El demencial plan de Buher
Departamento de Spike
Al otro día.
El volver a ver a Ángel de regreso en la ciudad y en sus vidas alegró muchísimo a Gunn cuando se enteró de la noticia. Lamentablemente para él, dicha felicidad se vio truncada cuando acudió al departamento de Spike el día siguiente de que la pareja se enfrentara al demonio y a los vampiros en las ruinas de Wolfram & Hart…
Sentado en un sillón y consternado, escuchó todo los pormenores del relato de sus amigos. Cuando estos acabaron de contárselo todo, se sumieron en un amargo silencio que duró un largo rato, cavilando sobre lo que les ocurriera y lo que realmente significaba…
-Aquí pasa algo muy extraño – declaró Ángel, rompiendo el silencio. Estaba de pie en el centro de la habitación, con los brazos cruzados – Comúnmente, los vampiros no cazan demonios, ni mucho menos, se los llevan como en apariencia parecen haberlo hecho nuestros amigos de ayer por la noche.
-Concuerdo contigo – agregó Spike, con una lata de cerveza en la mano – Ese bicho de anoche se veía feroz… demasiado para mi gusto – dio un sorbo a su bebida – ¿Con qué propósito te llevas a un demonio que puede partirte en dos de un mordisco? No tiene ningún sentido.
-¿Y si simplemente estaban buscando adoptarlo de mascota? – aventuró Lorne. Todos le dirigieron una mirada seria – Eh… era una broma, chicos. Nada mas – se disculpó, levantando las manos – Como ven, tengo que decir cosas graciosas… no veo mucha utilidad para mí en este grupo, así que… - se encogió de hombros, amargado.
-Como fuera – continuó Ángel – El caso es que aquí hay algo que no huele bien y no me gusta ni medio. Todavía no se bien por qué… no del todo, pero no me gusta.
-¿Y qué se supone entonces que haremos ahora, gran líder? – Spike miró al otro vampiro socarronamente – Tú eres el de los grandes planes. Ilústranos, luv. ¿Cómo seguimos?
Ángel lo miró, un tanto ceñudo.
-Hay que salir a buscar información – dijo, decidiendo obviar el tono del rubio para con él – Volver al campo de la acción – los observó a todos – Si Wesley estuviera aquí, diría lo mismo. Tenemos que recabar información. Hay que salir a la calle y recolectar todos los datos que podamos sobre ese grupo de vampiros en particular. Es la única manera de averiguar el motivo que los impulsó a llevarse a ese demonio… y para qué.
-Eso déjamelo a mí – intervino Gunn, poniéndose de pie – Tengo contactos que podemos usar para el caso… Gente que me debe algunos favores y esas cosas…
-Excelente. Suena como un comienzo – Ángel señaló a Spike – A ti te toca ir con él.
-¿Yo? ¿Para qué?
-Apoyo logístico. Conoces las calles de la ciudad como nadie, ¿no? Y además, corrigeme si me equivoco pero… ¿No que lidiabas con la escoria de esta ciudad desde hace cinco años? – sonrió, socarrón ahora él también – Bueno, Spikey, es hora de utilizar esos talentos tuyos.
-Que gracioso – el rubio terminó su cerveza y arrojó la lata en el piso. Lorne puso los ojos en blanco, disgustado – Ok, Charlie… seré tu compañero. Al mejor estilo Pulp Fiction.
-Travolta no era rubio en esa peli – le recordó Gunn.
-Y su compañero tenia cabello, si mal no recuerdo… lo que no es tu caso – señaló la calva del muchacho.
-¡Hey!
-Sin ánimos de ofender, amigo.
-Lorne, también necesitaremos de tu ayuda – prosiguió Ángel. El demonio verde se emocionó al instante, al oír aquello.
-¡Lo que sea! Ya me estaba aburriendo de tan solo andar contando chistes malos en toda esta historia…
-Necesitamos que uses tus contactos… suponiendo que todavía los tengas.
-Angelito, puede que yo ya no sea el Rey del Espectáculo, pero aun tengo lo mío – Lorne rebuscó en el bolsillo de su pantalón. Extrajo un teléfono celular y comenzó a marcar números – Yo me encargo de los llamados. En Hollywood hay unos cuantos productores que me deben demasiado… - esperó un momento, hasta que alguien lo atendió del otro lado - ¿Joss? ¡Hey, viejo, soy yo! ¿Te acuerdas de mí? ¿Eh? ¿Cómo que quién habla? ¡Lorne! – dijo, retirándose de la sala para charlar en otra parte del departamento.
