Apenas el profesor había dicho que se podían retirar y Ranmao ya estaba tomando a Ciel por el brazo para levantarla.

-Espera, ¡Ranmao!

-Vamos, no quieres hacerlo esperar, ¿verdad? Meylin, camina, vamos.

La tomó con el otro brazo y así las tres se dirigieron a la entrada de la escuela donde Sebastian esperaba a Ciel. De nuevo estaba recargado en aquel árbol, sus brazos cruzados frente a su pecho y los ojos cerrados. Pareció darse cuenta del momento en el que Ciel se quedó observándolo ya que abrió los ojos y la miró directamente. Ella como siempre no pudo evitar que en su rostro apareciera una sonrisa, pero pudo notar que algo no andaba bien ya que Sebastian no fue hacia ella como lo había hecho anteriormente, pero a pesar de eso Sebastian le devolvió la sonrisa.

Ciel se soltó de Ranmao y fue con Sebastian.

-Mmm…ellas son mis amigas, Ranmao y Meylin.

-Hola, mucho gusto.

-¡No! El gusto es mío, créeme. Por fin te conocemos. Ciel nos ha hablado mucho de ti, además es genial conocer a la persona que salvó a nuestra amiga, muchas gracias.

-No hay nada que agradecer, hice lo que tenía que hacer…y no me arrepiento de eso.

-¡Dios! ¿De casualidad no tienes algún amigo que me puedas presentar?

-¡Ranmao!

-Jajajaj, no, lo siento. Hace poco que llegué a este lugar, y no creo que las personas que conozco sean de tu agrado.

-Deberías calmarte Ranmao.

-Perdón, pero no pierdo nada con intentarlo. ¡Que calor hace!, y luego con este sol…¿no quieren ir por un helado?

-¡Claro! Digo…no, perdón, tengo que irme ya. Será en otra ocasión, ¿ de acuerdo?

-Ok, ¡pero la siguiente vez sin falta! Bueno, nosotras nos vamos, mucho gusto en conocerte Sebastian, adiós.

-Igualmente.

Ranmao y Meylin se fueron, pero aún así Ciel esperó un poco a que se alejaran; entonces ella tomó la mano de Sebastian y lo llevó hacia un pasillo que conectaba con el patio trasero de la escuela, a esa hora no habría nadie en ese lugar. Ciel miró a Sebastian directamente a los ojos.

-¿Hace cuánto que no bebes sangre? Desde aquella noche, ¿verdad? Por eso estás así…¿por qué no me habías dicho nada?

Sebastian no contestó ninguna de aquellas preguntas, Ciel lo seguía mirando y él simplemente apartó la vista.

Ahora que lo veía más de cerca podía notar que estaba más pálido de lo normal, y sus ojos se veían diferentes, como si se hubieran "apagado", pero tenían algo más, algo que a Ciel se le hacía conocido.

Si Sebastian no había bebido sangre desde que había probado la de ella era normal que estuviera así, habían pasado demasiados días desde aquella noche. No se podía imaginar lo que Sebastian debería de estar sufriendo en ese momento, y luego la noche anterior en la cual Ciel se había cortado el dedo. Él se había quedado con ella abrazándola, mientras le llegaba el olor de la sangre y él solamente se resistía mientras podía sentir el deseo y la necesidad de ella.

Las lágrimas comenzaron a inundar sus ojos, y cuando una se escapó de ellos Sebastian la atrapó con su dedo, retirándola. Entonces Ciel puso sus manos a ambos lados del rostro de Sebastian y lo colocó entre su hombro y su cuello.

-Ciel…

-Hazlo.

-No…puedo. Por favor Ciel…

Él intentó retirarse pero Ciel colocó una mano sobre su cabeza y otra sobre su hombro.

-No quiero…hacerte daño…no quiero que te pase nada. Mucho menos que sea yo el que lo cause.

-Y no lo harás. Pero yo tampoco quiero que te pase nada…y menos si yo puedo hacer algo para evitarlo. Quiero hacer todo lo que pueda para evitar perderte, evitar que sufras. Quiero que lo hagas…ahora.

Ciel cerró los ojos, podía sentir la respiración de Sebastian sobre la piel de su cuello.

Sebastian sabía que él quería volver a probar esa sangre, claro que lo quería. La noche anterior se había obligado a no hacerlo, incluso había limpiado la sangre del dedo de Ciel.

Sabía que necesitaba la sangre, nunca había pasado tanto tiempo sin beberla, y mucho menos atreverse a salir al sol estando de esa manera. Podía sentir la sangre correr por las venas de Ciel, era increíble que aún no hubiera clavado sus colmillos en esa sueva piel. El aroma de ella le llegaba cada vez con más intensidad. Sebastian posó sus labios sobre el cuello de Ciel depositando un beso, cosa que hizo que ella se estremeciera y suspirara.

Comenzó a separar un poco más sus labios hasta que por fin clavó sus colmillos en ese cuello.

Ciel ahogó un grito y apretó aún más fuerte el hombro de Sebastian, pero en esta ocasión ella no intentó separarse de él, al contrario, enredó sus dedos en el cabello de Sebastian obligándolo a que se acercara más a ella.

