DISCLAIMER: Naruto no me pertenece, es del genial Kishimoto-baka-sempai. Pero la nueva generación de Shinobis y la historia, es mía.

La mano de Naruto se quedó congelada sobre el picaporte, incapaz de abrir la puerta y adentrarse en la estancia. Sorprendido, abrió lo máximo posible sus ojos azul cielo y entreabrió los labios. Quiso entrar a la habitación. Quiso correr. Quiso sonrojarse. Pero solo se quedó allí, parado, como una estatua de un ángel, con su pelo rubio y sus ojos azul cielo.

Dentro, la conversación seguía, las voces siendo amortiguadas por la madera de la puerta, pero él podía oír claramente el tono suave y complacido de Kasumi.

— Ya lo sabía, mamá…nos lo contabas a menudo.—Casi pudo imaginársela sonriendo suavemente, con los ojos cerrados y el pelo enmarcando su rostro.—Pero también sabemos que papá aún no siente nada por ti.

Naruto apretó los puños. Aún. ¿Sería cierto que él (es decir, él, Don Estoy-Enamorado-De-Sakura-Chan) podría sentir algo por Hinata? No decía que ella no le pareciera hermosa, porque había que reconocer que lo era, tampoco decía que no fuera simpática, aunque quizá algo rara, pero Naruto no estaba enamorado de ella.

¿Verdad?

— Yo…-La voz dulce y aterciopelada de Hinata cortó sus pensamientos. Inconscientemente, el Uzumaki pegó más el oído a la puerta, tratando de escuchar mejor.—¿realmente yo os conté todo lo que pasó? Kasumi-chan tú…¿tú no podrías ayu-ayudarme?

Escuchó la risa de Kasumi desde el otro lado, una risa tan suave como la de su madre.

— No, mamá, no puedo hacer nada. Tendrás que descubrirlo por ti misma.—El rubio nunca sabría que, en ese momento, madre e hija se miraban a través de la mesa, con las manos cogidas sobre ella.

— Entiendo.—Hinata suspiró.—No pasa nada.

— Siento no poder ayudarte.—Reconoció la Uzumaki.—Anda, vámonos…Natsuki y Haruto tardarán un rato en terminar con sus diferencias, pero con suerte todo estará calmado para la cena.

Escuchó las sillas arrastrar por el suelo, se puso pálido y comenzó a sudar cuando se dio cuenta de que quizá le pillaran.

Cuando Kasumi y Hinata abrieron la puerta, fijaron su vista en el final del pasillo y emprendieron el camino juntas, madre e hija, hablando de pequeñeces. Nunca sabrían que, sobre sus cabezas, Naruto, pegado al techo, tenía los ojos cerrados y rezaba porque no le pillaran.

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Natsuki canalizó el chakra a través de su cuerpo, cerrando los ojos para concentrarse algo mejor y tratando de hacer que el agua sobre la que estaba de pie siguiera su ritmo. Un pequeño hilo del líquido se levantó del río, persiguiendo a su mano. Sin embargo, en ese momento llegaron a su mente las palabras de Haruto.

"Debes entender que tengo un nivel superior al de un Genin, y que voy a pelear por mi familia."

El agua cayó, inerte, a su lugar. Ella se quedó allí unos minutos, de pie, con la respiración agitada sin saber por qué y los dientes apretados.

Debía entender.

¿De verdad debía hacerlo? ¿De verdad debía quedarse de brazos cruzados, viendo cómo su hermano menor arriesgaba la vida?

—¿Es lo que tú querrías, papá?—Le preguntó a la nada.

Caminó hasta la orilla, donde se dejó caer como si se tratara de un fardo. Cerró los ojos de nuevo, dejando que su respiración se tranquilizara. Apretó los puños, presa de una súbita ira. ¿Por qué todo iba mal? ¿Había sido Orochimaru en su vida anterior, o algo por el estilo? Porque si no, ella no veía por qué su vida se había ido, por decirlo de alguna manera, a la mierda.

Lo odiaba.

Odiaba a su padre, por no dejar que ella le ayudara, odiara a Obito, por haberle alejado de él, odiaba a su madre, por salvarla, odiaba a Kasumi por ser tan dulce que no podía enfadarse con ella, odiaba a Haruto, por querer ponerse en peligro, y odiaba a Haru por no estar allí, con ella, como debería hacer el chico al que quería. ¡Los odiaba a todos!

