¡Volví, y tardando bastante menos que normalmente! ^^
Antes de nada, dar las gracias por los reviews y decir que os adoro a todos y que me hacen mucha ilu ^^
Ya sin más os dejo el capi, no sin antes decir que tengo NG a medio escribir, pero que está siendo difícil (tengo que explicar la historia de Akemi, así que imaginaos XD)
Algo andaba mal.
Kasumi alzó la cabeza de entre las sábanas y miró la luz que se colaba a raudales por su ventana, normalmente deberían de haberla despertado los pasos de su madre, de un lado a otro, subiendo y bajando las escaleras, o quizá el olor desde la cocina, delicioso y embriagador. Sin embargo, esta vez no había ruidos, ni olores.
-¿Mamá?—Preguntó ella, incorporándose.-¿Natsuki?
Se levantó, avanzando hacia la puerta y abriéndola casi con miedo, avanzó por los vacíos pasillos de su casa, en los cuales no se oía ni un alma, finalmente llegó al patio, donde su padre, su madre y sus hermanos tenían tristes expresiones pintadas en sus rostros.
-¿Pasa algo?—Inquirió, dándose cuenta de que Natsuki estaba vestida como si se fuera a ir de misión.
-¿Qué haces aún así?—Preguntó la aludida, con el ceño fruncido.—Vas a tener que irte.
-¿Eh?—Kasumi la miró, sin entender, y Natsuki puso cara de desconcierto.
-¿No te lo dije? ¡Vaya! Te juro que creí que…
-¿Qué es lo que pasa?—Casi gritó, ya harta.
-Natsu-chan se va de misión.—Dijo muy bajito Haruto.—Papá no me deja ir…tú Kasu-chan debes acompañar a Temari-san hasta la mitad de camino de Suna para que ella hable con Gaara-sama de lo que pasa aquí…
Poco después, Kasumi había ido a vestirse, seguida de una hermana deshaciéndose en disculpas por no haberla avisado antes, Naruto le dirigió a Hinata una mirada elocuente. Quería estar solo con el niño. Ella asintió levemente con su pequeño rostro y salió de allí a paso rápido, hacia la cocina para hacer el desayuno. Padre e hijo se quedaron solos, el pequeño dirigió a su padre una mirada azul decepcionada, él se la devolvió llena de cariño. Con un suspiro, Naruto se agachó para quedar a su altura y comenzó a hablar.
-Lo siento mucho, Haruto, realmente no será mucho tiempo, pero espero que os preocupéis, confía en mí.—El niño fue a responder, pero Naruto le cortó.—De todas formas, y antes de irme, quiero darte algo.—Rebuscó en su bolsillo hasta sacar un objeto. Una banda de Konoha, desgastada, arañada y vieja, pero sin embargo el rubio la cogía como si fuera el mayor de los tesoros.—Ésta de aquí, es mi banda de cuando era joven, a los dieciséis años, más o menos, y me gustaría dártela.—Sonrió ampliamente ante la expresión asombrada del pequeño.—Claro, no quiero que la utilices para hacerte pasar por genin cuando aún no eres Shinobi de Konoha, dattebayo.—Exclamó al final.
-¡Claro que no, papá!—Se horrorizó Haruto.-¡Nunca haría eso! ¡Solo la usaré en casa, y más tarde cuando sea ya Shinobi!
Naruto rió, y le hizo un gesto a su hijo para que se diera la vuelta, Haruto obedeció rápidamente, y su padre le anudó a la frente la cinta, el pequeño notó un inacostumbrado peso en la frente, que en cierto modo le resultó reconfortante, se sentía más fuerte, más seguro de sí mismo, como si con aquel protector fuera parte de la fuerza de su progenitor.
-Ahora tengo que irme.—Informó con un suspiro Naruto.—Siento todo lo que está pasando, Haruto.
