Convivencia difícil y un negocio un tanto extraño

Algún tiempo más tarde. Ciudad de Los Ángeles.

Departamento de Spike.

-…Y el misterioso vigilante nocturno ha vuelto a las andadas – decía el reportero de la TV. Spike sonrió satisfecho y se despatarró en el mullido sofá mientras abría una lata de cerveza – Varios testigos afirman haberlo visto ayer a la noche, arriba de su motocicleta, cerca de la avenida Summers. Según estos mismos testigos, el vigilante atrapó a un merodeador que desde hacia varias noches, venia acosando a las personas que se atrevían a pasar por la zona…

-Otro crédito para mí – Spike levantó la lata de cerveza, brindando.

-Muy escandaloso para mi gusto, la verdad – comentó Gunn acercándose con otra en su mano y bebiéndola despacio – No te haces buena prensa, amigo mío.

-¿Bromeas, Charlie? ¡Tengo a todos los criminales de Los Ángeles totalmente controlados! – el vampiro rubio señaló a la TV – He ahí la prueba. Creo que es algo que ni ese bodoque de Ángel podría negar.

-No digas eso, ¿ok? El hombre no esta bien – dijo, refiriéndose a Ángel – Lleva sobre sus hombros un gran peso por lo ocurrido…

-Ah, no. Es tan solo su bloody actitud de superhéroe sufrido, nada mas – Spike volvió a beber su cerveza – Entonces, ¿solo te dijo no? ¿Solo eso?

-Si.

-Cobarde – el rubio meneó la cabeza, enojado – ¡En cinco años, el muy cabezadura no aprendió nada! Tan solo a esconder su voluminosa figura y ya esta, asumiendo como siempre, la culpa de todo. Muy típico de él… Idiota.

Bruscamente, la puerta del departamento se abrió. Lorne entró, con cara de agotamiento y cargando una maleta con sus cosas de "mago". La depositó en el suelo y se derrumbó en otro sillón, resoplando.

-Chicos, por favor… la próxima vez que me llamen para animar algún cumpleaños, digan que no estoy. O mejor, que me fui al Congo – dijo - ¡Cómo están los niños de hoy en día! Y eso que solo tienen entre cinco o seis años… - suspiró – El mundo esta perdido, si me lo preguntan – miró a sus compañeros.

Gunn trató de disimular la risa. Spike por otro lado, terminaba su cerveza y aplastaba la lata con una mano, para luego arrojarla sin preocupaciones a un costado.

-¡Santo Cielo! – Lorne puso los ojos en blanco - ¡Spike! ¿Qué te dije de la basura sobre la alfombra? – exclamó - ¡Por Dios, chico, eres un completo desorden!

-¡Oye, lechuga! ¡No me digas como tengo que vivir en MI casa! ¿Estamos? – el vampiro rubio se dirigió a la cocina y abrió el refrigerador. Extrajo otra lata de cerveza de su interior – Mi guarida la tengo como YO quiero.

-¡Sucede que yo también vivo en esta "guarida", chico listo! – se quejó el demonio - ¡Y, para tu información por si no lo sabias, estoy harto de servirte de mucama!

-Claro, claro – Spike le restó importancia, mientras regresaba al sofá.

Lorne se puso de pie y molesto, se encaminó al baño.

-Voy a darme una ducha. ¡Creo que si sigo discutiendo con este clon oxigenado de Billy Idol, la presión se me va a ir a las nubes!

-¡No te olvides de secar el piso de la bañera después de remojarte, risitas! – le espetó Spike - ¡La ultima vez, casi me di un porrazo cuando entre!

Como toda respuesta, Lorne farfulló un insulto inentendible y cerró la puerta con fuerza.

-Vaya carácter podrido. Lo prefería mas antes… cuando NO nos teníamos que cruzar seguido – comentó el vampiro, bebiéndose la cerveza.

Gunn se terminó la suya. Se dispuso a marcharse.

-¿Ya te vas, Charlie?

-Tengo cosas que hacer… Hay un cliente importante que me esta esperando – se dirigió hacia la salida – Me va a dar una buena suma de dinero por cierto objeto antiguo que le encontré hace poco en uno de mis viajes.

-Mira nada más… Estas hecho todo un Indiana Jones del mercado negro, amigo – comentó Spike, sarcástico – Ten cuidado de no meter la pata en ese negocio tuyo, Charlie. El que trafica con artículos mágicos, acaba mal a la larga.

Gunn decidió pasar por alto el comentario del rubio. Desde la puerta de salida se volvió y le formuló una pregunta:

-¿Cómo sigue Illyria?

-Lo de siempre: haciendo su numero de la estatua… el mismo numerito que ha hecho desde hace cinco años – y Spike hubiera querido agregar a esto "Y eso me preocupa mucho" pero no lo hizo.

