Volviendo a Casa… y a la acción

Aeropuerto de Los Ángeles.

De noche.

Ángel descendió del avión junto con una multitud de viajeros en la terminal del aeropuerto internacional de L.A y se quedó parado en el hall principal. Por un momento, dudó mirando hacia el exterior por un ventanal, con su maleta en la mano…

Realmente, ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Era en verdad una buena idea regresar otra vez a un lugar donde tantas heridas sin cicatrizar habían quedado abiertas? ¿Tanto las palabras de Gunn le habían afectado, como para dar un giro de 180 grados en el esquema, hasta ahora, organizado de su nueva vida?

Quería aislarse, alejarse del dolor. Los Ángeles era una ciudad cargada de recuerdos, sin sabores, que no dejaban de asaltarlo continuamente…

Cordelia, Doyle, Fred, Wesley… Sus rostros se le presentaban continuamente en la cabeza, acosándolo como fantasmas sin paz. La ciudad era testigo muda de sus fracasos, sus derrotas, y ahora que estaba de regreso, se los escupía uno a uno en la cara, sin piedad.

Podía marcharse.

Podía dar media vuelta, sacar pasaje a algún próximo país lejano y remoto e irse. En realidad, ya nada lo ataba a aquél lugar, si se fijaba bien. No habría nadie ni nada que le reprocharan por volverse a escapar de su pasado, una vez mas…

…Escapar…

Frunció el ceño.

No.

No lo haría. Ya no.

No volvería a huir de su dolor. Gunn había tenido muchísima razón.

El dolor debía ser enfrentado. Tenia que confrontar el sufrimiento, la consecuencia de sus acciones.

Se tenía que quedar. Si o si.

Con decisión férrea, tomó su maleta y se encaminó hacia la salida del aeropuerto, a por un taxi…


Departamento de Spike.

Un rato después.

El timbre de la puerta sonó. Sentado en un sillón, Spike veía la tele. Lo escuchó, pero no hizo ademan de responder. Al cuarto o quinto timbrazo, Lorne salió muy molesto de la cocina. Llevaba puesto un delantal y unos guantes para el horno…

-¿Es que te volviste sordo o que? – le dijo al vampiro rubio - ¡Están llamando a la puerta!

-¿Y para que te tengo a ti, coliflor? – respondió él, con una sonrisa socarrona. Lorne resopló, ofuscado.

-Uno de estos días… uno de estos días, te juro que… - murmuró el demonio y fue a atender la puerta. El timbre sonaba de nuevo.

-En tus sueños, risitas – se mofó Spike, divertido.

-¡Y hazme el favor de bajar el volumen a esa cosa! – le gritó, mientras la abría – Cielos, eres un completo… uh… esto… Spike… ¿Spike? ¡Spike!

-¿Qué?

-Creo que estoy teniendo una alucinación.

Fastidiado, Spike se volvió hacia Lorne para ver de qué cuernos hablaba. Cuando sus ojos se posaron sobre el alto sujeto parado en la entrada, primero sintió sorpresa, luego estupefacción y a la final… amargura.

-¡Tú! - dijo, saltando del sillón y acercándose al recién llegado - ¿Qué mierda haces aquí?

En silencio, Ángel lo observó. "No ha cambiado en nada", pensó, mientras hacia una mueca.

-Pues… ¿Qué no es obvio? – el vampiro moreno levantó su maleta de viaje, enseñándosela - He vuelto.

-¡Pimpollo! ¡No sabes lo contento que me pone volverte a ver! – reaccionó Lorne, abandonando el shock inicial y procediendo a abrazarlo con mucha efusividad. Spike rechinó los dientes, con enojo - ¡Pasa, hombre, pasa! ¡No vas a quedarte ahí parado, por supuesto! – continuó, tomando su maleta e introduciéndolo a empujones en el departamento - ¡Dios santo, amigo! ¿Dónde has estado todos estos años, eh? – preguntó, ansioso.

-Por ahí – fue la escueta respuesta que recibió de Ángel. Miró al departamento con nostalgia, pero no dio ni dos o tres pasos que Spike se le interpuso enfrente, resoplando de rabia.

Ambos vampiros se miraron sin emitir palabra alguna. Lo hicieron por un embarazoso segundo largo, que se antojó eterno. Lorne tragó saliva. La tensión podía palparse en el aire. Con sus poderes empaticos, él podía sentirla…

Aquello podría terminar mal, muy mal…

-Hey, chicos… si van a darse de golpazos, vayan afuera, por favor – les suplicó – Es que… acabo de limpiar las alfombras y…

-¿Qué haces aquí? – Spike repitió su pregunta - ¿No que ya no ibas a volver nunca mas? ¿Qué te habías tomado el avión para nunca, nunca retornar?