Él no contestó, se limitó a darse la vuelta y abrazar fuertemente a Naruto, que le devolvió el gesto con cariño, el Uzumaki mayor sabía que su hijo le perdonaba, que nunca había estado realmente enfadado. Le apretó más fuerte contra sí con un suspiro, realmente adoraba a ese saltimbanqui rubio e hiperactivo, y quería protegerle de todo mal, aunque para ello tuviera que hacer que el pequeño terminara odiándole.
-Hasta pronto, papá.—Le dijo Haruto dándole un beso en la mejilla.
-Nos vemos, Haruto.—Se despidió el Hokage revolviendo el pelo de su hijo mientras se levantaba y avanzaba hacia la casa, sabía que el niño se quedaría allí, en el jardín, hasta que él se fuera. Quizá llorando, o quizá solamente quieto, mirando el lugar donde su progenitor se había ido. Siempre hacía eso.
Hinata estaba en la puerta, despidiendo en ese momento a Kasumi, la cual se limitó a sonreír de forma adorable a su padre, que le dio un beso en la frente como único adiós, ella le abrazó brevemente y, después, echó a correr, camino de la casa de los Nara.
-¿Dónde está Natsu?—Inquirió Naruto.—Llegaremos tarde.
-Ella ha salido hace rato, se ha despedido de Kasumi y ha dicho que te esperaría allí.—Hinata sonrió dulcemente.—Quería meterse un poco con Obito-kun, palabras textuales.
Naruto rió suavemente.
-Desde luego, es mi hija.—Sonrió ampliamente antes de abrazar a su esposa.—Volveré pronto, Hina-chan.
-Lo sé.—Asintió ella, pasando sus delgados brazos alrededor de su cuello y besándole de forma suave.—Te estaré esperando.
-Te quiero.—Le susurró al oído antes de salir de casa, dejando a Hinata en la puerta, con una leve sonrisa y un adorable sonrojo.
-Y yo a ti, Naruto-kun.—Le susurró la Hyuuga al viento antes de caminar hacia el jardín, dispuesta a secar las lágrimas de Haruto. Todos sabían lo peligroso que era que el Hokage saliera de la villa cuando había sospechas de posible traición, pero ella confiaba en su esposo, aunque no negaba temer por él, tanto o más que sus hijos.
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-¡Llegas tarde, papá!—Se quejó Natsuki con un suspiro y cruzada de brazos.
-Lo siento, es que pasé a por ramen ´ttebayo.
-Típico.—Masculló Obito, recibiendo un capón por parte de su amiga.
-Bien.—Natsuki sonrió, en paz consigo misma.-¿Nos vamos, entonces?
Naruto miró a sus acompañantes, dos ANBU, tres jounin y dos chuunin, entre los cuales se contaba su propia hija. Sonrió mientras comenzaba a caminar.
-¡Vamos, cuanto antes salgamos, antes llegaremos, dattebayo!—Gritó el rubio, ante lo que ninguno pudo evitar una sonrisa, contagiados por su entusiasmo, todos echaron a correr tras su Kage.
Quizá debían haber sido menos confiados.
Pasaron las horas, llegaron a un paso entre montañas, no demasiado ancho, lleno de rocas que dificultarían el uso del elemento viento de los Uzumaki, lo cual provocó un escalofrío y un mal presentimiento a Natsuki, que los alejó de sí cuando Obito hizo alguna payasada que le sacó una risa, tiempo después se maldeciría mil veces por no haber escuchado su instinto, por no haber estado más atenta. ¡Cuánto le gustaría retroceder en el tiempo, algo más tarde!
-¡Teme, atrévete a decir eso de nuevo!—Retó ella con un bufido y cruzándose de brazos.
-El Ramen no está tan bueno.—Repitió Obito.
-¿Qué has dicho, Uchiha?—Gritó Naruto con aparente espanto, dándole un capón al hijo de su mejor amigo, que soltó un gemidito de dolor falso, a lo que todos rieron.
