LÁMPARA PARA OTRO SOL

Antes del Fuego


5

El corazón les martillea en el pecho. La insólita extensión verde de los Valles Susurrantes bajo el azul del cielo más azul que han visto en su vida y cercados por montes vigilantes, les recuerda a un precioso trozo de jade brillante en medio de un hermoso ópalo.

Pero tanta belleza natural es profanada por la inmensa, vasta, mancha negra que corresponde a las hordas de los alicornios frente a las montañas. Los anisodon con sus lanzas de trueno al hombro. Los hipolycans envueltos en armaduras de acero, con espadas en una de sus manos y en el hombro opuesto un pequeño escudo. Más atrás, criaturas horribles que no eran de esta de tierra. Al flanco derecho hipolycans y anisodon sobre poderosos centícoros negros. Al final de todo, observando como si nada sobre nubes negras, los alicornios miran con desprecio a los guerreros de Mu y Lemuria, como si fueran menos que insectos. Y al frente, actuando como un escudo entre las fuerzas de aquella tierra y las fuerzas de los alicornios, una multitud de ponis, sin sus pinturas rituales, armados con lanzas de caña, y llevando toscas tallas del perfil de un alicornio alrededor de sus cuellos.

Entre una fila y otra un espacio vacío de al menos cuarenta metros.

Zecora traga saliva nerviosa, y va a desearle suerte a Huáscar. Después del golpe de Zabrakán la noche anterior, está muy enojado, y no tiene la mirada dulce y calmada de siempre, sino una mirada de ira pura.

—Zabrakán tiene poco autocontrol —le dice Zecora, tratando de subirle el ánimo—, pero después de esta batalla puedes pedirle a Insanity que le haga bromas.

—¿Tú tampoco te das cuenta? —la llama se ríe sarcásticamente. Zecora advierte que tiene lágrimas en toda la mejilla—. Todos los muertos de esta batalla serán de esta tierra. Nosotros, y los ponis que los alicornios usaran como escudo, todos los muertos de esta batalla serán hijos de esta Naturaleza.

—Eso es algo que no pudo evitarse —Zecora siente una tristeza enorme al pensar que quizá Huáscar tiene razón—. Pero debes tener fe en que podremos ganar, expulsar a los alicornios y hacer que todo vuelva a ser como antes.

Huáscar sonríe un poco. Zecora sabe que su mente regresa a antes de que los unicornios con alas llegaran de más allá del mar; a un huerto de papas y maíz, a unas ciudades de piedra que se alzaban en la cadera de las montañas, conquistando el hogar de los pájaros. Zecora sabe que Huáscar regresa al tiempo de las historias alrededor del fuego, los tambores en la noche y la Naturaleza sana.

—Pelearé por eso —la abraza fuertemente— ¡Gracias, Zecora, por subirme el ánimo! —se coloca sobre su cabeza un chuyo gris y sujeta su bastón azul con tanta fuerza que parece que sus dientes se van a romper.

Zecora sonríe y regresa junto a Zabrakán. El General contempla la enormidad de su enemigo. Zabrakán besa su medallón en forma de hacha. Huáscar había sido optimista al decir que los superaban diez a uno.

—Ya está mejor —dice la cebra—. Ya no está enojado.

—A veces pienso que las cosas serían más fáciles si todos pensáramos igual. Pero así es como piensan ellos.

Ambos amantes se sonríen. Zabrakán es un semental de pocas palabras, así que besa los labios de Zecora, se coloca su casco de madera adornado con plumas negras de avestruz, coge una makraka con la boca y se lanza a la carga.

Todos los demás lo siguen, aullando como un huracán. Zecora no está armada, confía en que sus conocimientos del Maná la protejan del fuego. Mientras se acercan, su corazón se acelera y mira para todos lado. Cerca de su amado Zabrakán, Gwydion Sparkle llora, mientras sujeta una espada envuelta en fuego verde; no escucha qué dice, pero todo apunta a que grita "¡Twilight!"