Ángel miró a Illyria.
-Tú vienes conmigo – sentenció.
-Ten mucho cuidado con este tipo, pet – le susurró Spike al oído a Illyria, cuando cada uno comenzó a dirigirse a lo suyo – Se hace el inocente, pero es tremendo… yo lo conozco.
La diosa primigenia no dijo nada. Ni siquiera asintió. Pero de todas maneras escuchó con atención el consejo del vampiro.
-En marcha, gente – dijo Ángel, saliendo del departamento – A ver si podemos averiguar algo.
Pasaron un par de días…
El grupo de vampiros contratados por Buher hicieron su trabajo y lo hicieron bien. Durante todos esos días, se dedicaron a recorrer la ciudad de Los Ángeles entera tras la caza y pesca de todo tipo de demonios. Aun así, a pesar de que se movieron con todo el sigilo que pudieron, Ángel y sus amigos les seguían la pista…
Si bien no pudieron averiguar la gran cosa respecto a ellos (al parecer, eran mercenarios entre los vampiros; se vendían y trabajaban al mejor postor por un precio) no les perdieron pisada en ningún momento. Algo se traía entre manos quién los hubiera contratado, con todo aquello y de seguro, no era nada bueno…
…Algo que quizás, tuviera sus consecuencias y para lo que todos deberían estar preparados…
Ciudad de Los Ángeles.
Por la noche.
Ángel caminaba por la terraza de un edificio, de patrulla. A su lado, Illyria le acompañaba completamente callada.
-Mucha quietud para mi gusto – le dijo él - ¿Ves o sientes algo fuera de lo normal?
-¿Normal? Veo y escucho gente… huelo vida que no se parece a la que conocí cuando gobernaba este mundo – replicó ella – Siento la agonía de los mortales en cada uno de los poros de esta cáscara que ocupo… ¿Eso es algo normal para ti?
-Pues… si… eso creo, je.
Illyria hizo una mueca. Volteó la cabeza para mirar hacia el horizonte, como ofendida.
Él la estudio con atención. Le era imposible no estremecerse ante su presencia, pese a que no lo delatara mucho. Era aterrador reconocer el cuerpo de Fred bajo el dominio y la transformación que, a gusto de aquella presencia antinatural de la época de los primeros demonios, le había hecho…
Fred.
Aquél pensamiento le llenó de angustia. No quería pensar en ella, no ahora, cuando andaban tras algo muy importante que requería de toda la concentración que pudiera tener, pero… pero no podía negar que cada vez que miraba a Illyria, de alguna forma u otra, el recuerdo de otro de sus mas grandes fracasos (salvar la vida de Fred) lo abofeteaba con fuerza.
Sacudió la cabeza, para despejarse. No era momento de sumirse en la miseria…
Algo pasó volando sobre sus cabezas. Tanto el vampiro como su compañera se agacharon y vieron una oscura figura provista de alas como de dragón, a cierta distancia de donde se encontraban…
-Bingo – dijo, haciéndole señas a Illyria para que le siguiera. Caminando hacia la dirección en la que la extraña criatura se había dirigido, descubrieron que se detuvo sobre una cornisa que daba a un callejón.
Escondiéndose detrás de un inmenso tanque de agua, la pareja pudo estudiarla mas detenidamente; su aspecto era similar a un murciélago, pero de tamaño gigante. Estaba provista de alas membranosas y sobre su cabeza peluda asomaba una pequeña cresta de cuernos, tímidamente.
-Un demonio – susurró a Illyria.
La bestia voladora abrió una fauce repleta de colmillos filosos para bostezar. Era obvio que se disponía a buscar un lugar en donde anidar para descansar…
Su calma se vio imprevistamente rota cuando desde el callejón, un dardo de alguna clase salió disparado en contra de ella. Dio un chillido, sorprendida, e intentó remontar vuelo pero fue inútil: el narcótico del dardo, fuere lo que fuere, le hizo efecto de forma rápida.
El demonio cayó, convertido en una piedra viviente. Se desplomó en picado al callejón. Ángel aprovechó aquel suceso para acercarse al borde de la terraza y espiar en esa dirección…
Su curiosidad fue bien recompensada: Moviéndose a toda prisa, unas figuras furtivas se aprestaban en envolver a la criatura caída con cadenas y grilletes para a continuación, arrastrarla hasta un gran camión negro en donde la encerrarían.