Y fue entonces cuando escucharon el grito ahogado de uno de los jounin, y vieron con estupor un kunai que le atravesaba el pecho. Natsuki fue la primera en dar la voz de alarma, sacando rápidamente un Kunai, Obito desenfundó su katana, y ellos dos fueron los encargados de colocarse a la espalda y al frente de Naruto, mientras el Jounin y el Chuunin restantes se colocaban a los flancos del Hokage. Los ANBU fueron los encargados de parar a los enemigos que se les echaban encima.
La Uzumaki pudo contar al menos a cincuenta, y el miedo y la adrenalina corrían por sus venas, empujadas por el frenético latido de su corazón, notaba el sudor recorrer su cuerpo, y el labio le sangraba de tan fuerte que se lo mordía, la misma palabra resonaba una y otra vez en su mente "traición, traición, traición…" ¿Era posible que algún clan se alzara contra su Kage? ¿Por eso había sido tan rara esa fuga? ¿Qué coño pasaba?
-¡Sesiko!—Gritó Obito, llamando a la ANBU que acababa de caer al suelo, cubierta de sangre.
-¡No te muevas, Obito!—Chilló Natsuki cuando él fue a avanzar.-¡Están intentando separarnos para atacar a papá!
-¡Del revés, yo también quiero luchar ´ttebayo!—Gritó Naruto, tratando de escapar de la barrera que hacían sus "protectores"
-¡Nada de eso, Hokage-sama, puede ser peligroso!—Natsuki le miró a los ojos, y el rubio vio en ellos el miedo de su hija a perderle, a que a él le pasara algo, y supo que ella daría su vida para protegerle, no solo porque fuera Hokage, si no porque realmente ella adoraba a su padre.
Sin embargo, eran sus Shinobis los que caían, aquellos a los que había jurado proteger. Así que saltó, dando una voltereta para alejarse de ellos y caer, al fin, de pie sobre una piedra, juntó las manos en un simple sello con el que hizo aparecer varios clones, Natsuki le miró, entre sorprendida y asustada, y finalmente imitó a su padre.
Y, sin embargo, no solo era que los enemigos fuesen duros de pelear, además es que parecían no terminarse. Por cada uno que mataba Naruto, otro ocupaba su lugar. El Kage escuchó el sonido de un millar de pájaros, y en seguida pudo ver a Obito, abriéndose paso entre los enemigos con el Chidori, dejando a su paso un rastro de sangre. Natsuki soltó un gemido al notar su pierna ser herida por un kunai, ésta le falló, haciéndola caer al suelo, y ella supo que no tendría tiempo de curarla, así pues y haciendo de tripas corazón, obligó a su herido y sangrante miembro levantarse para continuar luchando, se dio cuenta, aterrada, de que tan solo quince minutos después de empezar solamente Obito y ella quedaban como protectores de su padre. Y maldijo la manía de Naruto por ponerse pocos guardianes, diciendo que así pasarían desapercibido.
-¡Obito!—Avisó, justo a tiempo para que su amigo se diera cuenta del golpe que le llegaba por la espalda y lo detuviera con su katana.
El Uchiha parecía cansado, al igual que ella, incluso Naruto empezaba a moverse algo más lentamente, aunque ni punto de comparación con los otros dos. Al fin, el Hokage se dio cuenta de algo, los dos que quedaban solo tenían catorce años, eran seres queridos para él, y tarde o temprano morirían, no podrían aguantar, Natsuki estaba tratando de curar rápidamente su herida, no le dio tiempo, pues tuvo que levantar el brazo para parar un ataque, Obito cayó al suelo, aferrándose el brazo sangrante, antes de volver a levantarse, dispuesto a continuar dando batalla hasta al final, sharingan activado y chidori rodeando su arma. Entonces el rubio cayó en la cuenta, ellos dos estaban perdidos, tenía que hacer algo. No podía perder a Natsuki. A su hija, no.
-¡Obito, llévatela de aquí!—Gritó mientras creaba otros cinco clones.
-¿Qué?—Exclamó el Uchiha, estupefacto, espalda contra espalda con su amiga.
