión del otro hombre.
-¡No está bien!—Repitió esta vez más alto Naruto, dejando al enfado escapar.-¡Joder, eran niños, no se les puede hacer todo eso a unos niños!—Gritó el Hokage, levantándose mientras daba un golpe en la mesa con fuerza.
-¿Te crees que no lo sé?—Inquirió Sasuke de forma indiferente con una ceja alzada, y pese a ello, Naruto vio el horror y asco que había sentido al presenciar la escena pintado en sus fríos ojos.
El Kage no podía evitar pensar en Haruto, quien momentos antes había ido a visitarle, podía imaginar a su pequeño en el lugar de esos niños desconocidos, llorando, asustado, rogando por una clemencia que no le sería concedida. Pudo ver a Kasumi sollozando, tratando de pedir ayuda a gritos. A Natsuki encerrada en un armario, como aquella vez en la que casi había muerto asesinada. Y sintió náuseas. Un asco insospechado por él, siempre tan positivo.
Sasuke, al igual que su amigo, había aguantado las ganas de vomitar, especialmente al ver los cadáveres de los niños, a sabiendas de que cualquiera podría ser uno de sus propios hijos. La niña del peluche había sido cruelmente transformada por su imaginación en una Hanami de unos siete años, aferrada a Sakura con la sangre manchando el pelo rosa de las dos y haciendo un siniestro contraste. El niño del perro, en un pequeño Hikaru de diez años, aún inexperto en el mundo Shinobi, demasiado parecido a su madre para que fuera bueno para él. Aquellos hermanos que se habían protegido con fiereza, en Itachi y Obito, respectivamente, había podido imaginar el símbolo Uchiha de la espalda del segundo manchado por la sangre y con la katana justo en medio. Y no había podido evitar que la ira le recorriera, cegándole por unos momentos, y sin ni siquiera saber cómo se había repuesto, a Kami-sama ponía de testigo del esfuerzo que había gastado en continuar con su capa de frialdad como escudo.
-Voy a matarles.—Masculló Naruto, mirando por la ventana hacia la oscura Konoha.
-Sabes de sobra que será difícil encontrarles, Naruto.—Por primera vez en mucho tiempo, Sasuke usó el nombre de su amigo, denotando la importancia de la situación.
-En dos días debo salir a una reunión con el Señor del Fuego bastante importante.—Masculló el rubio.—Para entonces, recemos porque todo esté bien.
-Rezar no sirve de nada.—Repuso Sasuke, abandonando la habitación en silencio, no sin antes haber mirado por encima del hombro para continuar.—Deberías saber que solo sirve el trabajo duro, dobe.
-Cállate, teme.—Fue la despedida de Naruto.
De nuevo, volvió a mirar hacia la calle, alcanzó a ver una cabellera rubia que corría de un lado para otro, seguida de una mota rosa y otra de un tono más claro que la primera. No tardó en reconocer al equipo de su hijo menor, formado por el mismo Haruto, Hanami Uchiha y Souta Nara.
"Mañana entrenaré con él." Se dijo a sí mismo.
Cuanto le hubiera gustado poder cumplir su promesa.
Y yatta! Cortito, pero no tardo en el próximo ^^ Me voy, porque en serio que tengo prisa :D
¿Reviews?
