Aquella mujer que hasta ahora se había mantenido en silencio mientras escuchaba la nueva historia de la castaña italiana alzó la mano para poder masajearse la sien, ¿eso era una confesión? Buscó con la mirada a su compañero, pero este parecía que estaba arriba.
Los pasos rompían el silencio del lugar, se podían escuchar torpes pero veloces, la belga creyó que sería el español que se habría replanteado las cosas y habría captado el porque de la ira anterior de la italiana, mientras que esta, creía que serían los dos chicos ir a por la belga. La respuesta pronto llegó, escuchando la piel rozar el plástico y las risas bajas de la rubia. Tanto el español como la italiana movieron la mirada para ver, con la poca luz que se filtraba por a saber donde, la silueta del rubio desnudando sin pausa alguna a la rubia.
— Shh… si alzas la voz nos van a escuchar - espetó en un susurro Derk al ver como la rubia no dejaba de reírse,
— Tarde, ya os hemos escuchado - Lovina se adelantó encendiendo la pequeña luz de aceite que tenía a un lado de su saco de dormir, viendo como en parte su teoría era errónea pues el español seguía en su rincón, viendo y al parecer sin intención de levantarse.
El castaño apartó la mirada algo envidioso de los otros dos, pero al fin y al cabo sin mucho interés en seguir la fiesta, ¿el por qué? Simple, la cabeza le taladraba como mil demonios. Al dar con la castaña esta le estaba bien fijamente y ante el silencio entre ambos tan solo levantó el saco de dormir en señal de que le acompañara durante esa noche y, quien sabe, acabar como los otros dos.
— Sigue soñando - dicho eso se dio media vuelta tapándose hasta las orejas.
Volvió a apagar la luz, si no iba a tener juerga mejor dormirse ya y no seguir escuchando a los otros dos, y menos si pensaban tener tema.
La mente de Freya seguía en el mundo de yupilandia, es decir, pronto se olvidó de los otros dos al sentir las manos del holandés recorrerle el cuerpo hasta dar con la molesta ropa interior. Rió por lo bajo mientras el rubio escondía el rostro entre su pecho descubierto, sacudiendo la cabeza para un disfrute propio del que, quizá al salir no volvería a sentir. Mientras con una mano inquieta masajeaba uno de sus senos como si se le fuera la vida en ello, provocando ciertos jadeos en la rubia, la otra mano retiraba lenta y tortuosamente para su persona aquella tira por ropa interior.
— Si lo vas ha hacer, hazlo bien - espetó entre pequeñas risas la rubia, empujándole a un lado para poder encoger las piernas y quitarse ella misma el tanga.
Mientras que los ronquidos del español ya se hacían presentes en el hueco la italiana seguía dando vueltas, contando ovejitas, pensando que se encontraba en el mejor de los paraísos para poder dormirse y dejar de escuchar. Hacerlo uno mismo podía ser todo lo gratificante que uno quisiera pero… escuchar a otro, mas a tu mejor amiga, te puede dejar tal trauma que seguro mañana se lo echaría en cara.
El rubio intentó acallar las risas de la belga besando sus labios cual fiera, siento respondido rápidamente por aquellos ahora torpes labios. Los brazos de la rubia rodearon al holandés del cuello, profundizando el beso ya sin tanta torpeza de por medio, parecía que la tontería iba pasando poco a poco, lo que advirtió al rubio que se apresurara o acabaría quedándose a medias.
— ¡Ngh! - gimió curvando la espalda.
La italiana rodó los ojos, si, seguía despierta para su desgracia. Eso empezaba a ser desesperante para su persona, mas aún porque cierto español parecía haberse dormido en cuestión de segundo.
El resto de la noche pasó tal y como esperaba, con aquel par teniendo sexo cada vez mas salvaje, llegando incluso a traumar la inquietante mente de la italiana, que incluso cuando aquel espectáculo hubo terminado no pudo pegar ojo, lo cual se notó con un par de grandes ojeras en la mañana.