Huáscar no es más que la punta de un triángulo de guerreros de lana, su bastón brillando azul como una estrella marino que vino del sur, desde los montes guerreros del Tahuantinsillu. Víctor, corriendo a la velocidad del sonido, junto con sus zahoríes, son apenas unos borrones, trozos de viento colorido, que parten desde un frente al otro; y cada vez que un destello alcanzaba las líneas enemigas, dos o más ponis caían con las gargantas abiertas. Anmergal y los videntes disparan flechas envenenadas hacia donde saben que impactaran contra ojos, cuellos, venas o corazones.

Están cada vez más cerca, e Insanity y sus mentalistas gritan horrorosas verdades, conversan directamente con las mentes enemigas y las desquician, son como un fuego, una demencia invisible que obliga a la muralla de ponis a suicidarse uno por uno. Malik y sus djinn convierten lanzas en plumas, carne en arena y sangre en veneno.

Chocan. El hacha de Zursodda y las hachas de los médiums son soles rojos, envueltos de la furia de mil espíritus, y a cada vida que arrancan, rostros celestes emergen de las ráfagas y rezan oraciones por la redención de los muertos.

Aldebarán es una mantícora gigante, y tras su estela, los brujos metamorfoseados en animales feroces se ceban en la carne de los ponis. Kyuzo y sus shugenjas convencen al viento, enseñan a mentir al fuego, y a cada paso que dan, los ponis caen como pilas de arroz hervido.

Un poni trata de clavar su lanza en su pecho. Zecora se hace a un lado saltando ágilmente, extiende hacia arriba su casco y lo sopla. Como si el casco estuviera cubierto de polvillos, una nube de polvo azul llena el rostro del poni terrestre, quien cae y se retuerce, presa de espasmos y terribles ahogos.

Windheart y sus búfalos-medicina van envueltos en torbellinos de hojas y en sus pezuñas se arrastra un humo de semillas quemadas; son un ariete verde que penetra, envenenando la sangre de sus enemigos. Al otro extremo, Kaley y sus druidas atacan con una furia ciega, echando espuma por la boca; sus tatuajes azules brillan como galaxias, y muerden y apuñalan como si adentro de ellos estuviera el espíritu de un lobo.

Matan y lloran los Manantes; muchos de ellos eran curanderos de sus tribus o conocían por sus nombres a los ponis desde que estaban en el vientre materno.

Sin piedad, sin redención, cae la venganza de la tierra, como un huracán de sangre y plumas.

El muro de ponis se quiebra como un muro contra un maremoto. Zabrakán corta la cabeza del último poni de una sola estocada.

—¡A LA CARGAAA!

Resoplando, cargan contra los hipolycans. Estos giran levemente sus hombros, y los escudos que están unidos a las armaduras protegen sus pechos. Alzan la espada que sujetan con la otra pata y esperan pacientemente.

Corren contra ellos, pero tras las hileras de hipolycans, los anisodon sujetan sus lanzas de trueno e invocan la furia del relámpago. Una nube de humo gris salta de la punta de sus armas, junto con el destello de una chispa, y varios Manantes de las primeras filas caen con heridas en sus cuerpos. Otro destello, y más guerreros caen, desangrándose por una flecha invisible.

Entonces pareciera que la tierra tiembla, y estallan los volcanes. Caen como las pisadas de un gigante sobre el grupo en carga de Manantes.

La batalla en serio comienza ahora.

Impactan con toda violencia, pero las armaduras de acero protegen a los hipolycans. Cada golpe de hacha apenas si abolla las armaduras del color del cielo, pero basta un golpe de la espada para rasgar profundamente los cuerpos descubiertos. Y desde atrás, los anisodon lograban hacer obedecer al trueno y el volcán.

Los centícoros cargan entonces contra el flanco. Melinao y sus machis percuten frenéticamente los tambores cultrún para hacer crecer raíces que entorpezcan la carga enemiga. Mangal y los brahamanes echan boca a sus chakram y esperan a la manada de centícoros.

Entonces, desde el norte, desde el flanco derecho, tras los centícoros, aparece una hilera roja como una serpiente carmesí. A toda prisa corren, portando grandes lanzas doru (algunos portan sarissas carniceras), cascos corintios sobre sus cabezas, escudos hoplon en sus costados.