-Son ellos – dijo, reconociéndolos enseguida - ¡El grupo de vampiros mercenarios! ¡Al fin damos con ellos en persona!
-¡Despacio, despacio! – decía en ese momento a sus hombres el líder del grupo, supervisando como introducían al demonio en el camión - ¡Dije despacio, inútiles! ¡Tengan cuidado con esa ala que no esta plegada! – gritó - ¡Si dañan la mercancía, el señor Buher se enfurecerá!
-Buher – repitió Ángel, en susurros.
-¿Lo conoces? – preguntó Illyria, ya a su lado. Miraba a los vampiros con aprensión.
-No, pero a lo mejor los demás si – rebuscó en los bolsillos de su gabardina negra. Sacó un teléfono celular – Sigue observándolos y no les pierdas de vista – le dijo a su compañera – No me tomara mucho preguntarle a… ¿Illyria? – levantó la vista. Ella ya no estaba acompañándolo. Se había arrojado sin perder mas tiempo al callejón, aterrizando delante de los vampiros, lista para liquidarlos - ¡Illyria! ¡Alto! ¡Maldita sea! ¡Esperame!
Pero la diosa no lo escuchaba. Sin mostrar emoción alguna más que el enojo, los enfrentó…
-¡Criaturas insolentes! ¡Les ha llegado la hora! – dictó, caminando hacia ellos.
Con rugidos de furia, la atacaron. Illyria recibió todos y cada uno de sus golpes sin perturbarse. Nada podía dañarla y aquello, menos que menos…
Abriéndose paso entre todos como un Leviatán, la diosa se los sacó de encima con un violento empujón. Luego, volvió toda su atención al líder del grupo…
-¡Tú! ¡Es a ti a quien quiero, insecto! – dijo, amenazante - ¡Me dirás ahora mismo quien es tú jefe!
El vampiro retrocedió. Illyria avanzó hacia él. Estiró una de sus blancas manos y lo atrapó por el cuello…
-¡Habla ya! ¡Dime lo que quiero saber o te arrancare la traquea!
¡ZACK!
Otro vampiro, saliendo de la cabina del camión, llevaba entre sus manos el rifle de los dardos paralizantes. Al ver como su líder estaba a punto de ser asesinado por la mujer, no lo dudó ni un segundo: cargó el arma y apuntó…
…Directo al cuello de Illyria…
-¿Con esto pretendes detenerme? – la diosa primigenia se extrajo el dardo de un tiron. Lo apretó con su puño hasta hacerlo trizas - ¿Con esta tontería intentas acallar mi furia? ¡Sanguijuela insolente! ¡Ahora conocerás mi ira!
Illyria se encaminó hasta él, dispuesta a masacrarlo… y de repente, la sustancia del dardo también hizo efecto en ella.
…Se derrumbo, totalmente inmóvil…
-¡Illyria! – gritó Ángel, saltando al callejón y corriendo adonde yacía ella.
-¿Esta bien, jefe? – le preguntó el vampiro del rifle a su líder.
-¡Retirada, retirada, imbecil! – dijo éste - ¡Aprovechemos ahora y salgamos de aquí ya!
Todos los vampiros corrieron al camión. Subieron y se pusieron en marcha, escapando a toda velocidad del lugar…
A Ángel no le importó.
Agachándose en el suelo, levantó el cuerpo inerme de Illyria.
…Respiraba…
Todavía respiraba.
Estaba viva, pero era más que claro que la sustancia usada para dejarla así no era natural.
Para nada.
Aquello escapaba a las posibilidades de Ángel. Cargando con su cuerpo, el vampiro moreno se la llevó de regreso al departamento…
Departamento de Spike.
Un momento más tarde.
Illyria yacía acostada en una cama, los ojos cerrados y las manos apoyadas en su regazo.
"Dios, por favor… ella no… a ella no", pensó Spike, sentado a su lado.
-Si tan solo me hubiera esperado… - escuchó decir a una voz a su espalda. Apretó los puños, con ira. Otra vez el Capitán Cabezadura y su rutina de "la echada de culpas" ¡Otra vez en el papel de victima, dando lastima!
Era el colmo.
Se dio vuelta y lo enfrentó.
