Capítulo 8
-Bueno jovencita Minaki, ésta es ciudad celeste. ¿No te parece que es bonita?
-¡Sí que lo es!
Minaki y el viejo habían llegado a ciudad celeste por el camino que estaba junto a la casa de la anciana pareja. La siguiente misión de minaki era vencer al líder del gimnasio celeste y ganar su segunda medalla. El problema era que aún no sabía cómo iba a hacerlo. Cuando estuvieron en el mercado de ciudad celeste a eso de las tres de la tarde, minaki y el viejo se despidieron.
-Buena suerte con tu batalla minaki, y cuida mucho las piedras.-le aconsejó.
-Claro que sí, muchas gracias por todo lo que ha hacho por nosotros, ojalá pudiera pagárselo.
El hombre sonrió.
-No te preocupes, ya te lo dije, nuestra moneda familiar vale mucho más que las piedras evolutivas. Si alguna vez necesitas más de éstas, sabes donde encontrarme.
-Gracias, adiós.
Minaki se estaba dando la vuelta para marcharse cuando se dio cuenta de algo importante:
-¡Señor espere!-le llamó volteándose-¿Sabe hacia dónde queda el centro pokemon?
-Claro Minaki, tienes que seguir directo por esta calle hasta que te encuentres con el gimnasio celeste. Una vez allí giras a la derecha y sigues derecho; te encontrarás con el centro pokemon.
-Gracias de nuevo. Hasta pronto.-se despidió esta vez con la mano en alto.
-Ve con cuidado.
Con la dirección señalada, minaki se puso en marcha. Caminó durante unos minutos y se topó con el gimnasio de ciudad celeste. De no haber sido por el letrero de cemento que estaba algunos pasos antes de la entrada, hubiera jurado que iba directo hacia un circo acuático.
-No tiene aspecto…de gimnasio, más bien parece un acuario pokemon o un centro para divertirse.
La niña se quedó viéndolo unos segundos y después siguió las indicaciones del anciano para llegar al centro pokemon. Caminando durante unos cinco minutos logró verlo a lo lejos.
-Bien, cuando esté allá averiguaré todo lo que pueda sobre el líder de este gimnasio para no volver a equivocarme como la vez anterior.
Iba pensando en esto, cuando de entre unos arbustos apareció una extraña y pequeña figura, delgada y con una gran cara de pera. Su delgadito y flexible cuerpo como fideo se meneaba de un lado a otro, y caminaba lento y ligero.
-¿Eso será…un pokemon?
Mientras Minaki abría su bolso para sacar el pokedex, el pequeño bellsprout seguía su camino sin percatarse de la presencia de la niña. Cuando minaki abrió el pokedex, el pokemon ya no estaba.
-Oye espera, ¿A dónde vas?
Minaki siguió al pokemon unos cuantos pasos.
-Espera por favor, detente un segundo.
El Bellsprout se detuvo y se dio la vuelta para ver quien le hablaba y se encontró con la chica. La Pokedex se puso a hablar:
"Bellsprout, el pokemon flor. Apenas escucha un ruido extraño, este pokemon corre a gran velocidad para esconderse. Secreta una saliva dulce y pegajosa que atrae pequeños insectos con los que se alimenta. Entierra sus raíces para absorber el agua del suelo"
-Vaya, sí eras un pokemon después de todo, y estás muy simpático.
Minaki sonrió y el pokemon la miraba con curiosidad. La niña abrió su bolso nuevamente y sacó un paquete de comida pokemon y le ofreció un poco al bellsprout.
-¿Quieres? Se supone que a los pokemons les gusta.
El pokemon olió de lejos la comida y fue acercándose poco a poco, hasta que llegó a la mano de minaki y tomó una bolita de comida pokemon. Era esponjosa y olía bastante bien, por lo que se la comió y le gustaron bastante, así que se comió todas las que minaki le había ofrecido. Mientras comía, minaki lo observaba sonriente al ver un pokemon tan gracioso, y con un dedo tocó su cuerpo delgado. El pokemon sintió unas ligeras cosquillas por lo que se apartó; minaki se puso de pie y se despidió.