El día pintaba igual de mal que la noche anterior, por la mañana al despertar aquel par seguían demostrándose el cariño que ella quisiera por parte del castaño, pero este parecía mas bien ensimismado con algunos cómics que se había traído, ignorando por completo la situación que le rodeaba. Por su parte, Lovina intentó dormir lo que no había logrado en la noche, pero al ver que no podía simplemente se fue a un rincón a fumar la hierba que había quedado de la noche anterior. Quizá con un poco de ayuda podía dormirse. Al ver que ni así podía conciliar el sueño subió a la pequeña cabina en la que a la noche anterior el holandés había preparado la música y la encendió, no dormiría, pero al menos así podía distraerse sin tener que escuchar a cada segundo las risas de aquel par de "tortolos".
Lentamente empezó a mover su cuerpo al ritmo de aquella insinuante música, sosteniendo con la diestra aquel canuto que había encendido, el segundo que se iba a fumar ella sola.
Las palabras seguían fluyendo de la joven, como si le estuviera explicando la mejor experiencia de su vida a su mejor amiga, caminando por aquellos pilares de madera con una radiante sonrisa entre labios, aunque esta mantenía un deje de burla hacia la mujer que la escuchaba.
— Dicen que dentro de lo malo hay algo bueno, ¿no? - espetó mirando a su interlocutora con cierta malicia.
Había llegado al punto en el que todo a su alrededor había desaparecido, solo existía ella misma en aquel húmedo lugar en el cual ya golpeaba fuerte el calor, dio una última y fuerte calada antes de mover de forma insinuante las caderas, bajando y subiendo como si se estuviera moviendo sobre una barra de club, hasta que sintió el roce de otro cuerpo contra su espalda al momento de subir. Quiso mirar hacia atrás pero ya fuera porque aquel cuerpo se apegó por completo impidiéndole girarse, o porque su mirada se encontraba demasiado ida en aquel momento, tan solo continuó moviéndose dejando que ahora un par de inquietas manos recorrieran parte de su cuerpo por sobre la tela. Inclinó la cabeza hacia atrás lentamente, suspirando ante cada roce de aquellas manos expertas, sin oponerse un segundo incluso cuando estas rozaban su pecho con descaro. Fue en ese momento que pudo ver quien era su acompañante en aquel baile, aquellas hebras castañas le eran demasiado conocidas como para dejarlo pasar por alto. Alzó la mano entregándole una calada al español, el cual no tardó mas que unos segundos en entender aquel gesto. Fue el último pues la italiana soltó aquel cilindro al sentir como sus yemas se quemaban ante aquella calada, pero aquello no fue el fin de su diversión, sino que en aquel momento el español aprovechó para darle la vuelta con cierta brutalidad, apegándola a su cuerpo. Tan solo un roce entre sus cinturas bastó para que ambos buscaran sus labios con desesperación, iniciando un anhelante beso, torpe al inicio, demandante al poco hasta que finalmente la desesperación volvió a adueñarse de ambos cuerpos. Las manos del mayor no tardaron en volver a recorrer el cuerpo de la joven, colándose bajo la tela para rozar ahora aquella húmeda piel por el sudor, deteniéndose al dar con la tela del sujetador para llevar la otra mano en busca de desabrocharlo. Pero para desgracia de Lovina, aquello tuvo que terminar en aquel momento.
— Siento molestaros ahora, chicos… - la voz del holandés resonó en el lugar a pesar de la música, su expresión era de completa preocupación.
Ambos jóvenes se separaron como si el cuerpo ajeno quemara, limpiándose los labios con la mano mientras la italiana apagaba la música.
— Es Freya, creo que deberías ir con ella, Lovina.
Sin decir nada afirmó con un gesto de cabeza y pasó por al lado del rubio, sus mejillas lucían sonrojadas por lo recién ocurrido y aunque ahora en su mente se maldecía una y otra vez no parecía arrepentirse en lo absoluto. Habiendo dejado al par de chicos solos, el rubio miró con desaprobación a su amigo, como si con la mirada le dijera todo… no obstante el español no parecía intimidarse en lo absoluto, se encogió de hombros y sonrió ampliamente.
— No te imaginarías lo que acaba de pasar - espetó la italiana al llegar al baño, donde su mejor amiga se encontraba agachada contra el inodoro.
La rubia al escuchar la voz de su amiga alzó la mirada hacia esta, jadeante y completamente pálida. No pareció que su amiga le diera importancia a aquel estado demacro, sino que tan solo se sentó a su lado apoyándose contra la pared con una sonrisa que delataría a cualquiera.