Sus rostros recuerdan a caballos, peros sus cuerpos son largos como serpientes. Son draconequus, Magos del Caos y Guerreros, que corren a toda prisa para tomar posiciones de guerra.

Los hipolycans miran sorprendidos la nueva fuerza. Sorprendido también miran los Mariscales Manantes y Zabrakán.

—¡Es el Príncipe Ásgard! —anuncia Víctor, corriendo de un lado al otro y susurrando al oído.

Ahí está, Ásgard el Draconequus, dirigiendo a su pueblo que no quiere permanecer al margen de la batalla más grande de su tiempo.

—¡Se decidió por fin a venir! —Zabrakán se aleja un poco del frente y con Zecora y Víctor se juntan casi a la retaguardia— ¡Los Magos del Caos serán muy útiles!

—¡Puedo enviar un mensaje! —anuncia Victor.

—¡Dile al príncipe Ásgard de Equsparta que nuestros pueblos nunca olvidarán la ayuda que ahora prestan! ¡Dile también que cargue por ese flanco hasta el centro!

Víctor desaparece en una ráfaga.

Los centícoros, al no poder avanzar velozmente a través del campo de raíces alzadas, y siendo alcanzados por los chakram, se giran y cargan contra los draconequus. Pero estos se compactan en una falange, y los centícoros negros mueren ensartados como los cojines de costurería donde se clavan las agujas.

Cargan los Manantes con renovada furia, y esta vez consiguen abrir una brecha. Entonces, Zabrakán hace un gesto, y Wong Fei Hung, asistido por sus shaolin, hacen brillar fuertemente sus túnicas naranjas. Giran sobre sí mismos, levantando un tornado de hojas y aire tibio. Es casi cegador: es la señal.

Arrojan aquel tornado contra los hipolycans. Salen volando como naipes volados por el viento.

Las filas de Zabrakán se abren, y una horda de jaguares, osos, burros y lémures sobre centícoros entran por la brecha abierta por los shaolin. Los pul yah jaguares sueltan polvos que causan ceguera; los chamanes burros arrojan una lluvia de piedras como una metralleta; y desde arriba de los centícoros hasta la masa de hipolycans caen los golpes del hacha, el macuahuitl y la lanza.

Zecora mira esperanzada. Por la izquierda, Ásgard y los draconequus. Por el centro, los centícoros y los Manantes que entran por la brecha como un río ante un dique con compuertas abiertas. Y por la derecha, una nube de seres voladores cae sobre el ejército alicornio como una lluvia negra.

Pegasos, grifos, hipogrifos, dragones y wyverns kjinneta aletean ferozmente, levantando ondas de viento, arrojando rocas y dardos. Los chamanes vomitan lenguas y brazos de fuego, los dragones-sol abren sus fauces y algo así como un sol en miniatura sale de su fuego interior.

La batalla podía ser ganada.

Pillados por tres flancos, los hipolycans comienzan lentamente a retroceder. Antes de que se diera cuenta, ya están junto con los draconequus.

Ásgard alienta a su pueblo a seguir luchando. Los draconequus, desprovistos de sus sarissas, cansados pero decididos, golpean sus escudos y se lanzan de nuevo a la carnicería.

Los Magos del Caos arrojan serpientes, brasas ardiendo, grullas de papel, gases venenosos, globos, púas afiladas, crema batida, vientos aserrados o leche con chocolate; el Caos que les da el poder es impredecible y tanto puede dar una muerte segura como un ramo de flores.

Y entonces comienza el desastre.

Como si la tierra sangrara sangre negra, las máquinas de guerra surgen desde la reserva alicornia, y junto con ellos, hipolycans y anisodon a centícoro completamente negros. No sólo sus armaduras son negras, sino que los arneses, las correas y las empuñaduras de sus espadas son negros también.

Como si todo estuviera planeado, cien tubos gigantes que estaban sin disparar y camuflados tras los lanceros de trueno desgarraron el aire y molieron a los Manantes como si fueran maíz en la piedra de moler. Y no dejaban de invocar el trueno que causaba heridas de flechas invisibles.

Las máquinas gigantes hacen un sonido como de mil halcones, y en el cielo comienzan a caer como moscas golpeadas por la cola de un buey. Las monstruosidades reptantes fueron libradas de sus correas y se lanzaron a la masacre.

