Capítulo 2
Bella POV
Nada. Eso es lo que yo soy ahora mismo. Nada es lo que yo siento ahora mismo. Sólo mi hija Renesmee me mantenía en pie, pero aún así seguía muerta en vida.
Mi vida estaba vacía después de mi separación del amor de mi vida, Edward Cullen. Qué podía ser de mi vida atada a unos miserables como los Vulturis y separada de la razón de mi existencia.
Dolor. Una y otra vez me llegaban pinchazos de dolor. Nadie lo hacía, era el sentimiento vacío quién me hundía más y más en la miseria. Estuve día y noche gritando en mi habitación, sollozando de desesperación y rompiendo cosas a mi paso, intentando desahogarme, pero nada era suficiente.
Aún recuerdo el día en el que al amanecer, encontré a mi hija dormida al lado mía. En estos cinco tortuosos años había crecido de forma desmedida, hasta alcanzar la altura y el desarrollo de una chica de diecisiete años.
Me quedé horas y horas mirando como mi niña dormía. No sé como, ni tampoco cuando, pero me dio un arrebato de valentía y rabia. Necesitaba salir de allí, así que planeé una pequeña trampa. Después de mucho y mucho insistir, convencí de que debía salir de allí con Renesmee para cazar, ya que estábamos demasiado sedientas. Demetri nos llevó con él hacia un pequeño bosque de la Toscana donde había deliciosos carnívoros. Después de pasarnos toda la noche cazando, mi pequeña Renesmee se hizo un leve corte a conciencia y aunque en su sangre llevara ponzoña, era más humana que otra cualquiera. Dejó un reguero de manchas por el bosque y Demetri se volvió loco buscando, y en ese momento aprovechamos para huir. Fuimos a cientos de ciudades, pero no nos quedamos en ninguna en concreto.
Afortunadamente, no teníamos que gastarnos dinero en comida y no necesitábamos un coche para ir de un lado a otro, pero no queríamos seguir viajando continuamente, así que después de pasarnos un año vagando por todos los rincones de Europa y una corta estancia en Grecia, huímos a Londres. Allí había una buena vida y contábamos con poder comenzar nuestra vida allí.
Sin duda volvería a Forks, al lado de mi maravillosa familia, pero... si los Vulturis se enteraran, que de seguro sería así, sería el fin de mi vida, la de mi hija y la de mi marido, y eso no podía permitirlo. Prefería morir en vida por no tener su presencia a mi lado que destrozarle la vida con mi simple presencia... Estuve tentada miles de veces en ir, pero siempre una parte de mi conciencia me lo impedía.
Habíamos pasado un mes viajando de un lado a otro, hasta junio. Era un día medianamente soleado en Londres y era algo que no nos convenía para nada, estaba claro. Sería un desastre si los humanos vieran nuestra piel al sol, así que preferimos ahorrarles un disgusto. Nos resguardamos en el aeropuerto de Heathrow durante unos días mientras pensábamos qué hacer.
Allí conocimos a Josh. Era un hombre mayor, de unos 75 años y un alma pura, y sabía que la luz nos afectaba, puesto que cada vez que limpiaba las ventanas, nosotras nos escondíamos. Jamás nos dijo nada al respecto, pero todas las mañanas nos saludaba amablemente.
- Buenos días señoritas. Espero que hayan pasado una buena noche - y luego se marchaba a hacer su labor. A Nessie le caía especialmente bien ese señor y cuando era media tarde, y el sol comenzaba a caer, en la hora del crepúsculo, Nessie aprovechaba para hablar con Josh y se sentía muy bien.
Un día le comenté a Josh si podía ayudarme a encontrar un pequeño apartamento para Renesmee y para mí alejado del centro. Aseguró que me ayudaría todo lo posible, y así fue, aunque jamás pensé que me ayudara más de lo que le había pedido.
Nos ofreció una pequeña casita en Broadgate, una urbanización bastante adinerada que ni en broma podriamos costearnos nosotras, pero era propiedad de Josh y su mujer Mary. La tenían de alquiler, y nos la prestaron. Les aseguré sin pensarlo que me buscaría un trabajo rápido para poder pagarles, pero fueron lo suficientemente amables para denegar ese dinero. Aún ando pensando una buena recompensa para esa pareja tan agradable...
Pero faltaba buscar un trabajo. No sabía realmente que estudiar. Desde que me gradué en Forks, dejé un poco de lado los estudios. Después de acabar de trabajar, Josh fue a nuestra casa, donde estabamos Renesmee y yo aun mirando las instalaciones y nos ofreció ir a su casa para almorzar. Fuimos a casa de Josh y Mary, y después de presentarnos a su hija Amanda, me ofrecieron sentarme en el acogedor sillón de su casa. Después de un buen rato agradeciéndoles todo, Josh me miró y frunció sus dos enormes cejas y me miró con diversión.