— A-Antonio… - al pronunciar aquel nombre sus mejillas tomaron un sonrojo aún mas marcado, llevándose la diestra a los labios. - ¡Aún no me lo puedo creer!
— M-me alegro… por ti - logró decir la belga antes de sentir de nuevo aquella nausea que le hizo agachar de nuevo la cabeza.
Por largo rato la italiana continuó hablando mientras la belga devolvía incluso lo que no había logrado comer, bien parecía que a Lovino no le importaba el estado de su amiga, pero al bajar de aquella nube de ensoñación ayudó a su amiga levantándole el pelo mientras le daba algunas palmaditas en la espalda.
El estado de la rubia no mejoró en lo que quedaba de día, le habrían dado algo de comer para ver si así no acababa deshidratándose pero la comida se había acabado… los problemas no habían echo mas que empeorar. No había comida, de bebida nada mas quedaban las bebidas alcohólicas que habían quedado de aquella noche de fiesta, ¿qué hacer? En la noche la conciencia de la italiana parecía que le carcomía, ella tenía la llave de aquel bunque escondida, solo ella podía abrir aquella puerta y así podrían llevar a la belga al hospital mas próximo. Pero si lo hacía, de seguro el español se olvidaría de ella; necesitaba un poco mas de tiempo.
Cada cual se había adueñado de su rincón para dormir, incluso la rubia había abandonado el baño para ver si así podía descansar un poco. Se podían escuchar las fuertes respiraciones de los demás que indicaban que ya estaban completamente dormidos, menos Lovina que seguía con la mirada clavada en el techo. La noche anterior no había podido dormir y parecía que esta tampoco iba a poder dormirla.
Se removió hasta quedar sentada, tomó uno de sus zapatos y lo volcó dejando caer la llave al suelo. ¿Mejor amiga o chico? Cogió la llave meditando que hacer, podría abrir la puerta sin que los demás supieran que ella tenía la llave aprovechando que ahora todos dormían, y así iba a hacerlo cuando se levantó por completo, pero la voz del español volvió a sentarla de repente.
— ¿Ocurre algo, Lovina? - se le escuchaba adormilado, lo que hacía dudar si estaba despierto o dormido.
— N-no. Sigue durmiendo… - Disimuladamente guardó la llave de nuevo en el zapato.
— ¿De nuevo no puedes dormir? - preguntó, esta vez con menos pereza en su voz.
— No - respondió cabizbajo.
No hubo mas comentario, lo único que pudo escucharse por un breve momento fue como alguno de los aún dormidos se movía en su rincón, hasta que un movimiento mas audible acompañado por unos pies desnudos contra el suelo llamó la atención de la italiana. El español se había levantado de su improvisada cama y caminó hacia las maderas de la castaña, sentándose a su lado antes de abrazarla contra si.
— Te preocupa Freya, ¿verdad? Por ahora parece que está bien, no se la escucha intranquila, así que al menos está descansando - susurró mientras la italiana apoyaba la cabeza contra su pecho, momento que aprovechó el español para darle un beso en el pelo. - Descansa tu también, no te hará bien quedarte la noche en vela.
Lovina tan solo afirmó abrazándole fuerte, si se lo decía así no podía negarse, pero quiso aprovechar la situación y se acostó llevándose consigo al mayor. ¿Poder dormir con el español? Si lo conseguía mañana abriría la puerta sin dudar alguno.
Hubo algo inesperado en aquello, y es que el español se tomó aquello de otra forma y se acurrucó sobre Lovina, colocando las piernas entre las de las desnudas de la joven. Para aquella noche el español le había prestado su camiseta a la italiana, durmiendo así ella solo con esta y el mayor únicamente con los pantalones; añadiéndole aquella posición, Lovina no pudo mas que ponerse nerviosa. No podía negar que le agradaba aquel roce de las manos del español sobre sus piernas, acariciando cuanto alcanzaban, pero el saber que en cualquier momento alguno de aquellos dos despertara no le entusiasmaba demasiado. Entonces recordó que a ellos no les importó un ápice si alguien les escuchaba.