-¡¿Qué quieres decir, papá?—Chilló Natsuki, pero Naruto no hablaba con ella.
-¡OBITO, QUE TE LA LLEVES!—Bramó el Uzumaki, al ver como otro golpe alcanzaba a su hija.
-¡Pero Hokage-sama, debemos defenderle…!—Trató de decir Obito.
-¡Es una orden, Uchiha, LLÉVATELA A KONOHA AHORA MISMO!
-¡NO! NO VOY A ABANDONARTE, PAPÁ—Se reveló Natsuki.
-¡Obito, por lo que más quieras, llévatela, cuídala!—Rogó Naruto, parando un golpe dirigido al Uchiha.—¡Yo me basto solo!
Y el Uchiha lo notó, notó por qué su Hokage le pedía que huyera de la batalla llevándose a Natsuki, no porque les creyera débiles, tampoco porque no confiara en ellos, era por puro miedo, miedo a que su hija muriera, miedo a que Natsuki cerrara los ojos para no volver a abrirlos, y asintiendo brevemente con la cabeza tomó el brazo de Natsuki, los clones del Kage le cubrieron mientras tiraba de la Uzumaki, que se debatía de forma histérica, chillando, llorando y pataleando, rogándole poder quedarse con su padre, poder ayudarle. Cuando Obito juntó los dedos para hacer un jutsu que les transportaría lejos, pudo ver como los labios de Naruto se movían formando una única palabra:
-Gracias.
Entonces, el Uchiha desapareció, llevándose a su hija con él, y Naruto respiró aliviado. Los enemigos trataron de ir a buscarlos, sabiendo que no podían haberse ido demasiado lejos, pero el Hokage se lo impidió por los pelos. Entonces, el rubio notó una cadena aferrarse a su brazo, se removió, tratando de soltársela con fiereza, pero las fuerzas le fueron abandonando poco a poco, hasta que cayó al suelo de rodillas, con los dientes apretados y luchando para mantener los ojos abiertos.
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Natsuki le estampó otro puñetazo a Obito, el cual cayó al suelo, escupiendo sangre, volvió a dirigir la vista hacia su amiga, que de pie ante él, con los puños y los dientes apretados, parecía luchar por no darle otro golpe. El flequillo tapaba sus ojos, pero no las lágrimas que, brillantes, se deslizaban con parsimonia por sus mejillas. Trató de ocultar un sollozo.
No fue capaz.
-¡Le hemos dejado, Obito!—Chilló desesperada.-¡Me has alejado de él cuando más me necesitaba!
-Tu padre es autosuficiente, no olvides que es Hokage.—Contestó el Uchiha, sin cambiar ni un ápice su expresión, no era una culpable, simplemente indiferente, esperando a que ella descargara su ira.
Obito no solía comportarse como su padre, pero la ocasión lo requería. Natsuki necesitaba desahogarse, y le resultaría más sencillo si él no le sonreía, si no se portaba como amigo suyo que era, si no como un cabrón sin sentimientos que la había alejado de su progenitor.
-¡Le matarán!—Sollozó la Uzumaki.
-No lo harán.—Negó él cruzándose de brazos.—Es fuerte.
-¡JODER!—Natsuki se dejó caer de rodillas al suelo, dando golpes en la tierra.
Y Obito no aguantó más la máscara de frialdad, al ver que Natsuki se rompía poco a poco, preocupada y llorosa, se acercó a ella y la abrazó con fuerza, la Uzumaki se aferró a la camiseta de él, sollozando más fuerte.
-Lo siento.—Le dijo finalmente el Uchiha.—Él me lo pidió.
-Lo sé.—Contestó ella en un susurro.—Joder, lo sé.
Y Obito casi la sintió romperse entre sus brazos, como si fuera de cristal, una vasija de delicada porcelana, de esas que tu madre tiene en una mesita y a la cual no te deja ni siquiera acercarte, y tú sabes que no tienes que hacerlo, porque si se rompe tu madre te regañará y castigará sin salir. O como una muñeca, una muñeca rota cuyos ojos no volverían a brillar en mucho tiempo.
