Capitulo 2

Reencuentro y recuerdos

Era una hermosa mañana, el sol regalaba su luz y su calor a la ciudad de Domino. Los jóvenes caminaban tranquilos por la calle en dirección a sus escuelas, bueno no todos los alumnos pues podía verse a el más joven de los Moto correr a clases tan rápido como le era posible. No hacía falta ser un genio para suponer que se le había hecho tarde para alguna cosa.

"No puedo creer que lo olvide" se reprendía mentalmente el ¨peli-rubio-negro-morado casi rojo¨ durante su solitaria carrera hacía la escuela. "Debía ver a Tea, Joey y a Tristán antes de clases, soy un tonto. Ayer estaba tan distraído que no me ocupe en poner la alarma."

Continuo reprendiéndose a si mismo todo el camino e, inclusive, cuando ya hubo llegado a la preparatoria y ya estaba a unos metros de su salón. Estaba agotado, esa había sido la carrera más veloz que había hecho en toda su vida, respiro hondo y procedió a abrir la puerta de su salón.

-Buenos Días!- saludó al entrar con una enorme sonrisa. "Espero que no se enojen".

Hasta que al fin llegas Yugi!- le reprocho su gran amigo Joey con el seño fruncido y sus manos apoyadas en su cintura (Como hacen las madres al retar a un hijo).

-¡Si creímos que habías dejado plantados!- secundo Tristán con sus manos en los bolsillos de su chaqueta y una sonrisa de lado.

-Ya déjenlo en paz chicos, lo que importa es que está aquí- les interrumpió Tea con su típica actitud de madre para luego dirigirse a Yugi- Buenas Yugi. ¿Por qué tardaste tanto?

El mencionado avanzo hasta su asiento y coloco allí su maletín antes de contestar. –Es que… anoche me distraje y olvide colocar la alarma, y por eso…- pero no pudo terminar de hablar ya que al voltear a ver a sus amigos notaron lo que traía colgado de su cuello, y las expresiones de estos lo confundieron ya que no entendía el porqué.

Ninguno podía creer lo que estaba viendo y gracias a ello se formo un enorme silencio entre los cuatro. Solo Tea se animo a articular palabra.

-Yugi, ¿Ese no es…el Rompecabezas del Milenio?- pregunto en voz baja por temor de estar viendo cosas.

Yugi solo bajo la mirada a su pecho y sonrió mientras tomaba el objeto tan preciado para el –Si, así es- respondió inocentemente, comprendía muy bien el desconcierto y confusión de sus amigos pues él sintió lo mismo es mañana al verlo sobre su escritorio.

-Creí que se había quedado en Egipto luego de la partida del faraón?-menciono Joey colocando su mejor cara de despreocupación "¿Acaso aun estoy dormido o me estoy volviendo loco? No ese es el rompecabezas del milenio pero, ¿Qué está haciendo aquí? Yugi tendrá que explicarnos que es lo que paso" Se dijo mentalmente el rubio.

-Pues verán, lo que paso fue que…-justo cuando estaba por contarle a sus amigos acerca de su sueño la campana sonó, anunciando el comienzo de las clases- Les contare en el almuerzo- concluyó, sentándose en su lugar.

Todos los alumnos entraron al salón y se ubicaron en sus respectivos asientos antes de que entrara la profesora. La puerta delantera del salón se abrió y entro una mujer de entre 25-30 años, cabello negro y lacio hasta los hombros, de ojos marrones tan oscuro que casi parecían negros, con una cálida sonrisa y una dulce mirada, vestía una blusa blanca con una chaqueta de un rosa pálido y una falda negra hasta las rodillas y unos tacones bajos de color negro.

Dejó su portafolio sobre su escritorio y les dio la espalda a los chicos. Parecía no notar que la mayoría de los muchachos la veían embobados por lo linda que era, sin obviar a Joey y a Tristán quienes prácticamente se babeaban enzima. La profesora tomó la tiza y comenzó a escribir en la pizarra aún ignorando a los alumnos. Al terminar, volteó y sonrió a sus nuevos alumnos.