Abandonó aquella disputa mental al momento en el que sus labios se entreabrieron dejando escapar un leve gemido mientras inclinaba la cabeza hacia atrás justo al momento en el que el español hizo presión con su cintura contra su entrepierna, dejándole en claro que tan dotado estaba.
Poco a poco aquellas manos dejaron de recorrer solo sus piernas para deshacerse de aquella camiseta, dejando a la italiana con aquellas braguitas blancas adornadas únicamente con un tomate. En aquel momento dio gracias a la oscuridad pues el español no pudo apreciar aquel dibujo, menos mal. El mayor se incorporó acariciando sus senos al mismo tiempo que movía las caderas en un leve vaivén, rozando su aún dormido y cubierto miembro contra la menor, dejando que esta suspirara únicamente ante cada roce hasta que se cansó de solo aquello; no quería ir rápido, pero tampoco quería sufrir la vergüenza que poco a poco se apoderaba de su persona. Apartó las manos del ibérico para poder quedar sentada y deslizar los pantalones del mayor hasta las rodillas, lo que la posición de este le permitió, exponiendo así su miembro. Tomó su miembro entre sus dedos iniciando una lenta masturbación, a lo que el mayor apretó los labios dejándose hacer, incluso acomodándose mejor.
Lo siguiente no lo vio venir. Debido a la falta de luz la italiana no vio como el mayor alargó la mano hasta sentir como la tela de sus braguitas eran movidas, sintiendo el roce así de un par de dedos que acariciaban sus partes mas íntimas, encogiéndose de piernas. ¿Decirle que parara? Si lo hacía se arrepentiría demasiado tiempo. Tragó duro notando como el miembro del mayor despertaba ante cada movimiento de su mano, decidiendo así aumentar el ritmo hasta que fue empujada hacia atrás.
— No quiero ir rápido, pero tampoco quiero que los otros dos despierten - susurró el español retirándole la ropa interior.
Un largo escalofrío le recorrió de pies a cabeza ante aquellas palabras, al parecer el otro había pensado igual que ella en un principio. Suspiró dejando que el mayor se acomodara de nuevo bien entre sus piernas, que aquella húmeda punta rozara su entrada hasta finalmente entrar de un rápido pero suave movimiento. Era su primera vez, podían llamarle 'puta' en el instituto pero aún no se había acostado con nadie por lo que al sentir como lenta y pausadamente era penetrada no pudo evitar una pequeña lagrimilla. No sintió el fuerte dolor que todas parecían sufrir, pero si sintió una leve punzadita avisándole que si el español seguía entrando le iba a doler de verdad.
— Pa-para… - susurró entrecortada.
El español acató aquella petición e hizo el ademán de salir de su interior, la italiana quiso detenerle pero para cuando alzó las piernas para rodearle la cintura e impedirlo sintió como el español volvió a entrar con la misma suavidad que antes.
— Solo no te pongas nerviosa.
Aquel susurro le dejó claro que no tenía la intención de detenerse por completo, ¿habría algún modo de que el otro se hubiera dado cuenta de su virginidad? Lo dudaba demasiado. Quizá aquellos temblores e inquietud que parecía comérsela viva era la señal de que de tranquila tenía poco. Afirmó cerrando los ojos, apretando los labios al mismo tiempo que sentía como el mayor quería penetrar mas adentro. Como le fuera a doler el español ya se podía preparar después de todo, porque la paliza que le iba a dar no iba a ser pequeña. Y no bien estaba pensando eso cuando el español hizo presión entrando por completo, sacándole un quejido a la italiana.
— Ba-bastardo… - susurró en un intento por no alzar la voz, golpeándole el brazo.
— Perdón, perdón.
A penas unos segundos se mantuvo quieto antes de iniciar un suave vaivén, repartiendo varios besos por su cuello, acariciando su costado y pecho a la vez hasta que finalmente la italiano dejó escapar pequeños suspiros entremezclados con casi inaudibles gemidos. Para ambos habían desaparecido los otros dos, es mas, era como si no les importara el estar encerrados en aquel lugar prácticamente sin bebida ni comida; solos ellos dos, nada ni nadie embestidas poco a poco iban tomando mas velocidad, incluso la italiana movía la cintura al mismo ritmo impuesto por el mayor. Inexperta, pero no tonta. Entre besos, caricias y embestidas, el calor se hizo insoportable hasta el punto en el que casi parecía asfixiar, siendo la italiana la primera en contraer las paredes al tiempo que dejaba escapar un poco disimulado gemido de puro placer, siendo seguida por el español que ante aquel palpitar y calor no pudo evitar llegar al éxtasis tras ella.