-Estaremos en contacto, como siempre – dijo Gunn, marchándose – Cualquier emergencia, sabes mi numero…

Spike asintió y tomó el control remoto de la tele. Se dedicó a cambiar de canales sin mirarlos, con amargura, mientras seguía bebiendo su cerveza.

-Cobarde – murmuró, pensando en Ángel.


Un par de horas después.

Centro de Los Ángeles.

El edificio de la Corporación Buher era una maravilla arquitectónica. Descollaba en dirección del cielo nocturno de L.A como símbolo del poder y la gloria de su dueño.

Mientras la secretaria personal de Buher atendía a Gunn y le hacia esperar en la pequeña salita de recepción, el muchacho no pudo dejar de maravillarse ante la imponente vista que desde la cima del rascacielos, tenia de toda la ciudad.

Era una vista que solo el dinero podía comprar.

Mucho dinero.

-¿Señor Gunn? – le llamó la secretaria – Puede usted pasar. El señor Buher le vera ahora mismo.

-Muchas gracias.

Gunn penetró en el recinto privado del dueño del edificio. Era una oficina ricamente adornada con mobiliario moderno. Buher le recibió en persona, de pie al lado de su escritorio, con una amplísima sonrisa en su rostro.

-Ah, señor Gunn. ¡No sabe lo contento que me pone volverlo a ver! – dijo el empresario – Asumo que ha tenido usted un buen viaje…

-Dentro de lo que se podría esperar, señor, fue satisfactorio – Gunn le estrechó la mano.

-Me alegro, me alegro. Por favor, tome asiento – le señaló a una silla.

Mientras le obedecía, el muchacho estudió más detenidamente a su cordial anfitrión…

Paul Buher era un hombre de augusta presencia; alto, delgado y de complexión atlética, lucia un vistoso traje de negocios color gris, con una corbata roja haciendo juego. Llevaba el cabello (de color oscuro) bien cortado y todo en sus movimientos y forma de tratar a las personas irradiaban una enorme personalidad, profesionalismo y… mucha autoridad.

-Vamos al grano – Buher entrelazó las manos sobre su escritorio, una vez sentado en su sitio - ¿Lo ha traído con usted?

Gunn extrajo de su bolso, por toda respuesta, un antiquísimo medallón dorado, repleto de símbolos grabados en un idioma arcaico y desconocido. Se lo extendió al empresario, quién lo tomó entre sus manos, satisfecho.

Buher lo observó con suma atención por un rato, dándole vueltas, y luego lo colocó en su mesa. Sacó un talonario de cheques y firmó uno, escribiendo una cifra en él. Se lo entregó al muchacho, siempre con una sonrisa de oreja a oreja…

-Sus honorarios – dijo – Como siempre, un placer hacer negocios con usted, señor Gunn.

El aludido se guardó el cheque (previo de ver la cifra exorbitante escrita en él) y saludó a su cliente. Mientras se retiraba y subía al ascensor que lo llevaría a la planta baja, no pudo dejar de pensar en para qué querría uno de los hombres más poderosos, más ricos e influyentes de California un amuleto mágico…

Sin duda, no podría ser para nada bueno.

"Deja ya de pensar en eso", se dijo a si mismo, "Sabias los riesgos que asumías al tomar este trabajo… si vas a entrar en cuestionamientos morales ahora, regresa a esa oficina y devuelve el cheque a ese señor".

Suspiró. Miró el cheque. Miró la casi millonaria cifra escrita en él y…

…Y salió del ascensor, del edificio, se subió a su camioneta y se marchó…

Buher sostenía el medallón entre sus dedos, admirándolo con honda satisfacción. Los grabados sobre su superficie relucían como testigos de un lenguaje perdido en los eones.

-Señorita Tessmaker, dígale a los caballeros que ya pueden pasar – habló a su interfono. Un grupo de vampiros no tardó en entrar en la sala, despacio – Es hora de comenzar a moverse, chicos. Requiero de sus singulares talentos…

-Le recuerdo, señor Buher, que no somos baratos – dijo el líder de los vampiros. Sus ojos amarillos parecieron relucir bajo la luz artificial de la habitación. Abrió su boca para enseñar sus colmillos, amenazante – Todavía no tenemos en claro exactamente que es lo que quiere que hagamos…

-Necesito que capturen a unos "amigos" muy especiales que andan sueltos por la ciudad – respondió el empresario, sonriendo maléficamente – Si lo hacen bien, habrá una buena remuneración en sangre para todos ustedes. Se los garantizo.

Los vampiros se miraron entre si. El líder del grupo volvió a hablar…

-¿Cómo reconoceremos a esos sujetos de los que habla? – preguntó.

Buher rió.

-Oh, los reconocerán al instante – dijo – Para empezar, ellos no son humanos…