Capítulo 3

Edward POV

Después de planteármelo durante mucho tiempo, decidí partir. Después de estos dolorosos cinco años, necesitaba irme a Volterra y recuperar lo que perdí. Le había pedido a Alice una y otra vez que intentara mostrarme el estado de Bella y mi pequeña Nessie, pero no lo lograba, así que ahora más que nunca, deseaba irme de una vez y enfrentarme a ellos, para recuperarlas a ambas.

Le comenté mi decisión de partida a Carlisle, el cual asintió sin replicar, aún sabiendo que era bastante arriesgado. Partiría con Sarah, y también se apuntaron Emmett y Alice, alegando que sería necesaria su presencia en caso de que las cosas se complicaran, ya que Sarah no tenía experiencia en este tipo de cosas.

- Edward hijo. Pase lo que pase, sabes que nos tienes aquí. Si necesitas ayuda, ya sabes donde estamos, ¿de acuerdo? - me repetía Carlisle por enésima vez.

- Lo sé Carlisle, no te preocupes, no pasará nada. - y sin más, me despedí con un profundo abrazo de mi padre y de mi madre, Esme, que sollozaba a más no poder, así que mostré todo lo que sentí mientras la abrazaba. Esme había sufrido demasiado viéndome morirme en vida, y en parte se alegraba de que fuera en busca de mi felicidad de nuevo, aunque tenía miedo de que no saliera bien.

Sarah me dio una profunda mirada que me tranquilizó y me hizo sentir bien. Emmett dejó de lado su humor y también me apoyó, y Alice... Ella siempre me transmitía tranquilidad, aunque ahora mismo la decisión y la desesperación estaban muy por delante de la tranquilidad.

Partimos en silencio los cuatro, no había nada que decirnos. En ocasiones hablábamos de vanidades, pero esas conversaciones cesaban casi al instante de haber empezado. El viaje hacia Volterra se me estaba haciendo eterno, ¿tan lejos estaba?

Corrimos sin parar, y en unos cinco días conseguimos llegar a Florida, la otra punta de Estados Unidos. Sin duda, nosotros tardábamos menos en llegar, pero decidimos parar en varios momentos a cazar. En las costas de Florida, nos sumergimos al Atlántico. Nos quedaban unos largos días en el agua, pero nada era suficiente, pues ansiábamos llegar a Volterra.

Tardamos una semana en llegar a las costas de Francia. Esa semana me dio que pensar. Pensé en todo lo que diría, en todo lo que haría para recuperarlas, pero siempre llegaba a la conclusión de que nada era suficiente. Traspasamos los Alpes sin dificultad y volvimos a alimentarnos más que de costumbre, para llegar en plena forma a Volterra.

Después de dos semanas de viaje, llegamos por fin. Esperamos a que cayera el crepúsculo para poder cruzar la plaza y llegar al castillo.

Cuando entramos, los cuatro nos miramos con miradas llenas de significaba. Era ahora. Era ahora o nunca. Estaba demasiado sumergido en mis sentimientos, que tardé en sentir la presencia de Félix y Jane.

- Hm, mira quien tenemos aquí. Es una alegría volver a veros - ironizó Jane con su profunda mirada color escarlata clavada en mí.

- Exijo ver a Aro - dije de forma cortante, sin dejar entrever en mi voz la desesperación que tenía por recuperarlas.

- Edward, aquí no son bienvenidas tus órdenes. - nos dedicó una mirada heladora y gélida a los cuatro, dejando en medio unos tensos segundos.- Seguidme. - la seguimos de forma autómata. Nos llevó por un camino que ya antes había recorrido y mi mayor ilusión no era revivir el momento, precisamente. Alice puso una mano en mi hombro intentando tranquilizarme y Sarah se agarró a mi brazo con ternura, dedicándome una mirada sincera y con intención de calmarme, pero ya era tarde. No quería tranquilidad, no ahora.

Fui el primero, con Sarah agarrada a mi brazo y detrás mía, Alice con Emmett. Llegamos a recepción y nos quedamos allí de pie sin movernos, bajo la atenta mirada de Gianna, que ya estaba acostumbrada a este tipo de visitas. Al poco tiempo, Alec apareció con Jane tras de él, nos dedicó una sonrisa cortante y sarcástica.

- Aro os da permiso para entrar - la frialdad era palpable en su voz y seguidamente, salieron por el ascensor de la recepción.

A paso ligero y lo más rápido que pudimos, llegamos a la cúpula donde Aro, Cayo y Marco nos esperaban. Con falsa felicidad, Aro se acercó a nosotros con sus brazos extendidos y una fingida sonrisa.

- Es un placer tenerlos aquí de nuevo. Me alegra mucho - habló con suavidad, al cual le siguió su estruendo eco.