-Buenos días, yo soy Tokito Shisaki y seré su profesora este año- se presentó ante toda la clase con una reverencia.

-Buenos días Shisaki-sensei -contestaron todos al unisonó. Las alumnas la veían, algunas con curiosidad, otras con celos por las miradas que le brindaban los muchachos y unas con indiferencia o alegría puesto que parecía ser muy dulce. Los chicos, bueno, no hace falta decir más que la mayoría de ellos estaban en las nubes y otros, como Yugi y Bakura, solo observaban a los demás con una gota en su cabezas al estilo anime con una sonrisa que parecía decir: "no pueden ser tan obvios, disimulen un poco" o "no será el mejor años de algunos"

De repente, atrayendo la atención de todos, se oyeron unos golpes en la puerta del salón. Shisaki-sensei se acercó a abrir esta, y cuando lo hizo solo sonrió a quien se hallaba del otro lado. Nadie pudo ver de quien se trataba ya que esa persona se mantenía alejada de la entrada.

-Antes de comenzar la clase debo informarles que recibimos a una nueva alumna- se dirigió a los estudiantes desde la puerta para luego voltearse y hablarle a aquella persona- Pasa por favor.

Lentamente entró al salón una joven de entre 15-16 años con el cabello castaño oscuro largo hasta su espalda y de ojos color verde oscuro, piel blanca, en su rostro resaltaba un mechón de cabello que cruzaba de derecha a izquierda por el centro de la frente hasta casi la punta de su nariz. Llevaba puesta la chaqueta rosa con bordes blancos de la escuela aunque esta se cerraba al atar dos cintas azules debajo de los bordes de la solapa formando así un moño, traía una falda azul oscuro con una calza debajo que llegaba por encima de las rodillas, unas botas cortas de color blanco, con detalles dorados y solapas negras. En su cabello lo único que llevaba eran dos broches a cada lado con pequeñas rosas blancas en los extremos. En su mano sostenía un maletín marrón oscuro. Traía puesta también un collar tipo gargantilla de color dorado con una piedra roja en su centro.

Los chicos y chicas solo la observaban de pies a cabeza, todos excepto los cuatro amigos que la miraban estupefactos. No por lo linda que era, ni por como vestía si no porque su similitud con alguien que habían conocido hacia poco tiempo: la amiga más cercana al faraón, la aprendiza de magia, Mana. Pero eso no era todo puesto que Yugi ya conocía desde hacía mucho tiempo a la nueva alumna, mucho antes de conocer a Mana inclusive antes de conocer la existencia del Rompecabezas del Milenio.

Esta chica camino hasta el centro-frente del salón y se presentó.

-Mucho gusto, mi nombre es Amia Shouto- dijo para luego dar una reverencia a toda la clase.

Yugi sonrió, era la sonrisa más grande que había dado en todo su vida. "Amia… volvió, al fin regresó. Desde aquel día en que se mudó y nos vimos obligados a separarnos creí que no la volvería ver" pensó emocionado, pues cuando era pequeño él había tenido una mejor amiga con la cual, prácticamente, se había criado, ella era su confidente su compañera en los buenos y malos momento, era su apoyo y siempre se cuidaban entre sí, siempre estaban juntos.

Esa pequeña que él tanto había apreciado estaba allí, parada justo frente a él, luego de tantos años sin verla. Amia, al fin regresó, de nuevo su vida.

Este es el segundo capítulo. Lamento que los dos primeros capítulos no hayan sido muy largos que digamos ero agradezco que hayan tomado parte de su tiempo para leerlos.

Gracias Frazier H. por tus comentarios, al igual que agradezco a Nebyura y Chiyo Asakura por haber comentado sobre esta historia. Prometo continuarla pronto.