¡SÍ! AMO A EMIITA-CHAN, GRACIAS A DIOS AL FIN PUEDO ACTUALIZAR!

Ejem…perdón ¬/¬ la cosa es que tengo este capi desde hace casi una semana y fanfiction no me dejaba subirlo, pero Emii-onee me ha echado una manita XD Ya, bueno, no estoy muy convencida, pero no quería tardar más ^^

¡Os lo dejo!

La oscuridad de la celda la ponía nerviosa, casi tanto como el "tic, tic, tic" que hacían las gotitas de agua al caer al suelo, resonando en el silencio del lugar, trató de estirar su entumecido cuerpo, pero las cadenas que ataban sus manos se lo impidieron. Soltó un gemido al notar el pinchazo de su dormida pierna. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Minutos, horas, días? No podía contar el tiempo en aquel lugar, donde la luz del Sol no entraba.

La puerta del fondo del pasillo se abrió, ella entrecerró los ojos cuando el farolillo lo alumbró todo, el dueño de éste la miró a través de los barrotes con una mueca de impotencia y culpabilidad, ella se obligó a sonreír, pero su gesto quedó excesivamente forzado. Él no la creyó, al contrario, pareció disgustarse más.

-Le dije a tu padre que te cuidaría.—Fue todo lo que dijo, sentándose en el suelo frente a ella, que hizo su sonrisa forzada más amplia y negó con la cabeza, tratando de decirle que no ocurría nada, que estaba bien.

Pero no habló.

Porque, si lo hacía, lloraría.

Ella no iba a llorar. Era fuerte.

Al ver que la explicación no le parecía suficiente para odiarle, él apretó los puños, porque ella tenía que odiarle, porque por su culpa ella estaba allí, muriéndose de forma lenta.

-Soy tu mejor amigo.—Espetó, como si fuera algo malo.

Pero ella lo entendió, entendió por qué él lo decía de esa forma. Porque para el chico no había nada peor que lo que estaba haciendo, porque él no podía hacer nada para ayudarla, para sacarla de aquel lugar, igual que tampoco había podido hacer nada para ayudar a Naruto.

Gracias a Dios, y aunque no le permitieran separar las manos, las cadenas sí le dejaron acercarse hasta los barrotes y poner una mano sobre la de su amigo en forma de apoyo, él la miró, sin creérselo, ¿le intentaba hacer sentir mejor? ¿A caso no debería ser lo contrario?

-Lo siento.—Susurró.

-No tienes por qué.—Finalmente, ella habló, y su voz sonó rota, áspera por el desuso.

-Natsuki, yo…-Trató de decir él.

-Obito, no pasa nada.—Animó ella.—Pero dime, ¿cómo se lo ha tomado…mi madre?

-Mal.—Escupió la palabra como si fuera veneno.—Al igual que Kasumi, al final no fue a Suna, y cuando se entero de lo que te había pasado…

-Uchiha, se acabó, tienes que irte ahora.—Bramó una voz grave al final del pasillo.

Se miraron fijamente a los ojos, Obito apretó la mandíbula.

-Se acabó. ¡No aguanto más, Natsu!—Exclamó en un susurro.—Le dejo K.O y nos vamos…

-¡No!—Se horrorizó ella.—Obito, no quiero que le hagan nada a tu familia.—Sonrió tristemente de nuevo, y una lágrima se deslizó por su mejilla.—Vete ahora, vamos.

Y, cuando su amigo se dio la vuelta y ella volvió a su oscuro rincón, Natsuki Uzumaki se permitió llorar todas sus lágrimas de miedo y pena.

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Kasumi y Hikaru se miraron, nerviosos, asustados. Tenían que hacer algo, como fuera.

-Iré por ella, ¡la sacaré de allí!—Se reveló la primogénita de Naruto.

-Kasumi, no irás a por nadie.—Le dijo, cortante, Sakura.—No podrías contra todos los ANBU que hay allí, pero quizá yo…

-No podéis.—Cortó Hinata, cerró los ojos, dolida.—Simplemente, no podéis.

-¿Y por qué no, mamá?—Preguntó Haruto.-¡Tía Sakura y tío Sasuke son fuertes!

-Lo son, Haruto, no lo dudo.—Susurró dulcemente la Hyuuga, aunque su mirada aún era roja a causa de las lágrimas.—Pero los ancianos del consejo de los que ha hablado Obito-kun tienen la vista puesta en los Uchiha, por ser los mejores amigos de tu padre.—Su voz se rompió al pronunciar las dos últimas palabras, y de nuevo estalló en llanto. Pronto, Haruto también lloraba, y Kasumi abrazaba a su madre y a su hermano, tratando de ser fuerte sin mucho éxito.

