Bueno aquí esta el segundo capitulo, espero que os guste...

Intentare actualizar todas las semanas...

Bueno, yo necesitaba de un plan para hacer que Edward se "soltase" conmigo, antes de que yo me volviese loca o pasara por otra humillación como aquella.

Aquella noche yo no pude dormir. Pero también, después de aquello, ¿como iba a hacerlo? ¿Y si yo hiciese "eso" otra vez? Ahora ni durmiendo me libraría de mis humillaciones.

Aproveche y me quede penando en mi plan, y me acabó saliendo mejor de lo que pensaba. O no, ya que eso involucraba a alguien no muy discreto. Mi idea fue pedir ayuda para nadie más y nadie menos que… Emmett. Si mi cuñado pervertido y escandaloso. Pero nadie más me venia a la mente, a no ser el y su experiencia en el tema. También por que, quitándolo, ¿a quien le pediría ayuda?¿ A Rosalie, quien me odia y nunca hará nada para ocultarlo?¿A mis suegros?¿A Jasper, que evita estar a menos de 10 metros de distancia de mi, desde el incidente del corte del dedo? Supongo que podía pedirle ayuda a Alice, pero no estaba segura de querer saber como ocurrirían las cosas antes de que pasaran. Incluso aunque fuera solo por animar un poco, podría no gustarme la forma en la que ocurriera.

Aproveche un día en el que Edward había salido a cazar, para colocar mi plan en marcha. Me dirigí a la habitación de Emmett y, cuando iba a tocar la puerta. él ya me había interrumpido.

-Entra, Bella.

Que miedo de estos vampiros y sus súper-audiciones.

Abrí la puerta y entre lentamente, queriendo retrasar aquello lo máximo que pudiese. Emmett estaba sentado en el suelo con un videojuego en las manos.

¿Cuántos años tenia realmente? Creo que cuando uno es inmortal, te tienes que entretener con cualquier cosa.

-Bellita, mi cuñadita favorita! ¿ A qué se debe tu presencia?-Dijo con una sonrisa en la cara.

-Ahmm….yo quería… es que…-Lo que yo realmente venía a hacer me vino a la cabeza y me sonroje. ¡Bravo Bella, siempre delatándote!

-Calma Bella, no necesitas ponerte nerviosa, no muerdo- Él empezó a reírse de su ironía- Siéntate en la cama.

Me senté y me quede mirando el suelo, sin saber que hacer o decir.

-Bueno, ya que tu no dices nada, voy aprovechar la oportunidad para satisfacer una curiosidad mía…- Ya podía sentir la bomba llegando- Sabes, ayer anoche, yo estaba aquí en mi habitación, y te oí gimiendo el nombre de Edward. Cuéntale a tu cuñadito favorito, ¿El virgen centenario finalmente decidió "hacerlo"? –Sonrío maliciosamente.

¿Será posible que yo este más sonrojada? Yo creo que si. No quise comprobarlo, pero estoy casi segura de que me parecía a un tomate maduro en aquel momento. Respire hondo y decidí responder de una vez.

-No. Ese es el problema- Susurre, pero estoy segura de que me oyó.

Yo seguía mirando el suelo mientras él daba risotadas.

-Quieres decir que si Edward no estaba tomando cartas en el asunto, tu estabas gimiendo su nombre por que… ? - Emmett tenía en la cara una sonrisa mucho más allá de maliciosa; su mente ya debía de estar maquinando mil teorías por los motivos de mis gemidos.

No conseguía encararlo, pero veía sus reacciones y expresiones por mi visión periférica

-Y-yo… t-tuve un…s-s-s…- ¡Mierda! Me puse nerviosa y no paraba de tartamudear.

-¿Quieres una palmadita para aclararte?- Me dijo, mientras sonreía y levantaba su "pequeña" mano.