- ¿Qué piensas hacer ahora, querida? -me miró con un leve resquicio de preocupación.-
Suspiré, echándome hacia atrás del sillón, y mirando por un segundo a la nada, y negué con la cabeza suavemente.
- No lo sé Josh... Desde que acabé mi graduación, no he vuelto a estudiar... No sé que quiero. -Josh y Mary se miraron de forma cómplice y Josh se puso a mirarme de arriba a abajo.
-Hmm, bueno, eres guapa, elegante, alta e inteligente. Podrías estudiar azafata y yo mi enchufe te meteríamos en Heathrow. -Me guiñó un ojo divertido a lo que no pude más que reír mientras negaba con la cabeza.
- Muchas gracias Josh, pero no puedo aceptar tantos favores. -suspiré y sentí la mano cálida de Mary sobre mi pierna.
- Querida, somos mayores ya, tenemos el suficiente dinero para mantenernos y queremos ayudarte. Déjanos hacerlo. - Me miró con una enternecedora mirada a la que no pude negarme. Suspiré y asentí mirando a mis manos, que se estaban enredando con nerviosismo.
- Está bien... Haré un cursillo rápido para ser azafata de tierra. -Esbocé una sonrisa ladeada leve y los miré con agradecimiento, a lo que me respondieron con sinceras y tiernas sonrisas.
Después de hablar un poco más, Renesmee y yo volvimos a la casa. Apenas tenía un cuarto de baño y una cocina amueblada más o menos, un sofá, un colchón y un televisor, pero era suficiente por ahora. Cuando empezase a trabajar podría amueblar la casa adecuadamente. Al día siguiente me vestí con algunas prendas que me había prestado Amanda, la hija de Josh y Mary, y Renesmee hizo lo mismo.
Fuimos al instituto más cercano, el instituto Hackney. Era un poco exclusivo, pero la dejaron entrar después de un poco de palabrería que tuve que utilizar. Andamos un poco por las calles de Londres. Afortunadamente, estaba nublado y pudimos librarnos de pasarnos toda la tarde en casa. Insconcientemente, llegamos a la casa de Josh y Mary. Renesmee se encontraba un poco cansada, así que se quedó allí, y yo eché a andar por las concurridas calles de Londres.
Ordené un poco mi cabeza, y sin previo aviso, mi mente se desvió a Forks, a Edward... Cerré los ojos con fuerza y después de unos segundos parada en medio de la calle, abrí los ojos, llevandome un sollozo de mis labios. Tenía que evitar pensar en ello si de verdad quería rehacer mi vida aquí. Comencé a andar de nuevo, y me encontré frente a la oficina de trabajo. Sorprendentemente, pude encontrar unos cursillos que duraban tres meses para ser azafata de tierra, aunque al ser solo tres meses, serían bastante ajetreados, pero no me quejé.
Y así pasaba el tiempo... Renesmee estaba feliz en el instituto. Conoció a algunas amigas con las que eventualmente comenzó a salir. Cada día se iba a casa de Josh y Mary a comer. Estaba profundamente agradecida a esa pareja. Y yo seguí estudiando y estudiando. Fueron tres meses duros, debía estudiar muchísimo, y me pasé noches en vela en la casa sin hacer otra cosa que no fuera estudiar y cazar cada semana. Por suerte, ni comía ni dormía, y ese tiempo en el que el mundo normal dormía, yo estudiaba. Aproveché mis facultados mentales más desarrolladas por ser vampira y memorizaba las cosas casi en tiempo record. Y lo conseguí. Conseguí sacarme el título de azafata de tierra a principios de octubre.
Al otro día, Josh me llevó con el aeropuerto de Heathrow, donde sin creérmelo aún, me habían cogido sin pensarlo. A los dos días entraría a trabajar. Estaba nerviosa, nunca había trabajado, sólo en una pequeña tienda de los Newton en Forks, pero a eso no se le podía llamar trabajo. De nuevo, Josh y Mary me ayudaron muchísimo. Me dieron una cantidad de dinero suficiente para costearme el uniforme de trabajo, y algunas cosas que necesitaría. No tuve ningún tipo de problema para integrarme, mis compañeras y compañeros resultaron ser mucho más condescendientes y simpáticos de lo que pensaba, y realizaba mi trabajo con eficiencia. Estaba orgullosa de mi misma. Ojalá Edward estuviese aquí... Estaría orgulloso de mí, de verme así... Algún día. Algún día volvería, estaba segura. Esperaba que no fuera mucho tiempo...
Pensé en todo eso mientras ordenaba un poco la mesa, preparándola para el siguiente vuelo. Suspiré y esbocé una sonrisa suave y sincera mientras recibía a los nuevos pasajeros. Ahora mi vida estaba bien. Podía decir que era feliz. Creo...
