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Este amor

-Nadia Torres-

II

Criador

El inicio del día se hizo notar con la salida de un espléndido sol. Sin lugar a dudas, un clima perfecto para pasar un día en la playa o en el campo. Ash se despertó un poco alarmado al escuchar el sonido del teléfono desde el salón, pero al no cesar el ruido, se imaginó que su madre y Mr. Mime habían salido. Tuvo entonces que bajar a contestar con pesar, puesto que lo que menos le gustaba era tener que madrugar estando en su pequeño "descanso".

-¿Diga? –contestó aún bostezando mientras se rascaba la cabeza

-¡Hola Ash! –Respondió del otro lado su amigo- ¿Qué tal?

-Vaya Brock, sí que has madrugado hoy.

-Sí, y siento haberte despertado, pero quería decirte que estoy de camino a tu casa.

Olvidó por completo el sueño- ¡¿Tan pronto? –Dijo sorprendido- ¿A qué viene eso?

-Sé que es pronto –rió- pero los chicos y yo estábamos ansiosos por empezar el viaje. Espero que no te importe que sea hoy la puesta en marcha.

-¿Precisamente hoy? –Preguntó un poco dudoso, aún no tenía nada preparado completamente para partir, apenas había seleccionado a sus pokémon- Yo creí que saldríamos dentro de una semana o algo así.

-Lo sé Ash, pero cuando hablé con Aura y Max del asunto, se impacientaron tanto, que estuvieron de acuerdo en empezar ahora mismo.

-Está bien, -dijo resignado- no voy a negar que quiero empezar lo más pronto posible, así que me parece buena idea. Pero dime antes por dónde vienes.

-¡Oh! No te preocupes, ya lo sabrás en su momento. –siguiendo sus palabras, llegó el sonido del teléfono finalizando la llamada

Ash se quedó un poco extrañado por las palabras de su amigo. Se imaginó que estaría un poco lejos, y que le llamaría en cuanto estuviese cerca de pueblo Paleta. Vio a Pikachu bajar las escaleras y dirigirse a la cocina. Antes de darse una ducha, pensó que lo mejor sería desayunar, así que fue detrás de su pokémon.

Nada más entrar en la cocina, tuvo que regresar al oír el timbre de la entrada. Estaba seguro de que sería su madre que se había olvidado de las llaves. Pero al abrirla, se encontró con un hombre que a primera vista le intimidó un poco, puesto que llevaba puesta la gorra de la sudadera, de modo que una sombra se proyectaba sobre su rostro. Era tan sólo un poco más alto que Ash, pero bastante robusto.

-Hola… -saludó Ash un poco desconfiado- ¿Qué desea?

-¿Ash Ketchum? –preguntó dudoso el hombre

-Sí… soy yo… -su voz sonaba un tanto insegura

-¡Acaba de ganar un premio! –anunció levantando la voz y abriendo ambos brazos mientras reía haciendo que el chico se sobresaltara

Ash arqueó una ceja- ¿Un premio? ¿Por qué?

-Pues sencillamente, por ser un gran amigo. –respondió aún riendo

No comprendía nada- ¿De qué habla?

-Las preguntas para después señor Ketchum, ¿no prefiere saber en qué consiste su premio?

Se quedó dubitativo durante unos pocos segundos, intentando adivinar su supuesto regalo, al final se animó, porque imaginaba que no podría ser nada malo, después de todo, se trataba de un premio. ¿Cómo podría ser malo?- ¡Claro! –afirmó con seguridad

-Pues ha ganado para su viaje… -rápidamente se quitó la gorra- ¡un acompañante!

-¡Brock! –Dijo entusiasmado al reconocer a su amigo- ¡Eres tú!

-Por supuesto que soy yo, ¿a quién esperabas? ¿A Ho-oh? -Ash rió- y dime, ¿te gusta tu premio?