Él por su parte colocó una mano en la mejilla derecha de Ciel y la otra la puso sobre su espalda baja mientras hacía que ella se apoyara en la pared.

-Sebas…tian…

Podía sentir y escuchar que el corazón de Ciel latía con más fuerza mientras el sabor de la sangre lo inundaba por completo. Aquella sensación era muy distinta a lo que sintió la primera vez que había mordido a Ciel.

Ella suspiró. Comenzaba a sentirse mareada, dejó de sujetar el cabello de Sebastian, dejó caer su mano, él se dio cuenta de eso y reaccionó. Dejó de beber su sangre y la sujetó para evitar que cayera.

-Ciel…¡Ciel!

Respiraba con algo de dificultad. Sebastian no podía ver cómo estaba ya que ella tenía su rostro escondido en el pecho de él. La sentó en el piso con cuidado mientras tomaba su rostro entre sus manos. Ella tenía sus ojos cerrados, estaba muy pálida y su pecho subía y bajaba de manera irregular.

-¡Ciel! Por favor contesta…Ciel…

-Estoy…bien…

Abrió los ojos, trató de alcanzar su mochila y Sebastian se la dio mientras ella decía débilmente "gracias". Comenzó a buscar algo dentro de ella hasta que sacó un pequeño pañuelo blanco y lo colocó sobre las heridas de su cuello, mientras volvía a cerrar los ojos y recargaba su cabeza contra la pared.

Sebastian se sentó a su lado, la atrajo hacia él para poder abrazarla y le quitó el pañuelo de la mano para que fuera él quien lo sostuviera contra su cuello ahora.

-¿Te sientes…mejor?

-Ja, eso es lo que debería de preguntarte a ti. No debí de haber hecho esto. Perdóname.

Ciel giró un poco la cabeza para poder ver a Sebastian, le quitó el pañuelo para poder limpiar algo de sangre que aún quedaba en los labios de Sebastian.

Parecía como si estuviera muy cansada, aunque ya no respiraba con tanta dificultad.

-Te dije que estoy bien…yo fui la que quiso esto, así que no tiene caso que sigas diciendo eso, además…lo voy a seguir haciendo con tal de ayudarte. Pero ahora…ahora fue diferente, sentí algo distinto a las otras veces.

-Lo sé…también lo sentí, o fur algo parecido, fue como…

-¿Alguna vez te había pasado eso?

-Sólo una. Fue cuando…cuando Katherine me mordió. No la primera vez que lo hizo, sino cuando…yo me ofrecí a que lo hiciera.

Los dos se quedaron en silencio. Cuando Sebastian ya no pudo oler más la sangre de Ciel retiró el pañuelo de su cuello. La respiración de ella se había vuelto un poco más pausada, como si se estuviera quedando dormida.

-¿Ciel?

-¿Mmmm?

-Vamos, es hora de que vayas a tu casa.

Sebastian se levantó y ayudó a Ciel a ponerse de pie. Rodeó la cintura de ella mientras Ciel lo abrazaba, y comenzaron a caminar lentamente.

Para cualquiera de las demás personas que los vieran, simplemente parecerían como una pareja dando un pequeño paseo.

-¿Hay alguien en tu casa?

Ciel negó con la cabeza. Llegaron frente a la puerta, Sebastian sacó la llave de la mochila de Ciel, abrió la puerta y entraron. Después de que la puerta se cerró a sus espaldas, Sebastian cargó a Ciel y la llevó hasta su cuarto. Ella ya estaba dormida cuando él la recostó en la cama. Entonces Sebastian se acostó al lado de ella y la abrazó mientras acariciaba su cabello.

Desde que había nacido como vampiro nunca antes se había encontrado con alguien que se preocupara por él como Ciel lo hacía, aunque también tenía que ver el hecho de que él realmente nunca había dado la oportunidad para que eso pasara, pero él siempre había pensado que no podía hacer eso. Pero con Ciel había sido diferente, ella había destruido todas las barreras que él había puesto a su alrededor, cuando estaba con ella, podía llegar a ser la persona más fuerte del universo y a la vez la más débil que pudiera existir.

-Gracias…nunca me voy a separar de tu lado, nunca te dejaré sola, nunca.

Mientras tanto, en otro lugar muy apartado, un chico rubio iba entrando en una oscura habitación.

Había alguien sentado en una silla dándole la espalda al chico que acababa de entrar.

-¿Y bien?...Dime lo que pasó.


Y estoy de regreso...o algo así...

Este capítulo es demasiado...corto para empezar...pero espero que en el próximo capítulo ocurra algo interesante, o se comiece a formar algo más.

Sé que voy a sonar exagerada pero, nunca creí que el final de Kuroshitsuji me pusiera así. Me quedó claro que gracias a los capítulos semanales tenía mi dosis de "inspiración" para poder escribir...ahora casi nada de nada.

Juro que todo lo que veo lo relaciono con Kuroshitsuji...y luego aparte por algo que me dijeron, no sé...se me fueron las ganas de escribir...pero realmente quiero terminar esta historia, quiero poner mi final, jajajajaja

Tal vez esta semana por fin suba otro fic que tengo haciendo desde hace tiempo...desde antes que terminara la temporada.

*Saludos*