-Si… bueno… Cambié de opinión – Ángel le sonrió, irónico - ¿Te molesta?

-Mucho… muchísimo.

-Que pena – se encogió de hombros – Es una terrible pena.

-Aquí no te vas a quedar – sentenció, haciendo sonar sus nudillos peligrosamente. Despreocupado, Ángel no se movió de donde estaba.

-¿Y si se da el caso de que NO quiero irme? ¿Entonces qué? ¿Me vas a sacar a patadas?

-Ah, oblígame – el rostro de Spike se transformó, adquiriendo su cara vampirica. Rugió - ¡Me encantaría que me obligaras a hacerlo! ¡Me darías la excusa perfecta para sacarte de mi casa a patadas en ese amplio trasero tuyo!

-Este… chicos… por favor… - Lorne volvió a suplicarles. Le siguieron ignorando.

-Si mal no recuerdo, cuando era Ángelus, el que te sacaba a TI a patadas era yo – dijo Ángel.

El siguiente rugido de Spike fue más amenazador. Abrió la boca y le enseñó los colmillos a su rival.

-¡Te voy a arrancar la maldita lengua y te la voy a anudar de corbata en el cuello, grandísimo hijo de…! – empezó a decir, pero se vio interrumpido con la inesperada aparición en la sala de Illyria.

-Has vuelto – sentenció, con voz gélida.

Ángel asintió. No esperaba encontrarla moviéndose y hablándole. Recordaba lo que Gunn le había dicho sobre ella; que era una estatua inamovible desde hacia cinco años.

Ciertamente, aquello parecía haber cambiado.

-Regresa a tu cuarto, nena – la cara de Spike revirtió a humana. La miró con mucha preocupación – Yo me ocupo de este ridículo.

Illyria no lo escuchó… y por supuesto, tampoco obedeció. Se limitó a no tomarlo en cuenta mientras se dirigía al otro.

-Has estado mucho tiempo lejos – prosiguió ella. Spike abrió muchos los ojos, con sorpresa. ¿Lo estaba dejando de lado? ¿Lo ignoraba? ¿Podía ser posible? ¿Después de todas las cosas que él le había dicho? – Has viajado a otros lugares, lugares remotos…

-Algo así… si - contestó el vampiro moreno, percatándose de la perturbación extraña del rubio. De repente, Spike se había desinflado totalmente en su enojo…

Era extraño.

-¿Por qué has regresado? – quiso saber la diosa primigenia.

Otra vez.

La misma pregunta.

Ángel suspiró. Cerró por un momento sus ojos y se tomó un segundo, antes de responderle.

-Creí que… que seria fuerte estando en soledad – explicó a Illyria y a los demás – Que podría combatir de esa manera mi parte de la culpa por todo lo que sucedió… Que, de esa forma, el dolor que sentía se iría para siempre – negó con la cabeza – Me equivoqué. Gunn tenía razón cuando me lo dijo. Ahora lo sé… El dolor no va a irse nunca y mucho menos, así… Debo combatirlo, enfrentarlo. Es lo único que puedo hacer, lo único que me queda.

Se hizo el silencio.

Ángel agarró su maleta.

-No quiero molestar a nadie más. Me iré a algún hotel, a alojarme – dijo, caminando hacia la salida.

-Espera – lo paró Spike.

Se detuvo. Aguardó un momento, observándolo sobre su hombro.

El rubio se pasó una mano por el cabello platinado y la frente. Sabia que lo que diría a continuación no le gustaba, que se arrepentiría de ello mas tarde, pero… pero aun así, lo dijo.

-Te puedes quedar.

Ángel enarcó las cejas.

-¿Me lo estas diciendo de verdad?

Spike apretó los puños… pero se contuvo.

-Tómalo o déjalo. La verdad, no me importa – siseó, tomando su gabardina oscura y saliendo él del departamento, con un fuertísimo portazo al irse.

-Bueno, creo que eso termina por zanjar toda la cuestión – comentó Lorne, aliviado de no haber presenciado una escena sangrienta – Al menos para mí… así que… Estoy cocinando la cena. ¿Te sumas a nuestra mesa? Así me pones al tanto de dónde estuviste y de qué cosas anduviste haciendo, angelito.

-Si quieres… - Ángel sonrió tímidamente. Acompañó a Lorne hacia la cocina.