-Hombre, para serte sincero, hubiese preferido a Ho-oh –Brock se echó a reír y Ash le indicó que pasara

Una vez dentro, se acomodaron en el salón diciéndose unas pocas palabras. En seguida, Ash fue a meterse a la ducha, mientras Brock le esperaba acompañado de Pikachu. Él, quien ya se había convertido en un respetado criador pokémon, no podía creer aún el modo en que Ash había cambiado. Era casi tan alto como él, y se notaba claramente que había hecho ejercicio. Sin lugar a dudas, los entrenamientos no eran eficaces sólo para sus pokémon.

Ash tenía un aura ligeramente distinta, incluso se podría decir que había madurado. Al menos un poco. Pero desde luego, ya no era el mismo niño inmaduro como le llamaba Misty las veces que peleaban, que no eran pocas, sino que había crecido como persona. Tuvo por eso que preguntar si era Ash quien le había abierto la puerta, porque por un momento, pensó que podría ser otra persona, quizá un viejo amigo que hubiesen conocido en los viajes, incluso llegó a pensar en un instante, que se trataba de su padre… "Imposible", se dijo a sí mismo cuando aquella idea se le pasó por la cabeza.

Y si le había parecido sorprendente el cambio de Ash cuando al menos se veían unas pocas veces, intentaba imaginarse cómo habrían cambiado sus demás compañeros, a los que apenas había visto desde que finalizaron el viaje. Al menos, a Tracey lo veía más a menudo, puesto que era el encargado de llevar nueva información a los gimnasios cercanos de parte del profesor Oak. Por esa razón, también iba a menudo, o muy a menudo al Gimnasio Celeste, por lo que veía a Misty casi tan seguido como a Ash. Lo curioso era que casi nunca la mencionaba.

Ash salió de la ducha, y se sentó frente a Brock para continuar la plática con respecto al viaje.

-¡Vaya Ash! Has cambiado mucho en este tiempo. Ya no te pareces para nada al chiquillo al que acompañé en su primer viaje.

-Pues anda que tú. Al principio creí que eras un ladrón o algo por el estilo. Pero ahora da la sensación de que has madurado.

-No se diga de ti –ambos rieron a la vez- Por cierto, Aura y Max dijeron que nos encontraríamos en Ciudad Celeste. Drew también nos encontrará allí.

-En… ¿Ciudad Celeste? –preguntó un poco dudoso

-Sí, ¿por qué? ¿Hay algún problema?

-No es ningún problema, es sólo que allí está Misty y…

-Claro que allí está Misty, por eso mismo vamos hacia allí. Así pasaremos por ella y continuaremos el viaje

Ash guardó silencio, y bajó la mirada. Brock lo miró un poco preocupado, y Ash continuó- Pero… ¿y si no viene?

Brock arqueó una ceja- ¿Acaso no hablaste con ella como te dije?

-¡Sí! –se apresuró a responder- Bueno, no exactamente. En realidad hablé con Violeta, porque Misty no podía ponerse. Pensaba llamarla esta mañana.

-¡No te preocupes! –Sonrió- En cuanto lleguemos a Ciudad Celeste hablaremos con ella. Estoy más que seguro de que se muere de ganas por volver a viajar contigo.

-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó amenazante

-Nada, nada –intentó defenderse- Pero pasaremos por el gimnasio. ¿Estás de acuerdo?

-¡Claro! –sonrió

Brock se inclinó un poco hacia delante, mostrando una sonrisa maléfica- Y así podrás volver a ver a tu querida Misty… -tras su voz, Pikachu empezó a reír con el mismo tono de picardía

-¡Brock! ¡Pikachu! ¡En cuanto os agarre os vais a enterar!

Dicho esto, Ash se levantó de su sitio, y empezó a perseguir a sus amigos por la casa. A la persecución se unieron los demás pokémon de Ash que estaban sueltos por la residencia, les parecía divertido el juego de que su entrenador les persiguiera, aunque no les interesaba demasiado el verdadero motivo por el que inició la carrera. Mientras intentaba darles caza, llamaron al timbre, y Ash se detuvo, exhausto, para abrir la puerta.

-¡Tracey! –Saludó al ver a su amigo en la entrada- Ven pasa.