-¡Claro que es TÚ culpa! ¡Grandísimo imbecil! – le espetó - ¡Mira cómo ha acabado por tus estupidos planes! ¡Idiota!
El grito de Spike salió como un rugido de furia animal de su alma. Ángel bajó la vista, abochornado. Ni Gunn ni Lorne, que también estaban presentes, atinaron a decir nada.
-¿Qué no te cansas de traer solo desgracias a nuestras vidas, eh? – siguió el rubio - ¿Qué no te bastó con haber permitido que mataran a Fred que ahora Illyria también debe seguir por el mismo camino? ¿Eh? ¡Respondeme, carajo!
-Es mi culpa – fue lo único que pudo admitir Ángel – Debí haber sido yo, no ella.
Spike no lo aguantó. Lo aferró de las solapas de su traje y lo empujó contra una pared… lo estampó contra ella, literalmente.
-¡Cinco años! ¡Pasó cinco años inmóvil! ¡Sin comer, sin beber, sin hablar! ¿Y sabes por qué? ¿Eh? ¿Lo sabes? – le gritó en la cara, mientras lo sacudía - ¡Claro que no lo sabes! ¿Cómo podrías saberlo, si mientras ella estaba convertida en estatua tú te paseabas por el ancho mundo como un bloody dandy? ¡Pues te lo diré! – acercó mucho mas su rostro al del otro vampiro. La ira teñía su piel, comúnmente blanca y pálida, de un rojo furioso - ¡Tenia miedo! ¡Si, ella, la súper diosa azul! ¡La que rigió este mundo en el Principio del Tiempo! ¡Tenia miedo! Simplemente se vio sola, sin Wesley a su lado para guiarla y se aterrorizó. ¡Estaba horrorizada hasta el tuétano! ¡Nuestro mundo es para ella una pesadilla incomprensible! Para ella, a su modo, la única forma de combatir ese miedo, la única vía de escape y de evasión fue la de cerrarse en una celda en si misma. ¿Y sabes, idiota, qué fue lo que la decidió a abandonarla? ¿Lo que la motivó a decidirse a enfrentar la realidad tal cual es? ¿Lo sabes? – volvió a sacudir a Ángel. El negó con la cabeza, mudo - ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo le hablé y la convencí de que valía la pena salir adelante, de que tenía que enfrentar a su temor! ¡Y ella me escuchó! ¡Me hizo caso!
Las lágrimas salían de los ojos de Spike. Soltó a Ángel y le dio la espalda. Se agachó junto a Illyria y le tomó de una mano, con ternura.
-Claro que es TÚ culpa – repitió, ya mas sosegado – Pero también es la mía por convencerla de volver a nosotros… solo para meterla en esto…
Se hizo el silencio.
-Spike… - empezó Ángel, pero el rubio lo interrumpió.
-Le prometí que nunca la dejaría sola – dijo – Nunca mas. Que estaría a su lado. Le he fallado – cerró los ojos, abatido.
Otra vez, todo fue silencio.
Ángel se acercó a Spike. Lentamente, le apoyó una mano en el hombro.
-Spike – dijo – No sabia que… Illyria y tú…
El rubio no respondió de inmediato. Lentamente, recuperó la compostura.
-Entre ella y yo no pasa nada… al menos, como crees. Es solo que… que… la entiendo… - suspiró.
Ángel movió la cabeza, asintiendo. Se volvió hacia Gunn y Lorne, apesadumbrado.
-Esto ha ido demasiado lejos – se pasó una mano por el cabello, en un gesto nervioso – Me cansé. Estoy harto de que los que suframos las consecuencias siempre seamos nosotros. ¡No es justo! – resopló - ¡Es hora de tomar la iniciativa!
-Estoy de acuerdo contigo, amigo – apoyó Lorne – Pero para nuestra desgracia no sabemos quien en verdad esta detrás de todo esto. Quien es el que contrato a esos vampiros…
-Si que lo sabemos. Illyria y yo llegamos a averiguar, al menos, un nombre – Ángel hizo una pausa, recordando – Buher… se llama Buher.
Gunn palideció.
-¡Dios mío! ¿Será acaso Paul Buher? – dijo.
-¿Sabes quién es? – preguntó el vampiro moreno, estupefacto.