Los hipolycans cargan con renovada furia. Los guerreros miran desconcertados el contraataque. Como el martillo castigando el yunque del herrero, las fuerzas negras de los alicornios castigan sin piedad el atrevimiento de venir a enfrentarse a ellos.

Zabrakán mira desolado el giro que toma la batalla. Nunca esperó que los alicornios reservaran lo mejor para el final: siempre sus mejores tropas se ubicaban al frente.

—¡RETIRADA! —grita la cebra alada, el General derrotado— ¡RETIRADA!

Víctor, desamparado, vuela repitiendo la orden.

Como un mar de hormigas intenta cada uno huir. Zecora busca desesperada el rostro de su amado.

—¡Zabrakán! ¡Zabrakán!

Un hipolycans le corta el paso. Pero antes de que alce su arma, Zecora le escupe a los ojos, y es como si sus globos oculares se derritieran como cera bajo el sol. Lo aparta de un empujón, y ve a su amado luchando como un animal, hasta el último aliento, la makraka firmemente asida a sus mandíbulas, el casco ya sin plumas.

—¡Zecora! —grita sin dejar de luchar— ¡Vete de aquí!

—¡NO! ¡No me iré sin ti!

Zecora trata de abrirse paso hasta él, pero un volcán golpea cerca de Zabrakán. La cebra alada sale volando como un juguete descartado por un niño violento, fuera del alcance de Zecora y de la vida.

Los ojos de la cebra se abren como universos, y sus pupilas se empequeñecen.

—¡NOOOOOO! —grita Zecora, y trata de correr desesperada hacia dónde cae Zabrakán. Pero Windheart la coge y la echa sobre su espalda y sale corriendo.

—¡ZABRAKÁÁÁN! —grita la enamorada, antes de ocultar su rostro entre sus cascos y llorar. Mientras, los últimos guerreros de aquella tierra son barridos como escoria. Y los alicornios ríen, ríen arriba de sus nubes, sin haber peleado ni un solo golpe.

Horas más tarde, cuando la noche ya está firmemente asentada, es capaz Zecora de dejar de llorar.

—Te traje un poco de té —dice Huáscar tras dejar el cuenco de barro enfrente de ella. Tiene las costillas vendadas, y una mirada completamente derrotada de un espíritu demolido, pero a pesar de eso sonríe para reconfortarla—. Te calmará el dolor, un poco.

—Gracias —la cebra se seca la última lágrima con el casco y bebe el té que le ofrece la llama.

Tras la aplastante derrota han corrido y se han dispersado en todas direcciones. Ahora mismo están en las montañas a casi cincuenta kilómetros. Reina en el improvisado campamente un ambiente de tristeza como el de un cementerio.

—¿Cómo están los demás?

—Itzcóatl ha muerto, y Mangal también —la llama suspira—. Windheart fue herida, pero no creo que sea tan grave como para matarla. Anmergal tiene crisis de pánico. Kaley fue herida en la garganta y temo por su vida. Insanity no sé donde está, creo que murió. Gwydion regresó a toda prisa a su reino. Ásgard escapó con un puñado de su gente. Aparte de eso, hemos perdido cuatro quintas partes de nuestros hermanos Manantes.

Huáscar ha evitado nombrar a Zabrakán. Por alguna razón eso a ella le parece muy dulce. Sabe que él se siente terrible por haber discutido con Zabrakán antes de que muriera.

—Y tú, ¿cómo estás? —pregunta Zecora. Él es el más sensible de todos, un corazón de suave pan de maíz.

—Me siento vacío —suspira Huáscar. Todo en sus gestos y movimientos apuntan a la melancolía—. Al menos sobreviví. Tantos jóvenes aprendices no lo hicieron...

Zecora apoya un casco en el hombro de la llama. Todos aquel día han perdido un trozo de sus corazones.

—Ven, creo que Aldebarán consiguió algo para comer.