Había sido algo rápido, si, pero no por ello le había agradado menos. Aún sintiendo al mayor en su interior alargó los brazos para abrazarle, no tardando en sentir los labios del mayor sobre los propios. Si en algún momento pensó que tras aquello todo habría acabado, equivocada estaba pues aún por largo rato el español se quedó sobre ella, regalándose besos por todo el cuerpo, caricias y abrazos. Le había llamado incluso empalagoso, no podía negar que le agradaba aquella atención, ¡pero quería dormir! Al final el mayor no pudo mas que escucharle y se tumbó a su lado tras colocarse los pantalones de nuevo y dejar que la italiana se vistiera también, a tientas y a saber si se había colocado bien la camiseta.
— Oye, idiota, ¿ya te has dormido? - espetó al escuchar como en apenas un par de minutos el español parecía dormir tan tranquilo por aquella calmada pero fuerte respiración.
En vez de recibir respuesta por parte del español escuchó una risita que le heló la sangre por completo. Por inercia y queriendo comprobar sus sospechas y buscó la lámpara de aceite y la prendió, iluminándola hacia el otro lado para ver, efectivamente, a la belga mirándola con una sonrisa entre labios.
— Me quiero morir, me quiero morir, me quiero morir - repitió varias veces, sintiendo que sus mejillas ardían por completo.
— Felicidades, Lovi~
La rubia volvió a reír por lo bajo y se levantó, algo tambaleante pues aunque había descansado seguía sintiéndose algo mareada. Se acercó a la italiana para apagar la lámpara y susurrarle.
— Ya duérmete anda, voy al baño.
— ¿Estás bien? - preguntó algo preocupada por aquel comentario.
— Si - canturreó -, ¿no puedo ir al baño a por mis necesidades?
— Ah, claro.
En apenas cinco minutos mas la castaña quedó rendida a brazos de Morfeo, o mas bien en brazos del español que al acomodarse algo apegada a él no tardó en abrazarla aún dormido.
La noche pasó tranquila, ambos cuerpos seguían durmiendo como si no hubiera mañana hasta que un grito de horror los despertó a ambos, casi tirándolos de aquella madera en la que había echo su cama la italiana.
— ¡¿Qué mierda pasa? - gritó el español aún mas dormido que despierto, tallándose los ojos al tiempo que se sentaba.
Por su lado, la italiana, tan solo se dio la vuelta queriendo no hacer caso a lo que estuvieran hablando, pero cierto comentario hizo que sus ojos se abrieran como platos.
— E-está… muerta.
Tanto español como italiana saltaron de aquella cama improvisada para ir hacia donde habían escuchado la voz; el baño. Allí, sentado en un rincón con la cara completamente horrorizada se encontraba el holandés, señalando hacia la rubia que se encontraba con la cabeza completamente metida en el inodoro, pálida como la nieve y aparentemente sin respirar. El español, en un intento por salvar a la rubia, corrió hacia el cuerpo mientras que la italiana se llevaba las manos al rostro sin poder creer aún lo que veía, ¡si anoche había hablado con ella! Se dejó caer arrodillada viendo como el español estiraba el cuerpo pálido de la belga sobre el suelo y comprobaba tanto respiración como pulso. Efectivamente, Freya había muerto y aparentemente ahogada con su propio vómito.
El resto de la mañana y tras haber cubierto el cuerpo con el plástico que la belga había hinchado como colchón nadie dijo nada. El silencio se había adueñado del lugar, la tristeza la reina de la fiesta aún cuando no había sido siquiera invitada.
— ¿Ya has averiguado de que murieron? - preguntó insistente el alemán frente al cuerpo de la belga.
— La chica murió por deshidratación. La falta de alimentación y el provocarse el vómito acabó con su vida. Una lástima, la verdad - respondió rápido el forense.
— ¿Y ahora qué…? - preguntó el español queriendo romper aquel silencio.