-Pero…-Susurró Hanami, quien pese a su habitual frialdad también estaba preocupada.

-Nada de peros.—Atajó Hinata, secándose las lágrimas entre hipidos.—No quiero que hagáis nada, ¿me entendéis? Nada. No quiero que os ocurra nada malo.

Hinata no se sonrojaba, ni tartamudeaba, ¿para qué, si su razón de vivir había desaparecido? ¿Para qué, si la mitad de su corazón estaba perdida? Sus hijos eran lo único que le quedaba, y ahora una de ellas estaba apresada por algo que no había hecho.

-Hinata-chan, hoy podéis dormir aquí, estoy segura de que no quieres volver a casa.—Ofreció Sakura, y la aludida asintió con la cabeza. En su hogar, todo le recordaba a Naruto.

Sasuke dirigió su mirada oscura hacia el techo, nervioso. La noticia de que Naruto, su mejor amigo, su hermano había desaparecido, había sido un duro golpe. Pero peor aún fue el saber que su hija mediana, aquella tan parecida a su padre, casi sobrina del mismo Sasuke, había sido apresada y acusada de atentar contra el Kage. Pero no podía hacer nada, porque él tenía una familia propia a la que proteger, y lo sabía.

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-¿Quién eres?—Repitió fríamente el ANBU tras ella, y Natsuki se estremeció.

Otra vez la misma pregunta.

Otra vez esperaban la respuesta correcta.

Otra vez ella no se la dio.

Otra vez volvió a hacer gala del orgullo de su padre.

-Soy Natsuki Uzumaki. Kunoichi de Konoha.—Dijo en voz alta y clara, sin vacilaciones. Sin temblores.

Ella era hija de Naruto Uzumaki, su padre era el Hokage, no debía tener miedo.

Sin embargo, cuando escuchó el chasquido del látigo, no pudo evitar que el terror invadiera su cuerpo. Notó el corte en su espalda. Apretó los labios, pero no pudo aguantar el chillido. Lloró, pero solo lágrimas, no gimió.

-¿Quién eres?—Volvió a repetir el ANBU.

-Soy Natsuki Uzumaki. Kunoichi de Konoha.—De nuevo. Respuesta incorrecta. Ellos querían que les respondiera que era una traidora.

El latigazo volvió a arrancar un chillido de su garganta, notaba su propia respiración agitada, el sudor recorriendo su cuerpo, sofocada, les dio al fin la satisfacción de oírla gemir.

-¿Quién eres?—Le aborrecía. Les aborrecía a todos.

-S-Soy…-La voz le falló. Podría ceder, hacerles feliz y al fin la dejarían descansar.—S-Soy…Natsuki Uzu…Uzumaki. Kunoichi de Ko…Konoha.—Su hilo de voz se apagó, escuchó el chascar del látigo, pero no llegó a sentirlo sobre su piel.

Perdió el conocimiento.

Cuando abrió los ojos estaba cansada y se sentía perdida. "Papá." Quiso llamar, pero la palabra se ahogó en su desgarrada garganta, la boca le sabía a sangre, y notaba este mismo líquido escarlata resbalar por su sien de forma lenta. Mierda.

-¿Estás ya despierta, Uzumaki-san?—Sintió un escalofrío. Reconocería esa voz en cualquier parte.

-Mué…Muérete.—Masculló con la boca pastosa.

Miyaki. La anciana del consejo.

-Me han dicho—Continuó impasible la mujer.—que afirmas seguir siendo kunoichi de Konoha, ¿nee?

Ella no respondió, se limitó a escupir a Miyaki, su saliva dio a la anciana en la mejilla, se lo quitó con casi asco y sonrió de forma sarcástica. Un hombre apareció como si de una sombra se tratase tras ella, Natsuki sintió un escalofrío, un mal presagio para lo que se avecinaba.

-Muy bien, si tan decidida estás a pertenecer a Konoha, ¡a Konoha pertenecerás!

Natsuki escuchó un siseo, y Miyaki, tras el grito, se hizo a un lado, dejando ver el hierro candente saliendo de un improvisado fuego que un ANBU creaba con un jutsu de Katon, la joven Uzumaki pudo ver sus intenciones, la crueldad en los ojos de la anciana, se removió de forma inquieta y soltó un gemido, cerró los ojos, tratando inútilmente de parar las lágrimas.