- No he venido a escuchar tus irónias. Quiero ver a Bella y Renesmee. Ahora - hablé rápidamente, cortante, decisiva. Quería dejar claro cuales eran mis intenciones, y que no me dejaría derrotar otra vez.

Sentí a Sarah tensarse a mi lado, sabía que tenía miedo, así que intenté transmitir confianza, pero no la tenía ni yo, así que era imposible. Aro quitó su cordial sonrisa y la sustituyó por una gélida, idéntica a la que anteriormente Alec y Jane nos habían dedicado. Se dio la vuelta con dolorosa lentitud y se dirigió a su sillón. Se sentó y dejó salir un suspiro. Ninguno de nosotros nos habíamos movido, y observábamos cada gesto de Aro. Nos volvió a mirar de forma fría.

- Lo siento, Edward. Eso no será posible. -inquirió con voz ronca. Sentí la bilis en mi boca. Sentí las ganas de destrozar a Aro en ese momento. Apreté mi mandíbula y mis puños, dispuesto a pelear si era posible, pero Aro interrumpió mis pensamientos.- He de decirte que tu maravillosa esposa, para nuestra desgracia, escapó de Volterra con vuestra hija. No hemos tenido ocasión de encontrarla. - aseguró. Sólo pude rechinar mis dientes con violencia.- Voy a serte sincero. -jugó con el anillo que tenía en su dedo, sin mirarnos por un momento, pero sin dejar de hablar. - De estar aquí Isabella, lo máximo que te hubiera dejado es que te la llevaras. Como mucho verla, pero llevártela, jamás. - y nunca olvidaría aquella mirada que me echó. Jamás me la había dedicado con tanta rabia.- Pero por desgracia, tu esposa tenía una mente bastante ágil y consiguió huir en un intento de caza. Demetri la rastreó, y de hecho, aun continúa haciéndolo. No pararé hasta encontarla. -Volvió a levantarse de su sillón y se acercó a nosotros con sigileza. Esbozó una sonrisa irónica y nos miró.- La buscaré, la encontraré y la mataré.

Sabía que sus amenazas no eran en vano, al igual que sabía que no mentía. Pero no podía dejar que la matara, nunca. Antes moría yo. Me deshice del agarre de Sarah y me lancé contra Aro, con la intención de matarle con mis propias manos, pero Alice y Emmett me lo impidieron con rapidez, ganándome una risa seca de Aro que inundó toda la sala. Gruñí y le mostré mis dientes, soltándome al mismo tiempo del amarre de Alice y Emmett y salí corriendo del castillo, de Volterra, y de todo lo que rodeara a los Vulturis. Necesitaba encontrarlas, como fuera.

Bella POV

Domingo. Hoy era uno de esos días donde solo trabajaría hasta las cinco de la tarde, y el resto de la tarde lo tendría libre para disfrutar de Londres o de mi hija. Pensé en ello con una sonrisa, en el mismo momento en el que se escuchaba por los altavoces del aeropuerto de Heathrow el último vuelo que yo atendería en Tierra. Aún no sabía cual era el destino, pero poco importaba, solo debía atender.

"Señores pasajeros, acudan a la puerta D38 para el vuelo LXGH96 con destino Seattle."

Solté un suspiro que me obligó a sentarme en la silla. Apoyé mi cabeza entre mis manos, y los codos sobre la mesa. Cerré suavemente los ojos y fruncí el ceño.

Seattle...

Era exactamente donde desearía ir en este momento. Seattle, para ir a Forks e ir en busca del amor de mi vida, de mi Edward. Me obligué a dejar de pensar en ello, aunque era imposible. Solté un sollozo, hasta que pude sentir que los pasajeros comenzaban a agolparse en la entrada. Negué con la cabeza y me levanté completamente recompuesta, al menos por fuera. Abrí las dos puertas. Una de ellas sería para los pasajeros que venían de Sydney, que era el mismo avión en el que los pasajeros de Seattle irían. Los altavoces dieron la última llamada y los pasajeros de Sydney comenzaron a salir.

Junto con dos compañeras, me coloqué al lado de la puerta, mostrando nuestra mejor sonrisa, dándoles la bienvenida al aeropuerto de Heathrow. Alyson, una de mis compañeras, se inclinó a mi oído y me susurró.

- Ahora va a salir el piloto. Es australiano y está buenísimo. -Rodé los ojos con diversión y le devolví la sonrisa que me dedicó. Recompuso su chaqueta y carraspeó, para darle también la bienvenida al piloto. Enarqué una ceja al ver como tanto Alyson como mi otra compañera esperaban ansiosas que el piloto saliera. Negué con la cabeza y me puse en la misma posición que al recibir a los pasajeros. No iba a saludarle de manera diferente solo por ser el piloto, y por estar decente de físico.

Alyson se inclinó y volvió a su posición original con rapidez. Me miró de reojo y murmuró con su boca. "Ahí viene". Solté una leve risa y le guiñé un ojo. Pude sentir los pasos del hombre, tenía sangre apetitosa, mmm...