-Bueno, tengo que llevar a mis pokemons al centro pokemon, nos vemos pequeño Bellsprout.-se despidió mientras echaba a andar.
Bellsprout se quedó observándola hasta que desapareció. Minaki retomó su camino y llegó hasta el centro pokemon. Se dirigió al mesón donde estaba la enfermera joey dándole indicaciones a una chansey.
-Buenas tardes enfermera, ¿podría atender a mis pokemons por favor?
-Claro jovencita-dijo con su amable sonrisa-dámelos y estarán bien dentro de pocos minutos.
-Muchas gracias, aquí los tiene.
Minaki le entregó las tres pokebolas a la enfermera, quien las llevó adentro para atender a los pokemons. Se apoyó sobre el mesón y se quedó pensando un segundo.
¿Cuántos pokemons llevarían hiro y homaru? Seguro que homaru ya había capturado todos los pokemons habidos y por haber. ¿Ya habría llegado a la liga? Lo dudaba, pero conociendo a ese chico todo era posible. ¿Y como le estaría yendo a hiro con su bulbasaur? Aún recordaba la cara cariñosa que la pokemon le había puesto a hiro la primera vez que lo vio.
De pronto, vio una maquina de jugos y fue hasta ella. Mientras tomaba un dulce y frío jugo de fresa y manzana, se quedó pensando nuevamente con la mirada perdida. ¿Qué clase de pokemons tendría el líder del gimnasio? Ojalá no volviera a perder como le ocurrió con brock. La enfermera Joey la llamó moviendo su mano y la chica fue rápido hasta el lugar.
-Aquí tienes, ya están todos muy bien-dijo entregándole las pokebolas en una bandeja plateada.
-Gracias enfermera Joey, es usted muy amable.
-Para eso estamos-le dijo sonriente-disculpa, ¿ese pokemon es tuyo?
-¿Eh?
La niña se dio la vuelta y casi se fue de espaldas. Sobre una de las mesas de la cafetería y comiéndose el azúcar del frasco, estaba el bellsprout que minaki había visto en la mañana.
-¿PERO QUE…?
La chica fue hasta la mesa y el pokemon, al verla, le dedicó una sonrisa muy azucarada de oreja a oreja.
-¿Qué estás haciendo aquí Bellsprout?
-¡Bellsprout Bellsprout!-respondió él.
El pokemon seguía comiendo el azúcar. Minaki se lo quitó y lo tomó en brazos, llevándolo afuera.
-Mejor vete a casa bellsprout, este lugar no es para que te comas el azúcar ¿sabes?
El pokemon la miró incrédulo y se dio la media vuelta regresando por donde había venido. Minaki dio un suspiro y regresó por sus pokebolas. Cuando tuvo las tres en su mano, se sintió orgullosa y emocionada, e hizo salir a sus pokemons. Cuando todos estuvieron afuera, beeltry se quedó algo extrañado al ver al nuevo pokemon. Geodude miraba algo asustado el nuevo lugar y a los pokemons que estaban con él. Vio a minaki y recordó que había sido capturado, así que ahora tendría que hacer caso. Vio al charmander y se acordó de él; le estiró la mano y charmasuki la recibió alegre de que ya se entendieran. Luego se acercó al beedrill y le estiró la mano, pero este se hizo hacia atrás con un gesto de rechazo. El geodude no entendió qué había hecho mal.
-Bueno chicos, él es nuestro nuevo compañero y espero que se lleven todos muy bien. Tenemos que luchar contra el líder de gimnasio de esta ciudad así que tendremos que poner manos a la obra y fortalecernos, ¿de acuerdo?
Charmasuki asintió alegre, Beeltry seguía con su rostro molesto y el geodude no entendía qué era un líder de gimnasio.
-Por cierto, me gustaría ponerte un nombre geodude, ¿te molesta?
El pokemon la miró incrédulo.
-Creo que te llamaré…m…-Minaki pensaba muchos nombres a la vez-te pondré Montain, ese me gusta, además va contigo.