Se llevó la mano a la cadera, acariciando con los dedos la marca que le había quedado, con la forma del símbolo de la villa a la que ella pertenecía. Porque seguía considerando Konoha su hogar, no había más vuelta de hoja, la cosa era así de sencilla.

Si se concentraba, casi podía oler el delicioso Ramen de Ichiraku, era capaz de escuchar los gritos de Ayame cuando tropezaba con ella, tirando al suelo sus cajas. Casi sentía las manos de su madre juguetear con sus cortos mechones de destellos rojizos.

—¿Natsu?—Llamó la voz de su padre. La de su padre del pasado. ¡Argh, qué confuso!

—¿Sí?—Inquirió. Se dio cuenta, casi con sorpresa, de que la voz le había salido rota. Solo entonces, al llevarse las manos a las mejillas, fue plenamente consciente de que lloraba.

—¿Te ocurre algo?—Naruto se sentó a su lado, y Natsuki se dio cuenta de que los ojos azules de él estaban fijos en la marca, que estaba totalmente visible. Rápidamente, ella bajó la tela de su ropa, tapándola. —¿Te duele eso, dattebayo?

Ella negó con la cabeza y se incorporó, abrazándose a sus rodillas y apoyando la barbilla sobre éstas. No le dolía, pero traía a su mente recuerdos horribles, recuerdos oscuros que debían estarse creando en la mente de su madre en esos momentos. Eso era lo que más le jodía, al final.

—Estoy bien. Ya no me duele.—Informó, sonriendo de manera falsa.—Es solo que últimamente tengo mucho estrés, ya sabes ´ttebayo.

—Pensé que Sakura-chan te habría curado todas las heridas.—Reconoció él.

—De hecho, yo le pedí que me dejara esta marca.—Volvió a acariciarla con los dedos con cuidado, notando como sus manos temblaban, casi como si fuera a caer de nuevo en la miseria de ser encerrada como un maldito perro.—Así, recordaré siempre que las cosas pueden ir a peor, por muy mal que vayan.

Naruto, antes de darse cuenta, ya había pasado un brazo por los hombros de ella para atraerla hacia sí, en un protector abrazo. Esa niña había pasado por mucho en muy poco tiempo, él la notaba rota, perdida. Él nunca había tenido padres o hermanos, pero ella se había criado con ellos, ahora debía sentirse tan herida…No pudo evitar recordar al Sasuke de su tiempo, hundido en la oscuridad.

—Está bien ´ttebayo.—Le aseguró Naruto.—Vamos a salvar a la Hinata-chan de este tiempo, ¡ya verás!

Ella rió y le abrazó fuertemente, cerrando los ojos para que él no viera que estaba apunto de llorar.

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Hinata cogió el cuchillo y comenzó a cortar las verduras con precisión, ante la mirada de Sakura, quien preparaba la masa de la tarta para el postre. Allí estaban, dos chicas que se conocían de toda la vida, separadas por varios años en ese momento. Sakura se giró, mirando a su amiga durante unos instantes, y finalmente habló:

—Me es tan raro verte así, Hinata…

—¿Cómo, Sakura-san?—Preguntó la otra, levemente sonrojada por la penetrante mirada que le dedicaban los ojos verdes de Sakura.

La mujer de cabello rosa soltó una risita.

—Así.—Repitió.—Tan joven, tan vergonzosa…

Hinata la miró, sin entender, y la mujer de Sasuke calló unos segundos, pensando cómo explicarle el cambio que ella había dado en esos años. Al final, comenzó de la mejor manera que pudo encontrar:

—Desde que te casaste con Naruto—Vio que ella se ponía roja como si se tratara de un tomate.—te has vuelto una mujer más valiente, más segura de sí misma. Sigues siendo callada, pero tienes una sonrisa fácil y un porte siempre elegante. Es extraño, ahora, volver a verte como si fueras una sombra de lo que eres hoy.

Hinata fue, esta vez, la que guardó silencio. En su época, ella y Sakura no tenían mucha relación. No es que se llevaran mal, era, simplemente, que no solían hablar. Pero, pensándolo bien, si la Haruno estaba casada con Sasuke y ella con Naruto, era algo bastante normal que hablaran a menudo.

—Sakura-san…¿tú y yo somos muy cercanas?—Preguntó al fin, movida por la curiosidad. Al darse cuenta de lo estúpido de la pregunta, volvió a dejar que un tierno sonrojo cubriera sus mejillas.