-No…-Suplicó muy bajito.

Pero Miyaki hizo caso omiso.

El chillido de Natsuki resonó por todo el edificio.

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Otro enemigo cayó hacia delante, Hinata respiró hondo sin abandonar la postura de lucha durante a penas un par de segundos. Seguidamente, volvió a correr. No podía tardar más, su hija la necesitaba, estuviera donde estuviera. Según Obito, la habían encerrado en la celda más alejada y oscura. ¡Como si fuera un puñetero animal! Era su niña, su pequeña Natsuki, y ella tenía que salvarla.

Su técnica de línea sucesoria le permitió ver a un enemigo acercándose, se escondió entre jadeos de cansancio y cerró los ojos, no quería tener que pelear más, no le gustaba hacer daño a la gente, pero quien tocara a su hija sufriría las consecuencias.

Pronto (aunque mucho más tarde de lo que a ella le hubiera gustado) pudo notar el chakra de la anciana del consejo, mucho más fuerte de lo que ella hubiera pensado. Volvió a ocultarse. ¿A cuántos ANBU había derrotado? No llevaba la cuenta, pero serían unos diez. Estaba agotada física y psicológicamente.

Recordó la conversación con Kasumi, en la que su hija le había prometido esperar en la casa de los Uchiha a que ella y Natsuki volvieran, para después irse de la villa. Sakura le había prometido cuidarlas, en el caso de que a ella le ocurriera algo.

-Esa Uzumaki no ha aguantado nada…-Comentaba Miyaki, y la sangre de la escondida Hinata hirvió de rabia.

-Debe entender, Miyaki-sama, que el dolor era demasiado para una niña.—Respondió un ANBU con tono de respeto.

-Esperaba más de la hija del Hokage.—Suspiró la anciana con casi decepción.—Al menos, creía que no se desmayaría.

-Sigue siendo una niña, Miyaki-sama.—Contestó de nuevo el otro.

-En fin, ahora usa el jutsu de transporte, ¿quieres?—Ordenó la mujer.—Tengo las piernas cansadas.

En cuanto el ANBU obedeció y desaparecieron, la Hyuuga salió de su escondrijo y corrió de celda en celda, buscando con su Byakungan a su hija. Cuando la encontró, tuvo que aguantar las lágrimas.

Natsuki estaba aún atada con las cadenas que la habían sujetado mientras la torturaban. Poco quedaba de su camiseta, la sangre seca se pegaba a su piel de forma casi macabra, uno de sus ojos estaba amoratado, y Hinata sospechaba que no lo podría abrir. Pero lo peor, lo que hizo a la mujer sentir una rabia casi asesina, fue ver la marca que su hija llevaba ahora en la cadera, y que aún estaba roja.

Era el símbolo de la villa.

Entró a la celda, desatando con rapidez a su pequeña, que cayó en los brazos de su progenitora aún inconsciente. Ella le apartó un mechón sucio de la frente y suspiró aliviada al notar el pulso de su hija. No tardó en comenzar a curar las heridas más importantes para impedir la pérdida de sangre, Natsuki abrió los ojos lentamente, y Hinata los vio nublados, casi como si estuviera muerta.

-¿Ma…mamá?—Susurró, la voz estaba rota, cansada.

-Sí, cariño, soy yo.—Hinata la abrazó con fuerza.

-Mamá…m…me duele…todo.—Masculló la muchacha entre gemidos.

-Tranquila, mi vida, te prometo que les mataré a todos.—Fue la oscura respuesta de la mujer, que la abrazó más fuerte.—Pero ahora tenemos que irnos.

Se la puso a la espalda, y Natsuki se aferró al cuello de su madre para no caer, casi como si no creyera que de verdad estuviera ahí, una leve sonrisa se deslizó por el rostro de la Uzumaki. Ahora al fin estaba bien, al fin podrían curarla. Al fin se había acabado la tortura. Notó el pelo de su madre acariciándole el rostro mientras ella corría hacia la salida, y sonrió antes de volver a quedar inconsciente, maldiciéndose internamente por su debilidad.

Cuando despertó, estaba en brazos de alguien, alguien que no era su madre. Soltó un gemido y se obligó a abrir los ojos, encontrándose con la máscara de un ANBU, soltó un fuerte gemido y negó con la cabeza.

-No…no me llevéis…d…de nuevo…no…-Susurró mientras las lágrimas salían de sus ojos.