Sin encender fogatas para que el humo no alerte a los enemigos, los pocos sobreviven miran hacia las estrellas sin querer pensar en el incierto futuro. Víctor y Aldebarán comparten sin ánimo una piña. Windheart está recostada, mirando febrilmente bajo un montón de mantas. Kyuzo ofrece una oración a los kami pidiendo perdón por la derrota y Wong Fei Hung medita con el brazo vendado y entablillado. Zursodda la loba negra llora apoyada en el hombro de Malik, el lobo gris, quien trata de consolarla. Al verlos juntos, Zecora siente una punzada en su corazón, y piensa en Zabrakán, en que nunca volverá a abrazarla, que ya nunca volverá a besarla ni abrirá sus hermosos ojos al mundo lleno de luz.

—Es el fin del mundo, ¿cierto? —pregunta Aldebarán, increíblemente callado.

—No —Huáscar sabe que las palabras son inútiles ahora—. Es el comienzo de otro mundo, más oscuro que el anterior.

—Nada volverá a ser como antes —habla pesadamente Anmergal—. Ya no harán fogatas en la noche para bailar alrededor y tocar los tambores. Ya no se pintaran el rostro ni se adornarán con plumas. Ahora sentirán vergüenza por todo eso, se avergonzaran de vivir con la Naturaleza y se avergonzaran por el hecho de que sus padres vivieron con la Naturaleza.

—Ahora querrán dominar a la Naturaleza —sentencia Kyuzo, terminando su rezo.

—Ya no... queda... esperanza... —gime débilmente Windheart, presa de terribles fiebres.

—¡No! —grita Zecora, y todos se giran para mirarla—. ¡No estamos acabados aún!

—¡Nos ganaron y perdimos miserablemente!

—Tal vez —Zecora clava sus ojos en los ojos de cada uno—. Pero debemos sacudirnos la derrota.

—Como un cóndor se sacude la nieve de las alas antes de volar al sol —la apoya Huáscar.

—Debemos continuar y resistir, por esta tierra —continua Zecora, alentada por el comentario de Huáscar—. Puede que ahora sea el tiempo de la vergüenza y del saqueo de nuestra tierra, pero todo eso pasará. Los alicornios terminarán marchitándose, pues nada malo puede durar para siempre, y cuando la maldad se muera, las cosas buenas vendrán solas.

—Porque sólo lo bueno persiste. Porque el maíz crece sobre tierra quemada.

Zecora y Huáscar sonríen al ver que los demás hallan razón en sus palabras. En sus corazones es como si la lluvia volviera a caer tras una bestial tormenta.

—Ustedes dos hablan poco, pero hablan bien —comenta riendo Aldebarán—. Pues, si no nos queda de otra, tendremos que resistir, ¡aunque tardemos en ganar más de mil años!

—¡Los verdaderos Dioses quieran que no tardemos tanto! —ríe Víctor.


—¡TWILIGHT! ¡TWILIGHT! ¡DESPIERTA, POR FAVOR!

Twilight abre lentamente los ojos. Spike la remece desesperadamente. Zecora, Applejack, Rarity, Rainbow, Fluttershy y Pinkie la están observando asustadas. Siente un sabor amargo en la boca.

—Spike... ¿Q-Qué pasa? —tartamudea, alzando apenas la cabeza. Está un poco mareada... bueno, muy mareada.

—¡Twilight! ¡Oh, gracias al cielo! —grita dramáticamente Rarity.

—¿Q-Que pasa...? —logra decir antes de desmayarse de nuevo.


Cuatro días han pasado desde su incidente en el bosque. Aquel día, Twilight volvió a despertar, pero en la casa de Fluttershy, adonde la habían llevado porque quedaba más cerca. Sus amigas y Spike estaban muy felices de verla con vida, y hasta lloraron cuando despertó de nuevo.

Como le contaron, Spike corrió a despertarlas apenas ella salió corriendo al Bosque Everfree. Corrieron y buscaron, cada minuto, cada aullido lejano más rápido, intentando encontrarla. Fluttershy era la que más nerviosa estaba: ella decía que habían cosas, cosas no del todo comprensibles en el Bosque; pero no dijo mucho pues no quería asustar más a Spike.

Cuando ya comenzaba a amanecer, Zecora apareció, según ella buscando hierbas por el Bosque, y las ayudó a buscar. Ella la encontró tirada sobre el pasto como un tronco de un árbol cortado.