Sakura rió.

—En ésta época, Hinata, sí lo somos. Es más, tú eres una de mis mejores amigas. Solemos juntarnos los Jueves, tú, Temari, Ino-cerda, Tenten, Kurenai y yo. Antes llevábamos a los niños y les permitíamos jugar.—Explicó.—Pero, con el paso del tiempo, terminamos reuniéndonos solo nosotras, para bebernos un té y hablar. Tú solías ser la que más escuchaba sobre cómo nos quejábamos, pero nunca hablabas de que Naruto hiciera algo malo.

Hinata sonrió levemente. Eso quería decir que ella era feliz en su matrimonio, ¿cierto?

Sakura se acercó hasta ella a pasos agigantados y la miró fijamente. Hinata se sintió cohibida, mas no se movió cuando la otra la abrazó con fuerza, casi desesperación. Notó que Sakura parecía triste.

—Te he echado de menos, Hinata. Realmente, tuve ganas de matar a alguien cuando me enteré de que habían apresado a tu "yo" de esta época.

La Hyuuga asintió levemente, respondiendo el abrazo tras unos segundos. Sakura era mucho mejor amiga de lo que ella pudiera haber pedido, lo notaba, sabía que ella y la mujer de cabello rosa serían cercanas algún día.

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—Entonces, ¿de verdad crees estar lista?—La voz de Obito era suave cuando le habló. Ella terminó de afilar su kunai y desvió su mirada azul, casi plateada.

—Cien por cien segura.—Confirmó, sonriendo levemente.—Después de la maravillosa cena que han preparado mamá y tía Sakura, me siento con fuerzas para cualquier cosa ´ttebayo.

El silencio se instaló en la habitación unos segundos. Obito, apoyado contra la pared con las manos en los bolsillos, y Natsuki, sentada sobre su cama mientras guardaba armas en su porta-kunais.

—Será difícil.—Avisó él.

—Me da igual, vamos a hacerlo.—Se reafirmó, levantándose y ajustándose la hitai-ate de Konoha.—Les pienso patear el culo por todo lo que han hecho ´ttebayo.

Él soltó una carcajada al ver el brillo decidido en los ojos de su amiga. Estaba claro que iba a matar a alguien, si era necesario. Y él supo que la ayudaría. No por nada era el mejor amigo de esa chica, no podía dejarla sola. No ahora.

—Entonces, ¿vamos? Deben de estar esperando.—Le aseguró, saliendo por la puerta.

—¡Uchiha, espérame, dattebayo!—Chilló Natsuki, cogiendo su mochila y corriendo tras su mejor amigo.

Cuando llegaron a la entrada, la Uzumaki se dijo que, al final, tenía suerte de tener a tantas personas con ella. Naruto y Hinata hablaban, él animadamente, ella sonrojada. Su tía Sakura abrazaba a Sasuke por la cintura, apoyada en el pecho de él. Hanami, que acababa de llegar, estaba levemente apartada, con un tremendamente serio Itachi, también recien aparecido. Anko Mitarashi estaba allí, sentada sobre la rama de un árbol y semidormida sobre el hombro de Kakashi. Kasumi se colocó al lado de su hermana, sonriendo levemente para dar ánimos. Natsuki la mirada triste de Hikaru.

Inconscientemente, los ojos de la mediana Uzumaki buscaron los de su hermano, le sonrió y formuló con los labios un "lo siento". Extrañamente, él devolvió el gesto y le asintió con la cabeza. Ninguno quería irse enfadado con el otro.

—Entonces…nos vamos, ¿no?—Se aseguró al fin Sakura.

—¡Vámonos!—Gritaron a una los hermanos Uzumaki, alzando un puño en perfecta sincronía.

Que se prepararan los viejos. Ellos estaban hartos de esconderse como gatitos asustadizos.

Iban a presentar batalla. Ya podía comenzar a temblar Konoha.

No quedé PARA NADA feliz con este capítulo, pero no quería empezar la batalla tan rápido. Ya en el siguiente capi, que colgaré al volver de mis vacaciones :D

¡Por cierto! Al final, resulta que me voy el día 5, cambio de última hora. Qué gracia, ¿eh? XD Yo con todo preparado y me sueltan eso. Pero bueno, del 5 al 15 no está tan mal, quizá hasta me de tiempo de subir algo más…

De acuerdo, ya me voy ^^

¡Nos leemos!