¡Basta, Bella! No puedes pensar en ello. Sería una masacre si te viera poner cara de sedienta y...

Mis pensamientos se vieron interrumpidos con la entrada del piloto. Me quedé un poco blanca, más de lo que ya estaba, por la imponencia que daba el chico. Le dio unas cuantas órdenes al otro piloto que venía tras de él y saludó a Alyson y a mi otra compañera con una sonrisa. La última era yo. Si hubiera podido, me hubiera ruborizado hasta la punta de mis cabellos. Sonreí levemente y el chico me dedicó una sonrisa ladeada que me hubiera resultado muy sexy si no llega a ser que esas mismas sonrisas fueron las que me hicieron enamorarme de Edward... Edward. Dios, era como traicionar su recuerdo. Bien sabe Dios que jamás le sería infiel a Edward, lo amaba demasiado.

El joven piloto se acercó a mí, cogió mi mano derecha y se inclinó para deposar un suave beso en el dorso de mi mano. Mis ojos no le quitaban la mirada de encima, vigilando cada uno de sus pasos. Su mirada tampoco se despegó de la mia, ni siquiera cuando depositó su beso en mi mano. Volvió a dedicarme una sonrisa suave y ladeada y susurró.

- Buenas tardes... -echó un rápido vistazo a mi placa y volvió a mirarme a los ojos.-... srta Swan.

Carraspeé de forma seria, al menos en apariencia, y le devolví la sonrisa.

- Buenas tardes, señor. ¿Ha tenido usted un buen viaje? - pienso que mi voz fue segura, al menos creo que no pensó que estaba un poco intimidada por su voz, su corpulencia y sus gestos.

- Ha sido un magnífico viaje. Tutéeme, señorita. Llámeme Kyle. Kyle Weitz para ti, señorita. -me guiñó un ojo al que no pude evitar mirar hacia abajo y sonreír. Asentí segundos después, y lo miré a los ojos un tanto desafiante.

- Así será. Tutéame entonces a mí. Llámame Bella. Bella Swan. -enarqué una ceja al sentirme vencedora de esa conversación, si se le podía llamar así, y saqué mi mano de la suya, que hasta ese momento no me había fijado que seguía sobre la de Kyle.

Me sonrío de nuevo, pero esta vez con una sonrisa mucho más amplia. Bajó su mano y se continuó su camino, no sin antes guiñarme de forma cómplice un ojo, al que no pude más que reír. Volví a mi asiento para preparar la entrada de los siguientes pasajeros, y sentí los pasos acelerados de Alyson detrás mía.

-¡Dios, Bella! ¡Le has gustado! Jamás había hecho eso con ninguna de nosotras. Está tan bueno y es tan amable... -Siguió murmurando cosas, pero yo me había evadido, ya no la estaba escuchado.

Gustarle... Jamás había pensado en eso desde que conocí a Edward y me enamoré de él. Jacob... Bueno, él era una excepción, ahora se había imprimado de Renesmee. Dios, no lo recordaba. ¿Cómo estaría ahora? Esperaba que no la tomara con los Cullen. Eran tantas cosas sobre las que pensar, que cuando me quise dar cuenta, de forma autómata ya había embarcado a todos los pasajeros. Con ayuda de Alyson, cerramos las puertas, y recogí para irme ya. Me gustaba mi trabajo, pero realmente estaba bastante cansada ese día.

Salí del aeropuerto, y cogí un taxi, no me apetecía correr en ese momento. En el taxi, me paré a pensar un poco más sobre Kyle. Era cierto, era atractivo... Era alto, moreno con el pelo un tanto alborotado, ojos negros, preciosa sonrisa y gran cuerpo... Me recordaba a Emmett. Eso me hizo esbozar una sonrisa triste. Los echaba tanto de menos...

Cuando me di cuenta, ya había llegado a mi casa. Con el dinero de la nómina de Octubre, pudimos comprarnos ropa, y empezar a amueblar la casa. Aún le faltaba pintura y bastantes muebles para estar decente, pero al menos era algo. Gasté un poco en comida para Renesmee para cuando no quisiera salir a cazar, y le pagué un tanto a Josh y Mary, por el alquiler del piso, ademas del agradecimiento.

Era principios de Noviembre, y cada vez echaba más y más de menos a mi familia. Cerré los ojos en el momento en el que estaba mirando por la ventana el crepúsculo. Cuántos había vivido con Edward... Desearía tenerlo en mis brazos y decirle todo el tiempo que lo amaba... Pero no podía ser. Suspiré por enésima vez en el día y me obligué a dejar de pensar en ello. Era tiempo de cambiar, de dejar de ser Bella Cullen, y empezar a ser Isabella Swan. Una chica completamente diferente, si quería sobrevivir.