-Si… él… Bueno, él fue cliente mío – tartamudeó el muchacho – Hace cierto tiempo, me encargó de que le consiguiera una especie de medallón antiguo… un talismán o algo así. Era algo que quería comprar…
-¿Y tú se lo vendiste? – replicó Ángel, indignado con él - ¿Así como así?
-Hey… ¡Se supone que de eso trabajo ahora! – se defendió - ¡No puedo, sencillamente si trabajo en el mercado negro sobrenatural, preguntar a todos mis clientes qué van a hacer con las cosas que compran! ¡Sino, tendría que retirarme del negocio!
-¡Pues deberías hacerlo! – Ángel se llevó una mano a la frente. Sentía mucha indignación por su amigo - ¿Qué clase de medallón le vendiste? ¿Qué se supone que hace?
-Bien… es más que obvio que se trata de un talismán de alguna clase y… - balbuceó Gunn.
-¿Vendiste algo mágico y antiguo, y no sabes exactamente qué hace, Charlie? – interrumpió Spike, mirándolo con enojo – Vamos de mal en peor, parece…
Edificio de la Corporación Buher.
Al mismo tiempo.
Paul Buher descorchaba una botella de champagne bien helada. Mientras la espuma caía del pico, sirvió la bebida en dos copas. Tomó una y le ofreció la otra a su invitado…
-Con confianza – dijo - ¡Brindemos por el éxito!
El líder del grupo de vampiros mercenarios despreció el ofrecimiento con desdén. Ni siquiera tocó su copa.
Con sus vivaces ojos amarillos de demonio nocturno, estudió al empresario mientras éste elevaba la suya, hacia un brindis y bebía su contenido con deleite.
-Ya tiene a todos los demonios que necesitaba, ¿no, señor Buher? – inquirió.
-Por supuesto – el empresario sonrió – Tus chicos han hecho un excelente trabajo en estos días, la verdad. Me encargare de que reciban la remuneración que les prometí.
-¡Olvídese de eso! – el vampiro agitó un dedo enfrente del hombre - ¡Mejor quiero que me explique para qué nos ha estado mandando a cazar demonios todo este tiempo! ¿Para qué cuernos quiere a los prisioneros?
Buher suspiró.
-Bien, bien, bien… ¿Por qué no? – su sonrisa se ensanchó en su cara – Ya que insiste tanto, pues… - dijo y presionó un botón de su escritorio.
Un panel se abrió en la pared contigua de la oficina privada, mostrando un inmenso salón adjunto.
En aquél lugar, dispuestas en círculo, estaban las celdas con todos los demonios capturados… y, colocado en el centro y sobre un pedestal, el medallón que Buher le comprara en su momento a Gunn.
-Este es el Amuleto de Ya'olth-Zoth – le explicó – Los Tres que Son Uno, el Triunvirato… Sirve para canalizar grandes cantidades de energía sobrenatural – se miró a su reloj-pulsera – Dentro de exactamente un par de horas, ciertas estrellas se van a alinear en el cielo. Ocurre cada tres mil años, aproximadamente. Cuando eso pase, el amuleto se activará – señaló las celdas con los demonios – De inmediato, succionará las esencias infernales de las feroces criaturas prisioneras en el círculo y las drenará para abrir un portal a otra dimensión…
-¿Un portal a otra dimensión? ¿Para qué? – inquirió el vampiro al empresario.
-Siguiendo con el ritual mágico preestablecido, Aquellos Que Aguardan del Otro Lado, el Triunvirato, podrán finalmente llegar a la Tierra – continuó – Y, como su fiel servidor y gestor que soy en este mundo para su sagrada causa, ellos me retribuirán el favor con el premio ultimo… lo máximo a lo que cualquier ser humano aspira tener pero jamás podrá conseguir: LA INMORTALIDAD.
Buher rió, feliz.
-Claro que, para desgracia de toda la raza humana y las criaturas demoníacas híbridas que habitan este plano, la llegada del Triunvirato es pura y sencillamente el Apocalipsis; todo aquél que contemple sus rostros, arderán en un holocausto demoledor e iran a parar en un sufrimiento perpetuo…
Alzó su copa, de nuevo.
-¡Será el Infierno en la Tierra! – declaró, alegre.
-Usted esta chiflado – dijo el vampiro, una vez el otro acabó de contarle sus planes - ¡Destruirá este mundo solo para ser inmortal! ¡Esta demente! – exclamó, retrocediendo, espantado.