Illyria no se volvió para mirarlos. Sus ojos de hielo estaban fijos en la puerta que Spike había atravesado, dejándolos…


En algún lugar de Los Ángeles.

Tiempo después.

Con un cigarrillo encendido en la boca, Spike miraba la ciudad desde la azotea de un edificio. En la lejanía, se oían ruidos de sirenas y del usual tráfico nocturno de costumbre…

-Bonita vista, ¿no? – comentó Ángel, uniéndosele. Spike resopló, pero no se volteó hacia él.

-¿Qué no tienes nada mejor que hacer esta noche que no sea fastidiármela, adoquín con patas? – dijo, agachándose sobre la cornisa de la terraza. El otro vampiro ocupó un lugar a su lado, sentándose – Como, por ejemplo, ir a salvar a alguien para quedar bien con todos y que todos vuelvan a decirte en voz alta lo bueno, lo estupendo, lo genial que eres, lo tanto que te necesitamos y lo contentos que estamos de que retornaras de tu exilio.

Silencio. Ángel rió.

-¿No crees que estas exagerando un poco el papel de "no me agrada verte para nada", cuando los dos sabemos que en el fondo, muy en el fondo, no es tan así? – le dijo.

-Psss. No se de que hablas, cabezón – el vampiro rubio dio una calada a su cigarrillo, mostrándose despreocupado, en apariencia – No me agrada verte. PARA NADA. ¡Principalmente cuando por cinco años todo lo que has hecho es esconder la cabeza como un avestruz!

-Creo que fui claro con eso… - insistió Ángel – Si no lo has entendido, entonces el problema es tuyo.

-Claro, claro.

-Estaba equivocado, ¿ok? Creí que esa era la solución… irme… Ahora sé que no es así.

-Claaaro. ¡Tú y tus soluciones extremas! ¿Algo anda mal? ¡El señor se toma vacaciones largas en el exterior y desaparece para siempre! – Spike arrojó el cigarrillo gastado al vacío. Miró al otro con ironía – Irse a Irak no es la solución, espero que definitivamente lo entiendas.

-No estuve en Irak.

-¡Me importa poco si estuviste en Irak, el Congo Belga o la China! A lo que yo voy es a que te escapaste, como una rata… con la cola entre las patas. Te borraste olímpicamente con esa bendita excusa tuya de cargar con la culpa de todos nosotros. Bien, yo no – el rubio se paró. Señaló a la ciudad - ¿Ves todo esto? Durante cinco años no se cayó a pedazos gracias a mí. ¡A mí! ¡Yo salgo todas las noches a ayudar a la gente! Limpio las calles de escoria criminal… me encargo de la basura de toda la ciudad… ¡Yo solo! ¿Captas? – insistió - ¡Durante CINCO años! Y mientras tanto, ¿Qué es lo que hacía el Capitán "tengo la culpa de todo"? ¡Se ocultó en algún bloody rincón del puto globo! Escondiendo esa cabeza de tarro que tienes en algún sitio extranjero y apartado. Y, para colmo de males, ahora que regresas todos se babean por ti. ¡Todos! – exclamó, dando énfasis a la palabra - ¡Incluido ella! ¡Justo ella, por quien me preocupo y mucho! ¡Mas de lo que te puedes imaginar!

-¿Ella?

Spike se mordió la lengua. Se había ido de boca. Dominado por los sentimientos sin control que se posesionaron de él, había dicho más de la cuenta.

-Espera un momento… ¿Es de Illyria de quien estas hablando, verdad? – preguntó Ángel - ¿O es de Buffy?

Spike no le respondió.

Un descomunal alarido sobrehumano venido de cerca dio por zanjada la conversación. Poniéndose en guardia, los dos vampiros escudriñaron las sombras del vecindario, buscando el origen del grito.

-¿Qué fue eso? – quiso saber Ángel.

-Alguien malhumorado, eso seguro – corroboró Spike. Se dirigió al extremo sur de la terraza donde estaban. El grito volvió a repetirse - ¡Viene de esa dirección! – señaló el esqueleto de las ruinas de un edificio cercano – Pero mira nada mas… que conveniente… ¿Te fijaste de dónde viene?

-Si… ya me doy cuenta.

Spike sonrió.

-¡Las ruinas de Wolfram & Hart! ¿Qué me cuentas?

Ángel frunció el ceño. Algo moviéndose entre las ruinas de W&H solo podía significar una cosa: PROBLEMAS.

Y quizás fueran de los grandes.

-Vamos a ver – le dijo a su compañero, pero el rubio ya se le había adelantado. De un salto, se tiró al tejado vecino y de allí empezó a saltar al siguiente.

