Sentía que estaba recostada sobre algo duro y comenzaba a sentir un horrible dolor en la cabeza.

-Oye, despierta. Vamos, por favor despierta.

Nunca antes había escuchado esa voz, pero se le hacía difícil no querer responderle. Comenzó a abrir los ojos queriendo encontrar la fuente de aquella hermosa voz.

Al principio vio todo borroso, pero poco a poco fue viendo mejor, hasta darse cuenta de que miraba hacia el cielo lleno de estrellas y con una gran luna llena en él.

Giró la cabeza hacia un lado y lo vio.

Era el hombre más guapo que había visto en su vida.

Era pálido, pero tenía el cabello de un profundo color negro, unos labios tentadores y unos ojos color rojo que le recodaban mucho a la sangre, pero eran tan hermosos que se asemejaban más al color de las rosas rojas o de dos rubíes. Él parecía estar aliviado de que ella hubiera despertado.

-¿Estás bien?

-Hmmm…si, eso creo…pero…-comenzó a recordar lo que había pasado antes de que se desmayara. -¿Dónde está?, ¿qué pasó con ese hombre?

-Shhh, tranquila, se fue. Todo está bien.

-Pero, ¿cómo?

-En el momento en el que me vio huyó. Tal parece que no era tan valiente como aparentaba. Ya no te preocupes por eso. Pero vamos, será mejor que te levantes.

Aquel sexy hombre que se había convertido en su salvador le extendía una mano para ayudarla.

En cuanto la tocó sintió un estremecimiento, pero algo le decía que no debía de temer de esa persona. Extraño, ¿no? Tomó su mano y se puso de pie.

-Gracias por haberme salvado.

-Descuida, de nada. Cualquier persona que hubiera pasado y te hubiera visto te habría ayudado.

-Sí, eso creo. ¿Pero no te han dicho que el hubiera o existe? Fuiste tú el que me ayudó, así que gracias.

Se quedaron mirando el uno al otro por un momento en silencio hasta que…

-¡Diablos! ¿Qué hora es?

-Pasa de la medianoche.

-Me van a matar, me van a matar, mis padres me van a matar.

-Tranquila, no creo que te regañen después de que les expliques lo que pasó.

-Será mejor que me vaya…pero…

-¿Te puedo acompañar? Perdón, se que ni siquiera me conoces, pero ya que te salvé una vez me siento responsable de que llegues a salvo a tu casa.

La manera en la que lo dijo la hizo sentirse protegida, como nunca antes lo había sentido en su vida. Sonaba ridículo que ella confiara tanto en él, pero era difícil de explicar, estaba segura de que él no le haría daño.

-Pero si no quieres por supuesto que entenderé, es más, no debí de haber dicho eso…

-No…si…digo, sería grandioso que me acompañaras, realmente no quiero estar sola después de lo que pasó.

Sebastian sonrió y ambos comenzaron a caminar en silencio y ella podía notar lo cerca que estaban uno del otro. Eso hacía que ella tuviera una sensación extraña pero a la vez agradable.

-Discúlpame. Acabo de salvarte, te estoy acompañando a tu casa y ni siquiera me he presentado. Me llamo Sebastian Michaelis.

-Ciel Phantomhive.

-¿Ciel?

-Sí. Verás, mi padre quería un niño, y estaba muy ilusionado con esa idea, de manera que ya había escogido el nombre. Pero nací yo, y por lo menos quiso ganar en llamarme así, lo cual no le gustó mucho a mi mamá que digamos. Pero igual y me gusta mucho. Me hace sentirme diferentes y…

-Especial, ¿no? Alguien única.

-Sí…así es.

¿Y estudias?

-Acabo de entrar a la Universidad. Administración de empresas, mi padre tiene una cadena de jugueterías y siempre quiso que su hijo se hiciera cargo de ellas algún día.

-Exacto, su hijo. ¿Tú estás de acuerdo con eso?

-Sí…quiero decir, me gusta y si eso hace feliz a mi papá yo estoy bien.

-De acuerdo.

-¿Y qué hay de ti? ¿Qué es lo que dirías?

-Acabo de llegar a este lugar, así que realmente no puedo decir mucho.

-Te ves mayor que yo, ¿vives solo?, ¿qué te trae aquí?

-Tengo 25 años. Mis padres murieron y decidí que era hora de hacer un cambio.

-Perdón, lo siento…no quería…

-Descuida. Fue hace tiempo, todo está bien…creo que será mejor que me vaya.

Él señaló con la cabeza hacia un lado y Ciel se dio cuenta de que habían llegado a su casa, ni siquiera había notado que se habían detenido. Estando con él el tiempo transcurría de diferente manera.

-Ah, gracias por haberme acompañado.

-De nada, fue un placer-

-Espero que nos volvamos a ver después.

-¿Enserio?

-Sí, me agradas. Además de recuerdo que me salvaste y debo de hacer algo para agradecértelo.

No se dio cuenta de que se habían ido acercando hasta quedar de frente observándose a los ojos. Ella podía sentir la respiración de Sebastian.

-Será mejor que entres.

-Ajá-estaba un poco aturdida, ¿y quién no lo estaría estando con alguien como él?, se dio la vuelta para abrir la puerta y volvió a mirar a donde estaba Sebastian- Nos ve…

Pero él ya no estaba. Se encontraba ella sola frente a la puerta y no había ni rastro de hacia dónde se había ido él.

-Sebastian.

Susurró su nombre y para ella sonó hermoso, lo sintió como una caricia. Cruzó el umbral y cerró la puerta.