-Buenos días Ash –saludó sonriente

-Me alegro que llegaras tan pronto. Brock acaba de llegar hace poco, y estábamos acordando los planes del viaje.

-¡Anda Tracey! Ya estás aquí. –Brock se acercó a los chicos que ya estaban en el recibidor- ¿Qué tal?

Pudo notar varios cambios que había tenido el observador físicamente. Tenía la misma estatura de Ash, y puede que estuviese igual de robusto; su indumentaria bastante cómoda y fresca para el tiempo que hacía allí, aunque no usaba ya aquella banda en la cabeza, más bien, había dejado que varios mechones de sus cabellos oscuros cayesen libremente sobre sus ojos, casi fundiéndose con ellos por el mismo tono.

-Yo estoy muy bien Brock. Pero… -lo miró más detenidamente, notando el cansancio del chico- no sé qué decir de ti. ¿Vienes de una maratón?

-No precisamente, más bien Pikachu y yo intentábamos evitar que Ash nos golpee. Los demás pokémon se nos han unido.

Tracey arqueó una ceja- ¿Y por qué os iba a golpear?

Soltó un suspiro- Sólo porque le dijimos que se iba a reencontrar con su querida Misty…

-Ya veo… -Tracey apagó un poco su voz, e intentó sonreír- Así que Ash está emocionado porque la volverá a ver, ¿no es así?

A sus espaldas, todos los pokémon de Ash, incluyendo a Brock, asintieron efusivamente, lo que provocó que el entrenador hiciera arder su rostro, y reiniciar la carrera a la que había puesto pausa cuando llegó Tracey. Las voces de los chicos y los pokémon se escuchaban alegres por la casa, excepto la de Ash, que parecía estar bastante molesta.

Entonces, mientras corría, Ash intentaba asimilar lo que ocurría cuando mezclaban su nombre, con el de Misty, y las palabras que se relacionaran con los sentimientos. Esa composición final hacía que todo el calor de su cuerpo ascendiera hasta sus mejillas, y el ritmo de su corazón se acelerara estrepitosamente.

No iba a negar que añorara la compañía de Misty. Es más, tenía la sensación de que era ello lo que más echaba en falta de sus viajes pasados. Aunque estuviese allí sólo para discutir con él. Pero era esa la esencia que le daba ánimos para levantarse cada mañana, y para avanzar un paso más en su largo camino. Incluso cuando tuvo que dejarla atrás para alcanzar su meta, podía sentirla cerca. No del mismo modo, pero podía notarla a su lado, acompañándolo allí a donde fuese, como desde el primer momento.

Y ahora estaba tropezando a cada momento por ello, por estar pensando en Misty, y en lo que le provocaba a sí mismo el hecho de simplemente escuchar su nombre. Y los chicos se detenían para reírse, hasta que él volvía a ponerse en pie, y continuaba la cacería, pasando de ese modo buena parte de la mañana.

.

Pasado el mediodía, y después de que Ash hubiese terminado de preparar lo necesario para el viaje con muchas prisas, los chicos acompañados de sus respectivos pokémon estaban en el jardín de la residencia Ketchum. La madre de Ash estaba con ellos, lista para despedirse una vez más de su hijo, después de tanto tiempo teniéndolo bajo el mismo techo.

-Bien mamá… -empezó Ash con seriedad- ha llegado la hora de que nos marchemos.

-No te preocupes cariño, estaré bien. Te estaré esperando pacientemente, como lo llevo haciendo todos estos años.

-Gracias… por todo… -Delia sonrió. Se dirigió a Mr. Mime- Cuida mucho de mamá, ¿entendido? –el pokémon asintió sonriente, pues aunque no se lo hubiese pedido, estaba dispuesto a cuidar de la mujer cuando y donde fuese necesario, velando siempre por el bienestar de su entrenadora.

-Cuida muy bien de Ash, Pikachu. –pidió Delia acariciando la cabeza del pokémon que estaba sobre el hombro de Ash. También asintió, soltando un alegre "Pika". Se volvió hacia los chicos- Cuidad de Ash, por favor.