-Amigo mío – Buher meneó la cabeza – No lo esta entendiendo. Tengo todo lo que un hombre en este planeta podría desear: fama, riquezas, poder e influencias políticas… pero a la vez, tengo el UNICO gran defecto que tienen todos los seres humanos que caminamos este mundo: SOY MORTAL. Todas mis riquezas, todo mi dinero son NADA ante el poder de la Muerte. ¡Cuando el maldito Segador venga a buscarme, todo lo que conseguí durante años será pasto de mis acreedores y deudores! No… es por eso que hice el trato con ellos – rió de nuevo - ¡Ellos, los que Aguardan del Otro Lado del Umbral, el Triunvirato del Infierno! Ellos, mis amos y señores, los únicos que pueden cumplir mi sueño. ¡Ellos me harán eterno! ¡Me darán la llave de los siglos!
-¡Está loco! – el líder de los vampiros lo miró con asco - ¡No crea que voy a quedarme de brazos cruzados viendo como nos destruye a todos! ¡Me marcho en este instante!
El empresario revoleó los ojos.
-Si… que pena que usted no me entienda. Pensé que al ser también en parte demonio, comprendería mis ansias – dijo. Presionó otro botón en su escritorio – Pero claro, no puedo culparlo… Cuando el Triunvirato llegue a la Tierra, los vampiros también serán erradicados. Es una pena…
Una serie de lámparas de luces ultravioletas se encendieron, iluminando la oficina con su crudo brillo. El vampiro chilló, al recibir todo el impacto de aquella radiación e intentó escapar del cuarto…
…Jamás lo consiguió; mientras apoyaba una mano en el pomo de la puerta para abrirla, la luz (de radiaciones similares a las del Sol) lo incineró, reduciéndolo a cenizas.
Buher se reclinó en su asiento, tranquilo. Estiró una mano y aferró la otra copa de Champagne que ofreciera a su desafortunado invitado…
Hizo un brindis y se lo bebió.
Departamento de Spike.
Un instante después.
Un montón de libros esotéricos y de ocultismo yacían desparramados por el suelo y las mesas. Antiguamente, solían formar parte de la colección privada del difunto Wesley; ahora, sacarían de apuros a Ángel y compañía acerca de la verdadera naturaleza del objeto mágico que Gunn había vendido a Buher.
A cierta distancia y al igual que sus compañeros, el muchacho buscaba información en un raído tomo de saber arcano, mientras su interior era una tormenta tumultuosa…
Se sentía fatal.
El solo pensar que por su culpa el empresario podría desatar algún gran mal, solo empeoraba ese sentimiento y lo torturaba terriblemente.
Despacio, levantó la vista del libro que estaba consultando. Escudriñando la sala, contempló a sus compañeros…
Nadie lo observaba. Nadie posaba sus ojos en él. Mientras pasaban páginas tras páginas amarillentas y leían libros tras libros, nadie le miró.
Lo ignoraban.
Tal vez, a propósito.
Se hundió en su asiento. Su amargura era tal que creció y con justa razón; se sentía un verdadero idiota.
Un completo imbecil.
Gunn creí haber superado ya su "etapa de Wolfram & Hart", aquella fase de su vida en la que por seguir poseyendo el aumento cerebral que los de la Firma le habían dado, seria capaz de hacer cualquier cosa que le pidieran, a instancias de la legalidad o la moral.
Se suponía que aquella amarga experiencia, la que permitió que el sarcófago de Illyria fuera a parar por su culpa a manos de Knox y provocara la subsiguiente muerte de Fred para el renacer de la diosa primigenia, ya había pasado. Que había aprendido algo de todo aquello…
Se suponía que si, claro.
Luego de la batalla final con W&H, Ángel se fue. La rama de la Firma en L.A había desaparecido; solo y sin trabajo, sin ninguna utilidad fija para el potencial que habían despertado en él, se vio en un aprieto… ¿Qué iba a hacer de su vida?
Cuando entró en el mercado negro sobrenatural, comprendió que no se podía andar con chiquitas. Es como en todo negocio y quizás, ahí más que nunca: o comes o te comen a ti.
Es preferible que sea el otro y no uno mismo, claro esta.