Temiendo lo peor, Spike la remeció y ella despertó por unos segundos antes de volver a la somnolencia. Zecora dijo que era normal, debido al cansancio, y la llevaron a casa de Fluttershy.

Cuando le preguntaron qué hacía en el Bosque, ella no sabía que decir. ¿Qué dirían si les contaba que ella corrió por un ruido que oyó, que era producido por unas criaturas monstruosas contra las que luchó ayudada por una llama, un poni y una cabra enferma mental que aparecían en sus sueños? Seguramente pensarían que estaba perdiendo la razón, y eso podría tener diversas consecuencias —desde que le prohibieran leer por una temporada hasta ingresarla en un hospital psiquiátrico.

Así que contó que le pareció oír un sonido que estaba oyendo desde varias noches (lo que no era del todo mentira), y que un poni la había golpeado (lo que era parcialmente cierto).

Aunque no resultó como esperaba: Rarity entró en una especie de histeria, Rainbow Dash frunció el entrecejo y gruñó algo muy censurable sobre el poni que la "golpeó", y en resumen todos ahí se preocuparon pero su integridad física.

Twilight después se enteró de que Rainbow Dash había interrogado (a su manera) a cada poni marrón que encontró, buscando al culpable; por suerte Applejack siempre estaba cerca.

En esos cuatro días casi la habían tratado como a una potrilla. Sus amigas la quieren mucho...

También durante esos cuatro días no ha soñado. Es más, poco a poco, como si los sueños que tanto la atormentaron durante dos semanas no fueron sino malos tragos de salsa picante, se ha ido olvidando de ellos. Tanto se le han olvidado, que se ha visto obligada a escribir los pocos recuerdos que le quedaban. Incluso el episodio con el poni de las dagas, la llama, la cabra y las criaturas anormales le parece cada vez más irreal, hasta el punto de cuestionarse si de verdad vivió aquel amargo encuentro. Por si acaso lo escribió también...

Así, poco a poco, flor a flor, Twilight en esos cuatro días descansa su espíritu y fortalece su cordura.

Ahora pasea por Ponyville. Es un hermoso cielo azul, tan despejado como se le puede exigir a Rainbow Dash en una mañana tan idónea para dormitar más de la cuenta. El sol brilla como si su calor quisiera besar la tierra. Las abejas van de aquí y allá, llevando en sus espaldas el polen donde crece la fertilidad.

Es un hermoso día.

Mira hacia el cielo y llena sus pulmones con el aire endulzado por las flores. Y ve pasar, caminando apresuradamente, a un unicornio gris con crin azul oscuro, torpemente cubierto por una capucha negra. Lo observa un momento. Él parece nervioso y constantemente mira hacia atrás.

"Creo que lo he visto antes, pero, ¿Dónde?"

Finalmente, Ditzy Doo aparece volando en una esquina y abraza al unicornio. Se besan como dos enamorados que no se ven en mucho tiempo.

"Esto creo que me es familiar. Lo he visto alguna vez, en un sueño, creo."

Un sueño que tenía que ver con Magos Tenebrosos, monstruos viscosos y miedo, mucho, mucho miedo dentro de ella.

Twilight se ríe.

"Twilight, los sueños sólo son sueños. Además, alguien como Ditzy nunca enamoraría a un Mago Tenebroso."

Los ve alejar y desparecer entre la multitud que poco a poco se va formando.

"Es bueno que ella tenga amigos."

Camina por el mercado, pensando que quizá pueda encontrar un libro nuevo para la biblioteca.

Un poni de color castaño, ojos grises y crin color chocolate discute con otro poni de color ámbar oscuro que usa una camisa. Discuten por algo relacionado con una piña destruida aparentemente por la torpeza del poni castaño.

Ellos dos también le parecen extrañamente familiares, y siente algo así como una caricia en el cerebro, como algo que quiere hacerla recordar.

Algo así como un sueño de un poni cubierto de barros rituales, rogándole a una estrella por un nombre y una Cutie Mark; algo así como un sueño de una familia asesinada por un loco.

Pero no consigue conjurar tales recuerdos en su mente. Simplemente los ha olvidado.