-Pierda cuidado señora Ketchum –Brock se acercó a ella en un gesto cómplice- no se olvide de que nos acompañará cierta persona que sabe cómo cuidar de él.

Delia sonrió ampliamente, y Ash la observó con curiosidad- ¿De qué habláis? –preguntó sin comprender

-No es nada Ash. Tú procura no meterte en líos, y volver lo más pronto posible –Ash asintió- Te estaré esperando tanto a ti como a mi querida nuera…

-¡Mamá! –gritó avergonzado mientras el calor subía a sus mejillas

-Señora Ketchum, nosotros procuraremos que sea así, y que vengan muy juntos.

-Yo le ayudaré –Tracey parecía sonreír forzosamente, y Pikachu empezó a reír al ver el rostro de su entrenador

-¡Brock! ¡Tracey! ¡Pikachu! ¡Os vais a enterar!

Y de nuevo empezaron la persecución, adentrándose en el camino que los llevaba directamente al Bosque Verde, muy cercano a Ciudad Celeste.

Los chicos se perdieron a lo lejos rápidamente, por la velocidad a la que iban, y pronto Delia se encontró sólo acompañada de su fiel Mr. Mime. Siempre era igual. Una vez que Ash se perdía de vista, la mujer dejaba que las lágrimas que guardaba en el momento de la despedida salieran a empañar su rostro con libertad.

Sentía el dolor de despedirse de su único hijo, a quien más quería, quien lo era todo para ella. Su propio mundo estaba en ese adolescente. ¿Cómo no iba a extrañarlo tanto? Él era igual a su padre, y lo demostraba sin ser consciente de ello.

Su testarudez no había sido sólo por parte de ella, sino que también era de su padre. Ambos eran muy tercos, y su hijo heredó esa característica de ambos. De él, sacó el azabache de su cabellera, su tenacidad y valentía, además del manejo que tenía con los pokémon. De ella, su mimo, su preocupación por los demás, y su deseo de ayudar a todo quien le necesitase, sin importar de quien se tratara.

Pero Ash había creado su propia personalidad con su rasgo principal, el de no darse nunca por vencido. Luchar hasta el final para conseguir su sueño, alcanzar sus metas. Eso no fue algo de ella, pues solía ser débil, y se rendía en cuanto no estaba segura de dar un paso más. Él, en cambio, se esforzaba por salir adelante, pero en cuanto encontraba una dificultad que parecía ser mayor de lo que en realidad era, se echaba atrás.

Ash fue para ellos, una bendición. El día en que llegó al mundo, ambos supieron que sería él su felicidad, todo su mundo se encontraría en ese pequeño. Y ese pequeño se iba haciendo mayor muy deprisa. Demasiado deprisa diría ella.

El padre de Ash quería ser más fuerte, por lo que intentó superarse a sí mismo a cualquier precio. Por ese motivo, cuando Ash apenas tenía dos años, se marchó con el sueño de conseguir ser el Campeón de la Liga. Llegar a lo más alto, y dedicar ese triunfo a su mujer y a su hijo. Quería que estuviesen orgullosos de él.

Pero no pudo conseguirlo.

No por falta de agallas, ni por falta de un buen equipo, pues contaba con uno de los mejores que se podía tener. Más bien fue el destino. Un fatídico destino. Uno que marcó el final de su sueño antes de poder verlo cumplido, atajando su vida en un accidente que no le dio otra oportunidad de seguir adelante.

Ahora, Ash lo era todo para Delia. Y se sentía feliz al saber que su hijo estaba más seguro de sí mismo que su padre. Estaba orgullosa de él. Y también de su marido, aunque no llegase a alcanzar su meta, pues por el simple hecho de haberlo sacrificado todo por ser mejor, con el propósito de dedicar su triunfo a ellos, ya había logrado que ella admirara aún más a esa persona de la que se enamoró profundamente en su adolescencia, y con quien había formado su propio hogar.

Y lo estaba viendo partir, al fruto de aquel romance de varios años, al igual que cada vez que quería empezar un viaje. Y sufriendo, el mismo dolor cada vez que se despedía de él, llorando en silencio, suplicando a la vez que nada malo le ocurriese.