-¡Charmander char char!
A Montain se le contagió la alegría de charmasuki al ver que ya tenía un nombre propio y ambos saltaban de un lado a otro. Beeltry los miraba sin cambiar la expresión de su rostro.
-Vamos Beeltry cambia esa cara y vamos afuera a entrenar, tenemos que ir listos para enfrentarnos al líder de gimnasio. ¡Andando!
Minutos más tarde, la niña y los pokemons se encontraban en un extenso lugar de tierra. Minaki se notaba enérgica.
-Bueno, vamos a un lado y luego al otro.
Minaki se estiró hacia un lado y charmasuki la imitaba, después beeltry y luego montain. Minaki iba a la derecha y los pokemons la seguían; minaki iba a la izquierda y los pokemons la imitaban. De pronto a minaki le sonó un hueso en la espalda, y apoyó sus manos en ella, y los pokemons la seguían.
-Bien, creo que ahora vamos con lo otro.- dijo algo adolorida-Veamos montain, ¿Qué sabes hacer?
El pokemon se veía listo, y con sus fuertes puños golpeó el suelo y algunas piedras se levantaron. El pokemon las golpeó rápidamente mientras aún estaban en el aire y las piedras salieron disparadas con una gran fuerza.
-Bien, eso estuvo genial. Ahora, ¿Cómo se llamaba ese ataque que hizo el Onix de Brock…? ¿Tormenta de arena?
Montain puso cara de extrañeza.
-Intenta hacer una de esas.-le animó su entrenadora.
El pokemon no tenía idea de cómo se hacía eso, y se quedó muy quieto; beeltry se reía de su ignorancia y montain se molestó, pero no hizo nada.
-Bueno, dejémoslo así. Beeltry, hay que practicar tu doble equipo, así que empecemos.
El Beedrill se alzó al vuelo y dio varios giros sobre la cabeza de minaki.
-¡Vamos, doble equipo!
Se concentró, y volvió a duplicarse, apareciendo los otro dos beedrills. Charmasuki se emocionaba cada vez que veía esas copias y montain se veía algo asustado.
-Ahora, intenta tus piquetes venenosos.
El trío de Beedrill lanzó su ataque al aire y parecía estar funcionando bastante bien, hasta que las copias desaparecieron repentinamente y beeltry se quedó volando solo. Se avergonzó de que su concentración durara tan poco y montain aprovechó ese instante para reírse del pokemon abeja, tal y como él lo había hecho. Beeltry se enfadó y se dirigió al geodude dispuesto a atacarlo. Minaki se puso algo nerviosa.
-Oigan chicos… ¿Podrían relajarse y concentrarse en esto por favor?
Beeltry se tiró de cabeza sobre montain y se dieron una lluvia de golpes que levantó una gran nube de polvo.
-¡Oigan! ¡Ya basta, no se supone que se peleen!
-¡Charmander chaar!
Charmasuki se veía tan asustado como minaki; los pokemons se podían lastimar si no se detenían. Minaki sacó las pokebolas del bolso dispuesta a guardarlos, cuando la batalla se detuvo de golpe. Por lo que minaki pudo ver, era beeltry quien golpeaba a geodude sin que este pudiera quitárselo de encima, pero el pokemon se había detenido repentinamente. Se levantó y charmasuki pudo ver que el pokemon estaba algo así como hipnotizado. Se fue caminando en dirección a unos arbustos que estaban algo más lejos y la niña con los pokemons lo siguieron curiosos y en silencio. Beeltry se veía algo ruborizado, como si hubiera detectado algo que llamase mucho su atención, o algo que le hubiera gustado mucho. Traspasó los arbustos y cuando la chica llegó hasta el lugar, vio algo que la dejó un poco confundida y a la vez casi aturdida.
Allí estaba de nuevo el bellsprout, durmiendo y tendido boca arriba tomando el sol; de su boca caía un hilo de saliva. Beeltry se acercó cauteloso y se quedó de pie, observando cómo caía la saliva de la boca del pokemon. Minaki no lograba entender porqué beeltry se comportaba de ese extraño modo, hasta que recordó lo que había mencionado el pokedex.