-¡Apurate, abuelito! ¡Al paso de tortuga al que vas, llega el Año Nuevo! – le gritó, en la distancia. Una carcajada resonó en el aire.

-Muy gracioso… muy gracioso – Ángel tomó carrera y también saltó tras él, siguiéndolo.

Hubo una vez en que el edificio de Wolfram & Hart fue uno de los mas orgullosos que se hubieran construido en Los Ángeles. Alto, limpio, majestuoso… una torre de acero y de cristal, todo un emblema del orgullo de sus misteriosos arquitectos.

Antes, allí funcionaba un bufete de abogados un tanto particular. Un Estudio Jurídico que en sus ratos libres encubría demonios, vampiros y otros seres de la noche en sus ilegales actividades. Y, mientras lo hacia, buscaba la forma de desencadenar el Apocalipsis para su provecho…

…Pero cuando Ángel y sus amigos decidieron enfrentarlos, cara a cara, luego de pasar una temporada trabajando en el vientre de la Bestia, la furia incontrolable de sus Socios Mayores no dudo ni un segundo en reducirlo a escombros, mediante un terremoto.

En la actualidad, de Wolfram & Hart solo quedaba un esqueleto de hormigón y hierros retorcidos abandonados, en espera de una demolición completa que tal vez jamás se llevaría a termino, por el Ayuntamiento Municipal…

Ángel y Spike recorrían sigilosos los pasillos destrozados, antiguamente rebosantes de gente que iba y venia ocupadas en sus quehaceres. Mientras los atravesaban, no pudieron menos que sentir nostalgia; allí estaban las oficinas que ocuparan Gunn y Wesley, en su momento. Por un rincón, estaba la entrada a los laboratorios de Fred y mas adelante, el vestíbulo principal, donde se hallaba el escritorio de Harmony y la puerta del despacho privado de Ángel, cuando la Firma lo puso a cargo de todo, en su nefasto intento de corromper su alma desde adentro.

Se detuvieron al llegar a esa zona. Usaban las sombras para moverse y ocultarse de quien pudiera verles…

-Ahí - susurró Spike y entonces los vieron.

Eran un grupo de vampiros, luchando a puño tendido con alguna clase de demonio monstruoso. Una bestia sin igual, parecida a un perro de gran tamaño y garras filosas… una criatura que no dudaba en atacarlos, con suma ferocidad.

-¡Vamos, vamos! ¡Distráiganlo! ¡Solo de esa forma podré disparar el dardo con el veneno paralizante! – dijo su líder. Llevaba una especie de rifle entre las manos.

Uno de los vampiros intentó cumplir con su orden. Se lanzó sobre el demonio por la espalda y falló en su intento. La bestia dio un alarido demencial y se volvió hacia él, atrapándolo con sus garras y destrozándolo en cientos de pedazos sanguinolentos.

Varios de sus compañeros pretendieron también luchar contra él, recibiendo igual trato. Para cuando pasó un buen rato, en el piso había desperdigadas piezas de cuerpos cruelmente mutilados por el animal sobrenatural.

…Y a los que no desmenuzaba, se los comía, devorándolos con aquellas fauces suyas de pesadilla…

-Ugh – Spike hizo una mueca de asco – Come vampiros. ¿Qué clase de demonio es ese?

-Un Ghul – le informó Ángel – Demonios carroñeros y necrófagos. Se alimentan de cadáveres y demás porquerías.

-Que mal por esos pobres tipos. Que bien para nosotros. Nos hace todo el trabajo por adelantado, así que… ¡Bye, bye! – el rubio dio la media vuelta y se disponía a irse del lugar. Ángel lo detuvo, con una mano en el hombro.

-No tan rápido – le susurró – No podemos dejar a esa cosa suelta en Los Ángeles.

-¿Y qué? ¿No dijiste que solo come cadáveres y carroña? No veo el peligro.

-¡Si serás idiota! ¡Es un demonio terrible! ¡No podemos dejarlo suelto para ir y venir por la ciudad!

-Entonces, ocúpate de él, cabezón. Actualmente, solo me dedico a perseguir delincuentes comunes… y humanos.

-¡Vamos Spike! ¿Desde cuando huyes de una pelea? ¿Acaso será por que tienes miedo de un monstruito como ese? – se mofó Ángel. Su táctica funcionó. Spike lo miró con furia.

-¡Yo no le tengo miedo a NADA! ¿Comprendes?

-¡Demuéstramelo! ¡Vamos a por esa cosa!