-¡No! Ya lo digo! - Talvez el miedo a que él me diese una de sus suaves palmaditas, me haya echo hablar como la gente normal.- Tuve un sueño…- Susurre, pero, otra vez, estaba segura de que me había escuchado. Y entonces comenzó a reírse estrepitosamente.

-Ah! Los famosos sueños mojados. Es una pena que yo ya no los tenga- Comenzó a reírse de una forma exagerada cuando termino la frase.

-Emmett ¿Puedes dejar de burlarte, por favor?- Pedí en tono de suplica.

-Perdona, no me pude contener. Pero entonces, ¿me estas diciendo que el asunto esta tan feo que recurres a los sueños húmedos, cuñadita?

De que servia pedirle que dejara de burlarse. De nada.

Ojala fuese solo eso- Pensé en voz alta, olvidando que él me podía oír. Mierda!

-Hey! ¡Entonces hay más! Cuéntale todo a tu hermanito, digo, cuñado. - ¿En algún momento se le ira esa odiosa sonrisa burlona de la cara?

-Ahmmm…entonces…yo tuve un sueño y tal….y cuando desperté- Trague nerviosamente – m-m-m-mi…

-Bella, creo realmente que necesitas esa palmadita- Amenazo Emmett.

Mierda! Vale, respira hondo y di todo de una vez por todas, que duele menos, como tirar de una tirita.

-Estaba con la mano donde no debía y Edward me vio- Casi vomite las palabras de lo rápido que lo dije.

-¿Hein? Dilo más despacio, Bellita- Se estaba aguando las ganas de reír.

Estaba segura de que me había entendido, el bastardo solo quería torturarme un poco más.

-Maldita sea, Emmett! Me-des-per-te-con-la-ma-no-don-de-no-de-bía-y-Ed-ward-me-vio! ¿Lo entendiste ahora?- Dije, cabreada.

Entonces él comenzó a temblar de la risa. Si aquella risa "silenciosa " que solo él sabe dar. Intente acordarme de algún terrible pecado que yo podría haber cometido, después de todo esto solo podía ser un castigo. Después de 3 minutos esperando a que dejase de reírse-cosa que no ocurrió-, me enfade y decidí acabar con aquella humillación.

-¿EMMETT VAS A AYUDARME, O NO? PORQUE SI NO LO VAS HACER, YO ME VOY DE AQUÍ!- Me levante de la cama, con la intención de irme.

-Calma, Bells.¿Sabes como soy, no? No lo puedo evitar-Lo fulmine con la mirada y me dirigí a la puerta- ¡Perdón, perdón! Claro que te voy ayudar.

Siéntate otra vez, impaciente.- Hice lo que me dijo y espere.- Entonces, resumiendo, tu te estas subiendo por las paredes y quieres que yo te ayude a que Edward te de un buen revolcón, no?

Oh. Dios. Mio. A pesar de todo, él seguía escogiendo cada palabra clave para seguir vejándome todavía más avergonzada. Pero el no tenia toda la razón, no exactamente.

-No es eso exactamente. Yo no quiero cambiar la decisión de Edward de perder la virginidad después del matrimonio. Parece importante para él.

Él puso una mano debajo de su barbilla con expresión pensativa. Un rato después, casi conseguí ver como se iluminaba una bombilla encima de su cabeza.

-Aaaaaaaah! ¡Ya lo entiendo! ¿Quieres que encuentre otras maneras de que Edward apague tu fuego, es eso?

Diciendo esas palabras, parecía peor de lo que ya era. Pero yo no había nadado tanto, para morir en la playa.

Asentí tímidamente con la cabeza.

-Bellitaa, pilliiinaaa!- Grito y yo lo mire mal- Entonces, yo se exactamente lo que tienes que hacer- Sonrío maliciosamente otra vez.

Al menos, ¿no había pasado toda esa vergüenza a cambio de nada, no?

-Pero, Emmett, recuerda que yo no quiero hacer nada que cambie la decisión de Edward. Digo que sigamos siendo vírgenes hasta el matrimonio.