—¡Suficiente! ¡No vine a Ponyville para que tú aplastaras mis piñas! —grita el poni de la camisa— ¡Adiós!

—¿Adonde crees que vas? ¡No he terminado contigo! —grita en respuesta el otro poni.

—¡Voy por una manzana! ¡E iré sólo para asegurarme de que tú no te sentarás en ella!

Twilight no puede evitar reírse ante la cómica pose de indignación del poni castaño.

Ve cómo el otro poni va hacia Applejack, cruzan unas palabras y se va con una roja manzana. Al morderla, el jugo resbala por sus labios, y el poni complacido por la calidad de la fruta regresa hasta Applejack para comprar más.

Twilight sigue pasando, sin darse cuenta de que el poni castaño pasa junto a ella y la queda mirando sorprendido. Ella voltea, y el poni, como si lo hubieran pillado robando, se sonroja, coge una tarta de un vendedor y hunde su cara en ella.

Ella no puede evitar reírse, reírse más de lo que ha reído en dos semanas. "¡Ese poni es muy gracioso!" Ahora el vendedor de tartas está discutiendo con él por el pago de la tarta, y él, con la cara llena de arándano, mastica mientras tartamudea nervioso.

"¡Días como estos no he tenido en dos semanas! ¡Dulce Equestria, qué gracioso!"

La unicornio divisa, a lo lejos, a un unicornio blanco de crin verde que está vendiendo libros.

"¡Es mi día de suerte!"

Se acerca, y ve los libros que el poni está vendiendo. Están muy bien cuidados, y están algunos de los cuales nunca ha visto fuera de Canterlot, como Los dramas draconianos o El corazón de la cabra. Hay grandes clásicos, libros que a ella le encantan, como El Conde de Montegrifo, Las aventuras de Robin Hoof, La yegua número trece, Viaje al centro de la tierra o El poni que enloqueció de amor.

—¿Puedo ayudarla en algo, señorita? —pregunta el vendedor unicornio.

Twilight lo mira. No parece mucho mayor que ella, pero sus ojos azules como el océano parecen sabios y sufridos, como si hubiera visto muchas cosas, como si hubiera sufrido mucho y como si hubiera gozado también mucho. Es la clase de mirada que ha visto sólo dos veces antes: en los ojos de la Princesa Celestia y en los ojos de la Princesa Luna.

—Sí, quisiera llevar estos libros —dice mientras los hace levitar.

Inexplicablemente, el unicornio parece sonreír con nostalgia.


Twilight está regresando a la biblioteca, con su bolsa llena de libros, cuando ve a Fluttershy de pie en la puerta, a punto de tocar.

—¡Fluttershy! —saluda la unicornio, acelerando el paso— ¿Cómo estás?

Fluttershy se asusta al oírla tan repentinamente, pero se voltea para saludarla.

Una vez adentro, Twilight deja sus libros sobre una mesa e invita a Fluttershy a sentarse. Ella mira tímidamente. Quiere pedirle algo a Twilight, pero su timidez natural hace que dude un poco.

—Oye, Twilight, no quisiera molestar, pero me preguntaba si podrías..., emm..., prestarme un libro sobre sueños.

Dice con su acostumbrada voz baja e insegura. Pero Twilight la conoce y se da cuenta de que está nerviosa.

—¿Sobre sueños?

—Sí, es que hace unos días he estado teniendo sueños sobre... una época extraña.

Una chispa estalla en el cerebro de Twilight.

—No lo sé... —Fluttershy mira por la ventana y piensa unos segundos—. Es algo sobre alicornios y magia... pero es muy confuso...

Algo en la mente de Twilight le dice que debe recordar algo, pero sin recordar nada excepto que tiene algo que recordar.

—Fluttershy, los sueños sólo son imágenes y sonidos producidos por el subconsciente para liberarse de cargas que no le permiten funcionar adecuadamente —explica Twilight—. No significan nada, excepto para algunas culturas.

—Emm, eso es muy interesante —dice Fluttershy—, pero, emm, ¿podría leer algunos libros?

—Sí, no hay problema. Tengo el libro perfecto para tu problema.

Le presta un libro titulado El significado de los sueños según la cosmovisión búfalo, uno de los que les compró al unicornio.