Al menos, eso es lo que razonó Gunn. Conociendo las reglas del juego y con todo un gran potencial cerebral dejado en él por W&H, mas de una vez hizo la vista gorda en sus ventas, durante estos cinco años. No juzgó ni se interesó francamente por lo que harían sus clientes con los objetos que les conseguía y vendía… Tuvo una breve alarma cuando le vendió el amuleto a Buher, pero al ver la suma de dinero dejada a su nombre, dejó las sospechas de lado creyendo que nada realmente malo, terriblemente malo, pasaría.
Al final de cuentas, ¿él no había estado en Wolfram & Hart en su momento? ¿En la cuna del Mal en la Tierra, para combatir otros males menores?
Se suponía que esto vendría a ser lo mismo, ¿no?
Se equivocó.
En el día de hoy, se arrepentía de todo.
Justo en ese momento.
Con una Illyria paralizada…
Con un Spike abatido…
Con un Ángel decepcionado…
Pensar en eso, justo en esto (Ángel decepcionado de él) lo hizo enojarse… consigo mismo. ¡Debería haber sido mas listo, mas despierto! ¡No podía ser que por un error como el que había cometido en harás de su bien económico personal, ahora se enfrentaran a…!
¿A qué?
Todavía no lo sabían, claro.
No con exactitud, pero sin duda, no seria nada bueno.
Gunn se prometió, en esa hora y en ese instante, que haría TODO por limpiar su nombre; remediaría su error de la mejor manera que pudiera y si sobrevivía a lo que fuera que pudiera pasar, dejaría aquél negocio turbio.
Nunca, jamás, volvería a fallarle a Ángel.
-Aquí – dijo Lorne, de pronto. Alzó un libro – Encontré lo que buscábamos.
Ángel se le acercó, para leer.
-El Amuleto de Ya'olth-Zoth – recitó, mirando el grabado en el libro que lo representaba – De acuerdo con lo que aquí dice, el medallón es capaz de canalizar energías sobrenaturales y… - hizo una pausa, frunciendo el ceño, preocupado – Mierda…
-¿Qué? ¿Que dice ahí? – inquirió Spike, ansioso.
-Aquí dice que el medallón sirve para un ritual mágico. Se necesita un grupo de demonios, unidos en un circulo, prisioneros… y una alineación estelar que se supone ocurre cada tres mil años… - Ángel continuó leyendo – El medallón se activa y arranca de ellos sus esencias vitales, luego las enfoca y canaliza para abrir un portal hacia… - enmudeció de golpe, serio.
-¿Un portal hacia dónde? – atinó a preguntarle Gunn.
-El Infierno – cerró el libro – Para liberar de él al Triunvirato, una especie de Trinidad Impía del Inframundo. Ellos llegan hasta nosotros y la Tierra entera es destruida.
Spike miró enojado a Gunn.
-Las has cagado bien cagada, Charlie – siseó - ¡Yo te lo advertí! Grandísimo idiota. ¡Por tu culpa ahora todo se va a ir al carajo!
Gunn bajó la vista, sintiéndose miserable.
-¡Basta Spike! – ladró Ángel - ¡Echar culpas ahora no nos ayuda en nada! Tenemos que ir tras ese Buher y recuperar el amuleto, antes de que pueda utilizarlo.
Se colocó su gabardina negra, listo para salir.
-Necesitamos armas – dijo.
El vampiro rubio señaló hacia un armario cercano. Ángel lo abrió; estaba repleto de espadas, dagas, hachas, cadenas y hasta de armas de fuego (rifles, escopetas, granadas, etc, etc).
-Vaya – se volvió hacia Spike - ¿Todo esto es tuyo?
-Estoy a favor del uso legal de armas – declaró el rubio, que se encogió de hombros.
-¿Por qué no me parece extraño? – tomó una espada. Le alcanzó a Gunn un hacha – Iremos en tu camioneta, así que tú conduces…
-Ángel, yo… yo… - empezó a tartamudear de nuevo el muchacho.
El vampiro lo paró.
-Esta bien, Gunn, ya no tiene importancia. Lo hecho, hecho esta. Vamos a por ese amuleto – le dijo. Miró a Lorne – Necesito que te quedes con Illyria, cuidándola.
-Magnifico – se quejó el demonio – De mucama del rubio teñido, a niñera de su novia…
-Hey, lechuga… no te propases – le advirtió Spike.
-Ya, ya… Voy cada vez mejor yo… - suspiró.
-¡Andando! – Ángel abrió la puerta de salida. Encabezó la marcha.