"Secreta una saliva dulce y pegajosa que atrae pequeños insectos"
¡Beeltry había sido tentado por el olor de la saliva que caía de la boca del Bellsprout! Minaki se acercó despacio.
-Beeltry…ya tenemos que irnos, ven aquí.
El pokemon no la escuchaba y mantenía los ojos pegados en la saliva del pokemon de enfrente. Levantó una de sus pinzas y la acercó a la boca de bellsprout para tomar algo de la cosa dulce que le parecía tan irresistible, cuando minaki lo sujetó y lo alejó del pokemon.
-¿Qué vas a hacerle? Deja que duerma y vámonos de aquí.
La niña tiraba del beedrill con todas sus fuerzas, pero era tan grande que apenas pudo moverlo un par de centímetros. Beeltry ya estaba muy cerca de lograr su cometido, pero minaki lo quitó de encima del bellsprout de un tirón y ambos cayeron al suelo. Charmasuki y montain miraban divertidos la escena detrás del arbusto.
El pokemon hierba se despertó y se limpió la baba que tenía en la cara y al ver desaparecer lo que tanto deseaba, beeltry sintió que se le vino el mundo abajo y se levantó de un golpe, lanzándose sobre el confundido bellsprout, abriéndole grande la boca e introduciendo su pinza para ver si aún lograba sacar algo. El pokemon estaba paralizado del susto y minaki no salía de su asombro.
-¡Beeltry basta! ¡Lo estás lastimando!
Se lanzó sobre el pokemon abeja intentando quitarlo de encima del bellsprout, tirando con toda su fuerza. Montain re reía a más no poder y charmasuki se estaba empezando a preocupar. En eso se le ocurrió algo; se quedó de pie frente a los pokemons y a minaki, y usando un enorme lanzallamas, dejó en el suelo a minaki sujetando al beedrill y al bellsprout, quien, quemado y ennegrecido se fue de espaldas. Al salir la tenaza de la boca de bellsprout, una gran gota voló por el aire y cayó directo en la rocosa cabeza de montain, la que fue absorbida rápidamente. Montain se tocó la frente, pero ya no tenía nada. En lo que esto había ocurrido, una pokebola rodó del bolso de minaki y fue a chocarse contra el noqueado bellsprout, atrapándolo de pura casualidad. Ni minaki ni los pokemons se dieron cuenta; la niña aún estaba chamuscada con el beedrill en brazos, hasta que éste sintió el dulce aroma proviniendo desde otra dirección. Quemado y todo, se levantó y se fue en dirección de la fuente del olor; montain, quien vio al enorme insecto acercarse, levantarlo entre sus enormes y blancas tenazas y comenzar a lamerle la cabeza, feliz de poder degustar el dulce sabor de la savia de bellsprout, aunque fuera en la dura cabeza de montain.
Minaki se incorporó y vio la peculiar escena. Era muy divertido, por lo que no pudo evitar reírse a carcajadas de la avergonzada cara de montain, quien estaba paralizado de los nervios que le producía la lengua del beedrill. Charmasuki lucía una enorme sonrisa en su cara, cuando se dio cuenta de que a minaki se le había caído una de sus pokebolas.
Se la entregó y de ella salió el chamuscado bellsprout. Minaki y charmasuki se miraron tratando de entender qué había ocurrido. Al volver a sentir el extraño olor nuevamente, las antenas negras de beeltry se irguieron y de sus ojos salió un destello malvado. Montain cayó de cara al suelo y bellsprout escuchó el batir de las alas del pokemon abeja. Como por arte de magia, se levantó y corrió a toda velocidad, perseguido muy de cerca por beeltry, quien ya saboreaba los litros de savia que le iba a estrujar al pokemon. Minaki se levantó de prisa e intentó ir en ayuda de su nuevo pokemon, el que no dejaba de correr y lloriquear.
Continuará…
