La última noche y el primer día

I

La fría noche ha caído. El viento tiene un sabor salado. Las olas del mar se arrastran suavemente sobre la blanca arena. El cielo, a pesar de ser oscuro tiene un inusual brillo. Si no fuera por el sonido de las olas, todo el paisaje estaría silencioso, haciendo más fuerte la sensación de vacío y muerte.

El viento sopla con moderada fuerza.

A lo lejos, donde se unen el mar y el cielo, se pueden distinguir las siluetas de unas extrañas figuras mutiladas, crucificadas. Una especie de ángeles caídos, abandonados a su suerte. Un poco más cerca se encuentran vehículos destruidos, construcciones destrozadas, recuerdos muertos de una guerra que parece fue perdida. Ecos y lamentos de tragedias inevitables.

En algún lugar, unas huellas comienzan en la mitad de la playa, sin ninguna explicación. Se alejan, débilmente al principio, casi arrastrándose, después con pasos más firmes y largos.

Una chica desnuda avanza pesadamente en dirección hacia una estatua que parece un ángel, se detiene momentáneamente y observa a lo lejos un inmenso cráter. Su expresión carece de compasión, sin embargo sus ojos tratan de expresar algo, algo que no tiene muy bien identificado o definido. Sus esfuerzos por exteriorizar lo que siente parecen no tener sentido.

De pie en su lugar, contempla una vida que ya no existe, un mundo que ha quedado en el pasado con unas personas que han quedado olvidadas, atrapadas en vacíos recuerdos de la existencia. De pronto observa el cielo, la grandeza del espacio, su oscuridad y su fría soledad. De alguna manera empieza a formarse en su mente una idea de su lugar en el mundo. Del lugar que ocupaba antes y del nuevo lugar que ocupa ahora.

-¿qué ha sucedido antes de esto?- piensa en voz baja, mientras reanuda su recorrido.

Sus recuerdos son confusos y lisérgicos. Una maraña de imágenes sobrepuestas. Gente conocida y escenas familiares aparecen cuando cierra sus ojos. Una extraña mezcla de emociones la invaden por breves momentos. Todo parece tan irreal, tan ilógico.

Después de caminar sin rumbo y alejarse de la playa, se acerca nuevamente a la orilla, hasta entrar al mar. Observa su rostro, tratando de reconocerlo, identificar quien es la persona que le devuelve la fría mirada.

Por algún momento duda y tarda en reconocer las facciones que le recuerden su identidad.

-¿Quién soy… yo?- se pregunta mientras toca su cara y analiza su rostro. -¿Quién… es esta persona? –su voz es débil y arrastrada como si le costara esfuerzo hablar.

El cielo empieza a volverse azul, y los primeros rayos del sol empiezan a tocar la tierra. La chica permanece sentada frente a la orilla del mar, con las manos sobre las rodillas, contemplando las olas. El sol lentamente empieza a llegar hasta ella. Su mirada se pasea entre el mar y el cielo azul, que le parece tranquilo, agradable, pero muy solitario.

En las pocas horas que recuerda desde que empezó a caminar por la orilla de la playa no ha visto a otro ser vivo, ni a un ave, ni aun pez, mucho menos a otra persona. Nuevamente contempla la inmensidad del cielo, del mar y de la tierra. El sentimiento la hace estremecerse un poco, pero no lo suficiente como para doblegarse.

-la… la soledad… me resulta familiar.

Algunas horas más tarde, ya con el sol en la espalda, la chica desnuda se despierta. No recuerda en qué momento se quedó dormida. Rápidamente se sienta en la misma posición que recordaba antes de dormirse. El sol casi se mete. La noche nuevamente llegará. Eso le produce una sensación, algo que no conoce y no puede identificar con ninguna palabra que conozca.

Se mantiene toda la noche (que vuelve a ser extrañamente luminosa como la anterior) observando el horizonte, hacia las montañas y las misteriosas figuras mutiladas que se encuentran más allá.

-¿Qué son esas cosas?- piensa mientras cierra los ojos y se concentra en la oscuridad, en ver que hay más allá de sus recuerdos. Sus esfuerzos no producen resultados, es como si hubiera un vacío entre el momento en que despertó en la orilla de la playa y lo que paso antes de que despertara.

Lentamente empieza a perder los ánimos y se cansa de esperar que suceda algo, cualquier cosa que cambie la situación. Casi con la idea de que nunca regresara a ese lugar decide abandonar la playa y empezar a pensar en cómo sobrevivir. El hambre empieza a ser un factor que pronto cobrará importancia.

II

El viento juega con la cortina de una ventana media abierta. La luz del sol se filtra tímidamente dentro de una habitación casi vacía. Solo una cama, una mesa y una silla adornan el lugar. Debajo de unas sábanas una figura se mueve.

-la segunda vez… el renacimiento puede ser doloroso-

Una voz misteriosa hace que la extraña chica que despertó en medio de la playa abra sus ojos de pronto. Rápidamente salta de la cama y revisa toda la habitación.

-…parecía tan real-

Una vez despierta inicia su rutina. Baño, desayuno enlatado y recorrido por la ciudad.

-¿cuantos días han pasado?- piensa la chica mientras contempla un viejo reloj de cuerda frente a una vitrina. –la noción del tiempo… parece haberse detenido… no hay ningún cambio…-

Todos los días recorre la ciudad, buscando lugares que la ayuden a recordar algo, cualquier cosa que pueda explicar el porqué es la única persona en toda la ciudad, temiendo incluso ser la única persona en todo el mundo.

Algunos días regresa a la playa, al lugar donde despertó y se sienta a observar cómo se mete el sol y la luna llega hasta su punto más alto. Este es el único momento en que siente que algo pudiera pasar que le ayudará a comprender que cosas han sucedido para que el mundo se encuentre en este estado, y que ella este sola en este lugar.

III

La espera parece un esfuerzo inútil. No recuerda cuantos días han pasado ya desde que despertó. Mientras observa la luna juega con la arena, hace trazos y dibujos sin forma con sus manos. El peso de la soledad empieza a ser asfixiante, incluso para alguien que no recuerda como era antes de despertar un día. Finalmente decide irse del lugar y al levantarse observa que inconscientemente ha escrito una palabra. Sus ojos se abren y su atención se centra en esa sola palabra escrita en la arena, enmarcada por líneas y trazos deformes.

-¿Un nombre?- dice con sorpresa