Media hora después de aquella pregunta el holandés se movió de aquel rincón para dirigirse al carrito donde habían quedado las bebidas, llevándolo al centro. Llenó vasos con lo poco que quedaba de cada botella, apenas y había logrado llenar cinco. Nada mas comprobar lo que quedaba de provisión miró a los otros dos.
— Simple. Habrá que alargar cuanto podamos lo poco que nos queda para sobrevivir. Dolor de cabeza, disminución de la presión sanguínea, delirios, inconsciencia y finalmente… la muerte. Sugiero no tomar hasta llegar a los delirios.
— Vale.
Fue la única respuesta y por parte del español. Lovina seguía abrazándose a si misma sobre su cama, la culpa le carcomía, aún no podía creer que por un capricho hubiera muerto su mejor amiga. Antonio, al ver como poco le faltaba a la italiana por dormirse de tanto llanto se acercó a ella abrazándola.
Al día siguiente al parecer el primer síntoma se hizo demasiado presente para todos. El sonido de las moscas revoloteando el cuerpo de la belga les molestaban como si mil bombas estallaran ante cada sonido.
— ¡Merda! - gritó la italiana levantándose por enésima vez a espantar a aquellas molestas moscas.
La tentación de ir y beber de un solo trago el contenido de uno de los vasos estaba demasiado presente, estaba por mandar a la mierda a los otros dos que se distraían como podían. A ratos Antonio parecía ahogarse y con la mirada algo ida, sudaba aún mas que los otros dos, lo que podía suponerse como que los síntomas en el español aparecían mas rápido que en los demás.
La italiana trataba de ayudarle abanicándole con uno de los cómicos por allí sueltos, hasta que finalmente tuvieron que darle de beber al ver como al día siguiente parecía incluso delirar. Así, poco a poco los vasos acabaron completamente vacíos pues cuando no era uno era otro.
— Vamos a morir - repetía de nuevo el holandés sentado en lo alto de las escaleras, observando por la pequeña obertura que había en la puerta. Ya había perdido la cuenta de cuantas veces lo había dicho ese día.
— Cállate de una jodida vez - espetó Lovina cansada de escuchar siempre la misma canción.
Antonio dormía tranquilamente a un lado de la castaña mientras esta le acariciaba el cabello, comprobando a cada momento que la respiración no se le alterara pues sabía de lo rápido que este caía en los síntomas de la deshidratación. Al poco el rubio bajó las escaleras para acercarse a los otros dos, tumbándose a los pies de ambos.
— Me hubiera gustado morirme de otra forma.
El español al parecer había despertado, manteniendo aquella típica sonrisa aunque ahora se encontrara falta de vida, como si sonriera mas por costumbre que por querer hacerlo. Suspiró recibiendo un pequeño golpe por el rubio. Este se levantó y desapareció por los rincones oscuros, dejando a solar a la pareja.
— Verás que lograremos salir de aquí, te lo prometo, mañana estaremos llorándole a Freya a una hermosa tumba.
Antonio quiso sonreír por la faceta optimista de la otra, siempre la habíha visto como alguien bastante negativa pero, al parecer, cuando los demás perdían la fe ella la mantenía por todos. Intentó incorporarse para besarla, pero el sonido de una lata abrirse llamó la atención de ambos. Eso había sido sin duda una lata abrirse, ¡quedaba un maldito refresco! El ibérico se levantó rápidamente, sacando las fuerzas de a saber donde para ir a buscar a su mejor amigo, encontrándoselo bebiendo de una lata a escondidas.
— ¡Eres un grandísimo hijo de puta! - vociferó el español mas que molesto.
— ¡Espera, Antonio, puedo explicarlo! - intentó excusarse tras evitar ahogarse con la bebida.
No le dio tiempo a Lovina de acercarse a los otros dos pues Antonio ya se había lanzado contra su amigo para golpearlo con fuerza, a penas estuvo cerca trató de separarlos, al menos había logrado que Derk escapara de los puños del español. Pero Antonio no se iba a detener, obviamente había perdido la poca cordura que le quedaba al ver el intento de traición de su mejor amigo. Tras una larga pelea la lata cayó al suelo y Lovina corrió a por ella para dejarla sobre el carrito, aún tratando a gritos de que pararan de pelear, pero en vano… pues una vez el holandés cayó al suelo fue su perdición. El español le agarró de los pelos para alzarle la cabeza y golpearla contra el suelo con fuerza, repetidas veces hasta que finalmente el rubio dejó de poner resistencia. Lo había matado y su rostro no mostraba ni el mas mínimo arrepentimiento. Se levantó con calma sacudiendo las manos.