-Siiiiiiii, Bellita… a pesar de que creo que esa decisión es una ridiculez, como casi todo lo que hace Edward. Además si no fuese por ti, yo seguiría creyendo que es gay.

¿Qué? Solo a Emmett se le ocurriría pensar que mi Edward es gay. Vale, es verdad que la mayoría de las veces cuando me frenaba era como un balde de agua fría, pero era para protegerme…. O eso quería pensar yo.

-Mantén esos pensamientos para ti, Emmett. Vamos a acabar con esto de una vez, antes de que me muera de vergüenza.- Pedí, impaciente

-Es más fácil que te mueras de los nervios, ¿a que si cuñadita?- Comenzó a reírse escandalosamente…otra vez.

Mi cara se volvió todavía más roja. ¿Existe algo más rojo que un tomate maduro? A estas alturas ya me estaba poniendo morada.

-EMMETT- Bramé.

-¿Hay que ver lo estresada que estas hoy, eeh? ¡Lo que la falta de sexo le hace a una persona!

¿Alguien me haría el enorme favor de matarme? Por que creo que estoy a punto de hacerlo yo misma. La palabra suicidio sonaba realmente tentadora. Emmett noto mi expresión de tortura

-Vale, voy a intentar reprimir mis comentarios. ¡Que son realmente creativas, solo que tu no tienes sentido del humor! Pero vamos a lo que interesa- asentí con la cabeza- ¿Sabes que no hace falta dejar de ser virgen para satisfacerse, no?

-No Emmett, soy una humana inocente y retrasada- Dije sarcásticamente.

-Perdona, pero a veces da la impresión de que lo eres, pero si eres tan listilla, ¿Qué haces aquí, pidiéndome ayuda, entonces?

-Yo solo seque…existen…unas tácticas…unas cosas…que se hacen…pero…no se cuales.- Dije tímidamente mientras miraba mis manos.

-Ahh, vale, entiendo…pues ¿vamos a empezar nuestra primera clase de sexo con el gran Emmett?

Tio, ¿Por qué a veces él parecía ser un chaval pervertido de 15 años? Decidí no alargar mi tortura y ni conteste, solo asentí positivamente con la cabeza.

-Entonces…hoy aprenderás una cosita muy interesante llamado…Preliminares.

Ay, Dios, yo ya había escuchado esa expresión antes, y algo me decía que esta tortura solo acaba de comenzar.

-¿Lista para empezar nuestra clase?-Dijo, siempre con aquella sonrisa.

Por que me daba la impresión de que Emmett estaba disfrutando más de lo debido, de mi sufrimiento.

Tal vez, porque el realmente lo estuviese disfrutando.

-Errm…si-Respondí.

-Entonces vamos a empezar. Mira, lo que te voy a se sincero, la verdad es que nosotros los hombres, pues la verdad es que no somos muuuuy fans de los preliminares. Digamos que nos gusta más llegar a los finales. Pero, como se trata de mi virgen nenaza de mi hermano, se que le va a gustar.

Permanecí callada, tratando de hacer que mi expresión de concentrada. No que yo no estuviese atenta, pero confieso que mi atención se esfumaba con alguna oportunidad de suicidio.

-Veo que voy a hablar solo hoy. Pero no pasa nada, si eres tímida. Vamos a comenzar por lo más básico…las caricias.

Prefiero no dar detalles ni describir lo que me dijo. Solo digo que escuche atentamente, memorizando todos los consejos e informaciones que me daba.

Y claro que en el transcurso de la "clase", debo decir que ni morada estaba: ya debería estar en algún tipo de azul o parecido. A veces quería sentir vergüenza pero que nadie se enterara de eso.

Lo que me…ermm…enseño no me pareció tan fácil como me dijo él, pero ya había tomado una decisión y no voy a dar marcha atrás.

Ahora es solo esperar a que llegue Edward y poner el plan en marcha.

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