Ordena los libros nuevos, y queda tan cansada por el esfuerzo que decide ir a visitar a sus amigas.

Y va y pasa el día con ellas. Ayuda a Rarity a terminar un vestido, ayuda a Pinkie a hacer pastelillos, ayuda a cosechar manzanas a Applejack y al final de la tarde se encuentra con Rainbow Dash.

Un día muy agradable, casi un regalo de la naturaleza. Pero en la noche, antes de sumirse en el mundo de los sueños sin sueños, una pequeña duda asalta su mente.

"¿Por qué todas hoy me preguntaron sobre los sueños?"

Pero la duda no es suficiente como para quitarle el sueño. Y en su cama, besada suavemente por la luna, duerme un sueño dulce, un sueño bien merecido.


Los Paladines Verdes están sentados alrededor del fuego en la casa de Zecora. Todos están piensan y meditan qué hay que hacer ahora.

—Ella me vio en el mercado y no se asustó como antes —dice Aldebarán.

—Creo que relajamos demasiado su mente. Ha olvidado todo lo que la trastornó —responde Windheart.

—Es mejor que sea así. Ya demostró su valor —dice orgullosamente Zecora.

—En eso estoy de acuerdo —asiente Merlín—. Y nunca hubiera esperado nada de esa poni, pero la evidencia es abrumadora. Ella debe ser entrenada en el Camino del Maestro Rúnico cuanto antes.

—Junto con las otras cinco —dice Gilda.

—Hoy hablé con la que me toca entrenar —dice Víctor—. Le compré unas manzanas. Es una poni agradable.

—¿Quién iba a pensar que el destino de todo el mundo va a estar en los cascos de seis ponis? —comenta Kyuzo.

—Ellas no deben saber que las demás también están siendo entrenadas. Todo esto debe permanecer en el más grande de los secretos —dice Merlín.

—Estoy de acuerdo, no tienen que saberlo —dice Aldebarán.

—No es necesario que lo sepan —sentencia Merlín—. Ahora, a la señorita Sparkle debemos enviarle los pergaminos. Ella podrá descifrarlos y decirnos en donde están los Corazones del Dios. Podrá hacerlo, como Sparkle, como inteligente erudita, ahora que ha visto como era Equestria y el continente antes del fuego de los alicornios.

Mientras habla, Merlín mete un grueso rollo de pergaminos escritos por ambos lados en tinta verde adentro de un tubo metálico. Mira a Aldebarán y dice maliciosamente:

—Necesitamos un Mensajero.

—Oh, está bien. ¡Todo lo sucio debe hacerlo Aldebarán! —dice mientras se convierte en una mosca y entra en el tubo. Merlín hace unos minúsculos agujeros para que respire, y sella el cilindro con el brujo adentro.

Merlín tose un poco para captar la atención.

—Gilda, Huáscar, Víctor, Insanity y Kyuzo-san, mañana deben ir con las señoritas Rainbow Dash, Fluttershy, Applejack, Pinkie Pie y Rarity para comenzar a educarlas en el Camino del Maná. No deben decir quienes ya son Manantes o quienes están siendo entrenadas simultáneamente. En cinco meses quiero verlas convertidas en poderosas Manantes. ¿Entendido?

—¡Sí, señor! —dicen casi a coro los aludidos.

El viejo mago se gira hacia Gabriel.

—Gabriel, tú esperaras una semana todavía para comenzar a entrenar a la señorita Sparkle.

—Esperaré ese día con ansias —contesta, mientras un brillo antiguo arde en sus ojos.

FIN

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Calderón de la Barca, La vida es sueño.


Aquí he presentado los personajes del bando heroico y hechos con los que trabajaré más adelante en algunos fanfics. Este fanfic contó con la participación de Applejack, Celestia, Discord, Ditzy Doo / Derpy Hooves, Doctor Whoof, Fluttershy, Gilda, Luna, Pinkie Pie, Rainbow Dash, Rarity, Twilight Sparkle y Zecora. Como personajes OC que tendrán importancia relativa en fanfics futuros están Aldebarán, Gabriel, Huáscar, Insanity, Kyuzo y Víctor.