-¡Muy bien, imbecil! – Spike salió de la oscuridad, seguido por su compañero. Tomando la delantera, mudó su rostro por el de vampiro y se arrojó en contra de la bestia, atacándola con una feroz patada voladora.

El demonio se tambaleó y retrocedió, para luego caer en un agujero abierto en el suelo, en el sitio donde solía estar el escritorio de Harmony. Desapareció de la vista de todos con un alarido tremendo…

-¡Maldición! ¡Maniobra evasiva! – dijo el líder de los vampiros a sus subalternos, al ver a los recién llegados. Reconoció de inmediato a Ángel, aquel traidor con alma del que tanto hablaran los de su raza en muchas ocasiones.

Antes de que el dúo pudiera reaccionar, todos se dieron a la fuga dispersándose por las ruinas de Wolfram & Hart.

-¡Cobardes! ¡Maricas! – les gritó Spike, con la cara humana de nuevo – Esto fue muy fácil – comentó, mirando al agujero.

-Demasiado… ¡Cuidado! – Ángel le dio un empujón, alejándolo del hoyo.

El demonio emergió de él, resoplando de ira. De un salto, se plantó delante de la pareja en apariencia, ileso.

-¡Mierda!

La criatura pegó un alarido. Con su descomunal fuerza se estiró hasta el techo y en su gigantesca estatura, derribó una viga. Una lluvia de escombros cayó encima de la pareja, sepultándolos entre cascotes y metales torcidos…

-¡Ahora! – gritó alguien.

Un dardo voló por el aire. Dio de lleno en el cuello de la bestia. Tomada por sorpresa no pudo atinar a defenderse. Cuando la sustancia le hizo rápido efecto, se desplomó, inmovilizada.

Los vampiros y su jefe reaparecieron. Moviéndose a toda prisa, colocaron pesadas cadenas y grilletes en el peligroso ente y lo arrastraron fuera de allí.

-¿Qué hay de aquellos dos, jefe? – le preguntó uno de sus hombres, refiriéndose a Ángel y a Spike.

-Tardaran un buen rato en salir de esa tumba – el jefe rió – Vamonos. Involuntariamente, ese zángano con alma nos ha ayudado. ¡En marcha! Tengo preguntas que hacer a nuestro "querido" patrón… ¡Y espero que me las responda!


Para cuando la pareja salió de entre las ruinas, todo había concluido. Ni los vampiros ni el demonio se veían por ningún lugar…

Spike insultó a Ángel por su torpeza. Según él, "lo tenia todo servido en las manos hasta que TÚ lo arruinaste, adoquín".

El vampiro moreno simplemente lo ignoró. Miró a las huellas que los captores de la bestia habían dejado al arrastrarla y una oscura sospecha comenzó a formársele en su interior.

…Algo olía mal… muy mal…


Edificio de la Corporación Buher

Momentos después.

Paul Buher observó con mucha satisfacción cómo sus guardias de seguridad encerraban al feroz demonio capturado en una celda. El líder del grupo de los vampiros se le acercó, dispuesto a increparlo, furioso por ciertas cosas…

-¡Usted nunca nos habló de que tendríamos que cazar demonios, señor Buher! – dijo - ¡Ni que tampoco nos toparíamos con el despreciable de Ángel, el maldito con alma! ¡He perdido a varios de mis muchachos para agarrar esa cosa para usted! ¡Ese no fue nuestro acuerdo!

El empresario entrelazó las manos detrás de su espalda, sereno.

-Vamos por partes: Primero que nada, yo les dije que irían tras seres que NO eran humanos – retrucó - ¿Importa acaso de que se trate de demonios? Segundo, soy conciente de la existencia de ese "vampiro con alma" que tantos dolores de cabeza les trajera a muchos en el pasado. ¿Mi franca opinión acerca de él? No me importa. Ya ni siquiera es la sombra del que alguna vez fuera y sin la "mano protectora" de Wolfram & Hart sobre él, pues me importa menos… Solo limitense a seguir con lo acordado y les aseguro de que la paga que recibirán será buena – concluyó Buher.

-¿Para qué necesita demonios, señor? – insistió el líder vampiro, suspicaz.

-Nada mas limitense a traérmelos – Buher sonrió – Serán todos bien remunerados, se lo aseguro. Del resto, pues es sencillamente un asunto personal… Agradeceré la suma discreción al caso.

El empresario se alejó de él. El vampiro masculló un insulto y se retiró también. En aquel lugar había algo, algo que no olía bien…

¿Qué se traería entre manos Paul Buher?