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Westin Hills.

Noche.

Bruce se recostó sobre una camilla. Maggie y otro colega médico le aplicaron unos electrodos en su cabeza y pecho.

-Esto es para monitorear tus constantes vitales – le explicó la psicóloga. Había decidido tutearlo, al fin – Es por prevención.

-Okey. ¿Y ahora como sigue?

-Ahora te aplicaremos un sedante que te hará dormir.

-No suena nada mal, Doc. Sueño inducido – bromeó. Ella suspiró. Su colega preparó una inyección con el compuesto y se la aplicó.

-Te ayudara a conciliar rápido el sueño si cuentas mentalmente hasta cien – le aconsejó Maggie.

-…O, en su defecto, ovejas – se atrevió a decir el médico que los acompañaba.

-Hum… prefiero contar. Soy alérgico a la lana.

Bruce sonrió. Maggie lo miró un momento.

-Una vez que estés adentro, estas solo. ¿Lo comprendes?

-Perfectamente.

-Él aparecerá tanto si lo buscas como si no. Usara el miedo como herramienta favorita – le explicó – la segunda cosa que debes saber es que si él te hiere en sueños, también lo hará en el mundo real.

-Comprendido.

-Suerte, Bruce. A la hora de hacerle frente, la vas a necesitar.

Maggie se apartó. Bruce miró al techo y se relajó. El sedante comenzó a hacerle efecto… no paso mucho que ya estaba profundamente dormido.

Y soñaba…