— Lo… has… - susurró entrecortado Lovina, cayendo arrodillada.
— Él se lo ha buscado.
No hablando mas del tema fue a por la lata y dio un largo sorbo, sin acabársela para dejarle a la italiana quien se negó a darle siquiera un sorbo.
Estaba en shock, no podría pegar ojo de nuevo esa noche mientras que el español parecía dormir a pierna suelta, aunque no le podía reprochar, antes de acostarse el mayor había presentado de nuevo los síntomas de delirio. Temiendo quedarse sola o de perder también al español se sentó y buscó la llave en su zapato. Nada mas se vistió con un abrigo largo color café y subió las escaleras, temblorosa, como si en cualquier segundo se fuera a soltar y caer al suelo. Ya arriba, abrió la puerta de par en par y se quedó ahí pasmada, viendo la luz del día. ¿Cuánto habría pasado desde que quedaron ahí encerrados? Sintió como una gota caía sobre su cabeza y quiso darse la vuelta para despertar al español, pero fue tarde.
— ¿Lovina? - preguntó desde abajo, levantándose para encaminarse hacia el centro. - Ya han… ¡nos han abierto!
La euforia se apoderó del español, quiso subir para abrazarla pero la italiana le pidió que se detuviera.
— Yo he… abierto. - Ante la mirada interrogativa del español decidió proseguir. - Yo tengo la llave.
Dicho eso tiró la llave abajo, el español la tomó y hubo un incómodo silencio. Arrojó el objeto lejos de su posición y se llevó las manos a la cabeza.
— ¡He matado a mi mejor amigo por ti y resulta que TU tenías la puta llave! ¡¿Tu sabes lo que se siente matar a tu mejor amigo? ¡Claro que debes sentirlo! ¡Freya murió por tu culpa!
— ¡No! ¡No es verdad!
— ¡Claro que lo es!
De nuevo, habiendo perdido la cordura corrió hacia la escaleras dando un salto, queriendo subir estas de forma brusca, provocando que se balancearan. Al ver como los tornillos se aflojaban ante cada balanceo la italiana se arrodilló haciéndole señas de que se detuviera.
— ¡NO! ¡Para, detente Antonio! - Pero el español no le hizo caso. - ¡Detente o las esc-
No pudo acabar pues finalmente los tornillos cedieron desprendiendo así aquellas metálicas escaleras, dejando caer al español al vacío. Si ante el impacto contra el suelo hubiera tenido alguna oportunidad de sobrevivir a pesar de la hemorragia en su cabeza, sin duda, el que los hierros del inicio de las escaleras se hubiera clavado profundamente en su estómago dejaron claro que para él tampoco iba a haber oportunidad alguna.
Lloró, no merecía salir viva de allí después de haber visto como su mejor amiga moría por su culpa, tal y como había dicho el mayor, aunque las otras dos muertes no habían sido culpa suya. Se desplomó sobre aquel altillo gritando entre llantos.
— Yo no los maté - terminó Lovina de contar, viendo a aquella mujer con superioridad.
— Pero qué…
— ¿Por qué decidí salir de allí? - Rió altanera llevándose la diestra sobre el abdomen. - Quizá y Antonio no murió del todo.
Al querer salir de aquel hueco la mujer la detuvo sujetándole fuerte del brazo, mirándole de forma acusadora. Ante aquella, Lovina tornó su rostro a uno de espanto, gritando e intentando soltarse.
— ¡Socorro! ¡Está loca!
La mujer la soltó al ver como Ludwig hacía su aparición viendola de forma desaprobadora, obviamente, creyeron aquella actuación de la italiana y luego tomarían represalias con aquella mujer. Dejaron que la menor subiera entre llantos y se fue con su madre de nuevo a su casa.
Aquella mujer no hizo mas que mirar como la joven se iba impune a todo lo que había pasado por su culpa.
Finalmente, la ficción gano de nuevo la batalla.