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-¿Eso quiere decir que el Hokage-sama ha desaparecido?—La anciana alzó una perfecta ceja blanca, y Natsuki Uzumaki asintió lúgubremente con la cabeza.
-Vaya…-Comentó el otro miembro del consejo, un hombre igualmente viejo.—Qué coincidencia, ¿verdad?
-¿Qué quiere decir?—Natsuki frunció el ceño.
-Hokage-sama desaparece, no es capaz de vencer a los enemigos, pero dos niños de catorce años escapan.—Comentó mordaz la mujer, de nombre Miyaki.
-Cierto, cuántas coincidencias.—Sohma, el hombre, sonrió de forma sarcástica.
-¿Está insinuando algo?—Inquirió Obito, junto a su amiga.
-Pues, la verdad, es que no lo insinúo, Afirmo que habéis estado confabulando contra Hokage-sama.—Miyaki sonrió con suficiencia y tranquilidad.
-¿QUÉ?—Chilló Natsuki, espantada.-¡Es mi padre!
-Más razón para mí. Tu madre podría convertirse en Hokage, quizá te viniera mejor…
-¡No!—Exclamó Obito.—Nosotros no…
-Quizá Uchiha-san no hiciera nada.—Continuó Miyaki.—Pero es seguro que Uzumaki-san sí fue.
Natsuki lo entendió de golpe. Eran ellos. Ellos eran los cabrones que confabulaban contra su padre, ellos eran los que sonreían con suficiencia ahora que él había desaparecido, ¡aquellos malditos viejos la habían engañado, habían vendido a su progenitor! Con rabia, ella se lanzó hacia delante, cayendo sobre Sohma y golpeando repetidamente el rostro arrugado del anciano.
-¡NATSUKI!—Gritó Obito, tratando de separarla del hombre del consejo.
-¡MALDITOS MALNACIDOS, HABÉIS TRAICIONADO A MI PADRE, LE HABÉIS TRAICONADO!—Bramaba ella, lágrimas se deslizaban por sus mejillas cuando dos ANBU la inmovilizaron contra el suelo, Natsuki se removió, tratando de soltarse del agarre, aún chillando sobre traición y venganza.
-¡Lleváosla!—Gritó Miyaki.—Es una traidora a la villa y al Hokage-sama.
Desaparecieron en un remolino de hojas, con una llorosa Natsuki que trataba de resistirse.
Obito, por el contrario, contrajo el rostro en una mueca de desagrado. Él no había entendido bien las palabras de Natsuki, pero sabía a lo que ella se refería y lo que sospechaba. Su mirada se dirigió a los viejos y abrió la boca para replicar, pero Sohma le calló mientras se quitaba el hilito de sangre que le resbalaba de la nariz.
-Espero que no cuentes nada de las mentiras que Uzumaki-san ha dicho, Uchiha-san.—Obito le miró fijamente, desafiante.—Me temo que Hanami-chan también es sospechosa.
El Uchiha se tensó, sabía que eso era mentira, pero también sabía que podían llevarse a su hermana de quererlo. ¡A Hanami! Demonios… Asintió con la cabeza, como si de un puñetero y sumiso perro se tratara salió de allí, cerró los ojos con un suspiro puso camino a la residencia Uzumaki, de una forma u otra no se quedaría de brazos cruzados.
Porque Naruto le había confiado a Natsuki, y él debía cuidarla.
Yeah! Me tengo que ir gente, pero quería dejaros el capi, ya sabemos lo que le ha pasado a Naruto, ¿no? Pues bien, una duda menos XD
Ahora, si me disculpáis, me voy ya (No sin antes pedirle perdón a mi hermana favorita, Emiita-onee, por no poner ItachiXNaomi en este capi, prometo hacerlo en el próximo o en NG :D)
Y ahora sí, ¡nos leemos!
¿Reviews? *-*
