2
Westin Hills.
Noche.
Bruce se recostó sobre una camilla. Maggie y otro colega médico le aplicaron unos electrodos en su cabeza y pecho.
-Esto es para monitorear tus constantes vitales – le explicó la psicóloga. Había decidido tutearlo, al fin – Es por prevención.
-Okey. ¿Y ahora como sigue?
-Ahora te aplicaremos un sedante que te hará dormir.
-No suena nada mal, Doc. Sueño inducido – bromeó. Ella suspiró. Su colega preparó una inyección con el compuesto y se la aplicó.
-Te ayudara a conciliar rápido el sueño si cuentas mentalmente hasta cien – le aconsejó Maggie.
-…O, en su defecto, ovejas – se atrevió a decir el médico que los acompañaba.
-Hum… prefiero contar. Soy alérgico a la lana.
Bruce sonrió. Maggie lo miró un momento.
-Una vez que estés adentro, estas solo. ¿Lo comprendes?
-Perfectamente.
-Él aparecerá tanto si lo buscas como si no. Usara el miedo como herramienta favorita – le explicó – la segunda cosa que debes saber es que si él te hiere en sueños, también lo hará en el mundo real.
-Comprendido.
-Suerte, Bruce. A la hora de hacerle frente, la vas a necesitar.
Maggie se apartó. Bruce miró al techo y se relajó. El sedante comenzó a hacerle efecto… no paso mucho que ya estaba profundamente dormido.
Y soñaba…