-Natsu.—La llamó el ANBU, y ella en seguida la reconoció.

-¿T…Tío…Kiba?—Masculló.

-Natsu, estás bien.—No era una pregunta, y Natsuki lo supo. Se intentó incorporar entre los brazos del Inuzuka, lo cual produjo insistentes pinchazos de dolor por su pequeño cuerpo. Finalmente, pudo mirar a su alrededor. Estaban lejos de la prisión donde había estado, pero…¿y su madre?

-Ella…-Kiba pareció adivinar sus pensamientos, dejó a la chica en el suelo, aunque tuvo que ayudarla a sostenerse para que no cayera al suelo.-…Ella se quedó atrás para que pudiera ayudarte a escapar, ella…-La voz de Kiba se quebró al ver el rostro de incredulidad de Natsuki.

La Uzumaki trató de dar un paso hacia atrás, pero sus piernas no pudieron sostenerla y terminó derrumbándose sobre el suelo, se arrastró hacia atrás, como para huir de la dolorosa verdad.

-…Mamá no…ella no…-Sollozaba.

-Lo siento, Natsu.—Susurró Kiba, abrazándola.—Ella me hizo prometer antes de esa puta misión suicida que te cuidaría, así que tuve que sacarte de allí…

Ella negó con la cabeza. Seguramente hubieran apresado a su madre, y todo por su maldita culpa.

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Natsuki miró a su tía Sakura, la expresión de esta era oscura, preocupada, pero su voz no temblaba cuando les explicó lo que harían. Salir de Konoha, esconderse como animales, y Natsuki lo odiaba, pero sabía que era lo único que podía hacer. Así, miró a sus hermanos. El jutsu médico de Sakura le había devuelto algo de su habitual dinamismo, pero aún se notaba el cansancio en sus ojos, la mirada de Natsuki era más adulta, más envejecida.

-Vámonos.—Susurró la mediana, dándose la vuelta.

-Recordad que Itachi, Obito, Hikaru y Hanami os irán a ver cada vez que puedan…-Repuso suavemente Sakura, a su espalda.

-Les esperaremos, tía Sakura, mucha suerte.—Le deseó mientras comenzaba a caminar, pero la voz de Haruto la paró:

-Onee-chan…¿ya no seré shinobi de Konoha?

Natsuki se quedó petrificada y se giró hacia su hermano, el cual la miraba con los ojos aguados mientras jugaba con la cinta antigua de su padre, aquella que Naruto le había dado. Se arrodilló frente a Haruto, lloraba de nuevo, pero otra vez sin ruido, solo lágrimas rodando silenciosas por sus mejillas.

-Nosotros…nosotros somos de los pocos shinobis de Konoha que quedan, Haruto-nii, no dudes eso.—Le acarició el pelo y, con cuidado, tomó de entre las manos del niño la susodicha cinta.—No hemos traicionado a la villa, pero el resto sí…Nosotros…Nosotros seguimos siendo fieles a lo que papá quería…-Se mordió el labio para aguantar un sollozo, Kasumi agachó la mirada, llorando. Natsuki ató la cinta a la frente de su hermano.—A partir de hoy, puedes llevarla, ¿qué te parece?—Sonrió tristemente.

En ese momento, desde el centro de la aldea, comenzaron a escuchar gritos de alarma. Sakura les miró y les abrazó a todos a la vez una última vez. Una columna de humo se alzaba desde el lugar donde provenían los ruidos, y Natsuki se preguntó qué demonios pasaría, más tarde se enteraría que habían quemado algunas casas en las que creían que ellos podrían estarse escondiendo.

-Debéis iros ya, han comenzado a buscaros. Os informaremos sobre los nuevos acontecimientos. Mucha suerte, chicos.

Natsuki se levantó la primera, llevando a Haruto de la mano, sonrió levemente y se quitó las lágrimas. No lloraría más.

-Vámonos.—Fue todo lo que dijo y, tomando la mano de sus hermanos, caminó hacia delante. Y atrás dejaba todo y nada a la vez.

He aquí el último capi del flash back, ya sabemos lo que pasó con Hinata-chan, así que ahora entenderéis un poco la reacción de los Uzumaki cuando se encuentran la primera vez con los Naruto y Hinata del pasado ^^

Gracias a todos por los reviews, me daba en el alma no actualizar por vosotros T_T

Ya sin más, os dejo…¡De verdad, siento no haber actualizado antes!

¿Reviews? ^^