Pero ahora sabía que en el nuevo viaje que acababa de emprender, las cosas tomarían un camino diferente. Estaba convencida de que su hijo volvería, se lo decía su intuición de madre, pero esa misma intuición, le decía que no volvería igual a como se marchó.

Sería diferente, porque no regresaría solo. Misty vendría con él. Dio un suspiro al pensar en que aquella testarudez que Ash había heredado de ellos, además de la que la chica tenía por naturaleza, hacían que los chicos no fuesen capaces de mostrar abiertamente sus sentimientos el uno al otro.

Deseaba que no hubiese sido tan testarudo como ellos, y que del mismo modo que se enfrentaba a sus retos por muy difíciles que pareciesen o fuesen, supiese afrontar aquellos sentimientos que intentaba inútilmente esconder de los demás. No quería que nadie supiese lo que sentía, pero se trataba de un sentimiento tan fuerte, que era imposible ocultarlo.

Y Delia sabía también que aquella tan particular amistad venía de parte de ambos. Eso no lo dudaba. Tracey le había contado discretamente muchas historias de sus viajes con Ash y Misty, en los que se demostraban, sin ser conscientes de ello, aquellos sentimientos que se hacían más intensos con cada palabra que se decían. Aquellos momentos en que sacaban a flote sus celos, sin importarles de lo que se tratara realmente, por pequeños malentendidos o imágenes que despertaban la rabia de ver a otra persona junto a su compañero. Confianza depositada en otra persona que no fueran ellos mismos. Se escondían tras la excusa de querer proteger al otro de un posible mal. Mentiras. Querían que la atención del otro se centrara sólo en sí mismos.

Infantiles, pero demostrando aquello que de verdad sentían.

Ash no se daba cuenta de ello. No era capaz de captar las muchas indirectas que Misty le había lanzado en más de una ocasión. Estaba tan ciego que no podía ver algo que era tan evidente a primera vista. Todo el mundo se daba cuenta. Todos lo deducían. Todos menos él.

Pero Misty sabía que aquella desesperante ingenuidad en su amigo, hacía que el corazón le latiera más deprisa. Era ese un rasgo que le atraía de él.

Por eso Delia estaba segura de que las cosas cambiarían en cuanto su hijo volviese. La distancia había hecho que él empezara a comprender el efecto de escuchar el nombre de su amiga junto al suyo. Ahora, ya no eran unos niños, sino unos adolescentes de dieciocho y diecinueve años, que podrían afrontar sus sentimientos sin ningún problema. Claro que, intentaba no tomar en cuenta la testarudez de ambos. Se pasaba día y noche suplicando que Ash pudiera alcanzar su sueño, y finalmente regresase a su lado junto a la chica que sin duda amaba.

Deseaba realmente que la tozudez no interfiriera en una posible confesión venida de alguno de los dos. Puede que Misty fuese más directa que Ash, puesto que comprendía más cosas que él con facilidad, sobre todo las relacionadas con el tema de los sentimientos. Pero su hijo en cambio, podría ser todo lo valiente que la situación demandara, pero en ese asunto, estaba más que segura de que necesitaría algo más que valor, y eso era sinceridad consigo mismo y con la chica a quien le correspondían los pensamientos completos del chico.

Ojalá los asuntos amorosos fuesen más fáciles de solucionar, pero eso haría menos intensas las pasiones, y las ganas de luchar por quien se ama, no serían tan fuertes. Es verdad, porque lo más probable es que se acabaran aquellas penas de amor, pero así mismo, ¿cómo se podría hablar de lo maravillosa que es la satisfacción de haber conseguido lo que se pretende de la otra persona después de haberle demostrado de algún modo lo que se siente por ella?

El amor es complicado, pero es esa complejidad lo que lo hace tan hermoso y tan deseado por todos.

Entró en casa, cerrando la puerta a su paso, y se quedó sentada junto a la ventana en la que él solía estar asomado cada día. Esperando allí ansiosa su regreso, como llevaba haciendo durante casi diez años…

Continuará…


Gracias por la lectura!